2 Timoteo 4
Reina-Valera 1960
Predica la palabra
1 Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, 2 que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. 3 Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, 4 y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. 5 Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.
Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo. Hechos 1:11
El Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. 1 Tesalonicenses 4:16
Vengo pronto “Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo” (Juan 14:3). Para los cristianos esta promesa del Señor Jesús es alentadora y regocijante en gran manera. En medio de un mundo indiferente, ellos esperan el regreso de su Maestro. Muchos incrédulos se burlan de las verdades bíblicas, y dicen: “¿Dónde está la promesa de su advenimiento?” (2 Pedro 3:4). Con todo, los años pasan y nos acercan a su cumplimiento.
“¡He aquí, vengo pronto!” (Apocalipsis 22:7). Jesús el Salvador volverá por todos los que hayan puesto su confianza en él y los introducirá en una felicidad eterna junto a él. Los creyentes que hayan muerto resucitarán primero y serán llevados, junto con los que todavía vivan, al encuentro del Señor en el aire (1 Tesalonicenses 4:17). Este acontecimiento sobrecogedor y solemne tendrá lugar en un instante, en un abrir y cerrar de ojos (1 Corintios 15:52), y pasará desapercibido para el mundo. Como la ascensión del Señor solo fue vista por sus discípulos (Lucas 24:51), será lo mismo cuando venga por los suyos.
Para los que constaten esto después de la desaparición de sus amigos o vecinos cristianos, ya será demasiado tarde para ponerse en regla con Dios. Pero hoy todavía es el tiempo de la gracia, “el Señor… es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).
Con frecuencia se hace la pregunta, incluso por cristianos sinceros, si es o no correcto para Dios actuar para Su propia gloria. Para responder a esta pregunta, solo necesitamos considerar quién es Dios. De acuerdo con las Escrituras, Él es infinitamente más grande que toda la creación combinada. Por lo tanto, no solo es correcto, sino también necesario para Él el tomar el más alto lugar y hacer de Su gloria la gran razón o el fin principal de todo lo que Él hace. Es Su derecho tomar el centro y obrar todas las cosas de manera que Su gloria [i.e. la plenitud de lo que Él es] pueda darse a conocer a todos, con el fin de que pueda ser glorificado [i.e. estimado y adorado] sobre todo. Que Él rehúya tal preeminencia sería como negar que Él es Dios. Para cualquier otro que no sea Dios buscar tal preeminencia sería la forma más grosera de idolatría.
Thomas Boston escribe, “Todo agente racional se propone a sí mismo un fin a su obra, y el más perfecto, el fin más elevado. Ahora Dios es el Ser más perfecto, y Su gloria el fin más noble.” (Works, Vol.1, p.11) A.A Hodge escribe, “Puesto que Dios mismo es infinitamente más digno que la suma de todas las criaturas, por consiguiente la manifestación de Su propia excelencia es… el más alto y el más digno fin concebible.” (Outlines of Theology, p.245)
Charles Spurgeon escribe, “Dios debe tener el más alto motivo, y no puede haber otro motivo concebible más alto que Su propia gloria… Él considera cuidadosamente el bien de Sus criaturas; pero incluso el bien de Sus criaturas es solo el medio para el fin principal, la promoción de Su gloria. Entonces todas las cosas son para Su beneplácito, y para Su gloria trabajan diariamente.” (El Púlpito del Tabernáculo Metropolitano, Vol.10, p.304)
Un extracto de la carta de Robert Haldane dirigida en 1824 al Sr. Cheneviere, el conocido profesor de Divinidad en Ginebra, “No hay nada que se haya traído a la consideración de los estudiantes de divinidad que me escucharon en Ginebra, lo cual parecía contribuir tan eficazmente al colapso de su sistema de religión falso, fundamentado en filosofía y vano engaño, como la sublime visión de la majestad de Dios presentada en los cuatro últimos versos de esta parte de la Epístola (i.e. Romanos 11:33-36). De Él, y por Él, y para Él, son todas las cosas. Aquí Dios es descrito como Su propio fin en todo lo que hace. Juzgando a Dios como si fuera uno de ellos, ellos[i.e. los estudiantes] estuvieron sorprendidos al principio con la idea de que Él debe amase a Sí mismo suprema e infinitamente más que todo el universo, y consecuentemente debe preferir Su propia gloria en vez de todo lo demás. Pero cuando les fue recordado que Dios en realidad es infinitamente más afable y más valioso que toda la creación, y que consecuentemente, si Él ve las cosas como realmente son, Él debe considerarse a Sí mismo como infinitamente más digno de ser valorado y amado, ellos vieron que esta verdad no tenía controversia. Su atención al mismo tiempo estaba dirigida a numerosos pasajes de las Escrituras, las cuales afirman que la manifestación de la gloria de Dios es el gran fin de la creación de que Él tenga a Sí mismo en mente en todas Sus obras y dispensaciones, y ese es un propósito en el cual Él demanda que todas las criaturas inteligentes deban aceptar, y buscar, y promover como su primera y primordial tarea. Pasajes que demuestran esto, tanto en el Antiguo como en el Nuevo testamento, exceden con creces en número a lo que es consciente alguien que no ha examinado el tema.
AUTOR DEL ARTÍCULO PAUL WASHER Paul David Washer ministró como misionero en Perú 10 años, tiempo durante el cual fundó la Sociedad Misionera HeartCry para apoyar plantadores de iglesias peruanos. Paul ahora sirve como director de misiones de HeartCry (heartcrymissionary.com), la cual Dios ha bendecido para poder apoyar a misioneros en más de cuarenta naciones al rededor del globo. Él y su esposa Charo tienen cuatro hijos: Ian, Evan, Rowan, y Bronwyn.
Ilustración de apertura: mi experiencia con el uso de hilo dental. Una vez que entendí por qué se suponía que debía hacerlo (no sólo para limpiar, sino también para estimular las encías) y una vez que he experimentado las consecuencias de no hacerlo como corresponde, yo fui capacitado y motivado para hacerlo mucho mejor.
Ahora haz el difícil cambio de usar el hilo dental a la iglesia. Creo que lo mismo es cierto. Como Iglesia, nos reunimos todas las semanas, al igual que todos los cristianos lo han hecho todos los domingos desde que Jesús se levantó de entre los muertos. Nos reunimos porque la Biblia nos dice que debemos hacerlo. Hebreos 10:24, “Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, al ver que el Día se acerca”.
Pero tan importante como llenarnos de fe, y tal vez una obediencia ciega, la comprensión de por qué nos congregamos puede ayudarnos a hacerlo mejor. Así que permítanme comenzar presentando esto a usted como una pregunta. ¿Cuál es el propósito de nuestras reuniones semanales como iglesia?
Esa es la pregunta que quiero explorar esta mañana, mientras evaluamos cuidadosamente nuestras reuniones como iglesia. Voy a empezar por refrescar algo de lo que nos ya hemos hablado en nuestra clase de congregacionalismo: que la iglesia existe para proteger el qué y el quién del Evangelio. Es decir, que dice cada persona respecto del Evangelio, si lo entiende, si cree en Cristo y está creciendo en su vida cristiana. Luego vamos a abordar tres implicaciones de nuestras reuniones semanales. Así que vamos a profundizar.
