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El testimonio ocular: si no lo veo, no lo creo

Autor: LEE STROBEL

El testimonio ocular: si no lo veo, no lo creo

a1Además del sepulcro vacío de Jesús, el Nuevo Testamento relata que, durante un período de cuarenta días, Jesús se apareció vivo una docena de veces distintas a quinientos quince individuos, a hombres y mujeres; a quienes creían y dudaban; tanto a personas duras como a almas caritativas; a grupos y a individuos; entre cuatro paredes y al aire libre, a plena luz del día.

Los Evangelios nos dicen que Jesús habló con la gente, comió con ellos y que incluso invitó a un escéptico a tocar con sus dedos las cicatrices de los clavos en sus manos y a poner su mano en la herida de la lanza en su costado para confirmar que se trataba realmente de él. Esta experiencia fue tan conmovedora que, según la historia de la iglesia, Tomás acabó en el sur de la India hasta su muerte violenta, predicando que Jesús efectivamente había resucitado.

CH. Dodd, de la Universidad de Cambridge, analizó cuidadosamente los antecedentes históricos y concluyó que varias de esas apariciones se basan en material especialmente primitivo, incluyendo el encuentro de Jesús con las mujeres, en Mateo 28:8~10; su reencuentro con los once apóstoles, en Mateo 28:16~20; y su reunión con los discípulos, en Juan 20:19~23.

Los críticos aducen que estas apariciones fueron resultado de alucinaciones o«pensamiento colectivo» en que la gente de tanto hablar se convence de que está viendo algo que en realidad no está allí. Sin embargo, los psicólogos han descartado convincentemente estas posibilidades al demostrar que las alucinaciones son fenómenos individuales que no pueden ser experimentadas por un grupo de personas y que las condidones no propiciaban un «pensamiento colectivo». Además, si los discípulos solo se imaginaron que Jesús se les apareció vivo, ¿qué pasó con el cuerpo?

Sugerir que la idea de un Jesús resucitado se originó en mitos antiguos que involucraban la muerte y resurrección de dioses tampoco se sostiene cuando estas leyendas se consideran en el debido contexto como expresiones del ciclo de la naturaleza en que los cultivos mueren y se cosechan en el otoño y renacen a la vida con la primavera. Gregory Boyd, autor de Cynic Sage or Son ofGod? [Cínico sabio o Hijo de Dios], plantea contrastar esto con la descripción de Jesucristo en los Evangelios: «Esos son elementos históricos concretos.

No tienen nada en común con historias que supuestamente ocurrieron “una vez, hace mucho tiempo atrás».

El teólogo e historiador, Carl Braaten, hace esta observación: «Hasta los historiadores más escépticos concuerdan que para el cristianismo primitivo … la resurrección de Jesús fue un acontecimiento histórico real, el fundamento mismo de la fe, y no fue para nada una idea mitológica surgida de la imaginación creativa de los creyentes».

© 2003 por Ravi Zacharias y Norman Geisler

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