Lo que refleja nuestra vestimenta

Aviva Nuestros Corazones

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Lo que refleja nuestra vestimenta

Por: Marisol Pérez de Díaz

Vivimos una época que nos arropa con sus valores y estilos.  A veces no reflexionamos lo suficiente sobre cómo actuamos o pensamos. En muchas ocasiones somos atraídas, seducidas o engañadas con la última moda, ya sea en la ropa, lo que vemos, leemos o hasta lo que comemos.

No nos preguntamos qué hay detrás de todo esto, o cuál es la filosofía de su creador, ya sea sensualidad, rebeldía o cualquier otro interés.  El furor de lo “último” nos envuelve y nos nubla impidiéndonos reflexionar con cuidado lo que comunicamos nosotras mismas.  No nos detenemos a pensar si nuestros actos son contrarios a los principios hallados en las Escrituras.

Frecuentemente esto sucede en el renglón de la vestimenta, por más que su objetivo sea cubrir, abrigar y adornar el cuerpo, también encontramos elementos de comunicación.  Estos elementos hablan de lo que creemos, nuestra cultura, posición social y económica, el tipo de trabajo que realizamos, el reflejo de nuestro yo interno, nuestras preferencias y nuestra nacionalidad.

No creas que Dios no se interesa en lo que llevas puesto. O que El no ve tu corazón al vestirte.  Él nos muestra en Su Palabra que la vestimenta importa. Desde el libro de Génesis hasta el de Apocalipsis lo vemos a Él como el Diseñador Supremo de todo. En Su Palabra, no te pide que vayas vestida de la época bíblica o del siglo XVIII, por dar un ejemplo; Él quiere que, aunque uses lo actual, sea reflejando siempre el diseño que tiene para ti.

Debemos volver a lo más básico. ¿Qué agrada a mi Señor? ¿Esto refleja un corazón conforme a las verdades bíblicas y a mi nueva ciudadanía?

La moda en el vestir debe ser una herramienta que dé testimonio de que somos creyentes y que refleje Su diseño divino.  En la medida en que nuestro corazón esté lleno de Sus verdades y Su Palabra nos atrape por completo, reflejaremos pudor y modestia en el vestir. Nuestro interés será cada vez más buscar agradarle a Él, no a mí misma; cómo visto conforme a su verdad, aun en medio de cualquier época en que estemos.

Recordemos que nuestro amado Dios tuvo que cubrir la desnudez de Adán y Eva, haciendo un sacrificio. Al igual que ellos decidieron que la mejor vestidura eran hojas de higuera, nosotras hoy, también tomamos nuestras propias decisiones erróneas, con nuestras hojas de higuera.  Hoy conocemos el sacrificio perfecto que cubrió nuestros pecados, como dice 1ª Pedro 1:18-21:

“…sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios…” (RVR1960)

¡Vivamos conforme a estas verdades!

—-¡Déjanos tu comentario y únete a la conversación!—-

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Para mantenerse joven

4 Marzo 2017

Para mantenerse joven
por Charles R. Swindoll

Job 42:10-17

Me gustaría darle varios consejos en cuanto a cómo mantenerse:

Número uno: Su mente no está vieja, siga cultivándola. Vea menos televisión y lea más. Pase tiempo con personas que hablen de sucesos e ideas, en vez de hacerlo con las que solo hablan de la gente y de lo mala que se ha vuelto esta generación joven. Nadie quiere estar cerca de un viejo maniático que solo ve las nubes y que solamente habla del mal tiempo.

Número dos: Su humor no se ha terminado, siga disfrutándolo. Me encanta rodearme de personas ya viejas que siguen viendo el lado bueno de la vida. Se dan cuenta de las cosas divertidas que suceden. Pueden contar historias excelentes. Disfrutan reír a pleno pulmón. Y les quita años a su cara.

Número tres: Sus fuerzas no se han acabado, siga utilizándolas. No pierda su silueta. Manténgase activo. Coma bien. Vigile su peso. Evite el aislamiento y la inercia, y deje de hablar de todos sus dolores y achaques. Deje de hablar de lo débil que se está volviendo y de cómo los demás tendrán que hacer esto o aquello por usted. Láncese a hacer las cosas. Siga activo.

