Segunda Temporada – Programa 4 – «La Biblia, el libro de Dios»

«La Biblia, el libro de Dios»

Segunda Temporada – Programa 4

Eduardo Saladin – Sugel Michelén – Marcos Peña

 

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan  hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

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Gloria a través del sufrimiento

Gloria a través del sufrimiento

3/26/2017

Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria. (2 Corintios 4:17)

El sufrimiento no solo nos hace ahora más fuertes, hace posible que soportemos con paciencia, aumenta nuestra fe, nos enseña a confiar en Dios y nos lleva a depender de Cristo y de su Palabra, sino que también determina cómo actuaremos después. Por eso Pablo siguió diciendo que debemos concentrarnos no en el presente, sino en el futuro: “No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (v. 18).

Cuanto más sufrimiento soportemos, tanto mayor es nuestra recompensa eterna.

Disponible en Internet en: http://www.gracia.org
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«Cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles».

 Charles Spurgeon H

26 de marzo

«Cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles». Marcos 8:38

Si hemos sido partícipes con Jesús en la afrenta, lo seremos también en el esplendor que le rodeará cuando venga de nuevo en gloria. ¿Eres tú, querido amigo, uno con Cristo Jesús? ¿Te liga a él una unión vital? Entonces hoy estás con él en la afrenta: has tomado su cruz y sales con él fuera del campamento llevando su vituperio. Sin duda, estarás con él cuando se cambie la cruz por la corona. Júzgate a ti mismo esta noche, pues si no estás con él en la regeneración, tampoco lo estarás cuando venga en su gloria. Si te retraes del aspecto oscuro de la comunión, no entenderás su brillante y feliz período, cuando el Rey venga y todos sus santos ángeles con él. ¡Qué dices!… ¿ángeles con él? No obstante, él «no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham» (He. 2:16). ¿Están los santos ángeles con Jesús? Ven, alma mía: si tú, en verdad, eres su amada, no puedes quedarte lejos de él. Si sus amigos y vecinos están llamados repetidamente a ver su gloria, ¿qué piensas tú, siendo su desposada? ¿Estarás lejos? Aunque este sea un día de juicio, sin embargo, no es posible que te halles lejos de aquel corazón que, habiendo admitido en su intimidad a los ángeles, te ha recibido también a ti en esa misma relación. ¿No te ha dicho él, oh alma mía: «Te desposaré conmigo en justicia, juicio, benignidad y misericordia» (Os. 2:19)? ¿No han proferido sus propios labios: «Yo te desposaré y mi placer está en ti»? Si los ángeles, que son solo amigos y vecinos, van a estar con él, es también muy cierto que su amada Hefzi-bá, en quien se halla todo su deleite, estará junto a él y se sentará a su diestra. Aquí hay una estrella matutina de esperanza para ti, de tan marcada brillantez que bien puede iluminar la más oscura y desolada de las experiencias.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 94). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

El Espíritu Santo da testimonio de Jesús

El Espíritu Santo da testimonio de Jesús

26 MARZO

Éxodo 37 | Juan 16 | Proverbios 13 | Efesios 6

La venida del Espíritu Santo, el “Consejero” o Paracleto, depende de la “partida” de Jesús; es decir, después de su muerte en la cruz, su resurrección y su exaltación (Juan 16:7; ver 7:37–39). Esto nos plantea varias preguntas importantes acerca de la relación entre el papel del Espíritu Santo bajo el Antiguo Pacto, antes de la cruz, y a este lado de ella. Este tema es digno de un estudio cuidadoso. Aquí, no obstante, cabe llamar la atención al énfasis que Juan pone sobre la obra del Espíritu.

Al final de Juan 15, se nos dice que el Consejero dará testimonio de Jesús y a esta gran tarea, los discípulos de Jesús sumarán también, sus voces (15:26–27). El peso principal de este testimonio recae sobre el Espíritu. En Juan 16:8–11, el Consejero convence al mundo de pecado, de justicia y de juicio. Lo hace porque Jesús vuelve al Padre y ya no desempeña él mismo el papel de convencer a la gente.

Si el Espíritu Santo da testimonio de Jesús en Juan 15:26–27 y convence a las personas, continuando así la obra de Jesús en Juan 16:8–11, en Juan 16:12–15 da gloria a Jesús al dar a conocer a Cristo a aquellos que asistieron a la Última Cena (la palabra “os” en el versículo 12 difícilmente se podría interpretar de otra manera, y controla todos los demás usos de la misma palabra en el resto del párrafo; ver también 14:6). Puesto que Jesús no es independiente de su Padre, sino que sólo dice lo que el Padre le manda decir (15:16–26), del mismo modo el Espíritu no es independiente del Padre y del Hijo: “no hablará por su propia cuenta sino que dirá sólo lo que oiga” (16:13). Su centro de atención es Jesús: “Él me glorificará porque tomará de lo mío y os lo dará a conocer a vosotros” (16:14). Y por supuesto, aquí también todo lo que pertenece al Hijo procede del Padre: “Todo cuanto tiene el Padre es mío. Por eso os dije que el Espíritu tomará de lo mío y os lo dará a conocer a vosotros” (16:15).

