PURA Y SIMPLE OPOSICIÓN

PURA Y SIMPLE OPOSICIÓN

Charles R. Swindoll

11 de octubre, 2018

Proverbios 1

Como pastor, me asombra la diferencia que existe entre los cristianos en lo que respecta a aceptar instrucciones. Algunos parecen no querer aprender nunca. Muchos creyentes se mantienen conscientes de la dirección de Dios y se someten a su voluntad. También hay muchos seguidores de Cristo que van a la iglesia, pero persisten en aprender de la manera difícil. Están expuestos a las mismas enseñanzas año tras año, pero la sabiduría parece no impregnarse en sus vidas. Para ellos, las muchas advertencias de su familia y amigos pasan desapercibidas. Algunos roces con el desastre no alteran su curso de acción. Y cuando están sufriendo las consecuencias del pecado, comúnmente se preguntan: «¿Por qué me sucede esto? ¿Por qué estoy sufriendo?»

La Escritura me muestra tres tipos de personas y de ellos descubro que tienen un problema en común: son personas de oposición: se oponen a la instrucción de Dios. Esta clase de rebeldes viene en tres variedades, cada una de ellas fue descrita en los proverbios de los sabios y de Salomón. Examinaremos cada uno de estos tres tipos de personas en los siguientes días.

Los de «mente simple»

El sustantivo hebreo peti se basa en un verbo que significa «ser abierto, amplio o espacioso». Conlleva la idea de ser completamente abierto, sin ningún discernimiento, incapaz o sin ninguna disposición de distinguir entre la verdad y la falsedad, de ser fácilmente encaminado hacia el error y de ser atrapado fácilmente. Esta persona es una presa fácil del engaño. Los ingenuos son susceptibles a la maldad y cualquier opinión fácilmente influye en ellos. Usualmente no pueden enfrentar las complejidades de la vida, especialmente si la situación requiere mucho esfuerzo mental.

En la cultura hebrea, se espera que los niños sean ingenuos. Ellos no tienen educación, experiencia ni capacitación para discernir. Por lo tanto, los padres tienen la actividad sagrada de proteger a sus hijos del engaño y capacitarlos para la edad adulta. Son muy pocas las personas que toleran a los adultos ingenuos. Con excepción de la incapacidad mental, aquellos adultos que se mantienen ingenuos por elección merecen sufrir las consecuencias de su ingenuidad.

Al leer Proverbios, encuentro varios rasgos de una persona ingenua:

No son sensibles al peligro ni a la maldad:

Mirando yo por la ventana de mi casa, por entre mi celosía, vi entre los ingenuos y observé entre los jóvenes a uno falto de entendimiento. Él pasaba por la plaza, cerca de la esquina, y caminaba en dirección a la casa de ella. Era al anochecer; ya oscurecía. Sucedió en medio de la noche y en la oscuridad. En seguida se va tras ella, cómo va el buey al matadero, como un cordero al que lo ata; va como un venado (Proverbios 7:6-922).

No ven ni consideran las consecuencias de sus decisiones:

«¡Si alguno es ingenuo, que venga acá!». Y a los faltos de entendimiento dice: «Las aguas hurtadas son dulces y el pan comido en oculto es delicioso». No saben ellos que allí están los muertos, que sus invitados están en lo profundo del Seol (Proverbios 9:16-18).

Lo creen todo; les falta discernimiento:

El ingenuo todo lo cree, pero el sagaz considera sus pasos (Proverbios 14:15).

Nunca aprenden; vuelven a caer en el mismo error una y otra vez:

El prudente ve el mal y se esconde, pero los ingenuos pasan y reciben el daño(Proverbios 22:3).

