¿QUÉ HACÍA DIOS ANTES DE CREAR AL MUNDO?

Autor: Norman Geisler

¿QUÉ HACÍA DIOS ANTES DE CREAR AL MUNDO?

a1Otra pregunta acerca de Dios que a menudo plantea dificultades es: ¿Qué hacía Dios antes de crear el mundo? Agustín, el famoso erudito cristiano del siglo quinto, tenía dos respuestas: una graciosa y la otra en serio. La primera era que Dios ocupaba su tiempo preparando el infierno para las personas que hacían este tipo de preguntas. La respuesta seria era que no disponía de tiempo porque el tiempo no existía antes de haberse creado.

El tiempo comenzó con la creación. Antes de la creación, el tiempo no existía y, por lo tanto, Dios no disponía de tiempo. El mundo no tuvo principio con una creación en el tiempo sino con la creación del tiempo. Pero, tal vez se pregunten, si el tiempo no existía antes de que comenzara el tiempo, ¿qué había en vez de tiempo? La respuesta es: la eternidad. Dios es eterno, y lo único que había antes de que existiera el tiempo era la eternidad.

Además, la idea implícita en este tipo de pregunta es que un ser infinitamente perfecto como Dios podría aburrirse. El aburrimiento, sin embargo, es un signo de imperfección e insatisfacción, mientras que la satisfacción de Dios es perfecta. Por lo tanto, de ninguna manera se puede concebir a Dios aburriéndose, ni siquiera aunque haya tenido largos períodos de tiempo en sus manos. Una mente infinitamente creativa siempre encuentra algo interesante para hacer. Solo las mentes finitas, cuando no encuentran nada interesante que hacer, se aburren.

Por último, el Dios cristiano son tres personas que están en perfecta comunión. No hay manera de que dicho ser pueda aburrirse o sentirse solo. Además de tener siempre alguien «con quien hablar», este alguien es un ser cuyo amor, comprensión y comunión son perfectas. El aburrimiento en dicho ser es imposible.

¿QUIÉN CREO A DIOS? Edición en español publicada por Editorial Vida – 2007 Miami, Florida

© 2003 por Ravi Zacharias y Norman Geisler

Esto es amor

Septiembre 21

Esto es amor

Lectura bíblica: Deuteronomio 28:1–6

Y sucederá que si escuchas diligentemente la voz de Jehovah tu Dios, procurando poner por obra todos sus mandamientos que yo te mando hoy… bendito serás al entrar, y bendito al salir. Deuteronomio 28:1, 6

a1Cecilia era responsable de hacer ciertas tareas en su casa, pero esa semana no las había hecho. Y cuando sus padres le dijeron que tenía que terminarlas el sábado a la mañana —antes de que empezara a hacer ninguna otra cosa— se puso insolente. Sus padres le explicaron con calma que si ella no podía ayudar con las tareas de la casa esa mañana, ellos no podían dejarla ir a la casa de su amiga esa tarde.

A Cecilia no le hizo gracia tal razonamiento. Miró con rabia a sus padres. Y les gritó:
—¡Si de veras me quisieran, me dejarían hacer lo que quiero!

Tema para comentar: Cuando alguien te hace obedecer alguna regla, ¿es bueno eso? ¿De qué manera nos demuestra amor el hecho de exigirnos hacer lo que es bueno?
No tienes que buscar lejos para encontrar chicos que no entienden que hay una relación entre las reglas y el cariño. No sólo tienen problemas con que sus padres o maestros tengan reglas. Creen que Dios debe ser un señor horrible por habernos dado un libro con tantas órdenes. Razonan una de dos cosas:

(a) Si Dios me amara, no me exigiría que siga ninguna regla.
(b) Si Dios tiene reglas que espera que obedezca, no puede ser que me ame.

Esos chicos están confundidos. El amor es lo que motiva las reglas que Dios establece. La introducción al segundo mandamiento aclara desde el principio: “Porque yo soy Jehovah tu Dios,… muestro misericordia por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos” (Éxodo 20:5, 6).
Cuando Dios dio la ley, dijo que era “para tu bien” (Deuteronomio 10:13). Su propósito era sustentar y proteger a su pueblo. Su meta al dar su ley era asegurar nuestra prosperidad y nuestro gozo, y evitarnos sinsabores y sufrimientos.

Todas las reglas de Dios demuestran el amor de Dios también de otra manera. Son una señal del amor de Dios porque nos indican cómo disfrutar del amor. Todo el propósito de los Diez Mandamientos y otros mandatos bíblicos es explicar exactamente cómo es el amor, y evitar los conflictos con los demás.

Quizá las palabras del rey David lo resumen mejor. Tenía un concepto increíble de las reglas de Dios: “¡Cuánto amo tu ley!… más que el oro, más que el oro puro” (Salmo 119:97, 127). ¡Dios nos dio sus mandatos llenos de amor porque nos ama!

PARA DIALOGAR
¿No te parece maravilloso que Dios te ama tanto que te da lo que necesitas para amarlo a él y amar a otros?

PARA ORAR
Expresa tu gratitud a Dios por la sabiduría de su amor.

PARA HACER
Dedica hoy un momento para adorar al Dios que dio los mandatos bíblicos.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.