EL LOGRO DE UNA MENTE COMPRENSIVA

Octubre 14

EL LOGRO DE UNA MENTE COMPRENSIVA

Sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.

Santiago 1:3

Nunca dude que las pruebas lograrán algo positivo. Están destinadas a producir “paciencia” o, mejor traducido, “resistencia” o “perseverancia”. Con cada prueba forjamos la tenacidad de espíritu que resiste bajo presión mientras esperamos con paciencia que Dios quite la prueba a su debido tiempo y entonces nos recompensa. Eso nos fortalece a medida que obtenemos más resistencia.

Dios nos edifica de la misma manera que un corredor va desarrollando poco a poco la capacidad de correr largas distancias. Él comienza por lo más insignificante y va aumentando hasta la capacidad máxima. Dios permite mayores pruebas en nuestra vida a fin de aumentar nuestra resistencia para un mayor servicio y gozo, ya que cuanto más difícil la batalla, tanto más grata la victoria. Cuando usted sale de una prueba difícil, puede regocijarse por la liberación que Dios le ha dado. Eso prueba que se puede confiar en Él, y eso fortalece su fe.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, www.portavoz.com

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¿Es Jesús Dios? ¿Alguna vez Jesús afirmó ser Dios?

¿Es Jesús Dios? ¿Alguna vez Jesús afirmó ser Dios?

En la Biblia, no hay un registro de Jesús diciendo las palabras precisas, «Yo soy Dios». Sin embargo, eso no significa que Él no proclamó ser Dios. Tome, por ejemplo las palabras de Jesús en Juan 10:30, «Yo y el Padre uno somos». A simple vista, esto no parecería ser una afirmación de ser Dios. Sin embargo, escuche la reacción de los judíos a Su declaración, «Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios» (Juan 10:33). Los judíos entendieron la declaración de Jesús al afirmar ser Dios. En los versículos siguientes, Jesús nunca los corrige diciéndoles, «Yo no afirmé ser Dios». Eso indica que Jesús realmente estaba diciendo que era Dios al declarar, «Yo y el Padre uno somos» (Juan 10:30). Juan 8:58 es otro ejemplo. Jesús les dijo «De cierto, de cierto os digo: antes que Abraham fuese, yo soy». La respuesta de los judíos que escucharon esta declaración fue tomar piedras para matarlo por blasfemia, así como la ley de Moisés les ordenaba hacerlo (Levítico 24:15).

Juan 1:1 dice que «El Verbo era Dios». Juan 1:14 dice que «Aquel Verbo fue hecho carne». Esto indica claramente que Jesús es Dios en la carne. Hechos 20:28 nos dice, «… para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre». ¿Quién compró la iglesia con Su propia sangre? Jesucristo. Hechos 20:28 declara que Dios compró Su iglesia con Su propia sangre. ¡Por tanto, Jesús es Dios!

Con respecto a Jesús, Tomás el discípulo declaró, «Señor mío, y Dios mío» (Juan 20:28). Jesús no lo corrigió. Tito 2:13 nos anima a esperar la venida de nuestro Dios y Salvador – Jesucristo (vea también 2ª Pedro 1:1). En Hebreos 1:8, el Padre declara de Jesús, «Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; cetro de equidad es el cetro de tu reino». El Padre se refiere a Jesús como «Oh Dios» indicando que Jesús es verdaderamente Dios.

En Apocalipsis, un ángel ordenó al apóstol Juan adorar solamente a Dios (Apocalipsis 19:10). En algunas ocasiones en la escritura, Jesús recibe adoración (Mateo 2:11; 14:33; 28:9,17; Lucas 24:52; Juan 9:38). El nunca reprendió a la gente por adorarle. Si Jesús no fuera Dios, Él le hubiera dicho a la gente que no le adoraran, justamente como lo hizo el ángel en Apocalipsis. Hay muchos otros versículos y pasajes de la escritura que argumentan en favor de la deidad de Jesús.

La razón más importante para decir que Jesús tiene que ser Dios, es que si Él no es Dios, Su muerte no habría sido suficiente para pagar el castigo por los pecados de todo el mundo (1ª Juan 2:2). Un ser creado, que Jesús sería si no fuera Dios, no podría pagar la pena infinita requerida por el pecado contra un Dios infinito. Solamente Dios pudo pagar tal penalidad infinita. Solamente Dios pudo tomar los pecados del mundo (2ª Corintios 5:21), morir, y resucitar — probando Su victoria sobre el pecado y la muerte.

Usado con permiso del Ministerio Got Questions

Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados

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1 Reyes 17 | Colosenses 4 | Ezequiel 47 | Salmo 103

14 OCTUBRE

1 Reyes 17 | Colosenses 4 | Ezequiel 47 | Salmo 103

Uno de los salmos más hermosos es el Salmo 103. Reflexioné sobre él en el volumen 1 (meditación del 11 de junio). Aquí me gustaría volver a algunos de los temas que trata:

(1) El Señor es clemente y compasivo, lento para la ira y grande en amor (103:8). Esta verdad se suele expresar con frecuencia en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, cuando el Señor pasa por delante de Moisés, mientras este se esconde en una hendidura de la roca, entona: “El Señor, el Señor, Dios clemente y compasivo, lento para la ira y grande en amor y fidelidad…” (Éxodo 34:6). Con todo, esta no es la impresión que muchos lectores del Antiguo Testamento tienen de Dios. De alguna manera, creen que es “de mecha corta”, siempre a punto de estallar y barrer una nación o dos. ¿Por qué lo ven así?

