Humildad genuina

19 Mayo 2017

Humildad genuina
por Charles R. Swindoll

Hechos 18:1-17

2 Corintios 11:22-28

Debemos admirar a Pablo por su fortaleza en las pruebas. Queremos aplaudir su indomable determinación frente a la brutal persecución. Pero si el hombre estuviera vivo hoy en día, no aceptaría nuestras felicitaciones. “No, no, no. Ustedes no entienden. Yo no soy fuerte. Aquel que derrama Su poder sobre mí es el fuerte. Mi fortaleza proviene de mi debilidad. Esa no es una falsa modestia. Pablo nos diría: “La fortaleza viene de aceptar la debilidad y de gloriarse en eso”. Es esa clase de respuesta lo que produce fortaleza divina y que le permite entrar en acción.

J. Oswald Sanders escribe en su libro Paul, the Leader (Pablo, el líder): “Somos parte de una generación que adora el poder: Militar, intelectual, económico y científico. El concepto de poder está en la base de nuestra vida diaria. Todo nuestro mundo se divide en bloques de poder. Los hombres en todas partes están buscando el poder en las diferentes esferas, muchas veces por motivaciones dudosas”.

El célebre predicador escocés, James Stewart, dijo unas palabras que son también un reto: “Es siempre sobre la debilidad y la humillación humanas, no sobre la confianza y la fortaleza que Dios elige construir su reino; y que Él puede utilizarnos no solo a pesar de nuestra insuficiencia, impotencia y descalificadora debilidad, sino precisamente a causa de ellas”.

Ese es un descubrimiento emocionante que podemos hacer. Un descubrimiento que transforma nuestra actitud mental hacia nuestras circunstancias.

Hagamos aquí una pausa lo suficientemente larga como para considerar este principio con toda seriedad. Las humillaciones, las luchas, las batallas, las debilidades, los sentimientos de incompetencia, la impotencia e incluso las llamadas fragilidades que nos descalifican son precisamente las que nos hacen efectivos; y yo añadiría aun que ellas representan la pasta de la grandeza. Una vez que usted esté convencido de su propia debilidad y ya no trate más de esconderla, hace suyo el poder de Cristo. Pablo ejemplificó maravillosamente esta cualidad, después que entendió el principio. El orgullo se fue, y en su lugar surgió una humildad genuina que ningún sufrimiento fue capaz de quitar.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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El poder de la debilidad

18 Mayo 2017

El poder de la debilidad
por Charles R. Swindoll

Hechos 18: 1-17

2 Corintios 11:22-28

Pablo seguía adelante tras su objetivo, a través de una increíble serie de dificultades ¿Son ellos hebreos? Yo también. ¿Son israelitas? Yo también. ¿Son descendientes de Abraham? Yo también. ¿Son ellos ministros de Cristo? Yo lo soy con más razón. He trabajado más que ellos. ¡He estado más veces en la cárcel! He sido golpeado innumerables veces. He enfrentado la muerte repetidamente He recibido cinco veces, por parte de los judíos, los 39 azotes reglamentarios. He sido golpeado con vara tres veces. Fui apedreado una vez. He naufragado tres veces. Y he estado 24 horas en alta mar.

En mis viajes, he estado en peligrosos ríos y en constantes inundaciones, he sufrido a manos de asaltantes, de mis propios paisanos y de los paganos. He enfrentado el peligro en las calles de la ciudad, peligros en el desierto, peligros en alta mar y peligro entre falsos cristianos. He conocido el agotamiento, el dolor; las largas vigilias, la sed y el hambre, los ayunos, el frío y la falta de ropa para cobijarme.

Aparte de todos estos problemas externos, tengo la carga diaria de la responsabilidad de todas las iglesias. Por si fuera poco, el Señor me dio un aguijón en la carne.

Esta era la situación de Pablo, y ¿saben una cosa?, el Señor respondió sus desesperadas oraciones de quitarle el aguijón (sea cual haya sido), de la manera más inesperada. Le dijo, simplemente “Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en tu debilidad”.

