ORACIONES EFICACES

Diciembre 12

ORACIONES EFICACES

Os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios. (Romanos 15:30)

Pablo confiaba en que sería librado gracias a las oraciones de los santos, sin que importara cuál prueba estuviera soportando. Creía en la voluntad soberana y en el propósito de Dios, y sabía que Él haría que se cumplieran sus propósitos en concierto con las oraciones de sus hijos.

También sabía que “la oración eficaz del justo puede mucho” (Stg. 5:16). Así como el amor y las oraciones de los santos en el primer siglo ayudaron tanto a Pablo, sus oraciones por sus guías espirituales también los ayudarán.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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SOLEDAD PLENA

SOLEDAD PLENA

Charles R. Swindoll

12 de diciembre, 2018

Salmos 13

El Salmo 13 comienza en ese lugar donde la persona abatida se encuentra: de cara al suelo, aplastada bajo el peso del sufrimiento. En la primera sección de la canción leemos:

¿Hasta cuándo, oh Señor? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí? ¿Hasta cuándo tendré conflicto en mi alma y todo el día angustia en mi corazón? ¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí? (vv. 1-2)

David, hundido por las pruebas abrumadoras de la vida, decide enfrentar el abatimiento utilizando cuatro formas humanas y comunes. En estos dos versículos, podemos reflejarnos y ver esas cuatro rutas de escape mentales que con frecuencia utilizamos cuando estamos bajo presión.

Dios me ha olvidado para siempre. ¿Recuerda usted la última vez que se sintió abandonado? «¿Hasta cuándo, oh Señor? ¿Me olvidarás para siempre?» Cuando una prueba ha continuado por tanto tiempo y parece no haber ninguna esperanza de alivio, David finalmente cae aplastado emocionalmente. Se pregunta si Dios le ha abandonado.
Dios no se preocupa por mí. Esto no es nada más que simple autocompasión. «¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?» Esta es una expresión que inevitablemente acompaña esos sentimientos de abandono y que susurra la mentira: «Dios sencillamente ha perdido interés en mí. Él dijo que me iba a cuidar e iba a llevar mis cargas, pero eso no está sucediendo». ¿Le parece familiar? La Palabra de Dios es muy honesta. Con qué frecuencia nos reflejamos en las páginas de la Biblia.
Voy a tener que resolver la situación por mí mismo. Aquí David está dudando de las promesas de Dios y sugiriendo que Dios no es confiable. «¿Hasta cuándo tendré conflicto en mi alma?» Ese término hebreo se traduce más bien como, «planear algo». David había comenzado a planear la forma de salir de esa situación, de resolverlo por sí mismo. Seguramente él pensó: «Después de todo, Dios me dio la mente para pensar y espera que la utilice». El típico concepto de: «Ayúdate que yo te ayudaré».
Un momento. ¿Es eso cierto? Tal vez le sorprenda saber que esa frase no aparece en ningún lugar de la Escritura. Hagamos una pausa y recordemos algunos de los dichos de Salomón:

Confía en el Señor con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos y él enderezará tus sendas. (Proverbios 3:5-6)

Encomienda al Señor tus obras y tus pensamientos serán afirmados (Proverbios 16:3). Cuando los caminos del hombre le agradan al Señor, aun a sus enemigos reconciliará con él (Proverbios 16:7). Las suertes se echan en el regazo, pero al Señor pertenece toda su decisión. (Proverbios 16:33)

¿Qué es lo que sucede cuando intentamos resolver las cosas por nosotros mismos? Exactamente lo que le ocurrió a David. ¿Y qué fue lo que le sucedió? Mire la última parte del Salmo 13: 2: «. . . y todo el día angustia en mi corazón».

Angustia, frustración y preocupación se vuelven los compañeros constantes de una persona abatida. Ese es el derivado de una actividad egocéntrica. ¿Cuándo aprenderemos a darle nuestras cargas al Señor y dejarle que el resuelva la situación?

4.¡Esta prueba me enoja! Es humillante cuando nos pasan por encima. Sentimos que nos han herido el orgullo y por lo tanto pedimos venganza: «¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí?»
¿No es esa una queja común? No obstante, tengo que recordarle una vez más que ello proviene de la arrogancia. Ella nos hace pensar que tenemos el derecho de defender la verdad, especialmente cuando algún enemigo está aprovechándose de nosotros. Peleamos armados hasta los dientes con tal de mantener nuestra arrogancia. Queremos que la gente nos aprecie y piensen bien de nosotros. Pero David, al igual que usted y yo tenemos que aprender que la verdad se defiende por sí misma. La verdad emergerá victoriosa en el propio tiempo de Dios.

Afirmando el alma: ¿Cuáles de las reacciones de David resuenan más en usted en este momento?

Dios me ha olvidado para siempre.
Dios no se preocupa por mí.
Tendré que resolver la situación por mí mismo.
Esta prueba me enoja.¿Cuál ha sido su reacción? ¿Le ha funcionado?
La verdad emergerá victoriosa en el propio tiempo de Dios.

Charles R. Swindoll

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2018 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Buena pregunta

Miércoles 12 Diciembre

No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.

Romanos 1:16

Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos… que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.

2 Timoteo 4:1-2

Buena pregunta

Al oeste de los Estados Unidos vivía un agricultor de edad avanzada, un cristiano ferviente que no perdía ocasión para hablar de su Señor. Cierto día visitó a su hijo, senador en Washington, quien le presentó al embajador de Bélgica. De repente el anciano le preguntó: «Excelencia, ¿es usted un verdadero cristiano? ¿Cómo está su alma?». Estas preguntas avergonzaron a su hijo, quien hábilmente desvió la conversación para evitar que el embajador tuviese que responder.

Meses más tarde el anciano murió. ¡Qué sorpresa se llevó el hijo cuando descubrió, entre las numerosas coronas mortuorias, un ramo de flores enviado por la embajada belga! El mismo embajador había escrito unas líneas en una tarjeta. Con los ojos llenos de lágrimas, el senador leyó el conmovedor testimonio rendido a su padre: «Fue la única persona de Estados Unidos que se preocupó por mi alma y me preguntó si era cristiano».

¡Cuántas personas encontramos diariamente! ¿Conocen ellas a Jesús, el Hijo de Dios? ¿Cuál sería su destino si el Señor volviese hoy? No perdamos ninguna ocasión para concientizar a aquellos con quienes nos encontramos sobre el destino eterno de su alma. Cristianos, ¡que nadie diga de nosotros que no nos interesamos en el destino de su alma!

“El que gana almas es sabio”, declaró el rey Salomón (Proverbios 11:30).

Jueces 5 – Apocalipsis 5 – Salmo 140:6-13 – Proverbios 29:21-22

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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