Elija hacer la voluntad de Dios

6 Marzo 2017

Job 42:10-17

Un gran objetivo de los cristianos sanos y saludables es la esperanza de alcanzar la madurez antes de que la muerte se presente. Le diré, sin vacilación alguna, que uno de los grandes objetivos de mi vida es crecer en madurez a medida que me vuelvo más viejo. Unas excelentes palabras grabadas en una lápida serían: “Aquí yace un hombre que se mantuvo creciendo a medida que seguía envejeciendo”. Madurar y envejecer necesitan ir de la mano. Pero tenga esto por seguro: la madurez es un proceso lento y penoso. Job lo logró; alcanzó esa meta. No es de extrañar que leamos que murió anciano y lleno de años. Vivió el resto de sus años (140 más) lleno de entusiasmo y pasión. ¡Qué manera tan envidiable de llegar al final de la vida!

Tenemos dos alternativas cuando se presentan las dificultades: Podemos verlas como una intrusión, un atropello, o como una oportunidad para responder con obediencia concreta a la voluntad de Dios y con esa severa virtud que Santiago llama “paciencia”.

La paciencia no es una resignación a regañadientes ni un consentimiento pasivo. Es “una larga paciencia en la misma dirección.” Es mantenerse en la senda de la obediencia a pesar de todas las indicaciones en contrario. Es la tenaz determinación de buscar la santidad cuando las condiciones de la santidad no son favorables. Es la decisión, en medio de nuestro sufrimiento, de hacer lo que Dios nos pidió que hiciéramos, lo que haya sido, y por todo el tiempo que Él nos pida que lo hagamos. Como escribió Oswald Chambers: “Elegir el sufrimiento no tiene sentido en absoluto; elegir hacer la voluntad de Dios en medio de nuestro sufrimiento es lo más sensato del mundo.”

¿Dónde se encuentra usted hoy? ¿Adónde le está conduciendo el viaje que está haciendo? Más importante aún, ¿qué opción ha elegido? ¿Está viendo su prueba como un atropello o como una oportunidad? Haga el esfuerzo de no olvidar las lecciones que Job nos enseña sobre nosotros mismos. Eso hará un cambio significativo en su vida. A medida que usted avance en edad, siga creciendo en madurez; y, en vez de simplemente leer sobre la vida de Job, comience a vivir esa clase de vida.

Eso sería lo más sensato del mundo, ¿no le parece?

A medida que usted avance en edad, siga creciendo en madurez.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Un paso más hacia la cruz

Un paso más hacia la cruz

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6 MARZO

Éxodo 17 | Lucas 20 | Job 35 | 2 Corintios 5

A estas alturas en el ministerio de Jesús, las tensiones entre él y los poderes fácticos se han agudizado. Algunas de ellas son abiertamente teológicas, mientras que otras son más bien pragmáticas y tienen mucho que ver con la protección de territorio. Cada unidad de Lucas 20 refleja algo de esta tensión creciente.

Vamos a concentrar nuestra atención en la parábola de los terratenientes (20:9–19). El relato se hace más comprensible para la mente occidental cuando tenemos en cuenta que estos arrendatarios no eran simples empleados (en el sentido moderno de la palabra), sino trabajadores vinculados a toda una estructura social. Debían al propietario de la viña no sólo un porcentaje de los productos, sino también una lealtad respetuosa. La manera como trataron a los siervos que envió no era solamente cruel y avariciosa, sino también vergonzosa. Que decidiera enviar a su hijo no sería visto como una estupidez por su parte, sino que sería inconcebible que le matasen. Pero en el relato que Jesús explica, esto es precisamente lo que ocurre: le matan, esperando de alguna forma que el terreno pasase a ser suyo, ahora que el legítimo heredero está muerto.

¿Qué hará el dueño? Jesús mismo da la respuesta a su propia pregunta: “Volverá, acabará con esos labradores y dará el viñedo a otros” (20:16).

Los oyentes comprenden el significado de la parábola. Las líneas interpretativas son claras: Dios era el propietario de la viña, los arrendatarios era Israel, los siervos maltratados y rechazados por los arrendatarios eran los profetas, hasta que Dios acaba enviando a su propio hijo (sin duda, una categoría algo dudosa para ellos), y el resultado es que la tierra junto con la prosperidad provista por el dueño, les es quitada y entregada a otros. No es de extrañar que digan: “¡Dios no lo quiera!”.

Pero esta es justamente la respuesta que Jesús esperaba oír de su parte. Les había preparado el terreno para que respondiesen así. Pero les mira fijamente y les cita las Escrituras para demostrarles que será así el desenlace, y que así es como debe ser. Pues, ¿no dicen las Escrituras: “la piedra que desecharon los constructores ha llegado a ser la piedra angular” (20:17; Salmo 118:22)? Esta “piedra” acaba por ganar: aquellos que tropiezan con esta piedra serán destruidos, y aquellos sobre quienes cae, serán destruidos. Pero resulta que se trata de una piedra inicialmente rechazada por los edificadores.

