Una obligación con Dios

Enero 30

Una obligación con Dios

A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor. (Romanos 1:14)

Un joven me preguntó una vez qué me motiva a estudiar semana tras semana. Le dije que a veces los pasajes bíblicos son tan estimulantes que no puedo esperar a que llegue el domingo para predicar. Pero luego hay otras veces en las que lucho contra las prioridades que desplazan mi tiempo de estudio, y entonces mi ministerio no parece tan emocionante. Tengo en realidad que abrirme paso a través de esos tiempos porque sé que tengo una deuda con Dios.

¿Qué sucede si veo que hay una casa incendiada, y las personas que están dentro no saben lo que está ocurriendo? No puedo pararme en la esquina y preguntarme si vale la pena que se salven. Como tienen necesidad y yo tengo la información que puede salvarlos, estoy obligado con ellos.

Si usted participa en el servicio cristiano solo cuando le gusta hacerlo, no ha aprendido la clase de servicio que Pablo describió en el versículo de hoy. Cuando se enfrenta a un tiempo difícil en el servicio a las personas, a veces de lo único que puede depender es de su obligación con Dios.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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Cristianos de otros tiempos y de hoy

Miércoles 30 Enero

Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros… De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien.

1 Pedro 4:14, 19

Cristianos de otros tiempos y de hoy

En el tercer siglo Cipriano, futuro obispo de Cartago, escribió a su amigo Donato: «Este mundo es malo, Donato, increíblemente malo. Pero he descubierto personas apacibles y santas que han aprendido un gran secreto. Han hallado un gozo mil veces superior a todos los placeres de una vida de pecado. Son menospreciados y perseguidos, pero esto no los desanima. Estas personas, Donato, son los cristianos… y de ahora en adelante formo parte de ellos».

Que el mundo de antes haya sido tan malo como el mundo de hoy no es nada sorprendente. Pero en ese mundo vivían personas que, abandonando los placeres de una vida de pecado, habían hallado su felicidad en Jesucristo. Eran perseguidos, pero sabían que “todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución” (2 Timoteo 3:12).

Ese testimonio rendido respecto a los cristianos del primer siglo nos interpela. Otros, antes de ellos, habían aceptado “con gozo” que los despojaran de sus bienes, sabiendo que tenían mayores riquezas en los cielos (Hebreos 10:34). Otros estaban presos, hambrientos y eran maltratados (cap. 13:3).

Hoy numerosos cristianos en el mundo sufren la opresión, el maltrato, la prisión. Oremos por nuestros hermanos y hermanas perseguidos. ¡Que la fe de todos esos creyentes nos anime, nos libre de nuestra indolencia y nos convierta en testigos más vivos que no se avergüencen del Evangelio de Dios!

1 Samuel 24 – Mateo 19 – Salmo 18:16-24 – Proverbios 6:6-11

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