Ante el tribunal Celestial

Isha – Salmos

DÍA 119 – Salmo 82

Dosis: Justicia

Ante el tribunal Celestial

“Dios preside el consejo celestial; entre los dioses dicta sentencia: «¿Hasta cuándo defenderán la injusticia y favorecerán a los impíos? Defiendan la causa del huérfano y del desvalido; al pobre y al oprimido háganles justicia.” (Salmo 82:1–3) (NVI)

Este salmo escrito por Asaf se dirige a los jueces. Dios juzga a los jueces humanos. Ciertamente la integridad en el sistema de justicia de una nación provee una indicación clara de la salud de la sociedad. Por lo tanto, muchos países reprueban el examen de la honestidad. Nuestros tribunales se han corrompido. Pero a final de cuentas, los jueces reciben su autoridad de Dios, aunque ellos no lo quieran creer así. Por eso Él les recuerda su temporalidad: “Yo les he dicho: Ustedes son dioses; todos ustedes son hijos del Altísimo. Pero morirán como cualquier mortal; caerán como cualquier otro gobernante.

Este salmo llama a los gobernantes y a los jueces a rendir cuentas. Se les llame “dioses” o “hijos del Altísimo”, puesto que representaban a Dios al ejecutar un juicio. Pero aún más, Jesús usó este salmo en el evangelio de Juan para defender su declaración como hijo de Dios. Su argumento era: “Si Dios llama a la gente común ‘dioses’, ¿por qué me acusan de blasfemar cuando digo la verdad, que soy el hijo verdadero de Dios? Soy igual a Dios”. Por supuesto que sus acusadores no le hicieron caso, pues ellos mismos preferían olvidar que Dios les había puesto como líderes religiosos del pueblo.

Aún así, pase lo que pase, Dios ha dado una labor a todos los que están en los tribunales y las cortes. Los jueces y gobernantes están obligados a: “Defender la causa del huérfano y del desvalido; al pobre y al oprimido hacerles justicia. Salvar al menesteroso y al necesitado; librarlos de la mano de los impíos.” Y todas estamos obligadas también vivir en integridad, defender la justicia y orar por aquellos que están en autoridad.319 Este mandato incluye a los jueces de todo tipo. Debemos pedir por su integridad.

Vivimos en una sociedad donde la justicia escasea, pero recordemos que Dios está en control. Oremos como el salmista: “Levántate, oh Dios, y juzga a la tierra, pues tuyas son todas las naciones”, y confiemos que ya lo está haciendo. Se cuenta de un juez que tuvo que dejar en libertad a un criminal por un tecnicismo. “Sé que eres culpable”, le dijo, “y tú lo sabes, y quiero recordarte que un día estarás de pie ante un Juez más sabio, y ahí tendrás un veredicto basado en la justicia y no en leyes humanas”. El ladrón escapó a otro país donde continuó robando casas. Cierta tarde al escapar de una de ellas, subió por un muro y cayó del otro lado ¡a la prisión de la ciudad! Dios hizo justicia.

Oración: Señor, te pido por los gobernantes y jueces en la tierra. Que hagan su trabajo con honestidad e integridad. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 135). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

Hagamos Fiesta

Isha – Salmos

DÍA 118 – Salmo 81

Dosis: Alegría

Hagamos Fiesta

“Canten alegres a Dios, nuestra fortaleza; ¡aclamen con regocijo al Dios de Jacob!¡Entonen salmos! ¡Toquen ya la pandereta, la lira y el arpa melodiosa! Toquen el cuerno de carnero en la luna nueva, y en la luna llena, día de nuestra fiesta.” (Salmo 81:3) (NVI)

Este salmo se usaba durante una de las celebraciones judías. Los estudiosos no se ponen de acuerdo si se cantaba en la Fiesta de las Trompetas o en la Pascua. Algunos proponen que se entonaba en ambas. Lo cierto es que nos recuerda el gozo y la celebración que debe haber cuando pensamos en las bondades de Dios.

