Somos muy amados

FEBRERO, 25

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Somos muy amados

Devocional por John Piper

Entre los cuales también todos nosotros en otro tiempo vivíamos en las pasiones de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia habéis sido salvados)… (Efesios 2:3-5)

¿Acaso no nos encantaría escuchar al ángel Gabriel decir: «Eres muy amado»?

Eso le ocurrió a Daniel tres veces:

  • «Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado» (Daniel 9:23).
  • «Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que te hablaré, y ponte en pie; porque a ti he sido enviado ahora» (Daniel 10:11).
  • «Y me dijo: Muy amado, no temas; la paz sea contigo; esfuérzate y aliéntate» (Daniel 10:19).

Tengamos aliento. Si tenemos fe en Jesús, Dios mismo nos dice: «Eres muy amado».

Por naturaleza, éramos hijos de la ira, como el resto de la humanidad. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo… Porque por gracia somos salvos por medio de la fe (Efesios 2:3-5,8).

Es mejor que la voz del ángel. Si estamos «vivos», somos muy amados.

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Mujer, cambia tu autoestima por admiración y asombro

Mujer, cambia tu autoestima por admiración y asombro 

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Jen Wilkin

Si has pasado tiempo en círculos de mujeres cristianas, te habrás dado cuenta que hemos dedicado muchos encuentros a la exploración de nuestra identidad.

Retiros, conferencias y estudios bíblicos temáticos se precipitan a asegurarnos que somos redimidas y atesoradas, que nuestras vidas tienen un propósito, y nuestras acciones tienen un significado eterno. Si solo entendiéramos quiénes somos, nos alejaríamos de nuestros patrones de pecado y nuestra baja autoestima espiritual, llegando a experimentar la vida abundante de la cual Jesús habló.

Hace poco asistí a una conferencia de mujeres en la que este mensaje, predeciblemente, tomó el centro del escenario. Una tras otra, las tres exponentes nos condujeron al Salmo 139:14, instándonos a vernos como Dios nos ve, como una creación hecha de manera asombrosa y maravillosa. Podría haber sido un evento para todo tipo de mujeres, con prácticamente cualquier característico expositor. Las mujeres cristianas pedimos al Salmo 139:14 que nos calme cuando nuestra imagen corporal se tambalea, o cuando simplemente no nos sentimos tan inteligentes, valiosas, o capaces. Le pedimos que nos refuerce cuando nuestras limitantes nos agobian. Pero en base a la frecuencia con la que escucho que este Salmo es brindado, sospecho que este mensaje no nos satisface. 

¿Por qué es así?

Considero que hemos diagnosticado mal nuestro problema principal. Mientras mantengamos el énfasis en nosotras en vez de en una visión más elevada, hallaremos poco consuelo en las discusiones de identidad —y veremos pocos cambios permanentes—. Nuestro problema principal como mujeres cristianas no es que carecemos de autoestima, o que necesitemos de un sentido de importancia o propósito. Es que nos privamos de la capacidad de admirar.

Admiración y asombro

En una reciente visita a San Francisco, mi esposo y yo tuvimos la oportunidad de ir de excursión a Muir Woods. Al recorrer esos caminos, nos detuvimos boquiabiertos, para contemplar las secuoyas de 250 pies, que habían estado desde la firma de la Declaración de la Independencia. Gigantescas y antiguas, ellas nos recordaron lo insignificantes que somos.

Muir Woods es un lugar para impresionarse; pero no necesariamente así para todos. Todavía puedo ver a un niño de ocho años de edad, jugando con un videojuego mientras que sus padres disfrutan la vista. No estoy juzgando a los padres —He estado de vacaciones con niños pequeños— pero la ironía de la imagen era irresistible.

Estudios muestran que cuando los seres humanos experimentan admiración, como el asombro ante secuoyas, un arcoíris, o algún compositor de música clásica, nos convertimos en seres menos individualistas, menos auto-centrados, menos materialistas, más conectados con lo que nos rodea. Cuando nos maravillamos ante algo más grande que nosotros mismos, nos volvemos más capaces de alcanzar a otros.

Al principio, esto parece contradictorio, pero examinando minuciosamente, vemos que empieza a parecerse más a los grandes mandamientos: Amar a Dios con corazón, alma, mente y fuerza (maravillarse con Alguien más grande que uno mismo), y amar a tu prójimo (alcanzar a otros).

La admiración nos ayuda a preocuparnos menos de la autoestima al tornar nuestros ojos hacia Dios en primer lugar, y luego hacia los demás. También ayuda a establecerla de la mejor manera posible: entendemos tanto nuestra insignificancia dentro de la creación como nuestra importancia para nuestro Creador. Pero al igual que un niño con un iPad a los pies de un árbol de secuoya de 800 años de edad, podemos perdernos de la majestad aun cuando esté justo en frente de nosotros.

La verdadera autoconciencia

Lo hemos hecho habitualmente con el Salmo 139:4. Es fácil escucharlo como un “verso rosa” cuando una mujer está leyéndolo en voz alta en un auditorio lleno de mujeres. Es más difícil oírlo de esa manera cuando tenemos en cuenta quien lo compuso. Imagina al rey David escribiendo para darse a sí mismo una charla motivacional acerca de su apariencia o su autoestima. No, el Salmo 139:4 no está escrito para ayudarnos a sentirnos importantes. Sólo tenemos que alejar la imagen y considerar el salmo entero para ver esto; sin lugar a dudas, nosotros no somos el tema. En vez de ser una reflexión sobre mí, hecha de una manera asombrosa y maravillosa, El Salmo 139:4 es una celebración extendida y exquisita de Dios temible y maravilloso.

La admiración produce auto-olvido; en este sentido, cuando enfatizamos la auto-conciencia a costa de la omisión del auto-olvido, hemos perdido el punto. Puedes decirme que soy una hija real del Rey. Puedes asegurarme que soy el poema de Dios o su obra maestra. Puedes decirme que muevo el corazón de Dios, que Dios canta de mí y se deleita en mí, que soy hermosa a sus ojos, que he sido apartada para un propósito sagrado. Puedes decirme estas cosas, y deberías hacerlo. Pero te ruego: No me digas quien soy hasta que me hayas hecho contemplar con asombro al “Yo Soy”. A pesar de que todas estas afirmaciones son verdades preciosas, su belleza no puede ser percibida adecuadamente hasta que sean enmarcadas en la brillantez de Su absoluta santidad. No puede haber verdadera auto-conciencia, aparte de una correcta y reverente admiración por Dios.

Levanta nuestros ojos

Así que les suplico, maestras, levanten mis ojos de mí misma hacia Él. Enséñenme el temor del Señor (Proverbios 31:30); ya que encontrar nuestra identidad en los lugares equivocados es un síntoma de sucumbir ante el temor del hombre. Nosotros nos medimos por un estándar humano en lugar de uno divino. Pero la solución del temor al hombre no es garantía repetida de que somos amadas y aceptadas por Dios. Es el temor de Dios.

  • Cuando yo pregunte, “¿Se deleita Él en mí?” Enséñenme, “Se complace Jehová en los que le temen” (Salmos 147:11 RV60).
  • Cuando yo pregunte, “¿Me llama Él amiga?” Enséñenme, “El Señor es amigo de los que le temen” (Salmos 25:14 NTV).
  • Cuando yo pregunte: “¿Procura Él mi bien?” Enséñenme, “Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen” (Salmos 31:19).
  • Cuando yo pregunte, “¿Me concederá Él sabiduría?” Enséñenme, “El principio de la sabiduría es el temor del Señor” (Salmos 111:10).
  • Cuando yo pregunte: “¿Puedo arrepentirme de mi pecado?” Enséñenme, Sí “y con el temor del Señor el hombre se aparta del mal” (Proverbios 16:6).
  • Cuando yo pregunte, “¿Ve Él el camino que tomo?” Enséñenme, “He aquí, los ojos del Señor están sobre los que le temen” (Salmos 33:18).
  • Cuando yo pregunte, “¿Él me ama?” Enséñenme, “Pues su amor inagotable hacia los que le temen es tan inmenso como la altura de los cielos sobre la tierra” (Salmos 103:11,17 NTV).

