¿Qué ama usted en realidad?

¿Qué ama usted en realidad?

3/7/2018

Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. (Lucas 14:26-27)

Aparte de Dios, nadie pudo haber sido más amado para Abraham que su hijo Isaac. Pero esa era la prueba: “Averiguar si amaba a Isaac más que a Dios”. Si amamos a Dios sobre todas las cosas, le daremos gracias por lo que está logrando a través de nuestras pruebas y de nuestros sufrimientos. Pero si nos amamos a nosotros mismos más de lo que amamos a Dios, pondremos en tela de juicio la sabiduría de Dios y nos enojaremos y amargaremos. Si hay algo para nosotros más amado que Dios, entonces Él tiene que quitar eso para que crezcamos espiritualmente.

En el versículo de hoy, Jesús no dijo que debemos odiar a todo el mundo. Más bien quiso decir que si no se ama a Dios hasta el punto de que se esté dispuesto, si fuera necesario, a separarse del padre, de la madre, del cónyuge, de los hijos, del hermano, de la hermana, o incluso de la propia vida, entonces no se le ama sobre todas las cosas. Usted debe decidir hacer la voluntad de Dios ante todo, sin que importe cuánto pueda amar a los demás.

DERECHOS DE AUTOR © 2018 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

De Cristo el Mediador

LOS ESTÁNDARES DE WESTMINSTER

y

La forma de gobierno de Westminster

La confesión de fe, catecismos menor y mayor y la forma de gobierno con citas bíblicas completas

Capítulo Ocho

De Cristo el Mediador

VIII.1 Agradó a Dios en su eterno propósito escoger y ordenar al Señor Jesús, su unigénito Hijo, para ser el Mediador entre Dios y el hombre, el Profeta,164 Sacerdote y Rey,166 la Cabeza y Salvador de su Iglesia, el Heredero de todas las cosas168 y Juez del mundo:a Quien, desde toda la eternidad, Dios le dio un pueblo para ser su simiente;170 y para que en el tiempo lo redimiera, llamara, justificara, santifcara y glorificara.

VIII.2 El Hijo de Dios, la segunda Persona de la Trinidad, siendo verdadero y eterno Dios, de la misma sustancia e igual con el Padre, cuando llegó la plenitud del tiempo, asumió la naturaleza humana, con todas sus propiedades esenciales y con sus flaquezas comunes, pero sin pecado.173 Fue concebido por medio del poder del Espíritu Santo, en el vientre de la virgen María, de la misma sustancia de ella. De tal manera que dos enteras, perfectas y distintas naturalezas, la divina y la humana, fueron unidas inseparablemente en una sola Persona, sin conversión, composición o confusión.175 Dicha Persona es verdadero Dios y verdadero hombre, pero con todo, un solo Cristo, el único Mediador entre Dios y el hombre.

VIII.3 El Señor Jesús, en su naturaleza humana así unida a la divina, fue sobremanera santificado y ungido con el Espíritu Santo, teniendo en sí todos los tesoros de la sabiduría y conocimiento;178 pues agradó al Padre que en él morase toda plenitud, a fin de que, siendo santo, inocente y sin mancha, lleno de gracia y de verdad,180 Él estuviese completamente apto para ejercer el oficio de Mediador y Fiador. Él no tomó este oficio por sí mismo, sino que fue llamado por su Padre para ello,182 quien puso todo poder y juicio en sus manos, y le dio el mandamiento de ejecutar los mismos.

VIII.4 El Señor Jesús emprendió este oficio de muy buena voluntad, y a fin de que lo desempeñase nació bajo la ley,185 y la cumplió perfectamente; padeció inmediatamente los más crueles tormentos en su alma y los más dolorosos sufrimientos en su cuerpo;188 fue crucificado y murió, fue sepultado y permaneció bajo el poder de la muerte pero no vio corrupción.190 Al tercer día resucitó de entre los muertos con el mismo cuerpo en el que sufrió,192 con el cual también ascendió al cielo y allí está sentado a la diestra de su Padre, intercediendo;194 y al fin del mundo retornará para juzgar a los hombres y a los ángeles.