Sin duda, los oyentes de Jesús no captaron todas las ramificaciones de esta parábola. Pero los escribas y los fariseos conocían lo suficiente como para saber que ellos mismo no salen muy bien parados en ella: deben figurar entre los que maltratan a los profetas y acaban por matar al propio Hijo de Dios. Políticamente, esto nos lleva un paso más hacia la cruz; en el plano teológico, Jesús enseña a los suyos qué clase de Mesías es, y cómo su muerte es tan inevitable como las profecías de las Escrituras lo predicen.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 65). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Quién es el mayor?

 ¿Quién es el mayor?

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(Los discípulos preguntaron a Jesús:) ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

Mateo 18:1-3

Algunas preguntas de la Biblia

Esta pregunta se repite continuamente. ¿Quién es el más fuerte en el patio de la escuela? ¿Quién es el primero de la clase? ¿Quién ganó la carrera? ¿Quién tiene el mejor salario? ¡Y la lista podría continuar!

Cuando los discípulos le hicieron esta pregunta, Jesús llamó a un niño y lo puso en medio de ellos. Les mostró que los que querían entrar en el reino de los cielos tenían que convertirse y volverse como niños. Así debemos recibir humildemente el Evangelio, renunciando a nuestra propia inteligencia y a toda pretensión. ¡Somos salvos únicamente por la fe!

Luego Jesús respondió a la pregunta: “Cualquiera que se humille como este niño, ese es el mayor en el reino de los cielos” (v. 4). Así que, entre los creyentes, somos grandes en la medida en que nos humillemos. Somos grandes cuando nos ponemos a disposición de los demás. La verdadera grandeza está ligada al amor que se complace en servir y darse por los demás.

Dios detesta el orgullo. “La soberbia y la arrogancia… aborrezco”, dice el Señor (Proverbios 8:13). “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Santiago 4:6). Si tenemos una alta opinión de nosotros, Dios tendrá que enseñarnos a ser humildes. Pensemos en la humillación voluntaria de nuestro Señor. Él es nuestra verdadera vida, nuestro tema de gloria (Gálatas 6:14). Nuestra riqueza es su amor, su fidelidad. Pensando en él, en sus intereses, nos olvidamos de nosotros y podemos reflejar algunos rasgos de su belleza moral.

Ezequiel 1 – Hechos 13:26-52 – Salmo 30:6-12 – Proverbios 11:1-2

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Dispuestos a sufrir

Dispuestos a sufrir

3/5/2017

Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento. (1 Pedro 4:1)

Una de las bendiciones de ser cristiano es nuestra identificación con Cristo y sus privilegios resultantes. Sin embargo, para que no demos por sentado esas bendiciones, suponiendo que resultarán en que seamos amados y respetados por el mundo, Dios también permite que suframos. En realidad, el apóstol Pedro en su primera epístola muestra con toda claridad que quienes son más bendecidos en la fe sufren más.

La vida cristiana es un llamado a la gloria a través del sufrimiento. Eso es porque quienes están en Cristo están inevitablemente en pugna con su cultura y su sociedad. Todos los sistemas estimulados por Satanás están en pugna con las cosas de Cristo. El apóstol Juan dijo que una persona no puede amar a Dios y al mundo al mismo tiempo (1 Jn. 2:15). Y Santiago dijo: “Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Stg. 4:4).

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Miremos a Jesús para nuestro gozo

MARZO, 05

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Miremos a Jesús para nuestro gozo

Devocional por John Piper

 

Sino que hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres… aman el lugar de honor en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, y los saludos respetuosos en las plazas y ser llamados por los hombres Rabí. (Mateo 23:5-7)

La picazón de la autoestima ansía ser rascada por la aprobación de uno mismo; es decir, si nos da placer sentirnos autosuficientes, no estaremos satisfechos si no hay otros que vean y aplaudan nuestra autosuficiencia.

De ahí la descripción que dio Jesús de los escribas y fariseos en Mateo 23:5-7.

Es irónico. La autosuficiencia debería liberar a la persona orgullosa de la necesidad de que otros lo engrandezcan. Eso es lo que significa ser «suficiente». Sin embargo, es evidente que existe una carencia en la supuesta autosuficiencia.

Nuestro ser no fue diseñado para satisfacerse a sí mismo ni confiar en sí mismo. Nunca podrá ser suficiente. Fuimos hechos solo a la imagen de Dios, no somos Dios mismo. Somos sombras y ecos. Por eso, siempre habrá un vacío en el alma que lucha por estar satisfecha con los recursos de su propio ser.

