Comunión con el Señor

14 de julio

«Al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro».

Mateo 28:1.

Aprendamos de María Magdalena la manera de obtener comunión con el Señor Jesús. Observa cómo le buscó ella. Buscó al Salvador de mañana, muy temprano. Si eres capaz de esperar pacientemente para tener en algún momento distante comunión con Cristo, nunca gozarás de esa comunión en absoluto, pues el corazón dispuesto para la comunión es un corazón hambriento y sediento. Ella lo buscó también con gran valentía. Otros discípulos huyeron del sepulcro, temblorosos y confusos; pero de María se nos dice que «estaba» junto al sepulcro (cf. Jn. 20:11). Si quieres tener contigo a Cristo, búscalo valientemente, que nada te lo impida. Desafía al mundo; avanza allí donde otros huyen. Ella buscó a Jesús fielmente: estaba junto al sepulcro. A algunos les resulta difícil mantenerse al lado de un Salvador viviente; pero ella estuvo junto a uno que había muerto. Busquemos a Jesús de este modo: siguiéndolo de cerca en todas las cosas que tienen que ver con él, permaneciendo fieles aunque otros le olviden. Observemos, además, que María buscó a Jesús fervientemente: pues estaba llorando. Esas lágrimas actuaron como un hechizo cautivante para el Salvador y le movieron a salir y mostrarse a ella. Si deseas la presencia de Jesús, llora por ella. Si no puedes ser feliz a menos que él venga a ti y te diga: «Tú eres mi amada», pronto te hará oír su voz. Finalmente, María buscó solo al Salvador. ¡Qué le importaban los ángeles! Los dejó atrás, pues le interesaba únicamente Jesús. Si Cristo es tu solo y único amor, si tu corazón ha desalojado a todos sus rivales, no carecerás del aliento de su presencia. María Magdalena buscó así porque amó mucho. Elevémonos a ese mismo nivel de intenso afecto. Que nuestro corazón sea como el de María: lleno de Cristo; y nuestro amor, igual que el suyo, solo quedará satisfecho con Jesús. ¡Oh Señor, revélate a nosotros en esta noche!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 205). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Una canción de esperanza renovada

14 Julio 2017

Una canción de esperanza renovada
por Charles R. Swindoll

Salmo 13

Cuando la canción de David, preservada para nosotros como el Salmo 13, llega a su clímax, la postura de David ha vuelto a cambiar.

David de pie

Pero yo confío en tu misericordia;
mi corazón se alegra en tu salvación.
Cantaré al Señor
porque me ha colmado de bien.

«Pero»  es la primera palabra del versículo 5. Por lo general, siempre se utiliza para presentar un contraste ante el lector. Es como si David estuviera diciendo: «En contraste a mis quejas y temores iniciales, de mis ojos opacados y mi corazón arrogante, ahora confío… ahora mi corazón se regocija… ahora mi corazón canta».

¿Nota esas afirmaciones de alabanza? ¡Qué diferencia tan clara! Eso suena más al David que conocemos, ¿no es cierto? No pasemos por alto la última parte del versículo final: «…porque me ha colmado de bien».

¡Qué frase tan importante? Léala de nuevo, haga una pausa y medite en ella. Las circunstancias de David no habían cambiado. Saúl todavía lo estaba persiguiendo. Las colinas estériles de Judea todavía seguían allí. Todavía estaba hambriento. Sus circunstancias externas no habían cambiado, pero las conclusiones internas de David habían dado un giro de ciento ochenta grados con respecto a sus pensamientos iniciales. ¿Por qué? Porque David había cambiado. Dios le había «colmado de bendiciones».

¿Qué significa eso entonces para nosotros? ¿Qué palabra de ánimo podemos extraer de esta canción de David? ¿Cómo podemos imitar a David y levantarnos de  nuestras propias circunstancias dolorosas?

Primero, debemos reconocer que Dios utiliza las pruebas para transformarnos. Dios quiere capacitarnos y moldearnos. Él utiliza esas circunstancias angustiosas traídas por el mal para beneficiarnos en vez de destruirnos. La maldad con la que el mundo nos ataca se convierte en una herramienta para él. Y al hacerlo, él nos colma de bendiciones en lugares que nadie puede ver o tocar.

No hemos aprendido las lecciones más esenciales que Dios ha diseñado para nosotros en cualquier prueba a menos que digamos: «me ha colmado de bendiciones».

En el maravilloso Salmo 119, David declara esta misma conclusión en los versículos 71 al 75. De hecho, David nos dice que tales pruebas son buenas para nosotros:

Bueno me es haber sido afligido
para que aprenda tus leyes…
Conozco, oh Señor, que tus juicios son justos
y que conforme a tu fidelidad me has afligido.
Esto es lo que el apóstol Pablo descubrió con su «aguijón en la carne» mientras escribía en 2 Corintios 12: 9:

Y me ha dicho: “Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que habite en mí el poder de Cristo.

La debilidad no es un síntoma de una enfermedad terminal. Es una prueba tangible de nuestra humanidad. Mejor aún, es la plataforma donde Dios realiza parte de su trabajo más maravilloso. Si el afán diario del abatimiento ha comenzado a arrastrarle, permítame animarle a que se identifique mejor con este salmo peculiar que habla de una esperanza nueva. No sólo puede confortar su alma si no que, probablemente, le levantará su rostro y lo ayudará a ponerse de pie.

Afirmando el alma
Esa clase de oración requiere una confianza increíble en Dios y en su carácter. Demanda mayor fe de su parte ya que eso es más difícil que cambiar sus circunstancias. ¿Está dispuesto a tener esa clase de fe? Hable con un amigo suyo acerca de su respuesta.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

¿Matías elegido por suerte?

14 JULIO

Josué 20–21 | Hechos 1 | Jeremías 10 | Mateo 24

Entre la ascensión de Jesús y Pentecostés, la iglesia naciente, cerca de ciento veinte fieles, se congregaba para orar. En una de estas reuniones, Pedro se puso en pie e inició la acción que nombró a Matías como sustituto de Judas Iscariote (Hechos 1:15–26).

(1) El uso de las Escrituras (1:16, 20) parece ser lo que guía a Pedro a concluir que “es preciso” (1:21) elegir a uno de los otros hombres que estuvo con Jesús desde el inicio de su ministerio público para que remplazara a Judas el traidor. Esto lo vemos en el libro de los Hechos, y superficialmente, el razonamiento es claro. El Salmo 69:25 dice: “Quédense desiertos sus campamentos, y deshabitadas sus tiendas de campaña”. Pedro aplica esto a Judas. El Salmo 109:8 insiste: “que otro se haga cargo de su oficio”. Pedro lo toma como un permiso divino para buscar un sustituto.

En el contexto de los Salmos 69 y 109, David busca venganza contra los enemigos -que alguna vez fueron amigos cercanos- que lo habían traicionado. Pedro usa estos versículos en una de dos maneras. Por un lado, es posible que (a) Pedro esté cometiendo el grave error de sacar un texto de su contexto. Estos textos nunca se aplicaron a Judas y sólo se logra hacerlo con trucos y malabares exegéticos. O, por otro lado, puede que (b) Pedro ya esté presuponiendo una tipología de David bastante sofisticada. Si este sentido de traición y súplica por una justicia vindicadora jugó un papel tan importante en la experiencia del gran rey David, ¿cuánto más en el Hijo grandísimo del gran David? ¿Por qué debemos estremecernos ante este razonamiento? Durante los cuarenta años anteriores, Jesús había hablado frecuentemente con sus discípulos (1:3), explicando con todo detalle “lo que se refería a él en todas las Escrituras” (Lucas 24:27). Ciertamente, la tipología de David aparece en los evangelios en labios de Jesús. ¿Por qué no debemos aceptar que lo enseñó a sus discípulos?

(2) De acuerdo con los criterios aquí presentados— que el apóstol sustituto tenía que haber sido testigo del Jesús resucitado, pero, además, haber estado con los discípulos “todo el tiempo que el Señor Jesús vivió entre nosotros” (1:21–22) —, Pablo no hubiera cumplido con las condiciones. El apostolado de Pablo era irregular y él mismo lo reconocía (1 Corintios 15:8–9). No debemos pensar en tonterías como que aquí Pedro y la iglesia cometieron un error al no esperar el nombramiento de Pablo.

