La misión de la iglesia es misión en santidad

La misión de la iglesia es misión en santidad

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(Efesios 1:1–14; 4:17–5:5; 5:6–6:20; 3:14–21)

Es difícil hablar de la santidad de la iglesia. En la ecclesiología hemos tenido que crear algunas distinciones cuidadosas—tales como: visible vs. invisible; forma vs. esencia; ideal vs. real; institución vs. comunidad y perfecta vs. imperfecta— con el propósito de entender el dolor que tenemos por la falta de santidad en la Iglesia. El agua de la santidad fluye fuerte y profundamente en Efesios. También hemos visto que aquí los «santos» son una imagen dominante. Pablo llama a los efesios a una vida santa (5:1–21), llamados a ser luz en las tinieblas (5:8–14), a combatir el mal y los poderes del aire como soldados listos para la guerra (6:10–18). Todo esto afirma la confesión del Credo de los Apóstoles concerniente a la santidad de la Iglesia: «Creo en la santa iglesia universal».

Recibimos por fe la santidad de la Iglesia (Efesios 1:1–4). Es un don de Dios, afirmado por Él mismo como su propósito para nosotros. Pablo empieza su epístola con un himno antiguo en donde se exaltan diez bendiciones que describen la misión de Dios a través de las edades. Este pensamiento se expresa en forma de una letanía de alabanza a las obras de las tres Personas de la Trinidad. ¿Qué ha hecho Dios por nosotros? Nosotros somos:

Por el Padre: 1. escogidos, 2. hechos santos, 3. predestinados, 4. adoptados
CORO: para la alabanza de su gloria

Por el Hijo: 5. redimidos, 6. perdonados, 7. hechos conocedores del misterio, 8. unidos en Cristo, 9. herederos con él.
CORO: para la alabanza de su gloria

Por el Espíritu: 10. sellados
CORO: para la alabanza de su gloria

Con el lenguaje poético de este himno se explica nuestra naturaleza como pueblo santo de Dios. Recibimos esta afirmación por fe porque no podemos verla. Cuando miramos nuestras vidas como individuos no vemos mucha santidad. Con la boca confesamos que somos santos (como en Efesios 1:1); pero con la mente sabemos, y con el corazón sentimos, que somos pecadores andando como los gentiles en la vanidad de nuestras mentes, Efesios 4:17.

Así proseguimos, luchando individual y colectivamente por alcanzar la santidad que se expresa en la idea de ser el Cuerpo de Cristo (Efesios 4:17–5:14). Pablo, el apóstol de los gentiles, condena una serie de prácticas realizadas por ellos y hace brillar la luz resplandeciente de la Palabra sobre ciertos aspectos culturales de sus seguidores señalando las prácticas equivocadas que deben modificarse en la vida de aquellos que han llegado a ser un «nuevo hombre» (4:24). Estas vidas transformadas crean orgánicamente una nueva cultura transformada. Pablo enfatiza unas prácticas y unas actitudes muy personales como son: la sensualidad, la lascivia y la inmoralidad (4:19, 22; 5:3); la avaricia (4:19, 28 5:3), el hurto (4:28); la falta de diligencia en el trabajo (4:28); el lenguaje profano (4:29; 5:4) la amargura y la cólera (4:26–27, 31); la mentira (4:25) y la codicia (5:5). El apóstol llama a los miembros de la congregación a ser «hijos de luz», cada uno dando su iluminación por medio de los «frutos de bondad, justicia y verdad» con tal de que su luz haga desvanecer las tinieblas en las vidas de otros y pueda a su vez llamarlos a «despertar» y «levantarse de los muertos» para que «Cristo brille» en ellos (Efesios 5:8–14).

En el contexto de este pasaje, Pablo sólo habla de la conducta individual. Él quiere que sepamos que la iglesia como organismo se ve afectada por la manera en que los miembros hablan, cómo llevan a cabo sus trabajos, cómo usan o abusan de sus cuerpos, cómo piensan y se autoevalúan, y cómo se relacionan con los que sufren necesidad. Así que la santidad de la Iglesia queda directamente afectada por la vida de cada «nueva criatura». Cada miembro demuestra ser parte del Cuerpo de Cristo en su forma de vivir en el mundo. La manera de pagar nuestros impuestos, de administrar nuestra familia y nuestras finanzas, de votar políticamente, y de hablar en público o en privado tiene una conexión íntima con la santidad de la Iglesia.

Por el hecho de ser miembros del cuerpo, cuando confesamos nuestra creencia en la santidad de la Iglesia, confesamos nuestro compromiso con nuestra propia santidad. Esto incluye el llamado a la transformación de la cultura, la economía, la política, la educación y aún el estilo de vida de los creyentes.58 Pablo desea que reconozcamos que nuestra santidad se vive dentro de las situaciones de la vida personal individual como una expresión de la santidad de la Iglesia. (Efesios 5:6–6:20).

La Iglesia como una comunidad de «los hijos de luz» (5:8) ilumina las partes más oscuras del mundo a través de la santidad de sus miembros, tanto individual como colectivo. Matero dice que los discípulos de Jesús son «la luz del mundo» (Mateo 5:14). También, Pablo dice que la santidad de la Iglesia se relaciona con la santidad en la adoración (Efesios 5:19–20), la santidad en la organización y sumisión de la iglesia local (5:21),59 la santidad en relaciones matrimoniales (5:22–33), la santidad en ser padres de familia (6:1–4) y la santidad en el trabajo (6:5–9).

La santidad de la Iglesia en la sociedad es nuestro punto de batalla, «no contra sangre y carne sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes (6:12). En medio de tan gran maldad individual y colectiva, la Iglesia nunca debe pensar que la fuerza política y económica puede reemplazar la fuerza de la santidad de la Iglesia en Cristo Jesús. La Iglesia organizada así como individualmente debe mantenerse firme en la verdad. Es decir, debe estar rodeada de la verdad como con un cinturón alrededor de su cuerpo; poniéndose el evangelio como si fuera calzado; y manteniendo la fe como un escudo de defensa contra la opresión y el pesimismo. La Iglesia debe proclamar la salvación con certeza, pregonar la Palabra de Dios como un golpe de ofensiva contra el mal, y orar fervientemente como una contraseña que presenta las necesidades del mundo a Dios (Efesios 6:10–20). Una vez que la Iglesia se haya vestido con la armadura que Pablo describe, estará lista para comenzar a cambiar al mundo a través del ejercicio de la verdadera santidad misionera.

La verdadera santidad crece en amor (Efesios 3:17b–19). En Efesios 3:14–21 Pablo describe con detalle la santidad como un «poder en el hombre interior por su Espíritu» (3:16), como «Cristo habita por la fe en vuestros corazones» (3:17) siendo «llenos de toda la plenitud de Dios» (3:19). ¿Qué es lo que está al centro de la santa presencia de Dios en la Iglesia? ¡Amor! «En esto conocerán que sois mis discípulos, en que os améis los unos a los otros», dijo Jesús (Juan 13:35 ver Juan 15:10–12). No hay otra actividad que identifique completamente al cristiano y a la Iglesia con su Señor, que el amor. ¿Cuál es la esencia de toda la ley y los profetas? El amor a Dios y el amor al prójimo (Deut 6:5; Lev. 19:18; Mat. 19:19; 22:39; Mr. 12:31; Rom. 13:9; Gal. 5:14; Stg. 2:8). Pablo también desafía a la iglesia de Efeso en ser «arraigados y cimentados en amor» para que ellos puedan «comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura y de conocer el amor de Cristo» (3:17–19). El amor es el poder de la Iglesia en el mundo. Como historiador de la iglesia, Kenneth Scott Latourette demostró que el amor era el poder transformador más radical que desató una fuerza incalculable a través de los discípulos de Jesús y que finalmente conquistó al Imperio Romano.60 «Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos» (Juan 15:13). Y es aquí donde se halla la santidad de la Iglesia. «Esto os mando», dijo Jesús. «que os améis unos a otros» (Juan 15:17). Con esto vemos la profundidad de la afirmación del Credo, «Creo en la santa iglesia universal (católica), la comunión de los santos».

58 Véase por ejemplo, Ronald J. Sider, Rich Christians in an Age of Hunger (Downers Grove, Ill.: Inter-Varsity, 1977); idem, ed., Cry Justice! The Bible on Hunger and Poverty (New York: Paulist, 1980).

59 A Greek-English Lexicon of the New Testament traduce hypotassomenoi aquí como «entregándose voluntariamente en amor».

60 Vease Kenneth S. Latourette, A History of the Expansion of Christianity, 7 vols., vol. 1, The First Five Centuries (New York: Harper, 1937–45; repr. Ed., Grand Rapids: Zondervan, 1970), 163–69; idem, A History of Christianity (New York: Harper and Row, 1953), 105–8.

Van Engen, C. (2004). El pueblo misionero de Dios (pp. 58–61). Grand Rapids, Michigan: Libros Desafío.

MIEDO AL RIDÍCULO

MIEDO AL RIDÍCULO

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Pablo Martini
Programa No. 2016-08-21

El miedo a hacer el ridículo es una patología de la conducta humana que experimentamos a medida que crecemos. Este temor se mantiene de forma más o menos presente y se acentúa. Principalmente durante los momentos previos a una reunión social o un acto en el que piensas que vas a estar sometido a la observación de otros con los que no tienes suficiente confianza: una conferencia, un examen oral, una recepción, una boda, etc., pueden ser situaciones en las que se teme hacer el ridículo, especialmente si tienen algo de nuevo, ya que entonces, estas personas se encuentran incapaces de prever lo que puede suceder y no se pueden tranquilizar pensando que anteriormente tampoco salieron airosos de situaciones similares. En un sentido no es malo pero puede ser peligroso. Cuando esto se torna en fobia que me controla puedo estar en problemas. Existe cierto margen de error en cada proyecto que encaremos, tenemos que considerarlo al momento de planificar.
Pero debemos saber también que son esos “imprevistos” los que sacan de nosotros dosis extras de energía que teníamos ocultas, ignoradas u olvidadas. Si todo se desarrollaría en el plano de lo humanamente posible, o “fríamente calculado”, nunca habría emoción ni lugar para la fe. Fe es justamente eso: Avanzar cuando no tengo todas las respuestas, continuar cuando alguien me dice que vas a hacer el ridículo, mantener mis convicciones aunque las mayorías opinen lo contrario. Los que viven con temor a hacer el ridículo serán ridiculizados al final por no haber hecho nada. El miedo, los prejuicios, el “qué dirán” y la vergüenza, son estorbos para el desarrollo de mi carácter de fe. Lo desconocido siempre asusta, pero Dios es un Dios que te llevará, en más de una oportunidad a lugares nuevos y desconocidos para ti. Aún así debes saber que Dios nunca te llevará a un lugar que Él antes no haya preparado, y en eso descansa tu confianza.

PENSAMIENTO DEL DÍA:

Los que viven con temor a hacer el ridículo serán ridiculizados al final por no haber hecho nada.

Disponible en Internet en: http://www.labibliadice.org

Contenido publicado con autorización de:
La Biblia Dice
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En las sombras

21 Septiembre 2016

En las sombras

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por Charles R. Swindoll

1 Reyes 17:2-6

Cualquier recluta que haya pasado por un campamento de entrenamiento podrá decirle que a toda hora del día alguien le está ordenando a uno a dónde ir, cuándo estar allí, qué hacer y cómo sobrevivir. Eso es parte fundamental del entrenamiento básico. Y Dios hizo lo mismo con su profeta. Le dijo a Elías exactamente a dónde debía ir, qué iba a hacer cuando llegara a allí, y cómo se las arreglaría para sobrevivir. A Elías debió parecerle muy extraño ese plan.

Lo primero que tenía que hacer era esconderse.

«¿Esconderme? ¡Yo soy un profeta! Un hombre de palacio. Yo estoy proclamando tu Palabra. Pareces olvidar, Señor, que fui llamado a predicar.»

No, le dijo Dios a Elías. Esta vez no. «Escóndete», le dijo.

La palabra hebrea utilizada aquí sugiere la idea de ocultamiento, de mantenerse aparte con un propósito. «Ocúltate, mantente en secreto».

Una de las órdenes más difíciles de escuchar, una de las más difíciles de obedecer, es la orden de esconderse. La orden de marcharse solo, de desaparecer de la vista del público, de retirarse y de permanecer oculto deliberadamente. Esto es especialmente cierto si usted se siente cómodo siendo el centro de la atención pública, si es una persona franca y abierta, y si está dotada de habilidades para el liderazgo. También es cierto si es una persona activa que le gusta que las cosas se hagan.

Es posible que usted sea una mujer muy capaz, ya sea ama de casa o profesional. Pero, de repente, es sacada de su mundo de actividad interminable y de envolvimiento efectivo. Pero Dios le dice, claramente: «Escóndete. Permanece a solas. Deja de estar en primer plano. Aléjate de las cosas que satisfacen tu orgullo y tu ego, y ve a vivir en el arroyo.»

A veces, la enfermedad obliga a hacer este cambio. A veces, es cuando llegamos al límite de nuestras energías y comenzamos a agotarnos, o estamos a punto de eso. Algunas veces, Dios, sin darnos explicaciones, sencillamente nos quita de un lugar y nos moldea de nuevo para ponernos en otro.

Dios tenía un par de razones para ordenarle a Elías que se escondiera. Primera: quería protegerle de Acab; y, segunda: quería prepararlo para que se convirtiera en un hombre de Dios. Cuando Dios nos dice, de repente, casí como viniendo del mismísimo cielo: «Escóndete». Él tiene, por lo general, estos propósitos en mente: protección y preparación.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2016 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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El río del santuario

Ezequiel 46-48

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El río del santuario

46 “Así dice el Señor Dios[a]: ‘La puerta del atrio interior que mira al oriente estará cerrada los seis días de trabajo; pero se abrirá el día de reposo; también se abrirá el día de la luna nueva. ‘Y el príncipe entrará desde el exterior por el camino del vestíbulo de la puerta y se detendrá junto al poste de la puerta. Entonces los sacerdotes ofrecerán su holocausto y sus ofrendas de paz, y él adorará junto al umbral de la puerta y luego saldrá, pero no se cerrará la puerta hasta la tarde. ‘El pueblo de la tierra también adorará a la entrada de esa puerta delante del Señorlos días de reposo y en las lunas nuevas. ‘El holocausto que el príncipe ofrecerá al Señor el día de reposo será de seis corderos sin defecto y un carnero sin defecto; y la ofrenda de cereal será de un efa[b] por carnero, y la ofrenda de cereal con[c] los corderos según lo que pueda dar[d], y un hin[e] de aceite por efa.‘El día de la luna nueva ofrecerá un novillo sin defecto de la vacada, también seis corderos y un carnero, que serán sin defecto. ‘Y proveerá una ofrenda de cereal, un efa por novillo y un efa por carnero, y con[f] los corderos según lo que pueda[g], y un hin de aceite por efa. ‘Y cuando el príncipe entre, entrará por el camino del vestíbulo de la puerta y saldrá por el mismo camino[h]. ‘Pero cuando el pueblo de la tierra venga delante del Señor en las fiestas señaladas, el que entre por la puerta del norte para adorar, saldrá por la puerta del sur, y el que entre por la puerta del sur, saldrá por la puerta del norte. Nadie saldrá[i] por la puerta por la cual entró, sino que saldrá por el lado opuesto. 10 ‘Y cuando entren, el príncipe entrará en medio de ellos; y cuando ellos salgan, saldrá él[j]. 11 ‘En los días festivos y en las fiestas señaladas la ofrenda de cereal será de un efa por novillo y de un efa por cordero, y con[k] los corderos, según lo que pueda dar[l], y de un hin de aceite por efa. 12 ‘Y cuando el príncipe ofrezca una ofrenda voluntaria, un holocausto u ofrendas de paz como ofrenda voluntaria al Señor, le abrirán la puerta que da al oriente, y ofrecerá su holocausto y sus ofrendas de paz como lo hace en el día de reposo. Luego saldrá, y cerrarán la puerta después que él salga.

13 ‘Cada día ofrecerás un cordero de un año sin defecto para holocausto al Señor; mañana tras mañana lo ofrecerás. 14 ‘También con él ofrecerás cada mañana una ofrenda de cereal, la sexta parte de un efa y la tercera parte de un hin de aceitepara humedecer la flor de harina; es la ofrenda continua de cereal al Señor como ordenanza perpetua[m]. 15 ‘Ofrecerán, pues, el cordero, la ofrenda de cereal y el aceite, mañana tras mañana, como un holocausto continuo.’

16 “Así dice el Señor Dios: ‘Si de su heredad el príncipe hace un regalo a alguno de sus hijos, será para sus hijos; es posesión de ellos por heredad. 17 ‘Pero si de su heredad hace un regalo a uno de sus siervos, será de él hasta el año del jubileo; después volverá al príncipe. Su heredad será sólo de sus hijos; a ellos pertenecerá. 18 ‘Y el príncipe no tomará nada de la heredad del pueblo, despojándolos[n] de su posesión; dará heredad a sus hijos de su propia posesión, para que ninguno de mi pueblo sea echado de su posesión.’”

19 Después me llevó por la entrada que estaba al lado[o] de la puerta, a las cámaras sagradas de[p] los sacerdotes que daban al norte; y he aquí, había allí un lugar al fondo, hacia el occidente. 20 Y me dijo: Este es el lugar donde los sacerdotes cocerán la ofrenda por la culpa y la ofrenda por el pecado, y donde cocerán la ofrenda de cereal, para que no tengan que sacarlas al atrio exterior, y santifiquen[q]así al pueblo. 21 Entonces me sacó al atrio exterior y me llevó por los cuatro ángulos del atrio; y he aquí, en cada ángulo del atrio había un atrio pequeño. 22 En los cuatro ángulos del atrio había atrios cercados, de cuarenta codos[r] de largo y treinta de ancho; los cuatro atrios en los ángulos tenían una misma medida. 23 Yhabía un muro alrededor de ellos, alrededor de los cuatro, y debajo había fogones construidos alrededor de los muros. 24 Y me dijo: Estos son los fogones[s] donde los servidores de la casa cocerán los sacrificios del pueblo.

El río del santuario

47 Después me hizo volver a la entrada del templo[t]; y he aquí, brotaban aguas de debajo del umbral del templo[u] hacia el oriente, porque la fachada del templo[v]daba hacia el oriente. Y las aguas descendían de debajo, del lado[w] derecho del templo[x], al sur del altar. Me sacó por la puerta del norte y me hizo dar la vuelta por[y] fuera hasta la puerta exterior, por la puerta que da al oriente. Y he aquí, las aguas fluían del lado[z] sur.

Cuando el hombre salió hacia el oriente con un cordel en la mano, midió mil codos[aa], y me hizo pasar por las aguas, con el agua hasta los tobillos. Midióotros mil, y me hizo pasar por las aguas, con el agua hasta las rodillas. De nuevo midió otros mil y me hizo pasar por las aguas, con el agua hasta la cintura[ab]. Y midió otros mil; y ya era un río que yo no pude vadear, porque las aguas habían crecido, aguas que tenían que pasarse a nado, un río que no se podía vadear.Entonces me dijo: ¿Has visto, hijo de hombre? Me llevó y me hizo volver a la orilla del río. Y cuando volví, he aquí, en la orilla del río había muchísimos árboles a uno y otro lado. Y me dijo: Estas aguas salen hacia la región oriental y descienden al Arabá[ac]; luego siguen hacia el mar y desembocan en el mar; entonces las aguas del mar quedan purificadas[ad]. Y sucederá que dondequiera que pase el río[ae], todo ser viviente que en él se mueve, vivirá. Y habrá muchísimos peces, porque estas aguas van allá, y las otras son purificadas[af]; así vivirá todo por donde pase el río. 10 Y[ag] junto a él se pararán los pescadores, y desde En-gadi hasta En-eglaim habrá un lugar para tender las redes. Sus peces serán según sus especies, como los peces del mar Grande, numerosísimos.11 Pero sus pantanos y marismas no serán purificados[ah]; serán dejados[ai] para salinas. 12 Junto al río, en su orilla, a uno y otro lado, crecerán toda clase deárboles que den fruto para comer. Sus hojas no se marchitarán, ni faltará su fruto. Cada mes darán fruto porque sus aguas fluyen del santuario; su fruto será para comer y sus hojas para sanar.

Límites y división de la tierra

13 Así dice el Señor Dios[aj]: Estos serán los límites según los cuales repartiréis la tierra por heredad entre las doce tribus de Israel; José tendrá dos partes. 14 La repartiréis por heredad a cada uno en igual proporción que[ak] a su hermano; porque juré[al] darla a vuestros padres, esta tierra os tocará en heredad.

15 Y estos serán los límites de la tierra: Por el lado norte, desde el mar Grande, camino de Hetlón, hasta la entrada de Zedad; 16 Hamat, Berota, Sibraim, que está entre el límite de Damasco y el límite de Hamat; Hazar-haticón, que está en el límite de Haurán. 17 Y el límite se extenderá[am] desde el mar hasta Hazar-enán enel límite de Damasco, y en el norte, hacia el norte, al límite de Hamat; este es el lado norte. 18 Y por el lado oriental, entre[an] Haurán, Damasco, Galaad y la tierra de Israel, al Jordán; mediréis desde el límite norte hasta el mar oriental; este es el lado oriental. 19 Y el lado sur, hacia el sur, se extenderá desde Tamar hasta las aguas de Meriba de Cades, hacia el torrente de Egipto, hasta el mar Grande; este es el lado sur, hacia el sur. 20 Y el lado occidental será el mar Grande, desde el límite sur hasta enfrente de Lebo-hamat[ao]; este es el lado occidental.

21 Repartiréis, pues, esta tierra entre vosotros según las tribus de Israel. 22 La[ap]sortearéis como heredad entre vosotros y entre los forasteros que residen en medio de vosotros y que hayan engendrado hijos entre vosotros. Y serán para vosotros como nativos entre los hijos de Israel; se les sorteará herencia con vosotros entre las tribus de Israel. 23 En[aq] la tribu en la cual el forastero resida, allíle daréis su herencia —declara el Señor Dios.

48 Estos son los nombres de las tribus: desde el extremo norte, junto al[ar]camino de Hetlón a Lebo-hamat[as], hasta Hazar-enán en el límite de Damasco al norte, junto a[at] Hamat, desde el lado oriental hasta el occidental[au]: Dan, unaparte. Junto al límite de Dan, desde el lado oriental hasta el lado occidental: Aser, una parte. Junto al límite de Aser, desde el lado oriental hasta el lado occidental: Neftalí, una parte. Junto al límite de Neftalí, desde el lado oriental hasta el lado occidental: Manasés, una parte. Junto al límite de Manasés, desde el lado oriental hasta el lado occidental: Efraín, una parte. Junto al límite de Efraín, desde el lado oriental hasta el lado occidental: Rubén, una parte. Junto al límite de Rubén, desde el lado oriental hasta el lado occidental: Judá, una parte.

Y junto al límite de Judá, desde el lado oriental hasta el lado occidental estará la porción[av] que separaréis[aw], de veinticinco mil codos[ax] de ancho, y de largo como una de las demás partes, desde el lado oriental hasta el lado occidental; y el santuario estará en medio de ella. La porción que separaréis para el Señor será de veinticinco mil codos de largo y diez mil de ancho. 10 Y la porción sagrada será para éstos, es decir, para los sacerdotes, hacia el norte, de veinticinco mil codos de largo, hacia el occidente de diez mil de ancho, hacia el oriente de diez mil de ancho, y hacia el sur de veinticinco mil de largo; y el santuario del Señor estará en medio de ella. 11 Esta será para los sacerdotes santificados de los hijos de Sadoc, que han guardado mi ordenanza, que no se descarriaron cuando los hijos de Israel se descarriaron, como se descarriaron los levitas. 12 Y será para ellos una porción de la porción de la tierra, un lugar santísimo, junto al límite de los levitas. 13 A lo largo del límite de los sacerdotes, los levitas tendrán veinticinco mil codos de largo y diez mil de ancho. La longitud total será de veinticinco mil codos y la anchura de diez mil. 14 No venderán nada de ella ni la cambiarán, ni cederán esta porción escogida[ay] de la tierra, porque es consagrada para el Señor.