Aquí está el cuarto: Sus oportunidades no se han acabado, siga buscándolas. A su alrededor hay personas que pudieran estar necesitando de una palabra de estímulo, de una nota de apoyo, de una llamada telefónica que les diga: “Te amo y creo en ti, y estoy orando por ti”. Por tanto, hágalo. Las oportunidades de ayudar a los demás no se han acabado.

El quinto es obvio: Su Dios no ha muerto, siga sirviéndole y buscándole. El Dios vivo es eterno. El Señor Jesucristo es inmortal y siempre soberano. Siga disfrutando de un tiempo a solas con su Señor. ¡Esto es muy importante!

Usted ha vivido lo suficiente para saber que nadie es tan digno de confianza como el Señor. Siga cultivando una relación vital con Él. Búsquelo con empeño y a menudo. Mi deseo para usted es el de una vida abundante, como la de Job, caracterizada, no por la ausencia de problemas (esto es imposible), sino que sea una vida verdaderamente placentera, realizada, útil, piadosa, equilibrada y gozosa.

¡Sí, en verdad gozosa! Y no lo olvide, que sea razonablemente dulce.

Su mente no está vieja, siga cultivándola. Vea menos televisión y lea más. —Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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¡Cuatro relatos cohesionados entre sí!

¡Cuatro relatos cohesionados entre sí!

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4 MARZO

Éxodo 15 | Lucas 18 | Job 33 | 2 Corintios 3

Cada una de las cuatro unidades de Lucas 18 se presta al malentendido; cada una de ellas se comprende clarísimamente cuando se lee en el contexto de las otras cuatro.

La primera (Lucas 18:1–8) es una parábola que Jesús explica a sus discípulos “para mostrarles que debían orar siempre, sin desanimarse” (18:1). Un juez injusto se encuentra sometido a una presión continua por parte de una viuda, de modo que acaba por concederle la justicia que ella reclama. “¿Acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará mucho en responderles?” (18:7). Si hasta este juez injusto finalmente hace justicia, ¿cuánto más lo hará Dios, al suplicarle sus “escogidos”? Por sí sola, por supuesto, esta parábola podría interpretarse en el sentido de “cuánto más oras, más recibirás” – una especie de acuerdo proporcional, justamente la clase de “oración” que Jesús mismo critica en otra parte (Mateo 6:5–15). Pero el último versículo (18:8) nos muestra el quid de la cuestión: “No obstante, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?”. El problema no es que Dios no está dispuesto a conceder nuestras peticiones, sino que somos demasiado indiferentes o perezosos para pedir.

La segunda parábola (18:9–14) describe el caso de un fariseo y un recaudador de impuestos que acuden al templo para orar. Algunos relativistas contemporáneos deducen de este relato que Jesús acepta a todo el mundo, sean los que sean sus pecados persistentes, sus hábitos o su estilo de vida. Sólo rechaza a los hipócritas religiosos que se justifican a sí mismos. Es cierto que Jesús rechaza a estos últimos. No obstante, la parábola no da la impresión de que el recaudador de impuestos tuviese la intención de continuar pecando. Más bien, suplica la misericordia de Dios, consciente de lo que es; acude a Dios desde una necesidad personal que él mismo ha reconocido.

En la tercera parábola (18:15–17), Jesús insiste en que los niños pequeños le sean traídos “porque el reino de Dios es de quienes son como ellos”. Uno debe recibir “el reino de Dios como un niño” o quedar sin recibirlo. No obstante, esta parábola no quiere recomendar un comportamiento infantil en todos los sentidos: la ingenuidad, el pensar a corto plazo, la inmadurez moral, el ‘NO’ perpetuo de los terribles chiquillos. Pero los niños gozan de una gran apertura, una libertad refrescante de toda autopromoción, una sencillez que simplemente pide y confía.

En la cuarta unidad (18:18–30), Jesús dice al rico gobernador que venda todos sus bienes y dé lo que tiene a los pobres, y que luego, si quiere tener riquezas en el cielo, siga a Cristo. ¿Acaso esto quiere decir que sólo a base del ascetismo y la penuria gozará alguien las bendiciones celestiales? ¿No se trata más bien de que Cristo pone de manifiesto y desmonta el verdadero dios de este hombre, y el cimiento más bien patético de su confianza en sí mismo, a fin de que simplemente ponga su confianza en Jesús y le siga plenamente, sin apegos?

¿Podéis ver lo que hace que estos cuatro relatos estén cohesionados entre sí?

