Llevar su cruz

Llevar su cruz

Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. – Mateo 16:24

Que seáis llenos del conocimiento de su voluntad… para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo. – Colosenses 1:9-10

Hoy, en el lenguaje común, «llevar su cruz» significa soportar un sufrimiento largo y persistente debido a una enfermedad, una discapacidad o, más generalmente, un problema que nos parece sin solución. Esta expresión tiene su origen en la Biblia, pero no es realmente esto lo que Jesús pide a sus discípulos.

Tomar “su cruz cada día” (Lucas 9:23), en sentido espiritual, es vivir diariamente la nueva condición en la que la cruz de Cristo me colocó. “Con Cristo estoy juntamente crucificado” (Gálatas 2:20). No es una dura obligación, sino todo lo contrario, una verdadera liberación: “Y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”, añadió el apóstol Pablo.

Nuestros pecados fueron borrados mediante la cruz de Cristo, pues él murió en nuestro lugar. Por ella también hemos sido liberados de lo que éramos, ya que hemos muerto con él. Si lo recibo por la fe, entonces puedo vivir “en vida nueva” (Romanos 6:4-5).

Tomar nuestra cruz es, pues, afirmar que nuestra identidad cambió, es vivir la vida de Cristo resucitado. Hemos pasado a ser hijos de Dios: “Ahora somos hijos de Dios” (1 Juan 3:1-2).

“Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” (Efesios 5:1-2).

Ezequiel 20:23-49 – Hechos 26:19-32 – Salmo 37:1-7 – Proverbios 12:9-10

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Aproveche la ola

Aproveche la ola

3/25/2017

Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega. (Juan 4:35)

Todos los creyentes deben sentir pasión por los perdidos. John Harper tenía tal pasión. Era un joven pastor en la gran iglesia Moody Memorial de Chicago a principios del siglo XX, pero en 1912 iba de pasajero en el aciago viaje del Titanic.

 Cuatro años después, un joven escocés se puso de pie en una reunión y dijo que era sobreviviente de Titanic. Mientras flotaba a la deriva agarrado de un pedazo de madera, se encontró con un hombre que flotaba sobre restos del naufragio. El hombre le pidió al escocés que recibiera a Cristo. El joven escocés se negó. La ola volvió cerca del hombre, y este le preguntó al escocés si aun no era salvo. Poco después, el hombre desapareció en el agua, y el escocés decidió confiar en Cristo como Salvador. Identificó al hombre como John Harper. El joven escocés fue el último convertido de John Harper.

¿Puede ser usted uno de los John Harper de esta generación?

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El valor de los demás

25 Marzo 2017

El valor de los demás
por Charles R. Swindoll

Hechos 9:28-31

La paráfrasis de la Biblia, The Message (El Mensaje), de Eugene Peterson, resume hermosamente esta parte de la narración. “Las cosas se calmaron después de eso y la iglesia no tuvo problemas durante un tiempo. En toda la región —Judea, Samaria, Galilea— la iglesia crecía. Estaban impregnados por una profunda sensación de reverencia a Dios. El Espíritu Santo estaba con ellos, fortaleciéndolos. Y prosperaban maravillosamente.”

Las iglesias no necesitaban a Saulo. En Tarso, él tuvo tiempo para aprender que él era quien las necesitaba a ellas. No era independiente. Había descubierto el valor de la dependencia. Lamentablemente, hay quienes nunca aprenden esto.

Este es un buen momento para hacer una pausa y dar un salto de 20 siglos hasta el día de hoy. Aprenda a apreciar y aceptar el valor de las demás personas. No trate de ser autosuficiente. Antes de ver a quienes le rodean como estorbos, dese cuenta de su valor. Recuerde que ellas tienen un rol estratégico en su supervivencia y en su éxito. Dios rara vez nos pide que volemos solos. Cuando Él nos impulsa a remontar las alturas, hay seguridad cuando otros se elevan junto con nosotros.

Dios ha dispuesto que su iglesia sea esa clase de red de apoyo para todos nosotros. Nadie puede manejar todas las presiones por mucho tiempo. ¡El compañerismo y la responsabilidad ante los demás son esenciales!

