Jesús, el Hijo del Padre

Viernes 7 Junio

(Jesús dijo:) Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre.

Mateo 11:27

Mi Padre y vuestro Padre (1)

Jesús, el Hijo del Padre

Los cuatro evangelios presentan numerosas palabras de Jesús. Palabras para sanar, para perdonar, para iluminar nuestras vidas, para mostrarnos a Dios y su amor.

“¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!” (Juan 7:46), dijeron los guardias que fueron a arrestar a Jesús. Le oyeron hablar y quedaron sorprendidos. Reconocieron que Jesús no era como los demás, que era único.

¿En qué es único Jesús? En sus palabras, en sus actos, en su persona. Efectivamente, Jesús habla de Dios como su “Padre”. Esto es algo sin precedente entre aquellos que hablaron en el nombre de Dios en el Antiguo Testamento. Sin embargo, Jesús no da explicaciones, simplemente dice que Dios es su Padre. Hace un paralelo entre el Padre y el Hijo. Jesús no es solo un hombre, por importante que sea, ¡es el Hijo de Dios!

¿Ha reflexionado usted en estas palabras de Jesús: “Nadie conoce al Hijo, sino el Padre”? Los habitantes de Nazaret creían saber quién era Jesús: “¿No es este el carpintero…?” (Marcos 6:3), exclamaron sorprendidos por su enseñanza. En realidad no habían comprendido quién era ese carpintero.

Solo aquellos que creen en Jesús le conocen, no tanto en la profundidad de su persona –misterio conocido solo por Dios–, sino como su Salvador, su libertador y su amigo. Ellos pueden decir, como el discípulo Tomás al encontrarse con Jesús resucitado: “¡Señor mío, y Dios mío!” (Juan 20:28).

(mañana continuará)
2 Reyes 8 – Romanos 13 – Salmo 68:21-27 – Proverbios 16:29-30
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Examínese

Junio 6

Examínese

¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. (Santiago 4:4)

¿Sigue aferrado usted al estilo de vida que llevaba antes de ser cristiano? Como revela el versículo de hoy, si no hizo un esfuerzo consciente por separarse de este mundo cuando se entregó a Cristo, tiene razón para poner en tela de juicio si su salvación fue genuina.

Primera Juan 2:15 dice: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él”. Cuando usted se hace cristiano, desea que se le separe del mundo. Sin duda el mundo seguirá tentándolo a usted en lo sucesivo, pero usted debe dejar el malvado sistema de Satanás.

Es una mentira decir que una persona puede ir a Cristo sin haberse apartado del mundo. ¡Tiene que haber un cambio de la manera de vivir! No es algo fácil de hacer. Pablo nos dijo que no vivamos como vivíamos antes de que conociéramos a Cristo (Ef. 4:17). Pero podemos vivir de esa manera porque tenemos una nueva naturaleza.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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Una verdad, la verdad

Jueves 6 Junio
Dios nuestro Salvador… quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.
1 Timoteo 2:3-4
Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.
Juan 14:6
Una verdad, la verdad

Dos amigas conversaban sobre la religión. Criada en un medio ateo, Eva no creía en Dios. Nacida en una familia cristiana, Marina creía firmemente en Jesús. La conclusión de Eva fue: «Tú crees porque naciste en ese ambiente. Si, por ejemplo, hubieses nacido en un medio musulmán, estarías convencida de que el Islam es la verdad».

Era obvio que Eva y Marina estaban bajo la influencia del entorno en el cual habían nacido.

Pero la pregunta subsiste: «¿Existe o no existe Dios?». La verdad no depende del entorno donde nací, de otra manera no sería la verdad.

Solo hay una única verdad, y esta verdad “está en Jesús” (Efesios 4:21). “El Hijo de Dios ha venido… Este es el verdadero Dios, y la vida eterna” (1 Juan 5:20).

Hombres y mujeres de todos los orígenes han buscado la verdad y se han inclinado ante la revelación bíblica. En Jesús han reconocido “el camino, y la verdad, y la vida”. La verdad de Dios se refleja de manera exacta en la vida de Jesús, quien vino del cielo. Hombre perfecto, él era Dios. Muerto en la cruz, resucitó. Ascendió al cielo y ahora está a la diestra de Dios. Quien cree en él conoce el camino, la verdad y la vida que nos ponen en relación con Dios y nos llevan a conocer al Padre.

No se trata de nacer «en» o «fuera» de un contexto específico, sino de buscar la verdad y obrar en consecuencia. ¡Creamos la verdad!

