Menú 11. Igleburger vs. Dadles vosotros de comer

Menú 11. Igleburger vs. Dadles vosotros de comer

a1¿Entonces, qué es un líder? ¿Qué debe hacer? Para empezar creo que deberíamos hablar de discípulos en vez de líderes, al menos por el momento. Quizás no abarca todo el concepto del liderazgo tal y como lo entendemos ahora. Pero Dios no nos llamó a ser líderes y producir líderes sino a ser discípulos y hacer discípulos:

“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”. Mateo 28:19, 20.

Hacer discípulos, no nuestros, sino de Jesús. Así que para empezar decidamos ser discípulos de Jesús, seguirlo, oirlo, aprender de Él y obedecerlo.

Cuando uno es un buen discípulo, puede, si Dios quiere, ser un buen líder.

Entonces ¿Cómo ser un discípulo?

Para ser discípulo, hace falta fundamentalmente una cosa:

Tener un Maestro.

El discípulo no puede existir sin el maestro. Es algo sin sentido. Jesús como nuestro maestro debe ser el primer rasgo como discípulos. Es lo que nos da identidad, alrededor de Él, y al seguirlo. Y Él no es solo un maestro teórico, es eminentemente práctico. Debemos por lo tanto aprender y poner en práctica, aprender y poner en práctica y muchas veces poner en práctica para poder aprender e ir creciendo hacia la madurez.

“Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos. Cuando anochecía, se acercaron a él sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya pasada; despide a la multitud, para que vayan por las aldeas y compren de comer. Jesús les dijo: No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer. Y ellos dijeron: No tenemos aquísino cinco panes y dos peces. El les dijo: Traédmelos acá. Entonces mandó a la gente recostarse sobre la hierba; y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud. Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas. Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud”. Mateo 14:14–22.

¿Y qué nos enseña el Maestro?

Aquel día Jesús les iba a enseñar a sus seguidores a dar de comer a los demás y el precio que tenían que pagar. Había cinco mil personas (al menos) y muy pocos recursos en sus manos para alimentarlos a todos. Quizás la solución fácil hubiera sido mandarlos a la hamburguesería más próxima. Pero no, Jesús no quería desperdiciar esa oportunidad. La gente se sentó. Ahí vemos un montón de grupos de gente, niños, hombres y mujeres, tirados en el césped, esperando. Jesús los amaba y quería darles de comer, ya les había enseñado muchas cosas, pero también tenían necesidades físicas que suplir. A este grupo la Biblia los llama “la multitud” los que estaban recostados, v.19. Hoy en día la cosa no ha cambiado demasiado. La multitud sigue recostada esperando que les den de comer. Jesús los amaba, sí, y les dio de comer, aunque sabemos que cuando ocurrió la cruz, ninguno de esos cinco mil entraron en la historia; y en Hechos capítulo 2 (esto es un ejemplo de referencia que hay que buscar) solo había 120 personas esperando la promesa para trabajar.

Hoy las iglesias están llenas de gente recostada que oyen lo que Jesús les dice, pero quien sabe si algún día se levantarán del césped. Aun así insisto, Dios los ama.

Pero hay un grupo especial. En medio de ese gentío hay doce personas de pie (No se sabe cuántos Discípulos había pero el contexto nos habla de que probablemente eran los doce).

Con doce cestas

Ellos también tenían hambre, tenían las mismas necesidades que los demás, pero estaban de pie, cada uno con una cesta prácticamente vacía, con unos trocitos de pan y pescado. Jesús bendijo esos pocos recursos, y mientras esos nuevos camareros servían a los demás, veían que los recursos no se agotaban sino que superando toda lógica, cada cesta se iba llenando en la medida que repartían. Los discípulos tenían hambre, pero no podían comer, tendrían que esperar, un discípulo piensa en servir en primer lugar.

Un líder piensa en servir en primer lugar, incluso a los recostados.

Al final de la historia, después de dar de comer a cinco mil personas, a esos doce se les hacia la boca agua. Estaban más que cansados, imagina un restaurante con doce camareros para atender a tanta gente. Pero así lo hicieron, un trabajo agotador.

Pero al final de la jornada, esos camareros tenían en sus manos cada uno una cesta llena de panes y peces.

Aquel día aprendieron a servir a los demás, aprendieron a depender de Jesús, a amar a la gente como Él los amó, a saber repartir con equidad, a trabajar con denuedo, a no quedarse recostados, a no formar parte de una multitud acomodada, a trabajar con los pocos recursos que tenían, a obedecer a Jesús, incluso cuando no les apetecía. Y quizás inspiraron a otros con su ejemplo. Aquel día, estaban aprendiendo lo que era ser un discípulo de Jesús a través del servicio a los demás.

Recuerda que Dios no busca clientes, busca discípulos y quiere que nosotros hagamos discípulos y no personas que solo esperan el próximo menú. No preguntemos ¿Cuánta gente hemos alimentado? Sino ¿A cuántos hemos enseñado a dar de comer?

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (p. 56). Álex Sampedro.

Surgimiento de la iglesia: llenando un vacío en la historia

Autor: LEE STROBEL

Surgimiento de la iglesia: llenando un vacío en la historia

a1J.P. Moreland ha observado que se hubiera requerido algo tan dramático como la resurrección de Jesús para que los judíos del primer siglo cambiaran el día de adoración del sábado al domingo, que abandonaran el sistema de sacrificio de animales para el perdón de pecados y la adhesión a la ley de Moisés para estar bien con Dios, y aceptaran el concepto de la Trinidad. Al hacerlo, quienes dieron origen a la iglesia corrian el riesgo de convertirse en marginados sociales y, segun la teología hebrea, condenar sus almas a la perdición.

«¿Cómo pudo tener lugar dicho cambio? -se pregunta Moreland-. La resurrección es la única explicación racional».

A raíz de esto, cita de C.F.D. Moule, el experto en Nuevo Testamento de la Universidad de Cambridge: «Si el surgimiento de la (iglesia), un fenómeno innegable atestiguado por el Nuevo Testamento, abre una brecha en la historia, una brecha tan grande y con la forma de la resurrección, ¿qué propone el historiador secular para zanjarla?».

