El ancla de la renovación

30 Mayo 2017

El ancla de la renovación
por Charles R. Swindoll

Hechos 27:33-38

Piense por un momento en lo que le estaba sucediendo a Pablo, ¿Imagina usted lo que es luchar contra una tormenta durante dos semanas y no comer nada durante ese tiempo? Eso fue lo que experimentaron los hombres que iban en el barco con Pablo.  Pero más extraordinario aun es como responder la mayoría de las personas a las tormentas de la vida. Nos quedamos sin combustible dando las batallas por nuestra propia cuenta, y terminamos físicamente debilitados, emocionalmente consumidos y sin poder conciliar el sueño.  El ancla de la renovación nos protege contra esa clase de agotamiento. Por eso Pablo animo a los hombres a comer y a renovar sus fuerzas. Pero primero oró. ¡Todos oraron!

¿Puede usted imaginar la escena? La tormenta rugía alrededor de ellos, mientras que casi 300 hombres tenían inclinados sus cabezas en oración mientras Pablo daba gracias por la poca comida que tenían; luego todos participaron juntos de la comida.

Su alimentación espiritual es crucial durante los períodos de tormenta. En los momentos de pánico, usted querrá comer menos. Asímismo, no dormirá lo suficiente.  No pasará mucho tiempo sin que deje de orar por completo, y se verá vacío espiritualmente. El cada vez mayor dolor emocional combinado con la cada vez menor renovación espiritual, puede ser fatal para su fe.

La renovación espiritual se logra fundamentalmente por medio de la oración. Pocas disciplinas tienen mayor importancia que la oración cuando todo se ve tétrico. Simplemente, dígale a Dios lo que le está sucediendo. Luche por saber cuál fue la razón de la tormenta. Busque la dirección de Dios, y no desista hasta estar satisfecho con la respuesta del Señor. Pablo fue ejemplo de eso en la cubierta de aquella tosca embarcación.

En cuanto a los hombres que se encontraban a bordo, estoy seguro de que fue la primera vez en sus vidas que oraron. ¡Fue, sin lugar a dudas la primera vez que oraron al Todopoderoso! Y es posible que fuera la primera vez en toda su vida que escucharon orar dando gracias por una comida. En medio de una rugiente tormenta de lluvia y vientos, hicieron  una pausa para ver a un hombre reverente y humilde ofrecer una oración de gratitud al Señor Dios, Creador del cielo y de la tierra, Capitán de los vientos y de las olas. Eso los animó. Fue algo sencillo, pero el efecto fue profundo. Pablo les había mostrado el ancla de la renovación, un destello de esperanza.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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El ancla de la unidad

29 Mayo 2017

El ancla de la unidad
por Charles R. Swindoll

Hechos 27:27-32

En la escena que tenemos se respiraban temores de amenazas de muerte. Los pensamientos estaban desbocados. Pablo sabía que el secreto para salvarse era que todos permanecieran juntos. La tentación de abandonar la embarcación y dejar que cada quién se defendiera solo era fuerte. Pero esa no es la manera de escapar con vida de una tormenta. A medida que la profundidad de las aguas se hacía menor, era mayor el temor a un naufragio. Pero Pablo les advirtió que si se dejaba escapar a los hombres, eso significaba una muerte segura.

La aplicación espiritual es obvia. Nuestra tendencia cuando tenemos problemas serios es levar anclas. Es más fácil en ciertos momentos decirle adiós a un matrimonio problemático, que enfrentar la situación para restaurar la relación. La naturaleza humana quiere retirarse a un lugar donde cada uno de nosotros pueda estar totalmente a solas, echar llave a la puerta y cerrar las persianas. Separados de todo el mundo, nos hundimos más en la depresión. Desgraciadamente, algunos recurren al alcohol, las drogas o, pero aún, a un revólver.

Si esto pinta de alguna manera su situación, entonces necesita el apoyo de su familia, sus amigos y, especialmente, del pueblo de Dios. Es más fácil bajar el bote de remos y saltar en él solo. Quiero decirle que no escape. Por el contrario, le aconsejo que permanezca en el barco junto con los demás. No salte, tratando de arreglar las cosas por su propia cuenta. Trabaje codo a codo con los demás. Mantenga el contacto con las personas que más le aman, que estarán con usted pase lo que pase. Usted necesita a su alrededor la presencia del pueblo de Dios cuando se le abra el piso debajo de sus pies. A pesar de lo que usted pueda pensar, es dudoso que pueda arreglar las cosas por su propia cuenta. En nuestro caso, tuvimos unos pocos amigos del ministerio, muy queridos, y una junta directiva unida, que estuvieron orando por nosotros y animándonos. Mudarnos a otro lugar fue una experiencia difícil, pero no solitaria. Usted y yo fuimos hechos por Dios para vivir en unidad. El ancla de la unidad nos mantiene cerca.

