¡Despierte!

¡Despierte!

John MacArthur

6/30/2017

Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo. (Efesios 5:14)

El versículo de hoy cita lo que el profeta Isaías dijo en Isaías 60:1: “Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti”. Ese versículo era la esperanza del Mesías, y la interpretación de Pablo es una reflexión de lo que Cristo ha hecho.

Muchos comentaristas bíblicos creen que Efesios 5:14 es un verso de un himno de resurrección cantado por la iglesia primitiva. Lo ven como una invitación; una presentación del evangelio. El pecador es el que duerme, y la invitación es a que despierte y resucite. El Salvador es Cristo, que alumbrará la vida.

Al igual que Rip Van Winkle, los hombres y las mujeres están durmiendo a través del tiempo; un tiempo de gracia. Cuando despierten, será demasiado tarde. Por eso Pablo los exhorta, como debemos exhortarlos nosotros, a que despierten y se levanten de los muertos.

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¡Confianza!

30 de junio

Spurgeon, C. H.

«¡Ah, SEÑOR DIOS! He aquí tú hiciste los cielos y la tierra con tu gran poder y con tu brazo extendido; nada es imposible para ti».

Jeremías 32:17 (LBLA)

Al mismo tiempo que los caldeos cercaban Jerusalén, y cuando la espada, el hambre y la pestilencia habían desolado la tierra, Dios ordena a Jeremías que compre un campo y tenga la escritura de transferencia sellada y atestiguada. Era extraño que un hombre cuerdo hiciera una compra así. La prudencia no podía justificarla; pues suponía comprar con escasa probabilidad de gozar alguna vez de su posesión. No obstante, para Jeremías era suficiente que su Dios se lo mandara, pues él sabía bien que el Señor será justificado por todos sus hijos. El Profeta razonaba así: «¡Ah, Señor Dios, tú puedes hacer que esta parcela de tierra sea de utilidad para mí; puedes librar a esta nación de sus opresores; puedes aun hacer que me siente debajo de mi vid y debajo de mi higuera en la heredad que he comprado. Porque tú hiciste los cielos y la tierra y nada hay difícil para ti». El que se atrevieran a hacer cosas que la razón carnal condenaría otorgó dignidad a los santos antiguos. Ya sea un Noé (que tiene que construir un arca en tierra seca), o un Abraham (que debe ofrecer a su único hijo en sacrificio), o un Moisés (que ha de despreciar los tesoros de Egipto), o un Josué (que tiene que cercar Jericó por siete días, sin el uso de armas, sino solo con el sonido de las bocinas de cuernos de carnero), todos ellos obedecieron a la orden de Dios, que era contraria a los dictados del razonamiento carnal y, como resultado de su obediencia, Dios les dio un rico galardón. Quiera Dios que tengamos en la religión de estos tiempos modernos una infusión más abundante de esa fe heroica en el Señor. Si nos aventurásemos más a confiar en las simples promesas de Dios, entraríamos en un mundo de maravillas que aún desconocemos. ¡Ojalá la actitud de confianza de Jeremías sea también la nuestra: nada es demasiado difícil para el Dios que creó los cielos y la tierra!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 191). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

¿Tiene la Biblia errores?

Coalición por el Evangelio

¿Tiene la Biblia errores?

R.C. Sproul

“La Biblia es la Palabra de Dios, la cual se equivoca”. Desde la venida de la teología neo-ortodoxa a principios del siglo XX, esta afirmación se ha convertido en un mantra entre aquellos que quieren tener una visión elevada de la Escritura y a la vez evitar la responsabilidad académica de afirmar la infalibilidad bíblica y la inerrancia. Pero afirmar esto es un oxímoron por excelencia.

Volvamos a examinar esta fórmula teológica insostenible. Si eliminamos la primera parte, “La Biblia es”, obtenemos “la Palabra de Dios, la cual se equivoca”. Si lo analizamos más y tachamos “la Palabra de”, y “la cual”, llegamos a la conclusión final:

“Dios se equivoca”.

Pensar que Dios se equivoca de alguna manera, en algún lugar, o en alguna cosa que haga es repugnante tanto para la mente como para el alma. Aquí la crítica bíblica alcanza el punto más bajo del vandalismo bíblico.

¿Cómo podría una criatura sensata concebir una fórmula que habla de la Palabra de Dios como errante? Parecería obvio que si un libro es la Palabra de Dios, no pudiera (en efecto, no puede) errar. Si se equivoca, entonces no es (de hecho, no puede ser) la Palabra de Dios.