Consideremos los ejemplos más extremos de cambios de vida después de la resurrección: Jacobo era un escéptico mientras Jesús vivió; Saulo de Tarso perseguía a los cristianos. ¿Qué otra cosa excepto su encuentro con el Cristo resucitado podría haberlos transformados en líderes de la Iglesia Primitiva, dispuestos a morir por su convicción de que Jesús era el Hijo de Dios? Con respecto a los discípulos de Jesús, de ser un puñado de cobardes, después de su muerte, comenzaron de pronto a predicar con valor y poder proclamando que Jesús había mostrado ser Dios con su victoria sobre la muerte.

«El cambio de conducta radical que experimentaron los discípulos, después de la resurrección, es la mejor evidencia de la resurrección», declara Thomas C. Oden, de la Universidad de Drew. «Es necesario tener una hipótesis que dé cuenta de la transformación de los discípulos, de seguidores acongojados por un Mesías crucificado a personas que, con la predicación de la resurrección, transformaron el mundo. Ese cambio no podría haber sucedido, según el testimonio de la iglesia, sin un Señor resucitado».

Cuando reflexiono sobre la pregunta de Jesús: «y ustedes, ¿quiénes dicen que”soy?» (Mateo 16:15), estas cinco grandes categorías de evidencia, (la confiabilidad del Nuevo Testamento, la percepción suprema que Jesús tenía de sí, sus milagros, el cumplimiento de la profecía y su resurrección) me vienen inmediatamente a la mente. A mi entender, los datos son claros. Jesús es una verdadera figura histórica cuyas palabras convincentes y consoladoras, y cuyas obras extraordinarias y compasivas han sido fielmente preservadas para nosotros en los Evangelios. Él es alguien que no solo se vio a sí en términos trascendentales, divinos y mesiánicos, sino que también tenía todos los atributos que hacen que Dios sea Dios.

Jesús fue un hacedor de milagros, un sanador que amaba a los ciegos y a los cojos, cuyos prodigios sobrenaturales anunciaron el inicio del reino de Dios. Es el Mesías largamente esperado a través de quien Dios trajo la redención y la esperanza a Israel y al mundo. Y es el Señor resucitado, cuyo sepulcro vacío inspira confianza inquebrantable a sus seguidores de que ha vencido la muerte y, por lo tanto, ellos también tendrán la victoria.

Si tiene inquietudes espirituales, mi esperanza es que considere sinceramente la evidencia y que luego tenga el coraje de responderla ceptando a Jesús como su perdonador y líder.

Sl ya es cnstlano, tiene una tarea por delante: articular la verdad acerca de Cristo, defenderla, predicarla, preservarla y transmitilrla a las siguientes generaciones. Como lo expresa poderosamente la paráfrasis de J B Philll’ps de 2 Corintios 4:6 «Dlos, que primero mandó que la luz resplandeciera en la oscuridad, ha inundado nuestros corazones con su luz, para que nosotros podamos iluminar a los hombres con el conocimiento de la gloria de Dios, que resplandece en el rostro de Cristo».

© 2003 por Ravi Zacharias y Norman Geisler

¿Estás seguro de que estás seguro?

Octubre 31

¿Estás seguro de que estás seguro?

Lectura bíblica: 2 Timoteo 1:9–14

Yo sé a quien he creído, y estoy convencido de que él es poderoso para guardar mi depósito para aquel día. 2 Timoteo 1:12

a1Ricardito tenía miedo de meterse en la cama a la noche. No se podía dormir por los pensamientos espeluznantes que le venían a la cabeza. Veía formas escalofriantes flotando por el cielo raso. Tenía miedo de que había monstruos escondidos en las sombras de su ropero. Le parecía oír que seres con gigantescos colmillos masticaban la pelusa debajo de su cama.

Créelo o no, algunos estamos obsesionados con preguntas espirituales aún más aterradoras. Nos preguntamos: ¿Soy realmente salvo? ¿Realmente ha cambiado algo en mi vida? Si soy salvo, ¿por qué no me siento distinto? O pensamos: A lo mejor no soy realmente salvo. Quizá no hice lo correcto para aceptar a Cristo.

Tema para comentar: ¿Alguna vez te preocupas de que no eres salvo?

Para Satanás, el enemigo de tu alma, cada día es una fiesta. Satanás está siempre ocupado, tratando de que tengas miedo de que la verdad no sea verdad y de hacerte dudar de tu salvación, de la verdad que realmente perteneces a Dios

Las dudas son comunes. Pero el creyente no tiene que sentirse salvo para ser salvo, así como un millonario no tiene que sentirse rico para serlo.
En 2 Timoteo 1:12, Pablo dijo algunas cosas asombrosas de unas maneras interesantes. Dijo que “yo sé a quien he creído”, no sólo “en qué he creído”. Dijo también: “estoy convencido de que él es poderoso para guardar mi depósito”. Pablo no estaba basando su fe en hechos, sino en un amigo del que podía depender. Estaba confiando en el Dios que había dado pruebas de que era digno de confianza.

Cuando dudas si realmente eres salvo, lee Isaías 12:2 en voz alta y varias veces: “¡He aquí Dios es mi salvación! Confiaré y no temeré, porque Jehovah es mi fortaleza y mi canción, él es mi salvación”. Luego ora en voz alta esta oración basada en pasajes bíblicos:

Padre, tú eres el que me salva. Ayúdame a confiar en ti y a no tener miedo. Tú me das fuerza y me haces cantar. Ayúdame a acercarme a ti con un corazón sincero y una fe segura. Toma mi corazón y hazme saber con seguridad que el evangelio es verdad. Gracias por tu promesa de que te pertenezco a ti hoy y para siempre. En el nombre de Jesús te lo pido. Amén. (Ver Isaías 12:2; 1 Tesalonicenses 1:5; Hebreos 10:22).

PARA DIALOGAR
¿Dudas alguna vez de que eres salvo? Dedica algo de tiempo a buscar los pasajes bíblicos adicionales mencionados en la lectura.

PARA ORAR
Señor, ¡gracias porque podemos confiarte nuestra vida ahora y siempre!

PARA HACER
Escribe la oración mencionada. Colócala donde puedas verla con frecuencia hasta que Dios te dé la seguridad de tu salvación.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

Menú 10. ¿Qué hay de los líderes?

Menú 10. ¿Qué hay de los líderes?

a1La palabra líder ha sido muy maltratada. Sobre todo por la igleburger. Nos han dicho cosas como que todos somos líderes. Eso es un gran absurdo. Líder significa el que va a la cabeza, por delante. No todos hemos sido llamados a ser cabeza. La iglesia se convertiría en un monstruo lleno de cabezas por todas partes, la imagen es ridícula.