La Iglesia custodia el Qué y Quién del Evangelio
En la clase pasada vimos en Mateo 16 que la tarea de la iglesia local, dada por Jesús, es proteger el “qué” y el “quién” del Evangelio. El “qué” parece bastante claro. Como Pablo escribe en 2 Timoteo 2:2, “lo que has oído de mí… encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.” El “quién” es al principio un poco opaco ya que Jesús confía las “llaves” del reino a los apóstoles. Luego, en Mateo 18 la entrega a la congregación de cada iglesia local. Las “llaves” dan la capacidad de declarar quien es y quien no es cristiano. No es que la iglesia puede “convertir” a alguien en cristiano o deshacer a alguien de serlo. Sino, que tienen la autoridad para declarar quien se ajusta a esa descripción.
Lo que no dije la semana pasada es cuan diferente este punto de vista de la finalidad principal de la iglesia difiere de tantas otras declaraciones de propósito que podríamos escribir. El objetivo principal de la iglesia no es el Gran Mandamiento. Sin duda, la vida evangélica que se desprende de una iglesia que guarda el que y el quien del Evangelio se verá como el Gran Mandamiento de amar al prójimo. Pero el amor no es el objetivo principal. Tampoco es el propósito principal de la iglesia de la Gran Comisión de Mateo 28. Cuando cuidamos el “qué” y “quién” del Evangelio, la Iglesia se convierte en el representante de Dios en la tierra. La comunidad de la iglesia es una muestra de la gloria de Dios. Y queremos que toda la tierra vea esa gloria. Pero, para citar a John Piper, “Las misiones existen porque la adoración no se lleva a cabo.” El Culto, es decir, ver y responder a quien es Dios, es primordial. Porque Dios es primordial. La declaración de propósito último de cualquier iglesia debe ser una muestra de la gloria de Dios guardando el qué y el quién del Evangelio.
Eso significa que las cosas que antes veíamos como de importancia marginal, como el Bautismo, la Cena del Señor, membresía de la iglesia y la disciplina de la Iglesia, cobran una enorme importancia. Porque así es como la iglesia protege el “quién” del Evangelio. Es por esto que hubo hombres que de buena gana se dieron a sí mismos para ser quemados vivos durante la Reforma Protestante sobre cuestiones como las ordenanzas. Vieron lo crítico que eran esas cosas para ser una iglesia.
Como cristianos, entonces, necesitamos la iglesia local. No principalmente como un lugar para escuchar enseñanza. No principalmente como un lugar para ir el domingo por la mañana. No principalmente como una fuente de aliento. Es todo eso, y todas esas cosas están relacionadas con su propósito. Pero necesitamos la iglesia con el fin de aferrarse al Evangelio. Necesitamos la iglesia para recordarnos qué es el evangelio y afirmar que seguimos como la gente del Evangelio. Que nuestras vidas se ajusten a nuestra profesión.
Pero a medida que seguimos esta línea de pensamiento a través del Nuevo Testamento, se obtiene un giro interesante. Si el propósito de la iglesia local es principalmente acerca de guardar el “qué” y “quién” del Evangelio, usted podría pensar en un principio que las reuniones regulares no son tan importantes. Después de todo, lo que más importa es lo que creemos y si vivimos correctamente esas creencias. Y así, lo que nos interesa principalmente es la enseñanza y las relaciones, ¿verdad? Si comienzo con Mateo 16 y construyo desde cero lo que es la iglesia local, creo que podría llegar a algo tipo Baha’i. Donde las Reuniones semanales no son frecuentes, pero la gente está muy interesada en las relaciones, en el servicio, y en la enseñanza.
Sin embargo, eso no es lo que vemos en el Nuevo Testamento. Vemos que la reunión regular de los creyentes en una iglesia local es realmente importante. Una reunión regular rápidamente se convirtió en semanal, en el primer día de la semana como una celebración de la resurrección de Jesús. Es importante porque en esas reuniones oímos la palabra de Dios, para que podamos seguir recordando y reconociendo el verdadero Evangelio. Y en esas reuniones reafirmamos formalmente que nuestra ciudadanía está en el cielo a través de las ordenanzas.
Ahora, la comprensión del propósito principal de la iglesia es crucial para entender por qué nos reunimos. Así que para el resto de nuestro tiempo quiero caminar a través de tres implicaciones de la declaración de propósito de la iglesia local, para nuestras reuniones semanales.
Implicación # 1: nuestras reuniones son diseñadas por Dios
Mencioné hace unos minutos que cada cristiano necesita una iglesia local. Cada uno de nosotros está absolutamente, de manera vital, en necesidad de una iglesia local que va a guardar el qué y quién del Evangelio. Pero no cualquier cosa llamada “iglesia” lo hará. Alguien puede llamar a una caminata semanal en el bosque una iglesia, ya que se reúnen para estar en comunión con Dios en la naturaleza. Pero eso no es la Iglesia que Jesús habla en Mateo 16. ¿Por qué no? Debido a que Dios nos dijo muy específicamente lo que debe hacer una iglesia y caminar en el bosque no está en la lista.
Es como si su médico le ha dicho que necesita terapia de reemplazo de genes. ¿Cuál es su siguiente pregunta para usted? “¿Quién me recomienda para la terapia de reemplazo de genes?” Debido a que usted no quiere conformarse con nada parecido con ese nombre. Quieres lo que el medico se propone. Lo que él piensa, es lo que necesitas.
Si bien es cierto que necesitamos la iglesia, necesitamos la iglesia que Dios quiere para nosotros. Esto nos lleva a algo que los teólogos llaman el principio “regulador”. Cuando se hace la pregunta, “¿Qué debería hacer la iglesia local cuando se reúne”? Algunas personas pueden responder, “cualquier cosa que no esté prohibido en las Escrituras.” Eso se llama el principio “normativo”. Pero una manera más bíblica de responder a esta pregunta es, “sólo lo que Dios nos ha dicho que hagamos en la iglesia local.” Queremos seguir la receta de Dios, por así decirlo.
¿Cuál es su receta? En el Nuevo Testamento, vemos mandamientos para la iglesia para orar (Col 4: 2-4, 1 Tim 2: 1-2), para leer las Escrituras públicamente (1 Tim 4:13; Col. 4:15, 16) , para escuchar la predicación y la enseñanza (Hechos 2:42; 1 Tim 4:13.), para bautizar a los creyentes (Mateo 28:19) y compartir la Cena del Señor (Hechos 2:42;. 1 Cor. 11); para alentarse unos a otros y alabar a Dios en el canto (Ef 5:19, Hebreos 13:15.), y para dar de sus finanzas (1 Cor 16: 1-2). 1 Cor 14:26 es claro: cada una de estas cosas que hacemos juntos, se debe hacer “para el fortalecimiento de la iglesia” – para edificar a otros. Citando a Ligon Duncan, de la orden de una iglesia para hacer algo en su servicio semanal principal “puede venir en forma de directrices explícitas, requisitos implícitos, los principios generales de la Escritura, mandatos positivos, ejemplos, y las cosas derivadas de buena y necesaria consecuencia” (Give Praise to God, 23). En resumen, oramos la Biblia, leemos la Biblia, predicamos la Biblia, cantamos la Biblia, y vemos la Biblia a la manera de las ordenanzas.
