LA CONFESIÓN DE JOB

Octubre 1

LA CONFESIÓN DE JOB

Yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía.

Job 42:3

En los momentos difíciles de nuestra vida, Dios puede parecer esquivo o desinteresado en nuestra difícil situación. Se debe a que nuestras emociones humanas pueden dañar la confianza en la verdad de Dios, y podemos llegar a creer que no hay ningún resultado deseable para nuestra situación actual.

Sin embargo, Job nos muestra que con resistencia y paciencia podemos aprender cualquier lección que Dios quiere que aprendamos. Fue esa misma confianza la que hizo que glorificara a Dios al terminar su tiempo de sufrimiento: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza” (Job 42:5-6).

Como resultado de la paciencia y la confianza constantes durante su larga prueba, Job alcanzó un nuevo conocimiento de su Dios soberano y una mayor seguridad de las alegrías de ser tratado como uno de sus hijos.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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Otra Vasija

Otra Vasija

“Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla” (Jer. 18:4).

Dios tomó la figura del alfarero para enseñar una alentadora lección. La vasija que en sus manos estaba moldeando, es una comparación con los creyentes. Es Dios mismo que dice: “He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano”. La primera porción de aliento es que cada uno de nosotros estamos en la mano del Salvador. Él mismo dijo: “yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano” (Jn. 10:29). El Padre celestial ha determinado que todos sus hijos seamos conformados a la imagen de Jesús (Ro. 8:29). Esta operación la está realizando el Espíritu Santo, reproduciendo en nosotros el modelo de vaso perfecto que es el Señor.

«La primera porción de aliento es que cada uno de nosotros estamos en la mano del Salvador.»

Está trabajando para hacer de cada uno de nosotros una vasija con características excepcionales: Tiene el atractivo del amor, como el de Cristo, que se manifiesta en toda ocasión; en el hogar; entre hermanos; hacia el mundo que se pierde. Además Dios desea que estemos llenos de gozo, el profundo sentimiento que brota de una vida de comunión y descanso en Dios. Añade también la serena tranquilidad ante la vida, que es el resultado de la experiencia de paz. Quiere que la vasija sea capaz de resistir cualquier embate, por eso le da la paciencia, para soportar las afrentas y sufrir sin rencor vengativo. Añade Dios la benignidad, el elemento que nos hace útiles y serviciales. También genera la bondad, expresión de un carácter noble, capaz de perdonar. Además está la fe, más bien la fidelidad que hace que nuestra vida se ajuste a la fe que declaramos. Un elemento más es la mansedumbre, disposición a ceder los derechos a favor de los demás, sometiéndonos a la voluntad de Dios. Finalmente añade un último componente, la templanza, que nos hace ser capaces de controlarnos a nosotros mismos y vivir en santidad.

Por la razón que sea, tal vez mi vida pueda inutilizarse; el vaso que soy yo se echa a perder; no adopto la forma que el Alfarero celestial quiere darme. Es posible que algún fracaso moral agriete mi existencia; acaso una desorientación espiritual me está haciendo inútil para Dios; tal vez he faltado en las relaciones familiares; o es posible que esté desalentado porque no tengo resuelto mis problemas espirituales. Estoy desalentado y desanimado. Me doy cuenta que he fallado a Dios. Pero, el aliento divino viene en mi ayuda. La vasija quebrada sigue en la mano del alfarero. Él no se cansa e inicia de nuevo el trabajo en mí. Él no arregla los defectos, hace algo mucho más admirable: “volvió y la hizo otra vasija”. Dios no quiere que mi vida sea parcialmente triunfante, busca un triunfo completo. Su propósito se cumple inexorablemente: “…el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús”.

«La vasija quebrada sigue en la mano del alfarero. Él no se cansa e inicia de nuevo el trabajo en mí.»

El secreto para ser un vaso útil para Dios, provechoso para el mundo, y satisfactorio para mí mismo, consiste en permitir que el Espíritu haga en mí el cambio que necesito. Debo permitir que Él lo haga; que me quebrante; que me moldee; que me transforme. No habrá nada que pueda impedir que sea cada vez más semejante a Jesús. Señor, que no impida tu obra, cámbiame, renuévame, pero, por favor, no permitas que me haga inútil para tu obra.

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Pastor

1 OCTUBRE

Donald Carson

1 Reyes 3 | Efesios 1 | Ezequiel 34 | Salmos 83–84

“Pastor” era una metáfora habitual para “rey” en el antiguo Oriente Próximo, en particular en el Antiguo Testamento (cp. Isaías 44:28; Jeremías 10:21; 23:1–6; Miqueas 5:4, 5; Zacarías 11:4–17). El pastor no sólo cuidaba y alimentaba a las ovejas, sino que las dirigía, les daba atención médica y las defendía de sus enemigos. Sin duda, era una excelente metáfora a aplicar a los monarcas que podían verse tentados a pensar en su llamamiento en términos de poder y privilegio, pero no de responsabilidad. En cambio, cuando David confiesa que el Señor es su pastor (Salmo 23:1), la metáfora incluye la noción de que Dios es rey. Las ovejas pasan debajo de la vara (Salmo 23:4, la misma palabra empleada para el cetro real).

El capítulo (Ezequiel 34) comienza con una dura denuncia de los pastores que han estado dirigiendo a Israel (34:1–10). Las acusaciones son básicamente dos: (a) han estado esquilando a las ovejas con avaricia, explotando al rebaño para estar cómodos y enriquecerse, y no alimentando ni cuidando a los ejemplares confiados a ellos (34:2–4). (b) Lejos de proteger a las ovejas manteniéndolas en un solo rebaño, la conducta de los pastores las ha “dispersado” (34:5–6), un término que indica el exilio. Así pues, Dios garantizará que esos pastores falsos y peligrosos nunca más se hagan cargo de las ovejas (34:7–10). Es difícil no percibir en estas líneas la desaparición de la dinastía davídica tal como esta se entendía entonces, junto al sacerdocio levítico.

Lo que Dios pondrá en su lugar es a sí mismo. Vendrá a pastorear a sus ovejas. Leamos estas líneas conmovedoras del versículo 16 en adelante y contemos las veces que Dios habla en primera persona de las cosas que hará. No solo protegerá al rebaño (34:10–16), sino que también ejercerá el juicio dentro del mismo (34:17–22), porque inevitablemente algunas ovejas son corruptas o acosadoras. El rebaño no sólo se limpiará de sus avariciosos líderes, sino también de sus malvados miembros, en particular las ovejas “gordas” que no dejan que las demás disfruten de la abundancia.

De repente, el lenguaje cambia. Dios ha estado declarando en todo momento que él mismo pastoreará a su rebaño. Ahora dice: “Entonces les daré un pastor, mi siervo David, que las apacentará y será su único pastor. Yo, el Señor, seré su Dios, y mi siervo David será su príncipe. Yo, el Señor, lo he dicho” (34:23–24). De hecho, la reforma prometida traerá un nuevo pacto transformador (34:25–31), que será eficaz (esto es lo que “pacto de paz” sugiere).

¿Un pastor transformador que es al mismo tiempo Jehová y alguien del linaje de David? Meditemos sobre Juan 10.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 274). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Nuestra vida es como una rueda que va en sentido único

Lunes 1 Octubre

¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Marcos 8:36-37

Que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor…

Filipenses 1:9-10

Nuestra vida es como una rueda que va en sentido único

Si usted anunciara una conferencia sobre el tema «Cómo vivir bien», sus auditores esperarían que hablase sobre dietética, deporte o higiene de vida. Muy pocos pensarían en temas como la fidelidad, la honestidad, la generosidad, y mucho menos en el respeto a Dios y a su voluntad. Nuestra época invirtió los valores y presenta como imperativo cosas que no lo son realmente, y como obsoleto lo que es fundamental.

Sin embargo, es vital saber vivir bien, a la manera de Dios. Nuestra vida es similar a una rueda que va en sentido único, que no vuelve atrás. Necesitamos, pues, encontrar la buena dirección; aún mejor, dejarnos guiar por Dios mismo, y cesar de correr tras objetivos estériles.

Jesús vino a la tierra para darnos a conocer el camino de la verdadera vida. Dios nos traza ese camino en su Palabra, la Biblia. El Creador sabe lo que es mejor para nosotros en todos los ámbitos: psíquico, físico y espiritual. Si escudriñamos su Palabra y la ponemos en práctica, tendremos una vida abundante, mucho más rica que si hubiésemos invertido en valores terrenales.

El origen de esta vida fecunda es Dios Padre y su Hijo Jesucristo, quien vino a la tierra para salvarnos. Esta vida es dada a todo el que cree en Jesús. Él mismo proclamó en alta voz: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7:37-38).

Amós 3-4 – Tito 2 – Salmo 109:1-5 – Proverbios 24:13-14

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