Dios estableció siete fiestas a lo largo del año para que Israel se detuviera y se acordara y celebrara la fidelidad de Dios. Comprendemos por los salmos que en estas celebraciones se usaba música. ¿Qué hacen los niños cuando están contentos? Mucho ruido. ¿Qué hacen cuando escuchan instrumentos musicales? Bailan y se mueven al ritmo. Sin embargo, algo que me sorprende de este salmo de victoria es que trae consigo una advertencia: “Si mi pueblo tan sólo me escuchara, si Israel quisiera andar por mis caminos, ¡cuán pronto sometería yo a sus enemigos, y volvería mi mano contra sus adversarios!” ¡Qué interesante que en medio del gozo surge un recordatorio a la fidelidad!

Pero además Dios les expresa que su anhelo es seguir bendiciéndoles como lo hizo en el pasado: “Yo soy el SEÑOR tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto. Abre bien la boca, y te la llenaré. ¡Qué hermosa promesa! Yo también quiero abrir mi boca para que Él la llene de bendiciones y alabanzas. Pero en su gracia incomparable, les expresa aún más en un diálogo tierno: “Y a ti te alimentaría con lo mejor del trigo; con miel de la peña te saciaría.»315 ¡Sólo Él puede hacer brotar agua y miel de una peña seca! ¿Cómo no hacer entonces fiesta? ¿Cómo no celebrar sus bondades infinitas?

Podemos aprovechar las fiestas que se celebran en nuestra cultura, sobre todo aquellas cuyo origen es bíblico, como la Navidad y la Resurrección. ¡Qué motivo más grande para cantar puede haber que saber que Jesús vino y resucitó! Celebremos a nuestro Dios con sinceridad, de corazón. ¡Él se lo merece!

En cierta ocasión mis abuelos organizaron una Navidad en pleno julio, ya que todos los nietos nos reunimos, y por cuestiones de distancia, algunos primos no pasarían con nosotros Navidad. Me parece que disfruté mucho más la ocasión que en la fecha exacta pues no hubo prisa, ni el trajín de las festividades, ni el barullo de las compras. Pensamos en el nacimiento de Jesús, dimos gracias, compartimos regalos hechos a mano por cada uno de nosotros, cantamos villancicos y finalmente celebramos con luces de bengala. Ha sido una de mis mejores Navidades, pues nació de un gozo sincero y ese día de fiesta, agradecimos como familia que Jesús vino al mundo a salvarnos.

Oración: Señor, enséñame a celebrar, ya sea en las fiestas establecidas o en algunas propias. Quiero gozarme en ti. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 134). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Rebobinando la mente

Isha – Salmos

DÍA 114 – Salmo 77

Dosis: Alabanza

Rebobinando la mente

“A Dios elevo mi voz suplicante; a Dios elevo mi voz para que me escuche. Cuando estoy angustiado, recurro al Señor; sin cesar elevo mis manos por las noches, pero me niego a recibir consuelo. Me acuerdo de Dios, y me lamento; medito en él, y desfallezco. No me dejas conciliar el sueño; tan turbado estoy que ni hablar puedo.” (Salmo 77:1–4)) (NVI)

¡Qué sinceridad de este hombre! Asaf no podía orar por las noches. Tan mal estaba que sufría de insomnios, y su angustia le impedía elevar su oración a Dios. ¿Te ha sucedido? La importancia de la oración es fundamental en nuestras vidas. Aún en las noches más oscuras, orar nos trae de nuevo a Dios y a su propósito. Es así que en medio de esta crisis emocional Asaf descubre cuál es la clave, en tiempos malos, recordar las bondades y los hechos poderosos de Dios a favor de su pueblo: “Prefiero recordar las hazañas del Señor, traer a la memoria sus milagros de antaño. Meditaré en todas tus proezas; evocaré tus obras poderosas.”