Pero si algo no se encuentra en esa lista, no es parte del plan de Dios para nuestro tiempo junto. Una caminata en el bosque puede ser una manera maravillosa de glorificar a Dios para pasar un tiempo junto. Esto podría dar lugar a la adoración. Pero no es lo que debemos hacer cuando la iglesia local se reúne.
Para explorar más esta idea, voy a dar tres razones por las que debemos seguir este “principio regulador” en nuestras reuniones de la iglesia:
No tenemos mandato para obligar a la conciencia del cristiano de maneras en que la Escritura no lo hace. Debido a que los cristianos se les ordena que estar en la iglesia regularmente (Hebreos 10:25), tenemos que tener cuidado con lo que hacemos en ese entorno de formas que no hacemos en otras áreas. Podríamos tener un picnic de la iglesia de manera opcional donde jugaremos voleibol. Pero si cambiamos el voleibol por nuestra reunión de domingo por la mañana, de repente cambia desde algo que alguien puede participar en algo en que deben participar. Y no tenemos ningún derecho a hacer eso. Al igual que aunque usted puede pensar que es aconsejable abstenerse del alcohol, usted no podría poner eso en nuestro pacto de iglesia, ya que estás mandando a alguien a hacer algo que la Escritura no lo hace. Dios sabe cómo adorarle mejor que nosotros. Cuando se empieza a entender el principio regulador, se empieza a tener la presunción de no operar de esa manera. ¿Quién puede decir que sabemos cómo adorar a Dios mejor que El mismo? Ese es el punto detrás del segundo mandamiento en los Diez Mandamientos. “No te harás una imagen tallada.” Yo podría pensar que tener una imagen tallada de Dios me ayudaría a adorarle. “Oh no,” dice Dios. Así no es como quiero ser adorado. ¿Tenían buenas intenciones los israelitas cuando hacían una imagen de su Dios en forma de un becerro? Quizás. Tal vez querían hacer algo más concreto para que pudieran adorar mejor. ¿Eso funcionó bien? Nop. ¿Tenían Nadab y Abiú buenas intenciones cuando ofrecieron fuego extraño delante del Señor en Levítico 10? Quizás. Pero su aniquilación instantánea es un recordatorio aleccionador de que los mandatos de Dios no son algo con lo que se podía jugar. El Espíritu Santo tiene buenas razones para el diseño de nuestras reuniones como lo ha hecho. ¿Por qué limitarnos a los elementos que he mencionado antes? ¿La oración, la lectura de las Escrituras, la predicación, las ordenanzas, cantar y dar? Bueno, no sé. Pero sin duda El ha pensado las cosas mejor que yo. Creo que voy a confiar en él en este caso. Ahora, como se puede ver que hay diversidad de estilos de culto en diferentes iglesias fieles, estos elementos no son muy restrictivos. Y los cristianos a veces pueden estar en desacuerdo sobre lo que está prescrito en la Escritura y lo que no. Pero incluso cuando no estamos de acuerdo, al menos podemos saber que estamos utilizando el mismo marco y el mismo objetivo. Recibamos sólo aquellos elementos en nuestras reuniones semanales que se prescriben para nosotros en las Escrituras.
Ahora, si usted está planeando los servicios de su iglesia, esto tiene alguna relevancia muy práctica para usted. Pero muy pocos de nosotros estamos en esa situación. Así que permítame presentar tres pasos a tener en cuenta de lo que acabo de decir.
1) A Dios gracias, esto le dará un buen marco para encontrar la manera de evaluar los servicios de una iglesia si algún día es necesario encontrar una nueva iglesia. Busque una iglesia que toma en serio su responsabilidad de seguir la receta de Dios para su principal reunión semanal.
2) Esto debería reorientar cómo evaluamos el servicio de nuestra propia iglesia. En lugar de simplemente pensando, “¿Cómo me sentí al salir de este servicio?” o “¿Qué saque de bueno del sermón?”, podríamos ser un poco más centrados en Dios. “¿Lo que pasó esta mañana le agrada a Dios? ¿Logramos sus propósitos para nuestro tiempo juntos? “Sospecho que todos sabemos que el servicio debe ser acerca de El y no de nosotros. Pero escuchar nuestra conversación después con nuestro cónyuge o nuestros amigos o con nosotros mismo, las cosas a menudo suenan muy diferentes.
3) Reconocer que el Espíritu Santo nos dio todos estos elementos, porque necesitamos todos estos elementos. ¿Encuentra que usted ama los sermones, pero no aprecia realmente las oraciones? O ¿Todo lo que importa es sobre el canto, pero no tiene mucha paciencia para la lectura? Cada uno de nosotros podemos crecer en nuestro agradecimiento por todos los elementos de un servicio de la iglesia que la Escritura nos da.
[Si hay tiempo] ¿Cual sería una gran cosa para nosotros hacer en este momento? ¿Cómo ha crecido en su apreciación de los diferentes aspectos de un servicio de la iglesia en los años transcurridos desde su conversión?
¿Preguntas?
Ahora, he estado centrado casi exclusivamente en el culto, como un domingo por la mañana, la actividad de la iglesia. Pero, por supuesto, todos sabemos que el culto en el sentido de Romanos 12:1 es mucho más amplio que eso. Lo que plantea la pregunta, ¿Qué es tan especial acerca de la adoración corporativa? Y eso es una pregunta que podemos responder con una segunda implicación para una iglesia existente para guardar el quién y el qué del Evangelio.
Implicación # 2: Dios tiene propósitos especiales para la adoración corporativa
Para realmente llegar a esto, creo que tenemos que empezar por definir lo que es la adoración. Me gusta la definición de David Peterson: Adoración es “adherirnos con Dios en los términos que El propone y en la forma en que solo El hace posible.” Es la respuesta a quién es El. Es la obra de las palabras de Jesús en Juan 16:14, “[El Espíritu] El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.”
Es importante reconocer tres características acerca de la adoración:
Se trata de una respuesta a Dios mismo. El culto es un correcto y natural asombro a la gloria de quién es Dios. Abarca toda nuestra vida. Nuestra actividad diaria puede ser adoración, en la medida que sea una respuesta a lo que es El. Y nos puede llevar a la adoración al enseñarnos la gloria de quién es Dios. Por lo tanto en el trabajo podría encontrar ser un buen jefe un poco del sabor de lo mucho que Dios ama usar su autoridad para nuestro bien. Eso me puede llevar a la adoración que me ayuda a apreciar de una manera como nunca antes lo increíble y deleitoso que es Dios. Y luego en la medida que respondo a un Dios tan bueno al tratar de representar a su autoridad como un buen jefe, mi trabajo se convierte en adoración. Es un deleite en la belleza de Dios en Cristo. La palabra adoración muy a menudo connota nada más que las emociones que experimentamos cuando cantamos acerca de Dios. Pero podemos estar más atrapados en la experiencia que en Dios. En lugar de que la adoración siendo sea una experiencia deleitosa, es deleite en Dios. Pero mientras toda la vida puede ser adoración, y toda la vida nos puede llevar a la adoración, estamos hablando de algo mucho más preciso que cuando nos fijamos en la adoración colectiva. A lo que me refiero, la reunión principal semanal de una iglesia local donde todos los creyentes son llamados para ser parte de.
