Paz

Paz

John MacArthur

Paz es una palabra bella, ¿verdad que sí? Jesús dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Jn. 14:27). Jesús nos dio su paz. Primera Corintios 7:15 dice: “Sino que a paz nos llamó Dios”. Filipenses 4:7 dice que dejemos que la paz de Dios reine en nuestros corazones. Segunda de Corintios 13:11 dice: “Vivid en paz”. Primera de Tesalonicenses 5:13 dice: “Tened paz entre vosotros”.

 Mientras que  el gozo es un sentimiento exterior, la paz es un contentamiento interior que viene cuando sentimos que todo está bajo control. Usted no va a tener paz si hay pecado en su vida. Pero cuando su vida está limpia de pecado y está caminando en el Espíritu, usted tendrá paz. Nunca permita que alguien o algo le priven de su paz.

 En nuestra iglesia tratamos de cultivar una actitud de paz, de descanso y confianza en Dios. No hay razón para dejarse perturbar. Pablo dijo: “Por nada estéis afanosos” y que permitamos que la paz de Dios reine en nuestros corazones (Fil. 4:6-7). Todos experimentamos pruebas que nos causan ansiedad. No vivimos en perfecta paz, pero, no obstante, tenemos que tener una actitud de paz.

 En Mateo 5:9 nuestro Señor dice: “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios”. Los cristianos debieran ser pacificadores. Usted no podría hacer nada más maravilloso por el reino de Dios y la iglesia de Cristo Jesús que el ser un pacificador. La naturaleza humana tiende al conflicto. Job dijo: “Pero como las chispas se levantan para volar por el aire, así el hombre nace para la aflicción” (5:7). Las personas continuamente experimentan conflictos de personalidad. No obstante, estamos llamados a ser pacificadores. Somos llamados a suavizar los conflictos, no a fomentarlos. A veces un problema insignificante lo hacemos explotar en algo desproporcionado y se convierte en una marea destructora. Los seres humanos están más inclinados a incrementar las dificultades que a hacer la paz.

 Dígase a sí mismo: “Estoy en paz, Dios está en control y yo seré un pacificador”. Cada vez que se vea metido en un conflicto, sea un pacificador. Cuando vea a dos personas metidas en un conflicto, ayúdelas a abrazarse la una a la otra en paz. No se ponga del lado de ninguno. Procure encontrar lo bueno en cada persona en vez de enfocarse en lo malo. Cultive buenas relaciones, empezando con su propia familia. Si sabe que decir cierta cosa va a causar irritación a alguien, no lo diga. A veces cuando siento que estoy en lo correcto acerca de algo y alguien piensa que estoy equivocado, no me pongo a reafirmar que yo tengo la – razón porque no quiero perturbar la paz entre nosotros. No voy a comprometer mis convicciones, pero tampoco voy a defender innecesariamente mis derechos. La paz es más importante que el salirme con la mía. Sin embargo, si alguien niega la verdad de Dios, lucharé por lo que es la verdad. No obstante, con los de la familia de Dios tenemos que ser pacificadores. ¡Cuán sencilla sería la vida si todos fuéramos pacificadores!


Extraído del libro, “El plan del Señor para la iglesia” escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Portavoz.

Cuando Dios se vuelve 100 % a nuestro favor

FEBRERO, 26

Cuando Dios se vuelve 100 % a nuestro favor

Devocional por John Piper

Entre los cuales también todos nosotros en otro tiempo vivíamos en las pasiones de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. (Efesios 2:3)

Toda la ira de Dios, toda la condenación que merecemos, fue derramada en Jesús. Todas las demandas de justicia perfecta de Dios hacia nosotros fueron cumplidas por Cristo. En el momento que vemos (¡por gracia!) este Tesoro y lo recibimos a él de este modo, su muerte cuenta como si fuera nuestra muerte y su condenación como nuestra condenación y su justicia como nuestra justicia, y Dios se vuelve en ese instante, irrevocablemente y para siempre, 100 % a nuestro favor.

La pregunta que queda sin responder es la siguiente: «¿No enseña la Biblia que en la eternidad Dios establece su favor hacia nosotros por medio de la elección?».

En otras palabras, las personas reflexivas se preguntan: «¿Se volvió Dios 100 % a nuestro favor solo en el momento de fe y unión con Cristo y la justificación? ¿No se había vuelto 100 % a nuestro favor en el acto de la elección desde antes de la fundación del mundo?». Pablo dice en Efesios 1:4-5: «… [Dios] nos escogió en Él [Cristo] antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él. En amor nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo».

Entonces ¿no está Dios 100 % a favor de los elegidos desde la eternidad? La respuesta se encuentra en el significado de 100 %.

Con el término 100 % estoy tratando de preservar una verdad bíblica que se encuentra en varios pasajes de las Escrituras. Por ejemplo, en Efesios 2:3, Pablo dice que los cristianos eran «hijos de ira» antes de que fueran vivificados en Cristo Jesús: «todos nosotros en otro tiempo vivíamos [con los hijos de desobediencia] en las pasiones de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás».

Pablo está queriendo decir que, antes de la regeneración, la ira de Dios estaba sobre nosotros. Los elegidos estaban bajo ira. Esto cambió cuando Dios nos dio vida en Cristo Jesús y nos despertó a la verdad y la belleza de Cristo para que lo recibiéramos como a aquel que murió por nosotros y —por nuestra unión a él— aquel cuya justicia es contada como nuestra. Antes de que esto pasara, estábamos bajo la ira de Dios. Después, debido a la fe en Cristo y la unión a él, toda la ira de Dios fue quitada y luego él se volvió, en ese sentido, 100 % a nuestro favor.

