Sigue vivo

Abril 25

Sigue vivo

Pero vivificado en espíritu. (1 Pedro 3:18)

El versículo de hoy hace una mención específica del espíritu de la vida de Jesucristo; no se refiere al Espíritu Santo. El apóstol Pedro está comparando lo que le ocurrió a la carne (o cuerpo) de Jesús con lo que le ocurrió a su espíritu. Su espíritu estaba vivo pero su carne estaba muerta.

Algunos piensan que “vivificado en espíritu” se refiere a la resurrección física de Cristo, pero eso necesitaría una declaración como: “Siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en la carne”. La resurrección fue un hecho espiritual y físico. Así que lo que Pedro quiere decir es que, aunque Cristo estaba físicamente muerto, su espíritu seguía vivo.

En la cruz, el espíritu de Cristo experimentó una breve separación de Dios. Él dijo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mt. 27:46). Sin embargo, la separación terminó pronto, ya que poco después del lamento de nuestro Señor, Él dijo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc. 23:46). De modo que ya su espíritu no estaba separado de Dios; le fue entregado al Padre.

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Luz irresistible

Jueves 25 Abril

La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu… y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

Hebreos 4:12

Luz irresistible

«Vengo de una familia greco ortodoxa de la isla de Corfou, en Grecia. A los veinte años no podía más. Intelectualmente tropezaba en la oscuridad y la confusión. Moralmente era esclavo de toda clase de pasiones y mentiras. Mi corazón estaba turbado y desesperado.

Un día, leyendo una novela de Dostoïevski, «Los hermanos Karamazov», hallé estas palabras: “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto” (Juan 12:24). Estas palabras me impresionaron, pero yo no sabía quién era su autor.

Indagué a mi alrededor y mi profesor de inglés me explicó que era una cita de la Biblia. Esto me motivó a conseguir una Biblia. En el curso de las semanas que siguieron la leí varias horas cada día. Nada en mí podía resistir a la luz que se desprendía de su lectura. Ella ponía al descubierto toda mi conducta pasada. Finalmente, una tarde, reuní todo lo que formaba parte de la vida que había llevado antes de conocer a Cristo, mis libros, mis dibujos, mis escritos, y eché todo al fuego. Luego me puse de rodillas y expresé mi primera oración. No dije gran cosa. Mis lágrimas me sirvieron de lenguaje. Deposité al pie de la cruz de Cristo todos los pecados que recordaba.

Entonces, en lo más profundo de mi ser, tuve la feliz certeza de que “la sangre de Jesucristo… nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7).

Miltos Anghelatos

Ezequiel 47 – Marcos 1:21-45 – Salmo 48:9-14 – Proverbios 14:13-14

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Una verdadera muerte

Abril 24

Una verdadera muerte

Siendo a la verdad muerto en la carne. (1 Pedro 3:18)

El versículo de hoy indica que terminó la vida física de Jesucristo. Algunos niegan la resurrección de Cristo de los muertos afirmando que nunca murió, sino que se desmayó. Presuntamente se reanimó con la frialdad del sepulcro, se levantó y salió caminando. Pero Pedro es claro: “Jesús murió como la víctima de un asesinato jurídico”.

Los romanos que ejecutaron a Cristo se cercioraron de que estaba muerto. Quebraron las piernas de los ladrones crucificados junto a Él a fin de apresurarles la muerte. (Un crucificado podía atrasar la muerte mientras pudiera levantarse sobre sus piernas.) Sin embargo, no se preocuparon por quebrar las piernas de Cristo porque pudieron ver que ya estaba muerto. Para comprobar su muerte, le abrieron el costado con una lanza, del que salió sangre y agua; solo sangre, no agua, habría salido si Jesús hubiera estado vivo (Jn. 19:31-37). Sin duda, Cristo estaba muerto. Y eso significa que su resurrección fue verdadera.

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¿Qué nos hace avanzar?

Miércoles 24 Abril

Miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu.

Eclesiastés 1:14

Una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

Filipenses 3:13-14

¿Qué nos hace avanzar?

Un periodista interrogaba a un empresario que siempre desarrollaba nuevos proyectos en diferentes campos y en varios países. Sus negocios estaban en plena expansión.

–Dígame, señor, ¿qué lo motiva a ir siempre hacia adelante?

–A menudo me hago la misma pregunta, pero no hallo la respuesta…

A veces nuestra vida se parece a la de ese hombre de negocios. Con una capacidad de reacción sorprendente, nuestro espíritu sabe aprovechar todas las oportunidades que se presentan para obrar. Comprometemos nuestra energía, nuestro tiempo, todas nuestras capacidades físicas e intelectuales en múltiples proyectos. Así nuestra existencia se pasa sin reflexión profunda sobre el verdadero sentido de nuestra vida. Nos volvemos esclavos de nuestros propios centros de interés.

La Biblia nos ayuda a discernir lo que nos motiva a ir hacia adelante. ¿Será el poder, los honores, las riquezas, el placer, nuestra satisfacción personal bajo múltiples formas…?

La vida de Jesucristo en el creyente, animada por el Espíritu de Dios, nos guardará sumisos a la Palabra de Dios, dispuestos para seguirle y servirle en el amor de Dios y a nuestro prójimo. El apóstol Pablo podía decir: “Para mí el vivir es Cristo”. Y: “estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor” (Filipenses 1:21; 3:8).

Ezequiel 46 – Marcos 1:1-20 – Salmo 48:1-8 – Proverbios 14:11-12

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Cuando el timón cambia de manos

Martes 23 Abril

Yo soy el Señor Dios tuyo, que te enseña provechosamente, que te encamina por el camino que debes seguir.

Isaías 48:17

Los guía al puerto que deseaban.

Salmo 107:30

Cuando el timón cambia de manos

Sabemos que la entrada de los barcos a los grandes puertos marítimos está reglamentada y es confiada imperativamente a un piloto local. Este sube al barco que está a punto de abordar y remplaza al hombre que está al timón hasta llegar al muelle. Dicho piloto conoce todas las particularidades del puerto en cuestión. El capitán del barco tiene, pues, también el más grande interés en dejar el timón al piloto. Así se ahorra angustias, retrasos e incluso riesgos de encallarse o naufragar.

Esta imagen es fácil de transportar a nuestra vida cristiana. Equivale a abandonar nuestra voluntad personal para entregar a Jesús la dirección de nuestra vida. Confiemos al gran “Piloto” la dirección de nuestra barca. Él desea ocuparse enteramente de nosotros para llevarnos sanos y salvos al puerto. Esto supone que le entreguemos el timón, es decir, dejar que su voluntad reemplace a la nuestra. A partir de entonces es Cristo quien dirige mi vida, y no yo. Mi responsabilidad es dejarlo obrar para su gloria y para mi bien. Si soy dócil, mi vida será útil en su mano.

Hay otro punto muy importante. El capitán que deja su nave en las manos del piloto del puerto debe confiar absolutamente en él. Yo también debo confiar en Dios, sabiendo que él “me favorece” (Salmo 57:2).

“Encomienda al Señor tu camino, y confía en él; y él hará” (Salmo 37:5).

“Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión; pero el Señor pesa los espíritus. Encomienda al Señor tus obras, y tus pensamientos serán afirmados” (Prov. 16:2-3).

Ezequiel 45 – 2 Pedro 3 – Salmo 47 – Proverbios 14:9-10

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Sufrimiento con propósito

Abril 22

Sufrimiento con propósito

Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre. (Hebreos 6:20)

El propósito de Cristo al llevar nuestros pecados en la cruz y soportar las tinieblas de la muerte fue abrir el camino hacia Dios. El apóstol Pedro dijo que Cristo murió “para llevarnos a Dios” (1 P. 3:18). Dios mostró simbólicamente esa verdad al rasgar el velo del templo de arriba abajo, abriendo el lugar santísimo al acceso inmediato de todos los adoradores (Mt. 27:51). Como sacerdotes, todos los creyentes pueden entrar a la presencia de Dios (1 P. 2:9; He. 4:16).

El verbo griego traducido como “pueda llevarnos” (1 P. 3:18) expresa el propósito de la obra de Jesús. Se empleaba a menudo el verbo cuando se estaba presentando a alguien. La forma nominal de la palabra se refiere al que hace la presentación. En la época de Cristo, los funcionarios de las cortes antiguas controlaban el acceso al rey. Una vez que estaban convencidos del derecho de ese acceso de una persona, el funcionario llevaba a esa persona a la presencia del rey. Y esa es precisamente la función que Jesucristo desempeña por nosotros ahora. Como Él dijo: “Nadie llega al Padre sino por mí” (Jn. 14:6). Él vino para llevarnos a la presencia del Padre.

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Conflictos perpetuos

Lunes 22 Abril

Nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros.

Tito 3:3

(Jesús dijo:) No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.

Juan 3:7

Conflictos perpetuos

Desde la escuela materna los niños casi siempre se pelean por objetos irrisorios, los cuales los harían reír algunos años más tarde. En el colegio está en juego algo mucho más serio, y las peleas a veces terminan en dramas irreparables. Por último, de manera diferente pero también resuelta, los adultos luchan por un lugar en la sociedad, en el mundo laboral, en la escena política… El hombre es un obstinado en la discusión. Quiere tener más que el otro, quiere que lo escuchen o lo respeten, quiere imponer sus verdades (o lo que cree ser la verdad). De allí vienen los conflictos, las amenazas, los odios y antipatías de toda clase, los cuales desde Caín se multiplican. Aunque todo el mundo está de acuerdo en el beneficio que habría si nos comprendiéramos y nos soportáramos, las pasiones, la ambición, el orgullo, el egoísmo incitan a los individuos unos contra los otros.

A pesar de los numerosos esfuerzos por incentivar la paz y el respeto a los demás, si el corazón no cambia, el mundo seguirá siendo un lugar de conflictos. No se puede esperar ninguna mejoría global, pero Dios, quien es amor (1 Juan 4:8), desea transformar el corazón de cada hombre dándole una nueva vida, la de Jesucristo. Solo a través de esta nueva vida somos capaces de amar a nuestro prójimo. Fue lo que Cristo hizo en la tierra, yendo incluso a dar su propia vida por nosotros (1 Juan 3:16). Ese amor que lo animaba es ahora “derramado” en el corazón del creyente (Romanos 5:5).

Ezequiel 44 – 2 Pedro 2 – Salmo 46:8-11 – Proverbios 14:7-8

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El domingo: día nuevo (2)

Domingo 21 Abril

Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

2 Corintios 5:17

La ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

Juan 1:17

El domingo: día nuevo (2)

Cuando tenemos el primer encuentro con el Señor, recibimos la vida divina y todo se vuelve nuevo. Asimismo, el domingo en que Cristo resucitó marca el comienzo de un periodo enteramente nuevo.

El año en que Jesús dio su vida, la fiesta de la Pascua de los judíos caía la víspera del sábado (lo que tenía lugar aproximadamente cada siete años). Contrariamente a lo que los jefes religiosos hubieran deseado, se vieron obligados a conducir al Señor a la cruz el mismo día de su fiesta, el viernes (Mateo 26:2-5). Fue así como el Cristo, el Cordero de Dios, nuestra Pascua, fue sacrificado ese día (1 Corintios 5:7). Esos jefes religiosos eran escrupulosos, por lo cual se abstuvieron de acompañar a Jesús ante el gobernador romano, a fin de poder comer su pascua sin contaminarse (Juan 18:28).

La voluntad de Dios era, pues, que el Señor diera su vida un viernes, y no otro día, y que resucitara el domingo, primer día de la semana. ¡Cuán solemne era, para los creyentes de ese tiempo, que el Señor pasara el “día de reposo”, el Sabbat, en la tumba! Ese sabbat resultó ser así la clausura del periodo de la Ley. Al contrario, el primer día de la semana sería el comienzo de algo nuevo: el periodo de la gracia. ¡El amor de Dios siempre es nuevo, vivo, renovado!

Tú ofreciste, Señor, la sangre que purifica.

Sí, por amor a nosotros, tú dejaste esta vida,

Que por amor tomaste, ¡Señor!

(continuará el próximo domingo)

Ezequiel 43 – 2 Pedro 1 – Salmo 46:4-7 – Proverbios 14:5-6

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Servir al Señor (2)

Sábado 20 Abril

Si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo.

1 Pedro 4:11

Los que ejerzan bien el diaconado, ganan para sí un grado honroso, y mucha confianza en la fe que es en Cristo Jesús.

1 Timoteo 3:13

Servir al Señor (2)

Señor, tú que por nosotros
Te ofreciste en sacrificio,
Llénanos de tu fervor
Para poner a tu servicio
Nuestros días, nuestros bienes,
Nuestros cuerpos, nuestros corazones.
Ayúdanos a caminar,
A pesar de nuestra debilidad
Contando con tu fuerza,
Y que por ti sin cesar
Seamos más que vencedores.
Haz que el solo deseo,
Más que cualquier otra cosa,
De todo hijo de Dios que en ti reposa
¡Sea amarte y servirte!
“Para mí el vivir es Cristo”:
¡Que esta sea la divisa
De todos tus redimidos!
Que cada uno lo diga,
Y que todos sepan cumplirlo.
Ya que pronto aparecerás
Ante nuestros ojos,
Deseamos, Salvador y Maestro glorioso,
Servirte, amarte, conocerte
Cada vez mejor.

(Traducción literal del francés)

Ezequiel 42 – 1 Pedro 5 – Salmo 46:1-3 – Proverbios 14:3-4

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Sus dos opciones

Abril 19

Sus dos opciones

Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal. (1 Pedro 3:17)

Usted tiene dos opciones. La primera es hacer lo bueno, aun cuando resulte en sufrimiento. Entonces usted acepta el sufrimiento como parte del sabio y soberano plan de Dios para su vida.

La segunda es hacer lo malo, que también resultará en sufrimiento. Ambas opciones son posibles conforme a la voluntad de Dios. Dios quiere que usted sufra por hacer lo bueno para que reciba fortaleza espiritual y glorifique a Dios. Pero también quiere que usted sufra el castigo divino por hacer lo malo. Así que haga bien, y evite provocar sufrimiento en su propia vida por las razones equivocadas.

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