Mansedumbre

16 Marzo 2018

Mansedumbre
por Charles R. Swindoll

Gálatas 5:25
Gálatas 6:2

Ya que vivimos por el Espíritu, sigamos la guía del Espíritu en cada aspecto de nuestra vida. No nos hagamos vanidosos ni nos provoquemos unos a otros ni tengamos envidia unos de otros. Amados hermanos, si otro creyente está dominado por algún pecado, ustedes, que son espirituales, deberían ayudarlo a volver al camino recto con ternura y humildad. Y tengan mucho cuidado de no caer ustedes en la misma tentación. Ayúdense a llevar los unos las cargas de los otros, y obedezcan de esa manera la ley de Cristo. —Gálatas 5:25-6:2

La mansedumbre parece ser una idea ajena al temperamento masculino. El hombre retratado por los medios de comunicación actuales es a menudo un tipo rudo, con la complexión física de un defensa de algún equipo de fútbol americano que conduce un auto deportivo y camina contoneándose. En los anuncios comerciales de cerveza, este hombre vive su vida a su manera. Con las mujeres, es todo un conquistador. En los negocios, un vencedor y hasta tiene una actitud desafiante frente a una rasuradora eléctrica. Si no me cree, pregúntele a los jóvenes quienes consideran un hombre así, su héroe, así de simple.

Ahora bien, debemos entender algo. Un hombre debe ser un hombre. No creo que haya muchas cosas que nos saquen de balance que un hombre que se comporta como una mujer o usa ropa que sugiere feminidad. Vivimos en una época donde el rol de géneros definitivamente se está erosionando.

La verdadera clase de rudeza debiera ser la fortaleza del carácter. Pero a la vez, la mansedumbre es igualmente importante. Es tan importante que Dios la coloca en la lista de las cualidades que deben caracterizar a un cristiano: «Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio» (Gálatas 5:22-23).

La mansedumbre tiene tres compañeros íntimos en el Nuevo Testamento: el amor, la gentileza y la humildad (1 Corintios 4:21; 2 Corintios 10:1; Efesios 4:2). Es más, la mansedumbre es la actitud adecuada para enfrentar tres tareas difíciles: Disciplina en la iglesia, oposición personal y mantenerse abierto a la Palabra de Dios (Gálatas 6:1; 2 Timoteo 2:25; Santiago 1:21).

Recuerde, nuestro objetivo siempre debe ser el equilibrio. No solo parcial, sino todo en conjunto. La firmeza puede causar una imagen fría, distante, intolerante y hasta insoportable. El equilibro nos hace firmes y tiernos… audaces y gentiles, compasivos, considerados y con espíritu enseñable. Tal como Jesús.

La mansedumbre es la actitud adecuada para enfrentar tres tareas difíciles.—Charles R. Swindoll

Adaptado de el libro por Charles R. Swindoll, Responde a Mi Clamor (Worthy Latino, Una división de Worthy Media, Inc., Brentwood, TN, 2014). Copyright © 2018 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Una alternativa

Una alternativa

3/16/2018

No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente. (Romanos 1:16)

Antes de que Dios enviara a su Hijo a la tierra, el plan de Dios era salvar al mundo por medio de Israel; pero Israel fue incrédulo. Se describe su incredulidad en una parábola acerca de un rey que preparó una fiesta de bodas para su hijo y llamó a los convidados (Israel). Cuando los invitados no quisieron ir, algunos por indiferencia y otros por enemistad, el rey dijo a sus siervos: “Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis” (Mt. 22:9). Jesús empleó esa parábola para describir a los israelitas apóstatas, que rechazaron a su Mesías y se perdieron la fiesta planificada para ellos.

Entonces Dios hizo la invitación a otro grupo: los gentiles. Dios escogió a un pequeño grupo de personas reunidas en un monte de Galilea y a otro grupo de discípulos en Jerusalén para evangelizar al mundo perdido. Por medio de ellos haría la obra que la nación de Israel se había negado a hacer, y a nosotros se nos llama a continuar esa obra.

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De la fe salvadora

LOS ESTÁNDARES DE WESTMINSTER

y

La forma de gobierno de Westminster

La confesión de fe, catecismos menor y mayor y la forma de gobierno con citas bíblicas completas

Capítulo Catorce

De la fe salvadora

XIV.1 La gracia de la fe, por medio de la cual los elegidos son capacitados para creer para la salvación de sus almas,es la obra del Espíritu de Cristo en sus corazones,279 y es ordinariamente efectuada por el ministerio de la Palabra. Por la cual también y por la administración de los sacramentos y la oración, la gracia de la fe es incrementada y fortalecida.281

XIV.2 Mediante esta fe el cristiano cree que es verdadero todo lo que está revelado en la Palabra, por la autoridad de Dios mismo que habla en ella; y actúa en forma diferente según lo que contiene cada pasaje en particular, produciendo obediencia a sus mandamientos,283 temblor ante sus amenazas, aceptación de las promesas de Dios para esta vida y para la venidera.285 Pero los principales actos de la fe salvadora son: aceptar, recibir, y descansar solamente en Cristo para la justificación, santificación y vida eterna, en virtud del pacto de gracia.

XIV.3 Esta fe es diferente en grados, o débil o fuerte. Puede ser atacada y debilitada con frecuencia y de muchas maneras, pero obtiene la victoria;288 y en muchos, crece hasta la obtención de una completa seguridad a través de Cristo, quien es el autor y consumador de la fe.290

Alvarado, A. R. (Trad.). (2010). Los estándares de Westminster y la forma de gobierno de Westminster (pp. 51–52). Guadalupe, Costa Rica; San Juan, Puerto Rico: CLIR; Sola Scriptura.

Jesús terminará la misión

MARZO, 16

Jesús terminará la misión

Devocional por John Piper

Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin. (Mateo 24:14)

No conozco ninguna promesa sobre misiones que sea más inspiradora que esas palabras de Jesús.

No dice: este evangelio debería ser predicado.

Tampoco dice: este evangelio podría ser predicado.

Sino que dice: este evangelio será predicado.

No es una gran comisión ni un gran mandamiento. Es una gran certeza con gran seguridad.

¿Quién se atreve a hablar de esa manera? ¿Cómo sabe que así será? ¿Cómo puede estar seguro de que la iglesia no fallará en su tarea misionera?

La respuesta: la gracia de servicio misionero es tan irresistible como la gracia de la regeneración. Cristo puede prometer la proclamación universal porque él es soberano. Él conoce el futuro éxito de las misiones porque él crea el futuro. ¡Todas las naciones escucharán!

Una nación no es un país moderno. Cuando el Antiguo Testamento habla sobre naciones, se refiere a los grupos como los jebuseos, los ferezeos, los heveos, los amorreos, los moabitas, los cananeos y los filisteos. Las naciones son grupos étnicos con su propia cultura peculiar. Salmos 117:1 dice: «Alabad al Señor, naciones todas; alabadle, pueblos todos».

Como soberano Hijo de Dios y Señor de la iglesia, Jesús simplemente tomó este propósito divino y lo declaró como una certeza absoluta: «Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones».

El éxito de la causa de las misiones en el mundo está completamente asegurado. No puede fallar. ¿No es razonable, entonces, que oremos con gran fe, que invirtamos con gran confianza y que vayamos con un sentir de triunfo seguro?


Devocional tomado del articulo “Then the End Will Come”

Éxodo 27 | Juan 6 | Proverbios 3 | Gálatas 2

16 MARZO

Éxodo 27 | Juan 6 | Proverbios 3 | Gálatas 2

Proverbios 3 contiene varios textos muy conocidos. Muchos cristianos han recibido el consejo de no ser sabios en su propia opinión (3:7). El pasaje que asemeja la disciplina de los creyentes por parte del Señor a la que un padre ejerce sobre los hijos que ama (3:11–12) se repite en el Nuevo Testamento (Hebreos 12:5–6). Crecí en un hogar cristiano y en muchas ocasiones me dijeron: “Dichoso el que halla sabiduría, el que adquiere inteligencia… [La sabiduría] es más valiosa que las piedras preciosas: ¡ni lo más deseable se le puede comparar!” (3:13, 15). Sabiduría es el plan de Dios o los medios personificados por los que establece todo el orden creado (3:19–20).