¿Te imaginas algo así?

A pesar de eso, obviamente, hay personas que van a la cabeza.

Algunos ocupan lugares de liderazgo. Es algo natural que algunas personas tengan más influencia que otras, debido a su nivel de entrega, servicio, relaciones, dones, sabiduría, experiencia, posición.

Aunque odio el liderazgo mal entendido porque sé el daño que hace, y aunque he querido irme al otro extremo en el que pensaba que no hacen falta ese tipo de personas, que todo podemos hacerlo todos juntos, como una familia feliz y tomados de la mano mientras cantamos Cumbayá, me he dado cuenta de que en realidad, hasta que no hay alguien que hace las cosas, un líder o llámalo como quieras, las cosas no ocurren. La palabra líder no es de mis favoritas por las connotaciones que le hemos dado, pero creo que me servirá para hacerme entender.

El liderazgo bien asumido, puede hacer mucho bien, quizás más que el daño que ha provocado. Por eso quiero prestarles atención. En primer lugar porque considero que son (somos) los máximos culpables de la situación actual de la iglesia, los que de alguna manera incitaron a los demás a tomar hamburguesas y olvidar la comida sólida. Y en segundo lugar, porque sé que sus decisiones, su arrepentimiento, su cambio o un darse cuenta de la realidad puede mejorar mucho la situación de la iglesia.

La primera pregunta que debemos hacernos es, si crees que eres un líder, tengas un titulillo o no, ¿Por qué quieres serlo? ¿Cuál es tu motivación?

Porque si las motivaciones son las incorrectas, da igual lo que hagas, estará mal, por mucho que consideres todo el bien que haces a los demás a través de tu posición o servicio.

Aquí presento tres de las motivaciones que creo que no son las correctas, motivaciones igleburger que no alimentan a nadie. Algunas las he visto en mí, otras en otros, da igual, sé que están ahí.

1. Para ser reconocido, es decir, por vanagloria y ser más que los demás

“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”. Filipenses 2:3

Muchos cristianos han ocupado cargos para llenar un vacío de autoestima. Para sentirse en alguna medida superiores a otros sin saber que el más pequeño es el más grande (Lucas 9:48). Se pelean por conseguir cargos del que se quieren servir, pero no para servir.

Por eso cuando sirven a los demás sirven a las apariencias y no se preocupan de hablar la verdad en amor y poner sus vidas al servicio real de otros.

Por lo tanto, siempre acariciarán el lomo a la gente con palabras “fast food”, que no incomode a nadie, dejándose llevar por la corriente de este mundo e intentando contentar a las personas, diciéndoles lo que quieren oír sin preocuparse por ellos de verdad y así mantener su estatus.

2. Para sacar provecho de algún tipo

Mira lo que le dijo Pablo la última vez que se juntó con los responsables de la iglesia de Éfeso:

“Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos”. Hechos 20:28–30.

Y lo que le dijo Pedro a otros responsables:

“Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey”. 1 Pedro 5:1–3.

En estos tiempos que corren hay personas que, aunque empiezan bien, acaban sirviendo por posición o razones puramente económicas, y permiten que el dios Mamón juegue con ellos.

“Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas”. Mateo 6:24.

Realmente donde dice “riquezas” Jesús dijo “el dios Mamón”.

EL dios Mamón es el dios de las riquezas y el Señor claramente se posicionó en contra de los que las aman. Sé que el Señor recompensa y que el obrero es digno de su salario (Lucas 10:7) Pero no estoy hablando de esto, sino de la motivación incorrecta en el corazón de los que sirven.

Estos ven en las personas a las que sirven no una oportunidad de entregar su vida de corazón sino una posible fuente de ingresos o de búsqueda de posición acomodada dentro de un sistema. Por eso su liderazgo se verá comprometido y, a veces, no querrán hablar la verdad en amor por miedo a perder clientes.

3. Porque simplemente lo han puesto

Sí, mucha gente ocupa lugares de liderazgo por inercia, sin visión, ocupando un lugar que le da igual ocupar o no. Esto al final lleva a un desinterés por la gente, un conformismo generalizado y falta de liderazgo real que la gente necesita.

Hay muchos más casos que no voy a mencionar. Pero lo triste de todo esto, es que tal como son los líderes así es la gente que los sigue, es algo natural que ocurra. Por eso es vital, para dejar de ser igleburgers, que se levanten personas que quieran servir a los demás por amor a Dios, que conozcan la Palabra, que estén preparados y preparándose siempre, que quieran invertir tiempo de calidad con otros, que nos acompañen e influencien a los demás para cambiar la manera de entender quiénes somos y qué debemos hacer como Iglesia.

“Servíos por amor los unos a los otros”. Gálatas 5:13.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (p. 56). Álex Sampedro.

El testimonio ocular: si no lo veo, no lo creo

Autor: LEE STROBEL

El testimonio ocular: si no lo veo, no lo creo

a1Además del sepulcro vacío de Jesús, el Nuevo Testamento relata que, durante un período de cuarenta días, Jesús se apareció vivo una docena de veces distintas a quinientos quince individuos, a hombres y mujeres; a quienes creían y dudaban; tanto a personas duras como a almas caritativas; a grupos y a individuos; entre cuatro paredes y al aire libre, a plena luz del día.

Los Evangelios nos dicen que Jesús habló con la gente, comió con ellos y que incluso invitó a un escéptico a tocar con sus dedos las cicatrices de los clavos en sus manos y a poner su mano en la herida de la lanza en su costado para confirmar que se trataba realmente de él. Esta experiencia fue tan conmovedora que, según la historia de la iglesia, Tomás acabó en el sur de la India hasta su muerte violenta, predicando que Jesús efectivamente había resucitado.

CH. Dodd, de la Universidad de Cambridge, analizó cuidadosamente los antecedentes históricos y concluyó que varias de esas apariciones se basan en material especialmente primitivo, incluyendo el encuentro de Jesús con las mujeres, en Mateo 28:8~10; su reencuentro con los once apóstoles, en Mateo 28:16~20; y su reunión con los discípulos, en Juan 20:19~23.

Los críticos aducen que estas apariciones fueron resultado de alucinaciones o«pensamiento colectivo» en que la gente de tanto hablar se convence de que está viendo algo que en realidad no está allí. Sin embargo, los psicólogos han descartado convincentemente estas posibilidades al demostrar que las alucinaciones son fenómenos individuales que no pueden ser experimentadas por un grupo de personas y que las condidones no propiciaban un «pensamiento colectivo». Además, si los discípulos solo se imaginaron que Jesús se les apareció vivo, ¿qué pasó con el cuerpo?

Sugerir que la idea de un Jesús resucitado se originó en mitos antiguos que involucraban la muerte y resurrección de dioses tampoco se sostiene cuando estas leyendas se consideran en el debido contexto como expresiones del ciclo de la naturaleza en que los cultivos mueren y se cosechan en el otoño y renacen a la vida con la primavera. Gregory Boyd, autor de Cynic Sage or Son ofGod? [Cínico sabio o Hijo de Dios], plantea contrastar esto con la descripción de Jesucristo en los Evangelios: «Esos son elementos históricos concretos.

No tienen nada en común con historias que supuestamente ocurrieron “una vez, hace mucho tiempo atrás».

El teólogo e historiador, Carl Braaten, hace esta observación: «Hasta los historiadores más escépticos concuerdan que para el cristianismo primitivo … la resurrección de Jesús fue un acontecimiento histórico real, el fundamento mismo de la fe, y no fue para nada una idea mitológica surgida de la imaginación creativa de los creyentes».

© 2003 por Ravi Zacharias y Norman Geisler

¡Acéptalo y disfrútalo!

Octubbre 30

¡Acéptalo y disfrútalo!

Lectura bíblica: Hebreos 10:11–14

[Jesús] habiendo ofrecido un solo sacrificio por los pecados, se sentó para siempre a la diestra de Dios. Hebreos 10:12

a1Nilda le contó un secreto a Ángela. Y adivina qué pasó. Ángela se lo contó a alguien. Desde entonces, Ángela se ha sentido como una traidora, una falsa, especialmente desde que Nilda se enteró del asunto. Ahora, todas las mañanas yendo a la escuela en el ómnibus, Ángela le pide perdón.
Por fin Nilda la hizo callar.
—Ángela —le dijo—, ya te he perdonado.
—Pero quiero estar segura de que seguimos siendo amigas —insistió ella.
—Por supuesto que sí —dijo Nilda—. Tienes que creerme que te he perdonado.
Como suele suceder con nuestras relaciones humanas, a algunos cristianos les cuesta creer que Dios realmente les ha perdonado sus pecados. Se imaginan a Dios guardando un registro de todos nuestros pecados, esperando el día en que los sacará a luz y los usará en nuestra contra.
Para sentir la libertad del perdón de Dios, toma estos pasos:

1. Recuerda que Dios te ama incondicionalmente. Eres el hijo especial de Dios. Él pagó el precio de tu salvación del pecado, la muerte de su único Hijo unigénito. Cuando aceptas el regalo de salvación que Dios te da recibes su perdón y te conviertes en su propio hijo. A veces todavía desobedeces a Dios, y lo entristeces (ver Efesios 4:30). Seguro, es posible que Dios te discipline por tu pecado. Pero eso también lo hace por amor, porque quiere que te quedes cerca de él y recibas lo mejor que tiene reservado para ti (ver Hebreos 12:5–12).
2. Confiesa tus pecados. Todos alguna vez desobedecemos a Dios debido a nuestra naturaleza de pecado (ver Romanos 7:20–25). Según la Palabra de Dios, la solución comienza con una confesión (ver 1 Juan 1:9). Confesar significa coincidir con Dios en que tu desobediencia es un pecado. Dios ya percibe totalmente tus actitudes y acciones pecadoras, pero quiere que las admitas, que te humilles delante de él y que tengas la experiencia de que te diga: “Te perdono”.
3. Acepta el perdón de Dios. Cristo ya te ha perdonado una vez y para siempre por medio de su muerte en la cruz (ver Hebreos 10:12–14; 1 Pedro 3:18). Pero para apartarte del pecado y emprender un nuevo rumbo es importante que admitas que necesitas ser perdonado y que aceptes el perdón que ya es tuyo.

Aceptar el perdón es como descubrir un tesoro enterrado en el fondo de tu propia casa. El perdón cariñoso de Dios ya es tuyo. ¡Desentiérralo y disfrútalo!
PARA DIALOGAR: ¿Resulta más difícil aceptar el perdón de Dios por ciertos pecados que por otros? ¿Por qué sí o por qué no?
PARA ORAR: Padre, ayúdanos a confesar nuestros pecados y seguir adelante en la luz de tu amor y tu perdón.
PARA HACER: ¿Todavía tienes problemas en aceptar la idea de que eres perdonado? Habla con un cristiano maduro acerca de lo que sientes.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

Menú 9. Mi relación con los demás, la pizza es para compartir

Menú 9. Mi relación con los demás, la pizza es para compartir

a1“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor. (…) Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros”. Efesios 4:11–16, 25.

Hoy la iglesia tiene muchos ministerios. Hay pastores que cuidan de las ovejas, líderes y sublíderes que lideran, responsables de alabanza que hacen que la gente participe más, ujieres que acomodan, maestros que enseñan, profetas que dicen cosas, evangelistas que salen a la calle a hablar de Jesús, tesoreros que cuentan cuánto dinero da la gente, líderes de jóvenes que cuidan de los jóvenes, músicos, co-pastores e incluso apóstoles que no sé muy bien qué es lo que hacen.

Un montón de posiciones para hacernos crecer. Según Efesios 4, estos están puestos ahí para que los santos, es decir nosotros, crezcamos para ser como Jesús. Pero esa no es la verdad, al menos no es toda la verdad. Si seguimos leyendo el capítulo nos damos cuenta de que para crecer lo más importante no son las líneas de autoridad, ni los ministerios “nominales” puestos por Dios. Con permiso del apóstol Pablo (este sí lo era) he puesto un “corta y pega” del capítulo cuatro de efesios para que lo leas, pero no te acostumbres, cuando te pongan una referencia en un libro, búscala.

Lo imprescindible es que “hablemos la verdad en amor unos con otros”. (v. 15) Sin esto será imposible crecer. Cuántas veces he visto iglesias llenas de ministerios, pero vacías de esta práctica fundamental. Sin este principio estamos ciegos, perdidos. Podremos programar mil reuniones, nombrar cien líderes, pero no ayudaremos a los miembros de la iglesia a crecer.

En mi vida cuando más he crecido no ha sido en un supermensaje, sino cuando alguien, a quien considero mi amigo, se toma la molestia de escucharme, de decirme la verdad acerca de mí, de lo que hago y soy, pero con amor y comprensión. Así he podido sentir de verdad lo que Dios piensa de mí y me ha dado una oportunidad de crecer. Y esto se debe practicar de forma natural. Debemos fomentar que la iglesia hable la verdad en amor desde todos los ángulos: En el púlpito, en las reuniones, en los hogares, y entre nosotros, unos a otros.

Aceptarnos y motivarnos a cambiar

No basta solo con hablar verdad. Hay gente que siempre va con la verdad por delante, pero sin amor, esto tampoco hará crecer.

Otros en cambio tienen tanto ¡tanto amor! que no hablan la verdad por temor a hacer daño, y esto tampoco es sano y no es amor verdadero. Es necesaria la verdad en amor, como en otros lugares lo expresa: la misericordia y la verdad, a la vez.

“Con misericordia y verdad se corrige el pecado, Y con el temor de Jehová los hombres se apartan del mal”. Proverbios 16:6

Te reto a volver a leer todo el capítulo 4 de Efesios y sacar tus propias conclusiones; verás cuánto nos hace falta esforzarnos un poco más y no relegar la responsabilidad a los “ministerios”, cuando en verdad depende de nosotros el crecer a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. No desmerezco lo que Dios ha puesto en nuestras iglesias locales para dirigirnos o presidirnos, pero debemos también reconocer nuestra responsabilidad y cumplir con lo que Dios nos manda, y sobretodo ser consecuentes con la Escritura.

En la igleburger pretendemos crecer de otras maneras, reuniéndonos y haciendo como que nos llenamos de su Espíritu y maduramos porque nos ponen las manos encima y queremos ir por atajos que la Biblia no enseña. Entre otras cosas la comunidad local fue inventada por Dios para afilarnos unos a otros, trabajar unos con otros, moldearnos, servirle en medio del maremágnum de las relaciones genuinas.

“Hierro con hierro se aguza; (se afila) Y así el hombre aguza el rostro de su amigo”. Proverbios 27:17.

Es muy arriesgado hablar la verdad en amor porque te expones, porque descubres tu corazón a los demás, porque te quitas todas las máscaras y las murallas que esta sociedad te ha enseñado a crear para protegerte.

Volviendo a la literatura “cristiana” he de decir con dolor en mi corazón, que a veces tampoco han estado acertados en este punto. Nos han enseñado a mantener las distancias con los demás, a no implicarnos, mirando en primer lugar nuestro propio bien, nuestro bienestar, dejando en segundo plano a los otros. Desde la autoridad de la psicología humanista hay pastores que nos han enseñado a no conectar con la gente, a ser egoístas en nuestras relaciones; aunque no lo digan así, es lo que hay en el fondo de la cuestión. ¡Y cuánto dolor han generado! ¡Cuánta soledad y cuántas lágrimas! Todo lleno de palabras bonitas o técnicas, y desvirtuando la Escritura. Enseñanzas que poco tienen que ver con Su palabra:

“Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a tí mismo”. Gálatas 5:14.

No necesita demasiada explicación ¡hazlo! Atrévete a hablar la verdad en amor, buscando siempre el bien de la persona con la que hablas, igual que te gustaría que hicieran contigo, como a ti mismo. Dios está ahí en medio. No “vayas a la iglesia” solo para alimentarte tú. Ten en cuenta a los demás.

Él énfasis para crecer como cristiano está en el “nosotros” no en el “yo”. A nuestra carne, nuestro yo, le duele cuando nos dicen que nuestro crecimiento no depende solo de nosotros, de cuanto oramos o leemos la Biblia nada más. Nos molesta saber que dependemos de los demás para crecer, pero así nos lo enseña la Palabra de Dios y así debemos movernos en la iglesia. Si no, nunca alcanzaremos la madurez que tanta falta nos hace.

Y si queremos ver un cambio real, debemos verlo en primer lugar en las personas que tienen la responsabilidad de tomar la iniciativa para inspirar a otros a buscar más de Dios. Sí, ellos deben ser los primeros, quizás tú debes ser el primero, quizás yo…

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (p. 56). Álex Sampedro.

Sepulcro vacío: Es unánimo, el cuerpo ha desaparedo.

Autor: LEE STROBEL

Sepulcro vacío: Es unánimo, el cuerpo ha desaparedo.

a1El sepulcro vacío, registrado o implícito en las fuentes originales del Evangelio de Marcos y del credo de 1 Corintios 15, fue aceptado por todos. Ni siquiera las autoridades romanas ni los dirigentes judíos alegaron que el cuerpo de Jesús todavía estaba dentro del sepulcro. En cambio, se vieron obligados a inventar la historia absurda de que los discípulos, aunque sin motivo ni oportunidad, habían robado el cuerpo, una teoría que ni siquiera el más escéptico de los críticos cree hoy en día.

La autenticidad del sepulcro vacío está reforzada por el hecho de que fue un descubrimiento realizado por mujeres, cuyo testimonio era tan desestimado en la cultura judía del primer siglo, que ni siquiera se aceptaba en un proceso legal. «Que la tumba vacía fue descubierta por las mujeres argumenta a favor de la autenticidad de la historia porque hubiera sido embarazoso para los discípulos tener que admitirlo y de seguro se habría encubierto si hubiera sido una leyenda», observa William Lane Craig. Además, cita otro factor convincente: «La ubicación de la tumba de Jesús era conocida tanto por los cristianos como por los judíos. Por lo tanto, si no hubiera estado vacía, habría sido imposible que un movimiento fundado en la creencia de la resurrección pudiera haber surgido en la misma ciudad donde este hombre había sido ejecutado y sepultado públicamente».

© 2003 por Ravi Zacharias y Norman Geisler

Amar venga lo que venga

Octubre 29

Amar venga lo que venga

Lectura bíblica: Romanos 5:6–11

Aún siendo nosotros débiles, a su tiempo Cristo murió por los impíos. Romanos 5:6

a1Fernando y Ernesto eran amigos de toda la vida, amigos desde haberse conocido en la piscina infantil cuando tenían dos años. Nunca habían tenido una discusión, hasta los 15 años, cuando apareció Andrés. Andrés y su familia acababan de mudarse a la ciudad a principio del año escolar. Un sábado, cuando Fernando le mencionó a Ernesto que lo vería en la pista de patinaje como siempre, se llevó una gran sorpresa. Andrés ya le había pedido a Ernesto que se encontrara con él allí. ¡Y Ernesto había dicho que sí!
Entonces, ¿seguirá Fernando siendo amigo de Ernesto o le gritará: “¡Traidor!” y no volverá a dirigirle jamás la palabra? La respuesta depende de que Fernando haya aprendido a amar como Jesús amó —incondicionalmente— sin reservas.

Jesús sabe lo que significa que los amigos le fallen y rechacen. Cuando Jesús fue arrestado “todos los discípulos le abandonaron y huyeron” (Mateo 26:56). Aun Pedro, que había insistido que nunca abandonaría al Señor, lo negó tres veces durante el juicio de Jesús.

Jesús podría haberse sentido resentido con sus amigos por distanciarse cuando más los necesitaba. Pero los perdonó. Cuando resucitó, se apareció a estos mismos discípulos y les encargó que hicieran su obra por todo el mundo. Hasta le dedicó tiempo extra a Pedro, dándole fuerzas para la enorme tarea que tenía por delante (ver Juan 21:15–19).

El amor de Jesús incluyó también a los hombres que le dieron muerte. Al colgar clavado en la cruz después de los azotes brutales de los soldados romanos, Jesús oró: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).

Y el amor incondicional de Jesús hasta se extiende a nosotros. Pablo escribió que éramos “débiles” (Romanos 5:6), que éramos “aún pecadores” (versículo 8) y que éramos “enemigos” (versículo 10) del Señor debido a nuestros pecados. Aun en nuestra peor condición, Jesucristo nos amó y dio su vida por nosotros a fin de que pudiéramos ser “justificados” (versículo 9). Por su amor incondicional, podemos decir con Pablo: “Nos gloriamos en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, mediante quien hemos recibido ahora la reconciliación” (versículo 11).

¿Estás contento de tener un amigo como Jesús? ¡Haz que su amor incondicional sea tu modelo en todas tus relaciones con tus amigos y tus familiares!

PARA DIALOGAR
Bajo qué condiciones es difícil amar a alguien? ¿Cómo reaccionaría Jesús en esas situaciones?

PARA ORAR
Señor, te agradecemos porque nos amas incondicionalmente. Ayúdanos a demostrar esa misma clase de amor hacia todos los que nos rodean.

PARA HACER
Demuestra hoy algo del amor sin reservas de Jesús por alguien que te ha fallado.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

La inspiración de la Biblia

La inspiración de la Biblia

Autor: J. I. PACKER

a1LA PALABRA «INSPIRACIÓN» viene de la traducción del latín de theopneustos en 2 Timoteo 3:16, que la versión Reina-Valera expresa así: «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia». Algunas traducciones dicen «inspirada de Dios», lo cual no es mejor que lo que dice la versión Reina-Valera, porque theopneustos significa es-pirada más que ins-pirada por Dios—divinamente ex-halada, más que in-halada. Durante el siglo pasado, Ewald y Cremer argumentaron que el adjetivo llevaba un significado activo: «inspirando el Espíritu», y parece que Barth está de acuerdo. Él nota cómo su significado no es sólo «dado, lleno y gobernado por el Espíritu de Dios», sino también «brotando activamente y esparciéndose hacia afuera y haciendo conocer el Espíritu de Dios» (Church Dogmatics [Dogmática de la iglesia], 1.2); pero B. B. Warfield mostró decisivamente en 1900 que el sentido de la palabra sólo puede ser pasivo. El pensamiento no es de Dios como exhalando a Dios, sino de Dios como habiendo exhalado la Escritura. Las palabras de Pablo significan no que la Escritura es inspiradora (aunque lo es), sino que la Escritura es un producto divino, y debe ser enfocada y estimada como tal.

El «soplo» o «espíritu» de Dios en el Antiguo Testamento denota que el poder de Dios sale en forma activa, ya sea en la creación (Salmo 33:6; Job 33:4; compare Génesis 1:2; 2:7), preservación (Job 34:14), revelación a y a través de los profetas (Isaías 48:16; 61:1; Miqueas 3:8; Joel 2:28 y siguientes), regeneración (Ezequiel 36:27), o juicio (Isaías 30:28, 33). El Nuevo Testamento revela su «aliento» divino (en el griego pneuma) como una Persona de Dios. El «aliento» de Dios (el Espíritu Santo) produjo la Escritura como un medio de proporcionar comprensión espiritual. Ya sea que adoptemos pasa graphe como «toda la Escritura» o «cada versículo», el significado de Pablo está claro más allá de toda duda. Él afirma que todo lo que viene en la categoría de Escritura, todo lo que tiene un lugar entre las «Sagradas Escrituras» (hiera grammata, 2 Timoteo 3:15), sólo por el hecho de que Dios lo ha exhalado, es útil para guiar tanto la fe como la vida.

Basándose en este texto paulino, la teología usa regularmente la palabra «inspiración» para expresar el pensamiento del origen y la calidad divinos de la Santa Biblia. En forma activa, el sustantivo denota la operación de exhalar de Dios que produjo la Escritura: pasivamente, la calidad de inspirada de las Escrituras que así se produjeron. La palabra se usa también en forma más general para referirse a la influencia divina que capacitó a los instrumentos humanos de la revelación—los profetas, salmistas, hombres sabios y apóstoles—para hablar, así como escribir, las palabras de Dios.

LA IDEA DE LA INSPIRACIÓN BÍBLICA

De acuerdo a 2 Timoteo 3:16, lo que es inspirado son precisamente los escritos bíblicos. La inspiración es una obra de Dios terminando, no en los hombres que iban a escribir las Escrituras (como si, habiéndoles dado una idea sobre lo que debían decir, Dios los dejara para que ellos mismos encontraran la forma de expresarla), sino en el producto escrito. Es la Escritura—graphe, el texto escrito—lo que es inspirado por Dios. La idea esencial aquí es que toda la Escritura tiene el mismo carácter que tenían los sermones de los profetas cuando los predicaban y cuando los escribían (compare 2 Pedro 1:19–21, sobre el origen divino de toda «profecía de la Escritura»). Esto quiere decir que la Escritura no es sólo la palabra de un hombre—el fruto del pensamiento humano, premeditación y arte—sino también e igualmente la palabra de Dios, hablada a través de los labios del hombre o escrita con la pluma de un hombre. En otras palabras, la Escritura tiene paternidad literaria doble, y el hombre es solamente el autor secundario; el autor principal, a través de cuya iniciativa, llamado y capacitación y bajo cuya supervisión cada escritor humano hizo su trabajo, es Dios el Espíritu Santo.

La revelación a los profetas era principalmente verbal; a menudo tenía un aspecto visionario, pero aun «la revelación en visiones es también revelación verbal» (L. Koehler, Old Testament Theology [Teología del Antiguo Testamento], E.T. 1957). Brunner ha observado que en «las palabras de Dios, las cuales los profetas proclamaron como haber recibido directamente de Dios, y haber sido comisionados a repetirlas, tal como las han recibido … tal vez podamos encontrar la analogía más cercana al significado de la teoría de la inspiración verbal» (Revelation and Reason [Revelación y razón]). Por cierto que sí; encontramos no simplemente una analogía a ella, sino el paradigma de ella; y «teoría» es la palabra incorrecta, porque es simplemente la doctrina bíblica misma. La inspiración bíblica debería ser definida en los mismos términos teológicos que la inspiración profética: a saber, como todo el proceso (múltiple, sin duda, en sus formas psicológicas, como era la inspiración profética) por el cual Dios movió a esos hombres que había elegido y preparado (compare Jeremías 1:5; Gálatas 1:15) para escribir claramente lo que él quería escrito, para la comunicación del conocimiento salvador a su pueblo, y a través de ellos al mundo. Por lo tanto, la inspiración bíblica es verbal por su misma naturaleza, porque la Escritura inspirada de Dios consiste de las palabras dadas por Dios.

Así, la Escritura inspirada es revelación escrita, al igual que los sermones de los profetas eran revelación hablada. El registro bíblico de la autodeclaración de Dios en la historia redentora no es simplemente testimonio humano de revelación, sino que es revelación en sí mismo. La inspiración de la Escritura era una parte integral del proceso de revelación, porque en la Escritura, Dios le dio a la iglesia su obra salvadora en la historia, y su propia interpretación autoritativa del lugar de ella en su plan eterno. «Así ha dicho el Señor» podría ser colocado al principio de cada libro con la misma propiedad con la que es usado (359 veces, de acuerdo a Koehler) en las declaraciones proféticas individuales que contiene la Escritura. La inspiración, por lo tanto, garantiza la verdad de todo lo que afirma la Biblia, al igual que la inspiración de los profetas garantizaba la verdad de su representación de la mente de Dios. («Verdad» aquí denota correspondencia entre las palabras del hombre y los pensamientos de Dios, ya sea en el campo de los hechos o del significado.) Como verdad de Dios, el Creador del hombre y Rey verdadero, la instrucción bíblica, como los oráculos de los profetas, tiene autoridad divina.

La presentación bíblica

La idea de la Escritura canónica (por ejemplo, de un documento o cuerpo de documentos que contiene un registro autoritativo permanente de revelación divina) se remonta a cuando Moisés escribió la ley de Dios en el desierto (Éxodo 34:27 y siguientes; Deuteronomio 31:9 y siguientes, 24 y siguientes). La verdad de todas las declaraciones históricas o teológicas que hacen las Escrituras y su autoridad como palabra de Dios se asumen sin preguntas o discusión en los dos Testamentos. El canon aumentó, pero el concepto de inspiración, que presupone la idea de canonicidad, estaba totalmente desarrollado desde el principio y no ha sido cambiado a través de la Biblia. Al presente consta de dos convicciones:

1. Las palabras de la Escritura son las propias palabras de Dios. Los pasajes del Antiguo Testamento identifican la ley de Moisés y las palabras de los profetas, ambas habladas y escritas, con las propias palabras de Dios (compare 1 Reyes 22:8–16; Nehemías 8; Salmo 119; Jeremías 25:1–13; 36, etcétera). Los escritores del Nuevo Testamento veían al Antiguo Testamento en su totalidad como «la palabra de Dios» (Romanos 3:2), profética en carácter (Romanos 16:26; compare 1:2; 3:21), escrita por hombres a quienes el Espíritu Santo movió y enseñó (2 Pedro 1:20; compare 1 Pedro 1:10–12). Cristo y los apóstoles citaban textos del Antiguo Testamento, no sólo como lo decían hombres como Moisés, David o Isaías (vea Marcos 7:6, 10; 12:36; Romanos 10:5, 20; 11:9), sino también como lo que Dios dijo a través de esos hombres (vea Hechos 4:25; 28:25), o a veces simplemente como lo que «él» (Dios) dice (1 Corintios 6:16; Hebreos 8:5, 8), o lo que dice el Espíritu Santo (Hebreos 3:7; 10:15). Además, las declaraciones del Antiguo Testamento, no hechas por Dios en sus contextos, son citadas como declaraciones de Dios (Mateo 19:4 y siguientes; Hebreos 3:7; Hechos 13:34, citando Génesis 2:24; Salmo 95:7; Isaías 55:3 respectivamente). Pablo también se refiere a la promesa de Dios a Abraham, y a su amenaza al faraón, ambas dichas mucho antes de que se escribiera el registro bíblico, como palabras que la Escritura habló a esos hombres (Gálatas 3:8; Romanos 9:17), lo que muestra que Pablo igualaba completamente las declaraciones de la Escritura con las palabras pronunciadas por Dios.

2. La parte del hombre en la producción de la Escritura fue simplemente transmitir lo que había recibido. Psicológicamente, desde el punto de vista del formato, queda claro que los escritores humanos contribuyeron mucho a la composición de la Escritura—investigación histórica, meditación teológica, estilo lingüístico, etcétera.

En un sentido, cada libro de la Biblia es la creación literaria de su autor. Pero teológicamente, desde el punto de vista del contenido, la Biblia considera que los escritores humanos no contribuyeron nada y que la Escritura es totalmente la creación de Dios. Esta convicción está arraigada en el conocimiento de los fundadores de la religión bíblica, todos los cuales afirmaban expresar—y en el caso de los profetas y de los apóstoles, escribir—lo que eran, en el sentido más literal, las palabras de otro: Dios mismo. Los profetas (entre los cuales se debe contar a Moisés: Deuteronomio 18:15; 34:10) profesaban hablar las palabras del Señor, colocando ante Israel lo que el Señor les había mostrado (Jeremías 1:7; Ezequiel 2:7; Amós 3:7). Jesús de Nazaret indicó que hablaba las palabras que su Padre le daba (Juan 7:16; 12:49). Los apóstoles enseñaban y daban mandamientos en el nombre de Cristo (2 Tesalonicenses 3:6), reclamando así su autoridad y cumplimiento (1 Corintios 14:37), y afirmaban que tanto el contenido como sus palabras se los había enseñado el Espíritu Santo (1 Corintios 2:9–13; compare las promesas de Cristo, Juan 14:26; 15:26 y siguientes; 16:13 y siguientes). Estas son alegaciones a la inspiración. A la luz de estas afirmaciones, la evaluación de los escritos proféticos y apostólicos como la palabra de Dios en su totalidad—en el mismo sentido en que las dos tablas de la ley «escritas con el dedo de Dios» (Éxodo 31:18; compare 24:12; 32:16) eran totalmente la palabra de Dios—naturalmente llegaron a ser parte de la fe bíblica.

Cristo y los apóstoles dieron notable testimonio del hecho de la inspiración por su apelación a la autoridad del Antiguo Testamento. En efecto, aseveraron que las Escrituras judías eran la Biblia cristiana: una colección de obras literarias proféticas que daban testimonio de Cristo (Lucas 24:25, 44; Juan 5:39; 2 Corintios 3:14 y siguientes) y diseñadas por Dios para la instrucción de los creyentes en Cristo (Romanos 15:4; 1 Corintios 10:11; 2 Timoteo 3:14 y siguientes; compare la exposición del Salmo 95:7–11 en Hebreos 3–4, y en efecto todo el libro de Hebreos, en el cual se prueba cada punto principal citando textos del Antiguo Testamento). Cristo insistió que la Escritura que estaba en el Antiguo Testamento «no puede ser quebrantada» (Juan 10:35). Él les dijo a los judíos que no había venido para abrogar la ley o a los profetas (Mateo 5:17); si pensaban que lo estaba haciendo, estaban equivocados. Él había venido para hacer lo contrario—para dar testimonio de la autoridad divina de ambos al cumplirlos. La ley existirá para siempre porque es la palabra de Dios (Mateo 5:18; Lucas 16:17); las profecías, particularmente las que se refieren a sí mismo, deben ser cumplidas por la misma razón (Mateo 26:54; Lucas 22:37; compare Marcos 8:31; Lucas 18:31). Para Cristo y sus apóstoles, la apelación a la Escritura siempre era decisiva (compare Mateo 4:4, 7, 10; Romanos 12:19; 1 Pedro 1:16).

La libertad con la que los escritores del Nuevo Testamento citaron al Antiguo Testamento (siguiendo a la Septuaginta, los tárgumes o una interpretación a propósito del hebreo, como mejor les parecía) ha sido usada para demostrar que no creían en la inspiración de las palabras originales. Pero el interés de ellos no estaba en las palabras como tales, sino en su significado; y un estudio reciente ha hecho parecer que esas citas son interpretativas y expositivas—una forma de citas muy bien conocida entre los judíos. Los escritores buscan indicar el verdadero significado (es decir, cristiano) y la aplicación de su texto por la forma en que lo citan. En la mayoría de los casos, este significado evidentemente ha sido alcanzado por una aplicación estricta de principios teológicos claros acerca de la relación de Cristo y la iglesia al Antiguo Testamento.

Declaración teológica

Al formular la idea bíblica de la inspiración, es bueno destacar cuatro puntos negativos:

1. La idea no es de dictado mecánico, escritura automática, ni de cualquier proceso que involucrara la suspensión del uso de la mente del escritor. Tales conceptos de inspiración se encuentran en el Talmud, Filón y los Padres, pero no en la Biblia. La dirección y el control divinos bajo los que los autores bíblicos escribieron no fue una fuerza física o psicológica, y no le restó, sino que por el contrario realzó, la libertad, espontaneidad y creatividad de sus escritos.

2. El hecho de que en la inspiración Dios no anuló la personalidad, el estilo, el enfoque y la tendencia cultural de sus escritores no quiere decir que el control de Dios de ellos era imperfecto, o que inevitablemente distorsionaron la verdad que se les había dado para transmitir en el proceso de escribirla. B. B. Warfield se burla gentilmente de la noción de que cuando Dios quiso que las cartas de Pablo se escribieran,

Él tuvo la necesidad de bajar a la tierra y cuidadosamente escudriñar a los hombres que encontró allí, buscando ansiosamente a aquel que, en la forma más completa, cumpliera mejor su propósito; y luego violentamente forzar el material que Él quería expresar a través de ese hombre, contra su tendencia natural, y con tan poca pérdida por sus características recalcitrantes como fuera posible. Por supuesto que nada de eso sucedió. Si Dios quiso darle a su pueblo una serie de cartas como las de Pablo, Él preparó a un Pablo para que las escribiera, y el Pablo que escogió para la tarea fue un Pablo que escribiría esas cartas en forma espontánea. (The Inspiration and Authority of the Bible)

3. La inspiración no es una cualidad que se agrega a las corrupciones que se introducen en el curso de la transmisión del texto, sino que se aplica sólo al texto tal como los produjeron los escritores inspirados. El reconocimiento de la inspiración bíblica, por lo tanto, hace más urgente la tarea de la crítica meticulosa del texto, para eliminar tales corrupciones y confirmar lo que fue el texto original.

4. La calidad de la inspiración de los escritos bíblicos no debe ser igualada con la inspiración de gran literatura, ni aun cuando (como a menudo es cierto) los escritos bíblicos son en realidad gran literatura. La idea bíblica de la inspiración no se relaciona a la calidad literaria de lo que está escrito sino a su carácter de revelación divina por escrito.

Bibliografía

Barth, Karl. Church Dogmatics [Dogmática de la iglesia], 1956.

Dodd, C. H. According to the Scriptures [Según las escrituras], 1952.

Ellis, Earl E. Paul’s Use of the Old Testament [Cómo Pablo usó el Antiguo Testamento], 1957.

Koehler, L. Old Testament Theology [Teología del Antiguo Testamento], 1957.

Stendahl, K. The School of St. Matthew [La escuela de San Mateo], 1954.

Tasker, R. V. G. The Old Testament in the New Testament [El Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento], 1954.

Warfield, B. B. The Inspiration and Authority of the Bible [La inspiración y la autoridad de la Biblia], 1951.

Comfort, P. W., & Serrano, R. A. (2008). El Origen de la Biblia (pp. 32–37). Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, Inc.