Es posible que usted esté resistiendo la idea de ser un miembro activo de una iglesia, o ser parte de un grupo pequeño de compañerismo en ella. Piensa que no necesita de nadie, y hasta ahora su plan ha funcionado bien. Pero no pasará mucho tiempo sin que los fuertes vientos de la adversidad le derriben, y necesitará que alguien le levante. No permita que un terco espíritu de independencia le robe el gozo de compartir con otros su vida, sus debilidades, sus fracasos y sus sueños.

Usted y yo no somos indispensables. Usted y yo no somos irreemplazables. Dios sí es ambas cosas. Lo es su iglesia. Él está buscando vasos destrozados, corazones heridos y siervos humildes, incluso a quienes tienen un triste pasado con algunas cicatrices, y que han aprendido a no esconderlas ni negarlas, a personas que entienden y aprecian el valor de los demás. ¿Es usted ese tipo de persona?

¡El compañerismo y la responsabilidad ante los demás son esenciales!—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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“Manteneos en el amor de Dios”

“Manteneos en el amor de Dios”

25 MARZO

Éxodo 36 | Juan 15 | Proverbios 12 | Efesios 5

La Biblia habla del amor de Dios de diferentes maneras.

En algunos pasajes, el amor de Dios está dirigido hacia los escogidos. Les ama a ellos y no a los que no lo son. (p. ej., Deuteronomio 4:37; 7:7–8; Mal 1:2). Pero si deducimos de esto que el amor de Dios esté únicamente dirigido a los escogidos, acabamos distorsionando otras realidades: la provisión benevolente de la “gracia común” (¿no es Dios quien envía la lluvia sobre los justos y los injustos? [Mateo 5:45]), su paciencia (Romanos 2:4), sus ruegos a los rebeldes para que se arrepientan y así se libren de la muerte eterna, puesto que “no me alegro con la muerte del malvado” (Ezequiel 33:11). Por otra parte, si esto fuese todo lo que la Biblia dice sobre el amor de Dios, se vería reducido a una especie de amante impotente y frustrado que ha hecho todo lo que podía, pobrecito. Tal escenario no sirve para explicar la iniciativa amorosa ni el poder eficaz que hay detrás de ella y que se exponen en los primeros pasajes aquí citados, y en otros semejantes.

Pero la Biblia habla del amor de Dios de otras maneras. Una de ellas constituye el meollo de Juan 15:9–11. Aquí, el amor del Padre hacia nosotros se muestra dependiente de nuestra obediencia. Jesús pide a sus discípulos que le obedezcan de la misma manera como él obedece al Padre, para que permanezcan en su amor. “Si obedecéis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, así como yo he obedecido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor” (15:10).

El contexto nos demuestra que esto no nos está explicando cómo alguien se convierte en seguidor de Jesús. Más bien, suponiendo que los que le escuchan ya son sus seguidores, Jesús insiste en que hay un amor relacional que debe ser cuidado y nutrido. De la misma forma, el amor del Padre por el Hijo no nos dice nada acerca de cómo nació este amor, sino que simplemente refleja la naturaleza de esa relación. En otros pasajes, el amor del Padre hacia el Hijo se expresa en el hecho de que el Padre le “muestra” al Hijo todas las cosas, de manera que el Hijo hace lo mismo que hace el Padre y recibe la misma honra que el Padre (Juan 5:19–23); el amor del Hijo hacia el Padre se manifiesta por la obediencia (14:31). Así como mis hijos permanecen en mi amor al obedecerme en lugar de desafiarme, los seguidores de Jesús permanecen en su amor. Por supuesto, hay un sentido en el cual yo siempre amaré a mis hijos, hagan lo que hagan. Sin embargo, este amor tiene una dimensión relacional que depende de su obediencia.

De este modo, Jesús es mediador del amor del Padre hacia nosotros (15:9), y el resultado de nuestra obediencia hacia él es el gozo profundo (15:11). “Manteneos en el amor de Dios” (Judas 1:21).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 84). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Satisfechos para siempre

MARZO, 25

Satisfechos para siempre

Devocional por John Piper

Jesús les dijo: Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed. (Juan 6:35)

Este pasaje señala el hecho de que creer en Jesús es alimentarse y beber de todo lo que Jesús es. Abarca tanto como decir que la sed de nuestra alma se satisface con Jesús, de manera que no tenemos más sed.

Él es el fin de nuestra búsqueda de satisfacción.

Cuando confiamos en Jesús de la manera en que Juan quiere que lo hagamos, la presencia y la promesa de Jesús nos satisfacen tanto que ya no estamos dominados por la atracción de los placeres del pecado (ver Romanos 6:14). Esto explica por qué ese tipo de fe en Jesús anula el poder del pecado y hace posible la obediencia.

Juan 4:14 señala en la misma dirección: «pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré se convertirá en él en una fuente de agua que brota para vida eterna». De acuerdo con Juan 6:35, la fe que salva de la que se habla acá es como beber del agua que satisface los deseos más profundos del alma.

Ocurre lo mismo en Juan 7:37-38: «Jesús, puesto en pie, exclamó en alta voz, diciendo: “Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba. El que cree en mí, como ha dicho la Escritura: ‘De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva’”».

A través de la fe, Cristo se convierte en una fuente inagotable de vida dentro de nosotros que nos satisface para siempre y que nos guía al cielo. Esto lo hace enviándonos su Espíritu (Juan 7:38-39).

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¿Muy pocos serán salvos?

¿Muy pocos serán salvos?

Alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán. – Lucas 13:23-24

Algunas preguntas de la Biblia

Alguien preguntó a Jesús si son pocas las personas que se salvan. El Señor no respondió directamente la pregunta, pero explicó lo que cada uno debe hacer para ser salvo. “Esforzaos a entrar por la puerta angosta” (Lucas 13:24). El camino de la salvación es accesible a todos y es el mismo para todos: Hay que pasar por la puerta estrecha, es decir, por Jesús crucificado. “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo” (Juan 10:9).

Entrar por esta puerta es reconocerse perdido y creer que Jesús es el único medio para ser salvo. Hay que renunciar a cualquier otro medio humano, por ejemplo: obras religiosas, adhesión intelectual, tradiciones, educación…

Antes de su conversión el apóstol Pablo, hombre muy instruido, animado por un celo salvaje por su religión, perseguía a los creyentes. Pero luego estimó como “basura” todas las ventajas que había recibido de su educación y de sus funciones religiosas. Su fe contaba solamente con la justicia que Dios da a aquel que cree (ver Filipenses 3:9).

Si rehusamos ir al Señor, buscarlo y creer en él, entonces permanecemos lejos de Dios, unidos al mal, y nos exponemos a escuchar esta terrible frase del Señor en el día del juicio: “No os conozco” (Mateo 25:12).

Ser salvo es primeramente tener la vida eterna mediante la fe en Cristo. Solo entonces podremos llevar una vida que agrade a Dios, y esforzarnos en permanecer arraigados a su gracia.

Ezequiel 20:1-22 – Hechos 26:1-18 – Salmo 36:7-12 – Proverbios 12:7-8

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Estimule su pasión

Estimule su pasión

3/24/2017

Tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. (Mateo 9:36)

¿Cómo puede aumentar su pasión por los perdidos?

En primer lugar, estudie el gran amor, la compasión y la tierna misericordia de Cristo. Puede estudiar a los grandes hombres y mujeres en la historia de la iglesia, pero en definitiva tiene que entender el corazón de Jesucristo. Como dice 1 Juan 2:6: “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo”.

En segundo lugar, estudie el pecado: su culpabilidad, su poder y su castigo. Eso le enseñará cómo todos caemos presa de las sutilezas del mundo. Romanos 12:2 dice: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento”. Que eso le recuerde que debe ocuparse no de las cosas del mundo, sino de la evangelización del mundo.

En tercer lugar, estudie a los pecadores. Trate de cultivar amor y comprensión por ellos, no amargura. Observe que los más fervorosos evangelistas a menudo son nuevos convertidos.

En cuarto lugar, estudie las Escrituras. Vea lo que dicen acerca del infierno, de la muerte, del juicio y de la salvación.

Y por último, pida a Dios que le dé pasión por el evangelismo.

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Usted puede ser un Bernabé

24 Marzo 2017

Usted puede ser un Bernabé
por Charles R. Swindoll

Hechos 9:26-30

Los discípulos le temían a Saulo. No podían creer que fuera un discípulo. “Pero Bernabé. . .”. ¿No son unas excelentes palabras introductorias? No se sabe dónde, sale Bernabé para animar a Saulo y para ser su abogado personal. ¿Cómo se enteró Bernabé de que Saulo necesitaba ayuda? No lo sabemos. Pero sí sabemos que Dios es soberano y que tiene sus Bernabés en todos los lugares, en todas las iglesias, en todas las universidades y seminarios, e incluso en el campo misionero. Cada Bernabé está preparado para acudir de inmediato en ayuda de alguien necesitado de estímulo.

Por tanto, en vez de actuar con temor y prejuicios, Bernabé dio un paso al frente y “le recibió.” Saulo estuvo dispuesto a aceptar su ayuda. Esa es una buena dependencia. Bernabé tomó a Saulo bajo sus alas, y dijo: “Ven conmigo. Voy a aclarar este asunto con estos hombres. Ellos me tienen confianza.” Así lo hicieron, y el relato sagrado dice que Bernabé “le llevó a los apóstoles. Les contó cómo había visto al Señor en el camino, que había hablado con Él, y cómo en Damasco había predicado con valentía en el nombre de Jesús”. ¡Eso es lo que yo llamo una intervención divina a través de un santo menos conocido! Bernabé dijo básicamente: “Yo he investigado a este hombre, y sé que todo lo que ha dicho es verdad. Él vio al Cristo resucitado, lo mismo que ustedes. El hombre es de los nuestros. Acéptenlo… ¡y estén tranquilos!”

Las palabras que siguen cuentan el resultado de la acción de Bernabé en favor de Saulo: “Así entraba y salía con ellos en Jerusalén, predicando con valentía en el nombre del Señor.” Por primera vez en su ministerio, Saulo hablaba libremente de Jesús en Jerusalén, en compañía de discípulos distinguidos, libre para ser él mismo para la gloria de Dios. ¿Qué había hecho la diferencia? ¡Bernabé!

Usted puede ser un Bernabé hoy. ¿Conoce usted a alguien que haya sido humillado porque tiene un mal historial personal? ¿A alguien que nadie presta atención, aunque su vida ha sido transformada, pero nadie quiere creerlo? Le animo a dar un paso al frente como lo hizo Bernabé en favor de Saulo. Busque a esa persona que necesita una segunda oportunidad, dele una gran dosis de gracia para ayudarle a comenzar de nuevo en la vida cristiana. Todo el mundo necesita de un Bernabé en algún momento de su vida.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Juan 14

Juan 14

24 MARZO

Éxodo 35 | Juan 14 | Proverbios 11 | Efesios 4

El discurso de despedida, que comienza en Juan 14, es una rica fuente de enseñanzas acerca del Espíritu Santo. He aquí algunos ejemplos:

(1) En griego, todos los nombres son designados gramaticalmente de género masculino, femenino o neutro. La palabra que designa el Espíritu Santo es neutra. Cuando se usa un pronombre que se refiere al “espíritu”, tendría que ser neutro. En este capítulo, sin embargo, el pronombre a veces es masculino, lo cual rompe con la norma gramatical. De esta forma, se enfatiza sutilmente el carácter personal del Espíritu Santo.

(2) Entre sus títulos, aparece el de “Consejero”, o, en algunas versiones inglesas, “Consolador” o “Ayudador”. Cuando se acuñó y usó por primera vez la palabra “Consolador”, procedía de las palabras latinas que significaban “fortalecer” o “fortalecer al lado de”. Hoy en día, un “Consolador” es, más bien, una especie de manta o edredón o tal vez alguien que ofrece ayuda a quien haya perdido a un ser querido, por lo cual su significado corriente es demasiado limitado para transmitir lo que significa aquí. La palabra griega admite varios matices, por lo cual algunos traductores no la traducen sino que lo “transliteran” (es decir, la escriben según las reglas del deletreo castellano) como Paracleto. Por supuesto que se trata de alguien que se acerca para ayudar y fortalecer. A veces, esta ayuda era legal: por ejemplo, puede hacer de abogado fiscal (16:7–11), y puede ser también nuestro “Consejero” legal. (La palabra no tiene nada que ver con los consejeros psicológicos.)

(3) Es, según dice Jesús, otro Consejero (14:16). En el griego más antiguo, la palabra “otro” se refería a “otro del mismo género”. Cuando se escribió el Nuevo Testamento, este significado ya se había vuelto más bien infrecuente; no se puede dar por sentado, sino que se tiene que demostrar a partir del contexto. En este caso, Jesús claramente promete enviar a alguien que ocupe su lugar. Es intrigante que, aparte de su aparición en el discurso de despedida, la palabra traducida “Consejero” sólo se usa en otro lugar en el Nuevo Testamento: en 1 Juan 2:1 (“tenemos ante el Padre a un intercesor”). Por lo tanto, Jesús es el primer Paracleto. Ahora, siendo su marcha inminente, promete enviar al Espíritu Santo, otro Paracleto, para acompañar y ayudar a sus seguidores.

(4) También se le llama “el Espíritu de verdad” (14:17). Esto significa no sólo que no les miente y que sólo les dice la verdad, sino que es el Espíritu verdadero, el que media hacia los creyentes la misma presencia del Padre y del Hijo (14:23).

(5) Jesús promete que el Espíritu “os enseñará todas las cosas y os hará recordar todo lo que os he dicho” (14:26). Puesto que a estos “os” se les está recordando lo que Jesús dijo en primer lugar, debe tratarse de los primeros discípulos. El Espíritu les ayudará a recordar las enseñanzas de Jesús y a indagar en su significado a la luz de la cruz y la resurrección. ¿Cómo podrían ser fiables estos enlaces si no fuera por la obra del Espíritu?

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 83). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El ministerio y el temor al hombre

MARZO, 24

El ministerio y el temor al hombre

Devocional por John Piper

No tengas temor ante ellos, porque contigo estoy para librarte —declara el Señor—. (Jeremías 1:8)

Un gran obstáculo para servir al Señor, especialmente en los jóvenes, es el temor al rechazo y a la oposición.

Muchos pensamientos me vienen a la mente acerca del hecho que a algunas personas pueda no gustarles la manera en que yo procedo. Puede ser que la gente esté en desacuerdo o que se ofenda. Puedo cometer un error y ser criticado.

El temor al hombre es un gran impedimento para el ministerio.

Por eso Dios dice: «No teman porque yo estaré con ustedes y yo los liberaré». La presencia de Dios y su aprobación son de más valor que todas las acoladas del hombre. Y Dios dice que en nuestros problemas y a través de ellos: «Yo los liberaré. Triunfarán al final. Serán más que vencedores».

Y lo mismo se nos promete en Cristo Jesús hoy día:

  • «Él mismo ha dicho: “Nunca te dejaré ni te desampararé”, de manera que decimos confiadamente: “El Señor es el que me ayuda; no temeré. ¿Que podrá hacerme el hombre?”» (Hebreos 13:5-6).
  • «Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros?» (Romanos 8:31).

Dios le dijo a Jeremías, y le dice a los jóvenes a quienes él ha llamado a servirlo hoy: «No digan “Soy solo un joven”». ¿Por qué?

  • Porque la vida de ustedes está arraigada en propósitos de Dios firmes y soberanos. Han sido escogidos y consagrados y formados y designados para un gran propósito.
  • Porque la autoridad de Dios, no la de ustedes, está detrás de sus salidas y de las cosas que digan.

Porque el mismo Dios estará con ustedes para librarlos de todas las dificultades.

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