Atribuir a Dios cualquier error o falibilidad es teología dialéctica extrema.

Tal vez podamos resolver la antinomia diciendo que la Biblia se origina en la revelación divina de Dios, que lleva la marca de su verdad infalible, pero esta revelación es mediada por autores humanos que, en virtud de su humanidad, manchan y corrompen esa revelación original por su inclinación al error. Errare humanum est (“Errar es humano”), gritó Karl Barth, insistiendo que al negar el error, uno se queda con una Biblia doceta, es decir, una Biblia que simplemente “parece” ser humana, pero que en realidad es el producto de una humanidad fantasmal.

¿Quién argumentaría en contra de la propensión humana al el error? De hecho, debido a esa propensión existen los conceptos bíblicos de la inspiración y la superintendencia divina de la Escritura. La teología clásica ortodoxa siempre ha sostenido que el Espíritu Santo supera el error humano al producir el texto bíblico.

Barth dijo que la Biblia es la “Palabra” (verbum) de Dios, pero no las “palabras” (verba) de Dios. Con esa gimnasia teológica quería resolver el dilema insoluble de llamar a la Biblia la Palabra de Dios, que al mismo tiempo se equivoca. Si la Biblia es errante, entonces es un libro de reflexión humana sobre la revelación divina, solo otro volumen humano de teología. Puede tener un profundo conocimiento teológico, pero no es la Palabra de Dios.

Los críticos de la inerrancia argumentan que la doctrina se inventó en el escolasticismo protestante del siglo XVII, donde la razón superó la revelación, lo que significaría que no era la doctrina de los reformadores magisteriales. Por ejemplo, señalan que Martín Lutero nunca usó el término inerrancia. Eso es correcto. Lo que dijo fue que las Escrituras nunca se equivocan. Juan Calvino tampoco usó el término. Dijo que deberíamos recibir la Biblia como si escucháramos las palabras audibles viniendo de la boca de Dios. Los reformadores, entonces, no usaron el término inerrancia, pero articularon claramente el concepto.

Ireneo vivió muchos antes del siglo XVII, al igual que Agustín, el apóstol Pablo, y Jesús. Ellos, entre otros, enseñaron claramente la veracidad absoluta de la Escritura.

La defensa de la inerrancia de parte de la iglesia descansa sobre la confianza de la iglesia en la visión de la Escritura sostenida y enseñada por Jesús mismo. Queremos tener una visión de las Escrituras que no sea ni más alta ni más baja que el punto de vista de Jesús.

La plena confianza de las Sagradas Escrituras debe ser defendida en cada generación, contra toda crítica. Esa es la genialidad del libro The Inerrant Word: Biblical, Historical, Theological, and Pastoral Perspectives [La palabra inerrante: Perspectivas bíblicas, históricas, teológicas, y pastorales]. Debemos escuchar atentamente a esta reciente defensa.


Publicado originalmente en Ligonier. Traducido por Hugo Ochoa.
Imagen: Lightstock.

Dejemos que Dios sea Dios

30 JUNIO

Carson, D. A.

Josué 2 | Salmos 123–125 | Isaías 62 | Mateo 10

Una vez oí a un erudito, que era sociólogo, confesionalmente evangélico, explicar con autoridad académica por qué ni siquiera un gran avivamiento, en caso de que el Señor escogiese darlo a un país como América, podría lograr una transformación rápida del país. El problema no sería solamente el grado de analfabetismo bíblico de los niveles más poderosos de la sociedad, ni la medida en la que el espíritu secularista ha penetrado los medios de comunicación, ni la historia de las decisiones del Tribunal Supremo que han influido en el contenido de los programas educativos y en los libros de texto de nuestras escuelas, sino también la manera como estos elementos se ven entrelazados los unos con los otros. Aun cuando, digamos, un millón de personas se convirtiesen, ninguna de estas estructuras sociales interdependientes ni de estos valores culturales se desmontaría por ese solo hecho.

Para ser justos con el estudioso en cuestión, estaba intentando, al menos en parte, advertirnos contra una manera de pensar que alimenta una concepción simplista de la religión y de los avivamientos –como si un buen avivamiento nos eximiera de la responsabilidad de pensar con profundidad y con amplitud a fin de ir cambiando la cultura.

El elemento fundamental que falta en esta clase de análisis es el enorme alcance de la soberanía de Dios. El análisis de este sociólogo es reduccionista. Parece como si pensase casi únicamente según categorías naturalistas, dejando al mismo tiempo un pequeño rincón para el fenómeno de la regeneración que, aunque sobrenatural, resulta más bien impotente. No estoy diciendo en absoluto que Dios no suela actuar a través de medios que se conforman a las estructuras regulares que Dios mismo ha creado. Pero es de suma importancia que insistamos en el hecho de que Dios no queda restringido por estas regularidades. Ante todo, la Biblia habla repetidamente de períodos cuando, por un lado, él sumerge a naciones enteras en la confusión y la angustia, o, por otro transforma a los seres humanos de tal manera al escribir su Ley en sus corazones, que anhelan por encima de todo lo demás, complacerle. Estamos ante un Dios que no queda limitado por las maquinaciones de los medios de comunicación. Es perfectamente capaz de intervenir de tal forma, sea con juicio o con gracia, que ejerza un control soberano sobre la manera de pensar de la gente.

Esto lo vemos en el Éxodo, a través del cántico de Miriam y Moisés, Dios se exalta por la manera en que desata el pavor entre las naciones a lo largo de las fronteras por las que Israel debe pasar en su camino hacia la Tierra Prometida (Éxodo 15:15–16). De hecho, esto es precisamente lo que Dios promete que hará (Éxodo 23:27). Y promete lo mismo con respecto a los Cananeos (Deuteronomio 2:25). Por tanto, no nos debería extrañar encontrarnos con pruebas inequívocas de tales intervenciones, cuando, por ejemplo, los israelitas se acercan a su primera ciudad amurallada (Josué 2:8–11; ver también 5:1).

Puede que Dios suela obrar normalmente a través de medios ordinarios. Pero no se halla limitado por dichos medios. Es por esto por lo que todo el poderío militar del mundo por sí sólo es incapaz de garantizar la victoria, e igualmente toda la secularización, todo el postmodernismo, el materialismo y el paganismo del mundo no puede por sí solo impedir el avivamiento. Dejemos que Dios sea Dios.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 181). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Puedo donar mis órganos cuando muera?

¿Puedo donar mis órganos cuando muera?

Pablo Gutiérrez

En las distintas etapas históricas en las que se escribió la Biblia no existían los avances científicos y tecnológicos para llevar a cabo trasplantes de órganos, así que la Escritura no se pronuncia a este respecto y guarda silencio (al igual que en muchos otros temas). Así, no hay una prohibición expresa ni tampoco una autorización expresa, simplemente no hay nada al respecto.

Entonces, ¿de qué manera debemos afrontar estas preguntas razonables?

Es cierto: la Biblia no da una respuesta directa a esta situación. Sin embaego, existen principios contenidos en ella que nos arrojan luz para nuestro caminar (Sal. 119:105). La Biblia no es un manual de “Haga/No Haga”, sino una revelación específica, clara y directa sobre quién es Dios, su carácter, y las formas en que Él se ha relacionado con la humanidad a lo largo de la historia.

Debemos tener eso en mente cuando nos encontramos con cuestionamientos como estos. Conocer a Dios tendrá como consecuencia, entre otras, una repercusión en la forma que entendemos nuestro entorno y nos relacionamos con nuestro prójimo.

A la hora de responder si debemos o no donar órganos de nuestro cuerpo, hay al menos dos situaciones que merecen ser observadas: (1) La moralidad de la práctica (bioética) y, (2) Cuestiones sobre la resurrección.

Cuestiones éticas

En la cuestión bioética debemos decir que aun cuando la acción de donar órganos no es moral o inmoral en sí misma —no contraviene principio bíblico alguno—, quien desee hacerlo deberá documentarse de manera nutrida y tomar una decisión informada. Por un lado, puedes y debes considerar cuánto beneficio temporal pudiera traer tu donación a la vida de otro ser creado a la imagen de Dios. A la vez, puedes y debes considerar cómo tu familia puede verse afectada por esta decisión.

De más está decir que es sabio pedir consejo directo a aquellos creyentes con quienes se está en constante comunión y comunidad. En este caso, la donación es más una cuestión de conciencia. Si tu conciencia te acusa, la Biblia es muy clara sobre cómo proceder al respecto: no lo hagas (Romanos 14:22-23).

Cuestiones de la resurrección

La segunda “pregunta detrás de la pregunta” se relaciona con la resurrección. Dado que la esperanza que todo creyente en Cristo tiene es precisamente la resurrección (1 Cor. 15:12-19), tiene mucho sentido que surjan dudas acerca de la misma, y propiamente acerca de nuestros cuerpos al resucitar. ¿Será necesario para un cuerpo resucitado un páncreas, un hígado, o un estómago? ¿Serán necesarios en la eternidad los riñones y las córneas?

A este respecto, la Biblia sí se pronuncia abiertamente y nos dice que nuestro cuerpo será uno distinto a este cuerpo terrenal (1 Corintios 15:40-50); que resucitará en semejanza al cuerpo glorioso de Jesucristo (Efesios 3:20-21); que en la eternidad ya no habrá llanto, tristeza, muerte ni, por ende, enfermedad (Apocalipsis 21:3-4).

Ambos puntos son temas que se deben abordar con delicadeza y con respeto, pero siempre a partir de la sabiduría que la propia Palabra de Dios nos revela, en concordancia con la búsqueda oportuna del consejo correspondiente.

Amar al prójimo siempre

A través de su Palabra, Dios nos revela que amar al prójimo como a nosotros mismos no es una opción, sino un mandato (Levítico 19:18; Marcos 12:31; Lucas 10:27). Si se permite, en un sentido amplio y extensivo, la donación se puede considerar como una forma de amor póstumo hacia el prójimo.

Al hacer entrevistas para preparar esta respuesta, un amigo pastor me dijo algo que merece la pena analizar: “Dios es tan sabio, que al crearnos nos dio dos riñones, sabiendo que podemos funcionar perfectamente solamente con uno”. Esa afirmación me hizo pensar en los casos en que padres han donado un riñón a hijos, hermanos a hermanos, tíos a sobrinos, etcétera.

Tanto donador como receptor pueden seguir llevando vidas normales (con los respectivos cuidados) con un solo riñón. Creo, a título personal, que amar al prójimo no se limita únicamente a tratar bien a alguien, o a no murmurar en contra de alguien, o a servirle a alguien que muchas veces nos ha ofendido. ¿Podría ser la donación de órganos una forma más de amar al prójimo?

En la eternidad será distinto

Como consecuencia de la caída, todos vamos a morir. Sin embargo, como creyentes sabemos que seremos levantados un día en semejanza a la gloria del Unigénito de Dios, en quien, y a través de quien hemos sido adoptados, y que nuestros cuerpos ya no tendrán las necesidades que actualmente tenemos.

Sobre la base que se considera en Romanos 14:22-23, se puede proponer que la decisión final la debe tomar en lo personal cada creyente, luego de haberse informado y haber buscado sabiduría en el consejo bíblico de sus hermanos, tomando en cuenta que, en la eternidad, nos bastará la presencia de aquel que nos llamó de tinieblas a luz y la realidad será que no necesitaremos absolutamente nada más.

Pablo Gutiérrez es Abogado y Notario en Ciudad de Guatemala; apasionado por la música y las artes, apologeta en ciernes y apasionado por la Gran Comisión. Puedes seguirlo en Twitter.

Instrumentos de la voluntad de Dios

30 Junio 2017

Instrumentos de la voluntad de Dios
por Charles R. Swindoll

Salmo 5

Después de haber analizado los atributos de Dios y de haberse enfocado en la soberanía y la bondad de Dios, David se examina asimismo (vv. 7-8).

Pero yo, por la abundancia de tu gracia, entraré en tu casa
y en tu temor me postraré hacia tu santo templo.
Guíame, oh Señor, en tu justicia
a causa de mis enemigos.
Endereza tu camino delante de mí.

El versículo 7 comienza con un contraste muy claro. En el idioma hebreo es excepcionalmente claro y literalmente dice: “En mi caso”. A diferencia de aquellos que el Señor destruirá (v. 6), David disfrutaba de una posición espiritual que se menciona en la última parte del versículo 7, ” tu santo templo”, como una referencia poética a la comunión íntima que tenía David con el Señor.

El versículo 8 es la oración principal de esta canción. Todo lo demás antes de este versículo podría considerarse algo preliminar. Aquí se encuentra el resumen de su petición: “Guíame, oh Señor, en tu justicia a causa de mis enemigos. Endereza tu camino delante de mí”.

¿Qué significa esto? David no quería caer en las mismas tácticas de sus enemigos y por eso él oraba para que el Señor lo dirigiera en medio del conflicto, y lo hiciera hacer todo a la manera de Dios. Él quería, ante todo, seguir el camino justo de Dios. Pocos años después, el profeta Isaías habló en nombre del Dios a Israel:

“Porque mis pensamientos no son sus pensamientos ni sus caminos son mis caminos”, dice el Señor. “Como son más altos los cielos que la tierra, así mis caminos son más altos que sus caminos, y mis pensamientos más altos que sus pensamientos” (Isaías 55: 8-9).

Cuando nos sentimos desanimados, nuestra oración por naturaleza, es orar por descanso; le pedimos al Señor que actúe en nuestra situación. ¿Qué pasaría si en lugar de eso, le pidiésemos la oportunidad de hacer algo para Él? ¿De qué manera nuestra perspectiva cambiaría si nos viésemos a nosotros mismos como instrumentos de la voluntad de Dios, llevando a cabo sus deseos en vez de siempre esperar que Él nos sirva?

Afirmando el alma
¿Cuándo fue la última vez que usted le pidió a Dios una oportunidad de hacer algo por Él? Quizás ahora sea un buen tiempo, especialmente si usted está luchando con el desánimo. Si usted ora pidiéndole la oportunidad de llevar a cabo la voluntad de Dios, es muy probable que esa sensación de debilidad se desvanezca.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

El alivio del cielo en la ira venidera

JUNIO, 30

El alivio del cielo en la ira venidera

Devocional por John Piper

Porque después de todo, es justo delante de Dios retribuir con aflicción a los que os afligen, y daros alivio a vosotros que sois afligidos… cuando el Señor Jesús sea revelado desde el cielo con sus poderosos ángeles en llama de fuego, dando retribución a los que no conocen a Dios, y a los que no obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesús. (2 Tesalonicenses 1:6-8)
Vendrá el tiempo cuando la paciencia de Dios se acabe. Cuando Dios haya visto a su pueblo sufrir por el tiempo designado, y el número previsto de mártires haya sido completado (Apocalipsis 6:11), vendrá la venganza del cielo.

Observemos que la venganza de Dios hacia nuestros ofensores es para nosotros un alivio. En otras palabras, el juicio sobre «los que os afligen» es una forma de gracia hacia nosotros.

Quizá la imagen más notoria del juicio como gracia es la destrucción de Babilonia descrita en Apocalipsis 18. Cuando sea destruida, una gran voz del cielo gritará: «Regocíjate sobre ella, cielo, y también vosotros, santos, apóstoles y profetas, porque Dios ha pronunciado juicio por vosotros contra ella» (Apocalipsis 18:20). Entonces oiremos a una gran multitud diciendo: «¡Aleluya! La salvación y la gloria y el poder pertenecen a nuestro Dios, porque sus juicios son verdaderos y justos, pues ha juzgado a la gran ramera que corrompía la tierra con su inmoralidad, y ha vengado la sangre de sus siervos en ella» (Apocalipsis 19:1-2).

Cuando la paciencia de Dios haya corrido su curso de un largo período de sufrimiento, y esta era termine, y venga el juicio sobre los enemigos del pueblo de Dios, los santos no desaprobarán la justicia de Dios.

Esto significa que la destrucción final de los impenitentes no será una experiencia amarga para el pueblo de Dios.

La renuencia de otros a arrepentirse no encarcelará el afecto de los santos. El infierno no podrá amenazar la felicidad del cielo. El juicio de Dios será aprobado y los santos experimentarán la vindicación de la verdad como una gran gracia.

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

El desierto florecerá

viernes 30 junio

El Señor… consolará todas sus soledades, y cambiará su desierto en paraíso, y su soledad en huerto del Señor. Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá como la rosa.

Isaías 51:3; 35:1

El desierto florecerá

Los que conocen los desiertos saben de qué manera prodigiosa un desierto puede cambiar de aspecto después de una lluvia. A primera vista no hay nada que pueda crecer en el suelo árido y ardiente, pero en algunos días la vegetación surge, luego las flores se abren y la vida animal reaparece. Pero rápidamente el desierto vuelve a su estado inicial.

Hay muchas personas que sienten que su corazón y su vida están tan secos como un desierto. Después de las noches frías llegan los días ardientes y nada parece poder interrumpir ese ciclo de esperanzas frustradas y sufrimientos escondidos. ¡Sin embargo todavía hay esperanza! Hace varios milenios el profeta Isaías dijo que Dios podía hacer florecer el desierto de forma permanente. Su declaración es una promesa maravillosa para todos, en todo lugar y en todo tiempo. Los corazones vacíos, esos desiertos en los que Dios está ausente, pueden convertirse en tierras fértiles. Desea derramar lluvias de bendición en los terrenos más secos y cambiar la existencia más árida en una abundancia de colores y aromas. ¡Donde todo parecía muerto, donde faltaba el agua, la vida abundante puede reinar!