(3) La elección de uno de los dos por medio de la suerte (1:23–26) no es un ejemplo para los procedimientos de gobierno de nuestra iglesia local. De ahí en adelante, no vuelve a aparecer un procedimiento similar en la vida de la iglesia según se presenta en el Nuevo Testamento. Esto parece ser más bien la culminación de un procedimiento del Antiguo Testamento, mediante el cual Dios mismo selecciona y autoriza a los doce hombres del cuerpo apostólico.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 195). Barcelona: Publicaciones Andamio.

 

Libertad ilusoria

El Hijo de Dios… me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Gálatas 2:20

Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres.

Gálatas 5:1

Como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios.

1 Pedro 2:16

Libertad ilusoria

La libertad es una noción apreciada por todo ser humano. El diccionario la define como la facultad de actuar sin obligación por parte del prójimo. Para que la vida en sociedad sea posible, la libertad no elimina todas las obligaciones. No se trata de hacer todo lo que uno quiera, sin ningún límite o restricción. Sin embargo, el que reclama la libertad quiere vivir con el mínimo de obligaciones posibles, y como él quiere. En consecuencia las exigencias establecidas por Dios para el bien del hombre son ignoradas o rechazadas.

Algunas personas incluso llegan a pensar que para ser verdaderamente libres, no hay que preocuparse por las leyes de Dios. Debido a esta pretendida libertad, ¡cuántos problemas hay en las familias, las parejas y la sociedad! El individuo que camina sin Dios es efectivamente esclavo de sí mismo, de sus deseos, de sus codicias. Así, en vez de ser libre, se halla en una situación de esclavitud y de rebelión que la Biblia llama “pecado”.

¿Quién puede librarnos de esta terrible condición? Jesucristo vino a liberar a los que están atados por las cadenas del pecado, para darles la libertad. El precio fue pagado mediante su muerte en la cruz. Jesús también nos liberó del poder del pecado y del juicio de Dios.

Todavía hoy quiere hacerlo por usted: “Así que, si el Hijo (de Dios) os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36), libres del pecado para vivir la vida de Jesús desde hoy.

Miqueas 3-4 – Lucas 4:16-44 – Salmo 83:9-18 – Proverbios 19:13-14

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Muestre diligencia

Muestre diligencia

7/13/2017

En lo que requiere diligencia, no perezosos. (Romanos 12:11)

La diligencia se aplica a todo lo que usted hace en su vida cristiana. Cualquier cosa que se haga en el servicio del Señor es digna de entusiasmo y
cuidado.

Jesús sabía que su tiempo de ministerio terrenal era limitado y que tenía que aprovechar cualquier oportunidad para servir a su Padre celestial. También nosotros tenemos que hacer “las obras… entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar” (Jn. 9:4). Y otros cristianos sin duda apreciaran nuestras diligentes buenas obras, como exhortó Pablo: “Hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gá. 6:10).

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¿Qué nos mueve a ministrar a otros?

JULIO, 13

¿Qué nos mueve a ministrar a otros?

Devocional por John Piper

Porque el que siembra para su propia carne, de la carne segará corrupción, pero el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. (Gálatas 6:8)

La fe tiene un apetito insaciable por experimentar la gracia de Dios tanto como pueda. Es por eso que la fe nos empuja hacia el río donde la gracia de Dios fluye más libremente, es decir, el río del amor.

¿Qué otra fuerza nos moverá de nuestras salas de contentamiento para cargar sobre nosotros las inconveniencias y los sufrimientos que el amor requiere?

¿Qué nos impulsará…

a saludar a desconocidos cuando nos sintamos tímidos?

a buscar a un enemigo y pedirle la reconciliación cuando nos sentamos indignados?

 a diezmar si jamás lo habíamos intentado?

 a hablarle a nuestros colegas de Cristo?

a invitar a nuestros nuevos vecinos a un estudio bíblico?

 a cruzar culturas con el evangelio?

a crear un nuevo ministerio para los alcohólicos?

 a pasar toda una tarde manejando una camioneta?

 a invertir una mañana orando por renovación?

Ninguno de estos actos costosos del amor ocurre de la nada. Son impulsados por un nuevo apetito: el anhelo de la fe por la experiencia más completa de la gracia de Dios.