Entonces, ¿qué hay de especial en la adoración corporativa? ¿Qué ocurre allí que no sucede cuando oras, cantas, lees y escuchas un sermón en casa? Te voy a dar una respuesta en tres partes:
Hemos oído un mensaje confiable. En un sentido, al menos en el largo plazo, el mensaje que una iglesia proclama en su predicación, sus canciones, sus oraciones, sus lecturas, es sólo tan buena como la vida de esa iglesia. Vidas transformadas por el Evangelio aprecian la predicación del evangelio transformador. Así que cuando se llega a conocer a la gente en una iglesia, se puede tener una mayor confianza en la fidelidad de su mensaje. Este es el “quién” y “qué” del Evangelio trabajando juntos. Adoramos juntos. Eso significa que la adoración colectiva es una muestra de unidad. Piense en todos los cientos de sacrificios que deben hacerse para que esto suceda. Sacrificar las preferencias en el estilo musical, en el tiempo de servicio, en la longitud del servicio, en el cuidado de los niños. Y la unidad que producen esos sacrificios. ¡Cuán agradable que debe ser para Dios! Las ordenanzas. ¿Recuerdas que te dije que las ordenanzas son más importantes de lo que a menudo les dan crédito? Bueno, ellas son la estructura alrededor de la cual se forma una comunidad del Evangelio. No tenemos el trabajo relacional de la comunidad en nuestros servicios per se. Después de todo, no nos reunimos a las 10:30 el domingo para charlar durante dos horas. Pero esa comunidad se exhibe en las ordenanzas y las ordenanzas forman las condiciones del contorno que una verdadera comunidad del Evangelio tiene que formar. Dios es exaltado cuando su verdadero Evangelio es proclamado. Dios es exaltado cuando la unidad de una congregación diversa se nota en su reunión. Dios es exaltado cuando el pueblo del Evangelio que Su Palabra ha creado se revela a través del Bautismo y la Cena del Señor. ¡Comparado con esto, cantar canciones a Dios en el viaje al trabajo parece tan unidimensional! La adoración colectiva es especial debido a cómo, tanto el qué y el quién del Evangelio, se unen para crear un tapiz de adoración que es mucho más profunda y compleja que cualquiera de nosotros podría hacer por nosotros mismos solos.
Entonces, ¿qué debemos hacer con esto? Bueno, esperemos que la comprensión de los propósitos de Dios para la adoración colectiva nos lleve a priorizarla un poco más. Digamos que usted está de vacaciones, por lo que acaba de hacer un tiempo en silencio extra largo el domingo por la mañana para compensar el hecho de que no estás en la iglesia. Ahora, no hay nada malo en eso. En ninguna parte de la Escritura se nos dice que necesitas para estar 52 semanas al año en su propia iglesia. Pero cualquier sugerencia de que su largo tiempo de silencio es de alguna manera similar a estar en la iglesia, es perder totalmente el objetivo. Es un punto de vista demasiado centrado en las personas. Como si la iglesia sólo es importante debido a la nutrición espiritual que salga de ella. Y que yo mismo me puedo dar un “sustituto de la iglesia” para que me ayude dentro de la semana. Pero más allá de eso, no comprendemos todas las formas en que un servicio de iglesia honra a Dios que nunca pueden lograr solo por mi cuenta.
Una iglesia guarda el qué y quién del Evangelio con el fin de mostrar la gloria del Dios Todopoderoso en su vida en conjunto. Y, al hacerlo, son capaces de tocar una nota de adoración mucho más profunda que cualquiera de nosotros pueda lograr por nuestra cuenta. Esa es nuestra segunda implicación.
¿Alguna pregunta?
Ya hemos respondido a la pregunta: “¿Cómo es un servicio de la iglesia diferente de un tiempo de silencio?” Y te habrás dado cuenta de que todas las respuestas que he dado son de naturaleza vertical. Cómo adoramos a Dios de manera diferente juntos que separados. Pero si usted está familiarizado con las enseñanzas del Nuevo Testamento respecto a la iglesia local, se dará cuenta de que he dejado aparte una gran parte de esa respuesta, que es nuestra tercera implicancia. La iglesia reunida se trata de relaciones horizontales entre nosotros.
Implicación # 3: La Iglesia se reúne para edificación
1 Corintios 14:26 es un interesante e inesperado versículo sobre nuestras reuniones corporativas. Esto es lo que Pablo escribe:
“¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación”.
Es fácil pensar que la iglesia debe ser sólo acerca de Dios. Que los servicios de la iglesia deben ser sólo acerca de alabar a Dios. Pero si el propósito de la iglesia es proteger el “qué” y “quién” del Evangelio, entonces ese punto de vista es demasiado limitado. Pablo está tratando de demostrar algo aquí en 1 Corintios. Según él, la edificación es una razón clave por la que nos reunimos cada semana. Y eso significa que nosotros no simplemente nos reunimos en una dirección vertical; hablar a Dios, sino que además en una dirección horizontal; hablar unos con otros. Como Pablo escribe a los Efesios, “hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones”(Ef. 5:19).
Es por eso que tenemos himnos que se dirigen a nosotros mismos y no sólo a Dios. Es por eso que leemos la Escritura en voz alta. Es por eso que tenemos lecturas de respuesta y antifonales entre nosotros. Es por eso que mantenemos las luces encendidas en lugar de oscurecer el lugar, como si lo único importante es lo que dices en tu corazón el uno al otro. Es por eso que, a pesar de que no fue diseñado con esto en mente, que es agradable que nuestro espacio de asientos está diseñado en una disposición circular. Así, podemos ver unos a otros cuando nos reunimos.
Bueno, si este es uno de los propósitos de nuestra reunión semanal principal, yo supongo que debe afectar la forma en que nos reunimos, en términos de nuestra actitud y lo que hacemos cuando nos reunimos. Pero déjame poner eso como una pregunta para ti. ¿Cuáles son algunas de las implicancias de esta idea, que se reúnen en parte, con el fin de hablar el uno al otro? [Pensar en cómo las verdades que cantan / escuchan / leen aplican tanto a usted y a otros; no ser una distracción; cantar en voz alta para que podamos escuchar a los demás; esforzarse en compartir; escuchar a otros; etc.]
Conclusión
Cuando nos reunimos el domingo por la mañana, tenemos una visión de la gloria de la congregación final de Dios en el cielo. Para muchos de nosotros, es cuando el cielo se siente más real, y estimamos las cosas de Dios como más valiosas. Y necesitamos esa imagen, ¿verdad? Necesitamos esa imagen porque, a pesar de lo caído del mundo que nos rodea, estamos hechos para el cielo. Así que gracias a Dios que nos ha dado este recordatorio semanal de nuestro destino eterno. Vamos a añadir todas las cosas por las que le podemos alabar a medida que vamos hacia arriba a unirse en esta imagen del cielo en unos pocos minutos.
Salomón, ese rey famoso por su sabiduría y su inteligencia, también era extremadamente rico (2 Crónicas 9:22-23). Sin embargo, todas sus experiencias conducían a una conclusión que él escribió y que puede sorprendernos: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad” (Eclesiastés 1:2). Esta expresión caracteriza bien lo que hay en la tierra, en contraste con lo que es de Dios y del cielo. ¡Todo es insignificante!
