La luz reveladora

10 Abril 2017

La luz reveladora
por Charles R. Swindoll

Jeremías 7:11-12
Marcos 11:17-18
Lucas 19:47
Juan 1:5
Juan 2:14-16
Juan 3:19-21
Juan 8:12

De muchas maneras, la Jerusalén a la cual Jesús entró el día lunes, era muy diferente a la ciudad que conocemos en la actualidad. Sin embargo en algunos aspectos no fue así.

De ninguna otra manera podemos entender esto mejor que mediante el choque entre la fe y el comercio en el templo. Los cambistas abusaban de los peregrinos que venían al templo a adorar; los mercaderes vendían animales que ensuciaban el templo profanando el lugar de adoración de Dios.

Jesús demostró Su autoridad como Mesías al expulsarlos del templo, tal como lo había hecho tres años antes. Expulsó a aquellos que utilizaban la adoración como una oportunidad de ganancia financiera, un engaño que el Señor todavía aborrece.

«Está escrito», les recordaba Jesús, «mi casa será llamada casa de oración en todas las naciones, pero ustedes la han hecho una cueva de ladrones». La frase, «cueva de ladrones», viene de la reprimenda que Jeremías le dio a aquellos que abusaron del primer templo de Dios durante la época del profeta. Jeremías se había quedado en el templo y les dijo a los líderes que fueran a Silo para que vieran lo que quedaba del tabernáculo. Esas ruinas presagiaban la destrucción del primer templo. Y Jesús, citando a Jeremías, predijo el mismo resultado para el segundo templo.

Las palabras y las acciones de Jesús en ese lunes causaron molestia entre los líderes judíos. Comenzaron a buscar formas para matarlo. Diariamente Jesús enseñaba en el templo, y la ira que los líderes sentían se iba incrementando. ¿Por qué? Porque la luz revela lo que ocurre en la oscuridad. Con la luz brillante de la verdad, Jesús exponía la hipocresía de esos líderes.1

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2016 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

1. Adaptado de Wayne Stiles, Walking in the Footsteps of Jesus: A Journey through the Lands and Lessons of Christ (Ventura, Calif.: Regal, 2008), 123.

– See more at: http://visionparavivir.org/devocional#sthash.vjvzBTYp.dpuf

Gracia suficiente

7 Abril 2017

Gracia suficiente
por Charles R. Swindoll

2 Corintios 12:2-10

Deshágase de la idea de que el contentamiento requiere bienestar. El contentamiento es posible, no importa lo terrible que puedan ser nuestras circunstancias. Cuando estuvo bajo arresto domiciliario, Pablo escribió: “He aprendido a contentarme con lo que tengo. Sé vivir en la pobreza, y sé vivir en la abundancia. En todo lugar y en todas las circunstancias, he aprendido el secreto de hacer frente tanto a la hartura como al hambre, tanto a la abundancia como a la necesidad. ¡Todo lo puedo en Cristo que me fortalece!” (Filipenses 4:11-13). De nuevo nos encontramos con lo mismo. ¿Se dio cuenta? El secreto del contentamiento de Pablo era saber que la fortaleza de Cristo se perfeccionaba en su debilidad. Lo entendió de verdad. . . ¡y qué liberador se le volvió este concepto!

El tema del sufrimiento es delicado. No es fácil tratarlo, porque sé que estoy escribiendo a personas que lo han conocido con una profundidad que yo nunca he experimentado. Tampoco quiero dar la impresión de que soy un modelo en cuanto a cómo enfrentarlo. Para ser sincero con usted, son incontables las veces que no sé cómo responder adecuadamente a la adversidad. Es mucho más fácil escribir un capítulo sobre la adversidad, que modelar esas cosas que se ven tan bien por escrito. A veces caigo en la autoconmiseración, tengo un quebrantamiento de corazón y mi espíritu decae. Por tanto, si esa es su experiencia en este momento, puedo identificarme con usted.

Mi deseo es que usted y yo nos aferremos a la gracia y que cultivemos la firmeza en medio de nuestro sufrimiento, al igual que Pablo. Y, de paso, que nos independicemos de la frenética búsqueda de la felicidad tan generalizada en nuestra cultura. La felicidad es un subproducto del contentamiento. Después que Pablo descubrió eso, vivió de esa manera. Yo todavía no he llegado completamente a eso; y lo más probable es que usted tampoco. Por eso, seguimos adelante, creciendo y aprendiendo, recordando que el Señor debe crecer, y nosotros menguar.