Reflexión

Hay un viejo dicho que dice: «Si te burlas de mí una vez, la vergüenza es para ti; si te burlas de mi dos veces, la vergüenza es para mí». ¿Qué tan bien aprende de sus errores? ¿Puede ver la conexión entre sus decisiones y las consecuencias de esas decisiones? La meta no es condenarse a sí mismo, sino más bien un examen cuidadoso de aquel sufrimiento pasado que le dará una responsabilidad personal. ¿Tiene esta disciplina de madurez?

Adaptado del libro, Viviendo los Proverbios  (Editorial Mundo Hispano, 2014). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2018 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Tomado de: visionparavivir.org  

Disponible sobre el Internet en: https://visionparavivir.org/

Dios quiere una confesión sincera

Jueves 11 Octubre

Dios le dijo (a Adán)… ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.

Génesis 3:11-12

Dios quiere una confesión sincera

La única respuesta correcta de Adán a la pregunta de Dios hubiese sido un sencillo «sí». Pero en vez de ello trató de eludir su responsabilidad, y solo al final de su respuesta reconoció lo que había hecho. Primero dijo: “La mujer que me diste por compañera”; le echó la culpa a Dios. Todavía hoy recurrimos a ese tipo de excusas. ¿Dónde estaba Dios?, nos preguntamos evocando guerras, actos de terrorismo, crímenes… No decimos que estas cosas suceden precisamente porque el hombre se ha alejado de Dios.

Luego Adán añadió: ella “me dio”. A veces echamos sobre los demás la responsabilidad de una falta: Fue ella la que empezó, o fue él quien me persuadió de hacer eso.

Y tal vez, para justificarnos al menos en parte, resaltemos las circunstancias atenuantes. Finalmente, si no podemos echar la culpa a Dios, ni a otras personas, ni a las circunstancias difíciles, tratamos de banalizar el caso: después de todo no era tan grave.

Retengamos el ejemplo del rey David quien, convencido de su pecado, dijo sinceramente: “Pequé contra el Señor” (2 Samuel 12:13). También fue hasta el origen del mal y reconoció que el pecado provenía de su propio corazón.

Si, como David, confesamos nuestra falta sinceramente, Dios “es fiel y justo para perdonar nuestros pecados” (1 Juan 1:9).

“Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones al Señor; y tú perdonaste la maldad de mi pecado” (Salmo 32:5).

Deuteronomio 5 – Juan 4:31-54 – Salmo 115:9-18 – Proverbios 25:4-5

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

TENGAMOS ESPERANZA

Octubre 10


TENGAMOS ESPERANZA

Esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado. 1 Pedro 1:13

Usted ha oído muchos sermones y ha visto muchos libros acerca del amor y de la fe, pero ¿ha oído alguna vez un mensaje o ha leído un libro acerca de la esperanza? Por alguna razón, a veces pasamos por alto la esperanza. La esperanza es algo que falta en la experiencia cristiana de nuestra cultura. No vivimos con esperanza sobre todo porque nos concentramos demasiado en nuestras circunstancias actuales.

¿Qué es la esperanza? Es la actitud del cristiano en cuanto al futuro. La esperanza en su naturaleza intrínseca es como la fe. Ambas tienen la confianza, o una creencia en Dios, como su punto central, pero hay una diferencia entre ellas. Fe es creer en Dios en el presente, y esperanza es creer en Dios para el futuro. La fe cree en Dios por lo que ha hecho, y la esperanza cree en Dios por lo que hará.

Ponga su esperanza en Él y viva esperando el glorioso cumplimiento de su promesa futura.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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¿Cuál es el peligro o la consecuencia del pecado sin confesar?

¿Cuál es el peligro o la consecuencia del pecado sin confesar?

1 Juan 1:9 dice, «Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad». Este versículo está escrito para los cristianos y depende de la palabra si. Dios ofrece perdón absoluto para cada pecado que sus hijos cometen, siempre y cuando se lo confesemos. La palabra confesar implica estar de acuerdo con Dios sobre lo mal de nuestro pecado. El arrepentimiento o el apartarnos de él, es parte de esa confesión. Para aquellos que no han sido perdonados por la sangre de Jesús, todo pecado es pecado no confesado y no ha sido perdonado. El castigo eterno está esperando a aquellos que se niegan a arrepentirse de su pecado y a aceptar el sacrificio de Jesús (2 Tesalonicenses 1:8-9; Juan 3:15-18). Pero ¿qué pasa con un cristiano con un pecado que no ha sido confesado?

De acuerdo a las escrituras, todos nuestros pecados se fueron cancelados cuando aceptamos el sacrificio de Jesús a favor nuestro. 2 Corintios 5:21 dice, Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios». Cuando hacemos ese intercambio divino en la cruz, Dios escoge vernos como justos. No es nuestra justicia sino la justicia de Cristo que Dios ve (Tito 3:5). Él intercambia las cuentas con nosotros: cambia nuestro récord manchado por su récord perfecto. Desde ese momento, tenemos la plena aprobación y aceptación de Dios.

Pero ¿qué sucede cuando pecamos después de haber recibido ese récord perfecto? Imagínese de pie junto a una ventana del sur en un frío día de invierno. El aire es helado, pero el sol brilla a través de la ventana. Usted se empieza a calentar y disfruta de su resplandor. Luego, cierra la cortina. Al instante, el calor se detiene. ¿Es porque el sol ha dejado de brillar? No, es porque algo se ha interpuesto entre usted y el sol. En el momento en que abra la cortina, el sol puede calentarlo de nuevo. Pero todo depende de usted. La barrera está en el interior de la casa, y no afuera.

El pecado sin confesar funciona como la cortina. Dios se deleita en sus hijos (Salmo 37:23; Romanos 8:38-39). Él desea bendecirnos, tener comunión con nosotros, y derramar su bondad sobre nosotros (Salmo 84:11; 115:13; 1 Samuel 2:30). Él quiere que nosotros disfrutemos de la calidez de su sonrisa. Pero cuando elegimos pecar, levantamos una barrera entre nosotros y nuestro padre santo. Cerramos la cortina de comunión con él y empezamos a sentir el frío de la soledad espiritual. Muchas veces, airadamente acusamos a Dios de abandonarnos, cuando la realidad es que nosotros lo hemos dejado. Cuando obstinadamente nos negamos a arrepentirnos, vamos a ser disciplinados por nuestro padre amoroso (Hebreos 12:7-11). La disciplina del señor puede ser grave, llegando incluso a la muerte cuando un corazón se ha endurecido hasta el punto de no regresar (1 Corintios 11:30; 1 Juan 5:16). Dios anhela restaurar nuestra comunión, incluso más que nosotros (Isaías 65:2; 66:13; Mateo 23:37; Joel 2:12-13). Él nos busca, nos disciplina, y nos ama aún en nuestro pecado (Romanos 5:8). Pero él deja intacto nuestro libre albedrío. Debemos abrir la cortina por medio de la confesión y el arrepentimiento.

Si como hijos de Dios optamos por permanecer en nuestro pecado, entonces elegimos las consecuencias que van con esa elección. Todo resultará en una relación rota y en falta de crecimiento. Sin embargo, aquellos que persisten en el pecado, necesitan reexaminar su verdadera relación con Dios (2 Corintios 13:5). La escritura es clara en cuanto a que aquellos que conocen a Dios no siguen un estilo de vida sin arrepentirse del pecado (1 Juan 2:3-6; 3:7-10). El deseo de santidad es un distintivo de quienes conocen a Dios. Conocer a Dios es amarlo (Mateo 22:37-38). Amarle es desear complacerle (Juan 14:15). El pecado sin confesar se interpone en el camino de complacerle, por lo tanto, un verdadero hijo de Dios quiere confesarlo, cambiarlo, y restaurar la comunión con Dios.

Usado con permiso del Ministerio Got Questions

Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en:  https://www.gotquestions.org/Espanol/

1 Reyes 13 | Filipenses 4 | Ezequiel 43 | Salmos 95–96

10 OCTUBRE

1 Reyes 13 | Filipenses 4 | Ezequiel 43 | Salmos 95–96

Han transcurrido casi veinte años desde la experiencia visionaria en la que Ezequiel contempló la gloria de Dios abandonando el templo (Ezequiel 10:18–22; 11:22–24). Aquí, en Ezequiel 43:1–12, es testigo del regreso del Señor.

Numerosas expresiones y frases nos recuerdan que la gloria que el profeta percibe ahora debe identificarse con la visión del trono móvil de los capítulos 1–3, y con la que abandonó el templo y la ciudad en 8–11. Ezequiel lo deja muy claro: “Esta visión era semejante a la que tuve cuando el Señor vino a destruir la ciudad de Jerusalén, y a la que tuve junto al río Quebar” (43:3).

Dentro de la estructura simbólica de la visión, esto significa que Dios se está manifestando en medio de su pueblo una vez más. Este debe responder avergonzándose de sus pecados (43:10–11) y adecuándose perfectamente a todo lo que él prescriba (43:11).

La culminación de esta visión dentro del libro de Ezequiel se encuentra en el último versículo del mismo: “Desde aquel día el nombre de la ciudad será: EL SEÑOR ESTÁ AQUÍ” (48:35). Eso es maravilloso. Cualquier lugar donde el Señor esté es santo. “Por eso, disponeos para actuar con inteligencia; tened dominio propio; poned vuestra esperanza completamente en la gracia que se os dará cuando se revele Jesucristo. Como hijos obedientes, no os amoldéis a los malos deseos que teníais antes, cuando vivíais en la ignorancia. Más bien, sed santos en todo lo que hagáis, como también es santo quien os llamó; pues está escrito: ‘Sed santos, porque yo soy santo’ ” (1 Pedro 1:13–16). Juan tuvo una visión de “la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, procedente de Dios” (Apocalipsis 21:2). La voz gritó: “¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios” (Apocalipsis 21:3).

Siempre debemos recordar lo siguiente: el Evangelio no es admirado en las Escrituras principalmente por la transformación social que lleva a cabo, sino porque reconcilia a hombres y mujeres con un Dios santo. Su propósito no es que podamos sentirnos satisfechos, sino que podamos reconciliarnos con el Dios viviente y santo. La consumación es deliciosa para el pueblo transformado de Dios. No lo es simplemente porque el entorno del nuevo cielo y la nueva tierra sea agradable, sino porque vivimos, trabajamos y adoramos para siempre en el resplandor incontenible de la presencia de nuestro santo Hacedor y Redentor. Esta perspectiva debe dar forma al estilo de vida y servicio de la iglesia, y determinar el pulso de su ministerio. La única alternativa es una idolatría altisonante y egoísta.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 283). Barcelona: Publicaciones Andamio.

EL AFÁN DE LA OPOSICIÓN

EL AFÁN DE LA OPOSICIÓN

Charles R. Swindoll

10 de octubre, 2018

Proverbios 24

¿En qué pensó cuando vio la palabra «oposición» en el título del capítulo? ¿Pensó en alguna resistencia interna externa a sus esfuerzos o a su propia resistencia interna a la dirección de Dios? ¿Cuál de las dos resistencias cree que sería mayor «afán»?

Cuando hablo de oposición, no me refiero a la resistencia externa de los demás sino más bien a la resistencia interna, a nuestra propia oposición a las cosas de Dios. Ciertamente, nos enfrentamos con fuerzas externas, con personas y circunstancias que frustran nuestros esfuerzos, pero eso, probablemente, no nos destruirá. Pienso más bien en la forma en que nosotros nos resistimos de manera personal a la dirección de Dios, a su disciplina, a su voluntad y a su sabiduría. Hay personas que están acostumbradas a esa oposición interna y, por lo general, no aprenden las lecciones que el Espíritu de verdad quiere señales. Aunque otros aprovechan el mensaje de Dios y siguen sus principios, muchos se resisten a su guía.

Todos nosotros, en algún momento, somos culpables de esa oposición interna. Por ello, debemos hacernos dos preguntas importantes:

¿Con qué frecuencia resistimos la obra de Dios dentro de nosotros?

¿Esa resistencia amenaza con volverse un hábito?

Estas son preguntas vitales y su respuesta determinará su futuro inmediato así como la eternidad después de la muerte. Lo que quiero decir es que Dios redime y transforma a las personas. Y aunque la Biblia afirma que Él cumplirá lo que está determinado a hacer, también apela a la voluntad de cada individuo, invitándonos a escuchar la voz de la sabiduría, a arrepentirnos de nuestra rebelión y a buscar la dirección de Dios, sometiéndonos a su guía.

Reflexión

¿Ha tomado la decisión de seguir la guía de Dios en cada detalle de su vida? Nadie hace esto de manera perfecta, pero en términos de la orientación que sigue su vida, ¿prefiere hacer las cosas a la manera de Dios de acuerdo con su voluntad, sus métodos y su tiempo? Si no es así, ¿Por qué se opone a ello? ¿Qué es lo que más teme? Le invito a que no se resista más; es un buen momento para comprometerse a seguir la dirección de Dios.

Adaptado del libro, Viviendo los Proverbios  (Editorial Mundo Hispano, 2014). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2018 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Quinto mandamiento: Honra a tu padre y a tu madre

Miércoles 10 Octubre

Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que el Señor tu Dios te da.

Éxodo 20:12

Quinto mandamiento: Honra a tu padre y a tu madre

Este quinto mandamiento, el primero que tiene que ver con las relaciones entre los seres humanos, se refiere a la relación filial. Esta es esencial porque afecta nuestras demás relaciones.

Pero, ¿qué significa honrar? Primeramente respetar, reconocer a los que nos dieron la vida, con mayor motivo si nos criaron, nos cuidaron, nos sostuvieron y nos aconsejaron hasta la edad adulta.

Este mandamiento nos invita a reconocer el lugar único que ocupan nuestros padres en nuestra existencia. Todo esto confiere un peso moral, un valor, que debe producir respeto y gratitud en los hijos, incluso si los padres no siempre estuvieron a la altura de su función, o si, quizás, ni merecen este respeto.

Es una actitud del corazón que se traduce en palabras y hechos concretos: la obediencia cuando somos niños, el respeto a lo largo de su vida, la ayuda y los cuidados cuando nuestros padres son mayores.

Honrar a nuestros padres no significa pensar que todo lo que hicieron estaba bien. Para poder honrar verdaderamente a nuestros padres, si cometieron errores, primero hay que perdonarlos. Dios nos da esta fuerza del perdón cuando se la pedimos. Independientemente de cuál haya sido su conducta, ¡no despreciemos a nuestros padres, respetémoslos y amémoslos, sobre todo en su vejez!

Este mandamiento no exime a los padres de velar a fin de tener una actitud justa y afectuosa que anime a los hijos y los motive a amar y a honrar a sus padres (Colosenses 3:21).

(continuará el próximo miércoles)

Deuteronomio 4:25-49 – Juan 4:1-30 – Salmo 115:1-8 – Proverbios 25:1-3

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¿Cuáles son las Cuatro Leyes Espirituales?

¿Cuáles son las Cuatro Leyes Espirituales?

Las Cuatro Leyes Espirituales son una manera de compartir las buenas nuevas de salvación disponible por la fe en Jesucristo. Es una manera simple de organizar la información importante en el Evangelio en cuatro puntos.

La primera de las Cuatro Leyes Espirituales es “Dios le ama y tiene un plan maravilloso para su vida”. Juan 3:16 nos dice, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Juan 10:10 nos da la razón por la que vino Jesús. “He venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. ¿Qué nos impide experimentar el amor de Dios? ¿Qué nos impide tener una vida abundante?

La segunda de las Cuatro Leyes Espirituales es, “La humanidad está contaminada por el pecado, y por tanto está separada de Dios. Como resultado, no podemos conocer el maravilloso plan de Dios para nuestras vidas”. Romanos 3:23 afirma esta información, “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. Romanos 6:23 nos da las consecuencias del pecado, “Porque la paga del pecado es muerte”. Dios nos creó para que tuviésemos compañerismo con Él. Sin embargo, la humanidad trajo el pecado al mundo, y por tanto, está separada de Dios. Hemos arruinado la relación que Dios quería que tuviéramos con El. ¿Cuál es la solución?

La tercera de las Cuatro Leyes Espirituales es, “Jesucristo es la única provisión de Dios para nuestro pecado. A través de Jesucristo, podemos tener nuestros pecados perdonados y restaurar una verdadera relación con Dios”. Romanos 5:8 nos dice, “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. 1ª Corintios 15:3-4 nos informa lo que necesitamos saber y creer para ser salvos, “…que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras, y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras…” En Juan 14:6, Jesús mismo declara que Él es el único camino a la salvación, “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. ¿Cómo puedo recibir este maravilloso don de la salvación?

La cuarta de las Cuatro Leyes Espirituales es, “Debemos poner nuestra fe en Jesucristo como Salvador, a fin de recibir el don de la salvación y conocer el maravilloso plan de Dios para nuestras vidas”. Juan 1:12 describe esto para nosotros, “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”. Hechos 16:31 lo dice muy claro, “¡Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo!” Podemos ser salvos solamente por gracia, solamente a través de la fe, y solamente en Jesucristo (Efesios 2:8-9).

Si usted quiere confiar en Jesús como su Salvador, dígale a Dios las siguientes palabras. ¡Decir estas palabras no le va a salvar, pero sí, el confiar en Cristo! Esta oración es simplemente una manera de expresar a Dios su fe en Él, y agradecerle por proveerle su salvación. Usted puede repetir esta oración ahora – “Dios, sé que he pecado contra ti y merezco castigo. Pero Jesucristo tomó el castigo que yo merecía, y a través de la fe en Él yo puedo ser perdonado. Me aparto de mi pecado y pongo mi confianza en Ti para la salvación. ¡Gracias por Tu maravillosa gracia y perdón – el don de la vida eterna! En el nombre de Jesús, ¡Amén!”

¿Ha hecho usted una decisión por Cristo, por lo que ha leído aquí? Si es así, por favor oprima la tecla “¡He aceptado a Cristo hoy!”

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RESISTIR HASTA EL FIN

octubre 9

RESISTIR HASTA EL FIN

Bienaventurado el varón que soporta la tentación [las pruebas].

Santiago 1:12

El verbo soportar en el versículo de hoy se refiere a resistir con paciencia y de forma victoriosa. Implica pasiva o incluso penosa supervivencia y se concentra en el resultado de ser victorioso. La persona que pasa por las pruebas y sale victoriosa nunca abandona su fe ni a su Dios. Demuestra que es un cristiano genuino.

Algunas personas van a la iglesia, dicen creer en Cristo y hasta se bautizan. Pero cuando se enfrentan a los problemas, ellas desaparecen. Y tal vez nunca vuelvan. Quizás afrontaron una relación quebrantada, la muerte de un ser querido, o alguna otra lucha, y las circunstancias fueron tan insoportables que culparon a Dios y se fueron, convencidas de que el cristianismo no es la solución.

Como creyentes, podemos pasar por tiempos de luchas y de dudas, pero nunca será destruida nuestra fe. Nos aferramos al Señor a pesar de nuestras pruebas porque lo amamos. Esa perseverancia amorosa resulta en verdadera bendición.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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¿Qué es el arrepentimiento y es éste necesario para la salvación?

¿Qué es el arrepentimiento y es éste necesario para la salvación?

Muchos entienden el término “arrepentimiento” como “volverse del pecado”. Esta no es la definición bíblica del arrepentimiento. En la Biblia, la palabra “arrepentirse” significa “cambiar tu mente.” La Biblia también nos dice que el verdadero arrepentimiento tendrá como resultado un cambio de conducta (Lucas 3:8-14Hechos 3:19). Hechos 26:20 declara, “sino que anuncié……, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.” La total definición bíblica del arrepentimiento, es cambiar de mentalidad, mismo que resulta en un cambio de acciones y actitudes.

¿Cuál es entonces la conexión entre el arrepentimiento y la salvación? El Libro de Los Hechos parece enfocarse especialmente en el arrepentimiento con respecto a la salvación. (Hechos 2:383:1911:1817:3020:2126:20). El arrepentimiento, relacionado con la salvación, es cambiar tu parecer respecto a Jesucristo. En el sermón de Pedro en el día de Pentecostés (Hechos capítulo 2), él concluye con un llamado a la gente a arrepentirse (Hechos 2:38). ¿Arrepentirse de qué? Pedro está llamando a la gente que rechazaba a Jesús (Hechos 2:36), para que cambiaran su idea acerca de Él, que reconocieran que Él es verdaderamente “Señor y Cristo” (Hechos 2:36). Pedro está exhortando a la gente a cambiar su mentalidad del rechazo a Cristo como el Mesías, a la fe en Él como Mesías y Salvador.

El arrepentimiento y la fe pueden ser entendidos como “dos lados de la misma moneda.” Es imposible poner tu fe en Jesucristo como el Salvador, sin primeramente cambiar tu mentalidad acerca de quién es Él, y lo que Él ha hecho. Ya sea el arrepentirse de un rechazo obstinado, o arrepentirse de ignorancia y desinterés – es un cambio de mentalidad. El arrepentimiento bíblico, en relación con la salvación, es cambiar tu mentalidad del rechazo a Cristo a la fe en Cristo.

Es crucialmente importante que entendamos que el arrepentimiento no es una obra que hagamos para ganar la salvación. Nadie puede arrepentirse y venir a Dios, a menos que Dios atraiga a esa persona hacia Él (Juan 6:44). Hechos 5:31 y 11:17 indican que el arrepentimiento es algo que da Dios – sólo es posible por Su gracia. Nadie puede arrepentirse a menos que Dios le conceda el arrepentimiento. Toda la salvación, incluyendo el arrepentimiento y la fe, es el resultado de Dios acercándonos, abriendo nuestros ojos, y cambiando nuestros corazones. La paciencia de Dios nos conduce al arrepentimiento (2 Pedro 3:9), como lo hace Su bondad (Romanos 2:4).

Mientras que el arrepentimiento no es una obra que gana la salvación, el arrepentimiento para salvación da como resultado las obras. Es imposible verdadera y totalmente cambiar tu mentalidad sin que esto cause un cambio en tus actos. En la Biblia, el arrepentimiento resulta en un cambio de conducta. Esto es por lo que Juan el Bautista exhortaba a la gente con estas palabras, “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento.” (Mateo 3:8). Una persona que verdaderamente se ha arrepentido de rechazar a Cristo y a la fe en Cristo, lo hará evidente por un cambio en su vida (2 Corintios 5:17Gálatas 5:19-23Santiago 2:14-26). El arrepentimiento, propiamente definido, es necesario para la salvación. El arrepentimiento bíblico es cambiar tu parecer acerca de Jesucristo y volverte a Dios en fe para salvación (Hechos 3:19). Volverse del pecado no es la definición del arrepentimiento, pero es uno de los resultados de la fe genuina basada en el arrepentimiento respecto al Señor Jesucristo.

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