Usted necesitará el ancla de la unidad muchas veces en su vida, al igual que Pablo. Por lo tanto, ¡aférrese a la unidad!

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Voluntad de Dios para mi Vida

28 Mayo 2017

Voluntad de Dios para mi Vida
por Charles R. Swindoll

Estoy completamente confundido… No puedo enumerarlas veces, a través de los años, que he escuchado esta pregunta.

Probablemente pudiera hacer una lista de por lo menos diez maneras de cómo Dios guía a sus hijos hoy, pero me limitaré a cuatro que pienso que son los métodos más importantes en cuanto a la dirección de Dios.

  1. Dios nos guía a través de su Palabra escrita.

Como bien dijera el salmista:

«Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino» (Salmo 119.105).

Siempre que usted vea la frase bíblica «es la voluntad de Dios», tenga por seguro que esa es su voluntad. Usted también sabe que desobedecer es pisotear su Palabra. Los preceptos y principios que contienen las Escrituras son también indicaciones claras de su dirección.

Los preceptos son declaraciones precisas tales como: «Apartaos de la inmoralidad sexual.» Es como decir: «Límite de velocidad 55 km por hora.» ¿Qué es exceso de velocidad? Todo lo que sea más de 55 kilómetros por hora. Ese es un precepto.

Luego están los principios de las Escrituras; estos son pautas generales que requieren discernimiento y madurez si queremos comprenderlos. Pablo escribe acerca de «la paz de Dios» que guarda y dirige nuestras mentes y corazones (Filipenses 4.7). Es como el aviso que dice: «Conduzca con cuidado.» Esto puede significar 65 Km por hora en una autopista despejada, o bien 15Km por hora en una curva cubierta de hielo. Pero siempre significa que debemos estar alertas y conscientes de las condiciones; siempre significa que tenemos que tener discernimiento. No hay un aviso lo suficientemente grande que enumere todas las opciones que usted tiene cuando está detrás del volante. Por lo tanto, usted debe conocer las reglas del tránsito, obedecer las señales que hay, y utilizar toda su pericia junto con su discernimiento.

  1. Dios nos guía a través del impulso interior del Espíritu Santo.

Lea las siguiente palabras con sumo cuidado:

 «De modo que, amados míos, así como habéis obedecido siempre, no sólo cuando yo estaba presente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor. Porque Dios es el que produce en vosotros tanto el querer como el hacer, para cumplir su buena voluntad» (Filipenses2. 12, 13).
El impulso interior del Espíritu Santo nos da una sensación de la guía de Dios, aunque esa guía no es siempre lo que pudiéramos llamar una «experiencia grata.» En cuanto a mí y como antes mencioné, la decisión de aceptar el rectorado del seminario de Dallas no fue fácil. Finalmente, fue una decisión en paz, pero no fue lo que yo habría querido o escogido.  Yo encontré todas las maneras de ofrecer resistencia cuando me fue ofrecido el cargo. ¿Se acuerda de esa carta de dos páginas, con todo bien pensado y justificado, llena de la Palabra de Dios? Ella habría convencido a cualquiera de que yo no era la persona adecuada para el cargo. Solo que Dios se estaba ocupando de convencerlos a ellos, y después a mí, de que yo era la persona adecuada. Aunque eso iba contra mis deseos en ese tiempo, no pude resistir el impulso soberano y todopoderoso del Espíritu Santo.

De manera parecida, yo también sentí la necesidad de reconsiderar la invitación que me había hecho el seminario de Dallas. Por eso puedo testificar, por mi experiencia personal, que usted puede creer que conoce realmente la voluntad de Dios, y a pesar de ello estar absolutamente equivocado. Pero, si lo está, el acicate del Espíritu Santo lo estará inquietando interiormente. «El corazón del hombre traza su camino, pero Jehovah dirige sus pasos» (Proverbios 16.9).