La próxima vez que usted escuche que tocan a su puerta, antes de abrirla repita estas palabras para usted mismo: “Su gracia es suficiente para mí”.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

– See more at: http://visionparavivir.org/devocional#sthash.0oO7wUhq.dpuf

Un aguijón en la carne

1 Abril 2017

Un aguijón en la carne
por Charles R. Swindoll

2 Corintios 12:2-10

Los marineros en alta mar saben lo importante que es sujetarse a algo resistente cuando soplan vientos fuertes. Uno aprende a agarrarse a algo seguro durante una tormenta. Saulo aprendió a aferrarse a lo que él sabía que era cierto en cuanto a sí mismo y al Señor que le tenía en Su mano.

Aquí veo una tensión interesante. Mientras Satanás lanzaba golpes contra la firmeza del Apóstol, el propósito del Señor era volverlo humilde, para evitar que se exaltara a sí mismo. El orgullo no reside en el corazón del quebrantado, del destrozado, del herido o del angustiado de alma.

Hace muchos años leí estas palabras: “El dolor planta la bandera de la realidad en la fortaleza de un corazón rebelde”. Los padres y las madres que hacen vigilia en el pabellón de leucemia de un hospital de niños no tienen problemas con el orgullo, porque han aprendido a ser humildes hasta el punto de la desesperación.

No estoy calificado para darle los detalles íntimos de cómo afectó el aguijón a Pablo. Sin embargo, sí confiesa que le imploró al Señor en tres ocasiones distintas que se lo quitara (v. 8). ¿Y sabe una cosa? Nosotros habríamos hecho lo mismo. Usted y yo habríamos orado, y orado y suplicado que nos diera alivio. “Señor, Ilévate por favor el aguijón. Te ruego que me lo quites. Líbrame de este dolor”. Así fue cómo respondió Pablo.

Veo una transparencia admirable en esas palabras. El mundo necesita más vestidores de Cristo que acepten el dolor y los sufrimientos, en vez de negarlos. ¡Qué útil es para nosotros que veamos todo esto como el plan de Dios para mantenernos humildes! Eso no se puede enseñar en los seminarios o en las universidades. Son lecciones que se aprenden en las trincheras de la vida. ¡En qué personas de oración nos convertiríamos! Nos volveríamos al Señor con más frecuencia. Nos apoyaríamos totalmente en Él. Y serían valiosísimas las nuevas percepciones que obtendríamos.

Esto fue precisamente lo que sucedió con Saulo cuando se volvía a su Señor una y otra vez; y Dios le dio una respuesta que él jamás esperaba.

Adaptado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

– See more at: http://visionparavivir.org/devocional#sthash.wvv9msx3.dpuf

El valor de los demás

25 Marzo 2017

El valor de los demás
por Charles R. Swindoll

Hechos 9:28-31

La paráfrasis de la Biblia, The Message (El Mensaje), de Eugene Peterson, resume hermosamente esta parte de la narración. “Las cosas se calmaron después de eso y la iglesia no tuvo problemas durante un tiempo. En toda la región —Judea, Samaria, Galilea— la iglesia crecía. Estaban impregnados por una profunda sensación de reverencia a Dios. El Espíritu Santo estaba con ellos, fortaleciéndolos. Y prosperaban maravillosamente.”

Las iglesias no necesitaban a Saulo. En Tarso, él tuvo tiempo para aprender que él era quien las necesitaba a ellas. No era independiente. Había descubierto el valor de la dependencia. Lamentablemente, hay quienes nunca aprenden esto.

Este es un buen momento para hacer una pausa y dar un salto de 20 siglos hasta el día de hoy. Aprenda a apreciar y aceptar el valor de las demás personas. No trate de ser autosuficiente. Antes de ver a quienes le rodean como estorbos, dese cuenta de su valor. Recuerde que ellas tienen un rol estratégico en su supervivencia y en su éxito. Dios rara vez nos pide que volemos solos. Cuando Él nos impulsa a remontar las alturas, hay seguridad cuando otros se elevan junto con nosotros.

Dios ha dispuesto que su iglesia sea esa clase de red de apoyo para todos nosotros. Nadie puede manejar todas las presiones por mucho tiempo. ¡El compañerismo y la responsabilidad ante los demás son esenciales!

Es posible que usted esté resistiendo la idea de ser un miembro activo de una iglesia, o ser parte de un grupo pequeño de compañerismo en ella. Piensa que no necesita de nadie, y hasta ahora su plan ha funcionado bien. Pero no pasará mucho tiempo sin que los fuertes vientos de la adversidad le derriben, y necesitará que alguien le levante. No permita que un terco espíritu de independencia le robe el gozo de compartir con otros su vida, sus debilidades, sus fracasos y sus sueños.

Usted y yo no somos indispensables. Usted y yo no somos irreemplazables. Dios sí es ambas cosas. Lo es su iglesia. Él está buscando vasos destrozados, corazones heridos y siervos humildes, incluso a quienes tienen un triste pasado con algunas cicatrices, y que han aprendido a no esconderlas ni negarlas, a personas que entienden y aprecian el valor de los demás. ¿Es usted ese tipo de persona?

¡El compañerismo y la responsabilidad ante los demás son esenciales!—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

– See more at: http://visionparavivir.org/devocional#sthash.OZexBIh0.dpuf

Usted puede ser un Bernabé

24 Marzo 2017

Usted puede ser un Bernabé
por Charles R. Swindoll

Hechos 9:26-30

Los discípulos le temían a Saulo. No podían creer que fuera un discípulo. “Pero Bernabé. . .”. ¿No son unas excelentes palabras introductorias? No se sabe dónde, sale Bernabé para animar a Saulo y para ser su abogado personal. ¿Cómo se enteró Bernabé de que Saulo necesitaba ayuda? No lo sabemos. Pero sí sabemos que Dios es soberano y que tiene sus Bernabés en todos los lugares, en todas las iglesias, en todas las universidades y seminarios, e incluso en el campo misionero. Cada Bernabé está preparado para acudir de inmediato en ayuda de alguien necesitado de estímulo.

Por tanto, en vez de actuar con temor y prejuicios, Bernabé dio un paso al frente y “le recibió.” Saulo estuvo dispuesto a aceptar su ayuda. Esa es una buena dependencia. Bernabé tomó a Saulo bajo sus alas, y dijo: “Ven conmigo. Voy a aclarar este asunto con estos hombres. Ellos me tienen confianza.” Así lo hicieron, y el relato sagrado dice que Bernabé “le llevó a los apóstoles. Les contó cómo había visto al Señor en el camino, que había hablado con Él, y cómo en Damasco había predicado con valentía en el nombre de Jesús”. ¡Eso es lo que yo llamo una intervención divina a través de un santo menos conocido! Bernabé dijo básicamente: “Yo he investigado a este hombre, y sé que todo lo que ha dicho es verdad. Él vio al Cristo resucitado, lo mismo que ustedes. El hombre es de los nuestros. Acéptenlo… ¡y estén tranquilos!”

Las palabras que siguen cuentan el resultado de la acción de Bernabé en favor de Saulo: “Así entraba y salía con ellos en Jerusalén, predicando con valentía en el nombre del Señor.” Por primera vez en su ministerio, Saulo hablaba libremente de Jesús en Jerusalén, en compañía de discípulos distinguidos, libre para ser él mismo para la gloria de Dios. ¿Qué había hecho la diferencia? ¡Bernabé!

Usted puede ser un Bernabé hoy. ¿Conoce usted a alguien que haya sido humillado porque tiene un mal historial personal? ¿A alguien que nadie presta atención, aunque su vida ha sido transformada, pero nadie quiere creerlo? Le animo a dar un paso al frente como lo hizo Bernabé en favor de Saulo. Busque a esa persona que necesita una segunda oportunidad, dele una gran dosis de gracia para ayudarle a comenzar de nuevo en la vida cristiana. Todo el mundo necesita de un Bernabé en algún momento de su vida.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

