Pescadores de hombres

Pescadores de hombres

3/23/2017

Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. (Mateo 4:19)

Los pescadores del primer siglo usaban instrumentos especiales para pescar. Uno era la vara y el anzuelo (Mt. 17:27). Otro era una lanza o posiblemente un tipo de arpón (Job 41:26). Un tercero era la red (Mt. 13:47). Esta a veces tenía más de trescientos pies de largo unos ocho pies de ancho. Los pescadores la mantenían a flote por un extremo con corchos y hundían el otro extremo. A veces extendían la red entre dos botes y remaban en círculo. Luego tiraban de las sogas atadas a la parte superior de la red, terminando el proceso de pesca (Jn. 21:6).

Sin embargo, en el versículo de hoy Jesús se refería a una red que tenía forma circular (de unos quince pies de diámetro) hecha de una malla fina y con plomadas por la orilla. Atando un largo cordel al centro de la red, el pescador podía lanzarla al agua. Luego halaba el centro de la red con la cuerda para asegurar la pesca.

Así como los discípulos pescaron almas dentro del círculo de su red de aquella época, el Señor quiere que sus discípulos de nuestro tiempo evangelicemos a los hombres y a las mujeres que nos rodean.

Disponible en Internet en: http://www.gracia.org
DERECHOS DE AUTOR © 2012 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros (http://www.gracia.org/acercaDeGAV.aspx?page=derechos).

La ignorancia garantiza la impiedad

MARZO, 23

imgres-5

La ignorancia garantiza la impiedad

Devocional por John Piper

Pues su divino poder nos ha concedido todo cuanto concierne a la vida y a la piedad, mediante el verdadero conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia. (2 Pedro 1:3)

Estoy maravillado del poder que la Biblia otorga al conocimiento.

Consideremos 2 Pedro 1:3: «su divino poder [de Dios] nos ha concedido todo cuanto concierne a la vida y a la piedad, mediante el verdadero conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia».

Literalmente, todo el poder disponible de Dios para vivir y ser piadosos viene a través del conocimiento. ¡Increíble! ¡Qué gran valor deberíamos darle a la doctrina y a la instrucción de las Escrituras! La vida y a la piedad están en juego.

No es que el saber garantice una vida piadosa. No lo hace; pero parece ser que la ignorancia garantiza la impiedad, porque Pedro dice que el poder divino que lleva a la piedad es otorgado a través del conocimiento de Dios.

He aquí tres implicancias, una advertencia y una promesa:

1. ¡Leamos, leamos, y leamos! Pero cuidado con perder el tiempo con doctrinas espumosas. Leamos libros ricos en doctrina acerca de «aquel que nos llamó para su gloria y excelencia».

2. ¡Meditemos y meditemos! Vayamos más despacio. Tomemos el tiempo para pensar en la Biblia. Hagamos preguntas. Escribamos un diario. Permitamos ser turbados humildemente por cosas confusas. Las percepciones más profundas vienen al tratar de ver la raíz que une las dos ramas aparentemente antagónicas.

3. Discutamos y discutamos. Seamos parte de un grupo pequeño al que le importe mucho la verdad. Que no sea un grupo al que simplemente le guste hablar y plantear problemas, sino un grupo que crea que hay respuestas bíblicas a problemas bíblicos.

Una advertencia: «Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento» (Oseas 4:6). «Tienen celo de Dios, pero no conforme a un pleno conocimiento» (Romanos 10:2).

Una promesa: «Y ninguno de ellos enseñará a su conciudadano ni ninguno a su hermano, diciendo: “Conoce al Señor”, porque todos me conocerán,
desde el menor hasta el mayor de ellos. Pues tendré misericordia de sus iniquidades, y nunca más me acordaré de sus pecados» (Hebreos 8:11-12).

 

http://solidjoys.sdejesucristo.org/

“Gracia y Verdad”

“Gracia y Verdad”

imagen-blog-devocional

23 MARZO

Éxodo 34 | Juan 13 | Proverbios 10 | Efesios 3

Cuando Moisés pide ver la gloria de Dios al final del capítulo anterior, se le promete (como hemos constatado) una manifestación de su bondad (33:19). Pero no hay nadie, ni siquiera Moisés, que pueda ver el rostro de Dios y vivir (33:20). Por lo tanto, Dios hace posible que Moisés entrevea los últimos rayos del resplandor de su gloria, por así decirlo – y esta experiencia extraordinaria se describe en Éxodo 34.
Mientras el Señor pasa por delante de la hendidura en la roca donde Moisés está bien escondido, entona las palabras: “El Señor, el Señor,…” (34:6). Las palabras hebreas que aquí se traducen por “amor y fidelidad” constituyen una pareja léxica en el Antiguo Testamento. La primera se asocia regularmente con la misericordia y la gracia de Dios según la alianza; la segunda está anclada en su fiabilidad, su compromiso, según la alianza, a mantenerse fiel a su palabra, cumplir con sus promesas, ser fiel, ser verdad.
Cuando Juan presenta a Jesús como el Verbo de Dios (Juan 1:1–18), dice a sus lectores que el Verbo se hizo carne (1:14), “habitó” (plantó su tienda) entre nosotros, y hemos visto su gloria, la gloria de Aquel que vino del Padre, lleno de “gracia” y “verdad”. Hay buenos motivos para pensar que Juan escogió estas palabras para hacer eco de la pareja léxica “amor y fidelidad” del Antiguo Testamento. Es evidente que estaba pensando en estos capítulos: Éxodo 32–34. Teniendo como fondo Éxodo 33, Juan nos recuerda que “A Dios nadie lo ha visto nunca” (1:18). Pero ahora que Jesucristo ha venido, este Verbo-hecho-carne ha revelado al Padre, manifestando “gracia y verdad” por excelencia. La Ley fue entregada por Moisés – lo cual ya es maravilloso, un don de gracia de parte de Dios. Pero “gracia y verdad” en todo su esplendor, sin barrera alguna, llegaron con Jesucristo (1:17).
Aun esta pequeña revelación, manifestada por Gracia a través de Moisés, trae unos resultados maravillosos. Precipita la renovación de la alianza. El Señor responde así a la oración de Moisés: “—Mira el pacto que hago contigo —respondió el SEÑOR—. A la vista de todo tu pueblo haré maravillas que ante ninguna nación del mundo han sido realizadas. El pueblo en medio del cual vives verá las imponentes obras que yo, el SEÑOR, haré por ti” (34:10). Desde la perspectiva de Dios, esto garantiza su entrada en la Tierra Prometida (34:11); desde la perspectiva de la comunidad del pacto, lo que se requiere es la obediencia, lo cual implicaba separarse del paganismo y de los paganos que les rodeaban. “No adores a otros dioses, porque el SEÑOR es muy celoso. Su nombre es Dios celoso” (34:14).
¿Cómo podría ser de otra manera? Este Dios es un Dios de gracia, pero también es el Dios verdadero.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 82). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El hijo de consolación