Es fácil conducir un automóvil que está en movimiento y llevarlo a la estación de gasolina para aprovisionarse de combustible. Pero es difícil que avance cuando se ha detenido en seco. Así, pues, si usted está dedicado a algo, haciendo sus planes y pensando bien el asunto, solo permanezca comunicativo. Al hacerlo, el Espíritu de Dios en nuestro interior es el que nos está guiando.

Ese impulso interior es crucial, porque con frecuencia no entendemos.

«De Jehovah son los pasos del hombre; ¿cómo podrá el hombre, por sí solo, entender su camino?» (Proverbios 20.24).

(¡Me encanta eso!) Al final de todo, usted dirá: «Francamente, no lo entendía. Debió haber sido Dios.» ¡Eso sí que es misterioso! Mientras más años tengo de vida cristiana, menos sé por qué Él nos guía como lo hace. Pero lo que sí sé es que Él nos guía.

  1. Dios nos guía es a través del consejo de personas sabias, calificadas y confiables.

Con esto no me estoy refiriendo a un guía en el Tíbet ni a un extraño de aspecto grave en la parada del autobús. Se trata de una persona que ha demostrado ser sabia y confiable y que, por consiguiente, está calificada para dar su consejo en un determinado asunto. Por lo general, tales personas son de más edad y más maduras que nosotros. Además, son personas que no tienen nada que ganar o perder con nuestra decisión. Esto significa también que muchas veces no forman parte de nuestra familia cercana. (Los miembros de la familia cercana por lo general no quieren que hagamos algo que nos aleje de ellos, o que sea causa de inquietud o preocupación para ellos o para nosotros.)

En los momentos críticos de mi vida he buscado el consejo de personas experimentadas, y rara vez se han equivocado. Esa ha sido mi experiencia. Pero usted debe buscar a sus consejeros muy cuidadosamente. Y así como nuestros mejores consejeros no son nuestros parientes, muchas veces tampoco son nuestros mejores amigos. Las personas sabias y confiables son aquellas que quieren para usted solo lo que Dios quiere. Estas personas serán siempre objetivas, escucharán con atención y responderán sin apresuramiento, y muchas veces no le darán una respuesta en el momento que usted la pide. Quieren primero consultarla con la almohada; quieren pensarla bien.

  1. Dios nos guía a su voluntad dándonos una seguridad interna de paz.

 «Y la paz de Cristo gobierne en vuestros corazones», escribió Pablo a los colosenses, «pues a ella fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos» (Colosenses 3.15).

La seguridad interna de paz será como un árbitro en su corazón.

Aunque la paz es una emoción, he descubierto que ella es maravillosamente tranquilizadora cuando he tenido que luchar con la voluntad del Señor. La paz que procede de Dios se hace presente a pesar de los obstáculos o de las contingencias, no importa los riesgos o los peligros. Es casi como si Dios estuviera diciendo: «Yo estoy en esta decisión… Pon tu confianza en mí durante todo el proceso.»

La voluntad de Dios para nuestras vidas no es una suerte de teoría altisonante, Sino una realidad. Ya hemos discutido algunas de las condiciones y requerimientos necesarios para obedecer la voluntad de Dios, y también hemos visto algunas de las maneras como Dios nos guía para que hagamos su voluntad. Ahora viene el corolario de todo esto: Tenemos que obedecer su voluntad en el mundo real.

Hebreos 11.6 nos dice que «sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que él existe y que es galardonador de los que le buscan.» Obedecer la voluntad de Dios significa que debemos creer que Dios es quién dice que es, y que El hará lo que dice que hará.

Adaptado del libro por Charles R. Swindoll, El Misterio de la Voluntad de Dios, (Editorial Caribe 2001), 53-68. Usado con permiso. Todos los derechos reservados mundialmente.

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El ancla estabilizadora

27 Mayo 2017

El ancla estabilizadora
por Charles R. Swindoll

Hechos 27:1-26

El ancla estabilizadora sirve para dar firmeza cuando falla el sistema de navegación. Es fácil desorientarse en una tormenta. Uno no puede orientarse en medio de las circunstancias que encuentra. La vida se desliza sin problemas hasta que, de repente, el mar se alborota y surgen problemas ocultos, que no estaban en el pronóstico. Usando las palabras de Lucas, abandonarnos “toda esperanza de salvarnos”.

Hay momentos azarosos cuando llegamos al punto de abandonar toda esperanza. Pero en esos momentos difíciles y angustiosos, Dios nos dice: “No tengas temor, porque yo tengo un plan”.

A las personas que enfrentan adversidades severas les resulta difícil pensar en otra cosa que no sea las inmensas olas y los martirizantes vientos. Pero Pablo dice firmemente: “Os insto a tener buen ánimo, pues no se perderá la vida de ninguno de vosotros”.

Encontramos estabilidad en las tormentas por medio de lo que Dios ha dicho. Su tendencia será buscar fuerzas en otra fuente antes que en la Palabra de Dios, pero por favor ¡No lo haga! La única ancla estabilizadora que le mantendrá firme, sin importar lo fuertes que sean los vientos, es la Palabra de Dios escrita.

Todo esto me recuerda lo dicho por uno de los antiguos profetas judíos, en apoyo de la confianza que debemos tener en Dios y su Palabra. Las palabras que siguen fluyen de la experta mano de Isaías: “Pero ahora, así ha dicho el SEÑOR, el que te creó, oh Jacob; el que te formó, oh Israel: ‘No temas, porque yo te he redimido. Te he llamado por tu nombre; tú eres mío. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y cuando pases por los ríos, no te inundarán. Cuando andes por el fuego, no te quemarás; ni la llama te abrasará” (Isaías 43:1-2).

¡Qué palabras tan alentadoras! “No temas, te he llamado por tu nombre.” ¡Qué gran afirmación! Isaías no estaba escribiendo de aguas literales ni de ríos verdaderos. Su metáfora enfatiza las circunstancias que se juntan para amenazar nuestra fe. Cuando las aguas se levantan a alturas amenazadoras, cuando las dificultades alcanzan dimensiones extremas, cuando su barca parece estar deshaciéndose tabla a tabla y comenzando a hundirse por las tormentas inevitables de la vida, recuerde que Dios es fiel. Su promesa es: “Yo estaré contigo”. Él es su ancla.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Actitud valiente frente a los poderosos

26 Mayo 2017

Actitud valiente frente a los poderosos
por Charles R. Swindoll

Hechos 26:1-32

Hace poco leía un conmovedor discurso pronunciado por la difunta Madre Teresa de Calcuta en el cuadragésimo cuarto “Desayuno nacional de Oración”, un evento que tuvo lugar cuando Bill Clinton era presidente de los Estados Unidos de América. En el curso de su discurso, hecho sin ninguna jactancia, la humanitaria monja de Calcuta habló con sencillez y valentía acerca de la iniquidad del aborto y del daño que sigue causando esa horrenda falla moral en nuestra ya desintegrada sociedad. Mientras leía su escrito cuidadosamente preparado, nadie en el salón movía un músculo. En realidad, los bien vestidos dignatarios sonreían nerviosamente dando una apariencia de calma y serenidad exterior, pero interiormente estaban muy agitados.

Al igual que Pablo, la frágil figura de esta mujer dijo lo que tenía que decir y salió de la habitación tan silenciosamente como había entrado. Así como unos funcionarios políticos de la antigüedad se habían sentado para mirar con animosidad a Pablo, la nobleza de Washington se sentó silenciosa, con sus conciencias golpeándoles el pecho.

Estoy convencido de que muchas personas hoy en día, de haber existido las situaciones enfrentadas por algunos de los héroes que hemos mencionado, habrían tenido la misma actitud heroica. Yo creo que usted tiene el potencial para retar a los enemigos de la verdad que desafían el poder del Todopoderoso, o para hablar con toda valentía contra la evidente injusticia y la abierta discriminación.

El desafío viene en esos momentos de privacidad y sinceridad cuando usted ve que la verdad es atacada en los pasillos de la universidad, en la junta directiva de una empresa, en la reunión de la asociación de padres y maestros de la escuela, en la oficina del director de deportes o mientras va sentado en un avión. En esos momentos, ¿se levantaría usted valientemente y diría la verdad cuando está en juego un principio? ¿Dirá lo que usted cree, con amabilidad, pero también con firmeza?

Es posible que usted nunca sea invitado a estar de pie delante de reyes o reinas, ni tampoco a dar un discurso a una elite política o a unos militares de alta graduación, pero sí tendrá otras oportunidades para levantarse y defender la verdad. Si usted toma la decisión de actuar con valentía, Dios le presentará esas oportunidades cuando usted menos las espere. Téngalo por seguro.

Y cuando Él lo haga, ¿estará usted preparado?

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Héroes modernos

25 Mayo 2017

Héroes modernos
por Charles R. Swindoll

Hechos 26:1-32

Olvidando por un momento la diferencia de rango y condición, Pablo habla ahora cara a cara con Agripa. Le habla del conocimiento que tiene Agripa de las Escrituras, y luego escucha su respuesta. Fue una respuesta que se oye en todo el mundo: “¡Por poco me persuades a ser cristiano!” ( 26:28). El Apóstol no pudo contener su  entusiasmo, y exclamó: “iQuisiera Dios que, por poco o por mucho, no solamente tu sino también todos los que hoy me escuchan fueseis hechos como yo, salvo estas cadenas!”

Ese puede haber sido el momento más grande de toda la vida de Pablo. Las cadenas que tenía en su muñeca sonaron cuando el prisionero levantó sus brazos para decir esas últimas palabras. ¡Qué momento tan memorable! ¡Sus palabras acercaron tanto al orgulloso Agripa al trono de la gracia, que casi se inclinó delante del Rey de reyes!

Cuando usted actúa con valentía a favor de Cristo, está tan centrado que se siente invencible. Pero no deje que ese pensamiento le abandone muy rápido. Es posible que usted nunca haya experimentado esa clase de audaz abandono, porque no se ha permitido estar en una situación desafiante. La mayoría de las personas no se arriesgan. Es más conveniente dejar que sea otra quien hable. Es más fácil dejar que alguien más trepe a las alturas y se arriesgue a caer.

Sin embargo, cuando llegue el día que usted decida defender la verdad, su enfoque en ese importantísimo asunto le dará una sensación de invencibilidad. Las dificultades no significan nada para usted. Se mantendrá imperturbable ante las demás personas que están sentadas o de pie delante de usted. Ninguno de sus credenciales o títulos le intimidarán. Sus convicciones le sostendrán e impulsarán con un poder que no será el suyo. Al igual que Pablo, se habrá convertido en la voz de Dios para esa hora.

Cuando usted actúa con valentía a favor de Cristo, se llena de tanta pasión que no se da cuenta del gran impacto que hace. Lo único que importa es defender el principio que está en juego. El público de Pablo simplemente se puso de pie y se marchó. Exteriormente parecía que la audiencia había sido una pérdida de tiempo. Pero, ¿quién puede saberlo? ¿Quién sabe lo que soñó Agripa esa misma noche, y en las noches que siguieron al discurso de Pablo? A mí no me sorprendería que el comprometedor Festo siguiera retorciéndose después del dramático testimonio de Pablo.

Solo Dios conoce el verdadero impacto que tuvo la heroica posición de Pablo ese día junto al mar. Finalmente, déjeme recordarle que sólo Dios conoce el impacto que usted está haciendo en otros.

Solo Dios conoce el impacto que usted está haciendo en otros.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Gracia que Salva

24 Mayo 2017

Gracia que Salva
por Charles R. Swindoll

Hechos 24:1-9

Mucho antes de que muriera mi madre, ella y una amiga vecina compilaron un libro de las promesas de Dios tomadas de las Escrituras. Cada una hizo su propia recopilación. Mi madre usaba ese librito como un manual para sus oraciones. Después que murió, mi hermano, mi hermana y yo vimos esa tierna compilación como parte de su herencia a nosotros. El libro estaba lleno de promesas de la Biblia, escritas a mano.

Ella debió haber escrito cientos de promesas sacadas directamente de la Biblia. Promesa tras promesa tras promesa. Mi nombre estaba conectado con algunas de ellas. “Para Charles reclamo esta promesa”, escribió en una de las páginas. Para Orville y Luci reclamaba decenas de otras que tenía registradas en su libro.

Hermano, vuelva al Libro. Busque las promesas que Dios le ofrece en su Palabra. Le sugiero que empiece con el libro de Salmos. Mire las promesas que hay allí. Son innumerables. Familiarícese con ellas. Viva en ellas. Camine con ellas. Y en algunos casos especiales, memorícelas. Deje que ellas sean su guía y su consuelo. Al igual que Pablo, usted podrá resistir las furiosas tormentas de las críticas si se mantiene firme en las promesas de Dios.

No sé cuál sea su situación ahora, o lo que está enfrentando hoy en día. Pero es muy posible que esté viviendo bajo la presión de las críticas negativas. Sé que eso es así si usted está en el ministerio. Es posible que alguien esté resuelto a “probar” algunas cosas acerca de usted, que usted sabe que son absolutamente falsas. Mi consejo es que aprenda de Pablo. Con una conciencia tranquila y consagrada a la verdad, deje su caso en las manos del Señor. Empiece por allí. El Juez de toda verdad le guiará en el segundo paso. No se rinda. No se detenga. No se diga a sí mismo que usted es la clase de persona que otros dicen que es. Si lo que están diciendo contra usted no es cierto, no lo crea. Confíe en que el Señor le dará la fortaleza y el valor para defender la verdad. Su gracia le ha traído con seguridad hasta aquí, y será su gracia la que le acompañará hasta el día en que parta de este mundo.

Confíe en lo que le digo; pero mejor aún, confíe en el Señor.

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Claridad de pensamiento

23 Mayo 2017

Claridad de pensamiento
por Charles R. Swindoll

Hechos 23:11-22

¿Usted ha sentido alguna vez que la tierra se le mueve debajo de los pies? ¿Sabe lo que es ser lanzado de un lado a otro en una pequeña embarcación en un  mar agitado? ¿Ha tenido alguna vez que salir corriendo para protegerse, esquivar las balas o escapar de tropas que avanzan? Increíblemente, algunas personas del mundo pudieran responder ¡sí! a las tres preguntas, pero la mayoría de nosotros sólo podemos imaginar esas escenas.

Sin embargo, todos nosotros tarde o temprano enfrentaremos la realidad de sentir como si nuestra vida estuviera dando vueltas fuera de control. Eso pudiera estar sucediendo con usted hoy mismo, y si no se pone atención, el temor seguirá creciendo y le paralizará hasta el punto de la desesperación Si se descuida, pasará sus días retorciéndose las manos nerviosamente y obsesionado por sus circunstancias atenazadoras. Esto hará que usted se concentre en lo que pudiera pasar en vez de hacerlo en lo que Dios ha prometido.

Eso no sucedía con Pablo. Él sabía lo que era la soberanía de Dios. Esa comprensión le permitía pensar con claridad y permanecer calmado en las crisis

Esa clase de calma que produce la claridad de pensamiento está arraigada en las promesas de la Palabra de Dios. Tomemos, por ejemplo, la promesa del salmo 46: “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por eso no temeremos aunque la tierra tiemble, aunque los montes se derrumben en el corazón del mar, aunque sus aguas rujan y echen espuma, y se estremezcan los montes por su braveza” (Salmo 46:1-3).

Al igual que Pablo, nosotros necesitamos aprender a pensar con claridad, aunque los fundamentos de la tierra se muevan bajo nuestros pies. Para eso se necesita un corazón que esté dispuesto a confiar en la Palabra de Dios, someterse al plan de Él y luego relajarse de manera deliberada y consciente.

Si el Señor pudo mover a 472 guardaespaldas terrenales para llevar a Pablo de Jerusalén a Cesarea, con toda seguridad y tranquilidad tampoco tendrá problema en llevarlo a usted de aquí adonde Él quiere que esté, con seguridad y tranquilidad. Después de todo, ¿cuántos ángeles hay?

A propósito, cuando usted piense con claridad en esto, se dará cuenta de que solo necesita uno.

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Todo en familia

22 Mayo 2017

Todo en familia
por Charles R. Swindoll

Hechos 23:11-22

El plan era pérfido y había sido puesto en acción por aquellos que lo querían ver muerto y ¡no un solo asesino, sino cuarenta! Cuarenta terroristas resueltos, actuando bajo el amparo del sigilo, y todos jurando: “No comeremos ni beberemos nada hasta que lo hayamos matado”. Pero no habían contado con un aliado inesperado de Pablo. Su sobrino lo había oído todo por casualidad, y fue a prevenir a su tío.

Increíblemente, el sobrino de Pablo jugó un gran papel en su supervivencia. Su nombre no se menciona, ni volvemos a saber más de él. Entonces, ¿cómo se enteró él de la conspiración? Sólo Dios lo sabe.

Mientras tanto, el comandante romano se estaba sintiendo aliviado, orgulloso del buen manejo de la situación. Sus pensamientos fueron interrumpidos por un vacilante toque a su puerta. La noticia no podía ser buena. Uno de sus centuriones le dice que hay un joven que está con él y tiene una información importante que darle acerca de un complot para asesinar a Pablo. El comandante romano no iba a permitir que una agresiva banda de fanáticos estropeara su plan de enviar a Pablo ileso a Roma. Por tanto, se puso de inmediato en acción.

Cuatrocientos setenta y dos soldados, uniformados, armados y entrenados contra cuarenta conspiradores andrajosos. Bonita ventaja. Eso sí que es una desproporción. A este hombre nadie le iba a ganar. Se aseguró de que nadie pudiera poner sus manos sobre Pablo. ¿Recuerda usted la promesa de Dios? “Tendrás que testificar en Roma”. Esto es justamente parte de ese plan divino. Fue como si Dios hubiera dicho: “Yo sé lo que estoy haciendo. Te escoltaré totalmente protegido, tú estás en mis manos”. Una escolta oficial impresionante, que le venía a las mil maravillas.

¡Qué historia tan estimulante! A pesar de tener todas las circunstancias en su contra, Pablo nunca estuvo fuera de la mano protectora de Dios. Tampoco lo estamos usted y yo.

¿Se siente solo, maltratado, incomprendido y olvidado? Recuerde que esta historia es verdadera. Dios está en actividad. Él está allí, trabajando entre bastidores. Él hará que todo salga bien al final. Él tiene un plan. Justo cuando usted tiene el convencimiento de que su mundo está a punto de venírsele abajo, Él se hace presente y lo pone a salvo. En el caso de Pablo, el Señor utilizó a un aliado inesperado y prácticamente anónimo, a un sobrino desconocido que sale de las sombras justamente en el momento preciso. El tiempo de Dios está siempre perfectamente sincronizado con su voluntad. Recuerde eso, y descanse tranquilo.

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Deténgase y ríndase

20 Mayo 2017

Deténgase y ríndase
por Charles R. Swindoll

Hechos 18:1-17

1 Corintios 11:22-28

Suficiente lo dicho en cuanto a Pablo, pero ¿qué me dice de usted? Adelante rápidamente el casete al siglo 21. ¿Está usted excesivamente afligido y cargado? ¿Siente como si estuviera bajo una presión tan intensa en estos días que está al  borde de la desesperación? Le tengo una noticia sorprendente: Usted está exactamente donde Dios quiere que esté. Fueron necesarios todos estos años para llevarle a esta situación de impotencia y de necesidad. ¡Mire ahora hacia arriba!

¿Se está sintiendo aplastado y confundido, malinterpretado y vencido? Resista la tentación de arremangarse y poner en acción un plan de recuperación autoimpuesto ¡Esta es su Oportunidad! En vez de contraatacar, ríndase. Acepte su debilidad. Dígale a su Padre celestial que está confiando en la fortaleza de su poder. Si Pablo pudo hacerlo, usted también puede, y yo también.

En este momento estoy enfrentando algunas situaciones difíciles. Con usted está también sucediendo lo mismo, sin duda. Muchas veces estoy a punto de llorar. Me desaliento con frecuencia. Casi no pasa una semana sin que no caiga en un leve sentimiento de desánimo. ¿Le suena familiar eso? ¡Reconózcalo! Algunas noches no duermo bien. Hay veces que lloro por la decepción que me causa el fracaso de alguna persona… o mi propio fracaso.  ¿Usted también? Tenemos que enfrentar el hecho de que nunca podremos manejar solos ninguna de estas presiones. Cuando reconozcamos esto, y solo entonces, la fortaleza del Señor se liberará en nosotros.

¿Está listo para enfrentar la próxima batalla con una nueva estrategia? Muy bien, empiece por rendirse, en vez de volver a su mismo método de antes, haciendo flexiones mentales, diciéndose a sí mismo que debe verse fuerte y actuar con valentía, poniéndose los guantes y entrando contoneándose al cuadrilátero, confiando en sus propias fuerzas para ganar, tener éxito e impresionar. Deténgase y ríndase. Caiga de rodillas y clame a Dios. Reconozca sus deficiencias y declare su incapacidad para seguir adelante con sus propias fuerzas.

Si usted está finalmente listo para hacerse a un lado y dejar que el Señor haga las cosas como Él quiere, dígaselo; y luego hágalo. Él honrará su reconocimiento de debilidad mostrándose a sí mismo fuerte a través de usted. Pero si usted no lo hace, Él tampoco lo hará.

Ese es el llamado que Él le hace.

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