La mejor promesa de Dios

MARZO, 21

La mejor promesa de Dios

Devocional por John Piper

El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con Él todas las cosas? (Romanos 8:32)

La promesa de mayor alcance sobre la gracia venidera se encuentra en Romanos 8:32. Para mí, este es el versículo más precioso de la Biblia. Parte de la razón es que la promesa es tan vasta, que está presente para ayudarme en prácticamente cada paso de mi vida y ministerio. Nunca ha habido, ni habrá, una circunstancia en mi vida donde esta promesa sea irrelevante.

Por sí sola, esta promesa tan extensa probablemente no haría que este versículo fuera tan valioso. Hay otras promesas de gran amplitud, como Salmos 84:11: «nada bueno niega [Dios] a los que andan en integridad»; y 1 Corintios 3:21-23: «…todo es vuestro: ya sea Pablo, o Apolos, o Cefas, o el mundo, o la vida, o la muerte, o lo presente, o lo por venir, todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios». Es difícil exagerar la espectacular extensión y alcance de estas promesas.

Pero lo que sitúa a Romanos 8:32 en una categoría única es la lógica que eleva la promesa y hace que sea tan sólida e inamovible como lo es el amor de Dios por su Hijo infinitamente admirable.

Romanos 8:32 contiene un fundamento y una garantía tan fuertes, tan sólidos y tan seguros, que no existe en lo absoluto la posibilidad de que la promesa pudiera ser quebrantada alguna vez. Esto es lo que hace que sea una fortaleza siempre presente en momentos de gran confusión. Sin importar qué ocurra, qué nos decepcione, o qué falle, esta promesa tan extensa de gracia para el futuro nunca puede fallar.

«El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros…». Si esto es verdad, dice la lógica del cielo, ¡entonces Dios ciertamente dará todas las cosas a aquellos por quienes él dio a su Hijo!


Devocional tomado del libro “Gracia Venidera”, páginas 109-110

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El gozo y la tristeza

Miércoles 21 Marzo

 Fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.

1 Corintios 10:13

Si aflige, también se compadece.

Lamentaciones 3:32

El gozo y la tristeza

El apóstol Pablo, encarcelado en Roma debido a su fe, escribió la carta a los filipenses. Desde su celda habló del profundo gozo que sentía en las situaciones más difíciles. Invitó a los creyentes a regocijarse en el Señor siempre(Filipenses 4:4). Escritos por un preso que se hallaba en tales circunstancias, estos consejos toman una importancia especial para el creyente de hoy.

No obstante, en esta carta, el apóstol Pablo también menciona la enfermedad de su amigo Epafrodito. Agradecido reconoce que Dios lo protegió: “Dios tuvo misericordia de él, y no solamente de él, sino también de mí, para que yo no tuviese tristeza sobre tristeza” (cap. 2:27).

Mencionar la tristeza, en una epístola que habla tanto de gozo, ¿no es una contradicción? ¡No! Pablo estaba dispuesto a soportar sin desfallecer una prueba tras otra, pues el Señor era su gozo.

El Señor nos invita a gozarnos siempre en él, pero no por eso espera que seamos insensibles al sufrimiento. Él conoce nuestra sensibilidad, nuestros límites, y nunca los sobrepasa cuando permite sufrimientos en nuestras vidas.

Amigos cristianos, confiemos siempre en la misericordia y en los cuidados de nuestro Dios hacia nosotros y hacia los que nos rodean. Él sabe, pesa y mide todo con sabiduría.

Comprobemos que las dificultades nunca quitan la esperanza, la paz ni el gozo de un cristiano.

Éxodo 33 – Hechos 22:22-23:11 – Salmo 35:9-14 – Proverbios 11:31

Jesús murió por este momento

MARZO, 20

Jesús murió por este momento

Devocional por John Piper

Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. (Gálatas 2:20)

Cuando el despertador sonó a las 4:59 esta mañana, pensé por una fracción de segundo en la completa realidad de la muerte y el presentarme ante un Dios completamente santo, sin nada que me recomiende aparte de mi propia vida.