¿Le sorprende todo esto? Usted piensa ¿me está usted diciendo que no tengo que ser superfuerte y soportar cada problema confiando en mis propios recursos? Nada de eso, en absoluto. En realidad, la única manera como usted puede estar calificado para recibir la fortaleza que viene de Dios es admitiendo su debilidad, reconociendo que usted no es capaz ni fuerte, y al igual que Pablo, está dispuesto a gloriarse sólo en su debilidad y en el poder de Dios.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Una predicación efectiva

17 Mayo 2017

Una predicación efectiva
por Charles R. Swindoll

Hechos 17:10-34

Si usted tiene la responsabilidad de comunicar la verdad bíblica, considérese un predicador (al menos por ahora) porque está comunicando la Palabra de Dios. Si es así, los cuatro principios que siguen a continuación son para usted. Ponga mucha atención y léalos de manera concentrada y cuidadosa, ya que ellos se aplican a cualquiera que sea su ministerio.

Primero: Concéntrese todo el tiempo en el tema: Jesucristo, El tema de Pablo fue todo el tiempo Jesucristo. Aunque estaba hablando del altar al Dios no conocido de Atenas, todo lo que Pablo decía apuntaba hacia Cristo. La predicación que no exalta a Cristo, es una predicación hueca. Pablo escribió a los creyentes de Corinto: “Porque me propuse no saber nada entre vosotros, sino a Jesucristo, y a Él crucificado” (1 Corintios 2:2). Para Pablo, el vivir era Cristo, y el morir, ganancia.

Segundo: Diga siempre la verdad, sin temor. No se deje impresionar demasiado por los que vienen a su clase o la iglesia en la cual usted sirve. Y no le importe si dan mucho o poco.

Tercero: Comience hablando siempre de la situación actual de sus oyentes. Pablo captó la atención de esos hombres con su primera oración. Usted también puede lograrlo, si dedica tiempo para pensar en lo que le interesa a la gente. Conozca bien a su público para establecer rápidamente un puente. Descubra la manera de cómo penetrar en su mundo, para luego construir un puente que le permita hablarles de Cristo. Recuerde: Debe comenzar con lo que ellos conocen, para familiarizarlos después con lo que no saben.

Cuarto: Deje siempre los resultados a Dios. Después que hayan escuchado el mensaje, termine su parte. Su tarea es comunicar la verdad. La de Dios es traer las personas hacia Él. Usted prepara al paciente, pero Él es quien hace la cirugía. Las personas no necesitan ser manipuladas. Ya hay bastante manipulación alrededor de ellas. Usted no necesita perseguirlas hasta sus autos o arrinconarlas. Dios las alcanzará, como lo hizo en Atenas. Deje los resultados a Dios.

Cuando su corazón es recto, es maravilloso lo que usted puede ver. Y cuando  lo vea claramente, es admirable cómo Dios puede darle las palabras que debe decir. Se sorprenderá de la manera como Dios le utiliza, así como lo hizo con Pablo en esa antigua metrópoli hace tantos años. Cuando llegó el momento, Pablo estaba preparado.

Cuando llegue su momento, póngase de pie y dé el mensaje. Dios le dará el valor para hablar a los demás de su Hijo. No hay un honor más grande que este en la tierra.

Diga siempre la verdad, sin temor.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Las cosas que no se ven

16 Mayo 2017

Las cosas que no se ven
por Charles R. Swindoll

Hechos 18:1-17

2 Corintios 4:7-15

Pablo veía todo lo que le sucedía a través de los ojos de la fe. Esa extraordinaria peculiaridad le permitió ser contado entre los gigantes de la fe como Moisés, recordado en la lista de Hebreos 11, quien, de acuerdo con las Escrituras, “abandonó Egipto, sin temer la ira del rey, porque se mantuvo como quien ve al Invisible” (11:27). Al igual que Moisés, Pablo soportó las dificultades concentrándose en lo eterno. Usó sus adversidades como recordatorio de que debía mantener centrada su atención en las cosas que no se ven. Cuando nuestro corazón es recto, podemos hacer eso.

Hace un tiempo, Cynthia y yo viajamos a Houston para asistir a un evento de Visión para Vivir. Mientras estábamos allí, disfrutamos de la breve visita que hicimos a la casa de unos buenos amigos. Estar de nuevo en la ciudad donde me crié me hizo recordar la casa en que ella y yo habíamos estado muchos años antes. Aquella casa tenía una enorme chimenea de piedra, lo suficientemente grande para meterse en ella a gatas. Disfruto grandemente de esas raras ocasiones cuando puedo sentarme junto a un fuego trepidante para leer o escuchar música clásica. ¡Soy un tipo a quien le encanta una chimenea!

Pues bien, grabadas en la gruesa pieza de madera que formaba la campana de esa magnífica chimenea, estaban estas palabras:

“Si tienes el corazón frío, mi fuego no podrá calentarlo”.

Cynthia y yo jamás olvidaremos esas palabras que estaban sobre esa gran chimenea. No hay ningún fuego en el mundo capaz de calentar a un corazón frío. Un corazón frío se mantiene clavado en las dificultades y se niega a ver más allá del presente. El corazón de Pablo ardía con el fuego de la fe, permitiéndole ver lo invisible. Eso es lo que lo mantenía en su sano juicio cuando estaba bajo presión; eso es lo que mantenía su corazón caliente.

Nada de lo que tocaba externamente a Pablo podía enfriarlo por dentro. Por el contrario, ello alimentaba la llama que ardía en su interior. Cuanto más se prolongaba la persecución, más ardía su fuego para Dios. Pablo mantenía su mirada centrada en aquel que lleva a cabo sus propósitos eternos en la esfera de lo invisible, cuando todo lo que había alrededor de él se venía abajo. Es que la adversidad fortalece nuestra fe, consumiendo la escoria del temor y de la incredulidad, al llevarse las dudas.

“La fe es la constancia de las cosas que se esperan y la comprobación de los hechos que no se ven” (Hebreos 11:1). ¡Aférrese a la fe!

No hay ningún fuego en el mundo capaz de calentar a un corazón frío.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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¿Y qué de nosotros?

15 Mayo 2017

¿Y qué de nosotros?
por Charles R. Swindoll

Hechos 17:1-9

1 Tesalonicenses 2:1-6

Para algunas personas, el llegar a entender la verdad bíblica de que los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos, les toma toda la vida, pero a otros solo unos pocos semestres de estudios en el seminario.

Cada mayo, al concluir el semestre en el Seminario de Dallas, tenemos el gusto de escuchar a los mejores predicadores de la institución, que son propuestos y elegidos por los profesores de ministerio pastoral. Un año, un talentoso joven predicó sobre ese significativo pasaje de Juan 13 en el que Jesús lava los pies de sus discípulos. Después de una impresionante exposición de este texto, el joven estudiante de último año se inclinó hacia el micrófono, miró los rostros de los que estaban en la capilla, y preguntó a sus colegas estudiantes: “¿Quieren tener un gran ministerio.., o solo quieren ser grandes?”.

La atestada capilla se quedó en silencio. Nadie parpadeó. Nunca olvidaré su pregunta. Ninguno de nosotros la olvidará. Y espero que él tampoco. Con una sola pregunta, el joven captó el punto crucial: la grandeza. No como el mundo la define, sino la grandeza según el concepto del Dios todopoderoso. Los grandes líderes son primero siervos. Como Pablo… como su Maestro Jesucristo.

Esto es para usted y para mí. Si usted nunca se ha sometido completamente al Maestro, este es el momento. Si sigue siendo arrogante, probablemente no quedará ciego de pronto ni se verá encadenado en una prisión romana. Esa fue la experiencia de Pablo. Pero ahora que he captado su atención, le animo a que dé una buena mirada a su interior.

Usted sabe lo testarudo y orgulloso que es. Y también lo saben las personas que usted lidera. Sabe lo lento y reacio que es para estimular a los demás. Y ellas también lo saben. Usted sabe si es egoísta. Usted sabe si busca su propia gloria. Sinceramente, ya es tiempo de que le diga adiós a todo eso. Volvamos, entonces, a la pregunta crucial: ¿Quiere usted tener un gran ministerio… o solo quiere ser grande?

Su respuesta revelará su manera de liderar.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Los líderes estimulantes

13 Mayo 2017

Los líderes estimulantes
por Charles R. Swindoll

Hechos 17:1-9

1 Tesalonicenses 2:1-11

Los buenos líderes son entusiastamente estimulantes. Una vez más, Pablo escribe: “Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente actuamos entre vosotros los creyentes. En esto, sabéis que fuimos para cada uno de vosotros como el padre para sus propios hijos: Os exhortábamos, os animábamos” (1 Tesalonicenses 2:10, 11). Primero fue como una madre que cuida tiernamente a sus pequeños, y ahora vemos a un padre alentando y exhortando a sus hijos.

¿Se ha sentado usted alguna vez en las gradas de un campo de juego, frente al padre del jugador defensa de un equipo de fútbol de la escuela secundaria? Él es su animador exclusivo. ¿Por qué razón? ¡Porque es su papá! El chico en el campo piensa: “Papá, cállate”. Pero él está allí, de pie, gritando a todo pulmón, saboreando cada momento de lo que hace su hijo.

Quizás usted ha anhelado recibir más estímulo de sus padres. Seamos realistas: El estímulo juega un papel muy importante en la preparación de un hijo para la vida. Nadie debe recibir más estímulo de nosotros que nuestros propios hijos.

Bastante irrefutable, ¿no le parece?

Lo que vale para nuestros propios hijos, vale también para los hijos de Dios. El buen liderazgo equilibra el tierno cuidado de una madre con el amoroso estímulo de un padre. El estímulo es como un oasis en el desierto. Proporciona el necesario refrigerio a los cansados cuyas almas están resecas por el tiempo pasado en el desierto de sus dudas acerca de sí mismos. También está el desierto del fracaso cuando nos hemos esforzado por tener éxito, y el desierto de la falta de avance cuando queremos que algo suceda y no sucede. Está, asimismo, el desierto del rechazo familiar, del maltrato y de mil otros paisajes áridos e infecundos de la vida.

En esas experiencias de desierto, usted anhela tener un oasis donde pueda conseguir un sorbo de agua fría. Aunque no lo tuvo de su padre, finalmente vienen de las palabras de estímulo de un líder que, al hablar, hunde su cucharón en el agua fría y la saca para calmar su sed y refrescar su alma.

Los líderes que estimulan crean seguidores fieles.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Líderes cariñosos

12 Mayo 2017

Líderes cariñosos
por Charles R. Swindoll

Hechos 17:1-9

1 Tesalonicenses 2:1-6

Los buenos líderes aman a la gente. Pablo escribe: “Tanto es nuestro cariño para vosotros que nos parecía bien entregaros no sólo el evangelio de Dios…” (1 Tesalonicenses 2:8). Maravilloso, ¿no? Pablo no evitaba compartir sus emociones con su rebaño. Ese hombre fuerte, un apóstol de Cristo, cuando pensaba en los tesalonicenses decía: “Oh, que cariño tan grande tengo por ustedes! ¡Cuánto los amo!”. Estas son palabras íntimas de cariño.

Para mantener esto sencillo y fácil de recordar, quiero proponerle que el cariño por las personas se puede demostrar de dos maneras: Con demostraciones pequeñas, pero frecuentes, de afecto, y con palabras de aprecio por escrito cada tiempo. Las personas que lidera deberían estar recibiendo de usted ahora mismo una nota de aprecio y estímulo. Ellas deben acostumbrarse cada vez más a sus expresiones de cariño que incluyan pequeñas pero frecuentes demostraciones de afecto. Nadie es tan importante que esté más allá de las demostraciones de cariño. Ese aspecto del liderazgo cobra ánimo y  transmite confianza al espíritu por la gracia de Dios.

Encontré estos versos que resumen muy bien este punto:

La vida no es sino espuma,
hay dos cosas de valor:
cariño por los demás,
y arrojo en el corazón.

Me causan tristeza los líderes fuertes que siempre tratan mal a las personas. Nos preguntamos cómo gente así pudo llegar a tener posiciones importante influencia. Aquí tiene este consejo gratis: Si a usted no le gusta la gente, háganos a todos un favor, no se dedique al liderazgo. Dedíquese a otra cosa. Todo el mundo estará mejor así. Diga no cuando le ofrezcan la oportunidad de liderar.

Ni el mundo ni el ministerio se necesitan más autócratas. Ambos necesitan más líderes, almas con corazón de siervo para liderar, como lo hizo Pablo, sensibilidad y cariño hacia los demás. El amor y el cariño, cuando se dan de manera correcta, llenan el vacío cuando las palabras solas no son capaces consolar. Si las personas saben que usted las ama y las valora, le darán todo su respaldo. Pablo les dijo a los cristianos de Tesalónica que los amaba, y ellos nunca lo olvidaron.

Los buenos líderes aman a la gente.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Líderes sensibles

11 Mayo 2017

Líderes sensibles
por Charles R. Swindoll

Hechos 17:1-9

1 Tesalonicenses 2:1-6

Los buenos líderes son sensibles a las necesidades de los demás. Pablo comparaba su ministerio al de una madre que se ocupa tiernamente de las necesidades de sus hijos. Me encanta esa imagen. Yo observaba a mi esposa cuando cuidaba de nuestros niños cuando eran pequeñitos, sin ocuparse para nada de sus propias necesidades. A mí también me llena de dicha ver a mis hijas, ya crecidas, cuidar de nuestros nietos. Es precioso contemplar eso.

El ver a mi esposa y a mis hijas sostener tiernamente a sus pequeños cerca de sus pechos, y de ocuparse amorosamente de sus necesidades, me ayuda a entender lo que Pablo quería decir con la palabra “tiernos”. Su ministerio se caracterizó por un tierno cuidado del rebaño. Él dice: “Entre vosotros fuimos tiernos, como la nodriza que cría y cuida a sus propios hijos”.

Si Dios le ha puesto a usted en una responsabilidad de liderazgo, le animo a cultivar un espíritu tierno. Esto es, en realidad, un fruto del Espíritu (Gálatas 5:23). Su ternura obrará maravillas en las vidas de quienes están bajo su cuidado.

Después de la tragedia del 11 de septiembre, el mundo observó maravillado cómo poderosos líderes del mundo dedicaron tiempo para escuchar los desgarradores relatos de los socorristas y de los angustiados neoyorquinos. El alcalde Rudy Giuliani impresionaba al mundo día tras día cuando se paraba frente a la gente de esa gran ciudad para informar sobre la marcha de los tétricos trabajos que se realizaban en la llamada Zona Cero. Hablaba con dulzura y compasión, y a veces con lágrimas en los ojos, mientras la horrorosa cifra de muertes se le atascaba en la garganta. Pero de alguna manera se las arreglaba para hacerlo. Contener las lágrimas parecía tan inútil como tratar de recuperar las víctimas de la montaña de diez pisos que formaban los escombros del retorcido World Trade Center. Los estadounidenses necesitaban ver llorar tiernamente a sus líderes.

Lo mismo necesitan ver los cristianos. Los líderes espirituales deben ser igualmente auténticos, tiernos, comprensivos y sensibles. Usted y yo respetamos a los líderes que revelan todo el tiempo su lado humano. Contrariamente a la opinión popular, Pablo, el líder valeroso, apasionado y firme, fue también conocido por su compasión y su ternura.

¿Es usted conocido por lo mismo?

Los buenos líderes son sensibles a las necesidades de los demás.—Charles R. Swindoll

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Su sola prioridad

10 Mayo 2017

Su sola prioridad
por Charles R. Swindoll

Hechos 17:1-9

1 Tesalonicenses 2:1-6

El estilo de liderazgo de Pablo no era distante ni esquivo. Él vivía en medio de la gente. Conocían su dirección. Hablaba con ellos. No les predicaba un sermón y después se marchaba convenientemente por la puerta trasera en el momento de la bendición final. Pablo era siempre accesible y auténtico. Su vida era un libro abierto. La mayoría estaría de acuerdo con que ese tipo de líder es inspirador. No tiene nada que probar, ningún secreto que guardar, ninguna pretensión o aire de jactancia, y nunca se siente obligado a recordar a los demás lo hábil que es para el trabajo que hace. Así era Pablo. Era auténtico. John Stott escribe:

El ministerio de Pablo en Tesalónica había sido público. Había sido ejercido a la vista de todos, delante de Dios y de los hombres, porque él no tenía nada que ocultar. ¡Felices los líderes cristianos hoy, que detestan la hipocresía y aman la integridad, que no tienen nada que esconder ni de lo cual avergonzarse, que son bien conocidos por quienes son y por lo que son, y que son capaces de apelar sin temor a Dios y al público como sus testigos! Hoy necesitamos más transparencia y naturalidad de esa clase.

Un líder que vive su vida con transparencia no tiene nada que ocultar o temer. Pero si no para ni un momento, si está escondiéndose siempre detrás de puertas con cerrojo y con las persianas cerradas, el público tiene razones para sospechar que no es genuino. Tenga cuidado de no seguir a un líder que no sea accesible y vulnerable.

Recuerde, sin embargo, que el ministerio de Pablo no fue un lecho de rosas. Él literalmente entró cojeando a Tesalónica, con el cuerpo magullado y debilitado por los golpes que había recibido en Filipos, y por el encarcelamiento. Afortunadamente, yo nunca he tenido que soportar una persecución tan brutal. Pablo sí. Pero la buena noticia es esta: Esto no frenó su determinación. Él escribió lo siguiente: “A pesar de que habíamos padecido antes y habíamos sido maltratados en Filipos, como sabéis, tuvimos valentía en nuestro Dios para anunciaros el evangelio de Dios en medio de grande conflicto”
(1 Tesalonicenses 2:2).

Uno de los secretos del triunfo de Pablo se puede describir con cinco palabras: Siguió con su trabajo laborioso. Siguió adelante con su trabajo sin importarle si los vientos lo golpeaban con fuerza. La oposición y las dificultades no Ie importaban. La sola prioridad que le importaba a Pablo era que Cristo fuera proclamado. Cada camino en que él transitaba conducía a otros a la cruz.

¿Armonizan sus prioridades personales con las de Pablo?

Un líder que vive su vida con transparencia no tiene nada que ocultar o temer.—Charles R. Swindoll

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Una actitud de genuina acción de gracias

9 Mayo 2017

Una actitud de genuina acción de gracias
por Charles R. Swindoll

Hechos 16:16-40

Filipenses 2:1-18

Pablo tenía una actitud de genuina acción de gracias. “Perseverad siempre en la oración, vigilando en ella con acción de gracias. A la vez, orad también por nosotros, a fin de que el Señor nos abra una puerta para la palabra, para comunicar el misterio de Cristo, por lo cual estoy aún preso. Orad para que yo lo presente con claridad, como me es preciso hablar” (Colosenses 4:2-4).

Aquí tenemos a un hombre en sus sesenta que está pidiendo oraciones para comunicar con claridad el mensaje, a pesar de haber estado predicando durante años. No hay ninguna hipocresía en Pablo. Ninguna cantidad de éxito o número de años en el ministerio le daban la falsa sensación de un desempeño perfecto. Él sabía que todavía no lo había logrado. Estaba convencido de que podía mejorar su predicación. Por eso, con un corazón genuinamente agradecido ruega las oraciones de sus hermanos creyentes. ¿Puede usted ver la importancia de esa clase de actitud? Eso es algo muy reconfortante.

No es de extrañarse que Pablo tuviera una influencia tan duradera para Cristo. Su secreto se ve en cada una de sus epístolas. Había aprendido a tener contentamiento en todas las cosas. Pero no podemos dejar que la tinta de esas verdades se quede solo en el papel. Debemos hacer nuestro el mismo secreto si queremos tener la misma influencia duradera. Aquí cabe una reflexión personal.

Quitemos el proyector del hombre que está en Roma, y dirijámoslo a usted, en la situación que se encuentra ahora mismo. ¿Está usted marcando una diferencia en las vidas de quienes le rodean por la manera como responde a sus circunstancias? ¿Están siendo inspiradas otras personas por su fe, o se sienten desilusionadas por sus temores? ¿Son evidentes en usted, por la manera como responde a las circunstancias, las actitudes de abnegada humildad, de gozosa aceptación, de firme determinación y de acción de gracias? Quizás sea el momento de que haga algunos cambios. Veamos si podemos ayudarle.

Comience por rechazar que su situación determine su actitud. Si su actitud prevalece sobre su situación, comenzará en realidad una transformación. Como vimos en Pablo, el poder para transformar una terca actitud de temor y rencor, de ira y derrota, proviene de Cristo. El Señor y Dios nuestro está listo para derramar su poder en usted. Solo él tiene el poder para librarle de estos implacables enemigos, y para hacer que usted se remonte a las alturas.

Mantenga una actitud de genuina acción de gracias.

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