Los grandes estudiosos de la historia de la iglesia nos dicen que Lutero, Calvino, Brainerd, Hudson, Wesley, tantos nombres y muchos más, no pertenecían a las mismas denominaciones, ni vivieron las mismas circunstancias, ni eran de clases sociales similares, ni compartieron opinión en muchos puntos de práctica y doctrina, pero una cosa tuvieron en común: fueron hombres y mujeres de oración.

¿Cuánto tiempo apartamos para orar cada día? Debo confesar que en ocasiones lucho por tener un tiempo para orar. Con un niño de un año, los deberes de la casa, las exigencias del ministerio, no logro encontrar el tiempo. Sin embargo, no seré la mejor madre si no soy la mejor hija del Padre, ni seré eficaz en mi servicio para el Reino si primero no paso tiempo con el Rey.

Los salmos nos enseñan que por sobre todas las cosas debemos comenzar alabando a Dios. Alabar viene de la palabra francesa: “premiar”. Alabar es darle el lugar y el valor que Dios merece. Alabar es “besar la mano” de alguien que reconocemos superior. ¿Y qué podemos alabar de Dios? Su nombre, su carácter, su creación, pero en este salmo aprendemos que Asaf lo alabó por sus milagros de antaño. Y al hacerlo, su tristeza se desvaneció.

Traigamos a nuestra mente los milagros que Dios ha hecho en nuestra vida y alabémosle. Traigamos a nuestra mente los milagros que Dios ha hecho en nuestra familia, en nuestra iglesia, en nuestra ciudad, en su pueblo Israel, en el mundo, y alabemos a Dios con todo el corazón. Bien dice el catequismo de Westminster: “El fin principal y más noble del hombre es el de glorificar a Dios y gozar de él para siempre”.

Oración: Señor, te alabo por los milagros que has hecho en mi vida, por cada ocasión en que respondiste mis plegarias, porque no me falta la luz del sol ni el canto de las aves. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 130). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

La ira de Dios

Isha – Salmos

DÍA 113 – Salmo 76

Dosis: Justicia

La ira de Dios

“Cuando tú, Dios de Jacob, los reprendiste, quedaron pasmados jinetes y corceles. Tú, y sólo tú, eres de temer. ¿Quién puede hacerte frente cuando se enciende tu enojo? Desde el cielo diste a conocer tu veredicto; la tierra, temerosa, guardó silencio cuando tú, oh Dios, te levantaste para juzgar, para salvar a los pobres de la tierra. (Salmo 76:6–9) (NVI)

¿Concibes a Dios enojado? Poco pensamos en la ira de Dios. Nos gusta meditar en su amor, su misericordia, su gracia, pero ¿su enojo? Este salmo celebra la victoria de Israel sobre Senaquerib, y el salmista dice: “No debemos temer a Senaquerib, sino a Dios”. Pues los israelitas, a pesar de lo que pasaba, continuaban con ídolos extraños. La palabra hebrea que se usa para expresar la ira de Dios proviene de “nariz”, de un “resoplido fuerte”, lo que nos hace pensar que Dios se enoja en verdad.

Aunque no meditemos en ello, la ira de Dios es esencial a su naturaleza divina. El evangelio de Juan nos narra que Jesús se indignó porque usaban el templo como un mercado. En esa historia vemos que el enojo fue usado para la gloria de Dios. Era correcto lo que Jesús sentía. ¿Pero cómo saber que el enojo es santo?

A diferencia de los seres humanos, la ira de Dios no surge en el calor del momento o por emociones volátiles. Al contrario, su enojo es racional y directo, en una respuesta calculada contra el pecado. En ningún lado se expresa mejor esta parte de Dios que en el Antiguo Testamento. El pueblo de Israel hizo vez tras vez lo que a Dios le enfadaba. No bien el Señor los rescataba de sus enemigos, los israelitas olvidaban su protección y cuidado y volvían a sus dioses.

