ESPERANZA EN LA LUCHA

ESPERANZA EN LA LUCHA

9/20/2017

Con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.

Romanos 7:25

Como a los cristianos se les llama a la obediencia y la nueva naturaleza desea obedecer, ¿qué hace usted cuando se siente tentado a desobedecer? En primer lugar, tiene el poder del Espíritu Santo en usted (Ro. 8:2), que lo capacita para hacer la voluntad de Dios. Pero Pablo también describe la realidad de nuestra lucha constante con la carne en Romanos 7. Él dice: “Veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente” (v. 23). 

El pecado en nuestra naturaleza humana lucha contra nuestro deseo de obedecer. Todo cristiano libra esa lucha. Su aspecto humano lucha contra la nueva criatura que se deleita en la ley de Dios. Lo que nos da esperanza es que, cuanto más luchemos, tanto más victoriosos seremos. Así que dé gracias al Señor por continuar su obra para librarlo y darle cada día la victoria sobre el pecado.

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Ni siquiera cerca del verdadero hedonismo

SEPTIEMBRE, 20

Ni siquiera cerca del verdadero hedonismo

Devocional por John Piper

No os acumuléis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre destruyen, y donde ladrones penetran y roban; sino acumulaos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban. (Mateo 6:19-20)

El mensaje que hace falta gritar desde las casas de altas finanzas es: «Hombres seculares, ¡no están siquiera cerca de ser verdaderos hedonistas!».

Dejemos a un lado la satisfacción que nos brinda el escasa ganancia del cinco por ciento de los placeres, que son devorados por las polillas de la inflación y con la herrumbre de la muerte. Invirtamos en el seguro de primera clase, de alta rentabilidad y con aseguración divina, que es el cielo.

Dedicar toda la vida a las comodidades e ilusiones materiales es como tirar el dinero a una ratonera. Por el contrario, invertir toda la vida en la labor del amor produce dividendos de gozo insuperables y sin fin:

«Vended vuestras posesiones y dad limosnas; [y de ese modo] haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro en los cielos que no se agota, donde no se acerca ningún ladrón ni la polilla destruye» (Lucas 12:33).

Ese mensaje es una muy buena noticia: vengan a Cristo, en cuya presencia hay plenitud de gozo y deleites para siempre. Únanse a nosotros en la labor del hedonismo cristiano. Porque el Señor lo dijo: ¡es más bienaventurado amar que vivir en el lujo!


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, página 129

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A la tarde no dejes reposar tu mano

20 de septiembre

«A la tarde no dejes reposar tu mano».

Eclesiastés 11:6

Cada día, al llegar la tarde, las oportunidades son abundantes. Los hombres regresan de sus labores y el celoso ganador de almas halla tiempo para hablar a todos del amor de Jesús. ¿No tengo yo alguna obra que hacer por Jesús en esta tarde? Si no la tengo, no debo dejar que mi mano repose ante un servicio que requiere mucho trabajo. Los pecadores perecen por falta de conocimiento. El que malgasta el tiempo hallará sus ropas enrojecidas por la sangre de las almas. Jesús entregó sus dos manos para que las clavasen, ¿cómo puedo retirar yo de su bendita obra una sola de las mías? Noche y día Jesús trabajó y oró por mí, ¿cómo podría yo dedicar siquiera una hora para regalar mi carne con el lujo de la comodidad? ¡Levántate, ocioso corazón! Extiende tu mano para trabajar o levántala para orar. El Cielo y el Infierno se muestran activos; haga yo también lo mismo y siembre esta tarde la buena semilla para el Señor mi Dios.

La tarde de la vida también tiene sus obligaciones. La vida es tan corta que una mañana de juventud y una tarde de vejez es todo lo que posee. A algunos la vida les parece larga; sin embargo, lo que sucede es que para un pobre unas pocas monedas constituyen una fortuna. La vida es tan breve que ningún hombre puede malgastar un solo día. Bien se ha dicho que si un gran rey pusiese delante de nosotros un montón de oro y nos invitase a tomar tanto cuanto pudiésemos contar en un día, trabajaríamos todo ese día. Empezaríamos por la mañana temprano y a la tarde no dejaríamos reposar nuestra mano. No obstante, el ganar almas es una labor mucho más noble. ¿Cómo, pues, la abandonamos tan pronto? A algunos se les concede una larga tarde de lozana vejez. Si soy uno de ellos, procuraré utilizar los talentos que me queden y serviré a mi bendito y fiel Señor hasta los últimos instantes de mi vida. Por su gracia, seguiré luchando y solo dejaré mi cargo cuando mi cuerpo se derrumbe. La vejez puede instruir a la juventud, alentar al abatido y confortar al desalentado. Si la caída de la tarde no tiene tanto calor, sí tiene, en cambio, una sabiduría más serena. Por tanto, a la tarde, no dejaré reposar mi mano.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 274). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Abundancia sin gratitud

20 Septiembre 2017

Abundancia sin gratitud
por Charles R. Swindoll

Salmos 100

Ciertamente, hemos experimentado altibajos financieros en el último siglo, algunos de ellos muy significativos. No obstante, tenemos que admitir que los que vivimos en los Estados Unidos hemos sido beneficiados con un nivel de abundancia sin precedentes. Nunca en la historia de la humanidad, las personas han vivido con la clase de comodidad y seguridad que disfrutamos en la actualidad. La cultura estadounidense marca el paso en el mundo del lujo. Muchas familias tienen sus cocheras llenas de automóviles, sus casas llenas de enseres modernos, roperos llenos de ropa y un refrigerador lleno de alimentos. Desafortunadamente, en estos días de abundancia y riqueza, tendemos a ser personas que no agradecen lo que tienen y algunas hasta son presuntuosas. En vez de agradecerle a Dios, desarrollan una actitud arrogante como si todo les perteneciera.

No me malentienda. La abundancia no es un pecado. La Escritura describe a varias personas piadosas que tenían riquezas: Abraham, Job, José, David, Salomón, Josías, Bernabé, Lidia, etc. Pero también encontramos algunos que se enamoraron de su riqueza e hicieron a un lado a Dios y no le permitieron que dirigiera sus vidas.

No hay nada de malo con poseer cosas bonitas, el problema comienza cuando esas cosas nos poseen a nosotros. Una actitud arrogante y egoísta puede acabar rápidamente con una actitud de generosidad y humildad. El Salmo 100 es una canción de celebración que nos ayudará a restaurar esa actitud de agradecimiento y gozo.

Cuando leemos esta canción, tres preguntas surgen.

1. ¿A quién se dirige esta canción? Los versículos 1 al 5 mencionan que esta canción fue hecha para que la cantara «toda la tierra». El Salmo 100 es para todos. Para todas las naciones, todas las culturas, todas las épocas y todos los estados de ánimo. Su mensaje es universal y es para que todos lo oigan y lo pongan en práctica.

2. ¿De quién habla? Los versículos 1 al 3 junto con el versículo 5, nos dan la respuesta. El Salmo 100 habla del «Señor». Su nombre aparece más de cuatro veces en los primeros cinco versículos. En uno de ellos se dice que el Señor es Dios. Este Salmo dirige nuestra atención a «JHVH», el nombre personal de Dios en el Antiguo Testamento. Uno no puede apreciar el Salmo 100 o aplicar su mensaje si no conoce a aquél de quien habla el Salmo. Pero entre más se conoce al Creador infinito y todopoderoso, más resuena esta canción en el alma agradecida. Ser una persona agradecida, realmente agradecida, comienza con una relación adecuada con el Dador de todo lo que hay.

3. ¿De qué forma está hecho? Los salmos fueron escritos originalmente como himnos; su estructura es poética. La letra hebrea no rima como la poesía hispana; más bien los salmos y en un estilo específico, una especie de métrica o ritmo singular. Cada Salmo es independiente de los demás. Al igual que nuestros himnos actuales, cada uno de estos salmos tiene un mensaje y un arreglo distinto. Esta canción en particular incluye siete preceptos. El himno concluye con el versículo final que resume el carácter de Dios y nos da una razón convincente para obedecer sus mandatos.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

¡Ofrendas!

20 SEPTIEMBRE

2 Samuel 16 | 2 Corintios 9 | Ezequiel 23 | Salmos 70–71

2 Corintios 9 es el segundo de dos capítulos consecutivos que Pablo dedica al tema de las ofrendas.

(1) Continúa con una hermosa delicadeza (9:1–5). Por un lado, asegura a los corintios que, en realidad, no necesitan un recordatorio; por otro, gentilmente se lo recuerda, para que ni él ni ellos queden avergonzados. Después de todo, igual que él usó la generosidad de los macedonios aun en medio de pruebas severas como ejemplo para los corintios (8:1–3), ¡también ha utilizado la generosidad y entusiasmo de los corintios como ejemplo para los macedonios! No quiere que los pillen desprevenidos.

(2) Un principio que todo agricultor conoce tiene peso en el tema de dar: “El que siembra escasamente, escasamente cosechará, y el que siembra en abundancia, en abundancia cosechará” (9:6). Algunos enseñan que esto promete una reciprocidad quid pro quo entre la ofrenda económica y la prosperidad material. Si das trescientos euros al ministerio, Dios te dará por lo menos quinientos (o mil, o algo por el estilo). Ahora bien, los predicadores que dicen estas cosas o no lo creen o no les parece que sea aplicable a ellos, porque de otra manera estarían dando rápidamente todo su dinero. Pero el enfoque en la presentación de Pablo gira sobre otros dos puntos:

(a) La cantidad que damos no se mide tanto en términos absolutos de dinero, sino en la alegría y generosidad del corazón con que lo entregamos (9:7).

(b) La recompensa abarca más que la mera prosperidad material y es muchísimo más beneficiosa: Dios es capaz de hacer que abundemos para toda buena obra (9:8) y va a suplir y multiplicar nuestra sementera (para continuar con la metáfora agrícola) y aumentar nuestra “cosecha de justicia” (9:10). Dios nos hará “enriquecidos en todo” para que podamos ser aún más generosos en toda ocasión (9:11). Uno debe reflexionar sobre el hecho de que estas promesas fueron dadas al colectivo del pueblo de Dios. No se promete necesariamente a cada individuo de la iglesia que será “enriquecido en todo” y que no sufrirá, por ejemplo, una muerte temprana por cáncer o algo similar.

(3) Al fin y al cabo, el enfoque de Pablo no está sobre los dadores. Pablo ve en las ofrendas no sólo un servicio que suple las necesidades del pueblo de Dios, sino uno que sobreabunda en “abundantes acciones de gracias a Dios” (9:12), a medida que los creyentes le alaban por la obediencia de los corintios e interceden por ellos porque reconocen “la sobreabundante gracia de Dios” en ellos (9:13–14). En último análisis, todos somos deudores de Dios “por su don inefable” (9:15).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 263). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La tolerancia según Dios

miércoles 20 septiembre

Cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos.

Santiago 2:10

Dios es justo y… el que justifica al que es de la fe de Jesús.

Romanos 3:26

La tolerancia según Dios

La Biblia cuenta la relación tumultuosa de los hombres entre ellos y con Dios. Muestra la increíble barbarie humana, las guerras sin fin y la infidelidad permanente del hombre hacia Dios. Ante estos fenómenos recurrentes, Dios se presenta de diversas maneras, como justo, paciente, o como aquel que perdona. Justo cuando amenaza y corrige, paciente cuando a menudo pospone la corrección anunciada. Dios perdona porque siempre está dispuesto a borrar la falta o la infidelidad si el hombre la reconoce.

El hombre de hoy no es mejor que el de ayer. Algunos roban una fruta, otros matan. A los ojos de los hombres, basándose en las consecuencias, al primero se le puede perdonar, pero no al segundo. En un caso se deja pasar la injusticia, pero en el otro se castiga. En un caso se tolera, pero en el otro no. La tolerancia humana es elástica, pero la de Dios no lo es. Su tolerancia con respecto al mal siempre es tolerancia cero, aunque es paciente.

Podríamos creer que el perdón es incompatible con esta justicia perfecta. Pero el uno no excluye la otra, pues aunque a Dios le horroriza el mal y no puede soportarlo, ama a todos los hombres y quiere salvarlos. Como Dios es justo, era necesario que el pecado fuese castigado justamente… ¡Por eso Dios castigó a su Hijo en nuestro lugar: Jesucristo murió llevando sobre sí mismo toda nuestra culpabilidad! Dios es justo y es amor; como el pecado fue juzgado, perdona a todo el que se arrepiente. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

2 Crónicas 35 – 2 Corintios 9 – Salmo 106:24-27 – Proverbios 23:23

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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