MANERAS NO BIBLICAS DE TRATAR CON LA AMARGURA | Jaime Mirón

MANERAS NO BIBLICAS DE TRATAR CON LA AMARGURA
«Quítense de vosotros toda amargura…»
(Efesios 4:31).
La amargura es uno de los pecados más comunes no solamente en el mundo sino también entre el pueblo cristiano evangélico. Casi todos hemos sido ofendidos, y una u otra vez hemos llegado al punto de la amargura. Muchos no han podido superar una ofensa y han dejado crecer una raíz de amargura en su corazón. Debido a que es difícil (si no imposible) vivir amargado y en paz, el hombre maquina maneras para tratar de resolver su problema de amargura y así menguar el dolor, pero sin embargo la amargura queda intacta. Para poder extirpar de manera bíblica la amargura del corazón, es imperioso comprender y desenmascarar las varias formas mundanas de “solucionar” el problema, para que no quede otra alternativa que la bíblica.

  1. Vengarse. La manera no bíblica más común es tomar venganza. Hace poco escuché una entrevista con un escritor de novelas policiales, quien comentó que sólo existen tres motivos para asesinar a una persona: amor, dinero, y venganza. En un país centroamericano asolado por la guerrilla, me comentaron que muchos se aprovechan de tales tiempos para vengarse y echar la culpa a los guerrilleros. Con razón Pablo exhorta: “…no os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” (Romanos 12:19).
    A pesar de las circunstancias, la Biblia sostiene que jamás es voluntad de Dios que nos venguemos nosotros mismos.
    Julia y Roberto son hermanos; ambos están casados y tienen 4 y 3 hijos respectivamente. Cuando vivían en la casa paterna sufrían con un padre borracho y perverso. No sólo los trató con violencia y con las palabras más degradantes, sino que también se aprovechó sexualmente de sus hijos. Pasaron los años y Roberto –ya adulto, herido, con muchos malos recuerdos y profundamente amargado– odia a su padre. ¿Quién lo puede culpar por sentirse profundamente herido? Otra vez podemos decir que “tiene razón». No es cuestión de minimizar el pecado de la otra persona ni el daño o la herida, sino es cuestión de qué hacer ahora, y magnificar la gracia de Dios.
    Buscando alivio, Roberto, acudió a un psicólogo no cristiano que le ayudó a descubrir la profundidad de su odio y amargura, y sugirió como solución la venganza. Durante los últimos años Roberto ha estado llevando a cabo el dictamen. Principió con llamadas telefónicas insultando a su padre con las mismas palabras degradantes que éste había empleado. Cuando las llamadas dejaron de tener el efecto deseado, empezó a sembrar veneno en su hermana Julia y los demás familiares para que hicieran lo mismo. No es de extrañar que cada reunión familiar termine en un espectáculo como la lucha libre. Hoy día Roberto es un hombre amargado y cada día más infeliz.
    Por su parte Julia –adulta y también herida, y con muchos malos recuerdos pero sin amargura– ama a su padre. Es cristiana, esposa de un pastor, y optó por perdonar a su padre e intentar ganarlo para Cristo. Dos personas de la misma familia y que experimentaron las mismas circunstancias, eligieron dos caminos distintos: uno la venganza y la otra el perdón.
    Cuando intento vengarme por mi propia cuenta…
    a) Me pongo en el lugar de Dios. De acuerdo a la Biblia la venganza pertenece a Dios. Entonces, la venganza es el pecado de usurpar un derecho que sólo le pertenece a El. Querer vengarnos por nosotros mismos es asumir una actitud de orgullo, el mismo pecado que causó la caída de Lucero (Isaías 14:13, 14). Por lo tanto, al tratar de vengarnos (aunque tan sólo en nuestra mente), estamos pisando terreno peligroso.
    Por otra parte, la ira de Dios siempre es ira santa. Dios no obrará hasta tanto yo deje la situación en sus manos. No puedo esperar de mi parte la solución que solamente el Dios soberano puede llevar a cabo.
    b) La venganza siempre complica la situación. Mi propia venganza provoca más problemas, más enojo, envenena a otros y deja mi conciencia contaminada.
    c) Sobre todo, tomar venganza por nuestros medios es un pecado contra el Dios santo. Es una gran lección ver como el apóstol Pablo dejó lugar a la ira de Dios cuando dijo: “Alejandro el calderero me ha causado muchos males; el Señor le pague conforme a sus hechos” (2 Timoteo 4:14).
  2. Minimizar el pecado de la amargura. Minimizo un pecado cuando por algún motivo puedo justificarlo. Existen, por lo menos, tres maneras de minimizar el pecado de la amargura:
    a) Llamarlo por otro nombre, alegando que es una debilidad, una enfermedad o desequilibrio químico, enojo santo, o sencillamente afirmando que “todo el mundo lo está haciendo». Hay quienes dicen ser muy sensibles y como resultado están resentidos pero no amargados. ¡Cuidado! Existe una relación muy íntima entre los sentimientos heridos y la amargura.
    b) Disculparse por las circunstancias y así justificar la amargura. “En estas circunstancias Dios no me condenaría por guardar rencor en mi corazón.” Básicamente, lo que estamos diciendo es que hay ocasiones cuando los recursos espirituales no sirven, y nos vemos obligados a pecar. Juan dice a tales personas: “Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a El mentiroso, y su palabra no está en nosotros” (1ª Juan 1:10).
    c) Culpar al otro. Esta es, sin duda, la manera más frecuente de eludir la responsabilidad bíblica de admitir que la amargura es pecado. Cuando de amargura se trata, el ser humano generalmente culpa a la persona que le ofendió. En casos extremos algunos se resienten contra Dios. “No sé porque Dios me hizo así…” “¿Dónde estaba Dios cuando me sucedió esto?»
  3. Desahogarse. Ultimamente se ha popularizado la idea de que “desahogarse” sanará la herida. Ahora bien, es cierto que desahogarse tal vez ayuda a que la persona sobrellevar el peso que lleva encima (Gálatas 6:2). Sin embargo, es factible que (a) termine esparciendo la amargura y como resultado contamine a muchos; (b) le lleve a minimizar el pecado de la amargura porque la persona en quien se descarga contesta: “Tú tienes derecho»; (c) no considere la amargura como pecado contra Dios.
  4. Una disculpa de parte del ofensor. Muchos piensan que el asunto termina cuando el ofensor pide disculpas a la persona ofendida. De acuerdo a la Biblia efectivamente esto forma parte de la solución porque trae reconciliación entre dos personas (Mateo 5:23–25). Sin embargo, falta reconocer que la amargura es un pecado contra Dios. Sólo la sangre de Cristo, no una disculpa, limpia de pecado (1ª Juan 1:7). La solución radica tanto en la relación horizontal (con otro ser humano) como en la vertical (con Dios).
  5. Perdonar a Dios. Después de presentar estos principios en una iglesia, de dos fuentes diferentes escuché que la solución para la amargura era “perdonar a Dios». Cuando una persona no está conforme con su apariencia física o con un suceso que dejó cicatrices emocionales o físicas en su vida, se le aconseja que perdone a Dios por haber permitido que sucediera.
    En Rut 1:13 Noemí estaba amargada contra Dios y hasta explicó a sus dos nueras que tenía derecho a estar más amargada que ellas porque se habían muerto su esposo y sus dos hijos. Es la clase de situación donde hoy día se aconsejaría perdonar a Dios por haberlo permitido.
    Estoy convencido de que hablar de “perdonar a Dios” es blasfemia. Dios es bueno (Salmo 103); Dios es amor (1ª Juan 4:8); Dios está lleno de bondad (Marcos 10:18); Dios es esperanza (Romanos 15:13); Dios es santo (Isaías 6:3); Dios es perfecto (Deuteronomio 32:4; Hebreos 6:18). Jamás habrá necesidad de perdonarlo.
    Este concepto de perdonar a Dios es uno de los intentos del ser humano de crear a Dios a imagen del hombre. Demuestra una total ignorancia e incomprensión de que Dios en su amor tiene múltiples propósitos y lleva a cabo tales propósitos por medio de las experiencias que atravesamos. ¡Sí pudiéramos aprender la realidad: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2ª Corintios 12:9)!

Mirón, J. (1994). La amargura, el pecado más contagioso (pp. 17-22). Editorial Unilit.

La ira de Naamán

Martes 4 Julio
La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
Romanos 6:23
La ira de Naamán
Leer 2 Reyes 5:1-14
Naamán, general del ejército del rey de Siria (900 años a. C.), estaba muy enfermo. Tenía lepra, una enfermedad incurable en esa época. Fue enviado a Eliseo, el profeta de Israel, quien, según le dijeron, podía curarlo.

Eliseo no le rindió los honores debidos a su rango, y le envió un mensaje que él, Naamán, consideraba inaceptable: “Ve y lávate siete veces en el Jordán… y serás limpio”, es decir, curado. Su enojo fue aún mayor porque él pensaba que el profeta vendría y trataría su enfermedad personalmente. Estaba dispuesto a pagar mucho para que el profeta interviniera. No quería esta solución, la cual consideraba ilógica y demasiado simple. Sin embargo, sus siervos lo persuadieron para que hiciera lo que el profeta le había dicho. Entonces se sumergió siete veces en el Jordán y quedó completamente curado.

Una enfermedad peor que la lepra nos afecta a todos: el pecado, que conduce inexorablemente a la muerte. Jesucristo atravesó la muerte en nuestro lugar. Murió para obtener nuestra curación. Para él las horas pasadas en la cruz significaron terribles sufrimientos; para nosotros son la liberación de todo el mal que hay en nosotros y que nos separa de Dios. ¿Qué debemos hacer para ser sanados? Simplemente aceptar la liberación hecha por Jesucristo. Él no espera nada a cambio; no nos pide participar en nuestra curación.

“Aun estando nosotros muertos en pecados, (Dios) nos dio vida juntamente con Cristo… Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:5, 8-9).

Daniel 6 – 1 Juan 5 – Salmo 78:56-65 – Proverbios 18:18-19

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¿Cómo crece la iglesia? | Justin Burkholder

¿Cómo crece la iglesia?

Justin Burkholder

Nota del editor:
Este es un fragmento adaptado del libro Sobre la roca: Un modelo para iglesias que plantan iglesias. Justin Burkholder. B&H Español.

Esto sonará un poco sencillo, pero la iglesia crece mediante el evangelismo. La iglesia no es nada más y nada menos que la comunidad de los que han sido salvos por la obra de Cristo. Esto significa que la gente que pertenece a esa comunidad tiene que haber escuchado sobre la obra de Cristo y tiene que haber creído en ella. Así lo dice Pablo: “¿Cómo, pues, invocarán a Aquél en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en Aquél de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?” (Rom. 10:14).

A medida que las personas oyen de Cristo y de su obra, y creen en Cristo y en su obra redentora, se van agregando a la comunidad de fe. A fin de cuentas, la iglesia del futuro es el fruto del evangelismo de la iglesia de hoy. Dios mismo ha escogido a los que son discípulos hoy “a fin de que anuncien las virtudes de Aquél que los llamó de las tinieblas a Su luz admirable” (1 Ped. 2:9). Jesús les dice a sus discípulos en los últimos momentos con ellos: “Como el Padre Me ha enviado, así también Yo los envío” (Jn. 20: 21). Lo que Jesucristo está diciendo es que la iglesia, formada por sus discípulos, ha sido enviada al mundo con el fin de predicar el evangelio. Mientras más personas escuchen el evangelio, más creerán en Él y más crecerá la iglesia.

Llenar un salón con gente que canta, aplaude y escucha una predicación no significa que la iglesia ha crecido; solo significa que la asistencia ha aumentado.

El evangelismo en la iglesia local es una tarea de todos los miembros. La Gran Comisión es una encomienda que fue dada a todos los discípulos de Jesús. Por lo tanto, nadie queda exento del evangelismo. Hoy en día es muy común pensar que el que evangeliza es el pastor o los que pertenecen al ministerio de evangelismo. Los demás simplemente esperan que él o esos miembros particulares hagan ese trabajo. Algunos también creen que los que deben evangelizar son los que tienen el don de evangelización. Es probable que tengan mayor éxito debido a que están enfocados en el evangelismo, pero eso no quita que todos seamos responsables de anunciar las buenas nuevas de Jesús.

Cuando hablamos del crecimiento de la iglesia no nos referimos tan solo al aumento en el número de los asistentes a los servicios de los domingos. Parte del problema de enfocarnos solo en el crecimiento de la asistencia dominical radica en que no representa el crecimiento total de la verdadera iglesia. No creemos que todas las personas que asisten los domingos serán las que estarán en la presencia de Dios en el cielo por toda la eternidad. Aunque asistan a la iglesia, no todos ellos son la iglesia. Llenar un salón con gente que canta, aplaude y escucha una predicación no significa que la iglesia ha crecido; solo significa que la asistencia ha aumentado. Lo que realmente queremos ver es más gente que crea y crezca en las verdades del evangelio. Esto implica que estén viviendo una vida donde confiesen su pecado, su esperanza esté puesta en Cristo y estén haciendo buenas obras como resultado de una vida transformada luego de haber creído en el evangelio. Por tanto, nuestro enfoque, nuestro tiempo, nuestros recursos y nuestra atención deberían estar más enfocados en la proclamación del evangelio.

Si tu mayor anhelo para la nueva plantación es llenar el salón, probablemente harás crecer la iglesia con personas interesadas en la religión, gente trasplantada de otras iglesias que están buscando una mejor experiencia dominical y no personas que confiesen su nueva fe en Cristo. Tal vez te estés preguntando: “Pero, ¿cómo podemos asegurar el crecimiento de la iglesia?”. Muy buena pregunta que tiene una respuesta muy sencilla: no lo podemos hacer. Es mejor admitirlo que intentar darle una justificación a nuestro posible pragmatismo en busca de resultados numéricos. A Dios le agrada que nosotros no tengamos el poder para hacer que su iglesia crezca, porque solo Él es quien da el crecimiento. Eso es justamente lo que dice Pablo, “Yo planté, Apolos regó, pero Dios ha dado el crecimiento” (1 Cor. 3:6).

A Dios le agrada que nosotros no tengamos el poder para hacer que su iglesia crezca, porque solo Él es quien da el crecimiento.

Como ves, nosotros sí somos responsables de sembrar y regar. Esto significa que, como un buen granjero, no podemos tener la plena seguridad de que las plantas darán fruto, pero sí sabemos que hay tierra fructífera y lista para dar fruto, y por eso es que sembramos y regamos. Esto lo hacemos orando y confiando en Dios, quien finalmente es el responsable y el único capaz de producir el crecimiento.

Nosotros somos responsables de asegurar que los que deben oír tengan a alguien que les predique (Rom. 10:14-15). Nuestra responsabilidad es asegurarnos de que estamos proclamando el evangelio a tiempo y fuera de tiempo. A medida que proclamamos con fidelidad el evangelio, tenemos la plena confianza de que Dios salvará y añadirá a nuestro número, tal como lo hizo a lo largo del libro de Hechos. En este sentido, el éxito debe medirse por las oportunidades que aprovechamos para evangelizar. Fracasamos cuando no evangelizamos. Somos exitosos cuando somos fieles en evangelizar. El tamaño de la cosecha de salvación le corresponde solo al Señor.


Justin Burkholder es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Junto a su esposa sirven como misioneros en Guatemala con TEAM (The Evangelical Alliance Mission). Sirve como uno de los pastores en Iglesia Reforma y como Director de México y Centro América para TEAM. Es el autor de Sobre la Roca: un modelo para iglesias que plantan iglesias. Tienen tres hijas. Puedes seguirlo en Twitter o visitar su blog.

La piedad es una disciplina

Lunes 3 Julio
Ejercítate para la piedad; porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera.
1 Timoteo 4:7-8
La piedad es una disciplina
Nadie discute la utilidad de un estilo de vida saludable: comer con moderación, dormir un número determinado de horas, hacer ejercicio físico con regularidad, aunque solo sea caminar. Es necesario cuidar nuestro cuerpo.

Pero es aún más provechoso practicar la piedad, como se ejercita un deporte, porque es cuidar la buena salud del alma. La piedad es una relación con Dios, una vida de fe, alimentada por la lectura de la Biblia y la oración. Cultivar esta relación requiere un esfuerzo constante, una disciplina diaria. El término griego traducido aquí como “ejercicio” dio origen a la palabra gimnasia.

El deportista tiene un objetivo y hace todo lo posible para lograrlo. Vive con sobriedad, se entrena regularmente. Es decidido y respeta las reglas. Deja en el vestuario lo que podría estorbarle.

Así, el cristiano que quiere agradar al Señor debe desarrollar varias cualidades: energía espiritual, abnegación, sumisión a la voluntad divina y sentido de su misión. Tiene los ojos fijos en Cristo, la meta de su vida. Tiene un objetivo único y conoce sus prioridades. El apóstol Pablo es un excelente ejemplo de ello: “Una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13-14).

“¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis” (1 Corintios 9:24).

Daniel 5 – 1 Juan 4 – Salmo 78:40-55 – Proverbios 18:16-17

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9 Marcas de Una Iglesia Saludable | 9marks

La Misión de las 9 Marcas

Creemos que la iglesia local es el punto focal del plan de Dios para manifestar su gloria a las naciones.

-Nuestra visión es simple: iglesias que reflejen el carácter de Dios.

-Nuestra misión es cultivar y animar iglesias caracterizadas por estas nueve marcas:

  1. Predicación Expositiva

Esta es la predicación la cual expone lo que la Escritura dice en un pasaje en particular, explicando cuidadosamente su significado y aplicándolo a la congregación. Es un compromiso escuchar la Palabra de Dios y recuperar y recuperar la centralidad de ella en nuestra adoración.

  1. Teología Bíblica

Pablo encarga a Tito a “enseñar lo que este de acuerdo a la sana doctrina” (Tito 2:1). Nuestra preocupación de ser no solo con el como enseñamos, sino que es lo que enseñamos. La Teología Bíblica es un compromiso de conocer al Dios de la Biblia tal y como El se ha revelado en la Escritura.

  1. Entendimiento Bíblico de las Buenas Nuevas

El evangelio es el corazón del cristianismo. Pero las buenas nuevas no son que Dios quiera satisfacer las necesidades de las personas o el ayudarlas a desarrollar una auto-imagen mas sana. Nos hemos rebelado pecaminosamente en contra de nuestro Creador y Juez. Pero el bondadosamente envió a Su Hijo a morir la muerte que merecíamos por nuestro pecado, y El ha acreditado la absolución de Cristo a aquellos que se arrepienten de sus pecados y creen en la muerte y resurrección de Jesús. Esas son las buenas nuevas.

  1. Entendimiento Bíblico de la Conversión

El cambio espiritual de cada persona necesita es tan radical, tan cerca a la nuestra raíz, que solo Dios puede hacerlo. Necesitamos que Dios nos convierta. La conversión no necesita ser una experiencia emocionalmente candente. Pero si debe evidenciarse de fruto santo si ha de ser lo que la Biblia considera una verdadera conversión.

  1. Entendimiento Bíblico del Evangelismo

El como alguien comparte el evangelio esta cercanamente relacionado al como el entiende el evangelio. Presentarlo como algo adicional que proporciona a los no cristianos algo que ellos naturalmente desean (i.e. gozo o paz) es presentar una media verdad, lo cual provoca falsas conversiones. Toda la verdad es que nuestra necesidad mas profunda es la vida espiritual, y que la nueva vida solo viene al arrepentiros de nuestros pecado y creer en Jesús. Presentamos el evangelio abiertamente, y dejamos la conversión a Dios.

  1. Entendimiento Bíblico de la Membresía

La membresía debe reflejar un compromiso vivo a una iglesia local en asistencia, dar, oración y servicio, de otro modo sería sin sentido, sin valor e incluso peligroso. No debemos permitir mantener la membresía de personas en nuestras iglesias por razones sentimentales o por una falta de atención. Ser miembro es estar intencionalmente viajando juntos como extranjeros en un este mundo mientras nos dirigimos a nuestro hogar celestial.

  1. Disciplina Bíblica de la Iglesia

La disciplina de la iglesia nos da los parámetros de la membresía de la iglesia. La idea hoy en día parece negativa a las personas –“¿no nos prohíbe el Señor juzgar?” Pero si no podemos decir como un cristiano debe vivir, ¿Cómo podemos decirle a el o ella como vivir? Cada iglesia local realmente tiene una responsabilidad bíblica de jugar la vida y la enseñanza de sus líderes, y aun de sus miembros, especialmente al grado en que cada uno pueda comprometer el testimonio de la iglesia al evangelio.

  1. Promoción del Discipulado y Crecimiento Cristiano

Existe hoy una penetrante preocupación con el crecimiento de la iglesia –no solamente con el crecimiento numérico, sino con el crecimiento de los miembros. Aunque muchos cristianos miden otras cosas, la única señal observable de crecimiento es una vida de santidad creciente, teniendo su raíz en una abnegación cristiana- estos conceptos son casi extintos en la iglesia moderna. Recuperar el verdadero discipulado para hoy edificará a la iglesia y promoverá un testimonio mas clara al mundo.

  1. Entendimiento Bíblico del Liderazgo

En lo que a menudo están de acuerdo los bautistas del siglo dieciocho y los presbiterianos es con respecto que si debe haber una pluralidad de ancianos en cada iglesia local. Esta pluralidad de ancianos no es solo bíblica, sino práctica –tiene un gran beneficio en complementar los dones del pastor para asegurar una guía apropiada de la iglesia de Dios.

Al identificar y promover estas nueve marcas, no intentamos imponer una lista exhaustiva y autoritativa. Hay otras marcas importantes de las iglesias saludables, como la oración y el compañerismo. Las cuales queremos seguir también nosotros, y queremos que usted las siga también con nosotros. Pero estas nueve marcas son las que creemos que son las mas descuidadas hoy en la mayoría de las iglesias locales, con las mas dañinas ramificaciones. Únase a nosotros en cultivar iglesias que reflejen el carácter de Dios.

Tomado de http://www.9marks.org

Vivir libre

Domingo 2 Julio
El pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.
Romanos 6:14
La ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.
Romanos 8:2
Vivir libre
Parece que una cuerda fuerte es suficiente para sujetar a un elefante. En efecto, si durante su juventud este animal estuvo atado permanentemente a un gran árbol, terminará renunciando a tratar de liberarse. Cuando es adulto, ya no hala su cuerda: se detiene tan pronto siente una resistencia. ¡Piensa que todavía está cautivo!

Y usted, amigo cristiano, ¿cree que todavía es una persona cautiva? ¿Cree que nunca podrá liberarse de tal o cual comportamiento, hábito o adicción que lo encadena, o tal vez está frenado por sus fracasos y sus falsas creencias?

Veamos lo que la Biblia dice: “El pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia”. Usted no está condenado a permanecer atado a un árbol, como el joven elefante. Si cree en el Señor Jesús, puede salir victorioso porque tiene un nuevo poder, el poder del Espíritu Santo. Este no viene de sus propios esfuerzos, de su voluntad o de sus decisiones, sino de Dios.

Pero el Espíritu Santo trabaja con nuestro asentimiento. Por eso, la primera pregunta que debemos responder para ser liberados es la que Jesús hizo al paralítico: “¿Quieres ser sano?” (Juan 5:6). Esta pregunta nos obliga a enfrentarnos a nuestro verdadero deseo. El siguiente paso es dejar que Dios actúe, abandonando nuestros propios esfuerzos. Entonces, en este camino de confianza, saboreamos la paz de Dios y la liberación del mal. ¡Tal vez sea gradual, pero podemos estar seguros de que será real!

Daniel 4:19-37 – 1 Juan 3 – Salmo 78:32-40 – Proverbios 18:14-15

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Dinero, ofrendas y la iglesia | Augustus Nicodemus Lopes

Dinero, ofrendas y la iglesia
Por Augustus Nicodemus Lopes

Teniendo en cuenta que la Biblia dice que el amor al dinero es la raíz de toda clase de males (1Ti 6:10), ¿deberíamos prohibir completamente a la iglesia cristiana cualquier referencia al “vil metal”? Creo que no, aunque la historia de la iglesia ha demostrado que la alerta de la Biblia es verdadera.

Muchos de los problemas ocurridos con pastores, predicadores y misioneros, que traen divisiones y escándalos tienen que ver con el dinero. Quien no recuerda los escándalos financieros involucrando algunos famosos evangelistas en distintas épocas, que incluso tenían programas de televisión y eran mundialmente conocidos. ¿O más recientemente, en mi país (Brasil), las denuncias que han surgido involucrando a líderes evangélicos?

Pero eso no es todo. Un enfoque erróneo sobre el dinero también acaba causando problemas en la propia concepción de lo que es la iglesia y de lo que es un cristiano. Puesto que toda iglesia mueve dinero de los miembros para sus fines apropiados, siempre aparecen problemas relacionados con el uso correcto de estos recursos y los derechos que ellos dan a quien contribuye.

La cuestión es tan seria que algunas iglesias decidieron no tener pastores remunerados, como es la Congregación Cristiana en Brasil, fundada en 1910 por Luis Francescon, en Paraná, al sur de Brasil. Cada pastor debe tener un empleo, del cual obtiene su sustento. Otras iglesias buscan hacer el levantamiento de las ofrendas de los miembros de la forma más discreta posible, siempre dejando claro que son contribuciones voluntarias, que no traen otro beneficio al donante sino el placer de contribuir.

Quisiera resaltar algunos puntos que creo están claramente expuestos en la Biblia, en cuanto a esto, buscando un equilibrio en este asunto tan delicado.

Todo lo que existe pertenece a Dios. Él es el Señor de todo y de todos. Nuestros recursos no son nuestros. Ni los de la iglesia. Somos administradores de los bienes que Dios nos ha confiado.
El dinero en sí no es bueno ni malo, dependerá del uso que hagamos de él y de nuestra actitud hacia él. Podemos usar el dinero o ser utilizados por él. Podemos usar el dinero para vivir, o vivir para el dinero. El dinero, cuando es bien empleado, se convierte en bendición para la vida de muchos.
La iglesia de Cristo, al estar en este mundo, tiene gastos con edificios, personal, impuestos, salarios, obra misionera y obra social. Para cumplir estos compromisos, ella busca recursos entre sus miembros. Todos los que participan en una iglesia deben contribuir generosamente al mantenimiento de la misma, no por obligación, sino por entender la tarea y la naturaleza de la iglesia.
Toda contribución a la iglesia es voluntaria. Ella debe ser hecha con amor y generosidad. Quien contribuye a la iglesia debe hacerlo sin esperar nada a cambio, ni favores divinos y ni privilegios humanos. El Señor Jesús dijo que nuestra mano derecha no debe saber lo que hace la izquierda, cuando se trata de dar y contribuir.
La contribución a la iglesia debe ser vista como un acto del culto que prestamos a Dios. Dar a la iglesia no es lo mismo que pagar una mensualidad o la prestación de tu automóvil o de tu casa. Por este motivo, muchas iglesias separan un momento en el culto donde los creyentes dejan sus contribuciones ante el Señor. En el Antiguo Testamento, el pueblo de Dios entregaba sus contribuciones en medio de ceremonias religiosas cuidadosamente planificadas para destacar la soberanía de Dios sobre todas las cosas y nuestro deber de servirlo, incluso con nuestros bienes.
Nuestras contribuciones a la iglesia no compran beneficios de parte de Dios. Es verdad que Dios prometió bendecir y recompensar a los que ofrecen con corazón alegre, pero esta bendición es gratuita y no debe ser vista como “comprada” por dinero. Esto sería una grave ofensa ante Dios. Simón, el mago, pensó que podía comprar con dinero el don del Espíritu Santo, pero fue rechazado radicalmente por el apóstol Pedro.
Conclusión

Hay que tener mucho cuidado al tratar estas cosas en la iglesia. El dinero y la religión es una mezcla potencialmente explosiva. Los principios, reglas y límites deben estar claramente delineados. Los medios de gracia, el bautismo y la Santa Cena, son ofrecidos libremente por la iglesia a todos los verdaderos cristianos, sin que para esto se consulte la lista de los contribuyentes y de los no contribuyentes, si es que la misma existe. Servicios pastorales como funerales, visitas, etc., están disponibles gratuitamente a todos los que lo deseen. La iglesia sobrevive de ofrendas voluntarias, que nada piden a cambio. Y sin pedir nada a cambio, la iglesia también ministra los sacramentos y el cuidado por las almas. El Señor Jesús dijo a los apóstoles (y, por lo tanto, a todos los pastores): “De gracia recibieron, den de gracia” (Mt 10:8). Él se refería al evangelio, que debía ser impartido al pueblo gratuitamente.

Augustus Nicodemus Lopes
Es un ministro presbiteriano, teólogo, profesor, conferenciante internacional y autor de éxito. Augustus tiene una licenciatura en teología en el Seminario Presbiteriano del Norte en Recife, Brasil, una Maestría en Teología en Nuevo Testamento de la Universidad Reformada de Potchefstroom, Sudáfrica, y un doctorado en interpretación bíblica en el Seminario Teológico de Westminster en Filadelfia. Él es también un pastor de la Primera Iglesia Presbiteriana de Recife.

Lo propio del amor psíquico es buscarse a sí mismo | Dietrich Bonhoeffer

Lo propio del amor psíquico es buscarse a sí mismo.
Dietrich Bonhoeffer
La comunidad cristiana puede vivir fundamentada en motivos psicológicos que derivan siempre en procesos de autobúsqueda, o en motivaciones de otro orden. Bonhoeffer lo expresa lucidamente así: «Fundada únicamente en Jesucristo, la comunidad no es una realidad de orden psíquico, sino de orden espiritual […] En la comunidad espiritual no existe, en ningún caso, una relación ‘directa’ entre los que la integran, mientras que en la comunidad psíquica se suele dar una nostalgia profunda y totalmente instintiva de una comunión directa y auténticamente carnal. Instintivamente el alma humana suele buscar otra alma con quien confundirse, ya sea en el plano amoroso o bien, lo que lleva a lo mismo, en el sometimiento del prójimo a la propia voluntad de poder.
Lo propio del amor psíquico es buscarse a sí mismo. En cambio el amor espiritual, cuya raíz es Jesucristo, le sirve sólo a Él y sabe que no hay otro acceso directo al prójimo. Cristo está siempre entre el prójimo y yo… Mi prójimo quiere ser amado tal como es, independientemente de mí, es decir, como aquel por quien Cristo se hizo hombre, murió y resucitó».

El dominio propio

Sábado 1 Julio

Como ciudad derribada y sin muro es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda.

Proverbios 25:28

Añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia.

2 Pedro 1:5-6

El fruto del Espíritu (10)

El dominio propio

Los primeros caracteres del fruto del Espíritu: amor, gozo y paz dirigen nuestros pensamientos hacia Dios. La paciencia, la benignidad, la bondad, la fidelidad, la mansedumbre y la templanza están más relacionadas con nuestro prójimo. El dominio propio es una fuerza interior, producida por el Espíritu Santo, que nos permite vivir con sabiduría y moderación. Necesitamos esta energía espiritual dada por Dios a fin de ser “sabios para el bien, e ingenuos para el mal” (Romanos 16:19).

El dominio propio es útil para el creyente en todas las circunstancias de su vida, por ejemplo, para no abusar de la comida, la bebida, los placeres, etc. Pero también es esa fuerza espiritual que le permite no ceder a todo lo que pueda empañar su testimonio, como un mal carácter, pasiones difíciles de controlar… En su vida cotidiana, el dominio propio, fruto de la nueva vida que ha recibido de Cristo, le permitirá evitar muchas trampas tendidas por la raíz de pecado que aún está en él.

El dominio propio también ayuda a encontrar la verdadera armonía, según Dios, entre las expectativas del cuerpo y las del alma. «¿Quieres que tu cuerpo obedezca a tu espíritu? Entonces deja que tu mente obedezca a Dios», escribió un creyente del siglo cuarto. Un sano dominio propio se somete a la autoridad de Cristo en cada circunstancia de la vida. Enmarca y protege la vida del cristiano: “Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu” (Gálatas 5:25).

Daniel 4:1-18 – 1 Juan 2:18-29 – Salmo 78:21-31 – Proverbios 18:13

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