Cinco beneficios del sufrimiento

FEBRERO, 04

Cinco beneficios del sufrimiento

Devocional por John Piper

Antes que fuera afligido, yo me descarrié, mas ahora guardo tu palabra. (Salmos 119:67)

Ese versículo muestra que Dios envía aflicción para ayudarnos a aprender su palabra. Deberíamos preguntarnos cómo el sufrimiento nos ayuda a entender y guardar la palabra de Dios.

Hay una infinidad de respuestas, así como existe un sinfín de experiencias. He aquí cinco de estas:

1. La aflicción termina con la frivolidad de la vida y nos hace más serios, de manera que nuestra mente esté más acorde con la seriedad de la palabra de Dios.

2. La aflicción derriba el sostén mundano de debajo de nosotros y nos obliga a confiar más en Dios, lo que nos trae a una mayor sintonía con el propósito de la palabra.

3. La aflicción nos hace escudriñar las Escrituras con mayor desesperación para obtener ayuda, en lugar de darle un lugar marginal en la vida.

4. La aflicción nos lleva a compartir el sufrimiento de Cristo de manera que tengamos comunión íntima con él y estemos prontos a ver el mundo a través de sus ojos.

5. La aflicción mortifica los deseos carnales, que son engañosos y nos distraen, y al mismo tiempo nos lleva a un estado espiritual que encaja más con la palabra de Dios.

Que el Espíritu Santo nos dé la gracia para que no aceptemos de mala gana la pedagogía de Dios.

Devocional tomado del articulo “God’s Painful Exegetical Help”

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Génesis 37 | Marcos 7 | Job 3 | Romanos 7

4 FEBRERO

Génesis 37 | Marcos 7 | Job 3 | Romanos 7

Desde Job 3 hasta la primera parte del último capítulo del libro, con una excepción al principio del capítulo 32, el texto está escrito en poesía hebrea. Es un drama de proporciones gigantescas, como una obra de Shakespeare. Un discurso sigue a otro; el debate mantenido entre Job y sus tres “amigos” hace progresar el relato. Finalmente, se introduce otro personaje y Dios acaba respondiendo.

El discurso inicial corresponde a Job. La carga de su exposición es inequívoca: desea no haber nacido nunca. No puede maldecir a Dios, pero sí el día que lo trajo al mundo (3:1, 3, 8). Le gustaría eliminar todo lo relacionado con ese día. Ya que no pudo nacer muerto (3:11, 16), ¿por qué no pudo morir de hambre (3:12)?

Por supuesto, implícitamente estas palabras critican a Dios de forma indirecta: “¿Por qué arrincona Dios al hombre que desconoce su destino?” (3:23). Job está experimentando lo que ha temido a lo largo de sus años de abundancia (3:25). No tiene paz, tranquilidad ni sosiego, sino sólo agitación (3:26).

Este primer discurso de pie a cuatro reflexiones:

(1) En el mismo, encontramos la retórica de un hombre con profunda angustia. Así pues, muchas de las cosas de las que nos quejamos son triviales. Incluso las causas más serias de nuestras quejas son habitualmente solo una pequeña parte de lo que Job vivió.

(2) Por tanto, antes de condenar a Job debemos escuchar atentamente, incluso con temor. Cuando nos encontremos con alguien que tenga buenas razones para estar terriblemente desesperado, debemos ser tolerantes. Habría sido maravilloso que uno de los “amigos” hubiese pasado su brazo por el hombro de Job, llorando con él y diciéndole: “Te queremos Job. No pretendemos comprender. Te queremos y haremos todo lo que podamos por ti”.

(3) Job es muy honesto. No se viste externamente de piedad fingida para que nadie piense que está bajando la guardia. Sufre tanto dolor que desea estar muerto, y lo dice.

(4) Tanto aquí como en todo el libro, Job está preparado para debatir con Dios, pero no para rechazarlo. No es el agnóstico moderno o el ateo que trata el problema del mal como si este proveyese una evidencia intelectual de que Dios no existe. Job sabe que Dios existe y cree que es poderoso y bueno. Esta es la razón por la que (como veremos) está tan confundido. La angustia de Job es la de un creyente, no la de un escéptico.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 35). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El clamor de supremo sufrimiento

A la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo… Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?

Marcos 15:34

El clamor de supremo sufrimiento

Las siete expresiones de Jesús en la cruz (4)

Durante las primeras tres horas de su crucifixión, Jesús permaneció mudo ante los que se burlaban de él y lo desafiaban. Unas tinieblas sobrenaturales invadieron entonces el país. ¡Las burlas cesaron, el mundo se silenció! Dios puso un velo sobre el sufrimiento de su Hijo.

Al final de esos sufrimientos, Jesús clamó con una voz potente: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”. Esta expresión traducía una soledad espantosa… ¡Qué expresión misteriosa y solemne!

Algunas horas antes de la crucifixión, Jesús había aceptado cargar con nuestros pecados: “La copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?”. En la cruz Jesús sufrió el juicio de Dios por nuestros pecados.

Solo Dios sabe qué sintió Jesús en ese momento. Y nosotros, con respeto y emoción, impelidos por su clamor lleno de dolor, adoramos. Solo, abandonado por Dios, por quien su amor y su obediencia nunca habían vacilado, tuvo que clamar: “¿Por qué me has desamparado?”.

Jesús fue abandonado por usted y por mí. Soportó en nuestro lugar las consecuencias de nuestro rechazo a Dios. “Llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (1 Pedro 2:24). “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 3:18).

Esta expresión de Jesús es central. Cristo, el único hombre perfecto, fue abandonado, pero esto permitió que multitudes de pecadores se arrepintiesen y recibiesen el perdón de sus pecados y la vida eterna.

(continuará el próximo domingo)
Génesis 38 – Mateo 22:1-22 – Salmo 19:1-6 – Proverbios 7:1-5