Mirar hacia arriba

10 Febrero 2017

Mirar hacia arriba
por Charles R. Swindoll

Job 26:1-14

He vivido bastante como para estar convencido de que el sufrimiento no es un enemigo. Parece extraño decir esto, pero la verdad es que el sufrimiento es un amigo. Pero no lo es hasta que reconozcamos que cosecharemos sus beneficios. Job está viviendo un vía crucis. Su desgracia en esta difícil situación lo ha obligado a concentrarse en las cosas que realmente importan.

Por fin he llegado a darme cuenta de que uno de los beneficios de experimentar tiempos de sufrimiento es que mi perspectiva se vuelve vertical. Charles Spurgeon, el gran predicador fue una persona controversial. La prensa de su tiempo disfrutaba grandemente armándole líos. Se aprovechaban de un blanco tan importante.

Normalmente, Spurgeon se defendía bien, pero hubo una ocasión en que comenzó a darse por vencido. Es que todos nosotros tenemos nuestro punto límite. Su esposa notó la depresión que no lo dejaba. Le preocupaba que perdiera su celo y las oportunidades que tenía mientras pasaba por ese período de dificultad, y eso la llevó a hacer algo extraño. Buscó en su Biblia el Sermón del monte donde Jesús dice:

Bienaventurados sois cuando os vituperan y os persiguen, y dicen toda clase de mal contra vosotros por mi causa, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestra recompensa es grande en los cielos; pues así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros. (Mateo 5:11-12)

Ella copió estas palabras en un pedazo de papel, y las puso en el trecho del dormitorio, sobre la cama de ambos. Cuando el predicador se dio vuelta boca arriba en la cama la mañana siguiente, parpadeó, y estando en esa posición leyó esas palabras, y volvió a leerlas en voz alta. Se enfocó verticalmente en lo que Dios estaba diciendo, y eso le produjo una renovación. Entonces siguió adelante con una nueva pasión. ¡Qué idea tan maravillosa y creativa tuvo la señora Spurgeon!

Lo que trato de decir es esto: Cuando estamos tendidos de espaldas, solo se puede mirar hacia arriba. Mantenga enfocada su atención en Dios, no en su dolor; y ocupe totalmente su mente pensando en Él.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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¿Quién lo podrá comprender?

9 Febrero 2017

¿Quién lo podrá comprender?
por Charles R. Swindoll

Job 26:1-14

Al leer este pasaje no podemos dejar de pensar: ¡Qué idea tan sobrecogedora! “Bildad, por más admirable que sean todas estas cosas, lo que he mencionado representa apenas los bordes de sus caminos.” ¿No es “bordes” una magnífica palabra? Los bordes, las márgenes exteriores de sus caminos; sólo los callados susurros de su poderosa voz, los murmullos de la omnipotencia. ¡Escúchame, Bildad! ¿Quién lo podrá comprender plenamente? Y pensar que el Dios-Creador atraviesa las millones de galaxias de “los cielos” para dar su atención a este diminuto planeta del tamaño de un fréjol, llamado Tierra, para descender hasta personas como nosotros, sabiendo aun el número de los cabellos que hay en nuestras cabezas.

Se necesita tener una perspectiva así cuando las llagas de mi cuerpo estén supurando y la fiebre no baje. Job termina donde Bildad debió haber comenzado: “¿Quién lo podrá comprender?”

Es cierto. ¡Cuán incomprensibles son sus juicios e inescrutables sus caminos! Pero tenga cuidado aquí. Eso no significa que Él no está al corriente, que no tiene el control, que no tiene un plan. Solo significa que Él no está obligado a darnos explicaciones, y ya que Dios no lo revela todo, no nos quedan sino tres palabras muy honestas, que son útiles cuando provienen de los labios de una persona que no es orgullosa. ¿Cuáles son estas tres palabras? No lo sé.

Pero Dios sí lo sabe, y Él hace bien todas las cosas. Él tiene el control. Yo soy el barro; Él es el Alfarero. Yo soy el discípulo; Él es el Señor. Yo soy la oveja; Él es el Pastor. Yo soy el siervo; Él es el Amo. Eso significa que debo someterme. Que debo humillarme bajo su mano poderosa. Que debo estar dispuesto a ajustar mi vida a lo que Él decida para mí, a escuchar, a aprender, a adaptarme a su dirección cualquiera que esta sea, aunque esté cómodo, feliz o con salud. A esto se le llama obediencia. Job, por ahora, está comenzando a verlo, y cuando llega al final de su breve explicación, pregunta sabiamente: “¿Quién lo podrá comprender?”

Disciplínese para pensar de manera teológica. Hágase el firme propósito de pensar de la manera que Dios lo hace, reconociendo su majestuosa magnificencia. Auto enséñese a sentirse cómodo diciendo las palabras: “No lo sé”. Job pensaba correctamente en cuanto a Dios, y por eso pudo soportar todo, aunque sin comprender el porqué. Quiera Dios que haya más como él. Y que usted sea uno de ellos.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Ninguna sorpresa

8 Febrero 2017

Ninguna sorpresa
por Charles R. Swindoll

Job 26:1-14

El tacto que le faltó aquí a Job lo compensó con su absoluta honestidad. Pero, francamente, este no era el momento para tener tacto. Bildad ha sido tremendamente duro. Es de dudar que le hubiera puesto atención a Job si este hubiera utilizado un lenguaje suave y diplomático. ¡Job se pone tenaz!

Eso es lo que nos hacen las llagas. Cualquier enfermero o profesional de la salud le dirá, especialmente quienes cuidan de pacientes que sufren un dolor intenso, que el tacto se desvanece a medida que el dolor avanza. Hay algo acerca de la prolongación de la angustia que finalmente lleva al alma a una cruda y desesperante realidad.

Hace muchos años me encontré con estas palabras: “El dolor planta la bandera de la realidad en el fortín de un corazón rebelde”. Incluso en aquellos que han sido tercos y rebeldes, cuando el dolor golpea y persiste, la realidad se presenta en toda plenitud. Eso fue lo que sucedió con Job. Se quitó los guantes, miró fijamente a Bildad, y le habló claro. Este hombre necesitaba esa clase de respuesta.

Hay una breve oración que quisiera sugerirle que la haga cada mañana:

Señor, ayúdame hoy a no hacer más pesada la carga de alguien. Ayúdame a dar aliento a otros. Cuando pueda, hazme capaz de consolar. Y cuando no sepa cómo hacerlo, ayúdame a admitirlo. Cuando sienta dolor y compasión por alguien, ayúdame a expresarlo. Ayúdame a hacer más liviana la carga de los que sufren, en vez de hacerla más pesada.

Si otros están pasando por una situación angustiosa, ellos necesitan nuestra ayuda y nuestra fortaleza. Bildad nunca aprendió ese principio; nunca hizo la oración anterior, qué lástima.

Se produce entonces un curioso cambio de papeles. En vez de que Bildad enseñe a Job, este se convierte en el maestro. Es como si Job hubiera dicho: “Ya que no tienes ninguna respuesta, déjame hablarte del Dios infinito e incomprensible que no nos ha revelado el cómo y el porqué de sus actividades».

Desde el versículo 5 al 13 del capítulo 26, Job le da una lección a Bildad. Le comunica lo que pudiéramos llamar una explicación fascinante y cosmológica. Curiosamente, Job comienza con los espíritus de los que han muerto, para llegar después hasta la cumbre del universo. Job está diciendo de una manera sencilla y directa: “Dios tiene el control de lo más mínimo en cuánto a él. Dios lo conoce, lo entiende, está en medio de él, y se responsabiliza por todo lo que hay en él. Nada de esto es una sorpresa para el Dios vivo”.

Si otros están pasando por una situación angustiosa, necesitan nuestra ayuda.—Charles R. Swindoll

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Gracia bajo presión

6 Febrero 2017

Gracia bajo presión
por Charles R. Swindoll

Job 24:1-25

Podríamos recorrer toda la lista hasta el final. Hay pecados, hay faltas, hay injusticias. Hay robos, pecados sexuales y maldades ocultas que se realizan en la oscuridad. ¿Y dónde está Dios? Él lo está permitiendo. ¿Por qué razón? “No lo sé”, dice Job. “Creo que Él permite estas cosas con un propósito desconocido para nosotros. ¡Dios lo ha permitido todo!” Quienes cometen el mal muchas veces no reciben castigo. Los que se aprovechan de otros tampoco son castigados. También el sufrimiento inexplicable cae dentro de la misma categoría.

Usted y yo pudiéramos mencionar hechos a lo largo de toda nuestra existencia que el Señor pudo haber impedido, pero no lo hizo. Esto no tiene solamente que ver con el Holocausto de los judíos. Tampoco, simplemente, con las injusticias de la época de las Cruzadas. Tampoco con los sacerdotes de la Iglesia Católica Romana que han abusado sexualmente de jovencitos. Tiene que ver también con toda clase de cosas que pudiéramos nombrar; y Dios pudo haber impedido todas ellas, pero no lo hizo. ¡Esto es un misterio! Ese es el punto. “No puedo justificar el consentimiento de Dios, pero confío en Él”.

Niéguese a creer que la vida está basada en el destino ciego o en la casualidad. Todo lo que sucede, incluso las cosas que usted no puede explicar o justificar, están siendo tejidas como un gigantesco y hermoso tapiz. Desde nuestro lado terrenal todo parece borroso y confuso, extraño y torcido. Pero desde la perspectiva del cielo, es un cuadro increíble. Y lo mejor de todo, es que es para la mayor gloria de Dios. Ahora mismo todo puede parecer confuso, pero un día los detalles convergerán y tendrán perfecto sentido.

Una parte del perfecto plan de Dios se está, entonces, revelando. Usted no puede explicarlo. No puede juntar todas sus piezas aunque lo intentara. No es capaz de entenderlo, y hasta habrá momentos en los que lo rechazará. Pero, como estamos aprendiendo de Job, Dios no le va a pedir permiso. ¿Entonces, qué? Seguimos confiando en Él de todas maneras. Lo escribiré una vez más: Quienes hacen esto descubren, sin tratar de que suceda, que han comenzado a demostrar gracia bajo presión. Conformarse con menos es una existencia miserable.

¿Confía usted en Dios, de todas maneras?

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Gracia bajo presión

6 Febrero 2017

Gracia bajo presión
por Charles R. Swindoll

Job 24:1-25

Podríamos recorrer toda la lista hasta el final. Hay pecados, hay faltas, hay injusticias. Hay robos, pecados sexuales y maldades ocultas que se realizan en la oscuridad. ¿Y dónde está Dios? Él lo está permitiendo. ¿Por qué razón? “No lo sé”, dice Job. “Creo que Él permite estas cosas con un propósito desconocido para nosotros. ¡Dios lo ha permitido todo!” Quienes cometen el mal muchas veces no reciben castigo. Los que se aprovechan de otros tampoco son castigados. También el sufrimiento inexplicable cae dentro de la misma categoría.

Usted y yo pudiéramos mencionar hechos a lo largo de toda nuestra existencia que el Señor pudo haber impedido, pero no lo hizo. Esto no tiene solamente que ver con el Holocausto de los judíos. Tampoco, simplemente, con las injusticias de la época de las Cruzadas. Tampoco con los sacerdotes de la Iglesia Católica Romana que han abusado sexualmente de jovencitos. Tiene que ver también con toda clase de cosas que pudiéramos nombrar; y Dios pudo haber impedido todas ellas, pero no lo hizo. ¡Esto es un misterio! Ese es el punto. “No puedo justificar el consentimiento de Dios, pero confío en Él”.

Niéguese a creer que la vida está basada en el destino ciego o en la casualidad. Todo lo que sucede, incluso las cosas que usted no puede explicar o justificar, están siendo tejidas como un gigantesco y hermoso tapiz. Desde nuestro lado terrenal todo parece borroso y confuso, extraño y torcido. Pero desde la perspectiva del cielo, es un cuadro increíble. Y lo mejor de todo, es que es para la mayor gloria de Dios. Ahora mismo todo puede parecer confuso, pero un día los detalles convergerán y tendrán perfecto sentido.

