Comunión con Dios

17 Julio 2017

Comunión con Dios
por Charles R. Swindoll

Salmos 15

Si usted lee el Salmo 15 cuidadosamente, descubrirá que toda la canción surge del primer versículo. El versículo 1 es crucial debido a su pregunta de sondeo. La respuesta de David conforma el resto del salmo y finaliza con una promesa maravillosa.

Un bosquejo sencillo podría ser:

I. Pregunta: «¿Quién habitará en tu tabernáculo?» (v. 1)
II. Respuesta: «El que anda en integridad» (vv. 2-5)
III. Promesa: «No será conmovido jamás» (v. 5)

El salmo de David inicia con una pregunta de sondeo, hecha a manera de metáfora.
Oh Señor, ¿quién habitará en tu tabernáculo?
¿Quién residirá en tu santo monte? (v. 1)

Esta canción es una oración dirigida a Dios, cuyo nombre aparece en hebreo con las cuatro letras consonantes JHVH. David utiliza el nombre sagrado de Dios y hace dos preguntas que a primera vista parecen ser diferentes pero en realidad buscan la misma respuesta. La poesía hebrea, tal como lo vimos anteriormente utiliza con frecuencia lo que llamamos un paralelismo sinónimo donde dos frases expresan el mismo pensamiento usando dos palabras o frases distintas. Este versículo literalmente se puede leer: “JHVH. ¿Quién puede morar en tu tabernáculo? ¿Quién puede hacer su residencia en tu santo monte?»

Esas referencias sobre «tabernáculo» y «santo monte» son símbolos de la presencia de Dios, expresiones descriptivas de una comunión íntima.

En esa época, el templo no había sido construido aún; los israelitas adoraban a Dios en el tabernáculo, una gran tienda. El arca del pacto se encontraba en el centro del tabernáculo, en el lugar santísimo y allí se encontraba la gloria shekinah de Dios. Esta luz especial de shekinah representaba la presencia especial de Dios entre los israelitas, estableciéndoles como nación, protegiéndoles del mal y bendiciendo su fidelidad.

La expresión, «santo monte» refleja el evento en el libro de Éxodo cuando Moisés se encontró con Dios en el monte Sinaí y allí recibió su ley (Éxodo 24: 12-18). En esa ocasión, una nube cubría la cima. La expresión también se refiere a la cumbre de Jerusalén, el hogar futuro del templo, donde la presencia de Dios estará y donde todos los pueblos serán invitados a adorarle.

David preguntaba: «¿Qué clase de persona se necesita ser para poder mantener y disfrutar una comunión íntima contigo, Señor?»

Afirmando el alma
Recuerde que esto tiene que ver con nuestra relación con Dios en este momento y no en el futuro. ¿Qué clase de persona puede tener esa comunión gozosa con Dios? ¿De qué manera un pecado habitual afecta la experiencia de comunión con Dios en una persona? ¿Tiene usted actualmente esta clase de experiencia con Él?

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos

Una canción de esperanza renovada

14 Julio 2017

Una canción de esperanza renovada
por Charles R. Swindoll

Salmo 13

Cuando la canción de David, preservada para nosotros como el Salmo 13, llega a su clímax, la postura de David ha vuelto a cambiar.

David de pie

Pero yo confío en tu misericordia;
mi corazón se alegra en tu salvación.
Cantaré al Señor
porque me ha colmado de bien.

«Pero»  es la primera palabra del versículo 5. Por lo general, siempre se utiliza para presentar un contraste ante el lector. Es como si David estuviera diciendo: «En contraste a mis quejas y temores iniciales, de mis ojos opacados y mi corazón arrogante, ahora confío… ahora mi corazón se regocija… ahora mi corazón canta».

¿Nota esas afirmaciones de alabanza? ¡Qué diferencia tan clara! Eso suena más al David que conocemos, ¿no es cierto? No pasemos por alto la última parte del versículo final: «…porque me ha colmado de bien».

¡Qué frase tan importante? Léala de nuevo, haga una pausa y medite en ella. Las circunstancias de David no habían cambiado. Saúl todavía lo estaba persiguiendo. Las colinas estériles de Judea todavía seguían allí. Todavía estaba hambriento. Sus circunstancias externas no habían cambiado, pero las conclusiones internas de David habían dado un giro de ciento ochenta grados con respecto a sus pensamientos iniciales. ¿Por qué? Porque David había cambiado. Dios le había «colmado de bendiciones».

¿Qué significa eso entonces para nosotros? ¿Qué palabra de ánimo podemos extraer de esta canción de David? ¿Cómo podemos imitar a David y levantarnos de  nuestras propias circunstancias dolorosas?

Primero, debemos reconocer que Dios utiliza las pruebas para transformarnos. Dios quiere capacitarnos y moldearnos. Él utiliza esas circunstancias angustiosas traídas por el mal para beneficiarnos en vez de destruirnos. La maldad con la que el mundo nos ataca se convierte en una herramienta para él. Y al hacerlo, él nos colma de bendiciones en lugares que nadie puede ver o tocar.

No hemos aprendido las lecciones más esenciales que Dios ha diseñado para nosotros en cualquier prueba a menos que digamos: «me ha colmado de bendiciones».

En el maravilloso Salmo 119, David declara esta misma conclusión en los versículos 71 al 75. De hecho, David nos dice que tales pruebas son buenas para nosotros:

Bueno me es haber sido afligido
para que aprenda tus leyes…
Conozco, oh Señor, que tus juicios son justos
y que conforme a tu fidelidad me has afligido.
Esto es lo que el apóstol Pablo descubrió con su «aguijón en la carne» mientras escribía en 2 Corintios 12: 9:

Y me ha dicho: “Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que habite en mí el poder de Cristo.

La debilidad no es un síntoma de una enfermedad terminal. Es una prueba tangible de nuestra humanidad. Mejor aún, es la plataforma donde Dios realiza parte de su trabajo más maravilloso. Si el afán diario del abatimiento ha comenzado a arrastrarle, permítame animarle a que se identifique mejor con este salmo peculiar que habla de una esperanza nueva. No sólo puede confortar su alma si no que, probablemente, le levantará su rostro y lo ayudará a ponerse de pie.

Afirmando el alma
Esa clase de oración requiere una confianza increíble en Dios y en su carácter. Demanda mayor fe de su parte ya que eso es más difícil que cambiar sus circunstancias. ¿Está dispuesto a tener esa clase de fe? Hable con un amigo suyo acerca de su respuesta.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

La mirada en Dios

13 Julio 2017

La mirada en Dios
por Charles R. Swindoll

Salmo 13

Al leer el Salmo 13  y reflexionar en la sección que describe a David de cara al suelo, abrumado con dolor y desesperanza, puedo ver dos aplicaciones prácticas:

1. David se sentía agotado debido a la duración de la prueba. «Hasta cuándo» aparece cuatro veces en solo dos versículos. No olvidemos que Dios no solo diseña la profundidad de la prueba sino también su duración. El antiguo profeta Habacuc hizo la misma pregunta en el capítulo 1 del libro que lleva su nombre: «¿Hasta cuándo?»

2. En los primeros dos versículos del Salmo 13 David se vuelve contra de todos excepto él mismo. Esto me enseña que cuando trato de enfrentarme a la prueba en la carne, me vuelvo en contra de Dios, mi enemigo o mi circunstancia en vez de preguntarle a Dios que es lo que está tratando de enseñarme en esta situación. Cuantas lecciones maravillosas Dios quisiera enseñarnos si nuestros corazones arrogantes estuvieran dispuestos a derretirse en el horno de la aflicción.

En medio de su angustia y su sufrimiento, David tomó una decisión vital. En vez de continuar en esa espiral de sufrimiento, David cambió su perspectiva. Esto nos lleva a la segunda sección de la canción.

David de rodillas:

¡Mira; respóndeme, oh Señor, Dios mío!
Alumbra mis ojos para que no duerma de muerte.
No sea que mi enemigo diga: “¡Lo vencí!”.
Mis enemigos se alegrarán si yo resbalo (vv. 3-4)

Algo le ocurrió a David entre la segunda y la tercera estrofa de este himno. Quizás analizó sus propias quejas y se dio cuenta de que era simple autocompasión. Yo he hecho eso, ¿y usted? Tal vez hizo una pausa en su composición y volvió a leer lo que había escrito. Y al hacerlo se alarmó al ver la incredulidad que había comenzado a surgir ante sus ojos. En esta sección observamos una marcada diferencia. Ya no está de cara al suelo. Su abatimiento está desapareciendo. Lo encontramos ahora de rodillas, lo encontramos en un lugar de victoria. El misionero martirizado, Jim Elliot, escribió una vez: «Los santos que avanzan de rodillas nunca vuelven atrás».

Observe como los versículos 3 y 4 se conectan con los versículos 1 y 2.  David parece recordar sus quejas y las analiza mientras habla con el Señor acerca de ellas. Hay tres cambios aparentes.

Primero, en lugar de ver al Señor como un Dios que no se preocupa por él (v. 1), David le hace la petición que le «responda» (v. 3). Y observe que él le dice en el versículo 3: «Dios mío». David ya no piensa que existe alguna distancia entre él y Dios. Su perspectiva es diferente ahora.

