“Bienaventurado el que piensa en el pobre; en el día malo lo librará Jehová.” Salmo 41:1.

22 de Enero
“Bienaventurado el que piensa en el pobre; en el día malo lo librará Jehová.” Salmo 41:1.

a1Pensar en los pobres y guardarlos en nuestros corazones es el deber de todo cristiano; pues Jesús puso a los pobres con nosotros y cerca de nosotros cuando dijo: “Siempre tendréis pobres con vosotros.”

Muchos dan su dinero a los pobres con prisa, sin pensar; y muchos más no dan absolutamente nada. Esta preciosa promesa pertenece a aquellos que “piensan” en los pobres, que analizan su caso, diseñan planes para su beneficio, y los implementan consideradamente. Podemos hacer más otorgándoles cuidados que dinero en efectivo, y mucho más todavía si juntáramos ambas cosas. El Señor promete Su propia consideración en tiempos de zozobra para aquellos que piensen en los pobres. Él nos sacará del problema si ayudamos a otros cuando se encuentran en problemas. Habremos de recibir una ayuda providencial singular si el Señor ve que procuramos proveer a otros. Hemos de enfrentar tiempos de turbación, sin importar cuán generosos podamos ser; pero si somos caritativos, podemos presentar un argumento para una liberación peculiar, y el Señor no negará Su propia palabra y compromiso.

Quienes son miserables tacaños se ayudan a sí mismos, pero el Señor ayudará a los creyentes que son considerados y generosos. Como hubieren hecho con los demás, así hará el Señor con ustedes. Vacíen sus bolsillos.

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

Spurgeon, C. H. (2008). La Chequera del Banco de la Fe. Bellingham, WA: Logos Bible Software.

El Ladron Moribundo

El Ladron Moribundo

Autor: D. L. Moody

 

a1Léase Lucas 23:39-43. Voy a tomar como texto un pasaje que se refiere al último hombre que fue salvado por Cristo antes de ir Él al cielo o antes de morir en la cruz, y la historia de su conversión debería llenar de esperanza a todos.

Tenemos relatos de la conversión de toda clase de personas en la Biblia. No hay ninguna clase social descuidada.

Hay el más rico y el más pobre; el mayor y el más pequeño; toda clase de personas, hombres y mujeres.

Hay también muchas personas hoy día que hablan contra las conversiones súbitas, de modo que yo creo que lo mejor que podemos hacer es buscar lo que la Biblia dice sobre este asunto; ver lo que tardó Dios en convertir un alma. Si yo leo la Biblia de modo correcto, hubo ocho mil personas convertidas en dos días. Éste es un buen número y en poco tiempo, ¿verdad? Nosotros no hemos llegado a tanto. Ojalá pudiéramos. Pero estoy seguro que si la Iglesia de Dios se despertara veríamos otra vez algo semejante.

Nunca es demasiado tarde

Este hombre no sólo era un ladrón, sino uno que se había mofado de Dios en el mismo umbral de la eternidad; un ser desgraciado, una piltrafa humana. Mateo nos dice: «Y lo mismo le injuriaban también los ladrones que estaban crucificados con él.» Uno podría esperar que hicieran algo distinto hallándose ya ellos mismos tan cerca de la tumba y es que sus pensamientos serían solemnes hallándose frente a la muerte, más aún, del mismo juicio.

En vez de esto estaban injuriando a Cristo y echando acusaciones contra Él unas pocas horas antes de morir. Bien, no creo que este ladrón pudiera haberse hundido más hasta que se hundiera en el infierno. Pero por más que estuviera lejos Jesús le encontró. Mateo y Marcos nos dicen los dos que estos ladrones injuriaban a Jesús. Juan no dice nada sobre las injurias; de hecho ni nos dice que uno de ellos se convirtiera.

Las noticias las hallamos en Lucas 23:40, donde vemos que le dice al otro ladrón: «¿No temes tú a Dios?» Salomón el sabio dice: «El principio de la sabiduría es el temor de Jehová.» Ahora bien, aquí tenemos el principio de la sabiduría en este ladrón. Empezó temiendo a Dios. Estoy seguro que hay centenares de personas en este edificio que temen a Dios, porque éste es el verdadero principio de la sabiduría.

La convicción de pecado

Después de esto vemos que el ladrón fue redargüido de pecado. Sintió sobre sí la carga el pecado. No es probable que nadie se convirtiera a menos que empiece siendo redargüido de pecado. ¿Y qué fue lo que le convenció de pecado? No oyó ningún, sermón de Jesús; los gobernantes se burlaban de E príncipe de los sacerdotes, prácticamente el jefe del Estado de su propio país, le había hallado culpable de blasfemia y le condenó a morir en la cruz. Las personas más importantes del reino meneaban las cabezas y se burlaban de Él.

¿Qué es, pues, lo que convenció a este hombre de pecado? No había visto a Jesús ejecutando ningún milagro; no había oído palabras maravillosas de sus labios; no había visto una corona resplandeciente sobre su frente. Es verdad que habían escrito sobre su cruz: «Jesús, Nazareno, rey de los judíos», pero ¿dónde estaba el reino? No vio que los judíos le rindieran homenaje. Los judíos le daban muerte. No tenía un cetro en la mano. Es verdad que le habían coronado un poco antes, pero sólo de espinas y, con todo, en medio de todo esto, este pobre ladrón fue redargüido de pecado cuando cayó sobre él el temor.

El poder del amor

¿Qué fue lo que le convenció? Voy a deciros lo que creo le convenció, aunque no puedo ser dogmático en esto; creo que fue la oración del salvador. Cuando el Señor Jesús exclamó desde lo más profundo de su alma: «Padre, perdónalos», el hombre quedó convencido de pecado. Tiene que haberse dicho: «¡Cómo! Éste es mas que un hombre; tiene un espíritu muy distinto del mío. Yo no podría pedirle a Dios que los perdonara. Yo llamaría fuego del cielo que los consumiera y clamaría a Dios que los cegara, como hizo Elías, y los barrería de esta montaña si tuviera el poder de hacerlo.»

Esto es lo que tiene que haber pensado el ladrón mientras escuchaba el conmovedor grito: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.» ¡Ah!, era un amor que partía el corazón. En aquellos días cuando crucificaban a un hombre acostumbraban azotarle. Este pobre hombre había sido llevado ante el tribunal y juzgado y, finalmente, condenado a muerte por el juez, pero esto no le había partido el corazón. Se lo habían llevado y lo habían azotado, pero esto no le había partido el corazón. Y ahora le habían clavado en la cruz, pero ni aun esto le había partido el corazón. Estaba allí ultrajando a Dios. Pero cuando vio al salvador amante pudo darse cuenta de su amor y esto bastó para partirle el corazón.

Oí una vez de un joven cuyo corazón era duro como el pedernal. Su padre le amaba más que su propia vida y había tratado de hacer todo lo posible para ganarse a aquel hijo pródigo. Cuando el padre se estaba muriendo enviaron a buscarle, mas él se negó a ir. Pero después de la muerte del padre regresó a la casa para asistir al entierro, pero no brotó ni una lágrima de sus ojos.

Siguió a su padre hasta su último hogar de descanso y no derramó una, lágrima sobre su tumba. Pero cuando llegó a la casa y se leyó el testamento hallaron que el padre no había olvidado al hijo pródigo, sino que le había recordado con cariño en su testamento y esta prueba de amor del padre le partió el corazón. Y así yo creo que esto es lo que tiene que haberle ocurrido a este ladrón cuando oyó al salvador que decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.» Penetró en su corazón como un dardo y fue redargüido de pecado.

La confesión sigue a la convicción

El siguiente punto que vemos en este hombre es que confiesa su pecado. Dice a su compañero ladrón: «Nosotros sufrimos justamente; lo merecemos.» No he visto nunca que un hombre se salvara a menos que ocupara su sitio como pecador. Caín no confesó nunca su pecado. Judas no confesó nunca su pecado a Dios, aunque fue y lo confesó a los hombres.