La fe ama depender de Dios y verlo obrar milagros en nosotros. Por esto, la fe nos impulsa hacia la corriente donde el poder de la gracia venidera de Dios fluye más libremente: la corriente del amor.

Creo que Pablo se refería a esto cuando dijo que debemos «[sembrar] para el Espíritu» (Gálatas 6:8). Por fe, debemos plantar las semillas de nuestra energía en los surcos donde sabemos que el Espíritu está obrando para producir fruto: los surcos del amor.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), páginas 283-284

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

Serán luego vueltos atrás mis enemigos el día en que yo clamare; esto sé, que Dios está por mí.

13 de julio

«Serán luego vueltos atrás mis enemigos el día en que yo clamare; esto sé, que Dios está por mí».

Salmo 56:9

Es imposible para ninguna lengua humana expresar todo el significado de esta encantadora frase: «Dios está por mí». Dios estaba «por nosotros» antes de que los mundos fuesen; estaba «por nosotros», o no hubiese dado a su bien amado Hijo; estaba «por nosotros» cuando hirió al Unigénito y puso sobre él todo el peso de su ira; estaba «por nosotros» aunque actuó contra él. Dios nos amó cuando en la Caída nos perdimos; nos amó a pesar de todo. Él estaba «por nosotros» cuando nos rebelamos contra él y con soberbia le desafiamos; estaba «por nosotros», pues de lo contrario no nos hubiese llevado a buscar humildemente su rostro. Él ha estado «por nosotros» en muchas luchas: se nos ha llamado a hacer frente a una multitud de peligros y nos hemos visto atacados por tentaciones internas y externas. ¿Cómo hubiéramos podido permanecer ilesos hasta este momento si él no hubiese estado «por nosotros»? Él está «por nosotros» con toda la inmensidad de su ser, con toda la omnipotencia de su amor, con toda la infalibilidad de su sabiduría. Ataviado de todos sus atributos divinos, él está «por nosotros»: eterna e inmutablemente «por nosotros». «Por nosotros» estará cuando el firmamento azul se enrolle como lo hace un gusano que sale de su envoltura; «por nosotros» durante toda la eternidad. Y porque él está «por nosotros», la palabra de oración siempre nos garantizará su ayuda. «Serán luego vueltos atrás mis enemigos en el día que yo clamare». Esta no es una esperanza dudosa, sino una seguridad bien fundamentada: «Esto sé». Yo dirigiré a ti mi oración y aguardaré la respuesta; seguro de que esta vendrá y de que mis enemigos serán derrotados, «porque Dios está por mí». ¡Oh creyente, qué feliz eres teniendo de tu parte al Rey de reyes! ¡Cuán seguro te encuentras con semejante Protector! ¡Qué segura está tu causa defendida por tal Abogado! Si Dios está por ti, ¿quién puede estar contra ti?

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 204). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

La mirada en Dios

13 Julio 2017

La mirada en Dios
por Charles R. Swindoll

Salmo 13

Al leer el Salmo 13  y reflexionar en la sección que describe a David de cara al suelo, abrumado con dolor y desesperanza, puedo ver dos aplicaciones prácticas:

1. David se sentía agotado debido a la duración de la prueba. «Hasta cuándo» aparece cuatro veces en solo dos versículos. No olvidemos que Dios no solo diseña la profundidad de la prueba sino también su duración. El antiguo profeta Habacuc hizo la misma pregunta en el capítulo 1 del libro que lleva su nombre: «¿Hasta cuándo?»

2. En los primeros dos versículos del Salmo 13 David se vuelve contra de todos excepto él mismo. Esto me enseña que cuando trato de enfrentarme a la prueba en la carne, me vuelvo en contra de Dios, mi enemigo o mi circunstancia en vez de preguntarle a Dios que es lo que está tratando de enseñarme en esta situación. Cuantas lecciones maravillosas Dios quisiera enseñarnos si nuestros corazones arrogantes estuvieran dispuestos a derretirse en el horno de la aflicción.

En medio de su angustia y su sufrimiento, David tomó una decisión vital. En vez de continuar en esa espiral de sufrimiento, David cambió su perspectiva. Esto nos lleva a la segunda sección de la canción.