El horror de este pensamiento solo fue sobrepasado por un flash de la realidad: Cristo Jesús murió por este momento.

Entonces el pensamiento desapareció.

Mi sentir inmediato fue el siguiente: esta es la esencia de lo que ocurre cuando alguien se convierte. Esta es la manera en que una persona descubre que Cristo Jesús es real. Es así como alguien llega a deleitarse en el amor de Cristo. De pronto, por primera vez, llegan a ver con los ojos del corazón y a sentir la realidad innegable de tener que encontrarse con Dios con cargo de culpabilidad.

El impacto de esa visión es devastador. Hace que se den cuenta de que la única esperanza es un Mediador. Parados solos, sin nada para recomendarlos aparte de su propia vida pecaminosa, están completamente perdidos. Si hay alguna esperanza de pasar la eternidad en la presencia de este Dios, necesitaremos un Redentor, un Sustituto, un Salvador.

En este punto de terrible crisis, nada brilla más que el evangelio de Cristo Jesús, «quien me amó y dio su vida por mí». En esa fracción de segundo, antes de que él estuviera ahí, se me concedió ver la oscuridad sobrecogedora y el horror del juicio; no fue una inferencia teológica, ni una conclusión meramente racional, ni un simple pensamiento, sino un vistazo con el ojo interior, con pleno conocimiento y sentimiento y seguridad.

Nuestro Dios es fuego consumidor. Él no verá maldad. Estamos completamente perdidos. Mi culpa fue tan enorme, tan real, tan incuestionable en esa fracción de segundo, que no existe ni la más remota posibilidad de dar excusas. Fue súbito, envolvente, e infinitamente desesperanzador.

En este momento Jesús es lo único que importa. ¡Oh Cristo! ¡Oh Cristo! ¡¿Puede mi corazón contener la oleada de gratitud?! ¡Oh Don de Dios, mi única y desesperada Necesidad!


Devocional tomado del articulo “From a Pastor’s Journal”

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Sacado del pantano

Martes 20 Marzo

El Señor… se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña.

Salmo 40:1-2

Sacado del pantano

http://labuenasemilla.net/20180320

El barro de un pantano es una imagen del pecado en el que incluso un creyente puede caer. Al principio, el camino que conduce al pecado parece sin peligro; es como si caminásemos sobre un prado un poco esponjoso, agradable. Pero a medida que avanzamos, la hierba va desapareciendo y cada vez hay más agua. De repente el pie se hunde un poco, continuamos y nos hundimos más. Al final, a pesar de todos los esfuerzos, no podemos salir. ¡Estamos atascados, y cada esfuerzo para liberarnos agrava la situación! ¡Asustados, nos damos cuenta de que estamos perdidos! Entonces empezamos a pedir ayuda desesperadamente. Pero, ¿habrá alguien que nos escuche?

¿Esta descripción corresponde a su situación moral? ¡Entonces clame a Dios! ¡Solo él puede liberarlo! Cuéntele simplemente su angustia, no trate de embellecer las cosas. Reconozca las faltas que lo condujeron hasta allí, admita que no puede arreglárselas solo y suplique a Dios que lo salve. Él lo perdonará, gracias al amor de Jesús, quien murió en la cruz para salvar a los pecadores, y lo liberará de las cadenas del pecado.

Entonces, gracias a una relación nueva o reanudada con el Señor Jesús, basada en su amor y mediante la fe, tendrá un punto de partida firme, un fundamento para la vida, sólido como una roca.

“Qué roca hay fuera de nuestro Dios? Dios es el que me ciñe de fuerza, y quien despeja mi camino; quien hace mis pies como de ciervas, y me hace estar firme sobre mis alturas” (2 Samuel 22:32-34).

Éxodo 32 – Hechos 21:37-22:21 – Salmo 35:1-8 – Proverbios 11:29-30

Resumen del evangelio en cinco puntos

MARZO, 19

Resumen del evangelio en cinco puntos

Devocional por John Piper

Porque también Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios. (1 Pedro 3:18)

He aquí un resumen del evangelio, para ayudarlos a entenderlo ¡y poder gozarse en él!

1) Dios nos creó para su gloria:

«Trae a mis hijos desde lejos y a mis hijas desde los confines de la tierra, a todo el que es llamado por mi nombre y a quien he creado para mi gloria» (Isaías 43:6-7). Dios nos creó a todos a su propia imagen para que proyectemos esa imagen, o reflejemos su carácter y belleza moral.

2) Todo ser humano debería vivir para la gloria de Dios:

«Entonces, ya sea que comáis, que bebáis, o que hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios» (1 Corintios 10:31). La manera de vivir para la gloria de Dios es amándolo (Mateo 22:37), confiando en él (Romanos 4:20), siéndole agradecidos (Salmos 50:3) y obedeciéndole (Mateo 5:16). Cuando hacemos estas cosas, estamos proyectando la imagen de la gloria de Dios.

3) Todos hemos pecado y ninguno puede alcanzar la gloria de Dios:

«Por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios» (Romanos 3:23). «Pues aunque conocían a Dios, no le honraron como a Dios ni le dieron gracias… y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen» (Romanos 1:21-23). Ninguno de nosotros amó a Dios, ni confió en él, ni le agradeció, ni le obedeció como debía.

4) Todos nosotros merecemos castigo eterno:

«Porque la paga del pecado es muerte (eterna), pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro» (Romanos 6:23). Aquellos que no obedecieron al Señor Jesús «sufrirán el castigo de eterna destrucción, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder» (2 Tesalonicenses 1:9). «Y estos irán al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna» (Mateo 25:46).

5) En su gran misericordia, Dios envió a su único Hijo Cristo Jesús para darle a los pecadores un camino a la vida eterna:

«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3:16). «Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros» (Gálatas 3:13). «Porque también Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios» (1 Pedro 3:18).


Devocional tomado del articulo “Un Resumen del Evangelio para ayudarle a disfrutarlo y para que lo comparta”

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Los escándalos son el signo precursor

Lunes 19 Marzo

http://labuenasemilla.net/20180319

En los postreros días vendrán tiempos peligrosos… habrá hombres amadores de sí mismos… crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores… infatuados.

2 Timoteo 3:1-4

El que es justo, practique la justicia… He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo.

Apocalipsis 22:11-12

Los escándalos son el signo precursor

Un conocido periodista señala la regresión general de valores morales como el trabajo, la valentía, la honestidad y la solidaridad. Le preocupa la vida en sociedad al constatar esa decadencia de todo lo que es imprescindible para hacerla posible y soportable. Y también le preocupa la repentina multiplicación de «escándalos». Lo ve como un signo de esta gangrena que alcanza a todo el cuerpo social. Deporte, política, economía, medios de comunicación… ¡La corrupción, el «dinero sucio» y los diferentes fraudes llegan a todos los sectores!

¿Cuál es el origen y las consecuencias de esta decadencia? La Palabra de Dios nos da la respuesta: “Del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias” (Mateo 15:19); y “el que practica el pecado es del diablo” (1 Juan 3:8). La Biblia precisa que la situación se agravará a tal punto que será casi insoportable. Entonces el mundo recibirá con alivio al hombre fuerte que tratará de poner todo en orden, al precio de una opresión sin precedentes. ¡Pero antes el Señor vendrá a buscar a su Iglesia!

¡La pérdida de pautas morales es el signo precursor de este terrible período de desórdenes y de juicios que empezará para la humanidad! Reconozcamos también que todo ese mal germina en nuestro propio corazón. ¡Confesémoslo a Dios! Aceptemos personalmente su gracia que quiere liberarnos y darnos una vida nueva basada en el sacrificio de Cristo.

Éxodo 31 – Hechos 21:17-36 – Salmo 34:15-22 – Proverbios 11:27-28

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La oveja perdida

La oveja perdida

3/18/2018

Habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento. (Lucas 15:7)

Al principio de la parábola de la oveja perdida, Jesús pregunta: “¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?” (Lc. 15:4). Lo que Jesús quiso decir es que cualquier pastor buscaría una oveja perdida, ya que no se trata solamente del deber, sino también de afecto.

Después de encontrar a la oveja, el pastor en esa parábola fue a su casa e invitó a sus amigos y vecinos para celebrar con ellos. El gozo del pastor era tan grande que tenía que expresarlo.

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El versículo de hoy es la conclusión de esa parábola y una esperanza para los cristianos de hoy. Así como el pastor se regocija por la oveja perdida, nuestro buen pastor se regocija por el pecador arrepentido, por haber encontrado a su oveja perdida.

Por qué debemos asirnos de nuestra esperanza

MARZO, 18

Por qué debemos asirnos de nuestra esperanza

Devocional por John Piper

Por lo cual Dios, deseando mostrar más plenamente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su propósito, interpuso un juramento, a fin de que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, los que hemos buscado refugio seamos grandemente animados para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros.(Hebreos 6:17-18)

Dios no es inconsistente. No se afana con promesas y juramentos y la sangre de su Hijo para simplemente anclar una parte de nuestra seguridad mientras que deja la otra parte colgando en el aire.

La salvación que Jesús obtuvo a través de su sangre era todo lo que se necesitaba para salvar a su pueblo, no solo una parte.

Entonces tendemos a preguntar: ¿por qué el autor de la carta nos alienta a asirnos de nuestra esperanza (versículo 18)? Si el estar asidos de esta esperanza es algo que Cristo obtuvo y que quedó irrevocablemente asegurado a través de la sangre de Jesús, entonces ¿por qué Dios nos dice que nos aferremos?

La respuesta es la siguiente:

  • Lo que Cristo compró para nosotros al morir no es la libertad para no tener que asirnos, sino el poder para hacerlo.
  • Lo que él compró no es la invalidación de nuestra voluntad, como si no tuviéramos que asirnos, sino el fortalecimiento de nuestra voluntad porque queremos asirnos.
  • Lo que compró no es la cancelación del mandamiento de asirse sino el cumplimiento de ese mandamiento.
  • Lo que compró no es el cese de la exhortación, sino el triunfo de la exhortación.

Él murió para que nosotros hagamos exactamente lo que Pablo hizo en Filipenses 3:12: «sigo adelante, a fin de poder alcanzar aquello para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús». No es necedad —es el evangelio— decirle a un pecador que haga lo que solo Cristo puede darle la capacidad para hacer; es decir, tener esperanza en Dios.

Por eso, los exhorto de todo corazón: busquen y alcancen aquello para lo que Cristo los alcanzó, y agárrense de eso con todo el poder que él les da.


Devocional tomado del sermón “Esperanza anclada en el cielo”

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Éxodo 29 | Juan 8 | Proverbios 5 | Gálatas 4

18 MARZO

Éxodo 29 | Juan 8 | Proverbios 5 | Gálatas 4

Proverbios 5 se centra en advertir que no caigamos en la tentación de la adúltera, una advertencia que sigue apareciendo en los primeros capítulos de este libro (por ejemplo, 6:20–35; 7:1–27). Unas veces, parece que se está haciendo referencia a la prostitución; otras, al simple adulterio.

En una época en que la sociedad es extremadamente sensible ante los estereotipos, algunas personas se ofenden porque quien tienta es invariablemente la mujer. En el mundo real, ¿no es también el hombre quien lo hace, el adúltero?

Podemos decir muchas cosas, pero bastarán cuatro breves reflexiones. (a) El autor advierte contra la adúltera porque se está dirigiendo a su “hijo” (5:1), siguiendo la estructura fundamental del género (1:8; véase la meditación del 15 de marzo). (b) Incluso así, el “hijo” que tiene relaciones con la adúltera no está libre de culpa. El hijo errante de este capítulo se presenta como algo más que una víctima. Es aquel que “aborrece la corrección” y cuyo corazón “desprecia la disciplina” (5:12). De él se dice: “Al malvado lo atrapan sus malas obras; las cuerdas de su pecado lo aprisionan” (5:22). Es culpable de “gran insensatez” (5:23). (c) En este libro, tanto la sabiduría como la necedad se personifican más adelante como mujeres (Proverbios 9; véase la meditación del 22 de marzo). En otras palabras, no existe una relación unívoca entre las mujeres y el mal. Tanto los hombres como las mujeres son malos. Se insta a todos ellos a buscar la “sabiduría”. (d) En cualquier caso, en muchos pasajes de las Escrituras la culpa de las malas conductas sexuales recae principalmente sobre los hombres, como en el caso de la aventura de Judá con Tamar, Amnón violando a su hermanastra o David seduciendo a Betsabé.

El adulterio en sí mismo es indebido, necio, pecaminoso, efímero o desobediente; no solo la adúltera. El capítulo expone advertencias, pero también ofrece una alternativa: un matrimonio amado, desarrollado, alimentado, especialmente en el ámbito sexual (5:18–19). No obstante, más allá de todas las razones inmediatas y culturales que defienden la fidelidad sexual en el matrimonio existe una de importancia trascendental: “Nuestros caminos están a la vista del Señor; él examina todas nuestras sendas” (5:21). Por supuesto, en las Escrituras encontramos varios versículos parecidos, por ejemplo: “Ninguna cosa creada escapa a la vista de Dios. Todo está al descubierto, expuesto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas” (Hebreos 4:13). Sin embargo, en el contexto de la literatura de sabiduría, hay un matiz adicional. No se trata solo de que Dios lo ve todo, incluyendo cualquier mala conducta, sino de que debemos agradarle con sabiduría, la de vivir a su manera en su universo.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 77). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Descubrí a un Dios de perdón

Tú eres Dios que perdonas, clemente y piadoso, tardo para la ira, y grande en misericordia.

Nehemías 9:17

Descubrí a un Dios de perdón

«Nací en Vevey (Suiza), en una familia cristiana. Crecí siendo consciente de que Dios existe. Sin embargo, no lo conocía realmente. Los numerosos sermones que oía y los libros que leía penetraban en mi cabeza pero rara vez llegaban a mi corazón. Todo esto me llevó a tener una vida de muchas reglas y costumbres religiosas sin significado real.

En mis estudios obtuve buenos resultados y decidí hacer la carrera de administración de empresas. ¡Todo parecía ir sobre ruedas, pero mi corazón seguía desesperadamente vacío!

Un día conocí a un hombre que tenía todo para lograr éxito en el mundo profesional, pero que había dejado todo para ayudar a los demás. Visitaba a los enfermos, a las personas que sufrían… ¿Por qué su ejemplo me llamaba tanto la atención?

En aquella época también conocí a la mujer que llegaría a ser mi esposa. Ella me hizo preguntas sobre mi relación con Dios. Me preguntó quién era ese Jesús de quien hablaba. ¿Por qué había muerto? ¿Cómo había resucitado? ¿Por qué nos ama? Durante varias semanas leímos la Biblia y debatimos. El amor de Jesús tocó su corazón. Ella aceptó al Señor Jesús como su Salvador. Entonces empezó una nueva vida para ella… y para mí también. Esas conversaciones y preguntas trabajaron en mí, de manera que a medida que los meses iban pasando, mi corazón se ablandó. En lugar de ver a un Dios de reglas y leyes, descubrí a un Dios de amor y de perdón. Por fin comprendí que Jesucristo no solo había muerto por mí, sino que también deseaba transformar mi vida».

Marc

Éxodo 30 – Hechos 21:1-16 – Salmo 34:7-14 – Proverbios 11:25-26

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