– See more at: http://visionparavivir.org/devocional#sthash.8KjR0byq.dpuf

El hijo de consolación

23 Marzo 2017

El hijo de consolación
por Charles R. Swindoll

Hechos 9:26-30

Al leer este pasaje podemos preguntarnos: ¿No desaprovechó Dios un gran talento manteniendo en espera a Saulo? De ninguna manera. ¿No había sido Saulo una elección extraña? No, si la intención de Dios era prepararlo para que escribiera la carta a los Romanos. No, si Él quería que hiciera un impacto duradero sobre los cristianos carnales de Corinto. No, si Él deseaba que Saulo fuera el mentor de Timoteo durante toda una vida de estratégico ministerio en Éfeso. Esos proyectos (y docenas de otros) exigían una solidez de carácter forjado a través de las lecciones que le enseñaron a depender, tanto de Dios como de otros.

Aprenda a ser humilde. En vez de apresurarnos por ser el centro de la atención, tenemos que aceptar nuestro rol en las sombras. Lo digo muy en serio. No se engrandezca a sí mismo. No busque estar al frente. No insinúe nada. Deje que sea otro quien lo haga. Mejor aún, deje que Dios lo haga.

Si usted es una persona valiosa, el mundo lo sabrá. Lo descubrirá. . . en el tiempo perfecto de Dios. Si usted es necesario para el plan, Dios le pondrá en el lugar correcto justamente en el momento preciso. El plan de Dios no depende de nosotros; le pertenece a Él, de comienzo a fin. Por tanto, desista. Deje que sea Él quien levante el telón y encienda las luces del escenario. Él echará mano de un Ananías o de un Bernabé, que vendrán adonde está usted, en su punto de mayor debilidad y le levantarán por encima del muro. O Él decidirá que sea usted de esas personas anónimas, poco conocidas, que dejará una huella en alguien más. Su parte, sencillamente, es ser humilde.

Este sería un buen momento para que rechace el ir por la vida tratando de vivir de acuerdo con su propio criterio, pensando que si puede subir un escalón o dos de la escalera, llegará adonde quiere estar. Que tendrá lo que necesita. Que su familia estará (¿cuál es esa palabra que nos gusta usar?)… “cómoda.” ¿Sabe usted qué es lo que su familia necesita, más que dinero extra en el banco, más que una casa impresionante o que un televisor en cada habitación? Necesita que usted tenga una buena relación con el Señor. Eso significa que debe caminar humildemente con Él. Ellos necesitan su toque tierno, reconociendo que Él es el Señor de su hogar; no usted. Para eso se necesita humildad. Hágalo, mi hermano, hágalo.

El plan de Dios no depende de nosotros; le pertenece a Él, de comienzo a fin.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

 

– See more at: http://visionparavivir.org/devocional#sthash.ql5bRdtk.dpuf

Uno no tan conocido

22 Marzo 2017

Uno no tan conocido
por Charles R. Swindoll

Hechos 9:26-30

El segundo acto del drama comienza con: “Cuando fue a Jerusalén… “ (v. 26). ¡Jerusalén! Saulo pertenecía a Jerusalén. En esa gran ciudad hizo sus estudios superiores. El hombre conocía la ciudad como la palma de su mano, cada callejuela, cada estrecho corredor; cada ruta de escape. Conocía prácticamente todo lo que tuviera alguna importancia. ¡Qué lugar para volver a iniciar su ministerio público! “Traigan los micrófonos. Prendan todas las luces. Fariseo convertido en evangelista se presentará en el Auditorio del centro de Jerusalén. ¡Vengan a oírlo! ¡Vengan a escuchar la predicación de este hombre!” ¡Qué! No hubo nada de eso.

En vez de eso, lo que leemos es: “Intentaba juntarse con los discípulos; y todos le tenían miedo, porque no creían que fuera discípulo” (v. 26). Fue rechazado de nuevo, sólo que esta vez lo hicieron aquellos que él más quería alcanzar. El temor se interponía entre ellos y el apasionado y talentoso predicador.

Era comprensible. ¿Cómo no tenerle miedo? Él había matado a varios hermanos cristianos, algunos de los cuales pudieron haber sido sus parientes. Pensaban que Saulo era un espía, parte de un bien pensado engaño para atraparlos y llevarlos a juicio. “¿Saulo? Ni pensarlo. A ése no lo queremos entre nosotros.