Esta vana ansiedad por la alabanza de otros muestra el fracaso del orgullo y la ausencia de fe en la continua gracia de Dios. Jesús vio el terrible efecto de esta picazón del ser humano con ansias de gloria. La mencionó en Juan 5:44: «¿Cómo podéis creer, cuando recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?». La respuesta es que no podemos. Desear recibir gloria de parte de otras personas hace que la fe sea imposible. ¿Por qué?

Porque la fe se satisface en todo lo que Dios es para nosotros en Jesús; y si estamos inclinados a satisfacer nuestra picazón con la rascadura de los aplausos de otros, nos alejaremos de Jesús.

Sin embargo, si rechazamos a nuestro ser como la fuente de satisfacción (arrepentimiento), y venimos a Jesús para gozarnos en todo lo que Dios es para nosotros en él (fe), entonces la picazón será reemplazada por una fuente de agua que brota para vida eterna (Juan 4:14).

Que es Ateísmo Practico?

Que es Ateísmo Practico?

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Ateísmo Práctico

El Ateísmo Práctico es el que, sin pronunciarse sobre la existencia de Dios, no le otorga ningún papel a la vida real; mientras que el Ateísmo Teórico es el que no admite a un ser que transcienda el mundo.

El Ateísmo Práctico, ha florecido en mayor o menor grado en todas las civilizaciones de elevado desarrollo. Es el más dañino, el más difícil de extirpar. Asfixia la vida espiritual porque la preocupación por los negocios no deja que la semilla de la Palabra de Dios de fruto.

El ateo práctico acepta mentalmente la existencia de Dios, pero en la práctica vive como si lo no hubiese. Por ejemplo, considera que la religión es buena, pero no se ciñe a ninguna o lo hace solo de palabra; tiene Biblia, pero no la lee, no la entiende, ni le interesa entenderla; ora, pero solo cuando tiene problemas y sus oraciones solo tienen que ver con cuestiones materiales y terrenas, nunca con Asuntos espirituales.

El ateo práctico cree que lo mandamientos de Dios son buenos, pero no los obedece ycuando ve a alguien que lo hace seriamente lo tilda de fanático.

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¿Quién es el Dios verdadero?

¿Quién es el Dios verdadero?

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5 MARZO

Éxodo 16 | Lucas 19 | Job 34 | 2 Corintios 4

Los últimos versículos de Éxodo 15 son un anticipo de lo que vendrá. A pesar de las intervenciones milagrosas por parte de Dios que acompañaban su salida, el pueblo no termina de poner su confianza en él; ante la primera aparición de adversidad, comienzan a murmurar y a quejarse. Éxodo 16 nos lleva más adelante en esta narrativa, y nos muestra cómo esta murmuración va unida, a varios niveles, a una actitud de desafío abierto a Dios.

No nos imaginemos que los israelitas no pasaban hambre. Por supuesto que estaban hambrientos. El problema es su respuesta ante el hambre. Podían haberse dirigido a Dios, suplicándole que satisficiera sus necesidades. Aquel que había efectuado su rescate de una manera tan dramática, ¿no proveería también lo que necesitaban? Sin embargo, lo que hacen es invocar con sarcasmo y con romanticismo su experiencia de la esclavitud en Egipto (16:3), y se quejan contra Moisés y Aarón (16:2).

Sin duda, Moisés quedó muy decepcionado a causa de la terrible ingratitud del pueblo. Es lo suficientemente sabio como para reconocer su auténtico foco y el verdadero mal que había detrás de ella. Aunque se quejan contra Moisés y Aarón, el objeto de sus quejas era ni más ni menos que Dios mismo (16:7–8): “¡Vosotros no estáis murmurando contra nosotros sino contra el Señor!

Durante todo este proceso, Dios continúa siendo paciente. De la misma manera como convirtió las aguas amargas de Mara en aguas dulces (15:22–26), así también les envía carne, en forma de perdices, y maná. Esta provisión, a todas luces milagrosa, no sólo satisface su hambre, sino también se efectúa a fin de que vean “la gloria del Señor” (16:7). Y sepan “yo soy el Señor su Dios” (16:12). Además, anuncia el Señor, “Voy a ponerlo a prueba, para ver si cumple o no mis instrucciones” (16:4).

Por desgracia, no pocos miembros de esta comunidad suspenden esta prueba miserablemente. Intentan almacenar el maná a pesar de que se les había dicho explícitamente que no lo hiciesen; luego buscan seguir haciéndolo cuando, en el sábado, no hay nada que recoger. Moisés se enfurece (16:20), y el Señor mismo interviene para desafiar su desobediencia crónica (16:28).