15 El resto de cinco mil codos de ancho y de veinticinco mil de largo[az] será para uso común de la ciudad, para viviendas y para pastizales[ba]; y la ciudad estará en medio de ella. 16 Y éstas serán sus medidas: al lado norte, cuatro mil quinientoscodos, al lado sur, cuatro mil quinientos codos, al lado oriental, cuatro mil quinientos codos, y al lado occidental, cuatro mil quinientos codos. 17 Y la ciudad tendrá pastizales[bb]: al norte, doscientos cincuenta codos, al sur, doscientos cincuenta codos, al oriente, doscientos cincuenta codos, y al occidente, doscientos cincuenta codos. 18 Lo que quede de la longitud a lo largo de la porción sagrada será de diez mil codos hacia el oriente y de diez mil hacia el occidente; y estará a lo largo de la porción sagrada. Y sus productos servirán de alimento para los trabajadores de la ciudad. 19 Y los trabajadores de la ciudad, de todas las tribus de Israel, la cultivarán. 20 Toda la porción será de veinticinco milcodos por veinticinco mil; separaréis[bc] la porción sagrada, un cuadrado[bd], junto con la propiedad[be] de la ciudad.

21 Y lo que quede será para el príncipe, a uno y otro lado de la porción santa y de la propiedad[bf] de la ciudad; a lo largo de los veinticinco mil codos de la porción hasta el límite oriental y hacia el occidente enfrente de los veinticinco mil, hacia el límite occidental, a lo largo de las partes, será para el príncipe. Y la porción sagrada y el santuario del templo[bg] estarán en medio de ella. 22 Y excluyendo la propiedad[bh] de los levitas y la propiedad[bi] de la ciudad que están en medio de lo que pertenece al príncipe, todo lo que está entre el límite de Judá y el límite de Benjamín, será para el príncipe.

23 En cuanto a las demás tribus, desde el lado oriental hasta el lado occidental: Benjamín, una parte. 24 Junto al límite de Benjamín, desde el lado oriental hasta el lado occidental: Simeón, una parte. 25 Junto al límite de Simeón, desde el lado oriental hasta el lado occidental: Isacar, una parte. 26 Junto al límite de Isacar, desde el lado oriental hasta el lado occidental: Zabulón, una parte. 27 Junto al límite de Zabulón, desde el lado oriental hasta el lado occidental: Gad, una parte.28 Y junto al límite de Gad, al lado sur, hacia el sur, el límite será desde Tamar hasta las aguas de Meriba de Cades, hacia el torrente de Egipto hasta el mar Grande. 29 Esta es la tierra que sortearéis como herencia para las tribus de Israel, y éstas serán sus porciones —declara el Señor Dios[bj].

30 Y estas son las salidas de la ciudad: al lado norte, cuatro mil quinientos codospor medida. 31 Las puertas de la ciudad llevarán[bk] los nombres de las tribus de Israel; tres puertas al norte: la puerta de Rubén, una; la puerta de Judá, otra; la puerta de Leví, otra. 32 Al lado oriental, cuatro mil quinientos codos, y tres puertas: la puerta de José, una; la puerta de Benjamín, otra; la puerta de Dan, otra. 33 Al lado sur, cuatro mil quinientos codos por medida, y tres puertas: la puerta de Simeón, una; la puerta de Isacar, otra; la puerta de Zabulón, otra. 34 Y al lado occidental, cuatro mil quinientos codos y sus tres puertas: la puerta de Gad, una; la puerta de Aser, otra; la puerta de Neftalí, otra. 35 La ciudad tendrá dieciocho milcodos en derredor; y el nombre de la ciudad desde ese día será: el Señor está allí[bl].

Notas al pie:

  1. Ezequiel 46:1Heb., YHWH, generalmente traducido Señor, y así en el resto del cap.
  2. Ezequiel 46:5Un efa equivale aprox. a 22 litros
  3. Ezequiel 46:5Lit., por
  4. Ezequiel 46:5Lit., un donativo de su mano
  5. Ezequiel 46:5Un hin equivale aprox. a 3.7 litros
  6. Ezequiel 46:7Lit., por
  7. Ezequiel 46:7Lit., según su mano alcance
  8. Ezequiel 46:8Lit., por su camino
  9. Ezequiel 46:9Lit., El no volverá
  10. Ezequiel 46:10Así en muchos mss. y versiones antiguas; en el T.M., ellos saldrán
  11. Ezequiel 46:11Lit., por
  12. Ezequiel 46:11Lit., un donativo de su mano
  13. Ezequiel 46:14O, estatuto perpetuo
  14. Ezequiel 46:18Lit., oprimiéndolos
  15. Ezequiel 46:19Lit., hombro
  16. Ezequiel 46:19Lit., a
  17. Ezequiel 46:20O, transmitan santidad
  18. Ezequiel 46:22Aquí el codo equivale aprox. a 52.5 cm.
  19. Ezequiel 46:24Lit., casas para cocer
  20. Ezequiel 47:1Lit., casa
  21. Ezequiel 47:1Lit., casa
  22. Ezequiel 47:1Lit., casa
  23. Ezequiel 47:1Lit., hombro
  24. Ezequiel 47:1Lit., casa
  25. Ezequiel 47:2Lit., por el camino de
  26. Ezequiel 47:2Lit., hombro
  27. Ezequiel 47:3Aquí el codo equivale aprox. a 52.5 cm.
  28. Ezequiel 47:4O, a los lomos
  29. Ezequiel 47:8O, desierto
  30. Ezequiel 47:8Lit., saneadas
  31. Ezequiel 47:9Lit., entren los dos ríos
  32. Ezequiel 47:9Lit., saneadas
  33. Ezequiel 47:10Lit., Y sucederá que
  34. Ezequiel 47:11Lit., saneados
  35. Ezequiel 47:11Lit., dados
  36. Ezequiel 47:13Heb., YHWH, generalmente traducido Señor, y así en el resto del cap.
  37. Ezequiel 47:14Lit., a cada uno como
  38. Ezequiel 47:14Lit., alcé mi mano para
  39. Ezequiel 47:17Lit., será
  40. Ezequiel 47:18Lit., de entre
  41. Ezequiel 47:20O, de la entrada de Hamat
  42. Ezequiel 47:22Lit., Y será que la
  43. Ezequiel 47:23Lit., Y será que en
  44. Ezequiel 48:1Lit., a la mano del
  45. Ezequiel 48:1O, la entrada de Hamat
  46. Ezequiel 48:1Lit., a la mano del
  47. Ezequiel 48:1Lit., y habrá para él un lado oriental y un lado occidental
  48. Ezequiel 48:8O, contribución, y así en el resto del cap.
  49. Ezequiel 48:8Lit., ofreceréis
  50. Ezequiel 48:8O posiblemente, cañas, y así en el resto del cap.
  51. Ezequiel 48:14Lit., lo primero o las primicias
  52. Ezequiel 48:15Lit., al frente
  53. Ezequiel 48:15O, terrenos públicos
  54. Ezequiel 48:17O, terrenos públicos
  55. Ezequiel 48:20Lit., ofreceréis
  56. Ezequiel 48:20Lit., un cuarto
  57. Ezequiel 48:20O, posesión
  58. Ezequiel 48:21O, posesión
  59. Ezequiel 48:21Lit., de la casa
  60. Ezequiel 48:22O, posesión
  61. Ezequiel 48:22O, posesión
  62. Ezequiel 48:29Heb., YHWH, generalmente traducido Señor
  63. Ezequiel 48:31Lit., según
  64. Ezequiel 48:35Heb., YHWH-shamma

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