¿Es el Catolicismo una religión falsa? ¿Son salvos los católicos?

El problema más crucial con la Iglesia Católica Romana es la creencia de que la sola fe en Jesucristo no es suficiente para la salvación. La Biblia clara y consistentemente establece que el recibir a Jesucristo como Salvador, por gracia a través de la fe, garantiza la salvación (Juan 1:12; 3:16, 18, 36; Hechos 16:31; Romanos 10:13; Efesios 2:8-9). La Iglesia Católica Romana rechaza esto. La posición oficial de la Iglesia Católica Romana es que una persona debe creer en Jesucristo Y ser bautizada Y recibir la Eucaristía junto con los otros sacramentos, Y obedecer los decretos de la Iglesia Católica Romana Y realizar obras meritorias Y no morir con algún pecado mortal Y etc., etc., etc. La divergencia Católica de la Biblia en el más crucial de los puntos, la salvación, significa que sí, el Catolicismo es una religión falsa. Si la persona cree lo que la Iglesia Católica enseña oficialmente, él o ella no serán salvados. Cualquier demanda de obras o rituales que deban ser añadidos a la fe para obtener la salvación, es afirmar que la muerte de Jesús no tuvo el valor suficiente para comprar nuestra salvación.

Mientras que la salvación por fe es el punto más crucial, al comparar el catolicismo romano con la Palabra de Dios, existen también muchas otras diferencias y contradicciones. La Iglesia Católica Romana enseña muchas doctrinas que están en desacuerdo con lo que la Biblia declara. Esto incluye la sucesión apostólica, la adoración a los santos o a María, la oración a los santos o a María, el Papa / papado, el bautismo de infantes, la transubstanciación, indulgencias plenarias, el sistema sacramental, y el purgatorio. A pesar de afirmar los católicos la base bíblica de estos conceptos, ninguna de estas enseñanzas tiene ninguna base sólida en la clara enseñanza de la Escritura. Estos conceptos están basados en la tradición católica, no en la Palabra de Dios. De hecho, ellos claramente contradicen los principios bíblicos.

Con referencia a la pregunta “¿Son salvos los católicos?”, esta es la pregunta más difícil de responder. Es imposible hacer una declaración universal sobre la salvación de todos los miembros de cualquier denominación cristiana. No TODOS los bautistas son salvos. No TODOS los presbiterianos son salvos. No TODOS los luteranos son salvos. La salvación es determinada por la fe personal solamente en Jesús para salvación, no por los títulos o identificación denominacional. A pesar de las creencias anti-bíblicas y las prácticas de la Iglesia Católica Romana, hay creyentes genuinos que asisten a las iglesias católicas. Hay muchos católicos romanos que genuinamente han depositado su fe solamente en Jesucristo para salvación. Sin embargo, estos cristianos católicos son creyentes, a pesar de lo que la Iglesia Católica enseña, no por lo que ella enseña. En cierto grado, la Iglesia Católica enseña de la Biblia y señala a la gente a Jesucristo como el Salvador. Como resultado, algunas veces la gente es salvada en iglesias católicas. La Biblia tiene un impacto en donde quiera que es proclamada (Isaías 55:11). Los cristianos católicos permanecen en la Iglesia Católica por la ignorancia de lo que la Iglesia Católica es realmente, por una tradición familiar y presión, o por el deseo de alcanzar a otros para Cristo.

Al mismo tiempo, la Iglesia Católica también aleja a mucha gente de la fe genuina y relación con Cristo. Las creencias y prácticas no bíblicas de la Iglesia Católica Romana, con frecuencia les han dado a los enemigos de Cristo la oportunidad para blasfemar. La Iglesia Católica Romana no es la iglesia que estableció Jesucristo. No es la iglesia que está basada en las enseñanzas de los apóstoles (como se describe en el Libro de Los Hechos y en las epístolas del Nuevo Testamento). A pesar de que las palabras de Jesús en Marcos 7:9 fueron dirigidas a los fariseos, ellas describen con exactitud a la Iglesia Católica Romana, “Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición.”

