Ver la realidad de una vida transformada

Diciembre 5

Ver la realidad de una vida transformada

Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento. (Hechos 28:30-31)

El versículo de hoy muestra que, aunque Pablo estaba bajo arresto domiciliario “en una casa alquilada”, siguió predicando. A pesar de las circunstancias, Pablo siguió haciendo lo que se le había llamado a hacer.

Tal vez usted esté pensando: No puedo ir y predicar el evangelio. No puedo ser evangelista, ni maestro bíblico. Estoy atado a mi trabajo. Pero no importa si usted está encadenado a un escritorio, a una línea de montaje en una fábrica, a un aula, a un vehículo o a un puesto de vendedor; todo eso brinda oportunidades de predicar el evangelio. Cuanto peor es su confinamiento, tanto mayor es la oportunidad de brillar con una vida de santidad.

A menudo me dicen lo difícil que es dar testimonio en el centro laboral. Mi respuesta es que por lo general es más difícil dar testimonio en condiciones ideales que en una situación más difícil. Se debe a que en las situaciones difíciles la realidad de una vida transformada es más patente, y eso no puede menos que impresionar a quienes no la han experimentado.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR

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EL VALOR DE LAS CRIATURAS DE DIOS

EL VALOR DE LAS CRIATURAS DE DIOS

Charles R. Swindoll

5 de diciembre, 2018

Salmos 8

Todos nosotros ansiamos sentirnos necesitados. Deseamos sentirnos queridos. Dios nos creó con el deseo de saber que podemos contribuir con algo valioso y que puede impactar significativamente en la vida de los demás. En el pasado, grandes hombres y mujeres deseaban dejar sus huellas en el mundo, creando un legado que continuaría después que ellos murieran.

En nuestra juventud, tendemos a basar nuestra autoestima en nuestra habilidad de contribuir con los demás o de ayudar a otros en su necesidad. Durante esa época, los jóvenes se llenan de actividades, de ingenio y es esa exuberancia la que los ciega al hecho de que algún día acabará. Luego, ya sea sutilmente o abruptamente, las circunstancias cambian y nos encontramos en un lugar donde ya no somos necesarios. Diferentes situaciones opacan nuestra utilidad mientras vemos sus pasos devastadores. La injusticia puede quitarnos la libertad. La calumnia puede llevarse nuestra reputación. La enfermedad puede robarse nuestra fuerza. La mala fortuna puede acabar con nuestra riqueza. La depresión puede llevarse nuestra esperanza. Y ni qué decir del paso constante de la edad que se lleva nuestra vitalidad. Piénselo, el solo hecho de envejecer nos saca de la carrera. Cuando alguien es promovido en vez de nosotros o nos toca ir a la banca porque un jugador más fuerte ha entrado al equipo, nos sentimos abandonados y eso duele.

Nadie quiere sentirse despreciado.

La canción 8 del himnario antiguo de Dios es un bálsamo durante esa época de nuestra vida cuando nos sentimos desapercibidos, abandonados y separados. El salmo enfatiza el valor que Dios le da a sus criaturas y aún más a la humanidad.

Afirmando el alma: ¿Cómo mide su valía? ¿Su propio valor como persona? Sea honesto consigo mismo; esto es entre usted y el Señor. ¿De qué manera el factor monetario se ha hecho parte de su autoestima? ¿Que tal su posición? ¿Su poder o autoridad? ¿Su capacidad para impactar el mundo o influir en las vidas de los demás le da una sensación de más valor?

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2018 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

 «¿Qué cosas en este mundo tienen un valor eterno verdadero?»

 «¿Qué cosas en este mundo tienen un valor eterno verdadero?»

 Sobra decir que las únicas cosas de valor eterno en este mundo son aquellas que son eternas. La vida en este mundo es temporal, no eterna, y por lo tanto, la única parte de la vida que tiene valor eterno es la que dura hasta la eternidad. Claramente, lo más importante en este mundo que tiene un verdadero valor eterno, es tener una relación con Jesucristo, sabiendo que el regalo de la vida eterna viene sólo a través de él para todos los que creen (Juan 3:16). Como Jesús dijo, «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al padre, sino por mí» (Juan 14:6). Todo el mundo va a vivir en algún lugar por la eternidad, cristianos y no cristianos por igual. Y el único destino eterno distinto diferente al de estar en el cielo con Cristo, es el que ofrece un castigo eterno para aquellos que rechazan a Jesús (Mateo 25:46).

Con respecto a las abundantes cosas materiales que este mundo ofrece y que muchos buscan obstinadamente, Jesús nos enseñó a que no acumuláramos tesoros terrenales que pueden ser destruidos o robados (Mateo 6:19-20). Después de todo, no hemos traído nada a este mundo, y sin duda nada podremos llevarnos. Sin embargo, siempre se pasan por alto nuestros principales valores cristianos en nuestra búsqueda diligente del éxito y el bienestar material, y en medio de estas búsquedas terrenales con frecuencia nos olvidamos de Dios. Moisés abordó este tema hace 3.500 años cuando su pueblo estaba a punto de entrar a la tierra prometida. Les advirtió de no olvidar a Dios, porque él sabía que una vez que «construyeran casas donde habitaran» sus corazones se enorgullecerían y se olvidarían de Dios (Deuteronomio 8:12-14). Es cierto que no hay valor eterno en vivir nuestras vidas para nosotros mismos, buscando obtener todo lo que podamos de la vida, como el sistema mundial nos quiere hacer creer.

Sin embargo, puede haber valor eterno importante en lo que hacemos con nuestras vidas durante el tiempo extremadamente breve que estamos aquí en la tierra. Aunque la escritura deja claro que nuestras buenas obras acá en la tierra no nos salvan o nos mantienen salvos (Efesios 2:8-9), es igualmente claro que estaremos eternamente recompensados de acuerdo a lo que hayamos hecho mientras estamos aquí en la tierra. Como Cristo mismo dijo, «Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras» (Mateo 16:27). De hecho, los cristianos son «…hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas» (Efesios 2:10, énfasis añadido). Estas «buenas obras» tienen que ver con servir al señor lo mejor que podamos con lo que él nos ha dado y dependiendo totalmente de él.

El apóstol Pablo explica la calidad de las obras que pueden traer recompensas eternas. Comparando a los cristianos con «constructores» y la calidad de nuestras obras con materiales de construcción, Pablo nos dice que los buenos materiales que sobreviven a la prueba de fuego de Dios y que tienen valor eterno son «oro, plata y piedras preciosas», mientras que el uso de materiales de menor calidad tales como «madera, heno y hojarasca» para construir sobre el fundamento que es Cristo, no tienen valor eterno y no recibirán recompensa (1 Corintios 3:11-13). Básicamente, Pablo nos está diciendo que no toda nuestra conducta y todas nuestras obras merecerán recompensas.

Hay muchas maneras en que nuestro servicio al señor nos traerá recompensas. En primer lugar, debemos reconocer que cada verdadero creyente ha sido apartado por Dios y para Dios. Cuando recibimos el regalo de la salvación de parte de Dios, recibimos ciertos dones espirituales (1 Corintios 12:7, 11). Y si pensamos que nuestros dones son insignificantes, debemos recordar que, como Pablo le dijo a la iglesia de Corinto, el cuerpo de Cristo está compuesto de muchas partes (1 Corintios 12:14). Y «Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. . .los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios» (1 Corintios 12: 18, 22 énfasis agregado). Si estás ejercitando tus dones espirituales, estás jugando un papel importante en el cuerpo de Cristo y haciendo lo que tiene valor eterno.

Cada miembro del cuerpo de Cristo puede hacer aportes significativos cuando humildemente buscamos edificar el cuerpo y glorificar a Dios. De hecho, cada pequeña cosa se puede sumar al hermoso mosaico de lo que Dios puede hacer cuando cada uno de nosotros hacemos nuestra parte. Recuerda que, en la tierra Cristo no tiene cuerpo, excepto el nuestro, no tiene manos excepto las nuestras, no tiene pies excepto los nuestros. Los dones espirituales son la forma en que Dios administra su gracia a los demás. Cuando mostramos nuestro amor a Dios obedeciendo sus mandamientos, cuando perseveramos en la fe a pesar de toda la oposición y persecución, cuando en su nombre mostramos misericordia a los pobres, a los enfermos y menos afortunados, y cuando ayudamos a aliviar el dolor y el sufrimiento que está a nuestro alrededor, entonces ciertamente estamos edificando con «oro, plata y piedras preciosas» que tienen un verdadero valor eterno.

Usado con permiso del Ministerio Got Questions

Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en:  https://www.gotquestions.org/Espanol/

El sufrimiento

Miércoles 5 Diciembre

Los que miraron a él fueron alumbrados… Este pobre clamó, y le oyó el Señor, y lo libró de todas sus angustias… Gustad, y ved que es bueno el Señor; dichoso el hombre que confía en él.

Salmo 34:5-6, 8

El sufrimiento

La adversidad está presente, y el sufrimiento la acompaña. Primero es como un pequeño brote, y luego, muy rápido, invade todo. Al principio quienes nos rodean muestran algunos gestos de compasión y ánimo, pero cuando la prueba persiste, la impaciencia, la lasitud y a veces incluso el silencio se manifiestan en los demás. ¡Uno se siente solo en medio de su dolor! Por eso quiero decirle, amigo, que si bien su prueba le parece larga y todavía no ve la salida, ¡esta sí existe!

No pierda el tiempo dando vueltas a las faltas o errores que ya confesó al Señor Jesús, quien murió para salvarle de todo eso. ¡No sirve de nada culparse! Dios siempre está dispuesto a perdonarnos. Lea la Biblia cada día, alimente su alma con ese pan de vida, contemple la luz de su Dios, que pasa entre sus barrotes reales o imaginarios, deseche la amargura, el resentimiento, la ira.

Jesús lo mira con dulzura y paciencia, él conoce su problema. ¡Usted no está solo! El Señor está muy cerca de usted y lo acompaña fielmente en su desierto. Él quiere fortalecer su fe. Escuche la voz de Dios que le está hablando. ¡Rechace todo lo que pueda alejarlo de él!

Cuando la duda, el miedo o la angustia lo rodeen, refúgiese por la fe en Jesús, no mire a la izquierda ni a la derecha, fije su mirada y su corazón en las promesas de Dios. Él nunca lo abandonará ni le reprochará lo que usted es.

¡Ponga la mirada en Jesús! Ore a él con confianza y hallará misericordia, gracia y socorro en el momento oportuno (Hebreos 4:16).

Josué 23 – Santiago 4 – Salmo 138:1-5 – Proverbios 29:7

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