¿Ha sentido usted alguna vez el dolor de esa clase de rechazo? ¿Ha tenido usted alguna vez la experiencia de que debido a haber tenido un historial tan malo lagente no quiera tener contacto con usted ni aceptarlo en su comunidad? (¿Ni recibirlo de nuevo?). Eso sucede todo el tiempo. Las personas son rechazadas por su pasado. La carga que arrastran cuando entran a la vida cristiana les impide disfrutar de lo que debería ser una aceptación instantánea. El rechazo es a veces insoportable. Usted dirá: “Sí, yo sé lo que es eso, y estoy tratando de dejar atrás esos recuerdos, muchísimas gracias.” No, no olvide esos tiempos. Esos dolorosos recuerdos son parte del misericordioso plan de Dios para liquidar su tenaz espíritu de independencia. Ellos han llegado a ser parte fundamental de su historia, de su testimonio en cuanto a la gracia de Dios.

Por fortuna, en medio de esos tiempos, Dios nos da fielmente personas no tan conocidas que se acercan a nosotros para decirnos: “Yo estoy contigo. Permíteme que te ayude en esto que estás viviendo.” Eso fue exactamente lo que le sucedió a Pablo en Jerusalén. Alguien vino en su ayuda, voluntariamente. No tenía que hacerlo, pero quiso hacerlo. Su nombre… Bernabé, el consolador.

 

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Por qué los hombres no lideran

20 Marzo 2017

Por qué los hombres no lideran
por Charles R. Swindoll

Muchas iglesias y hogares cristianos tienen hombres pasivos pero pocas veces hablamos de ello de manera directa. ¿Por qué algunos hombres, en vez de dirigir, se han alejado y enmudecido frente a sus esposas, sus familias y sus iglesias?

Las siguientes son algunas de las posibilidades:

Falta de confianza en sí mismos. Algunos hombres nunca han tenido una buena autoestima. Fueron criados por padres que no los afirmaron o les amaron incondicionalmente. En otras palabras, nada de lo que hacían era suficiente.

Mientras que algunos hombres tratan de compensar esto y se convierten en personas agresivas, otros simplemente caen en la pasividad. Tienen miedo de tomar malas decisiones y por lo tanto prefieren evitarlas. Otros hombres, que tal vez antes fueron líderes con buena autoestima, experimentaron algo durante su matrimonio, su iglesia o su vocación que les afectó internamente. Ahora constantemente les cuesta tomar decisiones; se sienten desubicados e inseguros.

Sueños rotos. Siempre llega un momento en la vida de los hombres cuando al considerar diferentes aspectos de sus vidas piensan que la vida ha sido excelente y que nada podría superar ese momento en sus vidas. Quizás se encuentran en el escalón más alto de su trabajo y sus opciones para ascender son limitadas. Para otros, el sueño del éxito nunca se materializó. De hecho, sufrieron un gran fracaso, fueron despedidos o cayeron en bancarrota. Su salud, que antes era excepcionalmente buena, ahora está por debajo del promedio. La vida que soñaron se ha convertido en una existencia monótona.

Abrumados. Parte del liderazgo es la capacidad para tomar decisiones. Un hombre puede sentirse muy abrumado por el número de demandas diarias y decisiones que le acosan. En esos casos, la parálisis de la pasividad toma prioridad ya que parece ser mejor que no hacer nada. Utilizan la táctica de la evasión y piensan que con ello la situación va a cambiar sin que sea necesario tomar una decisión o esperan que alguien más la tome por ellos.

La oposición. Algunos hombres cuando intentan liderar sus hogares encuentran oposición por parte de sus esposas. Cuando tratan de iniciar algo, sus esposas se sienten obligadas a hacer un comentario, controlar, criticar o hacer una comparación. Desde la perspectiva de esa mujer, ella está intentando ayudar. Desde la perspectiva de ese hombre es más fácil seguirle la corriente, al menos exteriormente. Para ellos es preferible tener una paz relativa en el hogar y ser acusado de ser un mal líder que tener un conflicto constante con ella cada vez que él intenta liderar. Simplemente, no vale la pena. De manera irónica, si en respuesta a la oposición que recibe por parte de su esposa él comienza a tomar el control y actuar como el líder de la familia, siente que es él quien sigue el liderazgo de ella. Y si por el contrario él se niega a liderar, será visto como un hombre pasivo y obstinado.

