“Padre, perdónalos”

Viernes 7 Abril

Cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.

Lucas 23:33-34

“Padre, perdónalos”

El 3 de abril de 2015, un día después del asesinato de 148 estudiantes en Kenya, la mayoría de ellos cristianos, Ciku Muriuki, locutora de radio en ese país, dirigió estas palabras a los autores de la masacre:

–Ustedes admitieron ser los autores de la muerte de 148 estudiantes. Estoy triste por todas esas familias que perdieron a sus seres queridos. Supongo que escogieron a propósito este tiempo de Pascua en el que Cristo dio su vida por todos, incluso por ustedes. Quizá se burlen de esto… otros ya lo hicieron antes que ustedes. Aquel día una multitud enardecida insultó a Jesús pidiendo su muerte. Soldados romanos le escupieron la cara, lo golpearon, pusieron una corona de espinas en su cabeza y lo clavaron en una cruz. ¡Sin embargo, habían visto sus milagros y escuchado sus palabras! ¿Por qué actuaron con tanta crueldad? Jesús miró a sus asesinos y oró por ellos: “Padre, perdónalos”. Nadie mató a Jesús. Él dio su vida voluntariamente. ¡Pagó un precio infinito por nosotros que pecamos por ignorancia, o incluso deliberadamente!

Cristo también murió por ustedes, que mataron a mis hermanas y hermanos cristianos. ¡Yo los perdono! ¡Sí, escucharon bien: los perdono! Así como su corazón está lleno de odio, yo quiero llenar el mío de amor, como Jesús… ¡Él murió, pero resucitó! Los estudiantes que ustedes masacraron también resucitarán, pues Jesús prometió la vida eterna a todos los que creen en él… Cristo también murió en la cruz por ustedes, para salvarlos, si se arrepienten.

Ezequiel 31 – 1 Tesalonicenses 2 – Salmo 40:6-12 – Proverbios 13:4

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Hacia una vida nueva

Jueves 6 Abril

Por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.

1 Corintios 15:10

Tengo valor para Dios (2)

Hacia una vida nueva

Ayer vimos cómo el amor de Dios confiere un valor inestimable a todo el que cree. Debido a este amor de Dios, no debemos temer a la opinión de los demás. Tampoco debemos desesperarnos a causa de nuestros fracasos; podemos levantarnos y volver a empezar, porque Dios es fiel. Como Dios nos amó primero, no es necesario tratar de ganar su amor por medio de acciones religiosas o buenas obras. ¡Tenemos una salvación gratuita, solo por gracia!

Como consecuencia, cuando recibimos este amor inmerecido, él nos conduce a amar también: amamos a Dios y a nuestro prójimo, porque Dios nos amó primero (1 Juan 4:19).

Así la gracia de Dios nos anima y nos da una nueva vida. Gracias a ella podemos superar nuestros miedos y experimentar la verdadera libertad, ser libres de la obsesión por demostrar lo que valemos, de la angustia por no estar a la altura, de esa competencia que nos obliga sin cesar a superarnos… ¡Creer en Dios es dejarse invadir por la acción de la gracia!

Y también, como sabemos que somos amados, podemos agradecer y alabar a Dios por su gracia derramada en nosotros, en especial cuando celebramos el culto. Evidentemente, nunca devolveremos en la medida en que hemos recibido, pero cada vez estaremos más agradecidos con Dios quien nos conduce y nos acompaña en el camino de la vida.

“A aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios… sea gloria y majestad” (Judas v. 24-25).

Ezequiel 30 – 1 Tesalonicenses 1 – Salmo 40:1-5 – Proverbios 13:2-3

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Tengo valor para Dios (1)

Miércoles 5 Abril

A mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé.

Isaías 43:4

Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase al Señor, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.

Isaías 55:7

Tengo valor para Dios (1)

Nuestra sociedad nos presiona constantemente para que demostremos lo que valemos; somos evaluados, tanto en la escuela como en el trabajo. Se elogia el rendimiento, sea deportivo, artístico, industrial… A menudo una vida «exitosa» se mide por la carrera profesional o el estatus social. Según esta escala de valores seremos considerados como «alguien» o como un «don nadie». Entonces, si tenemos que enfrentar el desempleo, la enfermedad, el divorcio, la cárcel… ¿esto significa que ya no somos «nadie»?

La buena noticia del Evangelio es que no tenemos que hacer nada para ser “alguien”, sino simplemente creer. Dios nos ama sin ninguna condición. Él dice a cada uno de nosotros: ¡Para mí tienes gran valor! El amor de Dios es muy diferente a nuestros sentimientos humanos, los cuales pueden debilitarse, apagarse o incluso cambiarse en odio. ¡Dios nos acoge y nos promete una fidelidad inquebrantable!

En los evangelios Jesús cuenta la historia de un joven que pidió a su padre su herencia, y luego se fue a un país lejano en donde malgastó todo, viviendo desordenadamente. Pasado algún tiempo lamentó su decisión y volvió a la casa de su padre. Cuando este lo vio, corrió hacia él y lo abrazó, incluso antes de que pudiera decir algo; no le hizo reproches ni lo castigó (Lucas 15:11-32).

Este relato ilustra el amor de Dios hacia nosotros; su amor no depende de lo que hacemos o no hacemos. Dios nos ama y nos perdona siempre.

(mañana continuará)

Ezequiel 29 – Gálatas 6 – Salmo 39:7-13 – Proverbios 13:1

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Sé que Dios me ama

Martes 4 Abril

Muchos pensamientos hay en el corazón del hombre; mas el consejo del Señor permanecerá.

Proverbios 19:21

En gran manera se maravillaban, diciendo: bien lo ha hecho todo; hace a los sordos oír, y a los mudos hablar.

Marcos 7:37

Sé que Dios me ama

¿Quién de nosotros no tiene inquietudes, preocupaciones, tristezas, sufrimientos? Los verdaderos cristianos estamos felices de saber que no es un destino ciego el que organiza al azar las circunstancias de nuestra existencia. En efecto, Dios mismo vela sobre nuestras vidas. Él sabe y puede todo. ¡Tiene un proyecto para cada una de sus criaturas! La Biblia da ejemplos de personas que, aunque estaban cerca de Dios, sufrieron mucho. No somos los únicos que pasamos por dificultades. Job dijo: “Así he recibido meses de calamidad, y noches de trabajo me dieron por cuenta” (Job 7:3). Jacob debió reconocer que las decisiones que había tomado sin tener en cuenta la voluntad de Dios le ocasionaron muchas tristezas, y concluyó diciendo: “Pocos y malos han sido los días de los años de mi vida” (Génesis 47:9).

Las circunstancias de la vida, adversas o favorables, son permitidas por nuestro Dios, quien es luz, pero también es amor (1 Juan 4:8). Los acontecimientos que consideramos más negativos también son permitidos por Dios. A menudo él desea hablarnos y acercarnos a él por medio de lo que llamamos la adversidad. Cualquiera que sea la situación, aprendamos a ir a él. Para todos los que recibieron su perdón y su salvación mediante la fe en Jesucristo, saber que son amados por Dios es el fundamento y el sentido de su vida. ¡Pueden contar con la bondad y la sabiduría divinas para encontrar ayuda en medio de sus pruebas!

El Señor “se compadece según la multitud de sus misericordias” (Lamentaciones 3:32).

Ezequiel 28 – Gálatas 5 – Salmo 39:1-6 – Proverbios 12:27-28

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No puedo continuar así

Lunes 3 Abril

Sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.

1 Juan 5:20

Si el Hijo (de Dios) os libertare, seréis verdaderamente libres.

Juan 8:36

No puedo continuar así

Jason, un niño maltratado por su padrastro, se refugió en el rugby para escapar de su difícil vida. A los 17 años huyó de su casa y cayó en la terrible espiral del alcoholismo. Él confesó:

–Estaba buscando algo. Buscaba la felicidad en el dinero, en los bienes materiales, el alcohol, las relaciones… ¡Pero nada de esto podía llenar el vacío que había en mí! La bebida se convirtió en un refugio, y cuantos más problemas tenía, más bebía…

Un día conoció a Inga, un jugador de rugby extranjero. Este le habló del gozo que había encontrado al conocer a Jesús, y le dijo que orar a Dios podría ayudarle.

La curiosidad de Jason se despertó. Luego, al ver el interés con que Inga leía la Biblia, Jason quiso saber más y se preguntaba cómo este hombre podía ser tan feliz. Sus conversaciones se fueron profundizando. Jason sintió que debía tomar una decisión en su vida:

–No puedo continuar así. No quiero vivir más de esta manera; necesito ayuda.

Una conversación decisiva con su amigo terminó con esta pregunta:

–¿Quieres invitar a Jesús a tu corazón? Jason aceptó.

–Aquella mañana pedí a Jesús que entrara en mi vida. Sus palabras eran realmente para mí: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). En ese momento, cuando entregué mi vida al Señor Jesús, sentí que se me quitaba un gran peso.

“Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros” (Santiago 4:8).

Ezequiel 27 – Gálatas 4 – Salmo 38:15-22 – Proverbios 12:25-26

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No puedo continuar así

Lunes 3 Abril

Sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.

1 Juan 5:20

Si el Hijo (de Dios) os libertare, seréis verdaderamente libres.

Juan 8:36

No puedo continuar así

Jason, un niño maltratado por su padrastro, se refugió en el rugby para escapar de su difícil vida. A los 17 años huyó de su casa y cayó en la terrible espiral del alcoholismo. Él confesó:

–Estaba buscando algo. Buscaba la felicidad en el dinero, en los bienes materiales, el alcohol, las relaciones… ¡Pero nada de esto podía llenar el vacío que había en mí! La bebida se convirtió en un refugio, y cuantos más problemas tenía, más bebía…

Un día conoció a Inga, un jugador de rugby extranjero. Este le habló del gozo que había encontrado al conocer a Jesús, y le dijo que orar a Dios podría ayudarle.

La curiosidad de Jason se despertó. Luego, al ver el interés con que Inga leía la Biblia, Jason quiso saber más y se preguntaba cómo este hombre podía ser tan feliz. Sus conversaciones se fueron profundizando. Jason sintió que debía tomar una decisión en su vida:

–No puedo continuar así. No quiero vivir más de esta manera; necesito ayuda.

Una conversación decisiva con su amigo terminó con esta pregunta:

–¿Quieres invitar a Jesús a tu corazón? Jason aceptó.

–Aquella mañana pedí a Jesús que entrara en mi vida. Sus palabras eran realmente para mí: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). En ese momento, cuando entregué mi vida al Señor Jesús, sentí que se me quitaba un gran peso.

“Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros” (Santiago 4:8).

Ezequiel 27 – Gálatas 4 – Salmo 38:15-22 – Proverbios 12:25-26

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Un amor duradero

Domingo 2 Abril

Que (las ancianas) enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos.

Tito 2:4-5

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo… todo lo espera.

1 Corintios 13:4-7

Un amor duradero

Bernardo y Sonia estaban casados desde hacía diez años y tenían cuatro hijos. Al principio estaban muy enamorados, pero con el paso del tiempo, poco a poco, se fueron alejando uno del otro. Bernardo pasaba más tiempo frente al ordenador que con su familia… y la responsabilidad del hogar pesaba cada vez más sobre Sonia.

Un día ella contó su situación a una amiga cristiana de más edad, y terminó diciendo con amargura:

–De todos modos ya no lo amo…

Llena de simpatía, su amiga la escuchó y le respondió:

–¿Crees que amar al marido consiste solo en tener por él los mismos sentimientos del principio? Si así fuera, ¿por qué Dios manda a las mujeres mayores que enseñen a las más jóvenes a amar a sus maridos? ¡Amar a nuestro marido es algo que se aprende! No es una actitud pasiva, sino una decisión personal y voluntaria, una búsqueda concreta, práctica y cotidiana. El apóstol Pablo dice que el verdadero amor “no busca lo suyo”. En vez de pensar en lo que te frustra, pide cada día a tu Señor la fuerza para aplicar este simple principio, y que te libere del egoísmo que te hace infeliz. Ora por tu marido; pide a Dios que te ayude a hacerlo feliz; así lo verás de una forma diferente, y tú misma serás más feliz. Dios mismo se encargará de obrar en él para que una feliz relación se restablezca entre ustedes, para el gozo de su hogar y para la gloria de Dios.

Ezequiel 26 – Gálatas 3 – Salmo 38:9-14 – Proverbios 12:23-24

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¿Cuál será el balance de mi vida?

Sábado 1 Abril

(Jesús) por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.

2 Corintios 5:15

¿Cuál será el balance de mi vida?

¡Solo tenemos una vida, y esta terminará un día! Por ello es importante que sea exitosa. Pero, ¿qué significa tener una vida exitosa? ¿Cómo podemos lograrlo? Una publicidad afirmaba que la persona que no hubiese tenido un reloj de lujo a sus 50 años había desperdiciado su vida… Pero Jesús dijo: “¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma (o su vida)?” (Mateo 16:26). Y también afirma: “El que cree en mí, tiene vida eterna” (Juan 6:47). Sin embargo, ¡incluso un creyente puede «desperdiciar su vida»!

La Biblia nos muestra el testimonio de dos creyentes que hicieron el balance de su vida.

Jacob declaró: “Pocos y malos han sido los días de los años de mi vida” (Génesis 47:9). ¡A los 130 años dijo que su vida había sido corta! Era creyente; pero con tristeza tuvo que reconocer que había vivido mucho tiempo haciendo su propia voluntad. Sin embargo, había vuelto a encontrar la paz. Y el último día de su vida “adoró apoyado sobre el extremo de su bordón” (Hebreos 11:21).

El apóstol Pablo dedicó toda su vida al servicio de Jesucristo, su Salvador, y escribió: “Para mí el vivir es Cristo” (Filipenses 1:21). Al final de su vida en la tierra pudo decir: “El tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día” (2 Timoteo 4:6-8). ¡Era feliz de haber servido a su Maestro!

¡Qué gran diferencia hay entre vivir para uno mismo y vivir para Cristo!

Ezequiel 25 – Gálatas 2 – Salmo 38:1-8 – Proverbios 12:21-22

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La Cena del Señor

Viernes 31 Marzo
(Jesús) habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.
1 Corintios 11:24-25

La Cena del Señor
Durante el culto, nos conmovimos de forma especial cuando la Cena se distribuye entre nosotros. En el momento de tomar el pan, nuestros corazones rebosan de agradecimiento por el amor de Jesús, quien dio su vida por nosotros.

El apóstol Pablo, después de revelar el significado de la cena conmemorativa a la iglesia de Corinto, pronunció palabras poderosas: “Todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga” (1 Corintios 11:26). La Cena del Señor no es un rito, sino una respuesta del corazón de los creyentes al deseo del Señor Jesús. Pone a Cristo en el centro, nos habla de su amor, de su sacrificio, de su cruz. Anuncia a quienes nos ven que Jesús murió por nosotros y por ellos. Tomar el pan y beber la copa son gestos sin palabras, ¡pero muy elocuentes!

Jesús nos pidió que celebrásemos la Cena para que no nos olvidemos de sus sufrimientos, de su muerte y de su sangre derramada, para que su sacrificio siempre esté presente en los pensamientos y en los afectos de los cristianos. Estos gestos manifiestan el amor que Cristo nos mostró al morir en la cruz. ¡Cuán agradecidos podemos estar!

“Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:6-7).

Ezequiel 24 – Gálatas 1 – Salmo 37:35-40 – Proverbios 12:19-20

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Compartir una comida

Jueves 30 Marzo
(Jesús dijo:) He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.
Apocalipsis 3:20
La comunión (5)
Compartir una comida

Compartir una comida con una persona a menudo tiene un valor simbólico, pues la comida es un momento privilegiado para intercambiar opiniones.

Así, en varios pasajes de la Biblia, las comidas ofrecen la oportunidad para hablar, pero también para reconciliarse y hacer alianzas (Génesis 18:8; 31:54; 2 Samuel 9:13).

El Señor quiere hablar con nosotros, llama a nuestra puerta, se acerca a cada uno de nosotros para decirnos: ¡Ábreme la puerta de tu corazón! Entonces, simbólicamente, el Señor Jesús puede comer con nosotros. Y su presencia hace arder nuestros corazones con un gozo indecible.

¡Así se expresa nuestra comunión con él! Pero no fuerza al que no desea su presencia. El día de su resurrección caminó con dos discípulos, y esperó que lo invitasen para quedarse con ellos. Entonces, en el momento de la comida, sus ojos se abrieron y lo reconocieron como el Señor resucitado (Lucas 24:13-33).

Esta comunión se vive, sobre todo, cuando se celebra la Cena durante el culto (1 Corintios 10:16). Existe la comunión «horizontal», que une a los que participan: disfrutan de los mismos privilegios con respecto al Señor y están unidos entre ellos. También existe, y ante todo, la comunión «vertical», que une a cada uno con el Señor, y que une el conjunto (imagen de la Iglesia) a Cristo (el Esposo).

La Cena del Señor es el recuerdo de Aquel que dio su vida por nosotros. ¡Qué gozo poder participar en ella!

(fin. Primera parte el 2 de marzo)
Ezequiel 23:28-49 – Hechos 28:17-31 – Salmo 37:30-34 – Proverbios 12:17-18

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