El Dios de los imposibles

10 Octubre 2016

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El Dios de los imposibles
por Charles R. Swindoll

1 Reyes 17:24

alimentemos_el_almaEn todo este mundo, y a nuestro alrededor cada día, hay personas que están buscando ver en la vida de otros la verdad que ellos dicen tener.
Así como la viuda observaba a Elías, hay quienes le están observando a usted. Escuchan lo que usted dice que cree, pero están observando para ver lo que usted hace.

Recuerde que usted está en este mundo por disposición divina, bajo su protección, bajo su preparación y en el tiempo de Dios. Dele al Señor el cadáver de su vida, y pídale que reavive esas áreas que necesitan ser revividas. Y si la situación lo exige, pídale un milagro en el momento de Él, si es Su voluntad para su vida.

Ponga en la cama de su vida los restos de su pasado doloroso y lleno de cicatrices; el vacío de los deficientes rasgos de su carácter; los hábitos, incluso las adicciones que por tanto tiempo le han controlado; la limitada visión que sigue caracterizándose; esa pequeña irritación que le molesta con insistencia, o la grande que se asoma en forma vaga; la ira de la violencia, los apetitos, la codicia, el descontento, el egoísmo o la fealdad del orgullo. Deje todas estas cosas por delante del Padre, tiéndase cómodamente bajo Su sombra y pídale que haga cambios extraordinarios, incluso milagrosos, en su vida.

¿Puede Él hacerlos? ¡Por favor! Me estoy refiriendo a «el Dios de los imposibles»; a Aquél que tiene un poder ilimitado; a Aquél que nunca ha encontrado, y que jamás encontrará, un obstáculo amedrentador que Él no pueda vencer, un agresivo enemigo que no pueda aplastar, una decisión final que no pueda anular, una persona poderosa que no pueda eclipsar.

Porque Elías creyó en «el Dios de los imposibles,» ni siquiera la muerte lo llevó a dudar. Él aprendió su teología de la fe en el secreto escondite de Querit. Le fue dada la oportunidad de desarrollarla durante la capacitación avanzada que tuvo en Sarepta. Pero no fue sino hasta que vio la muerte muy de cerca, que personificó esa fe. Y todo lo hizo estando bajo la sombra de Dios.

Lo mismo debo hacer yo.

Lo mismo debe hacer usted.

Deje todo delante del Padre, tiéndase cómodamente bajo su sombra.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2016 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Fe personificada

8 Octubre 2016

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Fe personificada
por Charles R. Swindoll

1 Reyes 17:24

alimentemos_el_almaCuando la mujer vio que su hijo estaba vivo, no vio a Elías. Vio al Señor. «Elías, te había oído hablar del Dios de los cielos. Te había oído referirte a Él de varias maneras. Pero ahora, cuando veo este milagro, sé que dices la verdad.»

Si usted quiere ser un hombre o una mujer de Dios, es fundamental que enfrente con fe las situaciones imposibles de la vida, como las enfrentaba Elías. Si usted es una persona joven que desea tener una vida piadosa que deje una huella en este mundo, debe aprender temprano a dar la preeminencia a su Salvador, confiando en que Él estará con usted en las pruebas que enfrente, en medio de las circunstancias extremas que no pueda manejar. El Dios de las situaciones más allá de la razón. Él sigue haciendo lo que ningún mortal de esta tierra puede hacer. ¡Confíe en que Él lo hará!

Elías se enfrentaba a las cosas imposibles con calma y contentamiento, con mansedumbre y control de sí mismo, con fe y humildad. Como he dicho desde el principio, Elías fue un héroe en cuanto a hazañas de la fe, pero se mantuvo siempre como un modelo de humildad.

Examine su propia vida en cuanto a estas cualidades del carácter, y llévelas una a una delante de Dios. Usted pudiera decirle al Señor, por ejemplo: «Señor, hoy quiero hacer lo que dices en cuanto al contentamiento; quiero tener un espíritu tranquilo y manso. No quiero simplemente llamarme cristiano. Quiero ser conocido como un verdadero siervo tuyo, ya que mi vida es una demonstración de la verdad que digo creer. Ayúdame en el día de hoy a enfrentar todo y a tratar a todos con un espíritu afable y manso. Ayúdame a tener contentamiento, aunque las cosas no resulten a mi manera.

«Ayúdame hoy a ser diligente, Señor. Tengo la tendencia a perder de vista el objetivo a medida que transcurre el día. Soy bueno para comenzar las cosas, pero no las termino bien. Ayúdame a hacer bien mi trabajo y a no ceder al ambiente del momento.

«Y Señor, ayúdame cuando comiences a poner estas cualidades en mi vida, a no llamar la atención en cuanto a ellas, sino simplemente dejar que fluyan en mi vida para tu gloria. Ayúdame a ser tu siervo, tu sierva.»

Así es como nosotros podemos personificar una vida de fe.

Es fundamental que enfrente con fe las situaciones imposibles de la vida.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2016 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Palabras Para Vivir

Palabras Para Vivir

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5 Octubre 2016

Confiar con todo el corazón
por Charles R. Swindoll

1 Reyes 17:20-22

alimentemos_el_almaAl leer este pasaje no podemos dejar de exclamar: ¡Qué oración, Elías!, cómo pudiste decir: «Permite que este niño vuelva a la vida, como sucedió con Enoc, como sucedió con Isaac, como sucedió con Moisés.» No había ningún procedente de un milagro así. Pero Elías dice: «Señor, creo que vas a hacer un milagro. Te pido que realices lo imposible.» Luego espera. Todo en ese transcendental momento de fe estaba en las manos del Señor.

Es posible que usted esté hoy en el proceso de poner su vida delante del Señor de esta manera. Su situación es crítica, y solo un milagro puede insuflar nueva vida a su realidad. Usted no controla en absoluto las circunstancias. Por tanto, lleve su situación a ese lugar especial, póngase bajo la sombra del Señor, ponga la situación delante de Él, póstrese delante de Dios, implore su intervención, crea absolutamente en su milagroso poder, y niéguese a apoyarse en su propio discernimiento.

El doctor Raymond Edman, en su pequeño libro titulado En Quietud y Confianza, escribe sobre un hombre temeroso de Dios que enfrentó una prueba así.

Así fue como el enfrentó. Tuvo un momento de quietud con el Señor, y luego escribió estas palabras para sí mismo.
En primer lugar, Él me llevó a esta situación; es por su voluntad que estoy en este trance: descansaré en ese hecho.
En segundo lugar, Él me protegerá con su amor, y me dará la gracia para que me comporte como su hijo.
En tercer lugar, Él convertirá esta prueba en una bendición; me enseñará las lecciones que Él quiere que aprenda; y me dará la gracia que Él quiere concederme.
Finalmente, Él me rescatará en su tiempo, el cómo y el cuándo Él lo sabe.

¿Puede usted hacer las siguientes afirmaciones? Si puede. . . ¿las hará?

1. Me hallo en esta situación por disposición divina.
2. Estoy bajo protección.
3. Estoy bajo preparación.
4. Él me mostrará su propósito en su tiempo.

Por disposición divina, bajo la protección de Dios, bajo su preparación, en su tiempo. ¡Qué síntesis tan magnifica de lo que significa confiar en el Señor con todo el corazón!

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2016 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Cuando golpea la tragedia

4 Octubre 2016

Cuando golpea la tragedia
por Charles R. Swindoll

1 Reyes 17:17-19

Estoy sumamente impresionado por la benignidad de Elías. Aunque él no merecía ningún reproche de la mujer, se mantiene callado durante la descarga. Eso es benignidad. Alguien, en algún lugar, ha llamado a esto el fruto del Espíritu, «la marca de que algo fue hecho en el cielo.» Cuando la benignidad está presente en un ambiente tan cargado como este, se convierte en un testimonio del Espíritu de Dios actuando en alguien que pudiera reaccionar con dureza, pero no lo hace. Es la vida del Señor en él que se hace evidente, en ese momento de benignidad y de ternura.

También me impresiona esta afligida madre. Ella, sin ninguna vacilación, pone su precioso hijo sin vida en los brazos de Elías. Quizás la benignidad del profeta derritió de pronto su corazón y la indujo, una vez más, a confiar en él.

Después, Elías, el siervo de Dios, sube silenciosamente la escalera hasta la habitación donde él batallaba con regularidad delante de Dios. Digo esto porque creo que Elías había pasado horas, incluso días, de rodillas en ese cuarto. Se había formado ese hábito mientras estuvo solo con Dios en Querit.

¿Tiene una habitación como esa, un lugar de encuentro con Dios? ¿Tiene un tranquilo retiro donde usted y el Señor se comunican regularmente? Si no lo tiene, lo animo seriamente a buscar ese lugar, un lugar especial donde usted y Dios puedan reunirse. Será allí donde usted se preparará para las contingencias de la vida. Sin ese, usted no tendrá el acero necesario en el fundamento de su fe.

¿Qué hace usted cuando le golpea la tragedia? ¿Qué hace cuando viene una prueba? ¿Cuál es su primera reacción? ¿Quejarse? ¿Enojarse? ¿Culpar a otros? ¿Buscar una salida utilizando su propio razonamiento? ¿O se ha formado el hábito de hacer lo que Elías hacía? ¿Va a su lugar especial para estar a solas con Dios? Elías nos ofrece un maravilloso ejemplo. Nada de pánico. Nada de temor. Nada de apresuramiento. Nada de dudas.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2016 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Confiado en el Poder del Señor

3 Octubre 2016

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Confiado en el Poder del Señor
por Charles R. Swindoll

1 Reyes 17:17-19

Las lágrimas corren en abundancia sobre el rostro de la mujer mientras sostiene el cadáver de su hijo en brazos. En ese preciso momento, Elías extiende sus brazos y dice: «Dámelo.»

Elías le dice: «Dame tu hijo.» Entonces lo toma de sus brazos y lo lleva a la habitación de arriba donde él vivía, y lo acuesta en su propia cama (1 Reyes 17:19).
Allí está la mujer, sosteniendo el cuerpo marchito, sin vida, de su único hijo. Su mundo se le ha venido al paso de repente y sin previo aviso. Elías simplemente le dice: «Dámelo.»

¿Sabe usted lo que me impresiona de verdad aquí? El silencio de Elías. De alguna manera, él sabe que nada que pueda decir en este momento consolará a esta acongojada madre. Ninguna palabra que le diga podrá aliviar su abatido espíritu. Por tanto, no argumenta con ella. No la reprende. No trata de razonar con ella. No le recuerda todo lo que ella le debe, ni la vergüenza que debiera darle echarle la culpa a él. Simplemente le pide que ponga su carga en sus brazos.

Haga una pausa por un momento para darse cuenta de que Elías está una vez más en una situación que, al menos desde un punto de vista humano, no se lo merece. Obedeció a Dios presentándose ante Acab, y luego se escondió en Querit. Caminó con el Señor desde Querit hasta Sarepta. Había hecho exactamente lo que el Señor le dijo. Confió en Dios, y ahora está recibiendo todo el peso del reproche de esta mujer.

Dios parece a veces ponernos en un torno, y luego aprieta y aprieta hasta que pensemos, en medio del dolor de su soberana presión: «¿Qué está tratando el Señor de hacer conmigo?». Caminamos, entonces, más y más cerca de Él. No sé cómo podríamos caminar más cerca, pero siguen viniendo las pruebas, una tras otra.

Así es cómo se encuentra Elías, pero no flaquea. Se mantiene confiado y callado a la sombra de Dios, firme en su fe, confiado en el poder del Señor. Esa es humildad en su mejor expresión.

Elías no cuestiona a Dios. Se mantiene tranquilo. No pierde el control. No discute con la mujer. Simplemente le dice, con calmada compasión: «Dame el niño.»

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2016 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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El eterno YO SOY

El eterno YO SOY

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Charles R. Swindoll

Mientras sus ojos no estén fijo en el Señor, usted no podrá resistir los días que van de mal en peor.

¡Fije sus ojos en el Señor! Hágalo una vez. Hágalo a diario. Hágalo diez mil veces, cien mil veces. Hágalo constantemente. Cuando su calendario le pone presión, cuando sus perspectivas se diluyen, cuando su esperanza se apaga, cuando la gente lo desilusiona, cuando los sucesos se vuelven en su contra, cuando los sueños mueren, cuando las paredes se estrechan, cuando la prognosis se ve lúgubre, cuando su corazón se parte, mire al Señor, y siga mirándolo a Él.

¿Quién es Él? Él es Jehová, el eterno YO SOY, el soberano Señor del universo. Él no puede hacer lo injusto; es contra su naturaleza. Él nunca ha perdido el control. Siempre es fiel, inmutable, todopoderoso, omnisciente, bueno, compasivo, lleno de gracia, sabio, lleno de amor, soberano, confiable.

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Asociaciones increíbles

30 Septiembre 2016

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Asociaciones increíbles
por Charles R. Swindoll

1 Reyes 17:10-16

Elías estaba en una situación que, desde toda perspectiva humana, era imposible. Pero la buena noticia es que él vio más allá de la dificultad. Manejó el problema con fe, no con temor.

Elías había decidido que no se iba a dejar vencer por esta melancolía inicial. La viuda tenía puestos sus ojos en las imposibilidades; un puñado de harina, una minúscula cantidad de aceite, unos pocos leños. Elías se preparó para trabajar y se concentró en las posibilidades.