Ahora bien, quiero decir que no he venido para instaros a que confeséis vuestros pecados a ningún hombre a menos que hayáis cometido un pecado contra otro y éste esté tropezando en él; si es así id y confesadlo, ciertamente. No hemos de confesar nuestros pecados a nadie sino a Dios. No tengo mucha simpatía por las personas que siempre están corriendo a otros para confesarles sus pecados. No hay sacerdote en la tierra que pueda perdonar pecados. Tengo un sumo sacerdote que es «sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec», el único hombre del cual nos dicen las Escrituras que confesó sus pecados a los hombres fue Judas y éste fue y se colgó.

La fe en Cristo

Lo que sigue respecto a este ladrón es su fe en Cristo Jesús. Hablamos de la fe de Abraham y de Moisés, pero este ladrón tuvo la fe más notable de que tenemos referencias. Se colocó a la cabeza de todos pasando a muchos que tuvieron una fe maravillosa. No había oído ningún sermón, no había visto el cetro en las manos de Cristo ni corona en su cabeza, no había presenciado ninguna de sus obras maravillosas y, con todo, tuvo una fe maravillosa. Dios estuvo veinticinco años afinando la fe de Abraham.

Dios visitó a Moisés en la zarza ardiendo e Isaías vio a Dios elevado en su trono, pero no vemos nada de esto en el caso del ladrón. Hubo muchos que habían conocido a Cristo y visto sus actos estupendos. Los discípulos habían oído sus sermones y le habían visto resucitar muertos y, con todo, le habían olvidado y abandonado. En cambio, en medio de las tinieblas, este pobre ladrón tiene fe en Él, porque aunque los judíos habían clavado sus pies y manos a la cruz, él tenía los ojos abiertos y podía mirar a Jesús. No clavaron su corazón a la cruz y es con el corazón que cree el hombre, según leemos en Romanos, y es con el corazón que creyó. Aquí hay fe digna de ser emulada.

No se avergonzó de Cristo

Lo siguiente es que confesó a Cristo en este período sombrío. Era la hora más negra del peregrinaje de Cristo aquí abajo. No vamos a ver una hora más negra en este mundo. El pecado del mundo estaba sobre Él; el cielo estaba cerrado contra Él, cerrado bajo siete llaves. Y ahora estaba colgando del madero llevando nuestros pecados, y está escrito: «Maldito el que es colgado de un madero.» Y aun Dios tenía que esconder su rostro de Él porque no podía contemplar el pecado y Cristo estaba llevando el pecado de todo el mundo.

Creo que esto es lo que quiere decir Cristo cuando en el huerto de Getsemaní ruega que pase de Él aquella copa si es posible. Hasta aquel momento había visto el rostro de su Padre y sabía que era bendito en Él, y ?e vez en cuando llegaba una voz del cielo que decía: «Este es mi hijo amado.» Pero ahora estaba ocupando nuestro lugar delante de Dios como si fuera un pecador, y Dios había escondido su rostro de ÉI.

Sí, esto partía el corazón del salvador y ahora, cuando se acercan las tinieblas sobre la creación y la luna se ha de tornar en sangre y el sol ha de velarse porque no puede contemplar la terrible escena y Pedro, uno de los discípulos más conspicuos, le había negado con una maldición y jurado que no le conocía, y Judas, uno de sus propios discípulos, le había vendido por treinta piezas de plata, y los hombres principales de la nación se burlaban de Él diciendo: «A otros salvó; sálvese a sí mismo si es el Cristo», entre las sombras y tinieblas aparece esta señal de fe del ladrón: «Señor acuérdate de mí.» Le llamó Señor allí mismo y le dijo al otro ladrón: «Este hombre no ha hecho nada malo.» Gracias a Dios por esta confesión. Éstas son una fe y una confesión verdaderas. Si quieres ser salvo has de tener fe en Cristo y estar dispuesto a confesarle ante los hombres.

«Señor, acuérdate. »

Demos una mirada a la oración del ladrón. La gente dice: «Oh, si oras pidiendo la salvación la conseguírás.» Sí, pero recuerda que has de tener fe en Cristo antes de orar. Él tenía fe en Cristo y ahora le llama «Señor». Era la voz de un joven convertido: «Señor, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.» No fue una oración muy larga, pero sí una oración al rojo vivo que salía de su corazón. Algunos dicen que no se puede orar sin un libro de oraciones.

Pero el pobre ladrón no tenía ningún libro de oraciones y si en aquel entonces hubieran existido no había nadie más que se lo diera. Quería la salvación, simplemente quería ser salvo, y exclamó desde su corazón: «Señor, acuérdate de mí», y no se ha pronunciado u oído una oración más elocuente que ésta en la tierra. Pero no sólo esto, consiguió más de lo que pedía, porque sólo pedía que se le recordara. Siempre obtenemos más de lo que pedimos cuando vamos al Señor.

La última mirada del mundo a Cristo

Cuando muere un gran hombre todo el mundo está ansioso de conocer sus últimas palabras y actos. Es dulce conocer las últimas palabras del Hijo de Dios. La última vez que el mundo pudo contemplar a Cristo fue cuando estaba en la cruz. No le había visto más desde entonces. No se nos dice que ningún gentil contemplara a Cristo después que se levantó de los muertos.

La última ocasión en que el mundo vio a Cristo fue cuando salvó a un pobre pecador que colgaba de la cruz, salvándole de las mismas garras del infierno, del poder de Satanás. Cristo le sacó de entre la mismas garras de Satán y le dijo: «Hoy estarás conmigo en el paraíso.» El león de la tribu de Judá venció al león del infierno y arrebató al ladrón moribundo, como un cordero, de las fauces de Satán. «Hoy estarás conmigo en el paraíso.» Éste es el glorioso evangelio. Libre de la ley. No hay condenación para los que están en Cristo Jesús. ¡Libre! ¡Libre!

En los días de Wilberforce, cuando fue abolida la esclavitud y se decía que ningún esclavo vivía bajo el poder de Norteamérica, la noticia se esparció rápidamente y cuando el capitán de un barco iba a una isla distante, en los dominios en que había esclavos, los negros procuraban conocer la noticia y saber si era verdad. Estaban ansiosos de saber si se había aprobado la ley que los hacía libres. Y cuando el capitán llegó a la vista de la pequeña isla y ellos estaban esperando la noticia, el capitán se puso un altavoz en la boca y gritó: « ¡ Libres! ¡ Libres! » Y el grito, resonó por toda la isla. ¡Libres! ¡Libres! Y gritaban de gozo, porque ya no eran esclavos. Yo os traigo buenas noticias. El Hijo de Dios dirá la palabra: «Libres.» Dijo la palabra en la cruz y el pobre ladrón era un hombre libre y Satán no podía apoderarse de él.

¡Pensemos en el tremendo contraste! Por la mañana, llevado como un pobre reo, maldiciendo y apostrofando al Hijo de Dios mismo; por la tarde cantando el cántico nuevo de la redención. Aquella noche estaba junto al trono cantando el dulce cántico de Moisés y del cordero. Por la mañana maldiciendo, por la noche cantando: «Gloria a Dios en las alturas.» ¿No es esto un gran cambio? ¡Qué contraste! ¡Piénsalo, pecador! Condenado por la mañana por los hombres, echado de la tierra por ser demasiado vil, y por la noche bueno para el cielo, lavado por la sangre del Cordero y Cristo dispuesto a recibirle en el reino del cielo.

Cristo no estaba avergonzado de andar por las calles de oro del cielo con él. El ladrón oyó la exclamación en la cruz cuando Cristo dijo: «Consumado es.» ¡Qué gozo debe haber inundado su alma al oír este grito! «Mi salvación ha sido completa ahora.» Vio la lanza que se hundía en el costado y la sangre que fluía, y yo puedo ver el brillo de su faz iluminada por la gloria. «Sin derramamiento de sangre no hay perdón de pecados.» Era una vista triste, pero gloriosa.

Lo mejor que se puede hacer

Ahora, joven, ¿quieres ser salvo? ¿Estás dispuesto a confesar a Jesús como tu Señor y salvador y ocupar tu lugar junto al maestro y decir: A partir de este momento serviré al Señor Jesús? Si es así será la mejor noche de tu vida hasta ese momento. Todo cristiano verdadero debería seguir este consejo y si yo pudiera gritar de forma que se me oyera en el trono y preguntara al salvador qué es lo que Él quiere que tú hagas se oiría una voz desde los cielos que diría: « Dile que busque la salvación.»

Cuando el pobre ladrón se convirtió probablemente era la primera vez que había oído hablar del Señor Jesucristo o que había sido invitado. Pero con toda seguridad no se da este caso con respecto a ti. ¡Cuántas personas hay que aplazan una y otra vez la salvación hasta que ya es demasiado tarde! Hay muchos que viven en el futuro. Es mejor ser prudente y entrar en el reino de Dios ahora. Que tu oración, como la del pobre ladrón, suba al cielo desde tu corazón: «Señor, acuérdate de mí», y no pedirás en vano.

Una conversión oportuna

Un ministro de Edinburgo cuenta la historia de la conversión de un joven que trabajaba en uno de los distritos mineros. Cuando hubo terminado la reunión en una de las Iglesias, cierta noche, el ministro le vio de pie junto a una columna, en la Iglesia, cuando ya casi todos se habían ido y le preguntaron por qué no se había ido ya a su casa. El joven contestó: «He decidido que no voy a salir de esta Iglesia hasta que me haya hecho cristiano», así que se quedaron y hablaron con él.

Era lo mejor que podía hacer. Quisiera que cada uno aquí hiciera lo mismo. Decídete, no salgas de aquí hasta que hayas puesto en orden tu alma para la eternidad. En el caso de este joven, al día siguiente, mientras trabajaba en la mina, cayó sobre él un gran pedazo de carbón y lo mató. Acababa de decir a uno de sus compañeros: «Hice muy bien en resolver este asunto anoche, ¿no?» Joven, voy a dejarte que contestes la pregunta: ¿No fue bueno que el minero de esta historia resolviera la cuestión aquella noche?

Un joven que estaba en el ejército durante la guerra civil me dijo que cuando supo que su hermano, de quien nunca se había separado, se había alistado en cierto regimiento, fue él mismo y escribió su nombre debajo del de su hermano. Comían juntos, marchaban juntos y luchaban uno al lado del otro. Al fin el hermano fue herido por una bala minnie y cayó a su lado mortalmente herido. El joven vio claramente que el hermano había de morir y como la batalla estaba en lo más encarnizado y él no podía hacer nada por el hermano le puso la mochila bajo la cabeza para que estuviera lo más cómodo posible e inclinándose sobre él le besó, se despidió de él y le dejó para que muriera.

Cuando se alejaba su hermano le llamó: «Charlie, ven otra vez, quiero volver a besarte.» El joven se inclinó hacia el hermano herido y éste le besó y le dijo: «Toma este beso para mi madre y dile que morí orando por ella.» «Cuando me aparté», dijo el joven, «pude oír que decía: “Esto es la gloria y le miré, lleno como estaba de sangre por todo el cuerpo y me pregunté qué querría decir. Le pregunté qué era la “gloria”, y él dijo: “Charlie, es el morir mirando y viendo a Cristo en el cielo.”»

Morir mirando hacia arriba

Si quieres morir mirando y viendo a Cristo busca el reino de Dios. Es posible que no oigas la llamada otra vez. No dejes este lugar sin haber dejado resuelta esta solemne cuestión de la eternidad. ¡Hazlo al instante!

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“Y sabrán los egipcios que yo soy Jehová.” Éxodo 7:5.

21 de Enero
“Y sabrán los egipcios que yo soy Jehová.” Éxodo 7:5.

a1Es difícil enseñar al mundo impío. Egipto no conoce a Jehová y por eso se atreve a entronizar sus ídolos, e incluso se aventura a preguntar: “¿Quién es Jehová?” Sin embargo, el Señor tiene el propósito de quebrantar a los corazones altivos, ya sea que quieran o no. Cuando Sus juicios truenen sobre sus cabezas, oscurezcan sus cielos, destruyan sus cosechas, y maten a sus hijos, comenzarán a discernir algo del poder de Jehová. Todavía habrán de ocurrir cosas en la tierra que pondrán a los escépticos de rodillas. No desmayemos a causa de sus blasfemias, pues el Señor puede cuidar de Su propio nombre, y lo hará de una manera muy eficaz.

La salvación de Su propio pueblo fue otro medio poderoso de hacer que Egipto supiera que el Dios de Israel era Jehová, el Dios vivo y verdadero. Ningún israelita murió por causa de alguna de las plagas. Nadie de la simiente elegida murió ahogado en el Mar Rojo. De igual manera, la salvación de los elegidos, y la segura glorificación de todos los verdaderos creyentes, hará que los más obstinados enemigos de Dios reconozcan que Jehová es el Dios.

¡Oh, que Su poder de convencimiento salga por Su Santo Espíritu en la predicación del Evangelio, hasta que todas las naciones se inclinen delante del nombre de Jesús, y lo llamen Señor!

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

Spurgeon, C. H. (2008). La Chequera del Banco de la Fe. Bellingham, WA: Logos Bible Software.

El evangelio y la riqueza

 

Autor: Juan Stam

El evangelio y la riqueza: el paradigma cristológico (2 Cor 8-9)

a1“Porque ya conoceís la gracia de nuestro Señor Jesucristo.
que por amor a vosotros se hizo pobre,
siendo rico,
para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.” (2 Cor 8.9)

Debe ser axiomático para todos los que nos llamamos cristianos, que el modelo supremo de nuestra vida, nuestras actitudes y nuestra conducta, tiene que ser el mismo Jesús, según las escrituras. Jesús advertía en muchas ocasiones contra el amor al dinero y a la riqueza y dijo que es imposible servir a Dios y a Mamón (dinero, riqueza). En este texto de 2 Corintios, Jesús mismo nos da el ejemplo, despojándose de sus propias riquezas para compartir con los demás.

Otro pasaje, el gran himno cristológico de Filipenses 2, nos cuenta que Cristo, siendo Señor de señores, aceptó venir a esta tierra en forma de siervo. Y nos dice el texto, “no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse” (Fil 2.6). Llama la atención que estos y otros cambios en la vida de la segunda persona de la trinidad son siempre cambios de Dios el Hijo hacia lo contrario de lo que había sido y de lo que esperaríamos de Dios: el Verbo se hizo carne Jn 1:14; el Señor se hizo siervo Fil 2:6-8; el Rico se hizo pobre 2 Cor 8:9; el Justo fue hecho pecado 2 Cor 5:21; y el Amado fue hecho maldición Gal 3.13. Todos son una especie de “movilidad social” hacia abajo ((se hizo pobre, siervo, carne, pecado, maldición).

El contexto de 2 Corintios 8 y 9

San Pablo, al ir concluyendo su labor misionera, tuvo el gran sueño de llevar a Jerusalén una comitiva de los primeros creyentes (las primicias) de las diversas provincias romanas que él había evangelizado, junto con una generosa ofrenda para los pobres (Rom 15.25-28; 1 Cor 16.1-4; Hch 20.22-24; 21.4,10-14; Gál 2.10). En eso tuvo una doble intención: aliviar la extrema pobreza de los santos de Jerusalén y, segundo, dar un gesto de unidad de la iglesia, ya que las relaciones entre la iglesia de Jerusalén y la misión de Pablo habían sido tirantes. Pablo sabía bien que esa misión sería peligrosa, aun para su vida, pero se mantuvo inconmovible en su propósito.

En los preparativos para esa misión a Jerusalén, Pablo visitó las distintas iglesias solicitando ofrendas para llevar consigo a Jerusalén. En esas giras, tanto la iglesia de Macedonia como la de Corinto habían prometido sus aportes. Los hermanos de Macedonia, desde su pobreza y con mucho sacrificio, habían cumplido lo prometido (8.1-6), pero los de Corinto no (8.7-8). En ese contexto, es claro que Pablo escribe aquí para presionar a los corintios a entregar lo que habían prometido.

Lo sorprendente es que, para pedir fondos, Pablo no apela a la lástima ni al deber, sino a la gracia de Dios. En ningún momento apela a la lástima o la filantropía. Palabras como eleêmosunê (misericordia) o filanthropia (filantropía) o agathôsunê (generosidad, beneficencia) no aparecen en todo el pasaje. Más bien, la palabra clave de los dos capítulos es jaris (gracia), que se usa diez veces: siete veces como designación de la ofrenda para los pobres de Jerusalén (8.1,4,5,7,19; 9.8,14), una vez para la gracia de Cristo (8.9), y dos veces con el sentido de gratitud (9.15 gracias a Dios por su don inefable; 8.16 gracias por la solidaridad de Tito). El apóstol no fundamenta su solicitud de fondos ni en la lástima ni en la necesidad misma, sino en toda una teología de la gracia divina realizada en la acción social por los necesitados.