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 63). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Hacer el balance

Hacer el balance

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Aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; pero el que me juzga es el Señor. – 1 Corintios 4:4

Dios es el que justifica. – Romanos 8:33

Hacer el balance sobre nuestra vida significa juzgar entre lo bueno y lo malo, entre lo verdadero y lo falso, lo útil y lo inútil… ¡suponiendo que seamos capaces de hacer esa evaluación!

En cada uno de nosotros hay un indicador que puede ayudarnos, es nuestra conciencia. En el origen latino de esta palabra está la idea de «saber». Pero como no sabemos todo, nuestra conciencia es obligatoriamente limitada. Por lo tanto es difícil hacer el balance, es difícil estar en paz, pues sería muy pretencioso creer que aquel que lo sabe “todo”, es decir, Dios, tiene la misma manera de ver las cosas que yo.

La Biblia habla mucho del bien y del mal, de justicia y de injusticia. Ella es la Palabra del Dios vivo; estemos, pues, atentos a sus advertencias. Ella revela algunas exigencias de Dios, entre las cuales hallamos: “Temerás a Dios”, “amarás a tu prójimo”, “no codiciarás”, “no cometerás adulterio”, etc. Nadie puede pretender haber respetado íntegramente sus exigencias. Para Dios todos somos culpables, pero también todos podemos ser absueltos, justificados, liberados definitivamente de toda acusación. Dios mismo dio el medio para salvarnos, a Jesucristo, quien fue condenado en nuestro lugar. El castigo que merecían nuestros pecados cayó sobre él (Isaías 53:5), entonces al fin podemos tener buena conciencia ante Dios. Y ahora nos invita, con bondad, a confiar en él y agradecerle.

“Os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú” (Deuteronomio 30:19).

2 Samuel 21 – Hechos 10:1-24 – Salmo 28:1-5 – Proverbios 10:24-25

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.chlabuena@semilla.ch

El propósito del crecimiento

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El propósito del crecimiento

3/3/2017

Todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo. (1 Juan 3:3)

Segunda Pedro 3:18 ordena a los creyentes que crezcan “en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”. Su respuesta a este versículo es la acción o la inercia. Si desea crecer en Cristo, usted experimentará bendición, provecho y victoria siguiendo la senda bíblica de glorificar a Dios. Y como descubrió David, también usted sentirá alegría: “A Jehová he puesto siempre delante de mí… Se alegró por tanto mi corazón” (Sal. 16:8, 9).

El apóstol Juan resumió el objetivo del desarrollo espiritual cuando dijo: “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Jn. 3:2). El proceso del crecimiento terminará el día que veamos a Jesucristo y seamos como Él.

Disponible en Internet en: http://www.gracia.org
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Dios obra a través de buenas resoluciones

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MARZO, 03

Dios obra a través de buenas resoluciones

Devocional por John Piper

Por esta razón también oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder. (2 Tesalonicenses 1:11)

Buscar el poder de Dios para cumplir nuestros buenos propósitos no significa que no hayamos hecho realmente una resolución o que de verdad no estemos haciendo uso de la fuerza de voluntad.

¡El compromiso del poder de Dios nunca toma el lugar del compromiso de nuestra voluntad! ¡El poder de Dios en la santificación nunca nos hace pasivos! El poder de Dios se involucra debajo o detrás o dentro de nuestra voluntad, no en lugar de nuestra voluntad.

La evidencia del poder de Dios en nuestra vida no es la ausencia de nuestra voluntad sino la fortaleza de nuestra voluntad.

Cualquiera que diga: «Bueno, yo creo en la soberanía de Dios y por lo tanto solo me quedaré sentado y no haré nada», realmente no cree en la soberanía de Dios. ¿Por qué alguien que cree en la soberanía de Dios lo desobedecería tan abiertamente?

Cuando nos quedamos sentados y no hacemos nada, no es que no estemos haciendo nada: estamos activamente comprometiendo nuestra voluntad a la decisión de quedarnos sentados. Y si esa es la manera en que manejamos el pecado o la tentación en nuestra vida, estamos desobedeciendo abiertamente, porque estamos llamados a pelear una buena batalla (1 Timoteo 1:18) y a resistir al diablo (Santiago 4:7) y a buscar la santidad (Hebreos 12:14).

Este versículo dice que es por el poder de Dios que cumpliremos nuestros buenos propósitos y nuestras obras de fe. Sin embargo, esto no anula el significado de la palabra propósito y de la palabra obra. Parte de todo el proceso de tener un caminar digno del llamamiento de Dios es el compromiso activo de nuestra voluntad en la determinación de obrar con rectitud.

Si tenemos pecados que persisten en nuestra vida, o si continuamos siendo negligentes en hacer buenas obras simplemente porque hemos estado esperando a ser rescatados sin pelear ninguna batalla, estamos agravando nuestra desobediencia. Dios nunca aparecerá con poder en nuestra voluntad en ninguna otra forma que no sea la de una buena resolución que hayamos hecho y mantenido.

Así que las personas que creen en la soberanía de Dios no deben tener miedo de comprometer su voluntad en la lucha por la santidad. «Esforzaos por entrar por la puerta estrecha, porque os digo que muchos tratarán de entrar y no podrán» (Lucas 13:24).

http://solidjoys.sdejesucristo.org/

Cuando perdemos a Dios en una subcultura evangélica

Cuando perdemos a Dios en una subcultura evangélica

En el mundo real, hay libros, CDs, sermones, organizaciones, arte, eventos, proyectos empresariales, métodos de evangelismo, estrategias de ‘conquista’, y superestrellas.

En las conferencias evangélicas, se habla sobre un sinfín de temas: la historia evangélica, el presente y futuro de la iglesia, cómo desarrollar tus dones, cómo ser un buen padre, cómo convertirte en un gran líder, pastor o cantante evangélico, la sexualidad, la ética evangélica, y el igle-crecimiento.

En fin, hay de todo en el mundo evangélico, y en medio de esta gigantesca cultura en la cual nos vemos completamente inmersos, la pregunta más importante que nos podemos hacer es: ¿y dónde está el Dios de los evangélicos?

Un avivamiento falso

“Ah, Dios” —piensan algunos—, “Este asunto está más que claro. Él solo quiere que estemos felices. Al fin y al cabo, Dios es amor. ¿No? Hablemos de algo más relevante, por favor”.

Tristemente, estoy llegando a la conclusión de que esta subcultura que hemos creado podría seguir adelante sin el apoyo de la presencia del Señor. Es poco común toparte con hermanos que lloran, claman y gimen a Dios para que Su nombre sea santificado, Su reino establecido y Su voluntad hecha en la tierra. Aquí predomina un espíritu frívolo, ligero, altivo, y light que confía más bien en métodos humanos que en el poder del Espíritu.

Muchos están tan emocionados por el próximo gran evento evangélico que se han olvidado completamente del Dios a quien son llamados a amar y a buscar. Hoy en día con tal de que haya luces brillantes, música fuerte, un predicador conocido en la plataforma que se dedica a soltar unos chistes y un par de ilustraciones emotivas y luego un llamado al altar al acabar la reunión, decimos: “¡Oh, sí, el Señor se ha movido hoy!”.

Pero esto no es el avivamiento genuino sobre el cual leemos en la Biblia.

Conocer a Dios es lo más importante

Creo en el avivamiento genuino. Ese avivamiento se ve cuando Dios desciende y el ego humano se queda aplastado en el suelo rogando al Omnipotente por misericordia. Creo en la oración de Isaías 64:1, 2:

“¡Oh, si rasgaras los cielos y descendieras! Si los montes se estremecieran ante tu presencia (como el fuego enciende el matorral, como el fuego hace hervir el agua), para dar a conocer tu nombre a tus adversarios, para que ante tu presencia tiemblen las naciones!”.

Como la historia del avivamiento nos enseña una y otra vez, cuando Dios se mueve con poder, es para mostrarnos quién es, y no hacen falta luces ni altavoces ni guitarras ni proyectores ni llamados al altar ni manipulación psicológica desde el púlpito. Lo único que hace falta es la brisa del Señor. ¡Necesitamos conocer a Dios desesperadamente! J.I. Packer dice que la ignorancia sobre Dios, “está en la raíz de buena parte de la debilidad de la iglesia en la actualidad”.[1] No dice que la debilidad de la iglesia se debe a la falta de micrófonos ni altavoces ni ordenadores sino a la falta de conocimiento de Dios.

No importa la cantidad de sermones que hayas descargado en el último mes ni por el número de mensajes que tal vez hayas predicado. Lo más importante no son los eventos a los que hayas asistido ni tu cantante evangélico favorito. La pregunta más importante a la que debes responder es: ¿de verdad conoces a Dios? ¿Es Dios tu perla de gran precio, tu joya, tu tesoro, tu riqueza, tu gozo, tu amor de amores?

Aun siendo joven, ya me he cansado de todo aquello que no me lleva a contemplar la gloria de Dios en Cristo. Las opiniones, ideas, estrategias y teorías de los “grandes” predicadores y evangelistas no nos deben importar. Debemos poner nuestra mirada sobre la exposición de la Palabra de Dios. La cantidad de asistentes en nuestras conferencias evangélicas no es lo más importante. Más importa tener la presencia de Dios. El éxito y la fama de nuestros superestrellas evangélicas son insignificantes comparados a la gloria del Hijo de Dios. El número de “decisiones tomadas por Cristo” no importa más que el auténtico mover del Espíritu Santo para que Dios se lleve toda la gloria.

No obstante, perder a Dios en medio de una subcultura evangélica sí importa porque importa Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu.

No pierdas a Dios en medio de nuestra subcultura evangélica. No permitas que nada ni nadie quite tu mirada del hermoso Creador  y Redentor. Dios es infinitamente más importante que nuestra subcultura.

“Pues les digo que algo mayor que el templo está aquí” (Mt. 12:6).


[1] PACKER, J.I., El conocimiento del Dios santo (Vida: Miami, 2006), p. 10.imgres-2

Hallado fiel

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3 Marzo 2017

Hallado fiel
por Charles R. Swindoll

Job 42:1-17

Si usted vuelve a Job 1:3, podrá leer lo que Job tenía originalmente. Poseía 7,000 ovejas, y termina ahora con 14,000. Sus rebaños crecen a medida que los alimenta y se multiplican. El rebaño original ha aumentado al doble. Tienen suficiente comida. También hay abundancia de pastos, y por eso las ovejas llegan a ser 14,000.

Job debió haber podido ver desde todas las ventanas de su casa la verde, cautivante y exquisita vegetación, y el crecimiento de todos sus cultivos. Ahora tiene 1,000 asnas, el doble de las que tenía antes. No al instante, sino después de unos pocos años, sus posesiones crecieron. Sinceramente, Job tenía más que suficiente. Mucho más. Antes era rico, ¡pero ahora es inmensamente rico!

Hay ocasiones cuando el Señor decide bendecir a ciertas personas mucho, pero mucho más de lo necesario. Lo que debemos aprender es a aceptarlo. ¡Si la envidia es el pecado que le domina, le aconsejo que se libere de uno de los hábitos más feos que tienen los cristianos! Seré totalmente sincero con usted, porque eso es lo que oigo con frecuencia. La gran tentación es recordarle al Señor lo fiel que usted ha sido cuando ve a un vecino o un amigo cuyo negocio crece, pero no el suyo. Por favor, no siga tratando de cuestionar al Señor en asuntos así.

Es injusto y también falso suponer que la mayoría de las personas ricas no han hecho nada para lograr sus riquezas, o que no las recibieron de la mano de Dios. Algunos de los santos más preciosos de Dios son sumamente ricos.

¿Entonces? Se lo digo otra vez, acéptelo. Si usted es uno de ellos, no necesita que le recuerde que esa riqueza no la creó usted mismo. La recibió por la gracia de Dios. Úsela bien. Dé con generosidad. Ande en humildad; y si el Señor decide no bendecirle como ha bendecido a otra persona, acepte y respete su decisión en vez de sentirse molesto por ello. Aplaudamos a Job por ser un recipiente del rico favor de Dios. Job ha “salido como el oro” después de haber sido probado y hallado fiel.

“Gozaos con los que se gozan”.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

«El gran poder de DIOS»

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«El gran poder de DIOS»

3 MARZO

Éxodo 14 | Lucas 17 | Job 32 | 2 Corintios 2

Tres observaciones en relación con la travesía del Mar Rojo (Éxodo 14):

En primer lugar, la confrontación dinámica entre el faraón y el Señor soberano continúa. Por un lado, el faraón aún persigue sus deseos, habiendo llegado a la conclusión de que los israelitas se encontrarán atrapados entre el mar y el desierto, y por tanto serán presa fácil (14:3). Además, el faraón y sus oficiales se arrepienten de haber dejado marchar al pueblo israelita. La esclavitud era una de los pilares fundamentales de su sistema económico y, por supuesto, el recurso más importante para el cumplimiento de sus programas de construcción. Tal vez las plagas no fueran más que golpes de mala suerte. Los esclavos israelitas deben volver.

No obstante, Dios no desempeña un papel pasivo en el desarrollo de estos acontecimientos, ni tampoco se limita a responder ante las iniciativas de los demás. Conduce a los israelitas en fuga hacia el noreste, no sólo para que se libren de una confrontación con los filisteos (13:17), sino también para que los egipcios lleguen a la conclusión de que los israelitas están atrapados (14:31). De hecho, es Dios quien está conduciendo a los egipcios a una trampa, y endurecer el corazón del faraón forma parte de su estrategia (14:4, 8, 17). Esta soberanía total y providencial debería servir para cimentar la confianza del pueblo de Dios (14:31). Ante todo, el Señor está resuelto a que, por medio de esta confrontación, tanto los israelitas como los egipcios aprendan quién es Dios: “¡Voy a cubrirme de gloria a costa del faraón y de su ejército… Y cuando me haya cubierto de gloria a costa de ellos, los egipcios sabrán que yo soy el Señor” (14:17–18). “Y al ver los israelitas el gran poder que el SEÑOR había desplegado en contra de los egipcios, temieron al SEÑOR y creyeron en él y en su siervo Moisés” (14:31).

En segundo lugar, el “ángel de Dios” reaparece (14:9) – no como ángel, sino como columna de fuego por la noche y como columna de nube por el día, en un momento guiando el pueblo y en otro protegiéndoles de los egipcios que les persiguen. Pero, si lo miramos con otra perspectiva, podríamos decir que el Señor va delante suyo en una columna de nube para dirigirles mientras siguen adelante y por la noche en una columna de fuego para darles luz (13:21). Las ambigüedades que hemos visto anteriormente persisten (ver Éxodo 3, meditación del 20 de febrero).

En tercer lugar, fueran cuales fueran los medios por los cuales el mar se dividió (el viento, por ejemplo), este suceso, igual que el de las ranas, se presenta aquí como milagroso – no conforme a la manera como la naturaleza suele ser providencialmente regida (cuya regularidad es lo que permite que la ciencia exista), sino que se trata de una intervención extraordinaria por parte de Dios (lo cual hace que los milagros sean hechos únicos y, por tanto, no susceptibles al análisis científico). Que una multitud de personas puedan caminar sobre tierra seca entre dos murallas de agua (14:21–23) es algo que sólo el Dios soberano de la creación puede lograr, nadie más.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 62). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

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Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

2 Corintios 5:21

Jesús fue el hombre sin pecado

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Jesucristo vivió como un hombre en la tierra, pero fue un hombre perfecto. Siempre hacía el bien y no pecaba ni en pensamiento, ni en palabra, ni en hechos. Por ello pudo hacer esta pregunta a los judíos: “¿Quién de vosotros me redarguye de pecado?” (Juan 8:46). ¡Nadie, efectivamente, podía hacerlo! Incluso cuando fue condenado a morir en la cruz como malhechor, varias personas confirmaron su inocencia: Judas el traidor, cuando confesó: “Yo he pecado entregando sangre inocente” (Mateo 27:4); Pilato el gobernador romano (v. 23-24) y su mujer (v. 19); el malhechor crucificado junto a él (Lucas 23:41) y el oficial romano, testigo de su muerte, pues dijo: “Verdaderamente este hombre era justo” (v. 47).

En Jesús no había nada que lo incitase a hacer el mal, ningún tipo de codicia que lo condujese a pecar. El apóstol Juan lo confirma de forma absoluta: “No hay pecado en él” (1 Juan 3:5). El diablo tentó a Jesús para incitarlo a cometer un acto de independencia con respecto a Dios. Pero todos sus ataques fueron vanos. Cuando, en el momento de dejar su vida, Jesús fue el objeto de toda la maldad de Satanás, declaró: “Viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí” (Juan 14:30).

Este hombre perfecto, Jesucristo, estuvo confrontado al pecado de forma terrible en las tres horas de tinieblas en la cruz. Dios lo castigó en nuestro lugar, por nuestros pecados.

Por la fe sabemos que Jesús pagó el precio para que nosotros fuésemos perdonados, y le agradecemos por su gracia. Pidámosle que nos dé la fuerza para ser sus imitadores, pues en nosotros no tenemos ninguna capacidad para hacerlo.

2 Samuel 22:31-51 – Hechos 11 – Salmo 29:1-6 – Proverbios 10:27-28

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