El triste ambiente de Israel

9 Junio 2017

El triste ambiente de Israel
por Charles R. Swindoll

Génesis 22:1-14

El ambiente de Israel, antes de los gloriosos días del rey David. Ha transcurrido un largo período, unos doscientos años de guerras intermitentes, de ciclos de acontecimientos en los que Israel sufrió de invasiones seguidas de épocas de hambruna; y luego de un juez que se levantaba para dar una paz temporal. Durante la temporada de paz, la gente volvía a pecar, y se iniciaba otra vez el mismo ciclo. Había otra invasión seguida por una derrota, cuya consecuencia era una hambruna, y esto se volvía cada vez más severo. Esta historia tiene lugar en un período tranquilo de ese tiempo de violencia, durante una temporada de relativa paz. Los días eran desacostumbradamente tranquilos y sin nada en particular.

El pueblo de Israel había vuelto a un estilo de vida relajado, que podría describirse como absolutamente complaciente. Su actitud hacia Dios y su visión para ellos, como nación, se había vuelto indiferente, desinteresada y aburrida. Su líder, el sumo sacerdote, es Elí, un anciano a quien ha comenzado a fallarle la vista. A menos de que algo cambie, dará las riendas del liderazgo a sus dos hijos rebeldes, Ofni y Fineas, quienes eran sus ayudantes en el tabernáculo, el lugar de adoración durante este período de la historia de Israel.

Hay más que decir en cuanto al ambiente; por tanto, tenga paciencia conmigo. Unos pocos años antes, una mujer llamada Ana visitaba regularmente el templo. Pasaba la mayor parte de su tiempo en oración, rogándole a Dios el regalo de un hijo. Ella le prometió al Señor que si le concedía su petición, le devolvería a Dios el niño. El Señor finalmente se lo concedió, y Ana lo llamó Samuel, un nombre apropiado pues significa “pedido a Dios.”  Poco después de ser destetado, Ana cumplió la promesa y puso a Samuel bajo el cuidado de Elí, el anciano y casi ciego sumo sacerdote de Israel, quien se hizo responsable del cuidado y la educación de Samuel. Era su tutor en las cosas espirituales, preparándolo para una vida de servicio a Dios.

Toda la nación de Israel, anclada en una inercia política y espiritual, estaba medio dormida, en un estado de apatía permanente. Dios está callado. Todo el mundo está pasivo. Nadie tiene visiones, excepto quizás unos pocos charlatanes. Suena como si fuera hoy, ¿verdad?

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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La fe revela a Dios

8 Junio 2017

La fe revela a Dios
por Charles R. Swindoll

Génesis 22:1-14

En esta fascinante historia de fe, sacrificio, confianza y obediencia, veo las características de un Dios que no pidió nada a Abraham que él mismo no se demandara. Por ser esto tan importante, no puedo resistir compartir con usted tres grandiosas verdades acerca de nuestro Dios, que veo ilustradas aquí.

Dios el Padre nos enseñó cómo vivir cuando renunció a su amado Hijo para dárnoslo a nosotros. Nueve meses antes de aquella maravillosa noche en Belén, el Padre envió a su Hijo. Cristo voluntariamente dejó su trono de autoridad absoluta en el cielo y desechó el uso de su divina autoridad, para convertirse en un bebé indefenso; como humano, sujeto a todos los dolores, las aflicciones y las limitaciones que nos afectan a todos nosotros, maduraría, aprendería, serviría, sufriría… y moriría. Si el Padre estuvo dispuesto a renunciar a su Hijo para dárnoslo a nosotros, ¿qué pudiera tener más valor para nosotros, para que se lo neguemos a Él?

Dios el Hijo nos enseñó a cómo morir cuando renunció a sí mismo para darse al Padre. La respetuosa obediencia de Isaac a su padre ilustra esto a la perfección. Se dio a sí mismo a la voluntad de su padre, y dejó que lo colocara sobre el altar del sacrificio sin resistirse. Eso fue exactamente lo que el Hijo de Dios hizo en el Calvario. Cuando nuestra fe es madura, no tememos a la muerte.

Dios el Espíritu nos enseñara a cómo vivir y cómo morir después de que aprendamos a renunciar a lo que nos tiene agarrados. Mientras seamos propiedad de cualquier cosa que nos tenga agarrados, nunca nos daremos completamente al Espíritu Santo. Este sería un momento excelente para que usted haga un autoanálisis. ¿A qué cosa(s) o a quién(es) se está usted aferrando? Suéltelos, déjelos que se vayan.

Es posible que el Señor esté en el proceso de quitarle eso. Lo jalará suavemente al comienzo, dándole la oportunidad de que lo suelte. Pero si usted se resiste, él finalmente tendrá que arrancárselo de las manos, y puedo asegurarle que eso le va a doler. ¿Mi consejo? Entréguelo voluntariamente. Confíe en que el Señor proveerá. Él tiene otro carnero en el matorral. Usted no lo puede ver ahora mismo, pero Dios lo tiene y espera el momento para mostrárselo. Solo después de que usted haya puesto su sacrificio sobre el altar estará preparado para recibir la provisión de Dios.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Una fe genuina

5 Junio 2017

Una fe genuina
por Charles R. Swindoll

Génesis 22:3-8

Hebreos 11:8-19

Tuve que leer el pasaje de Génesis varias veces antes de ver la clara e implícita declaración de fe de Abraham. Sus palabras y su proceder son tan sencillos, tan desapasionados, que es fácil no ver el dramatismo de esta escena. Si yo fuera a sacrificar a mi hijo, en quien estaban personificadas todas las promesas que Dios tenía para mí, me habría dominado la emoción: “No entiendo por qué Dios me está haciendo esto, pero haré lo que Él dice. Por eso, voy a subir a esa montaña a sacrificar a mi hijo en ese altar, y luego regresare a mi casa para llorar esta pérdida por el resto de mi vida”.

Según el libro de Hebreos, Abraham conocía tres realidades importantes. Primera, que Isaac habría de ser el vehículo de las promesas de Dios; por consiguiente, tenía que vivir. Segunda, que Dios siempre cumple sus promesas. Tercera, que el poder de Dios es absoluto, aun sobre el poder de la muerte. Por tanto, la única conclusión lógica que quedaba era que, de alguna manera, contra toda razón natural, después de matar a Isaac y dejar que el fuego lo consumiera por completo, Dios restauraría milagrosamente la vida de Isaac, el muchacho a quien tanto amaba.

Abraham, obviamente, no le dijo a Isaac lo que Él sabía que iba a suceder en la montaña. No podemos estar seguros de por qué se reservó esa información. Talvez fue para evitarle a su hijo un temor innecesario. No lo sabemos. Pero sí sé que cuando Dios hace una obra de transformación en usted que involucra una prueba, Él no está probando a otras personas, lo está probando a usted. Dado que esta experiencia está hecha para usted, no es un requisito necesario o incluso apropiado el que usted comparta la historia con alguien más; o, en realidad, con nadie. A veces, cuando uno se guarda las cosas para uno mismo… completamente, eso le da fortaleza.

Isaac finalmente hizo la pregunta lógica. Tenían un cuchillo, madera y fuego para el sacrificio, pero “¿dónde está el holocausto?”  Me encanta la respuesta de Abraham: “Dios mismo proveerá”. El hebreo utiliza un modismo que suena como algo que diría un padre hoy: “El Señor se ocupará de eso, hijo mío”.  ¿Puede oír su tono sereno y confiado? “Dios mismo se lo proveerá. Eso le toca a Él. Nosotros estamos haciendo Su voluntad. A Él le corresponde ocuparse de los detalles. Nuestra responsabilidad es confiar en Él. Este es un riesgo que compartiremos juntos.”

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Una fe genuina

5 Junio 2017

Una fe genuina
por Charles R. Swindoll

Génesis 22:3-8

Hebreos 11:8-19

Tuve que leer el pasaje de Génesis varias veces antes de ver la clara e implícita declaración de fe de Abraham. Sus palabras y su proceder son tan sencillos, tan desapasionados, que es fácil no ver el dramatismo de esta escena. Si yo fuera a sacrificar a mi hijo, en quien estaban personificadas todas las promesas que Dios tenía para mí, me habría dominado la emoción: “No entiendo por qué Dios me está haciendo esto, pero haré lo que Él dice. Por eso, voy a subir a esa montaña a sacrificar a mi hijo en ese altar, y luego regresare a mi casa para llorar esta pérdida por el resto de mi vida”.

Según el libro de Hebreos, Abraham conocía tres realidades importantes. Primera, que Isaac habría de ser el vehículo de las promesas de Dios; por consiguiente, tenía que vivir. Segunda, que Dios siempre cumple sus promesas. Tercera, que el poder de Dios es absoluto, aun sobre el poder de la muerte. Por tanto, la única conclusión lógica que quedaba era que, de alguna manera, contra toda razón natural, después de matar a Isaac y dejar que el fuego lo consumiera por completo, Dios restauraría milagrosamente la vida de Isaac, el muchacho a quien tanto amaba.