El temor del Señor está relacionado al contentamiento (Proverbios 15:16; 19:23), a la confianza (Proverbios 14:26), a la bendición (Proverbios 28:14), a la seguridad espiritual (Proverbios 29:25), y a la alabanza y adoración (Salmos 22:23). No es de extrañarse, entonces, que la muy mencionada mujer de Proverbios 31 se le llame loable porque teme al Señor.

Enséñanos a admirar ofrecer

Como Ed Welch ha diagnosticado con razón, hay que combatir el miedo con temor. Dejemos de ofrecer reverencia y temor al estándar humano y, en su lugar, démoselos  a su verdadero objeto: Dios mismo. Esto es adoración. Y cuando adoramos “a Jehová en la hermosura de la santidad” (Salmos 96:9 RV60), sucede algo interesante: nosotros redescubrimos nuestra verdadera identidad —como pecadores redimidos por gracia—, de una manera que desafía la comprensión humana.

No me digas quien soy hasta que me hayas hecho contemplar con asombro al “Yo Soy”.

En ese momento, aquel en el que temblamos y tartamudeamos, “apartaos de mí, que soy una mujer pecadora”, nuestros corazones están listos para beber en la buena noticia de que somos hijas del Rey. La perla de su incalculable amor por nosotros, finalmente puede ser valorada adecuadamente. El milagro de nuestra aceptación a través de Cristo, finalmente puede ser saboreado de manera apropiada.

Es hora de que las maestras y escritoras abandonen la papilla aguada de la auto-reflexión por un mensaje que nos satisfaga. Las mujeres necesitan desesperadamente ser discipuladas en la práctica gozosa de la adoración desinteresada. Ayúdanos a poner nuestros ojos en Su majestuosidad imponente. Ayúdanos a aprender a maravillarnos. Enséñanos el temor del Señor.


Articulo original de DesiringGod.org | Traducido al español por Alicia Ferreira de Díaz

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Dios abre el corazón

FEBRERO, 24

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Dios abre el corazón

Devocional por John Piper

Y estaba escuchando cierta mujer llamada Lidia, de la ciudad de Tiatira, vendedora de telas de púrpura, que adoraba a Dios; y el Señor abrió su corazón para que recibiera lo que Pablo decía. (Hechos 16:14)

En cualquier lugar que Pablo predicara, algunos creían y otros no. ¿Cómo podemos entender por qué algunos de los que están «muertos en delitos y pecados» (Efesios 2:1,5) creyeron y otros no lo hicieron?

La respuesta a por qué algunos no creyeron es que ellos «desecharon» (Hechos 13:46) el mensaje del evangelio porque era «necedad» para ellos y «no puede[n] entenderlo» (1 Corintios 2:14). La mente carnal «es enemiga de Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo» (Romanos 8:7).

Aquellos que escuchan y rechazan el evangelio «odian la luz» y no vienen a la luz para que sus obras no sean expuestas (Juan 3:20). Permanecen «entenebrecidos en su entendimiento… por causa de la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su corazón» (Efesios 4:18). Es una ignorancia culpable porque la verdad está disponible, pero ellos «con injusticia restringen la verdad» (Romanos 1:18).

Ahora bien, dado que todos están en esta condición de una rebelde dureza de corazón, muertos en sus delitos, ¿por qué algunos creen? El libro de Hechos ofrece la respuesta por lo menos de tres maneras diferentes. Una es que ellos están destinados a creer. Cuando Pablo predicó en Antioquía de Pisidia, los gentiles se regocijaron y «creyeron cuantos estaban ordenados a vida eterna» (Hechos 13:48).

Otra manera de responder a por qué algunos creen es que Dios concede el arrepentimiento. Cuando los santos de Jerusalén oyeron que los gentiles, y no solo los judíos, estaban respondiendo al evangelio, dijeron: «Así que también a los gentiles ha concedido Dios el arrepentimiento que conduce a la vida» (Hechos 11:18).

Pero la respuesta más clara que hallamos en Hechos a la pregunta de por qué una persona cree el evangelio es que Dios abre el corazón. Lidia es el mejor ejemplo. ¿Por qué creyó? Hechos 16:14 dice: «y el Señor abrió su corazón para que recibiera lo que Pablo decía».