¿Te has sentido alguna vez llena de enojo santo? Tal vez te enfada la pederastia o la violencia. Quizá te ha molestado que se burlen de Dios y su creación. Pero piensa por un momento en el enojo que siente una mujer cuando su esposo coquetea con otra, o está con otra, o busca a otra. Eso es lo que nuestro Dios siente cada vez que le somos infieles. Su ira se enciende justamente. Él nos creó, nos rescató, nos amó. Jesús murió en la cruz por nosotras, y en ocasiones, nosotras coqueteamos con la fama, el dinero, el egoísmo.

Recuerdo que hacía lo imposible por no hacer enojar a mi papá cuando él estaba enfermo. Andaba de puntillas, le llevaba la cena, lo mimaba. ¡Con más razón debo hacer todo lo posible por no encender el enojo de mi Señor! ¿Y cómo podemos lograrlo? Obedeciéndole y siendo fieles a él.

Oración: Señor, enséñame a serte fiel y ayúdame a agradarte cada día. Y si alguna vez te enojo, perdóname Señor y restáurame. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 129). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

El tiempo de Dios

Isha – Salmos

DÍA 112 – Salmo 75

Dosis: Confianza

El tiempo de Dios

“Tú dices: «Cuando yo lo decida, juzgaré con justicia. Cuando se estremece la tierra con todos sus habitantes, soy yo quien afirma sus columnas.» (Salmo 75:2–3) (NVI)

“Mamá, ¿y cuánto falta para Navidad?” Mamá responde: “Tres meses, hija”. ¿Y cuánto son tres meses? “Papá, dijiste que en quince minutos íbamos al parque. Ya es hora”. “No, hijo, solo han transcurrido dos minutos”. Los niños tienen dificultad por comprender el concepto del tiempo. La respuesta: “aún no es hora”, no les dice mucho. A veces solo entienden el tiempo presente. Hoy, ahora, en este instante. El futuro les cuesta. El pasado poco les importa. En ocasiones es dulce ser un niño.

Pero en este salmo, Asaf nos recuerda que ante Dios actuamos como esos niños insistentes que preguntan: ¿Cuánto falta? ¿Ya es hora? Y realmente nos cuesta comprender el concepto de su eternidad. Asaf habla de que Dios es el juez que juzgará con justicia y recompensará a los justos. Él tiene determinado el tiempo. Luego añade que aún cuando se estremezca la tierra, Él la afirmará sobre sus cimientos. ¿No te parece hermoso? Una verdadera dosis de confianza. El salmista nos recuerda que cuando estemos en problemas, debemos confiar en Dios pues él, tarde o temprano, destruirá la maldad.

Mientras tanto, nos removemos en nuestros asientos, armamos rabietas, nos mordemos las uñas, pues no podemos entender la perspectiva del tiempo que nuestro Dios maneja. Queremos todo hoy, ahora, en este instante. El futuro nos cuesta. El pasado poco nos importa. Pero cuando Dios esté listo, hará lo que se deba hacer.

Me identifico con Sara. Dios le dio una promesa, pero los años pasaron y ella seguía sin concebir. Como una niña pequeña quizá inquietaba a Abraham con la misma pregunta: ¿ya es hora? Pero los meses transcurrían y ella no concebía. Entonces, decidió actuar por sí misma. Tomó el asunto en sus manos, y todo salió mal. Abraham tuvo un hijo con su sierva Agar, pero ese niño llegó para traer problemas. Dos naciones se formaron que aún hoy siguen en guerra. La impaciencia de Sara tuvo un alto precio.

Quizá hoy estamos impacientes esperando una respuesta o muchas respuestas. Como niñas, insistimos vez tras vez, lo que no está mal pues Jesús se agrada con que le pidamos. Solo tengamos cuidado de no querer tomar el asunto en nuestras manos. Confiemos en Dios y en su perfecto tiempo. Esperemos a que Él se revele y nos muestre su plan. Así como nosotras, como madres, sabemos que es mejor ir al parque en quince minutos porque el sol estará más agradable, así como entendemos que Navidad no tarda en arribar pues solo restan unos meses, así Dios sabe que su tiempo es lo mejor para nosotras. Confiemos en él.

Oración: Señor, gracias porque tú juzgarás cuando llegue el tiempo. Gracias porque responderás cuando sea el tiempo. Ayúdame a saber esperar. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 128). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

La posesión más preciada

Isha – Salmos

DÍA 111 – Salmo 74

Dosis: Pertenencia

La posesión más preciada

“Recuerda que somos el pueblo que elegiste hace tanto tiempo, ¡la tribu a la cual redimiste como tu posesión más preciada! Y acuérdate de Jerusalén, tu hogar aquí en la tierra.” (Salmo 74:2) (NVI)

Este salmo, es probablemente de uno de los descendientes de Asaf, se escribió después de la caída de Jerusalén. En él, el salmista ruega a Dios que ayude a su pueblo y recuerde sus promesas. Cuando estamos devastados y nos creemos olvidados, podemos, como el salmista, enumerar lo que Dios ha hecho en el pasado, y así confiar que nos ayudará en el presente.

En el verso 2, el salmista usa una de las ilustraciones más bellas que hay: la redención. A Dios no le bastó comprar a su pueblo, tuvo que rescatarlo. Dios lo liberó y se convirtió en su Redentor. Aún más, lo hace suyo. Lo vuelve su posesión preciada, su más grande tesoro. Para entender este concepto, me gusta usar la siguiente historia que escuché de niña.

Un niño, a quien llamaremos Tomás, construyó un barco de madera. Lo pintó, lo barnizó y le puso una vela. Después salió al río para verlo navegar. Ató a su mástil una cuerda, pero cuando la corriente se puso más violenta, perdió la cuerda y el barquito de madera se fue río abajo. Tomás perdió su bote. Semanas después, pasaba por el centro del pueblo cuando en la vitrina de la juguetería principal vio su barco. Entró corriendo y le dijo al vendedor: “Señor, este es mi barco. Yo lo construí. ¿Me lo devuelve?”

El dueño de la tienda lo miró con curiosidad: “Disculpa, hijo, pero si lo quieres, deberás comprarlo. Cuesta treinta monedas”. Tomás no tenía ni diez, y por más que insistió, el hombre del negocio no rebajó el precio ni le entregó el barco. Finalmente, Tomás juntó el dinero y volvió por el barco. Al tenerlo en brazos, lo abrazó y dijo: “Te amo, barquito, porque eres dos veces mío”.

Del mismo modo, somos preciadas para Dios. Somos dos veces suyas. Por creación le pertenecíamos, pero el pecado nos separó de él y terminamos en la vitrina de la esclavitud al pecado. Pero Jesús pagó el precio y nos recuperó. Hemos sido redimidas. Le pertenecemos a él. ¿No es esto maravilloso? Amada, no importa los problemas que hoy tengas, o cómo te sientas al mirarte en el espejo. Empieza a verte a ti misma con los ojos de Dios. Eres dos veces suya, porque te creó y te compró. ¡Eres su posesión preciada!

Oración: Señor, gracias porque me redimiste y me compraste del pecado. Gracias porque soy preciada para ti.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 127). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

La recompensa de los justos

Isha – Salmos

DÍA 110 – Salmo 73

Dosis: Contentamiento

La recompensa de los justos

“Entonces me di cuenta de que mi corazón se llenó de amargura, y yo estaba destrozado por dentro… Puede fallarme la salud y debilitarse mi espíritu, pero Dios sigue siendo la fuerza de mi corazón; Él es mío para siempre.” (Salmo 73:21, 26) (NTV)

A partir del salmo 73 comienza el tercer libro de los Salmos, la mayoría escrito o compilado por Asaf, uno de los líderes de los coros levíticos bajo el reinado de David. En este salmo, Asaf habla de dos grandes temas que se van entretejiendo: la prosperidad de los malos versus la aparente pobreza de los justos.

Asaf abre de par en par su corazón dolido y comienza confesando su envidia hacia los malos porque estos prosperan, aparentemente no sufren, triunfan en todo lo que hacen, blasfeman a Dios y se salen con la suya. ¿Te has sentido así? ¿Tu compañera de clases de la escuela elemental ahora tiene una casa grande, un auto nuevo, una familia perfecta, en tu opinión, mientras que tú luchas por el sustento diario? Y ella decidió no confiar en Dios, mientras que tú le sirves. De repente te parece injusto.

Podemos caer en la misma trampa en que tropezó Asaf y pensar tres cosas: que no vale la pena ser fiel a Dios, que desperdiciamos nuestras vidas y que aquellos que se ríen de nuestra fe son los que más se enriquecen. Pero Asaf no se quedó en sus quejas. Eso es lo que hace la oración. Aunque tengamos reclamos, al entrar en la presencia del Señor vamos recuperando la visión. Cuando asistimos a la iglesia y escuchamos la palabra de Dios ordenamos nuestros pensamientos. Así le sucedió a Asaf. Entró al santuario y finalmente comprendió las cosas.

El fin de los malos será inexorable. Los ricos ponen su confianza y su gozo en las riquezas, pero esto solo crea un sueño que pronto se desvanece. Un día, el Señor se reirá de sus sueños y sus ideas pues le negaron a Él. A final de cuentas, los ricos y malos no son dignos de envidia sino de lástima.

Entonces Asaf descubre cómo Dios le ha cuidado y le guiado. Declara que en medio de la enfermedad y la pobreza, cuenta con una riqueza eterna que nadie le arrebatará: Dios mismo. Así que se propone seguir adelante y hablar a otros de su Dios. Como Asaf, habrá días en que envidiemos a los que hacen el mal y prosperan, pero no olvidemos que nuestra herencia es eterna, y es lo mejor que puede existir: Dios mismo. Quizá hoy no lo entendemos del todo, pero un día lloraremos de gratitud por haber sido salvadas por Jesús, pues tendremos lo que jamás perderemos: a Jesús mismo, la verdad y la vida.

Oración: Señor, enséñame a no envidiar. Gracias porque tú eres lo que más deseo en esta tierra. Y te pido por aquellos que aún andan ciegos pensando que la riqueza lo es todo. Dame valor para hablarles de ti. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 126). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

Orando por nuestros gobernantes

Isha – Salmos

DÍA 109 – Salmo 72

Dosis: Intercesión

Orando por nuestros gobernantes

“Oh Dios, concede al rey tu amor por la justicia, y da rectitud al hijo del rey. Ayúdale a juzgar correctamente a tu pueblo; que los pobres siempre reciban un trato imparcial.” (Salmo 72:1–2) (NTV)

Me encontraba en una conferencia internacional. Me senté con colegas y amigos de América Latina y, para no perder la costumbre, la conversación giró en torno a las próximas elecciones presidenciales en mi país. Me quejé de la corrupción y el manejo de los medios, de la pobreza extrema y la ignorancia. Cuando me desahogué, guardé silencio. Un hombre de Centroamérica solo se encogió de hombros: “No nos cuentas nada nuevo. Esto pasa en todos los países de América Latina”.

Resulta fácil enumerar las debilidades de nuestros gobiernos. Podemos enlistar en unos minutos las muchas fallas de nuestros gobernantes, pero la Biblia es clara. Se nos pide orar por nuestras autoridades: “Ora de ese modo por los reyes y por todos los que están en autoridad, para que podamos tener una vida pacífica y tranquila, caracterizada por la devoción a Dios y la dignidad.”

Este salmo fue escrito por Salomón, el hijo de David, el rey más grande que tuvo Israel en poder, dominio y riqueza. Él construyó el magnífico templo y hubo paz en la tierra. Sin embargo, al pedir Salomón ayuda a Dios, mira más allá y pide por el reino que perdurará para siempre, y sabemos que el reino perfecto solo vendrá cuando Cristo mismo sea coronado rey de toda la tierra. Mientras tanto, debemos pedir por nuestras autoridades.

Resulta interesante leer que cuando los israelitas fueron deportados, estando aún en situaciones extremas de humillación e injusticia, Dios les enseñó que debían aún procurar la paz de la nación que los había conquistado y orar por ella. ¡Qué paradójico! Pero escondido en este mandato había una ley espiritual. La paz de la ciudad redundaría en bienestar y paz para ellos mismos. Dios les dice así: “Además, busquen el bienestar de la ciudad adonde los he deportado, y pidan al SEÑOR por ella, porque el bienestar de ustedes depende del bienestar de la ciudad.» A través de muchos de estos salmos hemos leído el mismo clamor por la paz y la justicia. Pidamos sabiduría para nuestros gobernantes, que tengan amor por la justicia, que juzguen correctamente, que los pobres reciban un trato imparcial, que salven a los necesitados.

¿Por qué oramos generalmente? En una encuesta se descubrió que 9 de cada 10 adultos dice orar. ¿Y por qué oran? El 90% ora por sus propias familias. El 81% ora por la niñez. El 77% ora por la paz mundial. El 69% ora por su trabajo. Supongo que el 100% ora por sí mismo y sus necesidades. ¿Y por las autoridades? No se menciona en la encuesta, pero temo que si un 10% ora con regularidad por ellas, sería sorprendente. Oremos hoy por los que están en eminencia. Obedezcamos a Dios.

Oración: Señor, da rectitud a nuestros gobernantes y que en sus días florezca la justicia y haya gran prosperidad. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 125). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Oración de un Anciano

Isha – Salmos

DÍA 108 – Salmo 71

Dosis: Virtud

Oración de un Anciano

“Aun cuando sea yo anciano y peine canas, no me abandones, oh Dios, hasta que anuncie tu poder a la generación venidera, y dé a conocer tus proezas a los que aún no han nacido.” (Salmo 71:18) (NVI)

La señorita Phyllis, porque nunca se casó, era hija de padres ingleses, misioneros en mi ciudad. Desde que nací la vi como una mujer mayor de edad. Después me enteré que me llevaba cincuenta años. Todos los domingos, sin falta, llegaba puntualmente a la reunión y se sentaba junto a la puerta para recibir a los fieles. Vendía Biblias y repartía folletos. Toda la semana asistía a distintas reuniones para niños y mujeres donde ayudaba en lo que podía.

Pero la edad cayó sobre ella. Ya no podía vivir sola. Se discutió con ella qué hacer, y ella estuvo de acuerdo en ingresar a un asilo. En ese lugar, como en muchos, había ancianos que terminaban su vida angustiados, abandonados, rechazados, ignorados, y por lo tanto, amargados y enfadados. No ella. Hacía bromas, cuando podía. Se sentaba para ver partidos de fútbol, una afición que había ocultado de muchos de nosotros. Cuando murió, sus cuidadoras lloraron. “La vamos a echar de menos. Iluminaba nuestros días”.

El cómo vivimos hoy, afectará cómo vemos el mañana. Quizá ya estás en una edad avanzada, o tal vez ni siquiera piensas en ello, pero la ancianidad es una realidad para todas nosotras. La pregunta es: ¿podremos hablar como el salmista? Este anciano tenía un testimonio claro: “Mi vida es un ejemplo para muchos, porque tú has sido mi fuerza y protección.” Vivamos desde hoy siendo ejemplo, no tanto por lo que hagamos, sino por aquel en quien confiamos.