VIII.5 El Señor Jesús, por su perfecta obediencia y sacrificio de sí mismo, el cual ofreció a Dios una sola vez por el eterno Espíritu, ha satisfecho completamente la justicia de su Padre; y ha comprado para todos aquellos que el Padre le había dado, no sólo la reconciliación, sino también una herencia eterna en el reino de los cielos.197

VIII.6 Aunque la obra de redención no fue realmente efectuada por Cristo sino hasta después de su encarnación, sin embargo, la virtud, la eficacia y los beneficios de ella fueron comunicados a los elegidos en todas las épocas sucesivamente desde el comienzo del mundo, en y por aquellas promesas, tipos y sacrificios en los cuales Cristo fue revelado y dado a entender como la simiente de la mujer que había de aplastar la cabeza de la serpiente; y como el Cordero inmolado desde el principio del mundo, siendo el mismo ayer, hoy y por siempre.

VIII.7 En la obra de mediación, Cristo actúa según ambas naturalezas, haciendo por medio de cada naturaleza lo que es propio de cada una. Sin embargo, en razón de la unidad de la persona, aquello que es propio de una naturaleza, algunas veces, en la Escritura se le atribuye a la Persona denominada por la otra naturaleza.200

VIII.8 Cristo aplica y comunica la redención, cierta y eficazmente, a todos aquellos para quienes la ha comprado, intercediendo por ellos,202 y revelándoles los misterios de la salvación en y por la Palabra, persuadiéndolos eficazmente por medio de su Espíritu para creer y obedecer y gobernando sus corazones por medio de su Palabra y de su Espíritu;204 venciendo a todos sus enemigos por medio de su gran poder y sabiduría, de tal manera y forma que concuerdan con su maravillosa e inescrutable dispensación.

Alvarado, A. R. (Trad.). (2010). Los estándares de Westminster y la forma de gobierno de Westminster (pp. 31–37). Guadalupe, Costa Rica; San Juan, Puerto Rico: CLIR; Sola Scriptura.

¿Cómo podemos ser llenos del Espíritu Santo?

MARZO, 07

¿Cómo podemos ser llenos del Espíritu Santo?

Devocional por John Piper

Porque todo lo que fue escrito en tiempos pasados, para nuestra enseñanza se escribió, a fin de que por medio de la paciencia y del consuelo de las Escrituras tengamos esperanza.(Romanos 15:4)

¿Cómo podemos ser llenos del Espíritu Santo? ¿Cómo podemos experimentar un derramamiento del Espíritu Santo en nuestra iglesia que nos llene de gozo indomable y nos libere y nos dé poder para amar a aquellos que están alrededor nuestro de manera tan auténtica que ellos sean ganados para Cristo?

Respuesta: Meditar día y noche sobre las incomparables promesas de Dios, que nos dan esperanza. Como lo dice el versículo más arriba, es de esa manera como Pablo mantenía su corazón lleno de esperanza y gozo y amor.

La plena certeza de la esperanza viene al meditar en las promesas de la Palabra de Dios. Esto no contradice a la oración de ocho versículos después, que dice que el Espíritu Santo nos da esperanza (Romanos 15:13), porque el Espíritu Santo es el autor divino de las Escrituras. No es contradictorio que la manera en que nos llene de esperanza sea llenarnos con su propia palabra de promesa.

La esperanza no es una vaga emoción que viene de cualquier lado (como un dolor de estómago). La esperanza es la confianza en que el estupendo futuro que se nos promete en la Palabra del Espíritu verdaderamente se va a cumplir. Por lo tanto, la manera de ser llenos del Espíritu Santo es ser llenos de su Palabra. La forma de tener el poder del Espíritu es creer las promesas de su Palabra.

Porque es la palabra de la promesa la que nos llena de esperanza, y la esperanza nos llena de gozo, y el gozo rebalsa en el poder y libertad para amar a nuestro prójimo. Y esa es la plenitud del Espíritu Santo.


Devocional tomado del sermón “A Precious Promise: The Outpouring of God’s Spirit”

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

Éxodo 18 | Lucas 21 | Job 36 | 2 Corintios 6

7 MARZO

Éxodo 18 | Lucas 21 | Job 36 | 2 Corintios 6

Una de las visiones más conmovedoras del ministerio apostólico se encuentra en 2 Corintios 6:3–10. No es necesario conocer demasiado sus epístolas para percibir que Pablo no está dispuesto a comprometer el Evangelio. Está más que preparado para soportar las ofensas de la cruz y sobrellevar cualquier inconveniencia o sufrimiento personal con tal de transmitir el mensaje. Escribe: “Por nuestra parte, a nadie damos motivo alguno de tropiezo, para que no se desacredite nuestro servicio” (6:3). Preocupándose por mantener lo que él llama “nuestro servicio”, Pablo no sólo sostiene su reputación personal, sino su credibilidad como embajador de Jesucristo, como siervo de Dios: “Más bien, en todo y con mucha paciencia nos acreditamos como servidores de Dios” (6:4).