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La hora de amenaza inusual

FEBRERO, 23

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La hora de amenaza inusual

Devocional por John Piper

 

Si sois vituperados por el nombre de Cristo, dichosos sois, pues el Espíritu de gloria y de Dios reposa sobre vosotros. (1 Pedro 4:14)

Muchos cristianos en el mundo hoy no conocen el peligro de vida que conlleva creer en Cristo. Nos hemos acostumbrado a estar libres de dicha persecución. Nos parece que es la manera como debe ser.

Por eso, nuestra primera reacción ante la amenaza de que las cosas podrían ser de otra manera es a menudo ira. Pero esa ira puede ser una señal de que hemos perdido el sentir de que somos extranjeros y peregrinos (1 Pedro 2:11 dice: «Amados, os ruego como a extranjeros y peregrinos…»).

Quizás nos hemos establecido demasiado en este mundo. No tenemos nostalgia por Cristo como Pablo la tenía: « Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también ansiosamente esperamos a un Salvador, el Señor Jesucristo…» (Filipenses 3:20).

Muchos de nosotros necesitamos el recordatorio: «Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que en medio de vosotros ha venido para probaros, como si alguna cosa extraña os estuviera aconteciendo…» (1 Pedro 4:12).

¿Se han preguntado alguna vez cómo responderían en la hora de la prueba final? Apuntando con un arma en la mano, un hombre pregunta: «¿Eres cristiano?». He aquí una palabra sólida para darles esperanza de que responderían mejor de lo que creen.

«Si sois vituperados por el nombre de Cristo, dichosos sois, pues el Espíritu de gloria y de Dios reposa sobre vosotros» (1 Pedro 4:14). Estas palabras de aliento de Pedro dicen que en la hora de amenaza inusual (ya sea insulto o muerte), habrá un «Espíritu de gloria y de Dios [reposando] en vosotros». ¿No significa eso acaso que Dios otorga especial ayuda en la hora de crisis a aquellos que sufren por ser cristianos?

No quiero decir que él esté ausente en otros de nuestros sufrimientos. Simplemente quiero decir que Pedro interrumpió el fluir de su discurso para decir que aquellos que sufren «por el nombre de Cristo» experimentarán un «reposo» en sí mismos del «Espíritu de gloria y de Dios».

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Gozar de su plenitud

FEBRERO, 22

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Gozar de su plenitud

Devocional por John Piper

Pues de su plenitud todos hemos recibido, y gracia sobre gracia. (Juan 1:16)

Justo antes del culto del domingo pasado, la pequeña banda de santos que oran estaba orando con fervor por la fe de nuestra gente, por las iglesias del área de las ciudades gemelas y por las naciones. En un momento, un hombre oró las palabras de Juan 1:14-16:

Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad… Pues de su plenitud todos hemos recibido, y gracia sobre gracia.

Fue uno de esos momentos de epifanía para mí. Dios permitió que en ese momento la palabra «plenitud» —de su plenitud— llevara una plenitud cuyo efecto fuera extraordinario en mí. Sentí una medida de lo que la palabra realmente conlleva: la plenitud de Cristo.

Sentí un poco de lo maravilloso que es que de su plenitud ciertamente haya recibido gracia sobre gracia; y en ese momento estaba recibiendo gracia sobre gracia. Sentí, en ese mismo momento, que nada habría sido más dulce que simplemente sentarme a sus pies —o leer la Biblia— toda la tarde, y sentir su plenitud desbordarse.