David de rodillas:

¡Mira; respóndeme, oh Señor, Dios mío!
Alumbra mis ojos para que no duerma de muerte.
No sea que mi enemigo diga: “¡Lo vencí!”.
Mis enemigos se alegrarán si yo resbalo (vv. 3-4)

Algo le ocurrió a David entre la segunda y la tercera estrofa de este himno. Quizás analizó sus propias quejas y se dio cuenta de que era simple autocompasión. Yo he hecho eso, ¿y usted? Tal vez hizo una pausa en su composición y volvió a leer lo que había escrito. Y al hacerlo se alarmó al ver la incredulidad que había comenzado a surgir ante sus ojos. En esta sección observamos una marcada diferencia. Ya no está de cara al suelo. Su abatimiento está desapareciendo. Lo encontramos ahora de rodillas, lo encontramos en un lugar de victoria. El misionero martirizado, Jim Elliot, escribió una vez: «Los santos que avanzan de rodillas nunca vuelven atrás».

Observe como los versículos 3 y 4 se conectan con los versículos 1 y 2.  David parece recordar sus quejas y las analiza mientras habla con el Señor acerca de ellas. Hay tres cambios aparentes.

Primero, en lugar de ver al Señor como un Dios que no se preocupa por él (v. 1), David le hace la petición que le «responda» (v. 3). Y observe que él le dice en el versículo 3: «Dios mío». David ya no piensa que existe alguna distancia entre él y Dios. Su perspectiva es diferente ahora.

Segundo, en vez del abatimiento y la angustia que tiene su corazón debido a su propio deseo de resolver las cosas por sí solo (v. 2), David le pide al Señor que le alumbre sus ojos. Una vez más, el hebreo nos da una comprensión más clara. La palabra que se traduce como «alumbrar» en el versículo 3 tiene una raíz causal y literalmente significa: «iluminar». En Números 6: 24-26, leemos el mismo término en aquella bendición que hemos escuchado muchas veces:

El Señor te bendiga y te guarde.
El Señor haga resplandecer su rostro sobre ti,
y tenga de ti misericordia.
El Señor levante hacia ti su rostro,
y ponga en ti paz.
(El énfasis es mío).

El rostro de David había perdido su “brillo”.  Su rostro y especialmente sus ojos se habían opacado. Él ansiaba que el brillo de Dios se reflejara nuevamente en sus ojos, en ese rostro que estaba mirando al suelo.

Una vez más tengo que decir que cuando las pruebas se intentan resolver en la carne, los ojos muestran la desilusión. No es algo que podamos esconder. Todo nuestro rostro se vuelve rígido  e inflexible, perdemos esa «chispa» y esa «luz» que antes surgía de nuestros corazones. Cuando el gozo interno se va, también el brillo de nuestros ojos.

Tercero, David en vez de preocuparse de su enemigo (v.2), le entrega mentalmente su enemigo al Señor y deja que se encargue de los resultados (vv. 3-4).

Este cambio tan notable de David ocurrió cuando decidió entregárselo todo a Dios en oración. Aunque suene como un cliché, nuestra oración ferviente sigue siendo el aceite más efectivo que reduce la fricción del afán diario del abatimiento.

Afirmando el alma
Si usted dejara de pedirle a Dios que cambiara sus circunstancias externas e hiciera más bien una oración rindiéndose a él y pidiéndole que él le cambie, ¿qué cree usted que ocurriría? ¿Qué es lo que lo detiene de orar de esa forma?

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Dios es fiel a sus promesas

13 JULIO

Josué 18–19 | Salmos 149–150 | Jeremías 9 | Mateo 23

Este (Josué 18–19) es un buen momento para reflexionar sobre los muchos capítulos de Josué que se dedican al reparto de la tierra.

(1) Enfocados en la división de la tierra, estos capítulos se centran implícitamente en la tierra misma. Después de todo, la tierra era un componente irreducible de la promesa a Abraham, del pacto del Sinaí, de la liberación de los israelitas de la esclavitud en Egipto. Ahora se distribuye mediante la supervisión providencial de la “suerte”.

(2) La conclusión inevitable es que Dios es fiel a sus promesas. Tan sólo dos capítulos más adelante se nos revela explícitamente este punto: “Así fue como el Señor les entregó a los israelitas todo el territorio que había prometido darles a sus antepasados; y el pueblo de Israel se estableció allí. El Señor les dio descanso en todo el territorio, cumpliendo así la promesa hecha años atrás a sus antepasados. Ninguno de sus enemigos pudo hacer frente a los israelitas, pues el Señor entregó en sus manos a cada uno de los que se les oponían. Y ni una sola de las buenas promesas del Señor a favor de Israel dejó de cumplirse, sino que cada una se cumplió al pie de la letra.” (Josué 21:43–45).

(3) Estos capítulos también nos explican que la entrada en la Tierra Prometida no procedió de una ola de triunfo constante. Anteriormente, Dios había advertido que no se la entregaría toda de un golpe a los israelitas. Ahora, se nos dice varias veces que una u otra tribu no logró desalojar a ciertos cananeos y que permanecieron allí “hasta hoy”. Por ejemplo, “Los descendientes de Judá no pudieron expulsar de la ciudad de Jerusalén a los jebuseos, así que hasta el día de hoy estos viven allí junto con los descendientes de Judá.” (15:63; cf. Jueces 1:21). De hecho, Jerusalén fue tomada (Jueces 1:8), pero no todos los jebuseos fueron arrojados. Este tipo de detalle nos ayuda a explicar por qué gran parte de la historia de Israel está saturada de la lucha entre la fidelidad y el sincretismo.

(4) Algunos de los elementos en estos capítulos le ponen punto final a ciertos fragmentos anteriores de la narrativa. Por ejemplo, Caleb aparece de nuevo. Él era colega de Josué entre el grupo inicial de los doce espías; ellos dos fueron los únicos que, en Cades Barnea, al acercarse por primera vez a la Tierra Prometida, animaron al pueblo a entrar con valentía y confiar en Dios. En consecuencia, son los únicos de su generación que aún están vivos para ver la Tierra Prometida con sus propios ojos. Y ahora, en Josué 15, Caleb sigue buscando nuevos territorios para conquistar y recibe su herencia. De forma parecida, los capítulos 20 y 21 detallan la designación de ciudades de refugio y los pueblos asignados para los levitas- pasos ordenados por el Código Mosaico.

(5) Se avecinan problemas. Las ambigüedades de la situación y la memoria de las últimas advertencias de Moisés le señalan al lector que estas victorias parciales, siendo buenas, no pueden ser la provisión final o máxima de Dios.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 194). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Obedecer primero a Dios

jueves 13 julio

Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre… ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros… Mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal.

1 Pedro 3:15-17

Obedecer primero a Dios

En 1940, Aristides de Sousa Mendes fue cónsul de Portugal en Burdeos (Francia). Tenía 55 años y era padre de numerosos hijos. Ante la afluencia de refugiados que huían del avance enemigo, este hombre se encontró ante una decisión difícil, pues las autoridades de su país le ordenaron no expedir visas a los extranjeros, sobre todo a los judíos. Después de varias noches de oración, en la mañana del 17 de junio de 1940, Aristides tomó su decisión: expediría visas sin distinción de raza o de religión. Se cuenta que Aristides dijo en aquel entonces: «Si tengo que desobedecer, prefiero que sea a una orden de los hombres y no a una orden de Dios». Gracias a su valentía se salvaron más de 30.000 personas. Este hombre terminó sus días en la pobreza, y solo después de su muerte, su país le dio un reconocimiento.

Normalmente el cristiano no tiene que enfrentarse a un dilema tan grande, sin embargo, incluso en las situaciones más simples, el principio es el mismo: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29). El cristiano debe permanecer sumiso a las autoridades, al gobierno de su país y a sus jefes, pero esta sumisión termina cuando esas autoridades se oponen a la enseñanza de la Biblia. Un creyente al que se le pide, por ejemplo, mentir al teléfono o justificar una falsa factura, se halla ante una decisión difícil, porque a su alrededor estas prácticas son «normales». Pero, si es fiel, tal vez el primer resultado sea dar testimonio de su fe en un lugar donde no hubiese podido hablar en otras circunstancias.

Miqueas 1-2 – Lucas 4:1-15 – Salmo 83:1-8 – Proverbios 19:11-12

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch