Segunda Temporada – Programa 14 – «Crisis en los hogares: El rol del hombre»
«Crisis en los hogares: El rol del hombre»

Segunda Temporada – Programa 14
Eduardo Saladín – Sugel Michelén – Marcos Peña
«Crisis en los hogares: El rol del hombre»

Segunda Temporada – Programa 14
Eduardo Saladín – Sugel Michelén – Marcos Peña
SU AMOR, NO EL MÍO

Pablo Martini
Programa No. 2016-09-26
El capítulo 21 del evangelio según San Juan sigue siendo un capítulo sorprendente. La lección que Jesús quiso enseñarle al apóstol Pedro deprimido, por su propia debilidad humana, quizás es la siguiente: “No regules tu vida basándote en el amor que me tienes a mí, porque por más que me prometiste fidelidad incondicional me negaste tres veces”. Tal vez por eso tres veces le preguntó si le amaba, porque le estaba pidiendo un ajuste con su amor. Le estaba pidiendo que se enfrente cara a cara con la medida de su amor, que ajuste su enfoque para que vea que el amor que tenemos por el Señor es un amor sujeto a nuestra humana debilidad. Más bien le estaba diciendo que debía acordar toda su vida, ministerio y servicio en el amor que Jesús le tenía a él y no el que él tenía por su Señor. El amor del Señor no había cambiado. Se lo demostró en la pesca milagrosa, en el desayuno gratis, en una caminata, en la comisión de pastorear las ovejas. “Mi amor por ti sigue igual, Pedro, y en eso debes basar tus pasos de fe”. Somos tentados, casi siempre, a practicar cierta religión “por obras”, donde pretendemos impactar a Dios con demostraciones de fidelidad y amor pasajero. Dios no ha exigido nunca que sus criaturas sean perfectas. Ese es el argumento que muchos sostienen respecto a Dios. Basándose en eso, algunos se esfuerzan por ser aceptados, por convencer o impactar a Dios con su perfecta impecabilidad ficticia. Otros, en cambio, abandonan frustrados la tarea, y sienten nunca poder llegar a satisfacer las demandas divinas. Creo que en esas se encontraba Pedro, y de no haber sido interceptado por El Señor aquella madrugada, se hubiese perdido en los anales de la historia. Ni la una ni la otra. Sinceridad más que impecabilidad es lo que Dios busca. David escribió en el Salmo 51:6 “He aquí que tú amas la verdad en lo íntimo”.
Nunca lo olvides, depende de Su amor, no del tuyo.
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26 Septiembre 2016
Situaciones difíciles

1 Reyes 17:5-7
Elías estaba en una situación difícil. Una situación en la que su vida estaba en riesgo. El arroyo se había secado. ¿Es que Dios se había olvidado de su fiel siervo? ¿Se ha olvidado de Dios usted? ¿Lo ha dejado solo? El Dios que da el agua puede también negar el agua. Ese es Su derecho soberano.
Nuestros sentimientos humanos nos dicen que una vez que nuestro fiel Padre celestial nos da agua, no debe negarla nunca. Que no sería justo. Que una vez que nos da una esposa o esposo, nunca debe llevárselo. Que una vez que nos da un hijo, nunca debe quitárnoslo. Que una vez que nos da un buen negocio, no tiene derecho a arrancárnoslo. Que una vez que nos da un pastor, nunca debe llamarlo a servir en otro lugar. Que una vez que nos da un crecimiento rápido y mucha satisfacción en un ministerio, no tiene ningún derecho a presentarse y decirnos: «Espera un momento. No hay ninguna necesidad de que crezcas más. Permíteme ahora darte a ti una mayor profundidad espiritual.» Pero muy por el contrario, ¡Él tiene todo el derecho!
Cuando nos encontramos en situaciones difíciles, tendemos a sentirnos abandonados, a volvernos resentidos y a pensar. ¿Cómo pudo Dios abandonarme? En realidad, es todo lo contrario. En tiempos de prueba es cuando somos, más que nunca, el objeto de su preocupación.
Dios le dice, en medio de su arroyo seco: «He aquí que en las palmas de mis manos te tengo grabada; tú estás siempre delante de mí.» Luego, Él utiliza esa hermosa imagen de una joven madre con su nuevo bebé, y nos sorprende con un recordatorio muy real: «¿Acaso se olvidará la mujer de su bebé, y dejará de compadecerse del hijo de su vientre?» Usted no pensaría que eso puede ocurrir, ¿verdad? Pero vea las historias de la prensa y sabrá cuántas mujeres hacen sus pequeños bebés, y a veces hasta abusan de ellos, los torturan o los matan. Sí, por más inimaginable que parezca, hasta una madre puede olvidarse de su niño de pecho. Pero he aquí la gran verdad; Dios no es así. ¡Él no es así! Él nunca nos olvidará, porque nuestros nombres están siempre grabados en las palmas de sus manos. Haga una pausa, y deje que este pensamiento le invada profundamente.
En tiempos de prueba es cuando somos el objeto de la preocupación de Dios.
Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2016 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.
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Oseas 1-4

La mujer y los hijos de Oseas
1 Palabra del Señor que vino a Oseas, hijo de Beeri, en días de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá, y en días de Jeroboam, hijo de Joás, rey de Israel.
2 Cuando por primera vez el Señor habló[a] por medio de Oseas, el Señor le dijo[b]: Anda, toma para ti a una mujer ramera y engendra hijos de prostitución; porque la tierra se prostituye gravemente, abandonando al[c] Señor. 3 Fue, pues, y tomó a Gomer, hija de Diblaim; y ella concibió y le dio a luz un hijo. 4 Y el Señor dijo a Oseas[d]: Ponle por[e] nombre Jezreel[f], porque dentro de poco castigaré a la casa de Jehú por la sangre derramada en Jezreel[g], y pondré fin al reino de la casa de Israel. 5 Y sucederá que en aquel día quebraré el arco de Israel en el valle de Jezreel. 6 Ella concibió otra vez y dio a luz una hija. Y el Señor le dijo: Ponle por[h]nombre Lo-ruhamá[i], porque ya no me compadeceré de la casa de Israel, pues no los perdonaré jamás. 7 Pero me compadeceré de la casa de Judá y los salvaré por el Señor su Dios; y no los salvaré con arco, ni con espada, ni con batalla, ni con caballos ni jinetes. 8 Después de haber destetado a Lo-ruhamá, ella concibió y dio a luz un hijo. 9 Y el Señor dijo: Ponle por[j] nombre Lo-ammí[k], porque vosotros no sois mi pueblo y yo no soy vuestro Dios[l].
10 [m]Pero el número de los hijos de Israel
será como la arena del mar,
que no se puede medir ni contar;
y sucederá que en el lugar
donde se les dice:
No sois mi pueblo,
se les dirá:
Sois hijos del Dios viviente.
11 Y los hijos de Judá y los hijos de Israel se reunirán,
y nombrarán para sí un solo jefe,
y subirán de la tierra,
porque grande será el día de Jezreel.
2 [n]Decid a vuestros hermanos: Ammí[o], y a vuestras hermanas: Ruhamá[p].
2 Contended con vuestra madre, contended,
porque ella no es mi mujer, y yo no soy su marido;
que quite, pues, de su rostro sus prostituciones,
y sus adulterios de entre sus pechos;
3 no sea que yo la desnude completamente
y la deje como el día en que nació,
y la ponga como un desierto,
la reduzca a tierra seca
y la mate de sed.
4 Y no tendré compasión de sus hijos,
porque son hijos de prostitución[q],
5 pues su madre se prostituyó;
la que los concibió se deshonró,
porque dijo: “Iré tras mis amantes,
que me dan mi pan y mi agua,
mi lana y mi lino, mi aceite y mi bebida.”
6 Por tanto, he aquí, cercaré su[r] camino con espinos,
y levantaré un muro contra ella[s] para que no encuentre sus senderos.
7 Y seguirá a sus amantes, pero no los alcanzará;
los buscará, pero no los hallará.
Entonces dirá: “Iré y volveré a mi primer marido,
porque mejor me iba entonces que ahora.”
8 Pues ella no sabía que era yo el que le daba el trigo, el mosto y el aceite,
y le prodigaba la plata y el oro,
que ellos usaban para Baal[t].
9 Por tanto, volveré a tomar mi trigo a su tiempo
y mi mosto a su sazón.
También me llevaré mi lana y mi lino
que le di para que cubriera su desnudez.
10 Y ahora descubriré su vergüenza[u]
ante los ojos de sus amantes,
y nadie la librará de mi mano.
11 Haré cesar también todo su regocijo,
sus fiestas, sus lunas nuevas, sus días de reposo,
y todas sus solemnidades.
12 Devastaré sus vides y sus higueras,
de las cuales decía ella: “Son la paga
que mis amantes me han dado.”
Y las convertiré en matorral,
y las devorarán las bestias del campo.
13 Y la castigaré por los días de los Baales
cuando ella les ofrecía sacrificios[v]
y se adornaba con sus zarcillos y joyas,
y se iba tras sus amantes, y se olvidaba de mí —declara el Señor.
14 Por tanto, he aquí, la seduciré,
la llevaré al desierto,
y le hablaré al[w] corazón.
15 Le daré sus viñas desde allí,
y el valle de Acor por puerta de esperanza.
Y allí cantará[x] como en los días de su juventud,
como en el día en que subió de la tierra de Egipto.
16 Sucederá en aquel día —declara el Señor—
que me llamarás Ishí[y]
y no me llamarás más Baalí[z].
17 Porque quitaré de su boca los nombres de los Baales,
y nunca más serán mencionados[aa] por sus nombres.
18 En aquel día haré también un pacto por ellos
con las bestias del campo,
con las aves del cielo
y con los reptiles de la tierra;
quitaré[ab] de la tierra el arco, la espada y la guerra,
y haré que ellos duerman[ac] seguros.
19 Te desposaré conmigo para siempre;
sí, te desposaré conmigo en justicia y en derecho,
en misericordia y en compasión;
20 te desposaré conmigo en fidelidad,
y tú conocerás al Señor.
21 Y sucederá que en aquel día yo responderé —declara el Señor—,
responderé a los cielos, y ellos responderán a la tierra,
22 y la tierra responderá al trigo, al mosto y al aceite,
y ellos responderán a Jezreel.
23 La sembraré para mí en la tierra,
y tendré compasión de la que no recibió compasión[ad],
y diré al que no era mi pueblo[ae]:
Tú eres mi pueblo,
y él dirá: Tú eres mi Dios.
3 Y el Señor me dijo: Ve otra vez, ama a una mujer amada por otro[af] y adúltera, así como el Señor ama a los hijos de Israel a pesar de que ellos se vuelven a otros dioses y se deleitan con tortas de pasas. 2 La compré, pues, para mí por quincesiclos[ag] de plata y un homer[ah] y medio[ai] de cebada. 3 Y le dije: Te quedarás conmigo por muchos días. No te prostituirás, ni serás de otro hombre, y yo también seré para ti. 4 Porque por muchos días los hijos de Israel quedarán sin rey y sin príncipe, sin sacrificio y sin pilar sagrado, y sin efod y sin ídolos domésticos[aj]. 5 Después los hijos de Israel volverán y buscarán al Señor su Dios y a David su rey; y acudirán temblorosos al Señor y a su bondad en los últimos días.
4 Escuchad la palabra del Señor, hijos de Israel,
porque el Señor tiene querella contra los habitantes de la tierra,
pues no hay fidelidad[ak], ni misericordia[al],
ni conocimiento de Dios en la tierra.
2 Sólo hay perjurio, mentira, asesinato, robo y adulterio.
Emplean la violencia, y homicidios tras homicidios se suceden[am].
3 Por eso la tierra está de luto,
y languidece todo morador en ella
junto con las bestias del campo y las aves del cielo;
aun los peces del mar desaparecen[an].
4 Pero que nadie contienda ni nadie reprenda;
porque tu pueblo es como los que contienden con el sacerdote.
5 Tropezarás de día,
y tropezará también el profeta contigo de noche,
y destruiré a tu madre.
6 Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento.
Por cuanto tú has rechazado el conocimiento,
yo también te rechazaré para que no seas[ao] mi sacerdote;
como has olvidado la ley de tu Dios,
yo también me olvidaré de tus hijos.
7 Cuanto más se multiplicaron, más pecaron contra mí;
cambiaré, pues, su gloria en afrenta.
8 Del pecado[ap] de mi pueblo se alimentan,
y hacia su iniquidad dirigen sus deseos[aq].
9 Como el pueblo, así será el sacerdote;
los castigaré por su proceder[ar],
y les pagaré[as] según sus obras.
10 Comerán, pero no se saciarán;
se prostituirán, pero no se multiplicarán,
porque han dejado de hacer caso al Señor.
11 La prostitución, el[at] vino y el mosto quitan el juicio[au].
12 Mi pueblo consulta a su ídolo de madera, y su vara les informa;
porque un espíritu de prostitución los ha descarriado,
y se han prostituido, apartándose de[av] su Dios.
13 Ofrecen sacrificios sobre las cumbres de los montes
y queman incienso[aw] sobre las colinas,
debajo de las encinas, los álamos y los terebintos,
porque su sombra es agradable.
Por tanto, vuestras hijas se prostituyen,
y vuestras nueras cometen adulterio.
14 No castigaré a vuestras hijas cuando se prostituyan
ni a vuestras nueras cuando cometan adulterio,
porque los hombres mismos[ax] se retiran con rameras
y ofrecen sacrificios con las rameras del culto pagano[ay];
así se pierde[az] el pueblo sin entendimiento.
15 Aunque tú, Israel, te prostituyas,
que no se haga culpable Judá;
tampoco vayáis a Gilgal,
ni subáis a Bet-avén,
ni juréis:
¡Vive el Señor!
16 Puesto que Israel es terco
como novilla indómita,
¿los pastoreará ahora el Señor
como a un cordero en campo espacioso[ba]?
17 Efraín se ha unido a los ídolos;
déjalo.
18 Acabada su bebida,
se entregaron a la prostitución;
sus príncipes[bb] aman mucho la ignominia.
19 El viento los envuelve en sus alas,
y se avergonzarán de sus sacrificios.
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