El amor más grande

FEBRERO, 03

El amor más grande

Devocional por John Piper

Os escribo a vosotros, hijos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre. (1 Juan 2:12)

¿Por qué debemos enfatizar que Dios ama, perdona y salva para su propia gloria? He aquí dos razones (entre muchas otras):

1) Porque la Biblia lo hace

Yo, yo soy el que borro tus transgresiones por amor a mí mismo, y no recordaré tus pecados (Isaías 43:25).

Por amor de tu nombre, oh Jehová, perdonarás también mi pecado, que es grande (Salmos 25:11).

Ayúdanos oh Dios de nuestra salvación, por la gloria de tu nombre; líbranos y perdona nuestros pecados por amor de tu nombre (Salmos 79:9).

Aunque nuestras iniquidades testifican contra nosotros, oh Señor, obra por amor de tu nombre.
En verdad han sido muchas nuestras apostasías, contra ti hemos pecado (Jeremías 14:7).

Reconocemos, oh Señor, nuestra impiedad, la iniquidad de nuestros padres, pues hemos pecado contra ti. No nos desprecies, por amor a tu nombre, no deshonres el trono de tu gloria… (Jeremías 14:20-21).

…Dios exhibió públicamente [a Cristo] como propiciación por su sangre a través de la fe, como demostración de su justicia, porque en su tolerancia, Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente, para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús (Romanos 3:25-26).

Os escribo a vosotros, hijos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre (1 Juan 2:12).

2) Porque está claro que Dios nos ama con el amor más grande

Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo donde yo estoy, para que vean mi gloria… (Juan 17:24).

Dios nos ama no de una manera que nos hace supremos a nosotros, sino de una manera que lo hace supremo a él mismo. El cielo no será una sala de espejos, sino una creciente visión de grandeza infinita. Llegar al cielo para descubrir que somos supremos sería una defraudación completa.

El amor más grande se asegura de que Dios haga todo de manera tal que mantenga y magnifique su propia supremacía, para que así, cuando lleguemos, tengamos algo que engrandezca nuestro gozo para siempre: la gloria de Dios. El amor más grande consiste en que Dios se da a sí mismo a nosotros para nuestro gozo eterno, a costa de la vida de su Hijo (Romanos 8:32).


Devocional tomado del articulo “Why It Matters That God Does Everything for His Own Glory”

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Génesis 35–36 | Marcos 6 | Job 2 | Romanos 6

3 FEBRERO

Génesis 35–36 | Marcos 6 | Job 2 | Romanos 6

Una cosa es resistir con firme lealtad cuando las pérdidas, aunque dolorosas, son todas externas, pero, sin embargo, es muy diferente hacerlo cuando uno pierde su salud (Job 2). Algunas reflexiones:

(1) Seguimos hablando del sufrimiento inocente. Dios mismo declara acerca de Job: “No hay en la tierra nadie como él; es un hombre recto e intachable, que me honra y vive apartado del mal. Y aunque tú me incitaste contra él para arruinarlo sin motivo, ¡todavía mantiene firme su integridad!” (2:3).

(2) Llegados a este punto, Dios ha demostrado que Satanás está equivocado: la lealtad de Job no está condicionada por un vulgar trueque interesado. Aquí tenemos un hombre recto y fiel aunque le hayan arrancado su riqueza e incluso todos sus hijos. Eso es lo que induce a Satanás a subir la apuesta: “Extiende la mano y hiérelo, ¡a ver si no te maldice en tu propia cara!” (2:5). Por tanto, se presenta un nuevo nivel de sufrimiento totalmente inocente y se establece el escenario para el resto del libro.

(3) Los creyentes deben hacer preguntas dolorosas en este punto. ¿No parece que Dios esté utilizando a Job en algún experimento fantástico? ¿Por qué debía perder este pobre hombre su riqueza, familia, salud y (como comprobaremos) reputación, simplemente para demostrar que Dios tenía razón en un desafío que este bien podía haber ignorado?