Una palabra a los esposos

La Escritura le habla a los esposos y a las esposas sobre el liderazgo del hombre.

Efesios 5:23 dice: «Porque el esposo es cabeza de la mujer así como Cristo es cabeza de la iglesia…» Ser cabeza significa tener un liderazgo amoroso. Este es un mandamiento para todos los esposos, incluyendo los pasivos. Pero sólo puede lograrse por medio del poder del Espíritu Santo (5:18). Solamente por medio del Espíritu se puede reconocer y vencer ese comportamiento pasivo. Es al confesar esa pasividad y dársela al Espíritu Santo que recibiremos la habilidad para liderar.

  • Reciba el ánimo que necesita para tener confianza en sí mismo y para dar el primer paso.
  • Reconozca el propósito del Espíritu en su vida para que pueda tener nuevos sueños para Él.
  • Experimente una paz mental de tal forma que no le abrumen las complejidades de la vida.
  • Responda a su esposa de una manera sabia mientras busca mostrar ese liderazgo amoroso que usted y Dios desean. Deje de reaccionar ante ella y responsabilícese por ser el líder que ella necesita.

Una palabra para las esposas

Efesios 5:33 dice: «La esposa debe respetar su marido». Los siguientes consejos pueden ayudarle a mostrar ese respeto.

  • Ore por él. Alguien dijo sabiamente: «Cambie las cosas que usted puede cambiar y ore acerca de las cosas que no puede cambiar». Las personas son una de esas cosas que usted no puede cambiar. Sólo Dios puede cambiar las personas, incluyendo su esposo.
  • Elógielo. El hombre necesita sentirse apreciado. En vez de pensar que las cosas que él hace son su obligación, exprésele su gratitud. Quizás la reacción de su marido sea muy simple pero él necesita sentirse apreciado y con el tiempo aprenderá a aceptar sus elogios.
  • Escúchelo. Muchas esposas necesitan escuchar más y hablar menos. Eso significa poner atención para comprender lo que dice y lo que no dice. Ya que su esposo no está acostumbrado hacerlo, tendrá que esperar a que él hable primero. No lo presione. Cuando él sepa que usted está dispuesta a escucharle de verdad y no va a discutir o presionarle, él se abrirá a usted.

En resumen: sea una persona compasiva, amorosa, humilde y solidaria. Eso es para ambos, sin excepción. No busque la venganza ni el sarcasmo. Al contrario, bendiga a su cónyuge. Su trabajo es bendecirle (1 Pedro 3:8-9).

 

– See more at: http://visionparavivir.org/ministerio/articulos/hombres-no-lideran#sthash.hsg8KovX.dpuf

Retiro al desierto

20 Marzo 2017

Retiro al desierto
por Charles R. Swindoll

Hechos 9:20-25

Gálatas 1:11-17

Estoy convencido de que fue allí, en ese lugar remoto y desierto, donde Pablo desarrolló su teología. Allí conoció a Dios de una manera íntima y profunda. En silencio y a solas, Pablo ahondó en los insondables misterios de la soberanía, la elección, la maldad, la deidad de Cristo, el poder milagroso de la resurrección, la Iglesia y las cosas futuras. Fue un curso intensivo de tres años de sólida doctrina del cual surgiría toda una vida de predicación, enseñanza y abundantes escritos. Pero más que eso, fue el lugar donde Pablo se deshizo de sus exquisitos trofeos y cambió su currículo de credenciales religiosas por una vibrante relación con el Cristo resucitado. Todo en él cambió.

Fue allí, sin duda, donde llegó a la conclusión de que “las cosas que para mí eran ganancia, las he considerado pérdida a causa de Cristo. Y aún más: Considero como pérdida todas las cosas, en comparación con lo incomparable que es conocer a Cristo Jesús mi Señor. Por su causa lo he perdido todo y lo tengo por basura, a fin de ganar a Cristo” (Filipenses 3:7, 8).

Pablo había estado muy ocupado y comprometido, y había sido siempre muy activo, celoso y emprendedor. Estas mismas palabras describen a muchos cristianos involucrados en sus iglesias en el día de hoy. Y allí está el problema. No estamos ocupados haciendo cosas malas, ni siquiera unas pocas cosas terribles. No somos, sin duda, unos perseguidores o destructores. Pero si se supiera la verdad, estaríamos todo el tiempo corriendo a toda máquina y asfixiando al Espíritu dador de vida que hay dentro de nosotros.

No hace mucho tiempo, el actor Tom Hanks, que ha sido premiado por la academia de los premios Oscar, protagonizó el filme Castaway (Náufrago). Era una de esas películas donde se habla poco pero en las que hay muchísima emoción. La manera como él escapa es fascinante, pero lo bueno es que es rescatado por un barco y devuelto a salvo al mundo donde siempre había vivido, pero que ahora no le resultaba familiar como antes y al cual ya no se adapta. Los cambios que experimentó interiormente fueron tan radicales, tan definitivos, que lo habían convertido en otro hombre; mucho más espiritual, mucho más observador, mucho menos exigente, todo como consecuencia de las lecciones que aprendió en la soledad, la quietud y el anonimato.

Lo mismo sucedió con Saulo. Sufrió una transformación. ¡Y qué transformación! Esa transformación interior que experimentó ha significado un cambio en la vida de millones de personas a través de los siglos.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

 

– See more at: http://visionparavivir.org/devocional#sthash.iDxJvk1u.dpuf

Un héroe olvidado

18 Marzo 2017

Un héroe olvidado
por Charles R. Swindoll

Hechos 9:20-25

La transformación es asombrosa. Saulo, quien sin duda tenía todavía sobre sus ropas las manchas de sangre de los cristianos que había torturado, está ahora con los brazos extendidos y anunciando: “Estoy aquí para darles testimonio de que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios”. La gente que lo escuchaba estaba boquiabierta. El texto griego utiliza el término del cual tenemos nosotros la palabra extasiada. Respondieron con extasiada fascinación por la súbita transformación que se había producido en la vida de Saulo.

Imagine que usted está sentado en la sinagoga, y frente a usted está predicando Jesús como el Mesías el mismísimo hombre responsable de haber condenado a muerte a inocentes cristianos. A otros los había echado en la cárcel, y quizás algunos de ellos eran sus parientes y amigos. La sinagoga estaba llena de personas que lo miran boquiabiertas. La siguiente afirmación nos asegura que Saulo no aflojó el paso: “Pero Saulo se fortalecía aún más y confundía a los judíos que habitaban en Damasco, demostrando que Jesús era el Cristo” (Hechos 9:22).

La cosa se pone mejor. Saulo no sólo predicaba a Cristo, sino que también lo hacía con una habilidad impresionante. La palabra traducida como demostrando tiene su raíz en un verbo griego que significa “unir con varios hilos diferentes”. Los sermones de Pablo estaban hábilmente entretejidos, eran de una sola pieza y los predicaba con una lógica convincente. Todo revelaba en él a un genial expositor.

Palabra por palabra, oración por oración y punto por punto, Saulo paseaba a sus oyentes por los portentosos pasajes de las escrituras del Antiguo Testamento y los escritos de los profetas, para presentar con argumentos a toda prueba que Cristo era el Mesías prometido en quien se debía creer. Hasta que Pablo expuso sus argumentos, la mayoría nunca había hecho esa conexión. ¡Qué comunicador tan convincente!

Antes de que sigamos adelante, hagamos una pausa para recordarnos a nosotros mismos que ninguno de estos grandes acontecimientos pudieron haber sido presenciados, ni siquiera registrados, en realidad, de no haber sido por la valiente fe de Ananías. Es posible que usted no haya pensado en esto hasta ahora. Saulo habría seguido ciego y temblando si el discípulo de Damasco se hubiera negado obedecer e ir a la Calle Derecha. Todo esto se puso en movimiento porque Dios utilizó la fe memorable de un héroe poco conocido, pero fiel. Su trémula pero fiel obediencia cambió el destino de millones, entre ellos el mío y el suyo.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

– See more at: http://visionparavivir.org/devocional#sthash.ZuSsgg2s.dpuf