Si usted tiene el corazón vacío, si vive sin Dios, si no ha permitido que Jesús reine en su corazón, su vida es un desierto. Pero si se acerca a Aquel que le ama, si acepta el sacrificio de Jesús en su favor, si abre su corazón a su presencia, su desierto florecerá. ¡Estará saciado, no solo por un momento, sino durante toda su vida y por toda la eternidad!

Daniel 3 – 1 Juan 2:1-17 – Salmo 78:9-20 – Proverbios 18:11-12

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Reprenda el pecado

Reprenda el pecado

John MacArthur

06/29/2017 

No participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas. (Efesios 5:11)

En vez de hacer lo que hacen las personas del mundo, debemos reprender su maldad. Se nos pudiera llamar la CIA espiritual: nuestro trabajo es reprender las fechorías de las tinieblas. Nuestro instrumento es la Palabra de Dios: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Ti. 3:16, cursivas añadidas). Nuestra vida y nuestras pa­la­bras deben reprender el mal.

A veces por la manera en la que usted vive puede reprender el mal en la vida de las personas. ¿Alguna vez ha caminado hacia personas que saben que usted es cristiano y que da la casualidad que están en medio de una conversación indecente? ¿Cambian de pronto de conversación? Cuando algunos incrédulos con quienes yo jugaba golf se enteraban de que yo era pastor, sus palabras y actitudes cambiaban de inmediato.

También Dios nos ha dado la misión de reprender verbalmente el mal del mundo. Debemos diagnosticarlo, confrontarlo y después dar la solución. El pecado es un cáncer que debe extirparse. No se ayuda a nadie con pasar por alto su pecado. Las personas deben reconocer su pecado antes de que puedan ver su necesidad de un Salvador.

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Señor, guárdanos en todas partes

29 de junio

Spurgeon Charles H.

«Mas en lo referente a los mensajeros de los príncipes de Babilonia, que enviaron a él para saber del prodigio que había acontecido en el país, Dios lo dejó para probarle, para hacer conocer todo lo que estaba en su corazón «.

2 Crónicas 32:31

Ezequías se estaba enorgulleciendo de tal forma y jactándose tanto del favor de Dios que la justicia propia se insinuaba en su ánimo; y por causa de su seguridad carnal, la gracia de Dios (en sus acciones más enérgicas) se le retiró por un tiempo. Aquí tenemos una amplia explicación de la insensatez que cometió con los babilonios; pues si la gracia de Dios abandona al mejor cristiano, queda en el corazón de este suficiente pecado como para hacer de él el peor de los transgresores. Sin la ayuda divina, tú que eres muy celoso por Cristo te enfriarías hasta caer en una tibieza enfermiza; tú que eres sano en la fe te pondrías blanco aquejado con la lepra de la falsa doctrina; tú que ahora andas delante del Señor en bondad e integridad, te tambalearías de un lado a otro embriagado de malas pasiones. Tenemos, como la luna, una luz prestada: cuando la gracia nos alumbra, brillamos; cuando el sol de Justicia se oculta, quedamos en tinieblas. Clamemos, pues, a Dios para que nunca nos desampare: «Señor, no quites de nosotros tu santo Espíritu; no nos prives de la presencia de tu gracia. Tú has dicho: ‘Yo, el Señor, soy su guardador; a cada momento la riego. Para que nadie la dañe, la guardo noche y día’ (Is. 27:3, LBLA). Señor, guárdanos en todas partes. Guárdanos cuando estemos en el valle, para que no murmuremos contra tu mano que nos humilla; guárdanos cuando estemos sobre la montaña, para que no nos envanezcamos por haber sido elevados; guárdanos en la juventud, cuando nuestras pasiones son fuertes; guárdanos en la vejez, cuando engreídos de nuestro saber demostramos ser más necios que el joven o el vanidoso; guárdanos cuando estemos a punto de morir, ¡no sea que en los últimos momentos te neguemos! Guárdanos mientras vivimos, guárdanos al morir, guárdanos al trabajar; guárdanos mientras sufrimos; guárdanos mientras luchamos, guárdanos cuando reposamos, guárdanos en todas partes, ¡porque en todas partes te necesitamos, oh Dios nuestro!».

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 190). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

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