Una parte del perfecto plan de Dios se está, entonces, revelando. Usted no puede explicarlo. No puede juntar todas sus piezas aunque lo intentara. No es capaz de entenderlo, y hasta habrá momentos en los que lo rechazará. Pero, como estamos aprendiendo de Job, Dios no le va a pedir permiso. ¿Entonces, qué? Seguimos confiando en Él de todas maneras. Lo escribiré una vez más: Quienes hacen esto descubren, sin tratar de que suceda, que han comenzado a demostrar gracia bajo presión. Conformarse con menos es una existencia miserable.

¿Confía usted en Dios, de todas maneras?

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Dios me recompensará

4 Febrero 2017

Dios me recompensará
por Charles R. Swindoll

Job 23:1-17

Cuando el cuerpo de Job estuvo lleno de llagas, cuando sus amigos estaban todavía en su contra, cuando estaba arruinado y viviendo en un estercolero, tuvo la temeridad de decir: “Sin embargo, Él conoce el camino en que ando; cuando Él me haya probado, saldré como oro”. (Job 23:10)

Job hace tres declaraciones basadas en la fe, en medio de su sufrimiento. Todas las tres tienen que ver con su Dios.

Primera: Yo sé que Dios conoce mi situación. “Él conoce el camino en que ando”.

Segunda: Yo creo que Dios me está probando. “Cuando Él me haya probado”.

Tercera: Yo creo que después de las pruebas que he sufrido, Él me bendecirá de una manera especial. Él no niega las pruebas, pero hay esperanza más allá de ellas. Dios conoce y Dios recompensará. Eso es lo que encontramos cuando llegamos al último capítulo de la vida de Job.

¿No sería fabuloso que pudiéramos estar en la situación de Job al final del libro, sin tener que sufrir todo lo que él sufrió a lo largo de todo el libro? ¡Qué bueno sería lograr el conocimiento que obtuvo sin pasar por todo ese sufrimiento! ¡Pero eso no es posible! Sea realista y entienda que eso no puede suceder. Se necesita el fuego para refinar el oro.

Así como todos somos diferentes en nuestra apariencia, en nuestras raíces, en nuestros grados de madurez y en edad cronológica, también las pruebas que experimentarnos son diferentes. Todo lo que usted sabe es que una persona de su comunidad, que usted conoce, está pasando por uno de los momentos más difíciles de su vida.

Espero que estas dos palabras no parezcan huecas o santurronas: tenga esperanza. Tenga esperanza de que esto no está sucediendo sin el conocimiento de Dios. El Señor conoce el camino en que usted anda, y no es sin un propósito. Después de la severa prueba, usted también saldrá como oro. Usted está siendo refinado por la prueba que Él ha permitido, y mientras tanto está siendo moldeado de nuevo; purificado y enseñado a ser humilde. Vendrán mejores tiempos. Si no es pronto, será más tarde en esta tierra, pero con toda seguridad será cuando esté delante del Señor y Él distribuya “oro, plata y piedras preciosas”. Todo, entonces, habrá valido la pena. Muchas de las recompensas de Job le llegaron mientras estuvo vivo en este planeta, pero las suyas le aguardarán en la gloria. En ambos casos, Dios conoce. Dios siempre recuerda. Dios recompensará.

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Su propósito

3 Febrero 2017

Su propósito
por Charles R. Swindoll

Job 23:1-17

Job lucha, pero finalmente admite su frustración: No puede encontrar a Dios. ¿Ha tenido usted esa misma experiencia? ¡Todos la hemos tenido! Hay días en que buscamos en vano alguna evidencia visible del Dios vivo. Estoy pensando ahora mismo: ¿No sería maravilloso que despertara en medio de una noche de luna llena, que mirara por la ventana del cuarto y que viera en el cielo escrito con grandes y luminosas letras algo que dijera: “Querido Chuck, te oigo. Estoy aquí, no lo olvides yo estoy dirigiéndolo todo. Te amo, Dios».  ¡Me encantaría que sucediera eso! Me gustaría entrar en mi automóvil después de un arduo día de trabajo, prender la radio y que Dios la interrumpiera para decirme: “Antes de que escuches esta estación, Chuck, quiero hablar contigo durante unos pocos minutos”. Seamos honestos, a todos nosotros nos encantaría escuchar la voz audible o leer un mensaje visible de Dios. Pero la cosa no funciona así. Nuestro andar con el Señor es un andar por fe, no por vista.

Job es un magnifico varón de Dios. Es un santo maduro, sin duda alguna. Sin embargo, anhela ser testigo de la presencia de Dios. “Oh, que pudiera saber dónde está Él. Pero no puedo verlo, contemplarlo o percibirlo».

Aunque no puede ubicar la presencia de Dios, Job expresa su confianza en Él: “Elifaz, Bildad y Zofar: ustedes pueden decir contra mí todo lo que quieran, pero Dios conoce mi camino. Él sabe la verdad. Él es quien me justifica. Él y yo mantenemos comunicación. Yo confío en Él. Yo creo en Él. Además, después de que termine esta prueba y Él haya cumplido su propósito en mí, “saldré como oro”.

Usted puede estar seguro de esto, mi amigo (a). Después de que la prueba haya pasado, usted tendrá una vida más profunda y más abundante gracia a esa prueba. El oro sustituirá a la amalgama. Quiero que deje que estas palabras abrasen su mente tan profundamente, que se conviertan en una especie de filtro divino para todo lo que suceda en su vida desde el día de hoy en adelante. Dios conoce su camino. Y su Palabra será “lumbrera a su camino” (Salmo 119:105).

Nuestro andar con el Señor es un andar por fe, no por vista. —Charles R. Swindoll

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Demostrar clase

2 Febrero 2017

Demostrar clase
por Charles R. Swindoll

Job 23:1-17

Cuando llegamos a los capítulos 23 y 24 de Job, observamos que da tres respuestas serenas y vulnerables.Tórnese el tiempo necesario para leer completos estos dos capítulos, ¡son magníficos! El primer tema de Job parece ser: “No soy capaz de ubicar la presencia de Dios, pero confío en ti, Señor”. Esto para mí es muy evidente en los primeros doce versículos del capítulo 23.

Da la impresión de que Job está pensando en un tribunal. “Me gustaría saber en cuál tribunal está Dios.Quisiera saber dónde puedo dar con su paradero. Algún lugar, cualquier lugar de esta tierra donde pueda llegarme hasta Él”.

En estas apasionadas palabras se halla escondida una de las grandes cosas acerca de nuestro Dios. Cuando venimos a Él tal como estamos, nunca lo escuchamos decir: “¡Qué vergüenza!” Dios escucha nuestra súplica, nuestros sentimientos de necesidad, y Él se apresura a responder: “Te perdono. Te amo. Te entiendo. Aquí estoy contigo; y te felicito por enfrentar la verdad”.

Observe cómo hace alusión Job a la respuesta del Señor:

¿Contendería conmigo con la grandeza de su fuerza?
No; más bien, él me prestaría atención
Allí el justo podría argüir con él,
y yo me libraría para siempre de mi Juez. (Job 23:6, 7)

Todo el pueblo del Señor encuentra aquí una valiosa verdad que podemos aprender de nuestro Dios. Cuando una persona se acerca a Él de manera franca y vulnerable con su confesión, hay una respuesta natural, de tres palabras: Yo te perdono. La persona no necesita ser abochornada o avergonzada por haber fallado. Ella necesita la seguridad del perdón.

Job pregunta: “¿Contendería [Dios] conmigo?”

Después se responde a sí mismo: “No contendería conmigo, porque Él es mucho más poderoso. Él me prestaría atención. Podría razonar con Él, y sería librado para siempre de mi Juez”.

¿No es maravilloso eso?

alimentemos_el_alma

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Duro, pero realista

1 Febrero 2017

Duro, pero realista
por Charles R. Swindoll

Job 21:23-34

alimentemos_el_almaMientras decía la verdad, Job dejó la defensa de su carácter en manos del Señor. Fue firme y resuelto, pero se mantuvo controlado. Repito: Yo sé lo que es ser criticado injustamente. He sido acusado de cosas, y ese rumor me mantenía en vela. Me hacía revolver el estómago. Me quitaba el apetito. Decidí no prestarle atención, pero me di cuenta de que no me era posible sacármelo de la mente. No fue sino hasta que decidí dejar las cosas en las manos del Señor y descansar en su soberano control que encontré paz interior. Sin excepción (¡escuche esto, por favor!) no fue sino hasta que deliberadamente di un paso atrás y me apoyé firmemente en el Señor que mi mente comenzó a descansar, mis emociones a serenarse y tuve de nuevo paz interior. Lo digo una vez más: La verdad se impondrá. Y Dios será glorificado.

No permita que las acusaciones lo debiliten y lo influencien negativamente, recordando que son tonterías y mentiras. ¡Póngase firme! Volver a esa frase de la Guerra de Independencia de los Estados Unidos de América: “Confía en Dios, pero ten seca la pólvora”, es esencial para que usted pueda mantener su equilibrio. Usted puede confiar al Señor su seguridad, pero sigue cerrando sus puertas cada noche (espero que sí), y enciende la alarma. Cuando usted entra en su automóvil cierra la puerta, ¿verdad? Usted sube las ventanas, ¿cierto? Si no lo hace, está jugando con fuego. Confiar en Dios no es una creencia ingenua. Hay que aplicar la sabiduría a una vida de fe. Enfrentar los tiempos difíciles exige un estado de ánimo firme. Hágalo. Eso puede parecer duro, pero es realista. Y el realismo es un mensaje poderoso.

A quienes estén enfrentando un tiempo de falsas acusaciones, mi deseo es que Dios les fortalezca y que se mantengan estrechamente unidos a Él en medio de ellas. Que Él les dé la sabiduría y la gracia para responder a esas acusaciones.

Que Él se convierta en real y personal para usted, dándole incluso una canción en la noche y un tranquilo descanso, con la seguridad de que Él está defendiendo su integridad. Y que Él le dé también una piel dura para que no se dé por vencido mientras aguarda su vindicación.

Enfrentar los tiempos difíciles exige un estado de ánimo firme. —Charles R. Swindoll

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Aférrese a la verdad

31 Enero 2017

Aférrese a la verdad
por Charles R. Swindoll

Job 21:1-34

alimentemos_el_almaEs muy posible que muchos de los que leen estas palabras estén siendo actualmente víctimas de las falsas acusaciones de alguien. Eso puede ser una angustiosa cruz y muy difícil de llevar. Yo sé lo que es eso, por mi amarga experiencia. Puesto que esto es un asunto que siempre estará presente para muchos de nosotros, sería útil describir ciertas pautas a seguir, basadas en la manera como Job se enfrentó a sus acusadores.

Escuche lo que están diciendo de usted y considere el carácter de su crítico. ¡Mantenga la calma! Sentirá la tentación de precipitarse y de reaccionar imprudentemente en la carne, diciendo cosas que después lamentará. Procure escuchar lo que están diciendo. Y mientras lo hace, recuerde el carácter de la persona de quien ha surgido la acusación. Escuche todo con calma. Job hizo eso, lo cual lo preparó para responder después.

Responda con hechos ciertos e información precisa, conociendo la naturaleza de su acusador. ¡Diga la verdad! Aférrese a lo cierto, cueste lo que cueste. Es posible que la otra persona haya sido su esposa o esposo. Pudiera ser su jefe anterior o actual, un empleado, un vecino, un pastor o un amigo. No importa quién sea la persona. Si usted está siendo acusado, tiene que concentrarse sólo en los hechos. No reaccione ni piense en la manera de tomar la revancha. Si usted cede a la tentación, terminará pareciéndose a su acusador. Dios honra la integridad. Quizás no de inmediato, pero finalmente usted será reivindicado. Recuerde la oración de David: “Hazme justicia, oh SEÑOR, porque yo en mi integridad he andado” (Salmo 26:1). La verdad prevalecerá entre las personas que se ocupan de ella, y toman sus decisiones basadas en ella.

Una vez le dijeron a Abraham Lincoln que tenía que despedir a su director general de correos. Al hombre lo acusaban de todo. Lincoln sospeso los rumores con las evidencias, y el 18 de julio de 1864 le escribió al Secretario una carta diciéndole que no iba a hacerlo, porque la información estaba basada en rumores, no en hechos ciertos. En esa carta, Lincoln termina diciendo correctamente: “La verdad es generalmente la mejor reivindicación contra la difamación». Una sabia respuesta.

Aférrese a la verdad. No la exagere, no la niegue y no vacile en decirla.

La verdad es generalmente la mejor reivindicación contra la difamación.—Charles R. Swindoll

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