Abraham, obviamente, no le dijo a Isaac lo que Él sabía que iba a suceder en la montaña. No podemos estar seguros de por qué se reservó esa información. Talvez fue para evitarle a su hijo un temor innecesario. No lo sabemos. Pero sí sé que cuando Dios hace una obra de transformación en usted que involucra una prueba, Él no está probando a otras personas, lo está probando a usted. Dado que esta experiencia está hecha para usted, no es un requisito necesario o incluso apropiado el que usted comparta la historia con alguien más; o, en realidad, con nadie. A veces, cuando uno se guarda las cosas para uno mismo… completamente, eso le da fortaleza.

Isaac finalmente hizo la pregunta lógica. Tenían un cuchillo, madera y fuego para el sacrificio, pero “¿dónde está el holocausto?”  Me encanta la respuesta de Abraham: “Dios mismo proveerá”. El hebreo utiliza un modismo que suena como algo que diría un padre hoy: “El Señor se ocupará de eso, hijo mío”.  ¿Puede oír su tono sereno y confiado? “Dios mismo se lo proveerá. Eso le toca a Él. Nosotros estamos haciendo Su voluntad. A Él le corresponde ocuparse de los detalles. Nuestra responsabilidad es confiar en Él. Este es un riesgo que compartiremos juntos.”

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Una fe genuina

5 Junio 2017

Una fe genuina
por Charles R. Swindoll

Génesis 22:3-8
Hebreos 11:8-19

Tuve que leer el pasaje de Génesis varias veces antes de ver la clara e implícita declaración de fe de Abraham. Sus palabras y su proceder son tan sencillos, tan desapasionados, que es fácil no ver el dramatismo de esta escena. Si yo fuera a sacrificar a mi hijo, en quien estaban personificadas todas las promesas que Dios tenía para mí, me habría dominado la emoción: “No entiendo por qué Dios me está haciendo esto, pero haré lo que Él dice. Por eso, voy a subir a esa montaña a sacrificar a mi hijo en ese altar, y luego regresare a mi casa para llorar esta pérdida por el resto de mi vida”.

Según el libro de Hebreos, Abraham conocía tres realidades importantes. Primera, que Isaac habría de ser el vehículo de las promesas de Dios; por consiguiente, tenía que vivir. Segunda, que Dios siempre cumple sus promesas. Tercera, que el poder de Dios es absoluto, aun sobre el poder de la muerte. Por tanto, la única conclusión lógica que quedaba era que, de alguna manera, contra toda razón natural, después de matar a Isaac y dejar que el fuego lo consumiera por completo, Dios restauraría milagrosamente la vida de Isaac, el muchacho a quien tanto amaba.

Abraham, obviamente, no le dijo a Isaac lo que Él sabía que iba a suceder en la montaña. No podemos estar seguros de por qué se reservó esa información. Talvez fue para evitarle a su hijo un temor innecesario. No lo sabemos. Pero sí sé que cuando Dios hace una obra de transformación en usted que involucra una prueba, Él no está probando a otras personas, lo está probando a usted. Dado que esta experiencia está hecha para usted, no es un requisito necesario o incluso apropiado el que usted comparta la historia con alguien más; o, en realidad, con nadie. A veces, cuando uno se guarda las cosas para uno mismo… completamente, eso le da fortaleza.

Isaac finalmente hizo la pregunta lógica. Tenían un cuchillo, madera y fuego para el sacrificio, pero “¿dónde está el holocausto?”  Me encanta la respuesta de Abraham: “Dios mismo proveerá”. El hebreo utiliza un modismo que suena como algo que diría un padre hoy: “El Señor se ocupará de eso, hijo mío”.  ¿Puede oír su tono sereno y confiado? “Dios mismo se lo proveerá. Eso le toca a Él. Nosotros estamos haciendo Su voluntad. A Él le corresponde ocuparse de los detalles. Nuestra responsabilidad es confiar en Él. Este es un riesgo que compartiremos juntos.”

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 ¡Cómo han caído los valientes!  

4 Junio 2017

por Charles R. Swindoll

2 Samuel 11:1-5

El estridente timbre del teléfono rompió el silencio en mi oficina. El mensaje del que llamaba me partió el corazón. Otro colega ministro había caído moralmente. Un soldado de la cruz que alguna vez se destacó, que había armado a su congregación con la verdad y la había animado a ser firme contra el adversario, por su pecado desertó avergonzado de las filas y le ha dado la victoria al enemigo. Incluso antes de colgar el teléfono, las lágrimas llenaron mis ojos.