¿Por qué gente que ha presenciado una manifestación tan espectacular de la gracia y del poder de Dios caen con tan tanta facilidad en la queja y la murmuración y con tan poca gracia en una desobediencia indiferente? La respuesta es que muchos de ellos llegan a ver a Dios como el que existe para servirles a ellos. Él les servía en el Éxodo, Y al facilitarles agua pura. Ahora exigían que les cubriese no sólo las necesidades, sino también sus caprichos. Si no era así, estaban más que dispuestos a abandonarle. Mientras Moisés insiste ante el faraón que el pueblo tenía que salir del país al desierto para servir a Dios y rendirle culto, el pueblo parece creer que Dios existe para servirles a ellos.

La pregunta fundamental es: “¿Quién es el Dios verdadero?” Los creyentes del nuevo pacto también tienen que plantearse la misma pregunta (1 Corintios 10:10).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 64). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Dos maneras de orar

Si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho. – 1 Juan 5:14-15

Hay que ser coherentes. No podemos decir que creemos en Dios si no nos dirigimos a él en oración de una manera seria. De lo contrario creemos en un Dios muy vago y lejano, un Dios a quien acudimos cuando todo va mal, o con la esperanza de obtener su favor, pero haciendo aquello que le desagrada. Orar a Dios tampoco es un deber, sino una necesidad vital del creyente, y un gran privilegio.

Si bien es exponerle nuestras necesidades con confianza, también es acercarnos a un Padre que nos conoce y quiere escucharnos. ¿Nos acordamos de darle las gracias por habernos sacado victoriosos de las pruebas? La oración también es ofrenda, alabanza: ¡Digámosle a Dios cuán grande y maravilloso es Jesús para nosotros!

¡Dulce oración, dulce oración,

Que del cuidado terrenal

Sabes llevar mi corazón

Hasta el buen Padre celestial!

¡Oh cuántas veces tuve en ti

Auxilio en ruda tentación,

Y cuantos bienes recibí

Por tu valor, dulce oración!

Dulce oración, dulce oración,

Al trono excelso de bondad

Elevarás mi petición

Hecha con labios de verdad.

Será mi ruego oído allí,

Y la divina bendición

En abundancia sobre mí

Descenderá, dulce oración.

2 Samuel 24 – Hechos 13:1-25 – Salmo 30:1-5 – Proverbios 10:31-32

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Madurez en el sufrimiento

Madurez en el sufrimiento

3/4/2017

El Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. (1 Pedro 5:10)

Un llamado del cristiano a la gloria tiene que ir por la senda del sufrimiento. El versículo de hoy explica por qué. El sufrimiento es el método de Dios para que su pueblo madure espiritualmente. Lo complace cuando soportamos con paciencia la prueba que afrontamos en el camino. El sufrimiento es parte del plan de Dios a fin de preparar a su pueblo para la gloria.

El apóstol Pedro dijo esto respecto al valor del sufrimiento: “En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 P. 1:6-7). Dios permite el sufrimiento como una confirmación de nuestra fe. También produce paciencia, aunque la paciencia es una virtud que no necesitaremos en la eternidad; no habrá razón alguna para la impaciencia allí. Pero además de esos beneficios, el sufrimiento aumenta nuestra capacidad de alabar, honrar y glorificar a Dios, y eso es algo que usaremos por toda la eternidad.

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Dios se goza en hacernos bien

MARZO, 04

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Dios se goza en hacernos bien

Devocional por John Piper

Haré con ellos un pacto eterno, por el que no me apartaré de ellos, para hacerles bien… Me regocijaré en ellos haciéndoles bien… (Jeremías 32:40-41)

Esta es una de esas promesas de Dios a las que acudo una y otra vez cuando estoy desalentado (sí, le ocurre a los pastores). ¿Se les ocurre algo más alentador que el hecho de que Dios se regocije en hacernos bien?

Él no cumple su promesa a regañadientes (Romanos 8:28). Es su gozo hacernos bien; y no solo a veces: ¡Siempre! «No me apartaré de ellos, para hacerles bien…».

Aunque algunas veces nuestra situación es tan difícil de tolerar que simplemente no podemos mostrar ningún gozo. Cuando eso me ocurre, trato de imitar a Abraham: «él creyó en esperanza contra esperanza» (Romanos 4:18). Dios ha sido siempre fiel en proteger esa pequeña chispa de fe en mí, que con el tiempo (no inmediatamente) se enciende para convertirse en una llama de felicidad y plena confianza.

¡Cuánto me alegra que aquello que hace más feliz al Dios Todopoderoso sea hacernos bien, a ustedes y a mí!

http://solidjoys.sdejesucristo.org/