Esta pregunta podría dar lugar a un libro muy largo. No tengo respuestas definitivas ni exhaustivas. No obstante, deberíamos tener en mente algunas cosas. (a) Pertenecemos a Dios. Él puede hacer con nosotros lo que desee. Hay algo muy dentro de nosotros que se rebela cuando se nos recuerda esta verdad elemental. De hecho, nuestra rebelión por ello manifiesta lo mucho que aún seguimos queriendo ocupar el centro del universo, con Dios a nuestro servicio. Este deseo es el fundamento de toda idolatría. (b) Supongamos que Job hubiese conocido el acuerdo entre Dios y Satanás. Un hombre inferior pudo haberse quejado de forma violenta, pero al menos es plausible pensar que Job hubiese utilizado esa información para dotar a su sufrimiento de profundo significado, haciéndolo así más fácil de soportar. Es posible que hubiese considerado que este estaba vinculado a una lucha cósmica más grande entre el bien y el mal. (c) Otros factores a tener en mente deben esperar al final del libro de Job, de hecho, al de la Biblia. Volveremos a tratar algunos de estos asuntos en el devocional del 13 de marzo.

(4) Job se enfrenta ahora a una dolorosa y degradante crisis física, al abandono emocional por parte de su mujer y a la llegada de los tres miserables amigos. El sufrimiento inocente es enormemente difícil de soportar; aún es peor cuando todo apoyo emocional demuestra ser inútil.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 34). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Testimonio de un preso

Algunos moraban en tinieblas y sombra de muerte, aprisionados en aflicción y en hierros, por cuanto fueron rebeldes a las palabras del Señor… Luego que clamaron al Señor en su angustia, los libró de sus aflicciones; los sacó de las tinieblas y de la sombra de muerte, y rompió sus prisiones.

Salmo 107:10-14

Testimonio de un preso

El siguiente testimonio proviene de un hombre encarcelado en Francia por haber cometido un grave delito.

«No conocía a Dios y menos a Jesucristo. Además, no quería oír hablar de él, porque para mí no era más que una fábula. ¿Por qué habría permitido que perdiese a mis padres cuando tenía cuatro años y que fuese separado de mis hermanos para tener una vida sin sentido? Tenía sed de verdad, pero, ¿dónde hallarla en medio de tantas religiones y fanatismo? Entonces opté por ser ateo.

Cuando creía haber arruinado totalmente mi vida, pasó lo siguiente: Una tarde, cuando fui transferido a otra celda, un hombre que regresaba del locutorio me preguntó: «¿Crees en Dios?». Sin dejarse detener por mi incredulidad, me habló de Jesús largo rato. Yo, que no soportaba oír hablar de Dios, escuché lo que el hombre sentado frente a mí me decía. Sus palabras alcanzaron mi corazón. Un poco más tarde, en mi celda, clamé a Dios, le hablé, le supliqué que me perdonase y que me diese su luz y su calor. Por primera vez en mi vida sentí su presencia. El Nuevo Testamento que aquel hombre me dejó se convirtió en un alimento indispensable para mí. Hoy, al cumplir dieciocho meses de estar en la cárcel, conozco a aquel que siempre se interesó por mí, es decir, a mi Salvador Jesucristo. Mi encuentro con mi Salvador es inolvidable, pues comprendí el sentido de la palabra libertad».

Génesis 37 – Mateo 21:23-46 – Salmo 18:43-50 – Proverbios 6:27-35

Génesis 34| Marcos 5 | Job 1 | Romanos 5

2 FEBRERO

Génesis 34| Marcos 5 | Job 1 | Romanos 5

La Biblia se ocupa de la realidad del mal de muchas formas diferentes. En algunas ocasiones, se hace justicia, y lo vemos, en esta vida. Especialmente en el Nuevo Testamento, la recompensa final para el mal está vinculada con el juicio venidero. Algunas veces, el sufrimiento tiene como fin hacernos humildes, desafiando a nuestra continua soberbia. Guerras, pestilencia y hambre son muchas veces armas terribles del juicio de Dios. Estos temas y otros muchos se desarrollan en la Biblia.