A partir de este carácter de gracia que reviste la generosidad, Pablo utiliza otros términos teológicos para describir este proyecto de acción social. Son frases del más alto significado teológico, y Pablo las va acumulando para un máximo de énfasis. Esa sencilla contribución monetaria sería “la jaris de la koinonia de la diakonia (8:4). Será un acto de justicia (9.9-10, dikaiosunê). La diakonía de esta leitourgia no sólo suplirá la necesidad de los pobres sino que redundará en mucha eujaristia (9.12) y en mucha doxa (gloria) para Dios (9:13). De esta forma el Apóstol invoca una serie de los términos teológicos más elevados, todo para describir una recolecta monetaria para los pobres. Ese ofrenda era una koinonía, una diakonía, una liturgia y una eucaristía.

El compartir con los necesitados es un carisma (jarisma) que el Espíritu otorga dentro del cuerpo de Cristo (“los que ayuden a otros”, 1 Co 11.28). La gracia de Dios se revela en la generosidad cristiana con los pobres. Nuestro Dios es un Dios que da alimento a todo ser viviente (Sal 136.25; Eclo 7.32-33); como Dios de gracia y misericordia, es el Dios de los necesitados y las viudas, el Padre de los huérfanos y el defensor de los desahuciados. H.H. Eller afirma que en la enseñanza de Jesús, járis nunca tiene el sentido de “favor inmerecido”, sino que consistía esencialmente en la solidaridad de Dios con los débiles, pobres, despreciados y desesperanzados (Mt 11.5,28-30; Mr 10.26-28; Lc 15).

Tres textos resumen el argumento de estos dos capítulos:

1) 8.9 el modelo cristológico, que siendo rico se hizo pobre;

2) 9.8-11 Dios es poderoso para hacer que abunde en vosotros toda gracia, para que teniendo en
todo lo suficente, estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad;

3) 9.15 ¡Gracias a Dios (járis) por su don inefable! (nuestra respuesta eucarística).

¿En qué sentido era “rico” Cristo antes de encarnarse? A primera vista responderíamos, “espiritualmente rico”, pues en el cielo no existen bienes materiales. Sin embargo, eso rompería el paralelismo con la segunda frase (Jesús no era pobre espiritualmente sino materialmente) y no concordaría con el énfasis económico de todo el pasaje. No era un mensaje “espiritual” que Pablo quería comunicar a los corintios.

En el pensamiento hebreo, Dios es el dueño de toda la tierra, y Dios es el único dueño. “De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo y los que en él habitan” (Sal 24.1). “Pues míos son todos los animales salvajes, lo mismo que los ganados de las serranías; mías son las aves de las montañas y todo lo que bulle en el campo. Si yo tuviera hambre, no te lo diría a ti, pues el mundo es mío, con todo lo que hay en él” (Sal 50.10-12, Dios Habla Hoy).

Básica a la teología de la tierra en las escrituras hebreas, es la convicción de que nadie puede ser dueño de nada, porque es Dios quien reparte la tierra entre los seres humanos, que no son más que mayordomos. Por eso, “la tierra no debe venderse a perpetuidad; la tierra es mía, y ustedes sólo están de paso por ella como huéspedes míos” (Lev 25.23 DHH). Por supuesto, no queda ninguna posibilidad del concepto de propiedad privada en esa teología.

Si el Hijo de Dios, Co-Propietario del universo entero, estuvo dispuesto a hacerse pobre para enriquecernos a nosotros, cuánto más debían los cristianos de Corinto compartir sus bienes con los pobres de Jerusalén.

Cristo, siendo rico, se hizo pobre. Su vida comenzó en un pesebre prestado y lo sepultaron en una tumba también prestada. Se crió en una familia de la clase obrera, y durante dieciocho años de su vida ejerció el oficio de carpintero (su ministerio profético, en cambio, duró sólo unos tres años). En una ocasión dijo, comparándose desventajosamente con las zorras y las aves, “las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo de hombre no tiene donde recostar la cabeza” (Lc 9.58). Cristo bendijo a los pobres y denunció a los ricos (Lc 6.20,24; 18.25). Jesús optó libremente por ser pobre y encarnó para nosotros un estilo sencillo de vida.

Después de citar el paradigma cristológico, Pablo introduce una serie de nuevos temas, pero en 2 Cor 9.8-11 aclara el sentido de la última frase de 8.9, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos. Este pasaje del capítulo 9, muy citado por la teología de la prosperidad, merece un análisis cuidadoso:

Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas lo suficiente, abundéis para toda buena obra, como está escrito: Repartió, dio a los pobres; su justicia permanece para siempre. Y el que da semilla al que siembra. y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad…

Dos frases aquí aclaran el enriquecimiento que Cristo nos da: “teniendo siempre en todas las cosas lo suficiente, abundéis para toda buena obra” y “para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad” (que repite el mismo verbo de 8:9). Este lenguaje está muy lejos de una teología de la afluencia capitalista y consumista; habla sólo de “tener lo suficiente”, que es lo que Dios quiere para todos sus hijos e hijas. Específicamente, para los corintios, significaba tener suficiente para vivir con dignidad y también contribuir para los pobres de Jerusalén, lo que describe como “justicia”. No dice nada de una situación económica holgada ni de una vida de abundancia de bienes materiales. Eso, por supuesto, estaría en total contradicción con el paradigma cristológica de 8:9.

Los predicadores de la prosperidad gustan hablar de “la ley de siembra y cosecha”, en el sentido moderno de una ley de causa y efecto. Pero este texto (junto con 9.6-7) no sugiere que Pablo estuviera formulando alguna especie de “ley”, en el sentido moderno de causa y efecto; lo de la siembra y la cosecha no es más que una ilustración. Además, todo el énfasis de estos versículos, como de los dos capítulos, es sobre la generosidad en compartir los bienes que tenemos, no en acumular más bienes. Debe notarse, también, que Pablo no está pidiendo para sí mismo ni para su labor misionera sino para los pobres de Jerusalén. Qué diferente a las “maratónicas” de algunos canales de televisión y emisoras de radio, que recaudan grandes cantidades de dinero pero lo que menos se les ocurriría es repartirlo entre los pobres.

En los versículos finales del capítulo (9.11-14) Pablo describe la reacción en cadena que ocurre cuando compartimos con los pobres: El clímax de esta solicitud de ofrendas es un verdadero éxtasis de alabanza por las consecuencias de la gracia de Dios encarnada en ayuda a los pobres. En esa situación de extrema pobreza en Jerusalén, y de relativa comodidad en Corinto, la gracia de compartir hará nacer una nueva esperanza. Terminada la ingrata tarea de solicitar fondos, Pablo irrumpe en una cascada de júblio que anticipa las consecuencias de la contribución de los corintios:

“[Dios] hará que ustedes produzcan una abundante cosecha de justicia. Ustedes serán enriquecidos en todo sentido para que en toda ocasión puedan ser generosos, y para que por medio de nosotros la generosidad de ustedes resulte en acciones de gracias (eujaristia) a Dios. Esta ayuda (diakonia) que es un servicio sagrado (leitourgia) no sólo suple las necesidades de los santos sino que también redunda en abundantes acciones de gracias (eujaristia) a Dios. En efecto, al recibir esta demostración de servicio (diakonia), ellos alabarán (doxazô) a Dios por la obediencia con que ustedes acompañan la confesión (homologia) del evangelio de Jesucristo, y por su generosa solidaridad (koinônia) con ellos y con todos. Además, en las oraciones de ellos por ustedes, expresarán el afecto que les tienen por la sobreabundante gracia (jaris, ¡la ofrendita de los corintios!) que ustedes han recibido de Dios.

¡Gracias (jaris) a Dios por su don inefable! (9.10-15 DHH).

Algo muy extraño y muy importante está occurriendo aquí. En medio de la necesidad de los pobres de Jerusalén y la renuencia de los acomodados de Corinto, la gracia de Dios ha entrado en acción. Pablo da por sentado que los corintios van a responder y enviar su ofrenda y da rienda suelta a su fe y su exuberante imaginación creativa para anticipar todos los trascendentales resultados de dicha gracia. Nada indica que el aporte de ellos iba a ser de sumas grandes; lo grande sería la gracia de Dios en la práctica consecuente de ellos.

Y es que la praxis del amor eficaz logra una transformación de la realidad. La esperada ofrenda de los corintios ha transformado el círculo vicioso de la des-gracia en el círculo eucarístico de la gracia. La práctica de la justicica introduce situaciones totalmente nuevas, donde la gracia de Dios comienza a actuar en reacción de cadenas de bendición.

Para que haya igualdad (8.13-14). Hay otro énfasis en estos capítulos que merece atención especial. Dos veces en dos versículos Pablo insiste en el ideal cristiano de la igualdad:

“No se trata de que por ayudar a otros ustedes pasan necesidad; se trata más bien de que haya igualdad. Ahora ustedes tienen lo que a ellos les falta; en otra ocasión ellos tendrán lo que les falta a ustedes, y de esta manera habrá igualdad” (8:13-14 DHH).

El paradigma cristológico de 8.9, que domina todo este bloque textual, implica también un compromiso con la igualdad. Siendo inmensamente rico (según el pensamiento hebreo y paulino), Jesucristo quiso “anivelarse” con nosotros y vivir como un pobre entre los pobres (aunque tampoco en miseria).

De hecho, la igualdad es el principio central de toda la enseñanza social y económica de Israel. Partiendo del principio de que Dios es el único dueño de todos los bienes, la legislación hebrea estaba diseñada para defender al pobre y buscar la mayor igualdad posible en el pueblo. El intento evidente del sistema socio-económico propuesto para Israel era evitar que la prohibición del hurto se malinterpretara como justificación de la acumulación desigual de riquezas. Dios se declara padre de los huérfanos, abogado defensor de las viudas, y amigo protector de los extranjeros y los desahuciados (Dt 10.18; Sal 68.5; Ex 22.21-24). La visión profética es de una sociedad en que “todos vivirán sin temor, y cada cual podrá descansar a la sombra de su vid y su higuera” (Miq 4.4; Zac 3.10).

El tema de la legislación social de Israel es amplísimo, pero ahora sólo podemos mencionar un aspecto central: el año sabático y el Jubileo. Las fiestas judías se configuraron mayormente por la experiencia histórica del éxodo, y se destaca entre ellas una triple secuencia a base de ciclos de siete. El séptimo día de cada semana se celebraba el Shabat; cada séptimo año se debía celebrar el año sabático de la tierra (Dt 15.1-11; Lv 25.1-7.18-22); y después de siete sábados de la tierra (49 años), el siguiente año debía ser un año de jubileo (Lv 25.8-17,23-34; 27.16-25). La estructura simétrica de este ciclo, a base de sietes (derivado también de la creación), acentúa su importancia.

En breve resumen, el día del sábado significaba una declaración de libertad para el trabajo humano y el descanso semanal para la tierra y los animales (Ex 23.12). Por otra parte el sábado de la tierra, entre sus varias versiones, incluía tres elementos: (1) barbecho de la tierra durante el año, con sus productos no cultivados designados para los pobres (Ex 23.10s; Lv 25.2-7; Neh 10.32); (2) la liberación de todo israelita bajo servidumbre (Ex 21.2-11; Dt 15.12-18; Jer 34.8-17); (3) la condonación de toda deuda contraída (Dt 15.1-11). Hoy día, ante la agobiante crisis de la deuda externa de los paises del tercer mundo, esta teología del préstamo ha captado la atención de muchos líderes latinoamericanos (¡hasta de Fidel Castro! Ocurrió en una consulta sobre la deuda externa en la Habana en los años 80).

El Jubileo se describe sólo en Lev 25 y está menos documentado que el año sabático. Se menciona también en Lev 27.17-24, Nm 36.4 y Ezq 46.17, con alusiones también en Jer 34 (“promulgar cada uno libertad a su prójimo” 34.8,15,17) e Isa 61 (“proclamar libertad a los cautivos” 61.1; “proclamar el año agradable de Yahvé” 61.2) y algunos otros pasajes. Su base histórico-salvífica es la repartición original de la tierra en igualdad y justicia: “A los grupos más numerosos les darás una porción mayor, y a los grupos menos numerosos una porción menor”, a cada tribu según el censo (Nm 26.54; 33.54). El Jubileo formula legalmente lo que los profetas articulan moralmente cuando denuncian la acumulación de propiedades (Is 5.8; Miq 2.2).

“Pregonareís libertad en la tierra a todos sus moradores” (Lv 25.10) es la consigna del Jubileo. Y como no puede haber libertad sin justicia económica, el otro tema es la tierra familiar. Christopher Wright afirma que el sistema socioeconómico de Israel “tenía dos características que contrastaban totalmente con la estructura económica cananea”: (1) la distribución equitativa y (2) la inalienabilidad de la tierra, para que no pasara definitivamente a otras familias.

Para lograr la justicia y la igualdad, el autor sacerdotal no confía simplemente en la conciencia moral y la buena voluntad, ni iniciativas individuales privadas; plantea más bien un sistema de legislación nacional con un plan detallado de reforma agraria cada 50 años (Lv 26.10-17,23-34). En contraste con el neoliberalismo, diseñado a favor de los poderosos para crear desigualdad a base de la libre competencia y la no-intervención estatal, el Jubileo pretende legislar un sistema social que rectifique periódicamente la infraestructura económica para defender la máxima igualdad social.

Es cierto que hay problemas históricos en cuanto a esta legislación, pero es claro que el Jubileo (junto con el año sabático) expresaba la profunda convicción de los autores bíblicos, especialmente los profetas. No cumplirlo era una violación del pacto, que Dios también castigaría (Lv 26.34,43; 2 Cr 36.21; Jer 34.16-18). Cuando no se cumplía, era por el pecado humano. Por eso, en los profetas, este doble tema va tomando dimensiones mesiánicas y escatológicas (Is 35; 58; 61; Ez 47.14). Esta esperanza, postergada y profundizada a la vez, se expresa elocuentemente en Is 61.1-3:

El espíritu del Señor está sobre mí,
porque el Señor me ha consagrado;
me ha enviado a dar buenas nuevas a los pobres,
a aliviar a los afligidos,
2a anunciar libertad (QâRâA DeRôR) a los presos,
libertad a los que están en la carcel,
a anunciar (QâRâA) el año favorable del Señor,
el día en que nuestro Dios
nos vengan de nuestros enemigos.
Me ha enviado a consolar a todos los tristes,
3a dar a los afligidos de Sión
una corona en vez de ceniza,
perfume de alegría en vez de llanto,
cantos de alabanza en vez de desesperación… (DHH)

Siglos después, según San Lucas (4.18s), Jesús en su proclama inaugural aplica este pasaje jubilar (más una frase de Is 58.6, otro pasaje jubilar) a su propio ministerio redentor. Igual que en Is 61.2, “el año favorable del Señor”, que proclama libertad a los cautivos, debe entenderse como el Jubileo. En este “manifiesto de Nazareth” Jesús asume el rol del Ungido que había de traer el Jubileo (“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido” 4.18; cf 3.22) e identifica las metas y valores de su Reino con los del Jubileo. Su ministerio era en verdad “buenas nuevas para los pobres”; sus milagros eran señales del Jubileo prometido.

La proclama de Jesús en Nazaret se reafirma en el día de Pentecostés. Como era el día del sábado al año sabático (séptimo día y séptimo año), era también el día de Pentecostés al año de jubileo (50 días, 50 años). Es impresionante ver el paralelo de Hch 2 con Isa 61 y Lc 4. Al inicio del capítulo “el Espíritu del Señor” viene ahora sobre sobre la iglesia, cuerpo vivo del Mesías resucitado (Hch 2.1-13; cf Is 61.1). Y al final del capítulo, la comunidad mesiánica practica el Jubileo y realiza “buenas nuevas para los pobres” con un proyecto de comedores populares (Hch 2.42-47; 4.31-5.11, 6.1-7). El ideal del año sabático, que “no habrá pobres entre ustedes” (Dt 15.4), se realizó en la comunidad pentecostal: “No había entre ellos ningún necesitado” (Hch 4.34) porque “ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía” (4.32). En el día de Pentecostés, el Espíritu inspiró un verdadero Jubileo y un anticipo de la comunidad de bienes de la Nueva Jerusalen.

El proyecto económico que comenzó el día de Pentecostés se prolongó hasta el final del ministerio de San Pablo. Cuando Pablo y Bernabé subieron a Jerususalén para consultar con los apóstoles sobre la misión a los gentiles, éstos les dieron su aval pero “solamente nos pidieron que nos acordáramos de los pobres, cosa que he procurado hacer con todo cuidado” (Gál 2.10 DHH). Uno de los primeros proyectos de Pablo como cristiano fue el de llevar ayuda a los necesitados de Judea (Hch 11.29s). Y al final de su ministerio, en el corazón de Pablo nace el sueño osado de juntar a los primeros creyentes de las comunidades gentiles y monedas de las distintas provincias del imperio, para llevarlo a Jerusalén para los pobres (Ro 15.25-26; 1Co 16.1-4; 2 Cor 8-9; Hch 20.22s; 21.10-14). Pablo dedicó la culminación de su ministerio al mismo proyecto de Jubileo que nació el día de Pentecostés.

Esa visión escatológico-económica se realiza plenamente en Ap 21-22. La igualdad es un valor bíblico; la desigualdad, un anti-valor anti-bíblico. En el reino de Dios todos seremos reyes y sacerdotes; nadie será más rey y sacerdote, nadie será menos rey y sacerdote. Entoces el oro y las perlas y las piedras preciosas, antes prostituídas en las manos del imperio, serán de todo el pueblo (las calles y muros y fundamentos del pueblo: Apoc 21:9-21). De hecho, la visión de abundancia e igualdad con que concluye la Biblia no es sino la culminación de toda una teología bíblica de los bienes materiales. Desde el pentateuco hasta el Apocalipsis, la teología bíblica de lo económico es un mensaje de justicia e igualdad. La visión de la Nueva Jerusalén debe ser la inspiración y la orientación de los cristianos de hoy ante los desafíos complejos del futuro de nuestro continente.

La literatura apocalíptica judeo-cristiana, siguiendo fielmente esta larga tradición bíblica, hace también aportes valiosos a esta visión de abundancia para todos. Muy citada es 2 Baruc 29.4:

La tierra dará frutos diez mil veces mayor. Cada vid tendrá mil ramas, y cada rama producirá mil racimos de uvas, y cada rácimo producirá mil uvas, y cada uva dará un cor de vino [200 litros]…Y los hambrientos se gozarán y verán maravillas cada día. Vientos saldrá cada mañana de delante de mí a llevar la fragancia de frutos aromáticas, y nubes al final del día destilarán el rocío del cielo. Y en aquel tiempo los tesoros del maná caerán de nuevo del cielo, y comerán de él.

La alusión al `”maná escondido” en Ap 2.17 muestra que Juan conocía la misma tradición de 2 Baruc 29 y corrobora el cuadro de abundancia para todos que nos dan los últimos capítulos del Apocalipsis.

Otra literatura antigua judeo-cristiana confirma dramáticamente el ideal de igualdad en el reino mesiánico:

…y todos disfrutarán de vida común y riqueza. La tierra será de todos por igual; sin estar dividida por muros ni cercados, producirá algún día frutos más abundantes. Y dará frutos de dulce vino, de blanca leche y de miel…cuando Dios haga cambiar los tiempos…y transforme el invierno en verano. (Oráculo Sibilino 8.208-215)

La tierra, de todos por igual, sin estar dividida por muros ni cercados, producirá entonces frutos más abundantes por sí sola. Compartirán los recursos sin dividir la riqueza, pues allí no habrá ni pobres ni ricos, ni amos ni esclavos, ni grandes ni pequeños, ni reyes ni caudillos. En común y unidos vivirán todos. (Or Sib 2.319-324)

Esta visión judeo-cristiana es el proyecto económico de Dios para la historia humana. Por ella oramos cuando decimos “venga tu reino, hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo”. Nuestras opciones y nuestra conducta se orientan por el mandato de “buscar primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mat 6:33) y, en términos escatológicos, su abundancia y su igualdad. Cualquier otro programa es el proyecto de la bestia, no de Dios y su Cordero.

Muy de acuerdo con esta visión profética son las palabras de nuestro gran poeta costarricense, Jorge Debravo:

Yo deseo que todo, que la vida sea nuestra
como el agua y el viento.
Que nadie tenga más patria que el vecino.
Que nadie diga más la finca mía…
sino la finca nuestra, de nosotros los hombres.
(del poema “Nosotros los hombres”)

Me gustaría tener manos enormes,
violentas y salvajes,
para arrancar fronteras una a una
y dejar de frontera solo el aire.

Que nadie tenga tierra
como se tiene tierra;
que todos tengan tierra
como tienen el aire.
(del poema “Nocturno sin patria”)

BIBLIOGRAFÍA:

Camargo, Jesús, “Realidad económica y fe cristiana”, Boletin Teológico #65, enero-marzo 1997, 27-58

de Vaux, R, Instituciones del Antiguo Israel (Barcelona: Herder 1985)

Eller, H.H., “Gracia” en Lothar Coenen et al., Diccionario teológico del Nuevo Testamento (Salamanca: Sígueme 1980), Tomo II, p.237-238.

Gnuse, Robert, Comunidad y propiedad en la tradición bíblica, Verbo Divino, Estella, Navarra, 1987.

Maertens, Thierry Fiesta en honor de Yahvé (Madrid: Cristiandad 1964)

Richard, Pablo, “Ya es tiempo de proclamar un jubileo”, Vida y Pensamiento 18:2 octubre 1998, 7-34

Stam, Juan, “El poder económico de la gran bestia” en Apocalipsis y Profecía (Buenos Aires: Kairós, 1998).

Stam, Juan, “La sobreabundancia de la multiforme gracia de Dios” en Gracia, Cruz, Esperanza, Israel Batista ed (Quito: CLAI 2004), pp. 25-40

Wright, Christopher, Wright, Anchor Bible Dictionary, 1992, Tomo III, pP. 1025-1029

Wright, Christopher, “Sabbatical Year” Anchor Bible Dictionary (NY: Doubleday 1992) Tomo V, pp. 857-861

http://www.juanstam.com/dnn/Blogs/tabid/110/EntryId/185/Default.aspx

“Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.” Apocalipsis 2:7.

20 de Enero
“Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.” Apocalipsis 2:7.

a1Ningún hombre puede dar la espalda en el día de la batalla, ni rehusar ir a la guerra santa. Debemos luchar si hemos de reinar, y debemos continuar la guerra hasta que venzamos a todo enemigo, pues de lo contrario esta promesa no es para nosotros, pues es únicamente para “el que venciere”. Hemos de vencer a los falsos profetas que han venido al mundo, y a todos los males que acompañan su enseñanza. Hemos de vencer nuestra propia languidez de corazón y la tendencia a perder nuestro primer amor. Lean toda la palabra del Espíritu a la iglesia de Éfeso.

Si por gracia salimos airosos, como saldremos si en verdad seguimos a nuestro Líder victorioso, entonces seremos admitidos al propio centro del paraíso de Dios, y se nos permitirá pasar junto al querubín y su espada de fuego, y acercarnos al árbol protegido, del cual, si un hombre comiere, vivirá para siempre. Escaparemos así de esa muerte sin fin que es la condena del pecado, y ganaremos esa vida eterna que es el sello de la inocencia, el resultado de los principios inmortales de la santidad semejante a Dios. ¡Vamos, corazón mío, ten valor! Huir del conflicto sería perder los gozos del nuevo y mejor Edén; combatir hasta la victoria es caminar con Dios en el Paraíso.

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

Spurgeon, C. H. (2008). La Chequera del Banco de la Fe. Bellingham, WA: Logos Bible Software.

“Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.” Romanos 10:9.

19 de Enero
“Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.” Romanos 10:9.

a1Debe haber confesión con la boca. ¿He hecho esa confesión? ¿He declarado abiertamente mi fe en Jesús como el Salvador a quien Dios ha levantado de los muertos, y lo he hecho de la manera requerida por Dios? He de contestar honestamente esta pregunta.

Debe haber también fe en el corazón. ¿Creo sinceramente en el Señor Jesús resucitado? ¿Confío en Él como mi única esperanza de salvación? ¿Brota de mi corazón esta confianza? He de contestar esto como delante de Dios.

Si yo pudiera en verdad afirmar que he confesado a Cristo y he creído en Él, entonces soy salvo. El texto no dice que podría ser así, sino que es evidente y claro como el sol en los cielos: “Serás salvo.” Como un creyente y como un profesante, puedo echar mano de la promesa, y argumentarla delante del Señor Dios en este momento, y a lo largo de toda la vida, y en la hora de la muerte, y en el día del juicio.

He de ser salvo de la culpa del pecado, del poder del pecado, del castigo del pecado, y por último del propio ser del pecado. Dios lo ha dicho: “Serás salvo.” Yo lo creo. Seré salvo: soy salvo. ¡Gloria a Dios por siempre y para siempre!

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

Spurgeon, C. H. (2008). La Chequera del Banco de la Fe. Bellingham, WA: Logos Bible Software.

“Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje.” Isaías 53:10.

18 de Enero
“Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje.” Isaías 53:10.

a1Nuestro Señor Jesús no murió en vano. Su muerte fue expiatoria: Él murió como nuestro sustituto, porque la muerte era el castigo por nuestros pecados; y debido a que Su sustitución fue aceptada por Dios, Él ha salvado a aquellos por quienes puso Su vida en sacrificio. Por la muerte se volvió como el grano de trigo que lleva mucho fruto. Debe haber una descendencia de hijos para Jesús; Él es “el Padre eterno.” Él dirá: “Yo y los hijos que me dio Jehová.”

Un hombre es honrado en sus hijos, y Jesús tiene Su aljaba llena de estas saetas de los valientes. Un hombre es representado en sus hijos, y así es representado el Cristo en los cristianos. La vida de un hombre parece ser prolongada y extendida en su simiente; y así la vida de Jesús es continuada en los creyentes.

Jesús vive, pues ve a Su linaje. Él fija Sus ojos en nosotros, se deleita en nosotros y nos reconoce como el fruto del trabajo de Su alma. Debemos alegrarnos porque nuestro Señor no cesa de gozar el resultado de Su terrible expiación, y porque nunca dejará de deleitar Sus ojos en la cosecha de Su muerte. Esos ojos que una vez lloraron por nosotros, ahora nos miran con placer. Sí, Él mira a aquellos que lo miran a Él. ¡Nuestros ojos se encuentran! ¡Cuán grande gozo es este!
Spurgeon, C. H. (2008). La Chequera del Banco de la Fe. Bellingham, WA: Logos Bible Software.

“Vé, porque yo estoy contigo.” Éxodo 3:12.

17 de Enero
“Vé, porque yo estoy contigo.” Éxodo 3:12.

a1Es evidente que si el Señor enviaba a Moisés en una misión, no lo dejaría ir solo. El tremendo riesgo que involucraría, y el gran poder que requeriría, harían que fuese ridículo que Dios enviara a un pobre hebreo solitario para que confrontara al rey más poderoso de todo el mundo, pero lo dejara solo. No es concebible que un Dios sabio confrontara al pobre Moisés con Faraón y las enormes fuerzas de Egipto. Por esto le dice: “Yo estoy contigo”, para que no hubiese duda de que lo podría enviar solo.

En mi caso, también, la misma regla prevalece. Si salgo en una misión del Señor, confiando solamente en Su poder, y con la mirada fija en Su gloria, es seguro que Él estará conmigo.

Puesto que Él me envía, está obligado a respaldarme. ¿Acaso no basta eso? ¿Qué más podría necesitar? Si todos los ángeles y los arcángeles estuvieran conmigo, yo podría fallar; pero si ÉL está conmigo, habré de tener éxito. Sólo debo cuidarme de actuar dignamente con relación a mi promesa. No he de ir tímidamente, indecisamente, descuidadamente, presuntuosamente. ¡Qué tipo de persona tendría que ser aquella que cuenta con Dios! Con tal compañía me corresponde actuar con mucha hombría, y como Moisés, he de enfrentar a Faraón sin miedo.

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

Spurgeon, C. H. (2008). La Chequera del Banco de la Fe. Bellingham, WA: Logos Bible Software.

ELOGIO A LA MUJER VIRTUOSA

ELOGIO A LA MUJER VIRTUOSA,  Proverbios 31:10–31

Autor: Carro, D., Poe, J. T., Zorzoli, R. O

1. La mujer anhelada, 31:10–12

a1Esta sección se desarrolla dentro de una estructura del alfabeto hebreo (ver 2:1–22; Sal. 34). El v. 10 empieza con una palabra con la primera letra del alfabeto hebreo, alef (es decir, mujer). El último versículo (v. 31) comienza con la palabra hebrea que tiene la letra tau, la última letra del alfabeto hebreo (es decir, dadle). El texto dado en la RVA empieza cada versículo con la palabra que tiene la letra hebrea correspondiente. Tal sistema sirve como una ayuda a la memoria. Por supuesto, la pregunta acerca del origen de esta sección puede contestarse como una extensión de las palabras de la madre de Lemuel (ver 31:1–9) o con un origen desconocido.

El último ejemplo de la mujer en Proverbios destaca a la mujer virtuosa (ver 3:15; 8:11; 20:15). La pregunta retórica del v. 10 busca la respuesta “nadie”. De hecho, el maestro sabio ha mostrado que la esposa prudente es un don de Dios (ver 18:22; 19:14). El tema de la esposa es frecuente en Proverbios (ver 12:4; 18:22; 19:13, 14; 21:9, 19; 25:24; 27:15, 16; además de los pasajes acerca de la mujer adúltera en 2:16 ss.; 5:3 ss.; etc.). La mujer virtuosa de 31:10–31 es anhelada por muchos jóvenes.

El v. 11 pone énfasis en la palabra confía (la letra hebrea es bet). Así la primera característica que se ve en ella es la confianza de parte de su marido. La confianza es algo que cuesta lograr, pero fácil de perder. Hay que cuidar la confianza que alguien ha puesto en uno. Por lo tanto, el v. 12 muestra cómo la esposa es una ayuda idónea para su marido y la edificación del hogar.

Semillero homilético

Una mujer digna 31:10–31

Introducción: Solemos pensar que las mujeres no tenían mucha influencia ni autoridad en el Cercano Oriente en la antigüedad. Pero este proverbio presenta otra perspectiva.

I. Colabora con el esposo, vv. 11, 12, 23, 28, 29.
1. Es digna de confianza, v. 11.
2. Es fuente de bien, v. 12.
3. Es causa de respeto, v. 23.
4. Es objeto de elogio, v. 28.

II. Ejecuta sus negocios con eficacia, vv. 14, 16, 18, 24.
1. Trae mercancía desde lejos, v. 14.
2. Tiene buena cabeza para los negocios, v. 16.
3. Administra sabiamente, v. 16.
4. Aprovecha el mercado y produce hasta lo máximo, v. 18.
5. Sabe tratar con mercaderes, v. 24.

III. Atiende la casa con cariño, vv. 13, 19, 21, 22, 27, 28.
1. Sabe suministrar la ropa para la familia, vv. 13, 19.
2. Provee comida y ropa según la necesidad, v. 21.
3. Vigila la administración del hogar, v. 27.

IV. Simpatiza con los desheredados de la sociedad, v. 20.
1. Los pobres.
2. Los necesitados.

V. Consagra su vida a Dios, v. 30.
1. Un temor sano de Jehová.
2. Tiene hermosura y madurez espiritual.

VI. Merece una recompensa especial, vv. 25, 28.
1. De parte de los hijos, v. 28a.
2. De parte del esposo, v. 28b.

Conclusión: Este proverbio presenta los ideales que representan un desafío para cualquier mujer, mientras desafía al esposo y a los hijos a brindarle el respeto que se merece.

2. La mujer creativa-industriosa, 31:13–19
La mujer muestra su valor en los vv. 13–19. Las diversas actividades dentro del hogar y fuera del hogar sorprenden al lector casual. ¿Cómo es posible que una sola mujer tenga tantas actividades? ¿Se trata de una mujer real o alguna imagen o ficción?

Las actividades muestran la vida cotidiana de aquel entonces. Sus días son largos, desde temprano hasta la noche (vv. 15, 18). Ella, de verdad, se quema las pestañas. Sus manos son muy útiles, tejiendo lana y lino. Se escucha el sonido de la rueca y del huso. Ella rebusca en el mercado los productos necesarios y los mejores precios. Además, invierte en el futuro, comprando un campo y plantando una viña (v. 16). En medio de todas estas actividades, es una ama de casa que prepara la comida diaria para la familia y los siervos (v. 15). Ella nunca se queda con los brazos cruzados, aumentando el valor de los bienes familiares.

3. La mujer íntegra, 31:20–27
Sigue el diálogo sobre la mujer valiosa. Por palabra (v. 26) y por hecho (v. 20), ella muestra la misericordia a los más desafortunados, cumpliendo así lo dicho en 11:25. Además de invertir en el futuro por medio de la viña (v. 16), ella tiene la ropa preparada para su familia cuando la nieve comienza a caer, hasta tejiendo abrigos más gruesos (ver 6:8).
La risa de ella en el v. 25 muestra su confianza absoluta (v. 21; ver Sal. 2:4). Ahora ella es un vendedora de telas y cintas (v. 24), una ocupación común en el mundo antiguo y dentro de los pueblos indígenas de América Latina hoy en día.

El marido de la mujer valiosa es un líder dentro del pueblo (v. 23; ver Rut 4:1–13). Su éxito sin duda es en parte debido a la calidad de la mujer valiosa (ver 1 Tim. 3:4 y 5). Su fuerza y honor (v. 25) junto con su capacidad para hablar con sabiduría (v. 26) se reflejan en el bienestar y el prestigio de su familia dentro de la comunidad. El v. 22 da una lista de los símbolos de la riqueza, que es sólo un factor en el éxito y no el factor del éxito.

El v. 27 vuelve a tratar el tema del cuidado del hogar. Aunque hayan muchas actividades de la mujer, ella no ignora la marcha de su casa (vv. 15, 27). Es una verdadera ama de casa, que no come el pan (ver 4:17; 9:17) de ociosidad (ver 2 Tes. 3:8; Don Quijote, 2.5, donde Teresa, la esposa de Sancho Panza, dice que “los escuderos andantes no comen el pan de balde”).

Semillero homilético

Símiles de la mujer en Proverbios 11:22; 19:13; 27:15; 12:4; 31:10–31

Introducción: Los Proverbios nos ofrecen varios símiles que presentan en forma dramática cualidades, positivas o negativas, de la mujer.

I. Como zarcillo de oro en el hocico de un cerdo, 11:22.
1. Puede ser una persona bella pero mal ubicada.
2. Puede ser inteligente pero testaruda.
3. Puede saber la etiqueta pero no practicarla.

II. Como gotera continua es la mujer rencillosa, 19:13; 27:15.
1. Sus palabras irritan.
2. Sus palabras son persistentes.
3. Sus palabras fatigan y fastidian.

III. Como carcoma en los huesos, 12:4.
1. La mujer mala obra en forma paulatina, para perjudicar.
2. La mujer mala despilfarra lo que logra el esposo.

IV. Como corona de su marido, 12:4, 19:14; 31:1–31.
1. La mujer prudente es dádiva de Dios.
2. La mujer virtuosa luce al esposo, 12:4.

Conclusión: ¿A cuál de estas símiles te pareces tú? ¿Has demostrado a través de tu comportamiento que eres una corona, o quizás eres un anillo de oro en el hocico de un cerdo, o una gotera continua, o carcoma en los huesos?

4. La mujer querida, 31:28–31
Los vv. 28 y 29 revelan el cariño de parte de los hijos y del marido. Bienaventurada (ver 3:13, 18; 8:32, 34; 16:20; 28:14; 29:18), de parte de los hijos, resume lo que ellos han visto en ella: Una mujer profundamente espiritual y trabajadora, en la que la presencia y la bendición divinas se pueden ver concretamente. Lo dicho por el marido es aun más especial. El reconoce que hay muchas mujeres en el pueblo que hacen el bien, ¡pero ella es la mejor! Estas palabras tan sencillas han de escucharse de parte de muchas mujeres cristianas dentro de la América Latina. El marido reconoce la joya que él tiene y no la quiere perder.

Los vv. 30 y 31 son un comentario dado por el maestro de la sabiduría. Es una exhortación y una evaluación de la manera apropiada para juzgar el valor de la mujer. Se da una advertencia contra dos características populares de la mujer. En primer lugar, la Escritura declara que engañosa es la gracia. Nos hace recordar el encanto de la mujer adúltera en 5:3 s. y 7:21 s. En segundo lugar, se afirma que vana es la hermosura. En un canto por Antonio se habla de “las hipócritas hermosuras que engañan al Amor mismo” (ver Don Quijote, 1. 11). Se recuerda el engaño de las mujeres en la vida de Sansón (ver Jue. 14:1 ss.; 16:1 ss.). Este engaño era principalmente la culpa de Sansón mismo, en su forma de evaluar a la mujer. Un escrito judío aconseja que “el joven pone los ojos no sobre la belleza sino sobre la familia potencial” (ver Misná, Taan 4:8). Pablo exhorta a las mujeres a una vida moderada (ver 1 Tim. 2:9 y 10).

La segunda parte del v. 30 subraya la característica esencial de la mujer. Se recalca la naturaleza espiritual de la mujer (es decir, teme a Jehovah como en 1:7; 2:5; 3:7). No hay nada más aburrido que estar con alguien por largo tiempo y que no tenga una espiritualidad desarrollada. Esta característica ha de ser alabada y tal mujer ha de ser reconocida públicamente en la sociedad, un ejemplo digno de imitar (v. 31). Es interesante que las puertas de la ciudad designan el lugar público y aquí también se encuentra el marido (v. 23). La mujer virtuosa cumple el mandamiento de Jesús más tarde: Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, de modo que vean vuestras obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos (ver Mat. 5:16).

¡Que se cumpla lo dicho por Sancho: “Se ha de amar a Nuestro Señor, por sí solo, sin que nos mueva esperanza de gloria o temor de pena”! (Don Quijote, 1. 31)

 

Carro, D., Poe, J. T., Zorzoli, R. O., & Editorial Mundo Hispano (El Paso, T. . (1993–). Comentario bı́blico mundo hispano Proverbios-Cantares (1. ed., pp. 269–273). El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano.

“Todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo.” Joel 2:32.

16 de Enero
“Todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo.” Joel 2:32.

a1¿Por qué no invoco Su nombre? ¿Por qué acudo presurosamente a este vecino y a aquel, cuando Dios está tan cerca y puede oír mi más tenue llamado? ¿Por qué me quedo sentado, y maquino proyectos e invento planes? ¿Por qué no descargo de una vez mi peso y mi persona en el Señor? La distancia más corta entre dos puntos es la línea recta; ¿por qué no corro de inmediato al Dios vivo? En vano habré de buscar liberación en cualquier otra parte; pero con Dios la encontraré; pues aquí tengo la real expresión: ‘SERÁ’ que la garantiza.

No necesito preguntar si puedo invocar el nombre o no, pues esas palabras: “Todo aquel” son amplias y comprensivas. Todo aquel quiere decir yo, pues significa cualquiera y todo el mundo que invoque a Dios. Por tanto voy a seguir la guía del texto y de inmediato invocaré al glorioso Señor que ha hecho una promesa tan grande.

Mi caso es urgente, y no veo cómo habré de ser liberado; pero ese no es asunto mío. El que hace la promesa encontrará las maneras y los medios de cumplirla. A mí me corresponde obedecer Sus mandamientos; a mí no me corresponde dirigir Sus consejos. Yo soy Su siervo, no Su abogado. Yo lo invoco, y Él me librará.

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

Spurgeon, C. H. (2008). La Chequera del Banco de la Fe. Bellingham, WA: Logos Bible Software.