El previo requisito del éxito

El previo requisito del éxito

3/13/2017

Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. (Lucas 19:10)

S. D. Gordon escribió un libro intitulado Quiet Talks with World Winners (Conversaciones ­silenciosas con los ganadores del mundo). En ese libro cuenta la historia de un grupo de personas que se preparaban para escalar el Monte Blanco en los Alpes Suizos. Los guías explicaron que, debido a lo difícil del ascenso, cada persona debía llevar consigo únicamente el equipo necesario para escalar, dejando atrás todas las pertenencias personales.

Un joven inglés no hizo caso al consejo y llevó consigo varias cosas, pero en el camino hacia la cumbre, las fue dejando atrás, una a una. Por último, cuando alcanzó la cumbre, lo había tirado todo menos el equipo esencial.

S. D. Gordon aplicó eso a la vida cristiana: “Muchos de nosotros, cuando nos damos cuenta de que no podemos alcanzar la cumbre con nuestras cargas, dejamos de subir, y levantamos en la llanura nuestras tiendas, y nos quedamos con nuestros planes y nuestras pertenencias insignificantes. La llanura parece estar llena de muchas tiendas”. Lo que todos debemos preguntarnos es: ¿Están mis pertenencias personales impidiéndome cumplir la misión que Dios me ha dado?

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Jesús es el Amén de Dios

MARZO, 13

Jesús es el Amén de Dios

Devocional por John Piper

Pues tantas como sean las promesas de Dios, en Él todas son sí; por eso también por medio de Él, Amén, para la gloria de Dios por medio de nosotros. (2 Corintios 1:20)

La oración es el lugar donde repetidamente el pasado y el futuro se conectan en nuestra vida. Menciono esto acá porque Pablo conecta en este versículo la oración con el de Dios de una manera impresionante.

En 2 Corintios 1:20, él dice (con un griego entrecortado que se refleja en una traducción en lenguaje entrecortado): «por eso también por medio de Él, Amén, para la gloria de Dios por medio de nosotros». Tratemos de explicar esto.

Está queriendo decir lo siguiente: «Por lo tanto, por causa de Cristo, decimos Amén a Dios en nuestras oraciones para mostrar que Dios obtiene la gloria por la gracia venidera en la que confiamos».

Si alguna vez nos preguntamos por qué los cristianos decimos Amén al final de las oraciones y de dónde viene esta costumbre, aquí está la respuesta. Amén es una palabra transferida directamente del hebreo al griego sin haber sido traducida, así como también llegó sin ninguna traducción al español y a la mayoría de los otros idiomas.

En hebreo era una afirmación muy fuerte (ver Números 5:22; Nehemías 5:13; 8:6). Es un «estoy de acuerdo» muy formal, solemne y serio, o un «afirmo lo que acaba de decir», o «esto es verdad». De la manera más simple, Amén significa un muy serio en el contexto de dirigirnos a Dios.

Ahora notemos la conexión entre las dos mitades del versículo 20. La primera mitad dice: «pues tantas como sean las promesas de Dios, en Él todas son Sí». La segunda mitad dice: «por eso también por medio de Él, Amén, para la gloria de Dios por medio de nosotros».

Cuando nos damos cuenta de que ese Amén y el significan lo mismo, entendemos lo que dice el versículo: en Cristo Jesús, Dios nos da su Sí a través de sus promesas; y en Cristo nosotros decimos Sí a Dios a través de la oración.

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La crianza de los hijos (Adolecentes)

Iglesia Bautista Ozama

La crianza de los hijos (Adolecentes)

Fue llamado a salvación por la gracia de Dios a la edad de 29 años a través del testimonio de su esposa y del ministerio de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo. Es ingeniero industrial, profesión que ejercía en el momento de su conversión. Luego comenzó su entrenamiento para el ministerio en el Colegio Pastoral Spurgeon, donde se graduó en el 1988. Desde el 1989 es el Director Administrativo del Colegio Cristiano Logos, una división de la Fundación Educativa Logos, auspiciado por la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo. Desde el 1990 comenzó a formar parte del consejo de pastores de IBSJ donde imparte clases de Escuela Dominical y predica. Además es el Director para República Dominicana y el Caribe Hispanoparlante de la Asociación Internacional de Colegios Cristianos (ACSI) con sede en Colorado Springs, CO.

El pastor Flaquer está casado con Laura Gómez y tienen tres hijos: Laura, Gabriela y Guillermo.

Un cambio rápido

13 Marzo 2017

Hechos 9:1-4

La esencia del verdadero arrepentimiento es que la mente da un cambio. La palabra griega es metanoia, que significa literalmente “cambiar de mente”. Eso fue lo que le sucedió al orgulloso fariseo en el camino de Damasco. Muchas cosas dentro de Pablo cambiaron, y cambiaron completamente. Cambió su manera de pensar acerca de Dios, de Jesús, de la resurrección, de los seguidores de Cristo. Debió haber meneando la cabeza durante días. Había pensado que Cristo estaba muerto, y ahora estaba convencido de que estaba vivo. Éste, que sabía su nombre, sabía también lo que había estado haciendo. El violento rebelde finalmente había encontrado la horma de su zapato, y no tenía manera ni lugar donde esconderse.

Ahora bien, permítame hacer una pausa para aclarar algo importante. Algunos cristianos tratan de imponer su rígido sistema de normas en cuanto al tema de la conversión. Quiero prevenirle en cuanto a esa clase de práctica. Es imposible encontrar en la Escritura algo que diga que el pecador tiene una y solo una manera de venir a Cristo. Aunque el mensaje del evangelio es el mismo, los métodos cambian. Estamos tan condicionados por el trasfondo denominacional, el tradicionalismo religioso y los estrechos prejuicios, que no entendemos la gracia divina. ¡Tenemos la tendencia a exigir más de lo que Dios exige! Tengamos cuidado en cuanto a lo que exigimos a quienes se vuelven sinceramente al Señor.

Los perdidos se salvan mientras escuchan un himno que habla sobre Jesucristo y su obra redentora, o mientras escuchan a un predicador o a un maestro de la Biblia explicando la Palabra de Dios desde un púlpito, por la televisión o por la radio. Otros se salvan durante un estudio bíblico de un grupo pequeño en un hogar. Muchos otros vienen al Señor por sí solos, mientras oran en la intimidad de sus hogares. Día y noche un pecador puede clamar al Señor Jesucristo en fe y ser salvo. Por lo tanto, dejemos de hacer tan complicado el asunto. Como sucedió con Pablo, hay abundancia de gracia.

No importa cuándo se convirtió exactamente, Pablo comprendió que ese Jesús vivo, a quien él había odiado y negado durante toda su vida, era ahora su Señor y Salvador.

¿Es Él su Señor y Salvador, también?

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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La diferencia entre un discípulo y un simple miembro de iglesia

La diferencia entre un discípulo y un simple miembro de iglesia

El miembro suele esperar panes y peces; el discípulo es pescador.

El miembro lucha por crecer; el miembro por reproducirse.

El miembro se gana; el discípulo se hace.

El miembro gusta del halago; el discípulo del servicio y del sacrificio vivo.

El miembro entrega parte de sus ganancias; el discípulo entrega su vida.

El miembro puede caer en la rutina; el discípulo es un revolucionario.

El miembro espera que le asignen tareas; el discípulo es solícito en tomar responsabilidad.

Uno murmura y reclama; el otro obedece y se niega a sí mismo.

El miembro es condicionado por las circunstancias; el discípulo aprovecha para ejercitar su fe.

El miembro reclama que le visiten; el discípulo visita. El miembro vale para sumar; el discípulo para multiplicar.

Hacer miembro de un discípulo es poner cepo al que anda en el camino, hacer discípulo a un miembro es dar alas a la evangelización.

Los discípulos de la iglesia primitiva trastornaron al mundo; los miembros del siglo XXI están siendo trastornados por el mundo.

Los miembros suelen ser fuertes como soldados de trinchera; los discípulos son soldados invasores.

El miembro cuida de las estacas de su tienda; el discípulo ensancha el sitio de su cabaña.

El miembro hace hábito; el discípulo rompe los moldes. El miembro sueña con la iglesia ideal, el discípulo se entrega para lograr la iglesia real.

La meta del miembro es llegar al cielo; la meta del discípulo es ganar almas para el cielo.

El miembro maduro se hace discípulo; el discípulo maduro asume los ministerios. El miembro es “ojalá”, y el discípulo “¡Heme aquí!”

Rodolfo Loyola

“Haremos todo lo que el SEÑOR ha dicho, y le obedeceremos”

“Haremos todo lo que el SEÑOR ha dicho, y le obedeceremos”

13 MARZO

Éxodo 24 | Juan 3 | Job 42 | 2 Corintios 12

Resulta un tanto difícil ordenar algunas de las secuencias de sucesos en estos capítulos de Éxodo. Sin lugar a duda, Dios, en su misericordia, proporciona la suficiente revelación de su pacto para que el pueblo pueda estar de acuerdo con sus términos (Éxodo 24). Otras estipulaciones adicionales, como las correspondientes al tabernáculo y las disposiciones sacerdotales en especial, se describen en los siguientes capítulos. El largo viaje de Moisés a la montaña comienza más o menos en este tiempo y precipita la caprichosa rebelión que da lugar a la fabricación de un ídolo: el becerro de oro (Ex. 32). Esto hace que Moisés descienda del monte y haga pedazos las tablas de los Diez Mandamientos. A su debido tiempo, reflexionaremos sobre estos acontecimientos.

Aquí debemos analizar profundamente algunos elementos de la ratificación de este pacto.

(1) Los israelitas ya habrían estado acostumbrados a los pactos de señorío feudal tan habituales en el mundo antiguo. Los poderes regionales y las superpotencias solían imponer este tipo de tratado sobre las naciones menores. Ambas partes acordaban una serie de obligaciones. La potencia menor aceptaba vivir rigiéndose por las normas establecidas por el poder superior, pagar ciertos impuestos y mantener una adecuada lealtad; la parte más poderosa prometía protección, defensa y lealtad. Por lo general, estos pactos tenían una introducción que detallaba la historia pasada y un apéndice que recogía las amenazas, maldiciones y juicios que recaerían sobre la parte que quebrantara el acuerdo.

(2) Algunas partes de Éxodo y Deuteronomio, en particular, reflejan estos acuerdos. Este capítulo contiene elementos únicos. Sin embargo, lo que queda claro es que el pueblo mismo estuvo de acuerdo con las estipulaciones del pacto que Moisés escribe con sumo cuidado: “Haremos todo lo que el SEÑOR ha dicho, y le obedeceremos” (24:7). Por tanto, la posterior rebelión no solo manifiesta un inconstante espíritu independiente, sino que quebranta un juramento y destroza el pacto. Se están burlando del tratado del gran Rey.

(3) Con el fin de fortalecer la lealtad de la comunidad del pacto, Dios, en su misericordia, no sólo se revela a Moisés, sino también a Aarón, a sus hijos y a setenta ancianos. Cuando algunos escritores del Antiguo Testamento afirman que ciertas personas “vieron al Dios de Israel” (24:10–11) o “una especie de”, es inevitable que surjan las salvedades, porque, como dice en otro lugar de este mismo libro, nadie podía ver el rostro de Dios y seguir vivo (33:20). Por tanto, cuando se nos indica que los ancianos vieron a Dios, la única descripción es “una especie de” pavimento “bajo sus pies” (24:10). Dios permanece a distancia, pero, con todo, es una exhibición gloriosa que hace en su misericordia para reforzar la lealtad, aunque a Moisés se le reserva un papel especial como mediador, que es el único en subir hasta la cima de la montaña.

(4) El pacto se sella con un derramamiento de sangre (24:4–6).

(5) A lo largo de los cuarenta días que Moisés permanece en la montaña, la gloria del Señor se exhibe de una forma visible (24:15–18). Es un anticipo de lo que se desarrollará en capítulos posteriores.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 72). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El valor de un gorrión

El valor de un gorrión

Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan… y vuestro Padre celestial las alimenta. – Mateo 6:26

¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos. – Mateo 10:29, 31

Lidia, mi hija de cinco años, vino corriendo muy emocionada a mostrarme un gorrión que traía en sus manos; el pajarito se había caído del nido y su corazón latía fuertemente. –¡Mira, papá, qué lindo es! Vamos a darle de comer. Pero antes de que el día terminara, la niña lloró desconsolada porque el pajarito había muerto.

El tesoro que esta pequeña criatura frágil y dependiente fue para mi hija durante algunas horas me hace pensar en las palabras del Señor Jesús recordadas en el versículo de hoy.

Sí, Señor, tú declaras cuál es nuestro valor a tus ojos y a los ojos de tu Padre, pues quieres que estemos seguros de tu fidelidad, tu constante ayuda y tu infinita bondad. Ese pequeño gorrión es obra de tus manos, creación maravillosa sin duda. Tiene un instinto admirable, pero cuando cae… ¡todo se acaba!

A nosotros, los seres humanos, nos diste una inteligencia y, sobre todo, la facultad de conocerte. En nuestras almas está impreso el recuerdo inmortal de aquel que nos creó y que se nos revela. ¡Fuimos creados a tu imagen, oh Dios… pero no podemos estar en tu presencia debido a nuestro pecado! Somos esclavos de Satanás, ¿quién nos librará?

Tú nos compraste al precio de la sangre de tu propio Hijo, derramada en la cruz. Nos diste la vida eterna a los que hemos aceptado a Jesucristo. ¡Este es el valor que tenemos a tus ojos, valor mucho mayor que el de muchos gorriones! Entonces, ¿qué podemos temer?

Ezequiel 8 – Hechos 18 – Salmo 32:8-11 – Proverbios 11:15-16

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