Sin embargo, el más importante debe ser 3:5–6, presente en la pared de muchos hogares y aprendido por innumerables generaciones en la escuela dominical: “Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas”. Obsérvese:

(1) La primera parte de este texto familiar ataca a la independencia como raíz de todo pecado. Nuestro propio entendimiento es insuficiente y frecuentemente sesgado. El único camino correcto es confiar en el Señor. Esta confianza en él no es un subjetivismo etéreo, sino la clase de compromiso total (“de todo corazón”, dice Salomón) que abandona las perspectivas centradas en uno mismo por las del Señor. En el contexto de la religión bíblica, eso significa aprender a conocer cuál es la voluntad de Dios y obedecerla independientemente de que sea o no lo que “está de moda” hacer. Lejos de ser una petición de dirección subjetiva, esta confianza en el Señor implica meditar en su palabra, guardarla en el corazón, aprender a pensar como Dios, precisamente de forma que uno no se apoye en su propio entendimiento. Se exigió a Josué que aprendiese esta lección al principio de su liderazgo (Josué 1:6–9). Los reyes de Israel también debían hacerlo (Deuteronomio 17:18–20), pero raramente cumplían con ello.

(2) El segundo pareado, “Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas”, exige algo más que la aceptación de que Dios existe y lo controla todo en su providencia. Significa que debemos admitir ante él que sus caminos, sus leyes y su carácter moldean nuestras decisiones y dirigen nuestra vida. Reconócelo, pues, en todos los caminos, en todas las dimensiones de la vida, no solo en un pequeño ámbito religioso. La alternativa es renegar de Dios.

Así pues, el segundo pareado es esencialmente análogo al primero. El resultado es una vida recta, dirigida por el propio Dios.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 75). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El alfa y la omega

Viernes 16 Marzo

Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.

Apocalipsis 1:8

Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.

Apocalipsis 22:13

El alfa y la omega

El alfa «Α, α» es la primera letra del alfabeto griego, y la omega «Ω, ω» es la última. Cuando el Señor Jesús dice que es el alfa y la omega, esto significa que él es el origen de la historia de este mundo y que también estará ahí cuando el mundo desaparezca. Habló para crear el universo: este fue constituido “por la palabra de Dios” (Hebreos 11:3). Y cuando el tiempo haya dado paso a la eternidad, hablará otra vez: “Hecho está” (Apocalipsis 21:6).

Hubo un comienzo de las cosas visibles. Estas salieron de la nada gracias a la voz del Todopoderoso. Y también tendrán un fin, para dar lugar a las que hoy no podemos ver debido a nuestra condición humana. Esta creación nueva, eterna, será introducida por la misma voz. Todo el tumulto y la agitación de la historia humana, sus suspiros, sus gritos, sus lágrimas como sus cánticos, se sitúan entre esta alfa y esta omega.

Pero “la palabra del Dios nuestro permanece para siempre” (Isaías 40:8).

La ciencia trata de explicar el pasado. También trata de prever el futuro, pero apenas lo consigue en parte. Solo la santa Escritura, la Biblia, nos muestra nuestro origen y nuestro destino, lo que había antes del principio y lo que habrá cuando termine nuestro universo.

“La palabra del Señor permanece para siempre. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada” (1 Pedro 1:25). No olvidemos indagar lo que dice y escuchar a Aquel que nos creó.

http://labuenasemilla.net/20180316

Éxodo 28 – Hechos 20:1-16 – Salmo 33:16-22 – Proverbios 11:21-22
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