2 Reyes 7 – Romanos 12 – Salmo 68:15-20 – Proverbios 16:27-28
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Vivamos en la luz

Junio 5

Vivamos en la luz

Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. (Mateo 5:14)

El apóstol Pablo observó al mundo pagano y llegó a la conclusión de que su manera egoísta e inútil de pensar lleva al entendimiento entenebrecido y a un corazón endurecido. Eso, a su vez, lleva a la insensibilidad al pecado y a la conducta sin pudor, que entonces lleva a la obscenidad desvergonzada. Y no es en realidad muy diferente en la actualidad.

Los creyentes ni siquiera hemos de tener el mínimo interés en alguna de las malvadas características de los incrédulos. Debemos ser una luz sobre un monte, separados del mal que nos rodea. Debemos ser diferentes. No puede esconderse una ciudad sobre un monte. Debemos levantarnos como sal y luz. Pero si somos corrompidos por el sistema, nos volvemos inservibles.

Nuestro bendito Señor Jesucristo nos compró a costa de su propia vida. Nos dio una nueva naturaleza que es santa, sin mancha y santificada para siempre. Solo nos pide que vivamos conforme a lo que nos ha dado abandonando nuestra vieja manera de vivir y adoptando la nueva.

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Tu Palabra me hace vivir

Miércoles 5 Junio

Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; mas ahora guardo tu palabra.
Salmo 119:67
¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca.
Salmo 119:103
Tu palabra es verdad.
Juan 17:17
Tu Palabra me hace vivir

El escritor ruso Dostoievski (1821-1881), condenado a morir fusilado por sus actividades revolucionarias, finalmente fue deportado a un campo de trabajo en Siberia. Al regresar del presidio, llevó consigo un Nuevo Testamento, y escribió: «Ahora todo está claro para mí: nadie es más hermoso, más profundo, más comprensivo y más perfecto que Cristo. No existe nadie mejor. Si alguien quisiera probarme que Jesucristo está fuera de la verdad, preferiría quedarme con Él y no con la verdad». Pero Jesucristo mismo dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6).

En su lecho de muerte, Dostoievski pidió el Nuevo Testamento que tanto había leído en Siberia. Mostró el pequeño libro desgastado a sus hijos y les dijo: «Nunca se separen de este libro y, sobre todo, jamás duden del amor y del perdón de Jesús».

Este testimonio dado al valor del Libro de Dios y al amor de Jesús por un hombre que pasó por muchas pruebas se une al testimonio de millones de creyentes, tanto de los que han tenido una existencia fácil como de los que han sacrificado su vida por no negar su fe.

El Nuevo Testamento es la segunda parte de la Biblia. Empieza con los 4 evangelios que describen la vida de Jesucristo, quien vino para liberarnos del pecado y abrirnos el camino que otorga la paz con Dios. Luego siguen los Hechos de los Apóstoles, 21 epístolas y el Apocalipsis.

El que cree en su Palabra recibe la vida eterna.

2 Reyes 6 – Romanos 11:25-36 – Salmo 68:7-14 – Proverbios 16:25-26
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Piense de manera diferente

Junio 4

Piense de manera diferente

Ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente. (Efesios 4:17)

La salvación es, ante todo, un cambio de ma­nera de pensar. El apóstol Pablo les dice a los creyentes: “Vosotros no habéis aprendido así a Cristo” (Ef. 4:20). El cristianismo es cognoscitivo antes de que sea experimental. Una persona tiene que considerar el evangelio, creer en sus hechos históricos y en las verdades espirituales, y entonces recibir a Cristo como Salvador y Señor.

El primer paso en ese proceso es el arrepentimiento, que significa que se piensa de manera diferente de lo que se pensaba acerca del pecado, de Dios, de Cristo y de la propia vida de uno. La palabra griega para “arrepentirse” significa “cambiar la mente de uno”. Como se emplea en el Nuevo Testamento, siempre se refiere a un cambio de propósito, específicamente un abandono del pecado.

Ese cambio debe resultar en un cambio de conducta, que también se basa en la mente. En el versículo de hoy, Pablo dice que el no regenerado vive “en la vanidad de su mente”. Proverbios 23:7 dice: “Cual es su pensamiento en su corazón, tal es él”. Así que, cuando piensa de manera diferente, usted actuará de manera diferente.

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Las elecciones de la vida (1)

Martes 4 Junio
Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal.
Deuteronomio 30:15
Escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia.
Deuteronomio 30:19
Las elecciones de la vida (1)

El hombre tiene la capacidad de reflexionar y elegir conscientemente. Sus elecciones racionales se hacen en función de lo que hay en lo más profundo de su ser: su corazón, como lo llama la Biblia (Proverbios 4:23). Pero su educación, el contexto social, la moda y otros factores influyen mucho en sus decisiones.

¿Cómo tomar buenas decisiones? La Biblia nos presenta varias alternativas y luego nos muestra cuál es la mejor.

En una serie de meditaciones analizaremos algunos versículos donde se emplea la expresión “mejor es”. Estos nos orientan hacia el camino que Dios aprueba. A veces son sorprendentes y requieren reflexión, porque nuestras elecciones espontáneas nos pueden conducir a lo opuesto.

No todo es igual: ciertas cosas son preferibles a otras. Pese a todo el desorden que hay en este mundo, el creyente puede tomar sus decisiones con Dios, y es lo correcto. A veces lo que es provechoso está en oposición con la opinión de la mayoría. Por eso el creyente puede sentirse aislado e incomprendido. Pero Dios lo anima diciendo: “Todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?” (1 Juan 5:4-5).

(En los diez próximos martes, el lector encontrará un comentario sobre las elecciones que propone la Palabra de Dios, titulado: “Mejor es”).

2 Reyes 5 – Romanos 11:1-24 – Salmo 68:1-6 – Proverbios 16:23-24

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Conformados a Cristo

Junio 3

Conformados a Cristo

No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo.

(1 Juan 2:15)

Como cristianos, somos nuevas criaturas y miembros de la iglesia de Jesucristo, y por tanto excepcionales. Como resultado, no debemos vivir como las personas del mundo. El mundo es orgulloso; nosotros somos humildes. El mundo está fragmentado; nosotros estamos unidos. El mundo es incapaz; nosotros estamos dotados. El mundo odia; nosotros amamos. El mundo no conoce la verdad; nosotros sí la conocemos. Si no andamos de manera diferente del mundo, no lograremos las metas de Cristo. Si vivimos como las personas del mundo, estamos esencialmente imitando a los muertos (Ef. 2:1-5), y eso no tiene sentido.

Los cristianos somos como una nueva raza. Tenemos una nueva simiente espiritual incorruptible, y debemos vivir de una manera que corresponda con ella. Somos nuevas criaturas que han sido preparadas para una existencia eterna. Como resultado, podemos abandonar nuestra antigua manera de vivir y ser conformados a la vida de Cristo.

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Negligencia de los padres

 

John MacArthur

Usted no puede salvar a sus hijos. Usted puede criarlos en el temor y amonestación del Señor, cuidarlos de las influencias pecaminosas y tentaciones del mundo, y envolverlos con el compañerismo de aquellos que conocen y aman a Dios. Pero al final, como vimos la última vez, su arrepentimiento y fe no puede ser heredada o manufacturada – la salvación es obra de Dios, no suya. Como padre, su influencia llega solo hasta un cierto punto.

 

El tipo de influencia equivocada

 

Habiendo dicho esto, quiero resaltar que a veces – debería decir, con frecuencia– los padres son parcialmente responsables por la rebelión de los hijos descarriados. Y ha sido mi observación a través de los años, que los padres son generalmente más culpables por los hijos descarriados que la sociedad, compañeros, o cualquier otra influencia a la que los padres tienden a culpar. Ocasionalmente encuentro padres que han violado casi todos los principios bíblicos de la crianza, quienes, de todas maneras, vienen al pastor buscando algún tipo de absolución de la responsabilidad por la rebeldía de los hijos. Ellos quieren una garantía verbal de que de ninguna manera ellos son los culpables, sino que alguien más lo es.

 

Aun así, Dios mismo le ha dado la responsabilidad de criar a los hijos, a los padres – no a los maestros de escuela, compañeros, empleados de guardería, u otras personas fuera de la familia – y por lo tanto está mal que los padres intenten descargar la responsabilidad o culpar a otro cuando las cosas salen mal.

 

Los padres deben comprometerse suficientemente en la vida de sus hijos, para asegurarse que ninguna otra influencia haya tomado precedente. Para los padres que se quejan que las fallas de sus hijos son culpa de los amigos de estos, mi respuesta inevitable es que al fin de cuentas los culpables son los padres, porque ellos fueron los que permitieron que los compañeros tengan más participación en la vida de sus hijos, que la que ellos mismos tienen.

 

Culpa y rendición de cuentas

 

Sin dudas que muchos padres, cínicamente no van a estar de acuerdo con esto, insistiendo en que no es realista el día de hoy, esperar que los padres influencien a sus hijos más que los compañeros, la cultura, televisión, maestros de escuela, y todos los otros factores que compiten por un interés controlador en la vida típica de un niño.

 

Aun así, un momento de reflexión revelará porque los padres en nuestra cultura tienen menos influencia en sus hijos de lo que los compañeros de grupo tienen: la mayoría de los padres, simplemente han abdicado su rol paterno. Han entregado sus hijos a los compañeros de estos. Han invertido menos tiempo en enseñarle a sus hijos, que la cantidad de tiempo que les han permitido a sus hijos mirar televisión. Han permitido mucha – sino toda – la instrucción espiritual, moral y ética de sus hijos, provenir de la televisión, películas, música, y otros niños. Aun en los mejores casos, los padres se apoyan demasiado en los maestros de escuela, maestros de Escuela Dominical, y líderes de jóvenes – todos fuera de la esfera de la familia. Los padres deben darse cuenta que el carácter no es innato a través de la genética, ni recogido por la ósmosis. A los niños se les enseña a ser lo que llegan a ser. Si se han convertido en otra cosa de lo que los padres esperaban, usualmente, es porque ellos simplemente han aprendido de esos que estaban ahí, para enseñarles en la ausencia de sus padres.

 

En otras palabras, los padres, no los niños – y tampoco los grupos de compañeros – son finalmente los culpables por la influencia cada vez menor de los padres en nuestra cultura. Siempre que las influencias externas moldean el carácter de un niño más que los padres, los padres han fracasado en su deber. Es tan simple como eso.

 

Los padres cristianos de hoy, desesperadamente necesitan adueñarse de este principio simple. Delante del trono de Dios, seremos tenidos como responsables, si hemos entregado a nuestros hijos a otras influencias que moldean su carácter en maneras impías. Dios ha puesto en nuestras manos la responsabilidad de criar a nuestros hijos en el temor y amonestación del Señor, y vamos a rendir cuentas a Dios de nuestra mayordomía de este gran regalo. Si otros tienen más influencia en nuestros niños que nosotros, somos culpables, no excusables, por esos motivos.

 

Su trabajo a tiempo completo

 

Dios ha hecho de la crianza una responsabilidad de tiempo completo. No hay un periodo de relajo, para nuestras obligaciones de padres. Este principio fue aun construido dentro de la ley en Sinaí. Dios precedió sus instrucciones a los israelitas con esta solemne demanda:

 

Y estas palabras que to te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. (Deuteronomio 6:6-7)

 

Esa es la propia definición de Dios de la tarea de los padres. Significa que la crianza es una asignación de tiempo completo en cada sentido de la expresión. Ninguna fase de la vida está excluida. No hay tiempo libre para el padre que quiere ser fiel a este llamamiento.

 

Algunos padres piensan que pueden compartimentar la vida de su hijo, asignar una cantidad de horas por semana para usar en la crianza, y luego cumplir las obligaciones como padres al asegurarse que las horas que ellos ponen en esa tarea son “tiempo de calidad”. Esa filosofía entera es contraria al espíritu de Deuteronomio 6:7, y es una manera segura de garantizar que las influencias del exterior tendrán más influencia que los padres en formar el carácter de su hijo.

 

Negligencia de los padres

 

La historia del Israel del Antiguo Testamento es un objeto de lección acerca de los peligros de descuidar este principio vital. Israel falló miserablemente en lo que tuvo que ver con su deber de enseñarle a sus hijos acerca de la justicia de Dios. Considere este versículo revelador acerca de la generación de Israelitas quienes primeramente entraron en la Tierra Prometida. Y note que esta era apenas una generación después de que Dios les había dado la ley en el monte de Sinaí:

 

Y el pueblo había servido a Jehová todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que sobrevivieron a Josué, los cuales habían visto todas las grandes obras de Jehová, que Él había hecho por Israel…Y toda aquella generación también fue reunida a sus padres. Y se levantó después de ellos otra generación que no conocía a Jehová, ni la obra que Él había hecho por Israel. (Jueces 2:7, 10)

 

En otras palabras, esa generación entera de Israelitas falló en su responsabilidad. Ellos descuidaron el enseñarles a sus hijos acerca de las cosas que Dios había hecho por Israel. Y como consecuencia, la próxima generación se alejó en masa del Señor:

 

Después los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová, y sirvieron a los Baales. Dejaron a Jehová el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto, y se fueron tras otros dioses, los dioses de los pueblos que estaban en sus alrededores, a los cuales adoraron; y provocaron a ira a Jehová. Y dejaron a Jehová y adoraron a Baal y a Astarot.

 

Los hijos se volvieron a los dioses malvados de los Cananitas. Su medio ambiente los influenció más que los padres, debido a que los padres abdicaron su rol paternal. El resultado fue idolatría, caos, y destrucción. “Cada uno hacía lo que bien le parecía” (21:25).

 

El mismo modelo fue repetido una y otra vez a través de la historia de Israel. Cada vez que una generación de padres descuidó el plantar las semillas que proveerían árboles de sombra para las siguientes generaciones, los hijos sufrieron la hambruna espiritual que inevitablemente siguió.

 

La misma cosa todavía está pasando hasta el día de hoy. En este momento, las perspectivas para la próxima generación son tan sombrías como siempre lo han sido. Y no va a haber un cambio, a no ser que esta generación de padres vuelva al trabajo de tiempo completo de plantar árboles de sombra espiritual.

 

La paternidad correcta y las prioridades personales

 

Para muchos padres, el primer paso hacia volver al camino debe ser un compromiso fresco hacia las cosas de Dios, por ellos mismos. Si nuestras propias prioridades en la vida están torcidas, no hay esperanza de enseñarles a nuestros niños lo que necesitan aprender.

 

Padres, hagan un inventario en sus propios corazones. ¿Tiene usted sed de Dios, como el ciervo brama por las corrientes de las aguas? O ¿está su vida enviándole a sus hijos un mensaje de hipocresía e indiferencia espiritual? ¿Es su compromiso con Cristo lo que usted espera ver en las vidas de sus hijos? ¿Es su obediencia a Su Palabra el mismo tipo de sumisión que usted espera ver en sus propios hijos?

 

Estas son preguntas cruciales que cada padre debe enfrentar, si realmente queremos ser padres exitosos y buenos modelos de conducta para nuestros hijos. Que los padres sean abandonados en su propia vida espiritual, es equivalente a talar todos los árboles de sombra para la próxima generación en su familia.

 

Padres cristianos – aliéntense. Tienen una responsabilidad delante de Dios de usar su influencia con sus hijos para Su gloria y el bien de ellos. Pero el peso de la eternidad de ellos no está en sus hombros – recuerden que ellos no han nacido moralmente neutros. Dios va a usar cualquier medio que Él elija para atraer a Su pueblo a Si Mismo. Ore para que Él lo use en las vidas de sus hijos, y confíe que Él es fiel aun a través de sus fracasos.

 

(Adaptado de Cómo ser padres cristianos exitosos.)

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La oración del rey Manasés

Lunes 3 Junio

(Manasés multiplicó) el hacer lo malo ante los ojos del Señor.

2 Reyes 21:6

Luego que fue puesto en angustias, oró al Señor su Dios, humillado… Entonces reconoció Manasés que el Señor era Dios.

2 Crónicas 33:12-13

La oración del rey Manasés

Leamos el Antiguo Testamento

Este rey gobernó en Jerusalén durante cincuenta y cinco años. Pero actuó muy mal delante de Dios. Reedificó los altares paganos que su padre había destruido, y se atrevió a instalar sus ídolos en el templo de Dios. En varias ocasiones Dios lo amonestó, pero este rey no quiso escuchar y arrastró al pueblo de Israel a desobedecer abiertamente a Dios. Pocas veces la Biblia hace una descripción tan negativa de un soberano. Después de muchas exhortaciones, Dios le envió enemigos que lo tomaron prisionero. ¿Qué otra cosa se puede esperar, después de tanta oposición a Dios, sino el juicio?

Pero de repente el tono del relato cambia. “Luego que fue puesto en angustias, oró al Señor su Dios, humillado grandemente en la presencia del Dios de sus padres. Y habiendo orado a él, fue atendido; pues Dios oyó su oración” (2 Crónicas 33:12-13). Dios, quien es misericordioso, tuvo en cuenta la oración y el arrepentimiento de este hombre. Y se conmovió… ¡Qué paciencia!

El ejemplo de Manasés nos anima a recurrir a Dios en todo tiempo. No importa cuál sea nuestro pasado; mientras estemos en esta tierra, hay esperanza para nosotros si nos arrepentimos. Dios sigue siendo el mismo (Nehemías 9:6). Si respondió la oración de Manasés, no rechazará la nuestra. Volvamos a Dios, cuya paciencia nos conmueve. Si nos arrepentimos y volvemos hacia él, el Señor nos recibirá como el padre del hijo perdido de la parábola (Lucas 15:20).

2 Reyes 4:25-44 – Romanos 10 – Salmo 67 – Proverbios 16:21-22
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