¿Por qué es que esta plenitud tiene tal impacto en mí, y por qué hasta este momento sigue constantemente teniendo un impacto en mí? En parte, porque…

…Aquel de quien cuya plenitud estoy siendo saturado por la gracia es el Verbo que estaba con Dios y que era Dios (Juan 1:1-2), de manera que su plenitud es la plenitud de Dios: una plenitud divina, una plenitud infinita;*

… este Verbo se hizo carne y fue uno de nosotros y nos perseguía con su plenitud: es una plenitud accesible;*

…cuando este Verbo apareció en forma humana, su gloria fue vista: su plenitud es gloriosa;*

… este Verbo era «el unigénito del Padre», de esa manera la plenitud divina estaba siendo mediada para nosotros no solamente de parte de Dios sino a través de Dios: Dios no envió a un ángel sino a su Hijo único para impartir su plenitud;*

… la plenitud del Hijo es una plenitud de gracia: no me ahogaré en esta plenitud sino que seré bendito por esta plenitud en todo sentido;*

… esta plenitud no es solo una plenitud de gracia sino también de verdad: no estoy siendo lleno de gracia con halagos que hacen caso omiso de la verdad; esta gracia tiene sus raíces en la realidad de una roca sólida.*

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Nuestro siervo Jesús

FEBRERO, 21

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Nuestro siervo Jesús

Devocional por John Piper

 

Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. (Marcos 10:45)

Él no fue solo siervo de su pueblo mientras vivió en la tierra, sino que también será nuestro siervo cuando regrese. «Dichosos aquellos siervos a quienes el señor, al venir, halle velando; en verdad os digo que se ceñirá para servir, y los sentará a la mesa, y acercándose, les servirá» (Lucas 12:37).

No solamente eso: él es nuestro siervo ahora. «”Nunca te dejaré ni te desampararé”, de manera que podemos decir confiadamente: “El Señor es el que me ayuda; no temeré. ¿Qué podrá hacerme el hombre?”».

¿Denigra esto al Cristo resucitado —el decir que él fue y es y será para siempre el siervo de su pueblo? Lo haría si siervo significara ‘aquel que recibe órdenes’, o si pensáramos que nosotros somos amos de él. Sí, eso lo deshonraría. Sin embargo, decir que somos débiles y necesitados no lo deshonra.

No lo deshonra que digamos que él es el único que puede servirnos con lo que más necesitamos.

No lo deshonra que digamos que él es una fuente inagotable de amor, y que mientras más nos ayuda y más dependemos de su servicio, más increíbles nos parecen sus recursos. Por lo tanto, podemos decir confiadamente: «¡Jesucristo está vivo para servir!».

Él está vivo para salvar. Él está vivo para dar, y está muy entusiasmado de que así sea.

No está agobiado con nuestras preocupaciones. Él florece al llevar nuestras cargas. Él quiere «obrar a favor de quien espera en él» (Isaías 64:4). Él «favorece a los que… esperan en su misericordia» (Salmos 147:11).«Porque los ojos del Señor recorren toda la tierra para fortalecer a aquellos cuyo corazón es completamente suyo» (2 Crónicas 16:9).

El servicio omnipotente de Jesucristo se desborda para el bien de todo aquel que en él confía.

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El Calvinista

El Calvinista

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John Piper

Nota del editor: Soldados de Jesucristo y Desiring God presentan la versión en español del aclamado poema escrito por el Pastor John Piper: El Calvinista [The Calvinist], grabado en las voces de los Pastores Félix Cabrera, Nathan Díaz, Josué D. Rodríguez, Otto Sánchez y Greg Travis. Esta es una adaptación al español por el Pastor Josué D. Rodríguez.


¿Puedo invitarte a ver la vida de un Calvinista? Probablemente no es lo que te imaginas. El Dios soberano de la Biblia está lleno de sorpresas. Los sermones y ensayos son buenos, pero a veces sólo los poemas funcionan. Vamos palpando palabras especiales y formas especiales para capturar el resplandor de Dios.

Escribí este poema llamado “El Calvinista” para dar un vistazo a la intervención soberana de Dios en la vida de un hombre pecador. No existe ni una parte de la vida donde la grandeza de Dios no penetre profundamente. Te quiero ayudar a que experimentes eso.

Esperamos que “El Calvinista” sea un vídeo-poema que meditarás detenidamente, reflexionarás, releerás, mirarás de nuevo, y compartirás con amigos y familiares.

Mi oración es que este grande y glorioso Dios soberano estará de pie delante de Su palabra y de nuestras vidas con una fuerza tan convincente que, más temprano que tarde, los reinos de la tierra se convertirán en el Reino de nuestro Dios por medio de Jesucristo.

 

El Calvinista
Un poema por John Piper
Adaptado al español por Josué D. Rodríguez

Míralo con rodilla doblada
Escucha su oración exclamada
El aliento de su clamor
Santificado sea El Señor

Míralo en la Palabra
Inmóvil está su alma
Acumulando con atención
en hoguera hasta la combustión

Míralo en sus libros
Árbol al lado de ríos
Bebiendo en la raíz
Llevando fruto es feliz

Míralo con su pluma
Escribiendo línea con musa
“¡Refina!” Su corazón exclama
Profundo en la Palabra excava

Míralo en la plaza
Guardado de toda trampa
Detective implacable
La verdad su misión incansable

Míralo en la calle
Buscando preguntarle
Al que no es de la grey
“¿Conoces a mi Rey?”

Míralo en discusión
Firme con resolución
A su Padre busca honrar
Nunca Su Palabra quebrantar

Míralo en su oficio
En completo compromiso
El hombre planes tendrá
Pero es Dios quien dispondrá

Míralo en su cena
De gratitud se llena
La gracia saboreando va
En cada pedazo de pan

Míralo con su criatura
¡Como disfruta su ternura!
Su gozo toma vuelo
Al jugar con ella en el suelo

Míralo con su amada
Perdido en su mirada
No hay otra para él
Dulce como la miel

Míralo descarriado
Su corazón quebrantado
¡¿Qué será de mí?!
Sólo Uno me puede redimir

Míralo en lamento
Lleno de arrepentimiento
“Para alcanzar exaltación
Debo vivir en humillación”

Míralo en su adoración
Entonando su canción
“¡Yo ciego fui
Más por la sangre vi!”

Míralo junto al mar
Disfrutando contemplar
La gloria de su Dios
Revelada en la Creación

Míralo en el dormir
Con susurro le oyes decir
“Ningún crédito puedo tomar
Cuando mañana logre despertar”

Míralo en lecho de muerte
Con su corazón ardiente
Vislumbrando la celestial estancia
Su suspiro final: “¡Ganancia!”

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John Piper (@JohnPiper) es fundador y maestro de desiringGod.org y ministro del Colegio y Seminario Belén. Durante 33 años, trabajó como pastor de la Iglesia Bautista Belén en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros.

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Maravillado por la resurrección

FEBRERO, 20

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Maravillado por la resurrección

Devocional por John Piper

Amados, esta es ya la segunda carta que os escribo, en las cuales, como recordatorio, despierto en vosotros vuestro sincero entendimiento… (2 Pedro 3:1)

Al acercarse la Pascua, despertemos nuestro agradecimiento y gozo y admiración y asombro ante lo que la resurrección de Jesús significa para nosotros. La maldición de nuestra naturaleza caída es que lo que alguna vez nos entusiasmaba se ha convertido ahora en normal. La realidad no ha cambiado; nosotros sí.

Esa es la razón por la que la Biblia existe. Pedro dice acerca de sus dos cartas que han sido escritas para «despertar» o «suscitar» en la forma de «recordatorio».

Por lo tanto, despertemos nuestro sincero entendimiento por medio de un recordatorio.

¿Qué es lo que Dios ha hecho al resucitar a Jesús de entre los muertos? He aquí algunas respuestas bíblicas.

Debido a la resurrección de Jesús, hemos vuelto a nacer a una esperanza viva.

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos… (1 Pedro 1:3).

Debido a la resurrección de Jesús, ahora él tiene la gloria para la que fuimos creados. Nuestro destino final es verlo como él es.

Dios, que le resucitó de entre los muertos y le dio gloria… (1 Pedro 1:21).

Y ahora, glorifícame tú, Padre, junto a ti, con la gloria que tenía contigo antes que el mundo existiera… Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo donde yo estoy, para que vean mi gloria, la gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo (Juan 17:5,24).

Que el Señor Jesús resucitado despierte nuestro sincero entendimiento a nuevas profundidades de adoración y fidelidad y gozo.