La razón por la cual Jesús no lo ha dicho todo acerca de sí mismo y su misión hacia los discípulos, es que no están listos para escucharlo. Aún hacia el final de su discipulado no acaban de integrar en sus propias mentes el concepto de un Rey-Mesías con el de un Mesías que sufre. Hasta que esta realidad no quede bien asimilada, su manera de leer sus Escrituras – lo que nosotros llamamos el Antiguo Testamento – será tan distorsionada por sus aspiraciones políticas y reales que no acertarán.

¡Cuánto de la obra del Espíritu se centra en Jesucristo – dando testimonio de él, continuando ciertos aspectos de su ministerio, ayudándonos a profundizar más y más en lo que él significa!

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 85). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Cómo deleitarse en la Palabra de Dios

MARZO, 26

Cómo deleitarse en la Palabra de Dios

Devocional por John Piper

¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras!, más que la miel a mi boca. (Salmos 119:103)

Nunca hemos de reducir el cristianismo a un asunto de demandas, resoluciones y fuerza de voluntad. El asunto es qué es lo que amamos, qué es lo que nos da gozo, y qué es apetitoso para nosotros.

Cuando Jesús vino al mundo, la humanidad estaba dividida de acuerdo a lo que los hombres amaban: «La luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz» (Juan 3:19). El justo y el malvado están separados por aquello en lo que se deleitan: la revelación de Dios o los caminos del mundo.

Alguien podría preguntarse: ¿Cómo puedo deleitarme en la Palabra de Dios? Mi respuesta sería dual:

Oremos por nuevas papilas gustativas en la lengua de nuestro corazón, y meditemos en las extraordinarias promesas de Dios para su pueblo.

El mismo salmista que dijo: «Cuán dulces son a mi paladar tus palabras» (119:103); dijo antes: «Abre mis ojos, para que vea las maravillas de tu ley» (119:18). Él oró, porque tener papilas gustativas santas en la lengua del corazón es un don de Dios. Ningún hombre tiene hambre por la sabiduría de Dios y se goza en ella de manera natural.

Pero cuando hayamos orado, incluso mientras oramos, meditemos en los beneficios que Dios promete a su pueblo y en el gozo de tener al Dios Todopoderoso como nuestro ayudador ahora y como esperanza para siempre.

¿A quién no le gustaría leer un libro cuya lectura lo cambiara de ser paja a ser un cedro del Líbano, o de ser el efecto dust bowl (cuenca de polvo) en Texas a ser un huerto de árboles frutales en Hawái? En el fondo, ninguno de nosotros quiere ser paja —sin raíces, sin peso, inútil—. Todos nosotros queremos tomar fuerzas del río profundo de la realidad y convertirnos en personas útiles y productivas.

Ese río de la realidad es la Palabra de Dios, y los grandes santos se han hecho grandes por ella.

http://solidjoys.sdejesucristo.org/

Llevar su cruz

Llevar su cruz

Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. – Mateo 16:24

Que seáis llenos del conocimiento de su voluntad… para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo. – Colosenses 1:9-10

Hoy, en el lenguaje común, «llevar su cruz» significa soportar un sufrimiento largo y persistente debido a una enfermedad, una discapacidad o, más generalmente, un problema que nos parece sin solución. Esta expresión tiene su origen en la Biblia, pero no es realmente esto lo que Jesús pide a sus discípulos.

Tomar “su cruz cada día” (Lucas 9:23), en sentido espiritual, es vivir diariamente la nueva condición en la que la cruz de Cristo me colocó. “Con Cristo estoy juntamente crucificado” (Gálatas 2:20). No es una dura obligación, sino todo lo contrario, una verdadera liberación: “Y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”, añadió el apóstol Pablo.

Nuestros pecados fueron borrados mediante la cruz de Cristo, pues él murió en nuestro lugar. Por ella también hemos sido liberados de lo que éramos, ya que hemos muerto con él. Si lo recibo por la fe, entonces puedo vivir “en vida nueva” (Romanos 6:4-5).

Tomar nuestra cruz es, pues, afirmar que nuestra identidad cambió, es vivir la vida de Cristo resucitado. Hemos pasado a ser hijos de Dios: “Ahora somos hijos de Dios” (1 Juan 3:1-2).

“Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” (Efesios 5:1-2).

Ezequiel 20:23-49 – Hechos 26:19-32 – Salmo 37:1-7 – Proverbios 12:9-10

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