El libro de Job es único a la hora de hacernos reflexionar sobre la cuestión del sufrimiento inocente, lo cual se deja claro en Job 1, que configura, de alguna forma, el resto del libro. Job era “un hombre recto e intachable, que temía a Dios y vivía apartado del mal” (1:1). Aunque Job recibió muchas bendiciones en forma de riquezas y una gran familia, no daba nada por sentado. Incluso se dedicó a lo que podría llamarse intercesión preventiva en favor de sus hijos, ya crecidos: oraba y ofrecía sacrificios en su lugar, temeroso de que quizás, en alguna reunión inocente, alguno de ellos hubiese pecado y blasfemado (1:5).

Job no sabe, a diferencia del lector, que se está desarrollando otra trama en la sala del trono de Dios. Se dice poco de esos “ángeles” que se presentan delante del Todopoderoso; se dice poco acerca de Satanás, aunque es obvio que es malvado y hace honor a su nombre, “Acusador”. El diálogo entre Satanás y Dios logra tres cosas. En primer lugar, establece las bases del drama que se desarrolla en el resto del libro. En segundo lugar, da a entender implícitamente que incluso el propio Satanás tiene limitaciones en su poder y no puede actuar sin la aprobación de Dios. En tercer lugar, revela que el propósito del diablo es demostrar que la lealtad humana a Dios no es más que por egoísmo interesado, mientras que el Señor afirma que un hombre como Job es fiel independientemente de las bendiciones que reciba o no.

Job, por supuesto, no sabe nada de estos acuerdos. No podía hacerlo, porque el relato que sigue estaría viciado de lo contrario. Pierde rápidamente su riqueza y sus hijos, debido a causas “naturales”. Él sabe que estas no escapan de la influencia de Dios. Cuando le comunican las últimas malas noticias, Job rasga sus vestiduras y se afeita la cabeza (símbolos de humillación), y adora, diciendo unas palabras que se vuelven famosas: “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo he de partir. El Señor ha dado; el Señor ha quitado. ¡Bendito sea el nombre del Señor!” (1:21).

El narrador comenta: “A pesar de todo esto, Job no pecó ni le echó la culpa a Dios” (1:22), lo que por supuesto significa, en el contexto de este capítulo, que la valoración de Dios era correcta y la de Satán errónea.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 33). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El ciclo del perdón

FEBRERO, 02

El ciclo del perdón

Devocional por John Piper

Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación. (Lucas 11:4)

¿Quién perdona a quién primero?

· Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben (Lucas 11:4);

· …como Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros (Colosenses 3:13).

Cuando Jesús nos enseña a orar pidiendo a Dios que nos perdone «porque también nosotros perdonamos», no está diciendo que la iniciativa hacia el perdón es nuestra. Al contrario, dice lo siguiente: Dios nos perdona cuando creemos en Cristo (Hechos 10:43). Entonces, luego de la experiencia de haber estado quebrantados, gozosos, agradecidos y con esperanza por haber sido perdonados, ofrecemos perdón a otros.

Esto significa que el perdón que recibimos nos ha salvado. Es decir, el que nosotros perdonemos a otros muestra que tenemos fe, que estamos unidos a Cristo, que el Espíritu Santo mora en nosotros.

Sin embargo, aún pecamos (1 Juan 1:8,10). Por eso seguimos regresando a Dios para recibir nuevas unciones de la obra que Cristo hizo por nosotros, es decir, para recibir perdón nuevamente. No podríamos hacer esto con ninguna seguridad si estuviéramos albergando sentimientos de un espíritu que no perdona (Mateo 18:23-35).

Es por eso que Jesús dice que oremos por perdón, porque nosotros estamos perdonando. Es como decir: «Padre, continúa otorgándome las misericordias por las que Cristo pagó, porque por ellas yo renuncio a la venganza y otorgo a otros lo que tú me has otorgado».

Que experimenten nuevamente el perdón de Dios hoy, y que esa gracia rebose de su corazón hacia los demás en forma de perdón.


Devocional tomado del articulo “Morning Meditations on 4 Parts of the Bible”

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Concentrarse en la gloria de Dios

Concentrarse en la gloria de Dios

2/2/2018

A Jehová he puesto siempre delante de mí. (Salmo 16:8)

Todo existe con el propósito de glorificar a Dios. El Catecismo Menor de Westminster del siglo XVII comienza declarando que el principal propósito del hombre es glorificar a Dios y disfrutar de Él para siempre.