Este soplo, este aliento que es nuestra vida, aparece por un poco de tiempo y luego desaparece (Santiago 4:14), cuando el Dios eterno lo decide, porque la duración de nuestra vida está en sus manos (Salmo 31:15). Antes de nuestra vejez -ese tiempo en que a menudo experimentamos la soledad, dificultades físicas, la disminución de ciertas facultades o la capacidad de decidir, de reflexionar-, Dios quiere llamar nuestra atención sobre lo que es eterno, para que dejemos menos lugar a las cosas efímeras. Él pone ante nosotros, mediante un salmo de Moisés, una clase de resumen de la vida humana: “Los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y volamos” (Salmo 90:10).
Después de esta constatación, Moisés pide a Dios: “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” (Salmo 90:12). Cada uno de nosotros contemos los días que él nos ha dado hasta aquí. Cualquiera que sea su número, no sabemos cuántos nos quedan. Hoy es el día favorable para creer su Palabra y vivir por ella.
Una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre… oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto… Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote.
– Señor, usted que es evangelista, dígame cómo encontrar la paz interior.
– Solo Jesucristo puede dársela.
– La he buscado desde hace 10 años, y estoy dudando cada día más.
– Su situación es anormal, porque Jesús declara: “La paz os dejo, mi paz os doy” (Juan 14:27), y usted parece no encontrarla.
– He escuchado a los más célebres predicadores, he seguido a los mejores evangelistas, he leído numerosos libros, y siempre me siento decepcionada.
– Muy bien, pero le aconsejo otra cosa. Vuelva a su casa y cierre la puerta tras sí. Usted no necesita especialistas, ni tantos libros, sino un solo libro: la Biblia. Lo que usted necesita es tener un encuentro personal con el Hijo de Dios. Piense en esa mujer que tocó el manto del Señor Jesús. Como ella, ábrase un camino en medio de la multitud y vaya a Jesús mismo. Entonces entrará en contacto directo con la fuente de la luz y del amor. Como esa mujer, usted necesita postrarse a sus pies, confiar en su gracia, escuchar y aplicarse esta maravillosa palabra del Salvador: “Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote” (Marcos 5:34). Entonces hallará el reposo y la paz.
Al día siguiente, el evangelista vio un rostro radiante en esa mujer: por fin ella había encontrado al Salvador y había hallado la paz en él.
(Jesús) Salió, y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y dejándolo todo, se levantó y le siguió.
NO ACEPTES EL FALSO EVANGELIO DE LA INDEPENDENCIA Es una mentira seductora. Es pronunciada una y otra vez. No hay nada nuevo en su mensaje. Fue dicha en el Edén y no ha dejado de ser dicha desde entonces. Puede adquirir muchas formas:
“Nadie te conoce mejor de lo que tú te conoces a ti mismo”. “Realmente no necesitas el ministerio de otros en tu vida”. “Solías batallar con el pecado, pero ya no más”. “Como conoces tanto la Biblia, probablemente estás bien”. “Mira tu historia; has llegado muy lejos”. “Tus pequeños pecados realmente no son tan malos”. “Ya has dejado atrás la época en donde necesitabas que los demás te enseñaran”. “Estás solo; solamente necesitas levantarte y hacer lo que te han llamado a hacer”. Falso evangelio Nuevas misericordias cada mañana
Paul Davud Tripp
Nada de “frases bonitas de métodos de autoayuda” o de “métodos para mejorar la conducta”; Tripp sabe lo que realmente necesitas: un encuentro real con el Dios vivo. Solo entonces estarás preparado para confiar en Su bondad, descansar en Su gracia y vivir para Su gloria todos los días del año.
Las voces de la dependencia propia son muchas y engañosas. De alguna manera te susurran diariamente. Sus palabras engañosas comenzaron en el jardín y continúan con el propósito maligno de convencerte de que dependas de ti mismo y no de Dios. La mentira de la autosuficiencia nos es atractiva porque no nos gusta vernos como débiles y necesitados. No nos gusta pensar en nosotros mismos como dependientes. No nos gusta pensarnos como necios que necesitamos ser recatados de nosotros mismos. Nos gusta la historia del hombre autocreado; ya sabes, la historia del hombre que se sacó a sí mismo del fango y fue exitoso, sin tener a nadie a quien agradecer más que a él mismo.
Pero el mensaje del evangelio es supremamente humillante. Me dice que, apartado de la intervención divina, estoy en un estado desesperanzador e irreversible. Aun Adán y Eva no podían sobrevivir por ellos mismos. A pesar de ser personas perfectas viviendo en un mundo perfecto y en una perfecta relación con Dios, no tenían la habilidad de ser independientes. Así que, inmediatamente después de crearlos, Dios comenzó a otorgarles Su revelación porque sabía que ellos no podrían descifrar la vida por sí mismos. Ellos dependían de las palabras de Dios para que su vida tuviera sentido. Sin el consejo y ayuda de Dios, no podían ser lo que se supone que deberían ser. Ese era su estado antes de que el pecado entrara al mundo e hiciera un daño interno y externo. ¡Cuánto más es cierto en nosotros!
La independencia es una mentira que no te conduce a nada bueno. No tienes lo que se necesita en tu interior para vivir de la manera que fuiste diseñado para vivir. Así que un Dios de gracia tierna viene a ti en la persona de Su hijo y te ofrece todo lo que necesitas para vivir piadosamente. En gracia, Él está contigo porque sabe que nunca podrías lograrlo por ti mismo.
Este artículo titulado ¿Por qué nos cuesta tanto depender de Dios? fue adaptado de una porción del libro Nuevas misericordias cada mañana, publicado por Poiema Publicaciones.
Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y… este anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
Hace unos 2000 años se produjo un acontecimiento que marcó la humanidad: la venida de Jesucristo a la tierra.
Él nació como un bebé. Los hombres fueron indiferentes, pero los ángeles celebraron su nacimiento, que era el cumplimiento de una profecía de varios siglos de antigüedad (Miqueas 5:2). Jesús vino a restablecer las relaciones de paz entre Dios y los hombres.
Vivió una vida perfecta. Los que lo rodeaban estaban maravillados por sus cualidades y su comportamiento. Uno de los que lo mataron declaró: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios” (Marcos 15:39).
Su vida, sus palabras y sus muchos milagros atestiguan que Jesús es Dios, y dan toda la autoridad a las verdades fundamentales que anunció:
– Hay solo dos caminos para los hombres, el de la vida eterna y el de la muerte eterna.
– Dios ama a todos los seres humanos, se interesa por cada uno y ayuda a quien se lo pide.
Durante su vida en la tierra Jesús sanó a un gran número de enfermos; sin embargo, su vida perfecta no fue suficiente para salvar de la muerte eterna a cada ser humano. Él tuvo que morir. Sufriendo en nuestro lugar el castigo que nuestros pecados merecían, demostró su amor por nosotros.
Finalmente, su vida, sus palabras, sus hechos, su muerte y su resurrección, todo demostró que él era Dios hecho hombre, quien vino para salvarnos. Ahora es responsabilidad de cada persona buscarlo leyendo la Biblia, creer y confiar en él, amarlo, obedecerle, servirle y adorarlo.