Por lo tanto, regocijémonos en la verdad de que Dios nos guardará. Él nos llevará hasta el final porque, en Cristo, él está 100 % a nuestro favor. Por lo tanto, llegar al final no hace que Dios esté 100 % a nuestro favor. Llegar al final es el resultado de que él ya estuviera 100 % a nuestro favor.


Devocional tomado del articulo “When Does God Become 100% for Us?”

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Éxodo 9 | Lucas 12 | Job 27 | 1 Corintios 13

26 FEBRERO

Éxodo 9 | Lucas 12 | Job 27 | 1 Corintios 13

El último discurso de los “miserables consoladores” de Job es el de Bildad (Job 25), y es patéticamente corto porque incluso él reconoce que no tiene nada nuevo que decir, ni tampoco sus amigos. La respuesta de Job es larga y compleja (caps. 26–31), como si estuviese decidido a condenar a sus amigos al silencio. Parte de la misma es solo un simple repaso. El primer capítulo (la lectura de ayer, Job 26) nos muestra a Job burlándose de estos “consoladores” por su crueldad y la esterilidad de sus consejos ante un sufrimiento como el de Job. También lo vemos dándoles la razón en lo relativo al poder inconmensurable de Dios. Después de un impresionante repaso de los hechos poderosos del Señor, Job concluye: “¡Y esto es solo una muestra de sus obras, un murmullo que logramos escuchar! ¿Quién podrá comprender su trueno poderoso?” (26:14). Los “consoladores” lo acusan de reducir a Dios a la impotencia, pero él insiste tanto en el poder trascendente del Señor que cree que contempla la opción de que él está distante.

Eso nos lleva a Job 27. Aquí tenemos todas las tensiones de la posición de Job. Se pone bajo juramento para hacer su reflexión (“Juro por Dios, el Todopoderoso”). Nunca admitirá que sus oponentes tienen razón, porque eso significaría negar que ha vivido su vida con integridad: “Jamás podré admitir que tengáis la razón; mientras viva, insistiré en mi integridad. Insistiré en mi inocencia; no cederé. Mientras viva, no me remorderá la conciencia” (27:5–6). Sin embargo, irónicamente, el Dios por el que Job jura, cuya grandeza ha alabado en al capítulo 26, aquel que provee el propio aliento en su nariz (27:3), es también, según él, el Dios “que se niega a hacerme justicia, quien me ha amargado el ánimo” (27:2).

Más ironía: las palabras de Job no significan que Dios sea corrupto o injusto. Reconoce que el Señor salda cuentas con los malvados (27:7–10), a menudo en esta vida (27:11–23), pero definitivamente en la muerte.

Esta no es la posición final de Job, por supuesto; la historia aún no ha acabado. No obstante, podemos reflexionar sobre el punto en el que estamos en este momento.

En primer lugar, lo mejor es ser siempre honesto en nuestras reflexiones, a fin de evitar posiciones que distorsionen los hechos (la necedad de los tres “consoladores”), y mantenernos transparentes delante de Dios. De cualquier modo, él sabe lo que pensamos. Hay esperanza de avanzar cuando se es honesto, pero es casi imposible hacerlo donde reina la mentira.

En segundo lugar, esto significa que en varias etapas del peregrinaje cristiano podemos encontrar oponentes que vean en nosotros ironías conspicuas o profundos misterios. No debemos gloriarnos en las contradicciones, por supuesto, pero en los asuntos relacionados con Dios, los misterios son inevitables. Con el tiempo, algunos de ellos van acercándose a su resolución, pero casi siempre acompañados por la gloria de nuevos secretos que se revelan.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 57). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La oración de la mañana

Oh Señor, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti, y esperaré… Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré.

Salmos 5:3; 63:1

La oración de la mañana

Al igual que el autor del Salmo 5, ¿sabemos presentarnos delante del Señor cada mañana, orar a él, para hacer provisión de fuerzas y sabiduría desde el principio del día?

¿O comenzamos, apurados y mal preparados, las múltiples actividades que nos esperan?

Si somos conscientes de que cada día que pasa es una ocasión para servir y honrar a Dios, cada mañana nos inclinaremos ante su presencia para orar. Le expondremos nuestras dificultades y nuestros temores, reconoceremos ante él nuestras flaquezas e incompetencias. Le pediremos que renueve nuestra confianza en él y que nos enseñe a discernir entre el bien y el mal (Hebreos 5:14). ¡Entonces la carga diaria será mucho más ligera! El Señor responderá a nuestra oración, y podremos empezar el día con serenidad.

Ser conscientes de nuestra fragilidad y descansar totalmente en él nos permite experimentar su fuerza y sus recursos inagotables.

Por lo general recordamos la necesidad de alimentar nuestro ser interior del Pan de vida, haciendo provisión, desde la mañana, mediante la lectura de la Biblia. Si leemos en los evangelios, nos nutrimos de lo que fue la vida de Jesús, de su persona revelada en la Palabra de Dios. Pero no olvidemos la oración matutina, que tendrá efectos benéficos sobre cada instante del día que empieza.

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7).

Éxodo 10 – Hechos 8:26-40 – Salmo 27:1-4 – Proverbios 10:19