Segundo, en vez del abatimiento y la angustia que tiene su corazón debido a su propio deseo de resolver las cosas por sí solo (v. 2), David le pide al Señor que le alumbre sus ojos. Una vez más, el hebreo nos da una comprensión más clara. La palabra que se traduce como «alumbrar» en el versículo 3 tiene una raíz causal y literalmente significa: «iluminar». En Números 6: 24-26, leemos el mismo término en aquella bendición que hemos escuchado muchas veces:

El Señor te bendiga y te guarde.
El Señor haga resplandecer su rostro sobre ti,
y tenga de ti misericordia.
El Señor levante hacia ti su rostro,
y ponga en ti paz.
(El énfasis es mío).

El rostro de David había perdido su “brillo”.  Su rostro y especialmente sus ojos se habían opacado. Él ansiaba que el brillo de Dios se reflejara nuevamente en sus ojos, en ese rostro que estaba mirando al suelo.

Una vez más tengo que decir que cuando las pruebas se intentan resolver en la carne, los ojos muestran la desilusión. No es algo que podamos esconder. Todo nuestro rostro se vuelve rígido  e inflexible, perdemos esa «chispa» y esa «luz» que antes surgía de nuestros corazones. Cuando el gozo interno se va, también el brillo de nuestros ojos.

Tercero, David en vez de preocuparse de su enemigo (v.2), le entrega mentalmente su enemigo al Señor y deja que se encargue de los resultados (vv. 3-4).

Este cambio tan notable de David ocurrió cuando decidió entregárselo todo a Dios en oración. Aunque suene como un cliché, nuestra oración ferviente sigue siendo el aceite más efectivo que reduce la fricción del afán diario del abatimiento.

Afirmando el alma
Si usted dejara de pedirle a Dios que cambiara sus circunstancias externas e hiciera más bien una oración rindiéndose a él y pidiéndole que él le cambie, ¿qué cree usted que ocurriría? ¿Qué es lo que lo detiene de orar de esa forma?

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Soledad plena

12 Julio 2017

Soledad plena
por Charles R. Swindoll

Salmo 13

El Salmo 13 comienza en ese lugar donde la persona abatida se encuentra: de cara al suelo, aplastada bajo el peso del sufrimiento. En la primera sección de la canción leemos:

¿Hasta cuándo, oh Señor?
¿Me olvidarás para siempre?
¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?
2 ¿Hasta cuándo tendré conflicto en mi alma
y todo el día angustia en mi corazón?
¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí? (vv. 1-2)

David, hundido por las pruebas abrumadoras de la vida, decide enfrentar el abatimiento utilizando cuatro formas humanas y comunes. En estos dos versículos, podemos reflejarnos y ver esas cuatro rutas de escape mentales que con frecuencia utilizamos cuando estamos bajo presión.

1. Dios me ha olvidado para siempre. ¿Recuerda usted la última vez que se sintió abandonado? «¿Hasta cuándo, oh Señor?¿Me olvidarás para siempre?» Cuando una prueba ha continuado por tanto tiempo y parece no haber ninguna esperanza de alivio, David finalmente cae aplastado emocionalmente. Se pregunta si Dios le ha abandonado.

2. Dios no se preocupa por mí. Esto no es nada más que simple autocompasión. «¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?» Esta es una expresión que inevitablemente acompaña esos sentimientos de abandono y que susurra la mentira: «Dios sencillamente ha perdido interés en mí. Él dijo que me iba a cuidar e iba a llevar mis cargas, pero eso no está sucediendo». ¿Le parece familiar? La Palabra de Dios es muy honesta. Con qué frecuencia nos reflejamos en las páginas de la Biblia.

3. Voy a tener que resolver la situación por mí mismo. Aquí David está dudando de las promesas de Dios y sugiriendo que Dios no es confiable. «¿Hasta cuándo tendré conflicto en mi alma?» Ese término hebreo se traduce más bien como, «planear algo». David había comenzado a planear la forma de salir de esa situación, de resolverlo por sí mismo. Seguramente él pensó: «Después de todo, Dios me dio la mente para pensar y espera que la utilice».  El típico concepto de: «Ayúdate que yo te ayudaré»

Un momento. ¿Es eso cierto? Tal vez le sorprenda saber que esa frase no aparece en ningún lugar de la Escritura. Hagamos una pausa y recordemos algunos de los dichos de Salomón:

Confía en el Señor con todo tu corazón
y no te apoyes en tu propia inteligencia.
Reconócelo en todos tus caminos
y él enderezará tus sendas. (Proverbios 3: 5-6)

Encomienda al Señor tus obras
y tus pensamientos serán afirmados (Proverbios 16: 3)
Cuando los caminos del hombre le agradan al Señor,
aun a sus enemigos reconciliará con él.  (Proverbios 16: 7)

Las suertes se echan en el regazo,
pero al Señor pertenece toda su decisión. (Proverbios 16: 33)

¿Qué es lo que sucede cuando intentamos resolver las cosas por nosotros mismos? Exactamente lo que le ocurrió a David. ¿Y qué fue lo que le sucedió? Mire la última parte del Salmo 13: 2: «… y todo el día angustia en mi corazón».

Angustia, frustración y preocupación se vuelven los compañeros constantes de una persona abatida. Ese es el derivado de una actividad egocéntrica. ¿Cuándo aprenderemos a darle nuestras cargas al Señor y dejarle que el resuelva la situación?

4. ¡Esta prueba me enoja! Es humillante cuando nos pasan por encima. Sentimos que nos han herido el orgullo y por lo tanto pedimos venganza: «¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí?»

No es esa una queja común? No obstante, tengo que recordarle una vez más que ello proviene de la arrogancia. Ella nos hace pensar que tenemos el derecho de defender la verdad, especialmente cuando algún enemigo está aprovechándose de nosotros. Peleamos armados hasta los dientes con tal de mantener nuestra arrogancia. Queremos que la gente nos aprecie y piensen bien de nosotros. Pero David, al igual que usted y yo tenemos que aprender que la verdad se defiende por sí misma. La verdad emergerá victoriosa en el propio tiempo de Dios.

Afirmando el alma
¿Cuáles de las reacciones de David resuenan más en usted en este momento?
1. Dios me ha olvidado para siempre.
2. Dios no se preocupa por mí.
3. Tendré que resolver la situación por mí mismo.
4. Esta prueba me enoja.
¿Cuál ha sido su reacción? ¿Le ha funcionado?

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Del abatimiento al éxtasis

11 Julio 2017

Del abatimiento al éxtasis
por Charles R. Swindoll

Salmo 13

La lucha de David con el abatimiento se hizo muy intensa, quizás eso fue lo que lo impulsó a escribir la canción que conocemos hoy como el Salmo 13. Con seguridad no podemos saber que era lo que le estaba pasando al rey poeta. Lo que sí sabemos, sin embargo, es que algunos de los días más difíciles de David ocurrieron antes de que él fuera promovido oficialmente al trono de Israel. Dios lo estaba preparando para una tarea inmensa y él utilizó varias pruebas para moldearlo en hombre de madurez y de fuerza interna. Creo que sería útil si leemos el primer libro de Samuel para entender cuáles fueron esas circunstancias que llevaron a David a escribir esta canción (Vea 1 Samuel 18: 9-15, 28-29; 20: 30-33).

La historia nos dice que él acababa de matar a Goliat de Gat. Por ende, los filisteos habían sido derrotados y David se había convertido en el héroe más famoso de su tierra (aun cuando todavía era un jovencito). Como resultado, el pueblo empezó a cantarle elogios, lo que hizo que el rey Saúl se llenara de envidia. Saúl odiaba la popularidad de David. Como resultado, Saúl llegó a un nivel de hostilidad tal que su único objetivo era asesinar a David. Se acabó la armonía y comenzó el abatimiento.

Piénselo. Desde ese momento, David se convirtió en la meta del plan diabólico de Saúl. Aun cuando David era inocente ante Dios y seguía siendo leal al rey Saúl, él tuvo que huir, literalmente, para salvar su vida y se fue a vivir a las colinas de Judea como un fugitivo por más de doce años, ¿se imagina?

David, siendo literalmente perseguido por el maniático de Saúl, con seguridad debió haber pasado  momentos de duda. Con frecuencia, David estaba solo y lo único que podía hacer era dirigirse a Dios en sus momentos de abatimiento. Allí estaba, el ungido rey electo, viviendo como un animal en el desierto, y huyendo por su vida (Eso desilusionaría a cualquiera). Me puedo imaginar a David escondido entre varios arbustos o debajo de alguna roca, sucio y abatido y preguntándose cuándo sería el final.

Con un escenario así, el Salmo 13 tiene mucho sentido. Al igual que muchos de los «salmos de lamento» esta es una canción dirigida a Dios, una oración que consiste en seis versículos que van en crescendo hacia un clímax. Comienza en el hoyo del abatimiento y concluye en la cima del éxtasis. Esta es la forma en que yo escribiría el bosquejo de la canción de abatimiento de David:

I. David de cara al suelo. Pensando en su miseria y quejándose de su situación. (vv. 1-2).

A. David se enfoca en la profundidad de la prueba.
B. David se enfoca en la duración de la prueba.
II. David de rodillas. Llevando su carga al Señor y admitiendo su propia dependencia de él. (vv. 3-4).
III. David de pie. Regocijándose y cantando (vv. 5 -6).

Afirmando el alma
Mientras analiza las etapas del sufrimiento de David expresadas en la canción, ¿dónde se encuentra usted en este momento? ¿»De cara al suelo», «de rodillas», o «de pie»? En base a su respuesta, ¿qué le diría usted a alguien que se encuentra en una de esas etapas?

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

El Lado Oscuro de la Grandeza

9 Julio 2017

El Lado Oscuro de la Grandeza

por Charles R. Swindoll

“Aquí yace el más perfecto gobernante de los hombres que el mundo jamás ha visto . . . [y] ahora pertenece a los siglos.”

¿De quién se dijo esto?

¿De alguno de los césares? No. ¿Napoleón? No. ¿Alejandro Magno? No. ¿El presidente Eisenhower? ¿El general Patton . . . o alguno de los estrategas militares de los Estados Unidos de América como Grant o Lee? No; ninguno de ellos. ¿Qué tal de los reformadores de la fe? ¿Martín Lutero? ¿Juan Calvino? ¿Juan Knox? De nuevo, la respuesta es que no.

Pues bien, sin ninguna duda se dijo de un gran líder, una personalidad poderosa y persuasiva, ¿verdad? Por cierto alguien cuyo éxito uno admira. Eso depende, supongo.

Cuando él tenía siete años, desahuciaron a su familia y la obligaron a salir de su vivienda debido a un tecnicismo legal. Él tuvo que trabajar para ayudar a sostener a su familia.

Cuando tenía nueve años, siendo todavía un niño cohibido y callado, su madre murió.

A los 22 años perdió su empleo como dependiente en una tienda. Quería estudiar leyes, pero su educación no era suficiente.

A los 23 años se endeudó para ser socio de una tienda pequeña. Tres años después su socio en el negocio murió, dejándole con una deuda gigantesca que le llevó años pagar.

A los 28 años, después de cultivar un romance con una joven por cuatro años, le pidió que se case con él. Ella dijo que no. Anteriormente su amor por una encantadora joven le había partido el corazón cuando ella murió.

A los 37 años, en el tercer intento, finalmente lo eligieron como diputado de la nación. Dos años después volvió a postularse y no logró que lo reeligieran. Debo añadir que a estas alturas sufrió lo que hoy llamaríamos un colapso nervioso.

A los 41 años, como aflicción adicional en un matrimonio ya desdichado, murió su hijo de cuatro años.

Al siguiente año lo rechazaron para un cargo en el catastro.

A los 45 años, se postuló para el senado y perdió.

Dos años más tarde, lo derrotaron en la nominación para vicepresidente.

A los 49 años, se postuló de nuevo para el Senado de los Estados Unidos de América . . . y perdió de nuevo.

Añádase a esto un interminable aluvión de críticas, malos entendidos, horribles rumores falsos, y profundos períodos de depresión, y uno se da cuenta de que con razón sus iguales lo miraban con desdén y las multitudes lo aborrecían, y que difícilmente sería la envidia de su día.

A los 51 años, sin embargo, fue elegido presidente de los Estados Unidos de América . . . pero su asesinato puso término a su segundo mandato. Mientras moría en una pequeña pensión al otro lado de la calle del lugar donde le dispararon, un ex detractor (Edwin Stanton) pronunció el apropiado tributo que cité al principio de este artículo. A estas alturas usted ya sabe que se dijo eso del presidente más inspirador y de mayor prestigio en la historia de los Estados Unidos de América, Abraham Lincoln.

¡Qué individuos más extraños somos! Enamorados por los reflectores deslumbrantes, el voluble aplauso del público, el estruendo del éxito, rara vez trazamos las líneas que condujeron a ese pináculo endeble y fugaz. Dificultades amargas, abuso injusto e inmerecido, soledad y pérdida, fracasos humillantes, desilusiones devastadoras, agonía más allá de toda comprensión sufrida en el valle y en las grietas al trepar desde el fondo a la cumbre.

¡Qué vista más corta! En lugar de aceptar el hecho de que nadie merece el derecho de dirigir sin primero perseverar en el dolor, y el corazón partido, y el fracaso, miramos mal a esos intrusos. Los tratamos como enemigos, y no como amigos. Nos olvidamos de que las marcas de la grandeza no las entregan en una bolsa de papel dioses caprichosos. No se las imprime en la piel al apuro como si fueran un tatuaje.

No, los líderes a quienes vale la pena seguir han pagado el precio. Han salido del horno derretidos, martillados, forjados, y templados. Para usar las palabras del maestro de Tarso, llevan en sus cuerpos “las marcas del Señor Jesús” (Gálatas 6:17). O, como alguien lo parafrasea, llevan “las cicatrices de los azotes y heridas” . . . lo que los liga a toda la humanidad.

Con razón cuando estos individuos pasan del tiempo la eternidad, “pertenecen a los siglos.”

Tomado de Charles R. Swindoll, Growing Strong in the Seasons of Life (Grand Rapids, Mich.: Zondervan Publishing House, 1983) 100. Copyright © 1983 por Charles R. Swindoll, Inc. Mundialmente reservados todos los derechos.

El centro de atención delante de Dios

7 Julio 2017

El centro de atención delante de Dios
por Charles R. Swindoll

Salmo 8

Nos debe llenar de humildad pensar que el Creador del universo, cuyo poder, conocimiento y bondad no conoce límites, se preocupa por nosotros y nos ama de manera individual y personal. Piense lo difícil que sería tratar de hablar con el director ejecutivo de una gran corporación acerca de los problemas de un producto determinado. O imagínese lo que sería tratar de tener unos momentos a solas con el presidente de los Estados Unidos para hablar acerca de sus preocupaciones sobre la política exterior. Muy poco probable, ¿cierto? Y no es culpa de ellos pero debido a su tiempo limitado y su trabajo, ellos tienen que priorizar su agenda. No vayamos tan lejos, aquellas personas que tienen muchos hijos tienen dificultad para tratar de mantenerse al día con todo lo que les ocurre a sus hijos. Yo tengo diez nietos y tratar de mantenerme al tanto de lo que pasa en sus vidas sería un trabajo de tiempo completo; sería casi imposible para un ser humano. Por eso, el hecho de que el Rey del universo se preocupe por mí es difícil de conceptualizar. No obstante, lo hace. Él se interesa de manera personal por aquellos que confían en Él. Dios le pone aceite al engranaje del afán de sentirse abandonado al recordarnos de su interés individual.

Quizás en este momento usted se sienta solo y abandonado. La soledad es un valle estéril, lleno de aflicción. Pero lea lo siguiente con atención: si el señor Jesucristo es su Salvador personal, usted tiene un compañero y un amigo constante. Él nunca le abandona. Este salmo es una prueba clara de que Él no le pasa por alto y más bien le considera importante. Él no se irrita cuando usted viene a Él con sus necesidades. Él no piensa que sus oraciones o sus peticiones sean interrupciones. Es más, Santiago nos recuerda que Dios da: «con liberalidad y sin reprochar» (Santiago 1: 5). Él nos da toda buena dádiva y don perfecto y en Él «…no hay cambio ni sombra de variación» (Santiago 1:17).

¿Sabe por qué? La respuesta se encuentra en la gracia, ese favor inmerecido. Por lo tanto, en este momento, entréguele ese sentido de insignificancia y desesperación a Él. Dígale que usted está apropiándose de este salmo 8 como una promesa de la gracia personal, del cuidado y del amor que Él le tiene usted.

Recuerde que este salmo fue escrito «Sobre Guitit». David lo compuso quizás como un himno de victoria después de vencer al gigante Goliat. Yo quiero desafiarle a que enfrente a ese gigante llamado sentimiento de abandono y le pida a Dios que le dé la victoria hoy. ¿Quién sabe? Quizás otro Goliat caiga al atardecer.

David concluye su canción con una bendición. Las mismas palabras que utilizó en la doxología:

«Oh Señor, Dios  nuestro, ¡cuán grande es tu nombre en toda la tierra!» (v. 9). ¿Qué le parece si le añadimos nuestra respuesta afirmando la bendición de David? Amén.

Afirmando el alma
Recuerde algunas ocasiones recientes donde el Señor le ha rescatado, le ha ayudado o quizás le ha concedido una petición. Haga una pausa para agradecerle por su cuidado. Dígale lo agradecido que usted se encuentra por ser tan detallista en cada área de su vida. Una vez que lo haya hecho utilice esos recuerdos para curar sus heridas emocionales. Aunque las circunstancias le quieran hacer a un lado, recuerde que usted es el centro de atención de Dios.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright

© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Una canción de alabanza

5 Julio 2017

Una canción de alabanza
por Charles R. Swindoll

Salmo 8

Después de adorar a Dios con una corta doxología, David reflexiona en la grandeza de su Dios y al hacerlo, le alaba. Observe como el rey David toma su lugar ante una congregación de creyentes y los dirige en adoración.

Has puesto tu gloria sobre los cielos.
De la boca de los pequeños
y de los que todavía maman
has establecido la alabanza
frente a tus adversarios
para hacer callar al enemigo y al vengativo. (Salmo 8:1-2)

La diferencia entre la alabanza y la petición es la ausencia del ego. David quiere que el enfoque sea solamente en Dios y lo hace por medio de esta expresión de alabanza. Él declara que la majestad y la gloria de Dios se muestra en los cielos. El Señor le ha otorgado al universo físico un reflejo del asombroso esplendor de su majestad. El salmo 19:1 verifica este hecho: «Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos».

También lo leemos en Romanos 1: 20:

Porque lo invisible de él —su eterno poder y deidad— se deja ver desde la creación del mundo, siendo entendido en las cosas creadas de modo que no tienen excusa.

David continúa ilustrando su concepto de la gloria de Dios mencionando otro extremo; él considera la dependencia de los bebés y como Dios puede utilizar aun a los pequeños infantes para callar a aquellos que se oponen a Dios. Dios se muestra asimismo majestuoso y glorioso en su amor por el débil.

Un amigo mío que es obstetra me dice que aun antes de ser cristiano, él no podía ignorar el poder de Dios cuando sostenía en sus manos a cada bebé que él ayudaba a dar a luz. Él me dice que fue esto lo que le llevó a buscar respuestas en la Biblia y finalmente encontrar la salvación a través de la fe en Jesucristo. Es por ello que: «De la boca de los pequeños y de los que todavía maman» se declara el poder y la majestad de Dios. Podemos afirmar la prueba viviente del poderío creativo de Dios al ver su amor por los débiles. Cuando analizamos las características pequeñas y delicadas de un bebé, nos asombramos de ver el cuidado y la atención de Dios en su creación. El versículo 2 concluye con un recordatorio de que hasta los enemigos de Dios tienen que guardar silencio al analizar el universo o al considerar a los bebés.

Los infantes pueden ser pequeños y las galaxias pueden ser gigantescas pero ambos conllevan un profundo significado para aquél que les observa. Ese mismo significado debe mantenernos enfocados cuando cavilamos pensando que ya no somos valiosos o necesarios. Aunque Dios nos honra permitiendo que su obra se realice por medio de nosotros, esa no es la base de nuestro valor. En otras palabras, nosotros no somos valiosos ante Dios por nuestra utilidad. Él nos valora seamos productivos o no.

Este mensaje debería consolarnos. Dios no nos da su amor en base a nuestro poder o a nuestra capacidad. Él nos ama de cualquier manera. Somos especiales para Él sin importar lo que ocurra, aun cuando seamos tan débiles como un recién nacido.

Afirmando el alma
Si Dios le ama y le valora sin importar cuáles son sus atributos personales: fortaleza, riqueza, talento, apariencia, inteligencia o moralidad, ¿de qué forma esto cambia su sentido de autoestima? ¿De qué manera afecta sus decisiones diarias?

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

La majestad de Dios

4 Julio 2017

La majestad de Dios
por Charles R. Swindoll

Salmo 8

Al mirar el Salmo 8, tres observaciones introductorias saltan de la página. Primero, es un salmo de David, escrito bajo la dirección del Espíritu Santo. Eso quiere decir que no son simples reflexiones neutrales de un artista creativo. David recibió esta canción como un regalo de Dios a la humanidad. Estas son palabras de Dios.

Segundo, antes de iniciar el salmo se encuentra la frase, «Sobre Guitit». La etimología de este término hebreo es asunto de debate entre los eruditos. Muchos creen que la palabra guitit se deriva de Gat, aquella ciudad antigua filistea de donde también provenía el enemigo más famoso de David, Goliat. (1 Samuel 17: 4, 23). El término podría referirse al estilo musical que se asociaba con esa cultura o un instrumento musical que se utilizaba comúnmente en Gat. En cualquier caso, la expresión, «sobre Guitit” o «según Guitit» aparece también en otros dos salmos de celebración (Salmos 81 y 84). La Escritura nos dice que después de la victoria de David sobre Goliat el pueblo de Israel cantó y bailó celebrando el triunfo (1 Samuel 18: 6-7).

Mi opinión, y es solo mi opinión,  es que este salmo fue compuesto por David como un himno de alabanza en honor a Dios por darle el triunfo cuando peleó con el gigante Goliat de Gat. Al leer el salmo 8, uno se puede dar cuenta que calza muy bien con este momento histórico. Esta es una canción de celebración así que si usted tiene que derrotar un gigante y en este caso, -el gigante es ese sentido de insignificancia-, ¡anímese! Esta canción es para usted.

Mi tercera observación es que el salmo 8 comienza y termina con la misma declaración: «Oh Señor, Dios nuestro, ¡Cuán grande es tu nombre en toda la tierra!» Esta alabanza ofrece tres implicaciones que vale la pena mencionar:

1. El salmista habla en nombre del pueblo de Dios, no sólo de sí mismo, por eso utiliza la expresión, «Dios nuestro» en lugar de «Dios mío». Esto nos dice que David está representando un grupo de personas al componer esta canción de triunfo.

2. El nombre de Jehová se relaciona con la palabra grande, la cual se deriva de la palabra hebrea «adar». Esta palabra conlleva los significados de majestad, grandeza, amplitud, altura y nobleza. David ve a nuestro Dios como aquel que es sumamente glorioso y absolutamente majestuoso.

3. Las obras y los atributos del Señor no se limitan a Israel o a la tierra de Canaán. Son universales. Dios no es una deidad tribal o nacionalista separada de todos los demás.

El pasaje y su patrón

Ya que siete y medio versículos del salmo 8 son repeticiones de la misma declaración, debemos comprender que el tema principal del salmo es la frase que se repite dos veces. David adora al Dios viviente como el glorioso y majestuoso Señor del universo. De hecho, un bosquejo de esta canción se parecería mucho a cualquier servicio de adoración pública al que hayamos asistido:

I. La doxología (v. 1a)
II. La adoración (vv. 1b-8)
A. Alabanza (vv. 1b-2)

B. Mensaje (vv 3-8)
1. El significado del ser humano: «¿Qué es el hombre?»
2. La gracia de Dios: «lo coronas».

III. La bendición (v. 9)

Seguiremos este bosquejo al examinar esta canción de celebración de David, comenzando con la doxología:

Oh Señor, Dios  nuestro,¡cuán grande es tu nombre en toda la tierra! (v. 1)

La palabra «Señor” en el texto hebreo expresa la majestad trascendente y la gloria de Dios. Aún cuando la mayoría de las biblias utiliza la palabra, «Señor», la palabra utilizada aquí es un nombre hebreo que se representa con las cuatro letras mayúsculas JHVH. Ya que este nombre era, y sigue siendo, sagrado para los hebreos, ellos nunca dicen su nombre de manera audible. Consecuentemente, nadie sabe cuál es su pronunciación correcta. Los gentiles comúnmente dicen Jehová. La palabra, «Dios», es el término hebreo “Adonai”, el cual indica un título de respeto en reconocimiento a su autoridad y soberanía. Los judíos comúnmente pronunciaban la palabra “Adonai” cuando leían la escritura en voz alta y se encontraban con el nombre hebreo de Dios, JHVH. La siguiente palabra que aparece en la oración, la palabra «grande» es un adjetivo superlativo que significa: » más poderoso que cualquier otro».

Al combinar estos tres términos, David celebra el poder supremo de Dios sobre todo lo demás. Desde el principio, David declara que Dios no tiene rival. Ningún poder lo subyuga y él reina con supremacía.

Afirmando el alma
¿Cuál es la fuerza más poderosa en el universo? ¿Una supernova? ¿Un hoyo negro? Dios es más poderoso, mucho más poderoso que cualquiera de esas cosas. De hecho, la energía combinada de cada estrella en cada galaxia del universo no puede competir con el poder de su Creador. Cuando usted medita en la omnipotencia de Dios, ¿qué efecto le causa en ese sentimiento de sentirse abandonado?

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

El valor de las criaturas de Dios

3 Julio 2017

El valor de las criaturas de Dios
por Charles R. Swindoll

Salmo 8

Todos nosotros ansiamos sentirnos necesitados. Deseamos sentirnos queridos. Dios nos creó con el deseo de saber que podemos contribuir con algo valioso y que puede impactar significativamente en la vida de los demás. En el pasado, grandes hombres y mujeres deseaban dejar sus huellas en el mundo, creando un legado que continuaría después que ellos murieran.

En nuestra juventud, tendemos a basar nuestra autoestima en nuestra habilidad de contribuir con los demás o de ayudar a otros en su necesidad. Durante esa época, los jóvenes se llenan de actividades, de ingenio y es esa exuberancia la que los ciega al hecho de que algún día acabará. Luego, ya sea sutilmente o abruptamente, las circunstancias cambian y nos encontramos en un lugar donde ya no somos necesarios. Diferentes situaciones opacan nuestra utilidad mientras vemos sus pasos devastadores. La injusticia puede quitarnos la libertad. La calumnia puede llevarse nuestra reputación. La enfermedad puede robarse nuestra fuerza. La mala fortuna puede acabar con nuestra riqueza. La depresión puede llevarse nuestra esperanza. Y ni qué decir del paso constante de la edad que se lleva nuestra vitalidad. Piénselo, el solo hecho de envejecer nos saca de la carrera. Cuando alguien es promovido en vez de nosotros o nos toca ir a la banca porque un jugador más fuerte ha entrado al equipo, nos sentimos abandonados y eso duele.

Nadie quiere sentirse despreciado.

La canción 8 del himnario antiguo de Dios es un bálsamo durante esa época de nuestra vida cuando nos sentimos desapercibidos, abandonados y separados. El salmo enfatiza el valor que Dios le da a sus criaturas y aún más a la humanidad.

Afirmando el alma
¿Cómo mide su valía? ¿Su propio valor como persona? Sea honesto consigo mismo; esto es entre usted y el Señor. ¿De qué manera el factor monetario se ha hecho parte de su autoestima? ¿Que tal su posición? ¿Su poder o autoridad? ¿Su capacidad para impactar el mundo o influir en las vidas de los demás le da una sensación de más valor?

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.