¿Por qué pudo hacerlo? Porque en él estaba aflorando un nuevo hombre de Dios. Había estado en Querit. Había visto la prueba de la fidelidad de Dios. Había sobrevivido al arroyo seco. Había obedecido a Dios y, sin ninguna vacilación, se había ido a Sarepta.

Usted no puede hablar de lo que no tiene experiencia. Usted no puede animar a alguien a creer lo imposible si antes no ha creído lo imposible. Usted no puede encender la lámpara de la esperanza de otra persona si su propia antorcha de fe no está ardiendo.

Cuando Elías vio el recipiente de harina y la botella de aceite casi vacíos, dijo, casi con un encogimiento de hombros: «Eso no es problema para Dios. Entra y prepara esas tortas. Y prepara también algunas para ti y para tu hijo.» Luego le dijo porqué. Escuche estas confiadas palabras de fe: «La harina de la tinaja no se acabará, y el aceite de la botella no faltará hasta el día en que el SEÑOR de lluvia sobre la superficie de la tierra.»

¡Qué gran promesa! La mujer debió haber mirado a Elías, a este cansado y polvoriento extranjero, asombrada y perpleja, mientras escuchaba esas palabras que ella jamás había oído antes.

¿Alguna vez ha estado usted en presencia de una persona de fe? ¿Se ha rosado alguna vez con hombres o mujeres de Dios que no tienen la palabra «imposible» en su vocabulario? Si no ha sido así, encuentre algunas personas así, porque las necesita en su vida. ¡Esta clase de asociaciones increíbles son las que Dios utiliza para desarrollar nuestra fe!

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2016 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Prueba severa

29 Septiembre 2016

Prueba severa
por Charles R. Swindoll

1 Reyes 17:8-9

Tal como hicimos antes, veamos primero el significado de este lugar donde se le ordenó al profeta que fuera. Sarepta proviene de un verbo hebreo que significa «mezclar, fundir.» Curiosamente, la forma sustantiva significa «prueba severa.» El lugar pudo haber sido llamado así porque habría alguna planta para fundir en algún sitio cercano; pero no podemos asegurarlo. Sin embargo, cualquiera que sea el origen del nombre, Sarepta sería una «prueba severa» para Elías, un lugar designado por Dios para refinar más el profeta, y para que marcara una gran diferencia en el resto de su vida.

Fue casi como si el Señor le estuviera diciendo a su siervo: «Primero te llevé a Querit para alejarte de las luces brillantes y de la plataforma pública, donde pudiera bajarte los humos y reducirte a un hombre que confiara en mí, pese a todo. Fue allí que comencé a renovarte interiormente por medio de las disciplinas de la soledad, el silencio y el anonimato. Pero ahora llegó el momento de hacer un trabajo aún más profundo. Ahora, Elías, aumentaré el fuego del horno y te fundiré para convertirte exactamente en la clase de hombre que yo necesito para que cumpla el propósito que tengo en mente.»

Si usted camina con el Señor bastante tiempo, descubrirá que sus pruebas vendrán muchas veces una después de la otra. O quizás sería mucho más exacto decir una tras otra, tras otra, tras otra. Por lo general, sus pruebas preparatorias no se limitan a una o dos, sino que se multiplican. Tan pronto como usted sale de una prueba severa pensando: «Bien, salí de esta,» cae en otra, donde la llama es todavía más caliente.

Las pruebas severas crean un carácter como el de Cristo. Esto es precisamente lo que el himnólogo tenía en mente cuando escribió ¡Cuán firme cimiento! Leemos en su tercera estrofa:

La llama no puede dañarte jamás,
si en medio del fuego te ordena pasar;
el oro de tu alma más puro será,
pues solo la escoria se ha de quemar.

Eso es lo que hace una prueba severa. Eso es lo que hace un horno de fundición. Saca toda la escoria a la superficie para que pueda ser retirada, dejando así una mayor pureza.

Las pruebas severas crean un carácter como el de Cristo. —Charles R. Swindoll

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Carrera de obstáculos

28 Septiembre 2016

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Carrera de obstáculos
por Charles R. Swindoll

1 Reyes 17:5-7

Una experiencia que es parte de todo campamento de entrenamiento es la agotadora, penosa y a veces intimidante carrera de obstáculos. No es divertida ni fácil, pero su exigente disciplina prepara al recluta para cualquier situación que enfrentara en el futuro, particularmente bajo fuego enemigo. En la vida espiritual, antes de que podamos sacarle provecho verdaderamente a la «vida escondida» que Dios utiliza para prepararnos para cualquier situación que Él tenga para nosotros en el futuro, tenemos que vencer por lo menos cuatro grandes obstáculos. Pienso en ellos como cuatro membranas de la carne: orgullo, temor, resentimiento y hábitos arraigados. El conquistar estas capas de resistencia nos preparará para el futuro y nos fortalecerá para el combate con el adversario.

En un sentido muy real, Dios ha creado un campamento de entrenamiento para Sus hijos, pero esto no dura ocho o diez semanas. Tampoco es un seminario de fin de semana que podemos tomar, o un taller de un día al cual podemos asistir. El curso de capacitación de Dios se realiza periódicamente a través de toda la vida cristiana. Allí, en el centro mismo de los obstáculos, del dolor y de la soledad, llegamos a darnos cuenta de cuán vivo está Dios en nuestras vidas, de Su realidad y Su control. Él nos invadirá, nos reducirá, nos doblegará y nos humillará, para que podamos convertirnos en las personas que Él quiere que seamos.

No importa cuántos años hayamos andado con el Señor, tenemos todavía, a veces, que pasar por nuestro propio Getsemaní. Esto sucede cada vez que Él nos envía al arroyo para vivir la vida escondida. Ocurre cada vez que Él nos desorienta cuando nos desplaza; cada vez que Él quita todos los apoyos; cada vez que Él nos quita las comodidades; cada vez que Él nos quita la mayoría de los «derechos» que una vez disfrutamos. Y Él hace todo esto para poder convertirnos en la persona que no podríamos ser en otras circunstancias. Él sabe muy bien lo que hace.

Elías fue a Querit como el enérgico vocero de Dios, un profeta. Salió de Querit siendo un hombre de Dios más espiritual. Todo esto sucedió porque fue puesto junto a un arroyo que se secó. Estuvo solo, pero no olvidado. Fue probado, pero no abandonado.

El curso de capacitación de Dios se realiza a través de toda la vida cristiana. —Charles R. Swindoll

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Situaciones difíciles

26 Septiembre 2016

Situaciones difíciles

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por Charles R. Swindoll

1 Reyes 17:5-7

Elías estaba en una situación difícil. Una situación en la que su vida estaba en riesgo. El arroyo se había secado. ¿Es que Dios se había olvidado de su fiel siervo? ¿Se ha olvidado de Dios usted? ¿Lo ha dejado solo? El Dios que da el agua puede también negar el agua. Ese es Su derecho soberano.

Nuestros sentimientos humanos nos dicen que una vez que nuestro fiel Padre celestial nos da agua, no debe negarla nunca. Que no sería justo. Que una vez que nos da una esposa o esposo, nunca debe llevárselo. Que una vez que nos da un hijo, nunca debe quitárnoslo. Que una vez que nos da un buen negocio, no tiene derecho a arrancárnoslo. Que una vez que nos da un pastor, nunca debe llamarlo a servir en otro lugar. Que una vez que nos da un crecimiento rápido y mucha satisfacción en un ministerio, no tiene ningún derecho a presentarse y decirnos: «Espera un momento. No hay ninguna necesidad de que crezcas más. Permíteme ahora darte a ti una mayor profundidad espiritual.» Pero muy por el contrario, ¡Él tiene todo el derecho!

Cuando nos encontramos en situaciones difíciles, tendemos a sentirnos abandonados, a volvernos resentidos y a pensar. ¿Cómo pudo Dios abandonarme? En realidad, es todo lo contrario. En tiempos de prueba es cuando somos, más que nunca, el objeto de su preocupación.

Dios le dice, en medio de su arroyo seco: «He aquí que en las palmas de mis manos te tengo grabada; tú estás siempre delante de mí.» Luego, Él utiliza esa hermosa imagen de una joven madre con su nuevo bebé, y nos sorprende con un recordatorio muy real: «¿Acaso se olvidará la mujer de su bebé, y dejará de compadecerse del hijo de su vientre?» Usted no pensaría que eso puede ocurrir, ¿verdad? Pero vea las historias de la prensa y sabrá cuántas mujeres hacen sus pequeños bebés, y a veces hasta abusan de ellos, los torturan o los matan. Sí, por más inimaginable que parezca, hasta una madre puede olvidarse de su niño de pecho. Pero he aquí la gran verdad; Dios no es así. ¡Él no es así! Él nunca nos olvidará, porque nuestros nombres están siempre grabados en las palmas de sus manos. Haga una pausa, y deje que este pensamiento le invada profundamente.

 

En tiempos de prueba es cuando somos el objeto de la preocupación de Dios. —Charles R. Swindoll

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