Esta última frase podría dar lugar a malinterpretaciones, tanto en la época de Pablo como en la actualidad. Actualmente, que un ministro del Evangelio “se acredite en todo” puede parecer un feo ejercicio de autobombo. Podemos dar rienda suelta a la imaginación y ver cómo el puesto de libros de la iglesia vende camisetas que dicen “me gusta mi pastor Juan”, o escuchar una gran fanfarria cada vez que sube al púlpito. El mundo de Corinto también podía malinterpretar las palabras de Pablo. Había maestros itinerantes que se elogiaban a sí mismos, de forma explícita e implícita, a fin de conseguir estudiantes, lo que mejor sabían hacer.

Sin embargo, los elogios de sí mismo por parte de Pablo dan repentinamente un giro que ni los múltiples maestros de Corinto ni sus equivalentes en la iglesia moderna occidental querrían seguir. El marco en que el apóstol lo hace no tiene nada que ver con el de los personajes mencionados, antiguos o modernos. Pablo y otros siervos de Dios se recomiendan “en sufrimientos, privaciones y angustias; en azotes, cárceles y tumultos; en trabajos pesados, desvelos y hambre” (6:4b–5). ¿Trabajos? Los antiguos maestros pensaban y enseñaban, no trabajaban duro con sus manos. ¿Tumultos? ¡Los apóstoles cristianos deben demostrar que son siervos de Dios con su comportamiento en los tumultos!

Pablo continúa: también deben recomendarse en “pureza, conocimiento, constancia y bondad; en el Espíritu Santo y en amor sincero; con palabras de verdad y con el poder de Dios; con armas de justicia, tanto ofensivas como defensivas” (6:6–7).

Después, se nos habla de la imagen que las personas deben tener de nosotros: los siervos de Dios deben recomendarse “por honra y por deshonra, por mala y por buena fama” (6:8). Sin duda, son auténticos, pero muchos los considerarán impostores. De hecho, Pablo termina su lista con una letanía de sorprendentes paradojas (6:9–10).

Liderazgo cristiano, ¿alguien se atreve?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 66). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La superstición

No sea hallado en ti… quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero… Estas naciones… a agoreros y a adivinos oyen; mas a ti no te ha permitido esto el Señor tu Dios.

Deuteronomio 18:10, 14

La superstición

Hace unos veinte años, en un artículo titulado «El boom de la astrología», se podía leer: «Una de cada dos personas cree en la influencia de los astros». ¿Qué sucede hoy en día? La astrología sigue estando de moda, y el ocultismo suscita mucho interés. Muchas personas buscan ayuda y tratan de encontrar seguridad en el horóscopo, e incluso por medio de videntes.

En varios pasajes de la Biblia Dios repite que aborrece la magia y la adivinación: “No os volváis a los encantadores ni a los adivinos; no los consultéis, contaminándoos con ellos” (Levítico 19:31). “Y la persona que atendiere a encantadores o adivinos… la cortaré de entre su pueblo” (Levítico 20:6). Volvamos a leer los versículos del encabezamiento que nos advierten claramente. El que se interesa en el mundo del ocultismo perjudica su alma y actúa contra la voluntad de Dios.

El futuro de cada persona está en las manos de Dios. Si bien el hombre no conoce de antemano los detalles de su vida, Dios le revela su destino: el juicio y la perdición eterna para el incrédulo; el perdón y la vida eterna para el que cree que Jesús dio su vida por él.

El que cree en Dios y en Jesús, quien lo salvó, puede tener dificultades en su vida cotidiana, pero Dios es para él un “pronto auxilio en las tribulaciones” (Salmo 46:1).

“Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:7).

Éxodo 19 – Hechos 14 – Salmo 31:1-8 – Proverbios 11:3-4

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch