La verdadera descripción

La verdadera descripción

3/28/2017

Me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. (1 Corintios 2:2)

Jesucristo evoca muchas imágenes en la mente de las personas. Algunas lo ven como un niñito en un pesebre: el Cristo de la Navidad. Otras lo imaginan de niño, tal vez viviendo en el hogar de un carpintero o confundiendo a los guías religiosos de Jerusalén. Muchas personas lo perciben como un compasivo y poderoso sanador que sanaba a los enfermos y resucitaba a los muertos. Aun otras lo presentan como el valeroso y apasionado predicador que enseña la Palabra de Dios a grandes multitudes. Y hay quienes lo ven como el hombre perfecto: un modelo de virtud, bondad, simpatía, interés, cuidado, ternura, perdón, sabiduría y comprensión.

Pero la imagen de Cristo que supera a todas las demás es la de Jesucristo en la cruz. Conocer a Cristo crucificado es conocerlo como el autor y consumador de su fe, la verdadera descripción de su persona y de su obra.

El sufrimiento de Cristo en la cruz es el punto central de la fe cristiana. Allí es donde se ve con más claridad su deidad, su humanidad, su obra y su sufrimiento.

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«Como incienso agradable os aceptaré».

Charles Spurgeon  H

28 de marzo

«Como incienso agradable os aceptaré».

Ezequiel 20:41

Los méritos de nuestro gran Redentor son como olor suave para el Altísimo. Ya sea que hablemos de la justicia activa de Cristo o de su justicia pasiva, hay en ellas la misma fragancia. Su vida activa, por la cual honró la ley de Dios e hizo que cada precepto brillase como preciosa joya en el puro engaste de su propia persona, desprende un suave olor. Así es también con su obediencia pasiva: cuando soportó con callada sumisión hambre y sed, frío y desnudez y, al fin, sudor de grandes gotas de sangre en Getsemaní; cuando dio su espalda a los heridores y sus mejillas a los que le mesaban la barba, y fue colgado en el cruel madero para que sufriese la ira de Dios en nuestro lugar. Estas son dos cosas fragantes delante del Altísimo; y, en consideración de sus obras y de su muerte, de sus sufrimientos en lugar del pecador y de su obediencia vicaria, el Señor nuestro Dios nos acepta. ¡Qué dulce aroma debe de haber en él para superar nuestra carencia de aroma! ¡Qué suave olor para quitar toda nuestra hediondez! ¡Qué poder purificador en su sangre para borrar pecados como los nuestros! ¡Y qué gloria en su justicia para hacer que criaturas tan inaceptables como nosotros fuesen aceptas en el Amado! ¡Observa, creyente, cuán segura e inmutable debe de ser nuestra aceptación cuando se encuentra en él! Cuídate y no dudes nunca de tu aceptación en Jesús. No puedes ser aceptado sin Cristo; pero una vez que has recibido sus méritos no puedes dejar de serlo. A pesar de todas tus dudas, temores y pecados, el ojo bondadoso del Señor nunca te mirará con ira. Aunque él vea pecado en ti —en ti mismo—, sin embargo, cuando te mira a través de Cristo, no descubre ninguno. Siempre eres acepto en Cristo; siempre eres bendito y amado para el corazón del Padre. Eleva un cántico, pues, y a medida que veas el humeante incienso de los méritos del Salvador subir delante del Trono de zafiro en esta noche, deja que el incienso de tu alabanza ascienda también con él.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 96). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

“Rey de los judíos”

“Rey de los judíos

28 MARZO

Éxodo 39 | Juan 18 | Proverbios 15 | Filipenses 2

Cuando Pilato le pregunta a Jesús si es o no el “rey de los judíos” (Juan 18:33), lo que más le interesa saber es si Jesús representa alguna amenaza política. ¿Acaso es uno de los mesías nacionalistas y autoproclamados que pretenden restarle poder a la superpotencia romana? En tal caso, le correspondería la pena capital.

La respuesta que Jesús le da a Pilato, no la había escuchado jamás: “Mi reino no es de este mundo —contestó Jesús—. Si lo fuera, mis propios siervos pelearían para impedir que los judíos me arrestaran. Pero mi reino no es de este mundo” (Juan 18:36).

Es una respuesta que merece ser considerada en profundidad. Analizaremos ahora cuatro aspectos de ella:

(1) La palabra “reino” no puede tener aquí el significado estático, como en el caso del “reino de Jordania” o el “reino de Arabia Saudí”. Quiere decir algo más dinámico, próximo al concepto de “dominio real”, o “gobierno real”, puesto que Jesús se refiere a la procedencia u origen de su reino, es decir: la fuente de su autoridad para gobernar. Esto no significa que su dominio real carezca de territorio que vaya unido a él; sí que lo hay, como veremos más adelante, pero no es el énfasis en este caso.

(2) Jesús afirma que su reino “no es de este mundo”; procede “de otro lugar”. En otras palabras, todos los reinos y los centros de fuerza política construidos por los seres humanos encuentran su autoridad en realidades de este mundo. No así Jesús. Su reino, su autoridad para gobernar, procede de “otra parte” – y los lectores de este evangelio saben que, con esto, quiere decir el cielo, de Dios mismo.

(3) Por esto, sus siervos no lucharán. Su reino no avanza ni se convierte en imperio como los imperios de este mundo logran sus avances: a saber, inevitablemente con grandes movilizaciones militares. El reino de Dios no avanza gracias a los ejércitos humanos y los santos guerreros. Hemos de lamentar que los promotores de las cruzadas no hubiesen reflexionado un poco más en este texto. Por lo visto, Pilato comprendió y aceptó al menos parte de la respuesta de Jesús y, por lo tanto, no vio en él ninguna amenaza política (18:38).

(4) Sin embargo, esto no quiere decir que Jesús no reivindique nada en absoluto en lo que se refiere a los reinos de este mundo. Insiste en que es el Rey Jesús, aunque la fuente de su autoridad no se encuentre en este mundo y sus siervos no lo defiendan con las armas. No obstante esto, vendrá un día cuando todos le reconocerán como único Señor de señores y Rey de reyes (Apocalipsis 17:14; 19:16), y todos los reinos de esto mundo están destinados a pertenecerle (Apocalipsis 11:15).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 87). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Cuando todos nos abandonan

MARZO, 28

Cuando todos nos abandonan

Devocional por John Piper

En mi primera defensa nadie estuvo a mi lado, sino que todos me abandonaron; que no se les tenga en cuenta. Pero el Señor estuvo conmigo y me fortaleció, a fin de que por mí se cumpliera cabalmente la proclamación del mensaje y que todos los gentiles oyeran. Y fui librado de la boca del león. El Señor me librará de toda obra mala y me traerá a salvo a su reino celestial. A Él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. (2 Timoteo 4:16-18)

Esta mañana me detuve a pensar en esas magníficas palabras que le rompen el corazón a uno. Pablo estaba bajo custodia en Roma. Hasta donde sabemos, no lo soltaron. Su última carta termina de esta manera.

¡Consideren esto y queden atónitos!

Él fue abandonado. Un hombre mayor, un fiel servidor en una ciudad ajena, lejos de su casa, rodeado de enemigos y en peligro de muerte. ¿Por qué? Respuesta: Para poder escribir esta oración maravillosa a nuestras almas: ¡«Pero el Señor estuvo conmigo»!

¡Oh, cuánto amo esas palabras! Cuando los amigos más cercanos nos abandonan, ¿clamamos en contra de Dios? ¿Será que nuestro dios en realidad es la gente en nuestra vida? ¿O será que esta verdad gloriosa nos llena de coraje: «Estaré con ustedes hasta el fin del mundo»? ¿Se fortalece nuestro corazón con el juramento inexorable: «Nunca te dejaré ni te desampararé»?

Entonces digamos: «¡El Señor estuvo conmigo!».

Pregunta: ¿Cuál era la amenaza en el versículo 18? Respuesta: ¡Que Pablo no llegara a salvo al reino celestial del Señor! «El Señor… me traerá a salvo a su reino celestial».

Pregunta: ¿De qué manera estaba en peligro el hecho de que Pablo alcanzara el reino celestial? Respuesta: «toda obra mala». «El Señor me librará de toda obra mala y me traerá a salvo a su reino celestial».

Pregunta: ¿Cómo puede ser que una obra mala ponga en peligro el hecho de que Pablo alcance el reino celestial? Respuesta: al tentarlo a abandonar su lealtad a Cristo por medio de la desobediencia.

Pregunta: ¿Fue esta tentación de «la boca del león» de la que él fue librado? Respuesta: Sí. «Vuestro adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quién devorar. Pero resistidle firmes en la fe».

Pregunta: ¿Entonces quién se lleva la gloria de que Pablo no cediera ante esta tentación sino que permaneciera en fe y obediencia hasta el final? Respuesta: «A Él [el Señor] sea la gloria por los siglos de los siglos».

La última pregunta: ¿Por qué? ¿No fue acaso Pablo quien se mantuvo firme? Respuesta: ¡«El Señor estuvo conmigo y me fortaleció»!

http://solidjoys.sdejesucristo.org/

Tal como soy (1)

Tal como soy (1)

Jesús les dijo:… No he venido a llamar a justos, sino a pecadores. Marcos 2:17

Al que a mí viene, no le echo fuera. Juan 6:37

(Jesús dijo a la mujer:) Tus pecados te son perdonados… Tu fe te ha salvado, ve en paz. Lucas 7:48, 50

Charlotte Eliott, artista inglesa del siglo 19, tenía un don especial para la música y la poesía. Alabada por sus talentos, apreciaba los placeres de la vida mundana. Pero a la edad de 32 años, una enfermedad degenerativa trastornó su vida. A partir de entonces, los dolores, la discapacidad y la dependencia fueron su porción diaria. Se sumió en la desesperación y la rebeldía: «Si Dios me amara no me trataría así», pensaba.

Un amigo de la familia, el evangelista César Malan, fue a su casa. Mientras comían, preguntó a Charlotte si era cristiana. Ella respondió con insolencia: «¡Métase en sus asuntos!». Los días pasaban, pero el malestar de Charlotte no se apaciguaba. Entonces decidió ir a ver a César Malan, le pidió perdón por su forma de hablar insolente y reconoció que le gustaría ir a Jesucristo, pero no sabía cómo. ¿Tenía que volverse buena y hacer progresos espirituales?

César Malan la miró y le respondió simplemente: «Vaya a Jesús tal como es, con sus luchas, sus temores, su resentimiento, su orgullo, su vergüenza…».

Estas palabras tan sencillas produjeron un efecto liberador en Charlotte, quien llevó al Señor la carga de sus pecados y a cambio recibió una paz y un gozo que nunca antes había experimentado. Su enfermedad y su discapacidad continuaron, pero su vida cambió totalmente.

Unos años más tarde, aquellas palabras de César Malan le inspiraron el cántico: «Tal como soy…».

(mañana continuará)

Ezequiel 22 – Hechos 27:13-44 – Salmo 37:16-22 – Proverbios 12:13-14

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