Y ya que su vida era un ejemplo, el salmista clama a Dios y le ruega más tiempo. Aún no terminaba su labor. Debía anunciar las maravillas de Dios a una generación venidera. Una persona jamás será suficientemente adulta para servir a Dios, ni demasiado anciana para orar. Si bien algunas actividades físicas cesan, no las espirituales. Aún en el asilo, la señorita Phyllis cantaba himnos y recitaba salmos. Aunque su mente ya no podía articular bien un sermón, dejó huella en los que la escuchaban.

Mis abuelos me regalaron un cuadro con una leyenda que ha marcado mi vida: “Cuando tú naciste, todos sonreían y tú llorabas. Vive de tal manera que cuando mueras, todos lloren y tú sonrías”. Vivamos el día de hoy de modo que el día de mañana podamos anunciar la fidelidad de Dios a los que todavía no nacen.

Oración: Señor, ayúdame a proclamar lo que has hecho por mí. Sostén a todas las ancianitas que aún hoy te sirven en oración y en alabanza. Gracias porque jamás nos abandonas.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 124). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

En Apuros

Isha – Salmos

DÍA 107 – Salmo 70

Dosis: Ayuda

En Apuros

“Apresúrate, oh Dios, a rescatarme; ¡apresúrate, SEÑOR, a socorrerme!…Yo soy pobre y estoy necesitado; ¡ven pronto a mí, oh Dios! Tú eres mi socorro y mi libertador; ¡no te demores, Señor!” (Salmo 70:1, 5) (NVI)

¿Cuántas veces has estado en apuros, necesitando desesperadamente del socorro de Dios? En este breve salmo, David se encuentra en problemas. Así que suplica a Dios que venga en su ayuda a toda prisa porque parece ser que ya no puede más. Lo curioso es que aún, en medio de su pánico, no olvida alabar a Dios. Parece increíble que alguien que está en aprietos pueda pronunciar estas palabras: “Pero que todos los que te buscan se alegren en ti y se regocijen; que los que aman tu salvación digan siempre: «¡Sea Dios exaltado!»”

En ocasiones queremos ver a Dios como un Papá Noel o una máquina que vende productos. “Presione el botón y obtenga sus deseos”. “Haga una lista, y recibirá sus peticiones”. Sin embargo, Dios es una persona. Y como David, debemos reconocer que al pedir ayuda podemos alabar también a Dios, sin importar lo hondo del pozo en el que estemos.

Analizando el salmo: ¿Quién necesita ayuda? David comienza con una confesión: “Soy pobre y estoy necesitado”. Si recordamos las bienaventuranzas, el Señor Jesús llama dichosos a los pobres de espíritu, y ser pobre de espíritu significa reconocer nuestra necesidad de Dios. ¿Somos pobres de espíritu? En ocasiones no. Creemos tener todo resuelto y no acudimos a Dios. Que este día podamos aceptar que lo necesitamos.

Sigue una súplica. “¡Ven pronto!” Cuanto más apremiante es el dolor, más necesitaremos de su gracia. Tal vez este versículo nos haga recordar también el anhelo de la iglesia por la segunda venida de nuestro Señor, conforme a la promesa que Él nos hizo de volver.

Después viene el reconocimiento. David declara que el Señor es su socorro y su libertador. David sabía en quién podía confiar. No tenía ninguna duda de ello. ¿Y nosotras confiamos así? El otro día enfermó mi hijo. Empezó a vomitar y a llorar. Sentí pánico. ¿Sabes qué hice? Llamé a mi madre, pero no estaba. Busqué en el Internet para ver qué remedios encontraba. Hice todo, menos acudir a Dios. Cuando finalmente, aturdida porque nada salía, me arrodillé y oré, vi las cosas con claridad. ¡Qué pobre y necesitada estaba! En cualquier situación, primero acudamos a Él.

Oración: Señor, reconozco que soy pobre y necesitado. ¡Ven pronto a socorrerme! Sí, ¡ven, Señor Jesús! Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 123). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.