Aproveche la ola

Aproveche la ola

3/25/2018

Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega. (Juan 4:35)

Todos los creyentes deben sentir pasión por los perdidos. John Harper tenía tal pasión. Era un joven pastor en la gran iglesia Moody Memorial de Chicago a principios del siglo XX, pero en 1912 iba de pasajero en el aciago viaje del Titanic.

Cuatro años después, un joven escocés se puso de pie en una reunión y dijo que era sobreviviente de Titanic. Mientras flotaba a la deriva agarrado de un pedazo de madera, se encontró con un hombre que flotaba sobre restos del naufragio. El hombre le pidió al escocés que recibiera a Cristo. El joven escocés se negó. La ola volvió cerca del hombre, y este le preguntó al escocés si aun no era salvo. Poco después, el hombre desapareció en el agua, y el escocés decidió confiar en Cristo como Salvador. Identificó al hombre como John Harper. El joven escocés fue el último convertido de John Harper.

¿Puede ser usted uno de los John Harper de esta generación?

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Satisfechos para siempre

MARZO, 25

Satisfechos para siempre

Devocional por John Piper

Jesús les dijo: Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed. (Juan 6:35)

Este pasaje señala el hecho de que creer en Jesús es alimentarse y beber de todo lo que Jesús es. Abarca tanto como decir que la sed de nuestra alma se satisface con Jesús, de manera que no tenemos más sed.

Él es el fin de nuestra búsqueda de satisfacción.

Cuando confiamos en Jesús de la manera en que Juan quiere que lo hagamos, la presencia y la promesa de Jesús nos satisfacen tanto que ya no estamos dominados por la atracción de los placeres del pecado (ver Romanos 6:14). Esto explica por qué ese tipo de fe en Jesús anula el poder del pecado y hace posible la obediencia.

Juan 4:14 señala en la misma dirección: «pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré se convertirá en él en una fuente de agua que brota para vida eterna». De acuerdo con Juan 6:35, la fe que salva de la que se habla acá es como beber del agua que satisface los deseos más profundos del alma.

Ocurre lo mismo en Juan 7:37-38: «Jesús, puesto en pie, exclamó en alta voz, diciendo: “Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba. El que cree en mí, como ha dicho la Escritura: ‘De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva’”».

A través de la fe, Cristo se convierte en una fuente inagotable de vida dentro de nosotros que nos satisface para siempre y que nos guía al cielo. Esto lo hace enviándonos su Espíritu (Juan 7:38-39).


Devocional tomado del libro “Gracia Venidera”, página 214

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La Cena, memorial de la muerte del Señor

El Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.

1 Corintios 11:23-25

La Cena, memorial de la muerte del Señor

La celebración de la cena es el momento central del culto que rendimos a Dios. Los cristianos tomamos el pan y la copa como recuerdo de la muerte de nuestro Salvador. Participamos con emoción y respeto, como respuesta al deseo expresado por Jesús la noche antes de morir.

Es designada mediante diferentes palabras:

–La cena (1 Corintios 11:20): conmemora la última cena de Cristo con sus discípulos, “la noche que fue entregado”.

–Dar las gracias (1 Corintios 11:24; Mateo 26:27): subraya el aspecto de estar muy agradecidos al Señor por sus sufrimientos y su muerte.

–La comunión (1 Corintios 10:16): hace énfasis sobre la relación de intimidad entre el cristiano y su Señor, así como con todos los cristianos que forman su cuerpo, la Iglesia.

–La mesa del Señor (v. 21): como invitados por el Señor, los creyentes nos sometemos a su autoridad para tomar juntos la cena.

–La copa de bendición (v. 16): cuando dio a sus discípulos una copa, símbolo de su sangre derramada para nuestra bendición, Jesús iba a dar su vida. El creyente recuerda ante Dios el valor de esa sangre.

–El partimiento del pan (Hechos 2:42; 20:7): el pan entero nos recuerda la unidad de la Iglesia, cuerpo de Cristo, y el pan partido entre los creyentes recuerda que el Señor dio su cuerpo por ellos. Los amó hasta la muerte.

Éxodo 37 – Hechos 26:1-18 – Salmo 36:7-12 – Proverbios 12:7-8