Génesis 34| Marcos 5 | Job 1 | Romanos 5

2 FEBRERO

Génesis 34| Marcos 5 | Job 1 | Romanos 5

La Biblia se ocupa de la realidad del mal de muchas formas diferentes. En algunas ocasiones, se hace justicia, y lo vemos, en esta vida. Especialmente en el Nuevo Testamento, la recompensa final para el mal está vinculada con el juicio venidero. Algunas veces, el sufrimiento tiene como fin hacernos humildes, desafiando a nuestra continua soberbia. Guerras, pestilencia y hambre son muchas veces armas terribles del juicio de Dios. Estos temas y otros muchos se desarrollan en la Biblia.

El libro de Job es único a la hora de hacernos reflexionar sobre la cuestión del sufrimiento inocente, lo cual se deja claro en Job 1, que configura, de alguna forma, el resto del libro. Job era “un hombre recto e intachable, que temía a Dios y vivía apartado del mal” (1:1). Aunque Job recibió muchas bendiciones en forma de riquezas y una gran familia, no daba nada por sentado. Incluso se dedicó a lo que podría llamarse intercesión preventiva en favor de sus hijos, ya crecidos: oraba y ofrecía sacrificios en su lugar, temeroso de que quizás, en alguna reunión inocente, alguno de ellos hubiese pecado y blasfemado (1:5).

Job no sabe, a diferencia del lector, que se está desarrollando otra trama en la sala del trono de Dios. Se dice poco de esos “ángeles” que se presentan delante del Todopoderoso; se dice poco acerca de Satanás, aunque es obvio que es malvado y hace honor a su nombre, “Acusador”. El diálogo entre Satanás y Dios logra tres cosas. En primer lugar, establece las bases del drama que se desarrolla en el resto del libro. En segundo lugar, da a entender implícitamente que incluso el propio Satanás tiene limitaciones en su poder y no puede actuar sin la aprobación de Dios. En tercer lugar, revela que el propósito del diablo es demostrar que la lealtad humana a Dios no es más que por egoísmo interesado, mientras que el Señor afirma que un hombre como Job es fiel independientemente de las bendiciones que reciba o no.

Job, por supuesto, no sabe nada de estos acuerdos. No podía hacerlo, porque el relato que sigue estaría viciado de lo contrario. Pierde rápidamente su riqueza y sus hijos, debido a causas “naturales”. Él sabe que estas no escapan de la influencia de Dios. Cuando le comunican las últimas malas noticias, Job rasga sus vestiduras y se afeita la cabeza (símbolos de humillación), y adora, diciendo unas palabras que se vuelven famosas: “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo he de partir. El Señor ha dado; el Señor ha quitado. ¡Bendito sea el nombre del Señor!” (1:21).

El narrador comenta: “A pesar de todo esto, Job no pecó ni le echó la culpa a Dios” (1:22), lo que por supuesto significa, en el contexto de este capítulo, que la valoración de Dios era correcta y la de Satán errónea.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 33). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El ciclo del perdón

FEBRERO, 02

El ciclo del perdón

Devocional por John Piper

Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación. (Lucas 11:4)

¿Quién perdona a quién primero?

· Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben (Lucas 11:4);

· …como Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros (Colosenses 3:13).

Cuando Jesús nos enseña a orar pidiendo a Dios que nos perdone «porque también nosotros perdonamos», no está diciendo que la iniciativa hacia el perdón es nuestra. Al contrario, dice lo siguiente: Dios nos perdona cuando creemos en Cristo (Hechos 10:43). Entonces, luego de la experiencia de haber estado quebrantados, gozosos, agradecidos y con esperanza por haber sido perdonados, ofrecemos perdón a otros.

Esto significa que el perdón que recibimos nos ha salvado. Es decir, el que nosotros perdonemos a otros muestra que tenemos fe, que estamos unidos a Cristo, que el Espíritu Santo mora en nosotros.

Sin embargo, aún pecamos (1 Juan 1:8,10). Por eso seguimos regresando a Dios para recibir nuevas unciones de la obra que Cristo hizo por nosotros, es decir, para recibir perdón nuevamente. No podríamos hacer esto con ninguna seguridad si estuviéramos albergando sentimientos de un espíritu que no perdona (Mateo 18:23-35).

Es por eso que Jesús dice que oremos por perdón, porque nosotros estamos perdonando. Es como decir: «Padre, continúa otorgándome las misericordias por las que Cristo pagó, porque por ellas yo renuncio a la venganza y otorgo a otros lo que tú me has otorgado».

Que experimenten nuevamente el perdón de Dios hoy, y que esa gracia rebose de su corazón hacia los demás en forma de perdón.


Devocional tomado del articulo “Morning Meditations on 4 Parts of the Bible”

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

Concentrarse en la gloria de Dios

Concentrarse en la gloria de Dios

2/2/2018

A Jehová he puesto siempre delante de mí. (Salmo 16:8)

Todo existe con el propósito de glorificar a Dios. El Catecismo Menor de Westminster del siglo XVII comienza declarando que el principal propósito del hombre es glorificar a Dios y disfrutar de Él para siempre.

El Salmo 19:1 dice: “Los cielos cuentan la gloria de Dios”. La inmensidad del espacio y todo lo que hay en Él glorifica a Dios.

En Isaías 43:20, Dios dice: “Las fieras del campo me honrarán”.

Los ángeles que aparecieron en el nacimiento de Cristo dijeron: “Gloria a Dios en las alturas” (Lc. 2:14).

La Biblia aclara que usted existe para dar gloria a Dios. Que usted siga el ejemplo de David y ponga siempre al Señor delante de usted.

DERECHOS DE AUTOR © 2018 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

Jesucristo es el verdadero libertador

Firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres.

Gálatas 5:1

Jesucristo es el verdadero libertador

En Nueva York un evangelista, invitado por americanos de origen africano, entró en la sala prevista para la reunión y fijó su mirada en una estatua de mármol que representaba a un hombre blanco. Sorprendido, el evangelista preguntó a uno de ellos: «¿Quién es ese personaje?». Él respondió con una gran sonrisa: «¡Es Abraham Lincoln, mi libertador!». Lincoln (1809-1865) fue el decimosexto presidente de los Estados Unidos que, en medio de una terrible guerra, luchó por poner fin a la esclavitud en su país. El hombre que hablaba no había vivido esa guerra; no había conocido a Lincoln, pero sabía que gracias a él había adquirido los derechos que tiene un hombre libre.

Hoy todos los hombres están esclavizados de una manera más terrible todavía: Satanás ejerce sobre ellos una esclavitud de la que no pueden liberarse solos, están atados debido a sus pecados.

Para esta tiranía también hay un libertador: Jesucristo. Jesús murió en una cruz hace aproximadamente 2000 años, a fin de liberarnos del miedo a la muerte, y a algunos incluso del ocultismo. En aquella época nosotros todavía no habíamos nacido, pero mediante la fe podemos beneficiarnos personalmente de la liberación que nos brindó. Solo él podía liberarnos de nuestra naturaleza opuesta a Dios, de nuestras faltas, del poder de Satanás y de la muerte.

Si usted no conoce esta liberación, vaya a Jesús tal como es; ponga su confianza en él. Él lo perdonará, lo liberará de la esclavitud del pecado y le dará la paz. “Si el Hijo (de Dios) os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36).

Génesis 36 – Mateo 21:1-22 – Salmo 18:37-42 – Proverbios 6:20-26
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch