2 Timoteo 4
Reina-Valera 1960
Predica la palabra
1 Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, 2 que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. 3 Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, 4 y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. 5 Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.
Tesis # 18 para la iglesia evangélica de hoy: «El ministro de la Palabra no debe verse como un apóstol, enseñoreado sobre sus ovejas» – Pastor Miguel Núñez Basada en 1 Corintios 4:1: «Que todo hombre nos considere de esta manera: como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios».
Evidencias de un verdadero arrepentimiento (2) – Hechos 2:37-42
Otto Sánchez
Rolando Otoniel (Otto) Sánchez Pérez, nació el 24 de febrero del año 1966 en la ciudad de Santo Domingo. Viene de un hogar cristiano y conoció la gracia de Jesucristo en su adolescencia.
Es pastor de la Iglesia Bautista Ozama desde el año 1992. Sus primeros estudios universitarios fueron en el área de Publicidad. Realizó estudios ministeriales en el Seminario Teológico Bautista Dominicano. Tiene una Maestría en Teología del Southern Baptist School for Theological Studies.
El pastor Otto está dirigiendo el STBD (Seminario Teológico Bautista Dominicano) desde enero del 2008. Está casado con Susana Almanzar y tienen dos niñas, Elizabeth Marie y Alicia.
Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: La ética cristiana
La palabra ética deriva de la palabra griega ethos, que significa carácter moral o costumbre. Cuando utilizamos la palabra ética, nos referimos a una norma moral sobre lo que está bien y lo que está mal. Cuando hablamos de la ética cristiana, nos referimos a la norma moral establecida —según el credo, la confesión y el cristianismo ortodoxo— basada en la Sagrada Escritura, que es nuestra única guía infalible para la fe y la vida.
La normativa de la Iglesia no cambia porque la Palabra de Dios no cambia, y como la Palabra de Dios no cambia, la ética cristiana no cambia. Por eso no hablamos de una ética cristiana, sino de la ética cristiana: una ética establecida, autorizada e inmutable que guía a los cristianos en cada cultura, en cada generación y en todo lo que pensamos, decimos y hacemos cada día de nuestras vidas. La ética cristiana es la norma que no podemos cambiar, pero que nos cambia, nos informa y nos dirige en toda la vida. Por eso somos firmes en cuanto a lo que está bien e inflexibles en cuanto a lo que está mal. Y esa es precisamente una de las razones por las que el mundo nos odia, porque el mundo detesta nuestra ética cristiana que es inquebrantable e inflexible.
El mundo ama ceder, y el grado en que una sociedad premia la transigencia y la tolerancia del mal determinará el grado de cambio ético que esa sociedad se verá obligada a soportar. Sin una norma invariable sobre el bien y el mal, una sociedad no puede mantener una norma ética coherente. Y si no hay una norma ética de lo correcto y lo incorrecto, no puede existir ninguna ética excepto la ley del más fuerte. El mundo solo tiene percepciones del bien y del mal basadas en sentimientos y simpatías que cambian constantemente. Por eso las definiciones del mundo sobre el bien y el mal suelen ser totalmente contradictorias, pues la única norma que tiene el mundo es él mismo.
La norma de la Iglesia no cambia porque la Palabra de Dios no cambia, y Su Palabra no cambia porque Él no cambia. Sin embargo, muchos cristianos nominales y muchas iglesias, tanto a lo largo de la historia como en la actualidad, desean tanto obtener una aparente influencia en el mundo que impulsan una agenda de transigencia y tolerancia dentro de la iglesia. La evidencia de esto es que en muchas iglesias hoy se considera peor juzgar el mal que hacer el mal. Pero los que sabemos que vivimos y respiramos en la presencia de Dios, sabemos que comprometer la ética cristiana es comprometer la fe inmutable una vez entregada a los santos.
El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano?de Juan Calvino.
Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.Salmo 119:105
Ella es mi consuelo en mi aflicción, porque tu dicho me ha vivificado.Salmo 119:50
¡Primero abra su Biblia!
Durante un estudio bíblico con un grupo de jóvenes, dejé mi reloj encima de la mesa. Cuando llegué a casa, ¡no tenía el reloj! Al día siguiente, cuando vi a los jóvenes, les pregunté si lo habían encontrado. No hubo respuesta, pero sí un gran silencio… Saqué mi Biblia de mi bolso y… ¡ahí estaba mi reloj, entre dos páginas! “Disculpen, ya lo tengo”. El ambiente se relajó; con humor y una gran sonrisa, una joven me dijo desde su silla: “¡Siempre hay que abrir primero nuestra Biblia!”.
Esta anécdota puede ayudarnos a reflexionar de forma útil. ¿Nuestra vida cotidiana está basada en la enseñanza de la Biblia? Es más, cuando algo va mal, ¿nuestro primer reflejo es recordar lo que ella nos enseña sobre ese tema? Y cuando estamos angustiados, cuando dudamos, cuando no sabemos qué hacer, ¿abrimos primero nuestra Biblia?
“Lámpara es a mis pies tu palabra”, escribió el autor del Salmo 119. Y, en otro versículo, “tu dicho me ha vivificado”. No se trata de leer la Biblia como un código de buena conducta, como un libro “mágico”, sino que ella es el camino para encontrar a Dios o permanecer en relación con él.
¡El creyente necesita permanentemente a Dios! Dios viene a mi encuentro, me habla. Lo hace mediante su Espíritu, que actúa en mí por medio de su Palabra. El Espíritu Santo me hace tomar conciencia de mi estado y me muestra si algo no está bien en mi vida de creyente, si hay algo que debo abandonar o que tengo que cambiar. Por otro lado, cuando estoy en un camino que agrada a Dios, me anima a perseverar.
El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/
Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI) para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.
(Jesús dijo:) Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor.Juan 10:10-11
Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.1 Pedro 5:7
Vida en abundancia
Un carcelero había encontrado abiertas todas las puertas de la cárcel. Estaba desesperado, a punto de quitarse la vida, cuando uno de sus prisioneros, el apóstol Pablo, gritó con una fuerte voz: “No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí”. Entonces el hombre hizo una pregunta: “¿Qué debo hacer para ser salvo?” (Hechos 16:28, 30). Su angustia como guardia que había fallado ya no le importaba, sino que se veía pecador ante Dios. La breve y simple respuesta a su pregunta fue inmediata: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (Hechos 16:31). Por un lado estaba la necesidad fundamental de vivir, y por el otro la simple invitación a creer que Dios quiere dar la vida eterna. Si continuamos leyendo este relato, vemos cómo el carcelero respondió a esta propuesta y se convirtió. ¡A partir de ese momento su vida cambió!
Aún hoy, muchas personas desesperadas quieren acabar con su vida. Las estadísticas muestran que, en Francia, por ejemplo, el suicidio es una de las principales causas de mortalidad entre los jóvenes. Para Dios no hay casos perdidos. Él ofrece a todos una solución para empezar de nuevo y tener una vida feliz a su lado: creer en su Hijo Jesucristo, quien dio su vida para darnos el perdón de Dios y la vida eterna, una vida “en abundancia”. No nos promete una vida sin preocupaciones, sin pruebas, sin lágrimas, pero sí promete estar a nuestro lado. Nos pide poner en sus manos todo lo que nos carga. Podemos dejar que él nos lleve en sus brazos y saborear su amor inagotable.
¿Qué es la “DICTADURA DE LA FELICIDAD” y cuáles son sus efectos?
La omnipresencia del discurso de la búsqueda de la “felicidad” a cualquier precio ha conducido a lo que muchos han llamado la “dictadura de la felicidad”.
La felicidad se ha convertido, desde hace algunas décadas, en uno de los temas de mayor relevancia social. La publicidad, los negocios, las películas, la economía, las escuelas, los deportes, y muchas otras áreas de la vida, hoy incluyen a la felicidad en sus discursos. Esta omnipresencia de la “felicidad” ha diluido su valor en un mar de mensajes y eslóganes vacíos. Hoy la felicidad suena a publicidad engañosa.
Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían.Hechos 16:25
Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca.Filipenses 4:4, 5
El gozo cristiano
“Regocijaos en el Señor siempre”. Este consejo parece poco realista… La palabra “siempre”, ¿no sobra en el texto? Hay momentos en la vida del cristiano en los que el gozo es normal y espontáneo. Pero también hay momentos de enfermedad, sufrimientos, duelo, persecuciones, preocupaciones de todo tipo… Regocijarse en tales situaciones parece sobrehumano.
Sin embargo, lo que nos hace reflexionar es que quien escribió estas palabras fue un hombre perseguido, prisionero en Roma, detenido en su actividad para el Señor, separado de sus amigos cristianos. Los creyentes de la ciudad de Filipos, a quien dirigió este mensaje, recordaban que cuando fueron por primera vez a esa ciudad, el apóstol Pablo y su compañero Silas, encarcelados, heridos, maltratados, cantaban alabanzas a Dios (Hechos 16:25). Es una bella manifestación del verdadero gozo cristiano que no depende de las circunstancias de la vida, sino de la intimidad con el Señor.
Nuestras circunstancias cambian, y a veces oscurecen nuestras alegrías terrenales, pero el Señor nunca cambia. Si nuestro gozo tiene su fuente en él, puede resistir las peores tormentas. ¡Cuántos mártires lo demostraron desde el principio del cristianismo! Su Señor los invitaba a poner su mirada en él, “el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12:2).
El gozo del cristiano no es superficial ni débil, sino profundo, tranquilo e inalterable.
Episodio 54 – ¿Qué quiere decir Jesús con la frase “No te conozco”?
¿Deberíamos señalar a los falsos maestros o ignorarlos?
John Piper
Es el fundador y escritor principal de DesiringGod.com y es presidente de Bethlehem College & Seminary. Durante 33 años Piper ha servido como pastor de Bethlehem Baptis Church. Ha escrito más de 50 libros, entre ellos Cinco puntos y Viviendo en la luz: dinero, sexo & poder.
Es uno de los escritores cristianos más reconocidos de las últimas décadas. Su escritura es caracterizada por un corazón pastoral y un estilo confrontador, pero también alentador. Sus más de 30 años de ministerio están recopilados gratuitamente en artículos y vídeos. Los puedes encontrar en: DesiringGod.org.
El pastor John Piper vive en la ciudad de Minneapolis, Estados Unidos con su esposa Noel. Tiene cinco hijos y catorce nietos.