Una escena antigua relampagueó por mi mente. Una escena que enferma. Un campo de batalla en Israel llamado Monte Gilboa, sembrado de cadáveres de soldados hebreos después de un día trágico de combate contra los filisteos. Entre los muertos yace un hombre alto, veterano guerrero, llamado el rey Saúl. ¡Cómo deben haberse jactado los paganos de Filistea por su victoria sobre el ejército de Dios!

Aunque Saúl había hecho de la vida de David una pesadilla por más de doce años, David lamentó la muerte del rey con palabras que expresaban su angustia: “Cómo han caído los valientes en batalla.”

Sentado allí solo en mi oficina, me pregunté si ese pensamiento habría vuelto para atormentar a David veinte años más tarde. “Cómo han caído los valientes.” Con el paso de dos décadas David había cumplido ya cincuenta años; años de prosperidad y favor. A estas alturas no solo había llegado a ser el sucesor de Saúl, sino que había llevado a Israel a nuevas alturas. Ni una sola vez David había sufrido derrota en el campo de batalla. Algunos calculan que sus brillantes campañas militares y su visionario y sabio liderazgo ampliaron el territorio de Israel en más de diez veces su tamaño original. Los ejércitos rivales temblaban tan solo al pensar en invadir Israel. David le dio a la nación una bandera para enarbolar: la estrella de David que flameaba sobre el país mientras los hebreos rebosaban de orgullo nacional. El comercio de Israel prosperaba conforme las rutas de las caravanas se ampliaban a nuevas regiones, trayendo enorme riqueza al tesoro. La crema de esta impresionante prosperidad llenó la copa de David, de modo que cuando cumplió los cincuenta años, disfrutaba de los lujos de un flamante palacio de residencia llamado “El Palacio del Rey.” Entre tanto, él reunió dinero y materiales para construir un templo en honor a su Dios.

El nombre de David había llegado a ser palabra familiar en todo Israel. Los reyes de otras tierras envidiaban su éxito y fama. En esos días, todos habían oído de David.

El autor G. Frederick Owen escribió:

Los arameos y amalecitas fueron conquistados. Se abrieron caminos de comercio y llegó mercancía, cultura y prosperidad desde Fenicia, Damasco, Asiria, Arabia, Egipto y otras tierras más distantes. Para su pueblo David era rey, juez y general, pero para las naciones que los rodeaban, él era la primera potencia en todo el mundo del Cercano Oriente, el monarca más poderoso del día.1

Ningún líder se levantaba más alto que David, “El Valiente.”

Entonces llegó el día cuando él vio a Betsabé. Dios preservó en 2 Samuel 11:1-5 el relato del colapso moral de este buen hombre, para beneficio de todos los que vendrían después de él. Pero antes de empezar a hablar de su fracaso, antes de empezar la autopsia de la caída moral de David, permítame ofrecerle una palabra de advertencia. Este capítulo no es meramente un recuento del fracaso de un hombre. No es una ocasión para hacer chasquear la lengua y menear nuestras cabezas. Este es un mensaje para todos nosotros. En la Primera carta a los Corintios 10:12 dice: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.”

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La Prueba

3 Junio 2017

La Prueba
por Charles R. Swindoll

Génesis 22:1-2

Este mandato de Dios promueve una pregunta: ¿Por qué un Dios bueno y amoroso le pide a un hombre fiel y obediente que haga esto? La respuesta se encuentra en la lengua original de Moisés, el inspirado autor humano de Génesis. La palabra hebrea nash, traducida como “probó” en Génesis 22:1, tiene la idea de probar la calidad de algo, por lo general a través de una prueba de algún tipo. Dios quería probar la legitimidad, la autenticidad de la fe de Abraham.

Recordemos, sin embargo, que Dios es omnisciente. Él sabe todas las cosas, incluso el futuro. Dios conocía el corazón de Abraham mucho mejor que Abraham mismo. Por eso, el propósito de la prueba no era satisfacer su curiosidad, no era un experimento. El pedazo de tierra elegido en la cima de una apartada montaña en la región de Moriah iba a ser el lugar de la prueba de Abraham. Este sería el momento y el lugar donde sería puesta a prueba cualquier cuestión sobre su vacilante fe, tan evidente por sus mentiras (mintió dos veces) para salvar su pellejo, y su patético intento por lograr el cumplimiento del pacto a través de la criada de su esposa. Su familia vería su fe, sus amigos la verían y también nosotros en virtud de este relato, y probablemente lo más importante de todo, la vería Isaac. Si alguna vez Abraham iba a mostrar su fe, este sería el día.

Pero la cuestión era: ¿Amaba Abraham el regalo de Dios o amaba a Dios? Permítame dejar por un momento a Abraham, y pasar rápidamente al siglo XXI. Esta tiene que ser una de las preguntas más difíciles que cualquier padre tiene que considerar: ¿Adoro los regalos que Dios me da, más de lo que adoro al Dador? ¿He comenzado a adorar las relaciones que Dios me ha dado, en vez de adorar a Aquel que me ha dado estas satisfacciones?

No se apresure a responderla.

La palabra “adorar”, viene de un vocablo del idioma inglés que significa “de valor” (worthship). Cuando nosotros adoramos algo, estamos dando testimonio del valor que eso tiene para nosotros. Y lo hacemos con nuestras acciones y también con nuestros corazones. Un padre debe preguntarse: ¿Le asigno más valor a mi hijo que a Dios? Para responder esa pregunta, observe a qué cosas se dedica usted más, y cuente después los resultados. Sea honesto en esto. ¿A quién o quiénes se dedica usted más o con mayor empeño y dedicación?

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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No se aferre demasiado

2 Junio 2017

No se aferre demasiado
por Charles R. Swindoll

Génesis 22:1-2

Todos nuestros hijos crecieron para convertirse, cada uno a su manera, en siervos de Jesús independientes y responsables. Como fue la intención del Señor desde el principio, nos desprendimos de ellos para que siguieran sus propios destinos.

Algunos de ustedes, que están leyendo estas palabras, no se desprendieron de sus hijos de la misma manera. Quizás a su hijo se lo arrebató la muerte, un crimen terrible, el divorcio u otra terrible tragedia. Permítame ser claro en cuanto a esto: Si bien es cierto Dios es el gobernante soberano de todo, y nada está más allá de su poder o conocimiento, una tragedia nunca es una acción cruel e inmisericorde de parte de Dios. A Él no le produjo ninguna alegría el que usted soportara tal aflicción. La permitió, sí, como en el caso de Job, pero Él no es el autor del mal. Fue el maligno designio de un mundo que ha sido corrompido por el pecado, lo que le quitó a su hijo.

Dios no solo odia al pecado, sino que también odia la muerte. La odia tanto, que envió a su Hijo para que la destruyera muriendo y resucitando de nuevo. La muerte es llamada en las Escrituras nuestro “último enemigo” (1 Corintios 15:26). Pero, al final, el Señor tendrá la última palabra en esta lucha contra el mal, y Él nos lo ha dicho por medio de Jesucristo. En palabras sencillas: La muerte es la voluntad de un mundo que tomó el camino equivocado. La resurrección es el triunfo final de Dios sobre el mal.

Ya sea que perdamos a nuestros hijos por una tragedia o por alguna otra razón, esto es muy cierto: Debemos aprender a no aferrarnos a nada que amemos. Seamos francos; si nos aferramos demasiado a algo, eso probablemente nos tendrá a nosotros, en vez de ser al contrario, y Dios no permitirá eso por el bien suyo y el de su ser amado.

Al final, la decisión de no aferrarse demasiado a nada, especialmente en lo que tiene que ver con las relaciones, es un acto de fe. El instinto natural del ser humano quiere que nos aferremos a las cosas que más adoramos. El desprenderse de ellas, presentándolas a Dios, requiere que confiemos en él para hacer lo correcto. Cuando hacemos esto por nuestros hijos, el efecto perdurable que dejamos es un modelo práctico de fe. Y no puedo pensar en ninguna otra mejor manera de enseñar a nuestros hijos quién es el Dios al que adoramos, que siendo modelos de la confianza en Él cada día.

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Un requerimiento urgente

1 Junio 2017

Un requerimiento urgente
por Charles R. Swindoll

2 Timoteo 4:1-6

Pablo escribió con apremio: “Te requiero delante de Dios y de Cristo Jesús, quien ha de juzgar a los vivos y a los muertos, tanto por su manifestación como por su reino: Predica la palabra; mantente dispuesto a tiempo y fuera de tiempo; convence, reprende y exhorta con toda paciencia y enseñanza” (4:1, 2). En otras palabras, siga adelante con el plan de predicación que Dios ha prometido bendecir y utilizar. ¡Enseñe lo que dice la Biblia! ¡Sea un hombre o una mujer de la Palabra!

No intente ser tan creativo y encantador que la gente pierda de vista la verdad. No hay necesidad de substitutos vacíos y absurdos que entretienen, pero que rara vez producen convicción de pecado en el perdido y edificación en los que ya son salvos. Enseñe la verdad. ¿No nota algo aquí? La exhortación no está dirigida al oyente sino al predicador. Quien debe hacer esto es el que proclama el mensaje. Esté listo para hacerlo a tiempo y fuera de tiempo. Estar preparado implica estar preparado mental y espiritualmente.

Pablo está diciendo, en esencia: “No seas perezoso. Haz tu trabajo. No te pares y comiences a disculparte por no haber tenido suficiente tiempo para prepararte. Eso no es aceptable”. Y hazlo fielmente, cuando es cómodo y también cuando no lo es.

Lamentablemente hoy en día, en un número alarmante de iglesias se le están diciendo al pueblo de Dios lo que ellos quieren oír, no lo que necesitan oír. Están siendo alimentados con leche, no con alimento sólido. Un evangelio diluido puede atraer a mucha gente (por un tiempo), pero carece de impacto eterno. No he podido encontrar en las Escrituras ningún lugar donde Dios exprese la más mínima preocupación por atraer multitudes. Satisfacer el oído hormigueante y curioso de nuestro auditorio posmoderno es una pérdida de tiempo.

La tarea del ministro es comunicar la verdad. Sinceramente, eso es lo que yo pretendo seguir haciendo, por la gracia de Dios, hasta el día en que Él me llame al hogar celestial. Y creo que es cada vez mayor el número de creyentes que anhelan escuchar mensajes que los nutran, que estén basados en la Palabra de Dios, no en opiniones humanas.

El mundo necesita con urgencia más cristianos con el fervor y la fe de Pablo. ¿Será usted uno de ellos? ¿Responderá al requerimiento? Si es así, hoy es el mejor tiempo para comenzar.

Jesús dijo: “Id y haced discípulos a todas las naciones.., yo estoy con vosotros” (Mateo 28:19, 20). Ningún desafío es mayor que este, y ninguna promesa más alentadora. Créalo. Tenga confianza en que es así y por la gracia de Dios, ¡hágalo!

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El ancla de la realidad

Palabras Para Vivir

31 Mayo 2017

El ancla de la realidad
por Charles R. Swindoll

Hechos 27:39-44

Todos los que están en medio de una tormenta necesitan hacer algo en el proceso. A nadie se le ha prometido una cláusula de evasión mágica. La pasividad es la enemiga de la fe. Cruzarnos de brazos y esperar que la tormenta pase no es una opción aceptable.

Esto puede significar que habrá que trabajar duro. Podrá requerir que usted se humille delante de Dios y de otros. Puede significar un período de terapia espiritual bajo la dirección de una persona entrenada y comprensiva que le ayude a reordenar su vida. Es posible que ella le pida que reconozca ciertas acciones equivocadas y que busque la reconciliación mientras hace restitución. Cualquiera que sea el caso, necesitará ser parte del proceso. La realidad exige ese tipo de respuesta madura. Es parte de lanzar el anda de la realidad y confiaren que Dios le traerá a la playa.

El mejor plan para sobrevivir a una tormenta es la preparación. Ningún pescador veterano o capitán responsable se lanza a alta mar sin tener un conocimiento completo de los equipos de la embarcación, y sin asegurarse de que todo podrá funcionar perfectamente. Rara vez parten sin primero haber pasado suficiente tiempo examinando las cartas náuticas, estudiando los patrones climáticos y familiarizándose con las rutas peligrosas.

Y nunca salen del puerto sin las anclas, eso es seguro. Nadie quiere sufrir un naufragio. Pero la realidad es que los naufragios suceden, no solo en alta mar, sino también en la vida.

El secreto para sobrevivir es lo que usted hace antes cuando las aguas están tranquilas. Si mientras usted lee este libro su vida está libre de tormentas, le aconsejo que aproveche este período de calma. Dedique tiempo a la Palabra de Dios. Estudie las cartas inspiradas que el Señor le ha dado para el viaje de la vida. Profundice su andar con él por medio de la oración y de devoción personal.

Luego, cuando comiencen a soplar los inevitables vientos de la adversidad, que soplarán con toda seguridad, usted estará listo para responder con fe, no con temor. Revise esas anclas mientras el mar esté tranquilo. En el futuro se alegrará de haberlo hecho.

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