El Salmo 19:1 dice: “Los cielos cuentan la gloria de Dios”. La inmensidad del espacio y todo lo que hay en Él glorifica a Dios.

En Isaías 43:20, Dios dice: “Las fieras del campo me honrarán”.

Los ángeles que aparecieron en el nacimiento de Cristo dijeron: “Gloria a Dios en las alturas” (Lc. 2:14).

La Biblia aclara que usted existe para dar gloria a Dios. Que usted siga el ejemplo de David y ponga siempre al Señor delante de usted.

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Jesucristo es el verdadero libertador

Firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres.

Gálatas 5:1

Jesucristo es el verdadero libertador

En Nueva York un evangelista, invitado por americanos de origen africano, entró en la sala prevista para la reunión y fijó su mirada en una estatua de mármol que representaba a un hombre blanco. Sorprendido, el evangelista preguntó a uno de ellos: «¿Quién es ese personaje?». Él respondió con una gran sonrisa: «¡Es Abraham Lincoln, mi libertador!». Lincoln (1809-1865) fue el decimosexto presidente de los Estados Unidos que, en medio de una terrible guerra, luchó por poner fin a la esclavitud en su país. El hombre que hablaba no había vivido esa guerra; no había conocido a Lincoln, pero sabía que gracias a él había adquirido los derechos que tiene un hombre libre.

Hoy todos los hombres están esclavizados de una manera más terrible todavía: Satanás ejerce sobre ellos una esclavitud de la que no pueden liberarse solos, están atados debido a sus pecados.

Para esta tiranía también hay un libertador: Jesucristo. Jesús murió en una cruz hace aproximadamente 2000 años, a fin de liberarnos del miedo a la muerte, y a algunos incluso del ocultismo. En aquella época nosotros todavía no habíamos nacido, pero mediante la fe podemos beneficiarnos personalmente de la liberación que nos brindó. Solo él podía liberarnos de nuestra naturaleza opuesta a Dios, de nuestras faltas, del poder de Satanás y de la muerte.

Si usted no conoce esta liberación, vaya a Jesús tal como es; ponga su confianza en él. Él lo perdonará, lo liberará de la esclavitud del pecado y le dará la paz. “Si el Hijo (de Dios) os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36).

Génesis 36 – Mateo 21:1-22 – Salmo 18:37-42 – Proverbios 6:20-26
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La clave para el crecimiento espiritual

La clave para el crecimiento espiritual

2/1/2018

Creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén. (2 Pedro 3:18)

El crecimiento espiritual no es místico, sentimental, devocional ni psicológico. No es el resultado de alguna fórmula ingeniosa. Es sencillamente el igualar su práctica con su posición.

Como creyentes, nuestra posición en Cristo es perfecta: Estamos completos en Él (Col. 2:10); tenemos todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad (2 P. 1:3); y hemos recibido todas las bendiciones espirituales (Ef. 1:3). Pero ahora tenemos que progresar en nuestra vida diaria de una forma que corresponda con nuestra exaltada posición.

El versículo de hoy presenta el concepto más importante en la comprensión y la experiencia del crecimiento espiritual. El dar gloria a Dios está directamente relacionado con el crecimiento espiritual. Por lo tanto, es esencial que comprendamos lo que significa glorificarlo.

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Incluido en el pacto

FEBRERO, 01

Incluido en el pacto

Devocional por John Piper

Allí haré retoñar el poder de David; he dispuesto lámpara a mi ungido. A sus enemigos vestiré de confusión, mas sobre él florecerá su corona. (Salmos 132:17-18)

¿Quiénes se beneficiarán de las promesas que Dios le hizo a David?

· Haré retoñar el poder de David; he dispuesto lámpara a mi ungido. A sus enemigos vestiré de confusión, mas sobre él florecerá su corona» (Salmos 132:17-18).

· A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed… y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David (Isaías 55:1,3).

Quien venga a Dios a través de Jesucristo, su Hijo, sediento por lo que él es —en lugar de depender de quién sea o qué haga— es con quien Dios hará un pacto.

¿Qué pacto? Un pacto definido y asegurado por Dios en sus «misericordias firmes a David». Lo que entiendo de eso es que estoy incluido en el pacto davídico. Lo que David obtiene, yo lo obtendré en Cristo Jesús.

¿Qué es lo que eso incluye?

Retoñará poder para mí. Eso significa que habrá una gran fuerza que peleará por mí y me protegerá. Habrá una lámpara que Dios preparó para mí, es decir, la luz me rodeará y la oscuridad no me vencerá. Habrá una corona para mí: reinaré con el Hijo de David y me sentaré con él en su trono. «Al vencedor, le concederé sentarse conmigo en mi trono» (Apocalipsis 3:21).

Es impresionante que nos vayamos a beneficiar de las promesas hechas a David. Es la voluntad de Dios que quedemos maravillados. Es su voluntad que nos levantemos de nuestro tiempo devocional sorprendidos por el poder y la autoridad de Dios, y la garantía de que somos amados por él.


Devocional tomado del articulo “Morning Meditations on 4 Parts of the Bible”

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Génesis 33 | Marcos 4 | Ester 9–10 | Romanos 4

1 FEBRERO

Génesis 33 | Marcos 4 | Ester 9–10 | Romanos 4

La historia parece diferente en distintas culturas. No quiero decir simplemente que estas interpreten el mismo pasado de forma diferente (aunque frecuentemente es así), sino que el entendimiento de aquella puede variar de una a otra. De hecho, incluso dentro de una misma cultura pueden existir nociones contrarias de la misma.

Este asunto se ha vuelto incluso más complejo durante las pasadas décadas, debido al avance del posmodernismo y sus ideas innovadoras acerca de cómo es la historia. Este debate es muy importante, pero no vamos a detenernos en él. Nos centraremos en un escenario mayor.

Muchos griegos antiguos creían que la historia transcurría en círculos. No quiere decir que cada ciclo se repita de forma exacta, sino que existe una repetición infinita de patrones, sin culminación final, sin telos, es decir, sin propósito ni objetivo. Gran parte del naturalismo contemporáneo cree que nuestro sol acabará desintegrándose y la vida en la tierra llegará a su fin. Unos sostienen que el propio universo establecerá una distribución de energía más o menos uniforme y morirá; otros piensan que, de alguna forma, este rejuvenecerá desmoronándose y explotando de nuevo para repetir un ciclo parecido al presente. En contraste, para los departamentos de historia de las universidades, los acontecimientos a esa escala son irrelevantes. La historia, tanto si refiere a lo que ha acontecido como a nuestra reconstrucción de ella, abarca el periodo en que el hombre escribía. Todo lo anterior a este es “prehistórico”.

La Biblia tiene sus propias perspectivas acerca de la historia, y algunas de ellas no son negociables: si las perdemos de vista o las rechazamos, no comprenderemos las Escrituras en sus propios términos. Ciertamente, estas cuentan en ocasiones “lo que ha pasado” en categorías parabólicas (compárese 2 Samuel 11 y 12), en condensaciones muy selectivas (por ejemplo, Hechos 7) o en forma poética (Salmo 78). Sin embargo, lo más importante es que no entenderemos la Biblia correctamente si no comprendemos varios elementos clave de su secuencia. En la escala más amplia, la historia comienza en la creación y acaba en el telos supremo, el juicio final y el nuevo cielo y la nueva tierra. No nos movemos simplemente en círculos. En Gálatas 3 (véase la meditación del 27 de septiembre en el volumen I), el argumento de Pablo gira en torno al hecho de que la ley mosaica vino después de las promesas a Abraham. De alguna forma parecida aquí (Romanos 4), la fe de Abraham le fue reconocida como justicia antes de ser circuncidado, por lo que la circuncisión no puede ser una condición para adquirirla. Bajo las condiciones semíticas de filiación, Abraham pasa a ser el padre de todos los que creen, circuncidados o no (4:1–12). Se puede decir algo parecido de la relación de Abraham con la ley de Moisés (4:13–17). La secuencia de la historia bíblica es crucial.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 32). Barcelona: Publicaciones Andamio.