Jesús en la cruz, frente a los hombr

Viernes 25 Noviembre

(Jesús dijo:) Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas.

Lucas 22:53

¿No os conmueve a cuantos pasáis por el camino? Mirad, y ved si hay dolor como mi dolor que me ha venido.

Lamentaciones 1:12

Jesús en la cruz, frente a los hombres

En nuestros días, cuando alguien es condenado a la pena capital en los países donde esto se practica aún, la justicia se esfuerza por minimizar el sufrimiento y la duración de la ejecución para el condenado.

Con nuestro Señor Jesús se hizo todo lo contrario. Desde antes de su comparecencia ante el tribunal religioso, fue cobardemente golpeado, insultado, afrentado; escupieron su rostro, y los jefes de los judíos lo entregaron a Poncio Pilato, el gobernador romano.

Pilato se preguntaba qué mal había podido hacer. Sin embargo, después de un simulacro de juicio, hizo azotar a Jesús y lo entregó a sus soldados, quienes “convocaron a toda la compañía”, se burlaron de él y le pusieron una corona de espinas en la cabeza (Marcos 15:15-20).

No dejemos embotar nuestra sensibilidad y seamos conscientes del horror de los sufrimientos físicos y morales que padeció Jesús, nuestro Salvador. Imaginémonos estas escenas indignas donde un hombre solo e indefenso era atacado por todos antes de ser crucificado. Sí, Señor, ¡fue por mí que padeciste esto! Y, aún más, Jesús padeció de manera única cuando, abandonado por Dios, sufrió en nuestro lugar el juicio que nosotros merecíamos.

Para ti, Jesús, el sufrimiento,

Las lágrimas, la muerte, el abandono;

Para nosotros la liberación,

El perdón y la salvación.

Josué 13 – Hebreos 12:12-29 – Salmo 132:13-18 – Proverbios 28:15-16

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¿Qué dice la Biblia sobre la ansiedad?

La Biblia tiene mucho que decir sobre la ansiedad, aunque la palabra en sí no se encuentra con tanta frecuencia. Para sustituirla, se utilizan sinónimos como problema, pesadez, angustia y preocupación.

Las causas específicas de la ansiedad son probablemente más de las que se pueden enumerar, pero algunos ejemplos de la Biblia señalan algunas causas generales. En Génesis 32, Jacob vuelve a casa después de muchos años de ausencia. Una de las razones por las que había salido de casa era para escapar de la ira de su hermano Esaú, a quien Jacob había robado la primogenitura y la bendición de su padre. Ahora, cuando Jacob se acerca a su tierra natal, se entera de que Esaú viene a su encuentro con 400 hombres. Inmediatamente, Jacob se pone ansioso, esperando una horrible batalla con su hermano. En este caso, la ansiedad es causada por una relación rota y una conciencia culpable.

En 1 Samuel 1, Ana está angustiada porque no podía concebir hijos y era objeto de burlas por parte de Penina, la otra esposa de su marido. Su angustia se debe a los deseos insatisfechos y al acoso de una rival.

En Ester 4, el pueblo judío está angustiado por un decreto real que permitiría su masacre. La reina Ester está angustiada porque planeaba arriesgar su vida en nombre de su pueblo. El miedo a la muerte y a lo desconocido es un elemento clave de la ansiedad.

No toda la ansiedad es pecaminosa. En 1 Corintios 7:32, Pablo afirma que un hombre soltero está «ansioso» por complacer al Señor, mientras que un hombre casado está «ansioso» por complacer a su esposa. En este caso, la ansiedad no es un temor pecaminoso, sino una profunda y correcta preocupación.

Probablemente, el pasaje más conocido sobre la ansiedad proviene del Sermón del Monte, en Mateo 6. Nuestro Señor nos advierte de que no debemos estar ansiosos por las diferentes preocupaciones de esta vida. Para el hijo de Dios, incluso las necesidades como la comida y el vestido no deben ser motivo de preocupación. Utilizando ejemplos de la creación de Dios, Jesús nos enseña que nuestro Padre Celestial conoce nuestras necesidades y tiene cuidado de ellas. Si Dios cuida de cosas sencillas como la hierba, las flores y los pájaros, ¿no cuidará también de las personas que han sido creadas a su imagen? En vez de preocuparnos por las cosas que no podemos controlar, debemos «buscar primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas [las necesidades de la vida] os serán añadidas» (versículo 33). Poner a Dios en primer lugar es una cura para la ansiedad.

Muchas veces, la ansiedad o la preocupación es el resultado del pecado, y la cura es tratar con el pecado. El Salmo 32:1-5 dice que la persona a la que se le perdona el pecado es bendecida, y la pesada carga de la culpa se quita cuando se confiesan los pecados. ¿Una relación rota crea ansiedad? Intenta hacer las paces (2 Corintios 13:11). ¿El miedo a lo desconocido te produce ansiedad? Acude al Dios que lo sabe todo y lo controla todo (Salmo 68:20). ¿Las circunstancias abrumadoras te causan ansiedad? Ten fe en Dios. Cuando los discípulos se angustiaron en una tormenta, Jesús primero reprendió su falta de fe, y luego reprendió el viento y las olas (Mateo 8:23-27). Mientras estemos con Jesús, no hay nada que temer.

Podemos confiar en que el Señor proveerá para nuestras necesidades, nos protegerá del mal, nos guiará y guardará nuestras almas para la eternidad. Tal vez no podamos evitar que los pensamientos ansiosos entren en nuestra mente, pero podemos practicar la respuesta correcta. Filipenses 4:6, 7 nos dice: «Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús».

Cartas a las iglesias: Pérgamo (3)

Jueves 24 Noviembre

(Jesús dijo:) Yo conozco… dónde moras, donde está el trono de Satanás; pero retienes mi nombre, y no has negado mi fe, ni aun en los días en que Antipas mi testigo fiel fue muerto entre vosotros, donde mora Satanás.

Apocalipsis 2:13

Cartas a las iglesias: Pérgamo (3)

Leer Apocalipsis 2:12-17

Pérgamo, sede de la autoridad imperial, fue la primera ciudad de Asia Menor que instituyó el culto al emperador. Allí había templos en honor a una multitud de dioses. La iglesia de Pérgamo moraba “donde está el trono de Satanás”. Sin embargo, Jesús reconoció la fidelidad de esos cristianos: “Retienes mi nombre”. Esos creyentes no escondían su bandera, no habían cedido al miedo; habían permanecido firmes en su fe en Cristo.

Jesús se presentó a esta iglesia como el que examina todo. Su mensaje fue como una espada aguda de dos filos que pone en evidencia las motivaciones más secretas del corazón (Hebreos 4:12). Porque, mezclados con esos cristianos fieles, algunas personas daban una enseñanza falsa de la Palabra de Dios. Así arrastraban a la idolatría y la inmoralidad a quienes los escuchaban. El Señor reprochó a esta iglesia tolerar en medio de ella a tales personas, y le dijo: “Arrepiéntete”, es decir, reconoce que no debes dejarlos actuar.

A los que rechazaban estas malas enseñanzas y querían permanecer fieles, les ofreció el “maná escondido”, símbolo del alimento espiritual del cual el creyente tiene necesidad cada día. Para ver claramente en un mundo que se aleja más y más de los valores cristianos, y para no adoptar los estándares del mundo, necesitamos más que normas religiosas. Es necesario buscar el pensamiento del Señor en la Biblia, y vivir por la fe en la dulzura de su amor. De ello nos habla el maná escondido.

Josué 12 – Hebreos 12:1-11 – Salmo 132:8-12 – Proverbios 28:13-14

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Un llamado a estar en silencio y a solas

Un llamado a estar en silencio y a solas

Taylor Berghuis

Me atrevo a decir que una de las mayores amenazas para la vitalidad espiritual de los cristianos hoy en día es la ausencia de silencio y soledad rutinarios. En 2017, Domo Inc, una empresa de software basada en la nube, midió la cantidad de datos que los seres humanos de todo el mundo generan cada minuto. Sus hallazgos fueron asombrosos: cada minuto se enviaron 15.220.700 textos, se entregaron 103.447.520 correos electrónicos de spam, se compartieron 527.260 fotos en Snapchat, se vieron 4.146.600 vídeos en YouTube y Amazon realizó 258.751 dólares en ventas. En total, solo los estadounidenses utilizaron 2.657.700 gigabytes de datos cada 60 segundos. Sin duda, estas cifras no han hecho más que aumentar en los últimos años. Vivimos en una era de ruido y distracción sin precedentes.

Un conocido cristiano escribió: «Creo que el diablo se ha propuesto monopolizar tres elementos: el ruido, las prisas y las multitudes… Satanás es muy consciente del poder del silencio». Después de leer estas palabras por primera vez, habría adivinado que las había dicho un pastor o un teólogo de nuestra generación. Pero la persona que las escribió fue Jim Elliot, un misionero que murió en 1956. Estas palabras fueron escritas mucho antes de las computadoras, los teléfonos inteligentes, los mensajes de texto, las redes sociales y los correos electrónicos. Si los líderes cristianos estaban preocupados por el apetito de la sociedad por el caos sobre la calma antes de la llegada de estos inventos, imagina el efecto que la tecnología tiene en nuestras vidas hoy en día. Por decir lo menos, la era digital de la accesibilidad y la conectividad ha causado estragos en nuestra capacidad de mantener la santidad del silencio y la soledad.

¿Anti-tecnología?
Vale la pena decir que no estoy en contra de la tecnología. La tecnología está entretejida en mi vida, como sospecho que ocurre con la tuya. No pasa un día sin que la utilice o sienta su impacto. Disfrutamos de innumerables ventajas y comodidades en la vida gracias a la tecnología. Además, la tecnología ha sido fundamental para el avance del evangelio en todo el mundo.
No estoy sugiriendo que cortemos los lazos con la tecnología.

Sin embargo, abogo porque la desconectemos regularmente y dediquemos parte de cada día a estar en silencio y a solas. Sin teléfonos. Sin tabletas. Sin computadora. Sin poder escuchar esa notificación que te avisa de un mensaje de texto o de un comentario en tu publicación en las redes sociales. Apaga los aparatos.

La era digital de la accesibilidad y la conectividad ha causado estragos en nuestra capacidad de mantener la santidad del silencio y la soledad.

En silencio y a solas… intencionalmente.
El silencio y la soledad que necesitamos no son casuales, cuando las circunstancias del día resultan casualmente en un ambiente tranquilo. El tipo de silencio y soledad que defiendo es intencionado, por lo que este acto no es un fin sí mismo, sino el medio para un fin mayor: la adoración. Hay que reservar tiempo deliberadamente para este esfuerzo. Tal vez Robert Plummer, un erudito del Nuevo Testamento, lo expresa mejor: «Los tiempos de soledad y silencio para el cristiano no son para un estímulo mental o emocional, sino actos de adoración en los que uno puede centrarse ininterrumpidamente en el bondadoso Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo».

Las preocupaciones y distracciones cotidianas de este mundo apartan fácilmente nuestras mentes y corazones de la preeminencia que Dios merece en nuestras vidas. No hay nada intrínsecamente malo en la tecnología o las redes sociales, pero su influencia puede imponer sutilmente un gran daño al alma simplemente porque consumen nuestra atención con tanta facilidad. Considere las palabras del erudito de Antiguo Testamento, Allen P. Ross:

«Nuestra atención al Señor no debe ser una parte ordinaria de la vida; nuestra adoración a Él debería ser la actividad más urgente y gloriosa de nuestra vida. Pero rara vez vemos el esplendor, la belleza y la gloria de la adoración, porque no salimos de nuestro mundo lo suficiente como para comprender a este Dios de la gloria».

El silencio y la soledad rutinarios son una gran ayuda para el cristiano que se esfuerza por mantener la mente puesta en la eternidad mientras está en este mundo (Col. 3:2). Es un tiempo para retirarnos y concentrarnos exclusivamente en el Señor. Muchos utilizan el tiempo para leer las Escrituras, orar, memorizar versículos o anotar sus pensamientos. Esta práctica es necesaria no solo para refrescar nuestras almas, ya que al mismo tiempo nos agudiza para vivir fielmente en este mundo al aprovechar los medios de gracia que Dios nos ha concedido. El día y la época en que vivimos exigen un silencio y una soledad decididos.

Ideas que marcan la pauta.
Hay tres reflexiones finales que deben regir este llamamiento al silencio y a la soledad.

  1. El silencio y la soledad no son obligatorios.

No encontrarás un versículo en la Biblia que ordene a los cristianos practicar el silencio y la soledad, pero hay literatura impresa que intenta hacer ese caso. Si bien es cierto que la Biblia contiene numerosos ejemplos del pueblo de Dios dedicado al silencio y la soledad, es un error considerarlo como un requisito.

Parte de la confusión proviene de la propia vida y hábitos de Jesús. Cuando consideramos los años terrenales de Jesús a través de los relatos de los Evangelios, es evidente que se retiró para practicar el silencio y la soledad (Mateo 14:13; Marcos 6:30-32; Lucas 5:16, 6:12). La lógica defectuosa de ordenar «Practicarás el silencio y la soledad» es algo así: porque Jesús (o Pedro, Pablo, etc.) se dedicó a ello, nosotros también debemos hacerlo. Esa conclusión, sin embargo, no comprende la intención del autor de cada uno de esos pasajes. Debemos tener cuidado de no confundir los pasajes descriptivos (que registran hechos que han tenido lugar) con los pasajes prescriptivos (que informan al lector de lo que debe ocurrir). Yo sostengo que los textos de silencio y soledad de la Biblia son todos descriptivos. Por tanto, al hacer este llamamiento, lo hago con la perspectiva de que el silencio y la soledad son sabios para la vida cristiana, pero no una práctica que Dios exija.

  1. El silencio y la soledad no son antagónicos con la comunión.

La práctica del silencio y la soledad regulares no equivale a convertirse en un recluso. Los creyentes nunca deben alejarse de la comunión (Heb. 10:25) ni de relacionarse con el mundo que les rodea (Mt. 5:14-16). En su obra, «Life together» (Vida en común), Dietrich Bonhoeffer afirma correctamente: «El que busca la soledad sin compañerismo perece en el abismo de la vanidad, el autoengaño y la desesperación». Un creyente aislado se convertirá en un creyente ocioso, haciendo que la santificación se detenga. No podemos parecernos más a Jesús retirándonos del mundo por completo. Dios usa a las personas en nuestras vidas para moldearnos para nuestro bien y su gloria.

En 1787, una conocida escritora y mecenas llamada Hannah More escribió una carta en la que reflexionaba sobre su propio crecimiento espiritual. Ella proporcionó un comentario perspicaz con respecto al silencio y la soledad:

«Siempre he creído que si pudiera asegurarme un retiro tranquilo como el que ahora he logrado, sería maravillosamente buena; que tendría tiempo libre para almacenar mi mente con tales y tales máximas de sabiduría; que estaría a salvo de tales y tales tentaciones; que, en resumen, todos mis veranos serían períodos suaves de gracia y bondad. Ahora, la desgracia es que, en realidad, he encontrado una gran cantidad de comodidades como esperaba, pero sin ninguna de las virtudes relacionadas. Ciertamente, soy más feliz aquí que en la agitación del mundo, pero no encuentro que yo sea ni un poco mejor».

El silencio y la soledad rutinarios son una gran ayuda para el cristiano que se esfuerza por mantener la mente puesta en la eternidad mientras está en este mundo

  1. El silencio y la soledad no son una talla única

No hay un libro de reglas para estar en silencio y a solas. Supongo que esta disciplina será diferente en la vida de cada persona, dadas sus circunstancias. Una madre de cuatro niños pequeños tendrá que ser mucho más intencional para programar tiempo para el silencio y la soledad que un viudo jubilado. Hay libertad para evaluar la mejor manera de incorporar esta práctica de forma rutinaria en tu propia vida. La clave es que, cuando te dediques al silencio y a la soledad, tengas un propósito con ese tiempo y protejas su intención. Como escribió el pastor y teólogo del siglo XVIII Jonathan Edwards, «Un verdadero cristiano… se deleita a veces en retirarse de toda la humanidad, para conversar con Dios en lugares solitarios. Y esto tiene sus ventajas peculiares para fijar su corazón y comprometer sus afectos. La verdadera religión dispone a las personas a estar mucho tiempo a solas en sitios solitarios, para la santa meditación y la oración».

Así que, una vez más, os hago un llamamiento: Comprométete con la rutina del silencio y la soledad. Que refresque tu alma, agudice tu mente y encienda tu afecto por el Dios trino.

Taylor Berghuis

Taylor is a current M.Div. student and works as an administrator for TMS.

Gente rara

Miércoles 23 Noviembre

El hombre se fue, y dio aviso a los judíos, que Jesús era el que le había sanado.

Juan 5:15

(Jesús dijo:) Me seréis testigos… hasta lo último de la tierra.

Hechos 1:8

Gente rara

Probablemente usted ha encontrado personas que le ofrecen un evangelio, un tratado o un calendario cristiano, sin preocuparse por las miradas críticas o burlonas… O ha escuchado cristianos hablando de Jesucristo a quienes los rodean e invitándolos a conocerlo. ¿Qué motiva a los creyentes a utilizar su tiempo y su energía para evangelizar a otros, a pesar de las reacciones hostiles? ¡Gente rara!, pensará usted…

Pero anunciar la buena nueva de la salvación de Dios por medio de Jesucristo es una de las grandes misiones de los creyentes, a quienes Jesús dijo: “Me seréis testigos”. El mensaje de gracia de Dios llena sus corazones, sus pensamientos, sus vidas. Todos los que han comprendido el amor de Jesús, su Salvador, desean mostrar y compartir su felicidad. Son motivados por el amor de Dios derramado en sus corazones por el Espíritu Santo (Romanos 5:5). Porque Dios “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4).

La evangelización no es proselitismo, el cual se esfuerza en convencer y reclutar, por todos los medios, nuevos adeptos. Evangelizar es anunciar a Jesús el Salvador, dar a conocer una persona. Los que evangelizan son testigos del amor de Dios y del perdón que él concede a los que sienten el peso de sus pecados y se arrepienten. Conociendo esta felicidad para sí mismos, como los discípulos de Jesús, anhelan hablar de lo que llena su corazón. “Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hechos 4:19-20).

Josué 11 – Hebreos 11:23-40 – Salmo 132:1-7 – Proverbios 28:11-12

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Probar el propósito remoto

Probar el propósito remoto
Por R.C. Sproul

«¿Por qué permitió Dios que sucediera?». Esta pregunta pretende probar el propósito remoto o final. La pregunta supone algo crucial para nuestra comprensión de Dios. Supone que Dios pudo haber evitado lo que sucedió. Si negamos esta verdad, negamos el carácter mismo de Dios. Si Dios no pudo haberlo evitado, ya no sería Dios. Al preguntar por qué, también asumimos algo más que es vital. Suponemos que hay una respuesta a la pregunta. Suponemos que Dios tuvo una razón o un propósito para lo que ocurrió.

La pregunta permanece: «¿Fue buena la razón o el propósito de Dios?». Plantear la pregunta es responderla, si es que sabemos algo acerca de Dios. Nos equivocamos en nuestro razonamiento. Establecemos objetivos inútiles. Nos apresuramos a pensar lo absurdo. Perseguimos fines pecaminosos. No sugiramos que Dios tiene el mismo tipo de intencionalidad viciosa.

El único propósito o intención que Dios tiene es completamente bueno. Cuando la Biblia habla del ejercicio soberano del beneplácito de Su voluntad, no hay indicio alguno de arbitrariedad o intención malvada. El beneplácito de Su voluntad es siempre la buena intención de Su voluntad. Su beneplácito siempre es bueno, Su voluntad es siempre buena y Sus intenciones son siempre buenas.

Coram Deo: vivir delante del rostro de Dios
¿Qué circunstancias pasadas o presentes en tu vida te han hecho preguntar «por qué»? Pídele a Dios que te muestre cómo Sus buenas intenciones se reflejan en estas situaciones.

El gozo de ser salvo

Martes 22 Noviembre

(Jesús dijo:) Regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.

Lucas 10:20

Los discípulos estaban llenos de gozo y del Espíritu Santo.

Hechos 13:52

Vuélveme el gozo de tu salvación.

Salmo 51:12

El gozo de ser salvo

Jesús envió a sus discípulos a anunciar el Evangelio. Cuando volvieron estaban felices por los resultados de su misión. Pero el Señor los dirigió hacia un gozo más profundo, el de saber que sus nombres estaban escritos en los cielos. En efecto, ¡qué felicidad saber que pertenecemos al Señor, que somos salvos eternamente!

No obstante, mi gozo puede ser empañado, y a veces como apagado. Entonces, ¿debo deducir que ya no le pertenezco? No, porque no es el gozo el que me da la seguridad de ser salvo. Soy salvo por la obra de Cristo, y tengo esta certeza por la Palabra de Dios. Mi gozo depende de mi estado espiritual. La obra de Cristo no puede ser culpada; por lo tanto, nadie nos puede quitar nuestra salvación (Juan 10:28-29). En cambio, si nuestro estado espiritual no es bueno, puede suceder que no apreciemos más el privilegio de pertenecer a Dios, como un hijo que no quiere seguir más a sus padres.

Por falta de paciencia y de dominio propio ante las dificultades, quizás, o porque estamos demasiado absorbidos por los afanes de la vida, podemos alejarnos de Dios nuestro Padre. Así nuestro gozo se pierde. Nuestra salvación no se puede perder porque ella depende de la obra de Cristo por nosotros. Si el Espíritu de Dios es contristado en nosotros, no disfrutamos el gozo de ser salvos. Cuando un hijo de Dios no se halla en un buen estado interior, su comunión con el Padre se interrumpe; sin embargo, él sigue siendo un hijo de Dios. Si confiesa su pecado, la comunión se restablece y el gozo vuelve.

Josué 10:22-43 – Hebreos 11:1-22 – Salmo 131 – Proverbios 28:9-10

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¿Aniquilación o transformación?

WILL GRAHAM

En el mundo teológico, ha existido bastante debate en cuanto a los efectos del fuego escatológico sobre la tierra. La cuestión se puede resumir en la siguiente pregunta: ¿aniquilación o transformación?

Es decir, ¿el fuego mencionado por el apóstol Pedro aniquilará por completo el planeta como creían los luteranos o transformará la tierra como en el caso de los reformados?

El debate se centra principalmente en 2 Pedro 3:12-13 donde habla el apóstol sobre la venida de Dios diciendo, “en el cual los cielos, encendiéndose, serán desechos y los elementos, siendo quemados, se fundirán. Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia”.

¿Qué vendrá? ¿Aniquilación o transformación?

Yo aquí me ubico en la escuela reformada. Creo que todo el consejo de Dios nos habla sobre una poderosa transformación mediante la cual el fuego purificador de Dios libra la creación de la maldición del pecado.

Será el mismo mundo que antes; pero liberado y transformado.

En cierto sentido, el ejemplo del diluvio de Noé nos viene muy bien para explicar esta idea. En un sentido, es cierto que aquel mundo “pereció anegado en agua” (2 Pedro 3:6); pero aun así, seguía siendo el mismo planeta después del juicio purificador.

Las aguas no acabaron con el mundo en los días de Noé.

Otro ejemplo será la regeneración de un cristiano. Es cierto que, espiritualmente hablando, llegamos a ser nuevas criaturas cuando Dios nos salva por su soberana gracia.

No obstante, no nos convertimos en otras personas. Seguimos siendo nosotros con la misma altura, la misma edad, la misma nacionalidad, el mismo acento y el mismo nombre y apellido. No somos aniquilados.

Y la misma regla se aplica a nuestra glorificación futura. Recibiremos un cuerpo glorificado pero seguiremos siendo nosotros. Jesucristo no se convirtió en otra persona el día que recibió su cuerpo glorificado.

Existía una marcada continuidad entre su cuerpo humilde y su cuerpo glorificado.

A nivel puramente lingüístico, Pedro emplea la palabra griega kainos y no el vocablo neos cuando alude a los nuevos cielos y la nueva tierra. Juan, de hecho, en Apocalipsis 21:5 utiliza el mismo término donde el Señor dice, “He aquí, yo hago nuevas todas las cosas”.

Por medio del fuego, nace un mundo renovado pero no otro mundo totalmente diferente.

En palabras del comentarista William Hendriksen, “De en medio de la conflagración grande ha nacido un universo nuevo. La palabra usada en el original implica que era un mundo nuevo pero no otro mundo.

Es el mismo cielo y la misma tierra, pero rejuvenecidos gloriosamente: no hay maleza, ni espinas, ni cardos, etc.”.1

Otro dato lingüístico clave en el pasaje de Apocalipsis es el verbo hacer. Dios hace nuevas todas las cosas. No utiliza el verbo crear, sino hacer.

Es decir, el hacer significa dar forma a algo que ha sido creado. En este caso, los cielos y la tierra.

Y además de estos dos datos lingüísticos, está el asunto teológico desarrollado por Pablo en Romanos 8. Allí el apóstol a los gentiles enseña claramente que la creación será libertada de la esclavitud a la corrupción. No será aniquilada; sino libertada (8:21).

¿Qué tipo de liberación sería si la creación fuese aniquilada? La creación está con dolores de parto; no con dolores de muerte ni de aniquilación (8:22).

Con todo, creo que es mucho más sabio aferrarnos a la postura reformada en cuanto a la renovación de la tierra.

Así que, en respuesta a la pregunta: ¿aniquilación o transformación?, contestaría con una rotunda: ¡transformación! ¡Renovación! ¡Liberación!

Al igual que la creación renovada en los días del diluvio, así habrá una tierra libertada después de haber pasado por el fuego del juicio del Señor.

1 HENDRIKSEN, William, Más que vencedores, p. 204.

Los dos versículos de Patrick

Lunes 21 Noviembre

Lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.

Romanos 1:19-20

Los dos versículos de Patrick

Patrick quedó tetrapléjico debido a un grave accidente. Después de varios meses de rehabilitación, llegó a lo que sería su nuevo “hogar”: una institución para personas de movilidad reducida. En ese momento solo había una habitación para dos personas, la cual tuvo que compartir con Claudio, un enfermo de miopatía. Patrick era ateo. Claudio era creyente, y a veces un amigo suyo iba a leer con él un texto de la Biblia. Entonces Patrick pedía que su cama fuera movida al pasillo, porque él no quería escuchar nada de la Biblia. Pero un día no hubo quien empujara la cama, y Patrick se vio obligado a escuchar. Fue así como se volvió creyente.

Aproximadamente un año después de su conversión, encontré a Patrick. En seguida me dijo: “¡Te voy a leer dos versículos importantes!”. Entonces puse su Biblia ante él; con un palillo en la boca volteó las páginas y me mostró los dos versículos citados en el encabezamiento. Luego me explicó: “Muchas cosas nos separan: yo era un obrero, y tú un profesional; yo vivía sin Dios, y tú conoces a Jesucristo desde tu infancia. Sin embargo, este texto nos pone en una perfecta igualdad. Incluso no viendo más que el mundo que nos rodea, las estrellas y la naturaleza, podemos comprender que hay un Dios, honrarlo y agradecerle. Aquí no se trata de creer, sino de reflexionar (con nuestra inteligencia humana). Tanto para el sabio más grande como para un niño, la existencia de Dios es evidente. Pero algunos rechazan esta evidencia…”.

¿Usted ya consideró la creación de Dios?

Josué 10:1-21 – Hebreos 10:19-39 – Salmo 130 – Proverbios 28:7-8

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