Como es el caso, creo que, con estas seis clases, antes de entrar en estas preguntas, tenemos que averiguar por qué son importantes. No puedo decir que el congregacionalismo y los ancianos sean temas importantes para la mayoría de los cristianos hoy en día. Y, a pesar de que hayan decidido que estos temas son lo suficientemente importantes como para justificar venir a la clase de hoy, creo que se beneficiará más si usted entiende por qué son importantes.
¡Buenos días! Bienvenido de nuevo a la Teología del seminario central de la Iglesia. Como ya he mencionado antes, nuestro tema de esta mañana es el liderazgo de la iglesia local y como entendemos el papel de la congregación y de los ancianos, y cómo los dos encajan entre sí.
Así que empecemos con una pregunta. Digamos que usted no ejerce ninguna función en nuestra iglesia, y nunca lo hará. Nunca serás un anciano o un diácono. ¿Por qué es importante que usted entienda el modelo de liderazgo que la Biblia describe para la iglesia local?[Respuestas: Hebreos 13:17 nos dice que debemos ayudar a nuestros líderes a conducir; lo haremos mejor si entendemos cómo se supone que deben conducir; estamos en una iglesia Bautista, por lo que todos reconocen que los miembros de la congregación tienen autoridad para tomar decisiones, además de nuestros líderes; seleccionamos una iglesia, en parte, en función de si son fieles a la Escritura en la forma en que se estructura el liderazgo]
Muy bien. Déjeme darle un esquema para el resto de nuestro tiempo. Vamos a empezar con la autoridad de la congregación. Eso es porque, en Cristo, su autoridad es el nivel más básico de autoridad en una iglesia local que vemos en las Escrituras. A continuación, vamos a ver la autoridad de los ancianos. En ese sentido, estamos colocando la autoridad de los ancianos dentro de la autoridad de la congregación ya que la autoridad de los ancianos existe para ayudar a equipar a la congregación a ejercer su autoridad. Y, por último vamos a ver un poco de la interacción entre los dos.
II. Autoridad de la Congregación
Para mucha gente, “congregacionalismo” es una palabra que produce miedo. ¿De que estamos hablando: tener a toda la iglesia votando acerca de qué tipo de lápices vamos a comprar? ¿Irrumpir en peleas por el color de la alfombra?
Historias como éstas, sin duda dan al congregacionalismo un mal nombre. Pero la pregunta es, ¿Qué dice la Biblia?
Esta es la gran idea central que debemos captar: la Biblia enseña que la membresía de la iglesia es un oficio. Es un trabajo. Y su trabajo como un miembro de la iglesia es proteger el que y el quien del Evangelio.
Es el trabajo de toda la iglesia el responder a las preguntas, “¿Esa es una verdadera confesión respecto al Evangelio? ¿Es un verdadero confesor del Evangelio? “Eso, allí mismo, es el corazón bíblico y la sustancia del congregacionalismo.
Expliquemos esto en cuatro fases:
# 1: Hay diferentes tipos de autoridad en la iglesia.
Las personas a menudo tratan la autoridad con diferentes términos como: O este grupo tiene autoridad, o aquel grupo tiene autoridad. Y en muchas instancias de la vida esto es verdad.
Pero eso no es el caso en la iglesia. Los pastores tienen un tipo de autoridad; la congregación tiene otro tipo de autoridad. Y Jesús hace responsable a cada uno de su parte.
# 2: La autoridad de las llaves del reino pertenecen a la congregación en su conjunto.
Pasamos semanas anteriores explorando el asunto de las llaves del reino, que es una idea que Jesús presenta cuando introduce la iglesia en Mateo 16. Sólo para revisar, Jesús pregunta a Pedro: “¿Quién dicen que soy?” Simón Pedro responde, “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” Jesús aprueba la respuesta de Pedro, y luego dice,
18 Y os digo, que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. 19 Yo te daré las llaves del reino de los cielos, y lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos “(Mat. 16: 18-19).
Jesús está interesado en un qué y un quién. ¿Qué es una confesión correcta, y quien es un confesor correcto?
Entonces Jesús le da a Pedro y a los apóstoles esta misma autoridad: la autoridad de estar delante de un confesor, para escuchar su confesión, y para anunciar un juicio oficial de parte del cielo.
Es o no es una confesión correcta.
Y si es o no es un verdadero confesor.
Quiero que nos aseguremos de entender esto: El que está llevando estas llaves del reino tiene la autoridad del cielo, no para hacer un cristiano, sino para declarar quien es un cristiano, lo cual (como hablamos la semana pasada) hacemos a través del bautismo y la Cena del Señor. Usted visitará su embajada si su pasaporte expira pronto para no ser expulsado del país. Ellos no te hacen un ciudadano de ese país, pero tienen la autoridad para renovar su pasaporte y declarar que usted es un ciudadano.
En Mateo 16, se les dice a los apóstoles que tienen las llaves. Luego, en Mateo 18, Jesús pone las llaves en las manos de la iglesia local. Un hombre no se arrepiente de un pecado grave. Entonces Jesús llama a la iglesia a tomar medidas; que hace referencia al lenguaje de las llaves. No se hace mención de los pastores o ancianos aquí. La última instancia de apelación es la iglesia.
La iglesia local tiene la autoridad para vigilar el qué y el quién del Evangelio. Se tienen las llaves.
¿Es entonces el congregacionalismo el poner un micrófono en el pasillo en una “reunión de trabajo” para que los miembros descontentos puedan llegar y decirle al pastor cómo hacer su trabajo? De ninguna manera.
Se trata de proteger y proclamar el Evangelio. Cuando somos bautizados en el nombre de Cristo (Mateo 28), usted se hace responsable por toda la familia. Esta responsabilidad es igualada por una autoridad: donde dos o tres están reunidos en el nombre de Cristo, como iglesia, para ejercer las llaves (por ejemplo, a través de la disciplina de la iglesia), ahí está Cristo (Mateo 18:20.). Su reputación y autoridad están detrás de su ejercicio de las claves.
No me diga que llevo formalmente el nombre de Jesús a las naciones, pero que soy incapaz de proteger su nombre contra la falsa doctrina y falsos profetas. Es por eso que la autoridad de la congregación es importante.
# 3: La membresía de la Iglesia (por lo tanto) es un oficio, o un trabajo.
Responsabilidad de trabajo número 1: ayudar a preservar el Evangelio. A todo el que quiera unirse a su iglesia, debe decirle: “Usted, como miembro ordinario de esta iglesia y habiendo sido bautizado cristiano, es responsable de proteger y preservar el Evangelio.”
Es por eso que Pablo pide a la congregación limpiarse de las falsas enseñanzas sobre el Evangelio en Gálatas 1. Espero que en cada iglesia, alguna vez, en alguna parte de la vida, la congregación tenga la autoridad y la capacidad de despedir a su pastor si alguna vez lo necesitan.
Responsabilidad de trabajo número 2: ayudar a aprobar a los ciudadanos del Evangelio. Cada miembro de su iglesia es responsable de proteger y preservar el Evangelio al aprobar o descartar ciudadanos del Evangelio.
Al igual que vimos hace dos semanas, eso se ve en 1 Corintios 5 y Mateo 18 cuando estudiamos la disciplina. Es la congregación quien debe actuar para aclarar quien representa a Jesús al mundo.
Piense en lo que esto significa: Cuando los pastores o ancianos dicen a los cristianos, “Hey, es nuestro trabajo recibir a los miembros. Es nuestro trabajo la disciplina. Es nuestro trabajo proteger el Evangelio. Usted solo tome asiento,” esto simplemente debilita a los cristianos y promueven la complacencia y el nominalismo. Hola, 1500 años de cristiandad.
Es por eso que ocupamos tanto tiempo en nuestras reuniones de miembros que ven los miembros entrar y salir. No es sólo que nosotros queremos que sepa quienes han de unirse; queremos que se sienta la autoridad que las Escrituras le dan. De lo contrario, le quitamos, como miembros, de las responsabilidades que Jesús le ha asignado.
# 4: La iglesia tiene el oficio de autoridad en la disciplina y la membresía (Mateo 18; 1 Cor. 5) y la doctrina y el liderazgo (Gálatas 1).
Eso por eso que votamos respecto a: membresía, disciplina, la declaración de fe cuando se está uniendo a la Iglesia, y quiénes son los líderes.
Y, simplemente como una cuestión de prudencia, solicitamos a la iglesia para afirmar el presupuesto anual en su conjunto, debido a que un presupuesto determina la dirección de nuestro ministerio evangélico.
Ahora, esto tiene relevancia más allá de la autoridad formal de votar en las reuniones de miembros. Si vamos a ejercer esa responsabilidad, necesitamos conocer el Evangelio, ¿verdad? Más allá de eso, tenemos que entender nuestra Biblia lo suficientemente bien como para que podamos detectar la enseñanza de que, aunque al principio parece atractiva, tiene el potencial de corromper el mensaje del evangelio.
Y necesitamos conocernos unos a otros. Hablamos mucho de eso en esta iglesia. Parte de ser un miembro es conocer y ser conocido. Espero que puedan ver cómo esto se deriva directamente de nuestra descripción de trabajo como congregación. Tenemos autoridad para reconocer si una persona es de hecho un confesor apropiado de Cristo, y tenemos que participar activamente en la vida del otro para hacer eso. Ese es el discurso de una cultura donde el discipulado, la hospitalidad, la gracia y la honestidad son normales.
Eso significa que cuando un amigo está luchando espiritualmente, es su trabajo ayudarle. No sólo el alertar a un anciano de la situación, sino estar en la primera línea de la pastoral. Los ancianos estarán allí para equipar y animar y a veces caminar junto a ti. Pero en última instancia, la atención por los demás es nuestro trabajo, juntos, todos.
Y, para que no suene en absoluto como un regaño: como congregación usted hace un trabajo maravilloso en esto. Eso es parte de lo que hace que en esta iglesia sea una alegría el dirigir. Es raro el caso de que una situación pastoral llegue a los ancianos, donde varios miembros no están ya involucrados, para orar, ayudar, alentar y enseñar. Alabado sea Dios, que es exactamente como debe ser.
III. Autoridad de los ancianos
Si esa es la autoridad de la congregación, ¿Cómo encaja la autoridad de los ancianos dentro de ella? Bueno, ¿recuerda que dije que hay dos tipos de autoridad? La iglesia como autoridad de las llaves. Los ancianos tienen la autoridad de la enseñanza y supervisión. Pablo en Hechos 20: “el Espíritu Santo os ha puesto por obispos”.
Pablo en Tito 1: “[Un anciano]… debe exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen” (1: 9).
Y el autor de Hebreos, “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas”
Eso significa que, salvo en circunstancias extraordinarias, los ancianos utilizan su autoridad de la enseñanza y supervisión para dirigir a la iglesia en el uso de las llaves.
La congregación no puede juzgar sabiamente el qué y el quién del evangelio: no pueden cumplir con sus responsabilidades con prudencia, a menos que tengan maestros del Evangelio que entreguen enseñanza y supervisión.
¡Ellos necesitan Ancianos para hacer su trabajo! Necesitan Ancianos para guiarlos en el ejercicio de las llaves.
¿Cómo los ancianos hacen esto? Bueno, podemos desglosar sus responsabilidades en unas pocas categorías que encontramos en la Escritura.
1. El ministerio de la Palabra
Aparte de no ser un nuevo convertido, la única salvedad que un anciano tiene y un diácono no, es su capacidad o aptitud para enseñar. Por lo tanto, no es sorprendente que los ancianos son para enseñar la Palabra. En público y en privado. Siempre dispuesto a aplicar la Palabra a la situación en cuestión. Así en Hechos 6, cuando los apóstoles por primera vez introducen la idea de los diáconos, uno de los principales papeles de los diáconos era que los apóstoles no distrajesen su atención del ministerio de la Palabra y de la oración. Y lo mismo es cierto hoy en día de los ancianos.
Un anciano debe tener absoluta confianza en la capacidad de la Palabra de Dios para hacer la obra de Dios.
2. El ministerio de la oración
Esas son las otras cosas que vimos que los apóstoles se dedicaban en Hechos 6. Por lo tanto, se deduce que los ancianos también deben orar. Orar por ellos mismos, orar por otros ancianos, orar por las necesidades de los que conocen en la iglesia, y orar por los desafíos más grandes que enfrenta la iglesia.
Usted sabe por experiencia propia la mayor cantidad de sus mejores intenciones para la oración pueden ser frustrados por el ajetreo de la vida. No piense que los ancianos son inmunes a esas mismas tentaciones y presiones. Así que cuando usted ore por los pastores, ore para que vayan a orar. Ore para que Dios los sostenga en la oración. Al igual que Hur levantó los brazos de Moisés en Deuteronomio, sostenga a sus pastores en la oración, para que puedan seguir orando.
3. El Ministerio de reunir y proteger
Una de las principales condenas que Dios levanta contra los malos pastores del Antiguo Testamento es la de haber sido dispersado al rebaño. Sin embargo, Dios promete reunirlo de nuevo (Jer. 50: 6, 23: 1-4).
Efectivamente, Jesús es el Buen Pastor cuya voz y las ovejas escuchan y siguen. Él es quien las reúne. Pero no sólo eso, sino que además las protege. Él es el pastor que deja las 99 ovejas para localizar a una sola que se ha ido por mal camino. Y luego le dice a su Padre que no ha perdido ninguna de las ovejas que el Padre le había dado. El trabajo de un anciano es ser un pastor bajo la tutela de este buen pastor.
Pablo les dice a los ancianos en Hechos, “Tened cuidado de vosotros y de todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos” (Hechos 20:28). Y Pedro dice:
“Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.” (1 Pedro 5:2-4)
Los ancianos deben vigilar a todo el rebaño. Ellos deben tener en cuenta a los débiles y a los que están luchando, a los rebeldes, y a los lobos con piel de oveja.
Casi siempre, los miembros deben someterse y seguir a sus líderes. Ellos deben obedecerles, como dice Hebreos 13:17. Seguir su ejemplo, como dice Hebreos 13:7. Los ancianos están ahí para equiparnos, mediante la enseñanza, la oración y protección, para hacer el trabajo del ministerio y ser fieles a Jesús.
IV. ¿Cómo estos encajan entre sí?
De acuerdo. Así que, una última pregunta: ¿cómo la autoridad de los ancianos encaja con la autoridad de la congregación?
Creo que un buen lugar para comenzar es con la descripción de Pablo acerca del ministerio en Efesios 4. Esto es lo que Pablo escribe, comenzando en el versículo 11:
11 Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,
12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,
13 hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;
14 para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error,
15 sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo,
16 de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.
Parte de lo que vemos aquí es la primera responsabilidad de la iglesia que vimos en Mateo 16: Para proteger una buena confesión. Se ve en el verso 14: en lugar de ser llevado por cualquier viento de doctrina, estamos estables, basados en un Evangelio que no cambia. Ahora, ¿Cómo sucede esto? ¿Es que los líderes de una iglesia protegen nuestra doctrina? No: es la congregación. Miremos hacia atrás a los versículos 12-13. Es la congregación que hace la obra del ministerio, que madura en la unidad y en la plenitud de Cristo. Nos preocupamos por los demás, y como cada uno de nosotros se mantiene fiel al Evangelio y la Iglesia en su conjunto se mantiene fiel. Eso es algo que incluso la mejor declaración de fe no puede lograr.
Y sin embargo, la congregación no hace esto sola por su cuenta, ¿verdad? Lo hacen mientras están siendo equipados. Equipados por los maestros de la Palabra que Pablo menciona en el versículo 11. Por lo tanto, no es que la autoridad de los ancianos eclipsa el de la congregación, o viceversa. Es que las dos autoridades se apoyan entre sí. Ninguno de ellos puede cumplir con la tarea que Dios les ha dado sin el otro.
No es una congregación pasiva
Así, por un lado, el congregacionalismo no ve la congregación como simplemente para ejercer la autoridad solo en situaciones de emergencia. Puede haber algo de eso, como explicaré en un momento. Pero, en general, la protección del Evangelio es el trabajo del día a día de la congregación, equipado por los ancianos. Pensemos en dos iglesias hipotéticas por un momento.
Iglesia 1: los pastores tienen las pesas y la cuerda de saltar. Ellos están haciendo todo el ejercicio. Y la iglesia está sentada en sillas para recostarse alrededor mirando.
Iglesia 2: los pastores caminan entre esa multitud de sillas de descanso, dando a la gente un ejemplo, y luego les muestran cómo usar las pesas y las cuerdas de saltar.
Por supuesto que no estamos hablando de pesas y cuerdas para saltar; estamos hablando de guardar el qué y el quién del Evangelio. Por lo tanto, ¿que iglesia cree usted que será más saludable internamente y externamente más evangelística?
No es una congregación todo-poderosa.
Pero por otro lado, esto no es democracia representativa tampoco. Especialmente aquí en DC, algunas personas miran la política bautista y piensan, “OK. Lo entiendo. Es como si la congregación es el pueblo y los ancianos son el congreso. Votamos a favor para hacer lo que queremos, y votamos en contra para que no se haga. “No, No, No! No es así en absoluto.
Para ser veraces, la congregación tiene la autoridad más básica bajo la autoridad de Cristo. Sin embargo, la autoridad de los ancianos no es dado a ellos por nosotros (la congregación), sino que se le da a ellos por Cristo, como se ve en pasajes como Hebreos 13:17. Y los ancianos deben utilizar su autoridad para ayudarnos, a la congregación, a ejercer nuestra autoridad.
Eso significa que el 99,9% de las veces, estas dos autoridades trabajan juntas. Luego, en situaciones extremas, la congregación utiliza su autoridad sobre y contra la autoridad de los ancianos, algo así como el poder de veto. Igual que el freno de emergencia. A medida que enseñamos la importancia de la membresía, cuando los ancianos conducen de una manera que es claramente contraria a la Escritura, en un asunto muy importante, la congregación necesita levantarse y deshacerse de los ancianos.
Pero, en general, estas dos autoridades trabajan juntas, no opuestas entre sí. Y, en general ni los ancianos ni la congregación ejerce su autoridad como una carta de triunfo. (“Hagan esto porque lo digo yo”). En su lugar, están viviendo bajo el peso de su responsabilidad ante Dios; la responsabilidad que proviene de esa autoridad. Cuidar, exhortar, animar y enseñar a fin de que, como iglesia, podamos seguir protegiendo el qué y el quién del Evangelio.
V. Conclusión
Me encanta como Charles Spurgeon pensó en su propia vocación en este sentido, tomando prestada una imagen de El Progreso del Peregrino:
Estoy ocupado en mi pequeña vía, como el señor Gran Corazón se empleó en los días de Bunyan. Yo no me comparo con este campeón, pero estoy en la misma línea de negocio. Estoy ocupado en visitas guiadas personalmente al cielo; y tengo conmigo, en la actualidad, querido Padre Viejo Honesto: me alegro de que sigue vivo y activo. Y ahí está Cristiana, y sus hijos. Es mi negocio, hago lo mejor que puedo, para matar a los dragones, y cortar cabezas de gigantes, y guiar a la tímida y a la temblorosa. A menudo me temo perder algunos de los más débiles. Tengo dolor en el corazón por ellos; pero, por la gracia de Dios y su ayuda amable y generosa en el cuidado de unos a otros, confío en que todos vamos a viajar con seguridad hasta la otra orilla del río. Oh, cuántos he tenido que separar de allí! Me he parado en el borde, y los he oído cantar en medio de la corriente, y casi he visto a los más brillantes que les llevan hasta la colina, y a través de las puertas, hasta la Ciudad Celestial.1
Ese es el objetivo de nuestros Ancianos, ¿verdad? Y más en última instancia, esa es la meta de toda nuestra congregación al ser equipados por nuestros Ancianos. Para cuidarnos unos a otros hasta el borde del río, y gozarnos en la recompensa que hay en el otro lado.
Pregunta de Discusión: ¿Qué consecuencias podría tener esto para la forma de trabajar de la pastoral en nuestra congregación? [Respuestas: los miembros son pastoreados principalmente entre ellos mismos. Los Ancianos equipan principalmente a través de la enseñanza pública. Los ancianos deben estar involucrados principalmente como entrenadores, ayudando a los miembros a preocuparse por los demás, etc.]
Repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!
El relato del nacimiento de Jesús es leído con frecuencia en esa fecha. Pastores ocupados de vigilar sus rebaños durante la noche fueron súbitamente rodeados por “la gloria del Señor”. Un ángel les anunció un tema de gran gozo: el nacimiento del Salvador. Imaginémonos la emoción de esos pastores: iluminados por una luz sobrenatural en medio de la noche, tuvieron el increíble privilegio de escuchar una multitud de ángeles anunciar su mensaje de paz a la tierra. Hubieran podido contentarse con felicitarse y festejar. ¡Pero no lo hicieron! Para ellos lo más importante era ir a ver al niño Jesús acostado en un pesebre. “Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado” (v. 15). Eran conscientes de que el regalo que Dios les hacía no era el momento excepcional que acababan de vivir, sino el niño recién nacido, el Hijo de Dios, que se hizo hombre para salvar al mundo.
Usted y yo, cuando escuchamos el hermoso relato del nacimiento de Jesús, no nos quedemos con una emoción pasajera cuyo efecto tranquilizador será de corta duración. Dios quiere darnos una bendición mucho más grande, una paz definitiva; quiere que recibamos concretamente el regalo que nos ha dado: “su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).
“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Isaías 9:6).