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El tipo de frío que mata

FEBRERO, 19

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El tipo de frío que mata

Devocional por John Piper

Envía sus órdenes a la tierra; su palabra corre velozmente. (Salmos 147:15)

Esta noche hará cuarenta grados más en el congelador de nuestra cocina que afuera, acá en Minneapolis. La temperatura más alta mañana será de cinco grados bajo cero (Fahrenheit). Recibimos esto de la mano de Dios.

Envía sus órdenes a la tierra;
su palabra corre velozmente.
Manda la nieve como lana;
esparce la escarcha cual ceniza.
Arroja su hielo como migas de pan;
¿Quién puede resistir ante su frío?
Envía su palabra y los derrite;
hace soplar su viento y el agua corre

(Salmos 147:15-18).

Este es el tipo de frío con el que no jugamos. Nos mata.

Cuando vine de Carolina del Sur a Minnesota, me vestí de manera apropiada. Sin embargo, no había preparado suministros ni un equipo de socorro en mi auto en caso de que se averiara.

Un domingo en la noche, en el regreso de la iglesia a la casa, en medio de un frío de este tipo, mi auto murió. Esto ocurrió antes de que existieran los teléfonos celulares, y yo tenía a dos niños pequeños en el auto.

No había nadie en ese camino, y de repente me di cuenta de que esto era peligroso.

Pronto fue muy peligroso. No venía nadie.

Vi a la distancia, a través de una cerca, una casa. Yo soy el papá, y este es mi trabajo. Trepé la cerca, corrí a la casa y toqué la puerta. Había gente. Les expliqué que tenía a mi esposa y a dos niños pequeños en el auto y les pregunté si nos dejarían entrar. Así lo hicieron.

Este es el tipo de frío con el que uno no juega.

Esta es una manera más en que Dios dice: «sea caliente o frío, alto o profundo, afilado o desafilado, ruidoso o silencioso, brillante u oscuro… no se juega conmigo. Yo soy Dios. Yo hago todas estas cosas. Ellas hablan de mí, así como la brisa tibia de verano lo hace, y la lluvia ligera, y la suave luz nocturna de la luna, y el sonido del agua a orillas del lago, y los lirios del campo y los pájaros en el aire».

Hay una palabra para nosotros en medio de este frío. Que el Señor nos dé piel para sentir y oídos para oír.

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Cuando somos inmortales

FEBRERO, 18

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Cuando somos inmortales

Devocional por John Piper

Cuando se hizo de día, los judíos tramaron una conspiración y se comprometieron bajo juramento, diciendo que no comerían ni beberían hasta que hubieran matado a Pablo. (Hechos 23:12)

¿Y qué pasó con esos tipos hambrientos que prometieron no comer hasta que hubieran tendido una emboscada a Pablo?

Leemos sobre ellos en Hechos 23:12: «Cuando se hizo de día, los judíos tramaron una conspiración y se comprometieron bajo juramento, diciendo que no comerían ni beberían hasta que hubieran matado a Pablo». No funcionó. ¿Por qué? Porque una serie de eventos poco probables ocurrieron:

· Un niño escuchó la conspiración.

· El niño era el hijo de la hermana de Pablo.

· El niño tuvo el coraje de ir donde el centurión romano que vigilaba a Pablo.

· El centurión lo tomó en serio y lo llevó al tribuno.

· El tribuno le creyó y preparó «doscientos soldados, setenta jinetes y doscientos lanceros» para llevar a Pablo a seguridad.

Muy poco probable y extraño, pero eso es lo que ocurrió.

¿Qué es lo que hicieron mal los hombres hambrientos esperando en la emboscada? Fallaron en evaluar lo que le ocurrió a Pablo justamente antes de que ellos conspiraran. El Señor se le apareció a Pablo en la prisión y le dijo: «Ten ánimo, porque como has testificado fielmente de mi causa en Jerusalén, así has de testificar también en Roma» (Hechos 23:11).

Cristo dijo que Pablo iría a Roma, y eso sucedió. Ninguna emboscada puede oponerse a la promesa de Cristo. Hasta que llegara a Roma, Pablo sería inmortal. Había un testimonio final que debía ser dado, y Cristo se aseguraría de que Pablo lo diera.

Nosotros también tenemos un testimonio que dar, y seremos inmortales hasta que lo hayamos dado.

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