Probablemente se deba, en parte, a que no leen el Antiguo Testamento con precisión. O tal vez lo hagan de forma impresionada: están todos esos pasajes en los profetas, donde el Señor amenaza con juicio, y pueden dejar un sabor agrio y un olor a azufre. ¿Pero, acaso no deberíamos ver la misericordia del Señor en ellos? Retrasa el juicio pudiendo posponerlo durante años o incluso décadas. En cuanto ve las primeras señales de arrepentimiento genuino, se aparta de la ira, porque el Señor es “lento para la ira y grande en amor”. La estricta justicia sería inmediata, ¡algo fácil para la omnisciencia! La verdad es que Dios “No nos trata conforme a nuestros pecados ni nos paga según nuestras maldades” (103:10).

(2) “Tan compasivo es el Señor con los que le temen como lo es un padre con sus hijos. Él conoce nuestra condición; sabe que somos de barro (103:13–14). Se diría que Dios busca razones para tener tanta paciencia como le sea posible. Pero también es cierto que un padre humano será mucho más compasivo y paciente con un hijo o una hija que le “tema” y que lo respete básicamente. En ese caso, cualquier confusión, fracaso o fallo se tratará, probablemente, con mayor paciencia que la conducta del hijo o la hija que es del todo anárquica. En cualquier caso, este Padre celestial nos conoce mejor que nosotros mismos. ¿Quién más capacitado que él puede decirnos de qué estamos hechos?

(3) En nuestra culpa ante un Dios santo, lo que más necesitamos es el perdón de todos nuestros pecados (103:3), que sean alejados: “Tan lejos de nosotros echó nuestras transgresiones como lejos del oriente está el occidente” (103:12). Con esta seguridad, todas las demás bendiciones que merezcan la pena serán un día nuestras; sin el perdón de los pecados, cualquier otra bendición que hayamos recibido es peor que inútil: puede ser decepcionante.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 287). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Es el humanismo la respuesta?

¿Es el humanismo la respuesta?

Samuel Pérez Millos

Es pastor en la Iglesia Evangélica Unida de la ciudad de Vigo, España, desde el 26 de septiembre de 1981.
-Cursó los estudios de Licenciatura en Teología, en el Instituto Bíblico Evangélico, graduándose el 10 de junio de 1975.
-Master en Cristología y Espiritualidad Trinitaria.
-Autor de más de 45 libros de teología, comentarios bíblicos y vida cristiana.
-Actualmente está produciendo el Comentario Exegético al Texto Griego del Nuevo Testamento, obra en veinte volúmenes, (ver apartado Literatura).
-Colaborador en programas de Radio y Televisión, tanto en España como en Hispanoamérica.
-En el Ministerio Exterior es conferenciante en distintos países de Europa, Hispanoamérica, Estados Unidos y Australia.
-Profesor en el Instituto Bíblico “Escrituras” (AA.HH.), profesor en la Escuela Evangélica de Teología (Fieide), profesor en la Facultad Internacional de Teología (IBSTE) de Barcelona.

https://unidavigo.es/

Las heridas de sus manos

Domingo 14 Octubre

Le preguntarán: ¿Qué heridas son estas en tus manos? Y él responderá: Con ellas fui herido en casa de mis amigos.

Zacarías 13:6

Vino Jesús, y puesto en medio (de los discípulos), les djo: Paz a vosotros. Y les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor.

Juan 20:19-20

Las heridas de sus manos

Cuatro siglos antes de la venida de Jesús a la tierra, el profeta Zacarías había anunciado que un día se le preguntaría al Cristo: “¿Qué heridas son estas en tus manos?”. Esta profecía todavía no se ha cumplido, pero se cumplirá cuando los creyentes en Israel tomen conciencia de que el Mesías que están esperando es el Señor Jesús, aquel a quien sus antepasados crucificaron. Con tristeza reconocerán que ellos mismos son esos “amigos” en cuya casa el Mesías fue herido. Comprenderán que esas cicatrices imborrables son la prueba del amor de Dios hacia ellos. El Señor les hablará y ellos serán inducidos a arrepentirse, pero también a adorar. Se gozarán como los discípulos de Jesús que “se regocijaron” al verle.

Este encuentro con su pueblo arrepentido es todavía futuro. Pero hoy, cuando los cristianos se reúnen el domingo alrededor del Señor para celebrar el memorial de su muerte, Jesús está espiritualmente ahí, en medio de ellos (Mateo 18:20). En cierto modo, Jesús les muestra las cicatrices de sus manos y sus pies, marcas de la crucifixión. Les presenta el pan y la copa como recuerdo de sus sufrimientos y de su vida ofrecida en sacrificio por sus pecados.

Estas cosas tocan profundamente nuestro corazón y nos llevan a darle las gracias, a alabarlo y adorarlo: “Todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga” (1 Corintios 11:26).

Deuteronomio 8 – Juan 6:1-21 – Salmo 117 – Proverbios 25:11

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