23 Marzo 2017

El hijo de consolación
por Charles R. Swindoll

Hechos 9:26-30

Al leer este pasaje podemos preguntarnos: ¿No desaprovechó Dios un gran talento manteniendo en espera a Saulo? De ninguna manera. ¿No había sido Saulo una elección extraña? No, si la intención de Dios era prepararlo para que escribiera la carta a los Romanos. No, si Él quería que hiciera un impacto duradero sobre los cristianos carnales de Corinto. No, si Él deseaba que Saulo fuera el mentor de Timoteo durante toda una vida de estratégico ministerio en Éfeso. Esos proyectos (y docenas de otros) exigían una solidez de carácter forjado a través de las lecciones que le enseñaron a depender, tanto de Dios como de otros.

Aprenda a ser humilde. En vez de apresurarnos por ser el centro de la atención, tenemos que aceptar nuestro rol en las sombras. Lo digo muy en serio. No se engrandezca a sí mismo. No busque estar al frente. No insinúe nada. Deje que sea otro quien lo haga. Mejor aún, deje que Dios lo haga.

Si usted es una persona valiosa, el mundo lo sabrá. Lo descubrirá. . . en el tiempo perfecto de Dios. Si usted es necesario para el plan, Dios le pondrá en el lugar correcto justamente en el momento preciso. El plan de Dios no depende de nosotros; le pertenece a Él, de comienzo a fin. Por tanto, desista. Deje que sea Él quien levante el telón y encienda las luces del escenario. Él echará mano de un Ananías o de un Bernabé, que vendrán adonde está usted, en su punto de mayor debilidad y le levantarán por encima del muro. O Él decidirá que sea usted de esas personas anónimas, poco conocidas, que dejará una huella en alguien más. Su parte, sencillamente, es ser humilde.

Este sería un buen momento para que rechace el ir por la vida tratando de vivir de acuerdo con su propio criterio, pensando que si puede subir un escalón o dos de la escalera, llegará adonde quiere estar. Que tendrá lo que necesita. Que su familia estará (¿cuál es esa palabra que nos gusta usar?)… “cómoda.” ¿Sabe usted qué es lo que su familia necesita, más que dinero extra en el banco, más que una casa impresionante o que un televisor en cada habitación? Necesita que usted tenga una buena relación con el Señor. Eso significa que debe caminar humildemente con Él. Ellos necesitan su toque tierno, reconociendo que Él es el Señor de su hogar; no usted. Para eso se necesita humildad. Hágalo, mi hermano, hágalo.

El plan de Dios no depende de nosotros; le pertenece a Él, de comienzo a fin.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

 

– See more at: http://visionparavivir.org/devocional#sthash.ql5bRdtk.dpuf

¿Por qué dormís?

¿Por qué dormís?
imgres
Cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza; y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad para que no entréis en tentación.
Lucas 22:45-46
Algunas preguntas de la Biblia

Jesús acostumbraba retirarse a Getsemaní, un huerto ubicado al este de Jerusalén. Este lugar ha quedado grabado en la memoria de los cristianos: allí Jesús estuvo muy triste, fue traicionado y detenido. Allí, en medio de intensas oraciones, más allá de lo que podemos comprender, Jesús aceptó ir a la cruz y derramar “su vida hasta la muerte” (Isaías 53:12).

Jesús tomó consigo algunos de sus compañeros para que estuviesen con él y orasen. Luego se alejó y, solo con su Dios, oró: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42). Ningún discípulo comprendió la intensidad de ese combate espiritual, sin embargo Jesús les había dicho: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo” (Mateo 26:38).

Cristianos, nos quedamos pensativos y admirados ante tal tristeza y tales sufrimientos… El combate del Señor nos hace sentir el horror que Dios tiene al pecado, y la grandeza de su amor.

Según las profecías, el Salvador fue dejado solo, no tuvo ningún consolador (Salmo 69:20). Los discípulos se durmieron de tristeza. Jesús no les hizo ningún reproche, solo les dijo: “¿Por qué dormís?”. Luego los animó, como lo hace con nosotros: “Levantaos, y orad para que no entréis en tentación” (Lucas 22:46). El sueño espiritual equivale a los momentos, a los días que el cristiano pasa lejos de Cristo. Son ocasiones propicias para que la tentación nazca en nuestro corazón.

 

Ezequiel 18 – Hechos 24 – Salmo 35:22-28 – Proverbios 12:3-4