El pecado… ¿qué es para usted?

Domingo 13 Noviembre

Así como por la desobediencia de un hombre (Adán) los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno (Jesús), los muchos serán constituidos justos.

Romanos 5:19

(Jesús dijo:) No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.

Lucas 5:32

El pecado… ¿qué es para usted?

Vivimos en una cultura en la cual la noción de pecado es cuestionada. Para la opinión general, el homicidio, la traición, el robo son faltas graves, si se comparan con el hecho de mentir, engañar, codiciar… Pero el pecado es más que malas acciones, e incluso que palabras malvadas o malos pensamientos. Es una fuerza inherente a nuestra naturaleza, heredada de nuestros padres, que nos incita a vivir sin Dios, y en consecuencia en oposición a su voluntad.

La palabra “pecar”, originalmente significa “fallar al blanco, equivocarse”. El blanco es el modelo ideal de perfección reconocido por Dios y cumplido por Jesús, el Hijo de Dios, hombre perfecto. Comparado con él, es claro que todo hombre ha perdido el objetivo que Dios había dado a su criatura. Todos somos, pues, pecadores (Romanos 3:23).

Incluso los que no han robado ni matado deben reconocer que alguna vez mintieron o tuvieron malos pensamientos; a veces calificamos esto como una falta ligera, como un pecado insignificante. Pero el pecado, cualquiera que sea su gravedad, nos aleja de Dios, nos conduce al juicio y a la condenación. Sin embargo, Dios no nos deja sin esperanza ante esta situación. Para liberarnos de este estado, él quiere que admitamos que somos pecadores; él nos ofrece su perdón. ¿Aceptamos este perdón?

Por medio de Jesucristo “se os anuncia perdón de pecados… en él es justificado todo aquel que cree” (Hechos 13:38-39).

Josué 2 – Hebreos 5 – Salmo 122 – Proverbios 27:15-16

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EL FIN DE LA FAMILIA

John MacArthur es el pastor-maestro de Grace Community Church en Sun Valley, California, así como también autor, orador, rector emérito de The Master’s University and Seminary y profesor destacado del ministerio de medios de comunicación de Grace to You.

En el año 1969, después de graduarse en el Talbot Theological Seminary, John llegó a Grace Community Church. El énfasis de su ministerio en el púlpito es el estudio diligente y la exposición versículo a versículo de la Biblia, con especial atención dedicada al antecedente histórico y gramatical detrás de cada pasaje. Bajo el liderazgo de John, los dos servicios matutinos de adoración de Grace Community Church colman el auditorio cuya capacidad es de 3500 personas. Varios miles de miembros participan cada semana en docenas de grupos de hermandad y programas de entrenamiento, la mayoría de ellos conducidos por líderes laicos; y cada uno de ellos, dedicado a equipar a los miembros para el ministerio a nivel local, nacional e internacional.

En el año 1985, John fue nombrado presidente de The Master’s College (anteriormente, Los Angeles Baptist College, y ahora, The Master’s University), una Universidad cristiana de cuatro años, acreditada en humanidades, en Santa Clarita, California. En el año 1986, John fundó The Master’s Seminary, una escuela de posgrado dedicada a la formación de hombres para que desempeñen roles pastorales y trabajo misionero a tiempo completo.

John también es el Presidente y profesor destacado de Grace to You. Fundada en el año 1969, Grace to You es la organización sin fines de lucro responsable de desarrollar, producir y distribuir los libros de John, los recursos de audio y los programas de Grace to You de radio y televisión. El programa de radio de “Grace to You” se emite más de 1000 veces diariamente a lo largo del mundo de habla inglesa, alcanzando a los centros de mayor población con la verdad bíblica. También se transmite casi 1000 veces al día en español, llegando a 23 países a lo largo de Europa y Latinoamérica. El programa de televisión de “Grace to You” se transmite semanalmente en DirecTV en los Estados Unidos y está disponible de manera gratuita por medio de Internet en todo el mundo. Todos los 3000 sermones de John, que abarcan más de cuatro décadas de ministerio, están disponibles de manera gratuita en ese sitio web.

Desde que completó su primer libro que fue un éxito en ventas, El Evangelio según Jesucristo, en el año 1988, John ha escrito cerca de 400 libros y guías de estudio, incluyendo Fuego Extraño, Avergonzados del Evangelio, El Asesinato de Jesús, El Hijo Pródigo, Doce Hombres Inconcebibles, Verdad en Guerra, El Jesús que no Puedes Ignorar, Esclavo, Una Vida Perfecta y la serie de Comentarios MacArthur del Nuevo Testamento. Los títulos de John han sido traducidos a más de dos docenas de idiomas. La Biblia de estudio MacArthur, el recurso que es la piedra angular de su ministerio, está disponible en el idioma inglés (NKJ, NAS y ESV), español, ruso, alemán, francés, portugués, italiano, árabe y chino.

En el año 2015, completó la serie Comentarios MacArthur del Nuevo Testamento. En sus 23 volúmenes, John lo lleva detalle por detalle, versículo a versículo, a lo largo de todo el Nuevo Testamento.

John y su esposa, Patricia, viven en el sur de California y tienen cuatro hijos casados: Matt, Marcy, Mark y Melinda. Ellos también disfrutan de la alegre compañía de sus 15 nietos.

Solamente un “adiós”

Sábado 12 Noviembre

Yo en ti confío, oh Señor; digo: Tú eres mi Dios. En tu mano están mis tiempos.

Salmo 31:14-15

Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.

Isaías 26:3

Solamente un “adiós”

Una cristiana contó: Yo estaba hospitalizada debido a unos problemas de salud. Una pared móvil separaba mi cama de la de una joven paciente que tenía un mal incurable. Su médico había renunciado a todo tratamiento curativo y, como ella sufría demasiado, le administraban fuertes dosis de calmantes. Un día, mientras ella respondía al teléfono, la escuché decir a su interlocutor: “Esto no mejorará. Quiero regresar a casa. Me gustaría morir en la casa”.

Estas palabras me impactaron. Ella iba a morir y lo sabía. ¿Estaba preparada para encontrar a Dios? Pedí al Señor que me diera las palabras para hablar a su corazón. Me acerqué a su cama y le hablé de Jesús, de su sacrificio en la cruz para darnos la vida eterna. Le repetí las palabras que Jesús dijo a Nicodemo y por las cuales muchas personas han sido conducidas a la fe: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Ella me miró y, sonriendo, me dijo: “Yo también soy creyente”. Al otro día partió para “morir en su casa”, y cuando le dije adiós, ella me mostró el cielo y me dijo: “Sí, adiós; nos volveremos a ver allá arriba”.

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él” (1 Tesalonicenses 4:13-14).

Josué 1 – Hebreos 4 – Salmo 121 – Proverbios 27:13-14

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Tres cruces

Viernes 11 Noviembre

Allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio.

Juan 19:18

Tres cruces

En la colina del Gólgota, cerca de Jerusalén, erigieron tres cruces; en cada una de ellas fue clavado un hombre. A cada lado había un malhechor, pero Jesús, en la cruz del medio, era diferente, era inocente. Su juez declaró: “Ningún delito hallo en este hombre” (Lucas 23:4); sin embargo, incitado por la multitud, lo condenó a muerte. Jesús sufrió, pues, el atroz suplicio reservado a los criminales, según las leyes romanas de la época. Todos se burlaban de él y lo injuriaban, incluso los dos malhechores crucificados con él. “Los principales sacerdotes… decían: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él” (Mateo 27:41-42). Pero Jesús no lo hizo por amor a cada uno de nosotros, por amor a los que estaban allí insultándolo, por quienes oró: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).

Al oír esto, uno de los dos malhechores cambió de actitud, aceptó este perdón para sí mismo y se encomendó a Jesús para el más allá. “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino”. La respuesta fue inmediata: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:42-43).

En esta escena se encuentra toda la historia de la humanidad. Todos los hombres son culpables ante Dios y merecen su juicio. Todos excepto uno, Jesucristo, Dios hecho Hombre para sufrir ese juicio en lugar del culpable, para que así Dios pudiera perdonar al pecador. Unos aceptan esta gracia, otros son indiferentes.

Y usted, ¿de qué lado está?

“Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:14-15).

Deuteronomio 34 – Hebreos 3 – Salmo 120 – Proverbios 27:11-12

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Cartas a las iglesias: Éfeso (1)

Jueves 10 Noviembre

(Jesús dijo:) Has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado; pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor.

Apocalipsis 2:3-4

Cartas a las iglesias: Éfeso (1)

Leer Apocalipsis 2:1-7

La primera de las siete cartas que Jesús dirigió a su Iglesia (o Asamblea) fue escrita a la iglesia en Éfeso. Esta ciudad, muy comercial, era un centro religioso pagano importante. No era fácil ser creyente en Éfeso. Los cristianos habían sufrido debido a su fe. El Señor lo sabía y apreciaba esta fidelidad, como también su trabajo, su paciencia y su vigilancia para no soportar a los que impartían una enseñanza errónea. Sin embargo, ahora Jesús les hacía este reproche: “Has dejado tu primer amor”. Cuando estos cristianos habían creído en el Señor Jesús, su vida había hallado su fuente y su celo en el amor por él, y en el gozo de conocerlo. Pero con el paso de los años, su fe había perdido su frescor. Sin desanimarse, ellos continuaban sus actividades cristianas. Pero, quizá porque su servicio los absorbía demasiado, perdieron de vista al Señor mismo. Un gran peligro amenazaba a esta iglesia. El agua todavía corría en el arroyo, pero su fuente, el primer amor, se había secado.

Esta carta a Éfeso, iglesia del primer siglo, nos interpela a todos. Como creyente puedo perder el fervor del primer amor por mi Salvador. Ni mis obras, por buenas que sean, ni mi celo por la verdad, me preservarán. Para hacer “las primeras obras” (v. 5) necesito mirar la realidad en frente, salir de mi religiosidad y mantener una comunión con el Señor. Las primeras obras emanan del primer amor… y no a la inversa. “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19).

(continuará el próximo jueves)

Deuteronomio 33 – Hebreos 2 – Salmo 119:169-176 – Proverbios 27:9-10

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Un corazón de Padre

Miércoles 9 Noviembre
Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios.
1 Juan 3:1
Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.
1 Pedro 5:7
Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.
Jeremías 31:3

Un corazón de Padre
Un niño había pasado toda la tarde martillando y trabajando con trozos de madera. Al fin salió del taller con un barco de tres cubiertas, y esperó impaciente a su padre. Este llegó a su casa tarde en la noche, cansado y preocupado. No se fijó en el niño que, muy emocionado, quería mostrarle su obra maestra. El niño se fue a la cama muy triste, su papá ni siquiera lo había mirado…

Tal vez usted tenga recuerdos dolorosos de su infancia privada de un padre, cuando se perdió y vagaba completamente angustiado, cuando era el blanco de las burlas malvadas de sus compañeros, cuando lo lastimaron o lo decepcionaron. Sin embargo, nuestro Padre celestial nunca lo ha perdido de vista; él quiere manifestarle su ternura, su interés. Su amor es incondicional, no depende de nuestros éxitos o hazañas, de nuestra amabilidad o belleza. Usted no necesita demostrarle nada. Él lo ama tal como es. Usted es único para su Padre.

“Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él”. Él mismo llevó “nuestros pecados” (1 Juan 4:8-9; 1 Pedro 2:24). ¡Qué prueba de amor!

“Estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra. Y el mismo Jesucristo Señor nuestro, y Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia, conforte vuestros corazones, y os confirme en toda buena palabra y obra” (2 Tesalonicenses 2:15-17).

Deuteronomio 32:29-52 – Hebreos 1 – Salmo 119:161-168 – Proverbios 27:7-8

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¡Mi Dios es grande!

Martes 8 Noviembre

Por la palabra del Señor fueron hechos los cielos… Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió.

Salmo 33:6-9

¡Mi Dios es grande!

Tengo un amigo cuyo aspecto siempre es amable y tranquilo. Hoy me contó cómo Dios lo sostiene en medio de los grandes sufrimientos que atraviesa. Me describió los síntomas desconocidos, a veces extraños, que siente en su cuerpo minado por la enfermedad. Se hace preguntas sobre lo que le sucederá en los próximos días. Pero también me dijo: “Estoy en paz. No puedo explicarlo, pero la paz de Dios me invade y sobrepasa todos mis temores y mis razonamientos”.

Sonriendo me explicó que un capítulo de la Biblia lo animaba mucho desde hacía algunos días: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra… Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz… y separó Dios la luz de las tinieblas…” (Génesis 1:13-4). En este texto introductorio de la Biblia Dios revela quién es él, subraya su majestad, su poder y su autoridad sobre todo. En el inmenso universo no existe nada por casualidad. Todo muestra la sabiduría y el orden del que llamó la creación a la existencia. Cada elemento aparece en su tiempo, espléndido, perfecto; luego toma el lugar y la función asignados por Dios. La composición final es magnífica.

Estas palabras animaban a mi amigo. Retenía interiormente este mensaje: “Hijo mío, recuerda que tu Padre es infinitamente grande. Confía plenamente en mí; ten la certeza de que puedes entregarme todos tus sufrimientos y tus preguntas, porque yo soy tu Dios”.

¿Conoce usted al Dios de mi amigo, el gran Dios, el único Dios justo y Salvador? (Isaías 45:21-22).

Deuteronomio 32:1-28 – Juan 21 – Salmo 119:153-160 – Proverbios 27:5-6

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Tenía que correr (2)

Lunes 7 Noviembre

Olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

Filipenses 3:13-14

Tenía que correr (2)

“¿Jesús era realmente el Mesías de Israel, el Salvador del mundo? Esta pregunta crucial terminó ocupando todos mis pensamientos. Yo no podía ignorarla, con el pretexto de que la mayoría de los judíos no creen en él. Entonces oré a Dios pidiéndole que me revelara si Jesús era verdaderamente el mediador del nuevo pacto. Esta oración cambió mi vida.

Comprendí que mis pecados formaban una barrera que me impedía conocer a Dios. Como en el tiempo de Moisés, se necesita un sacrificio para que Dios perdone y su justicia sea satisfecha. Pero el cordero del antiguo pacto anunciaba al Hijo de Dios: él se ofreció en sacrificio una vez por todas. Poniendo mi confianza en él, en lo que él hizo por mí, y no en mis méritos, podía estar delante de Dios. Esto me conmovió profundamente.

Mi andar espiritual no tiene nada espectacular. Sin embargo, Dios cumplió un gran milagro: cambió mi vida presente y me dio la seguridad de la vida eterna. La buena nueva del evangelio, del amor de Dios manifestado en Jesús el Mesías, colmó el vacío de mi vida.

Aunque sigo amando el deporte, este ya no es para mí una meta en sí mismo. Ya no corro para obtener una medalla de poco valor; pero prosigo a la meta, para una recompensa eterna, el premio del llamado celestial de Dios”.

Étienne L.

“¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis” (1 Corintios 9:24).

Deuteronomio 31 – Juan 20 – Salmo 119:145-152 – Proverbios 27:3-4

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Tenía que correr (1)

Domingo 6 Noviembre

¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente.

Isaías 55:2

Tenía que correr (1)

Testimonio

“Empecé a correr al comienzo de los años 1980. Al principio corría para relajarme, pero muy pronto me involucré en la competencia, especialmente en la maratón. Durante siete años me entregué al ritmo exigente de esta disciplina. Mi único objetivo era mejorar mis resultados. En enero de 1990, debido a una lesión, fui repentinamente detenido en mi carrera. Esta dura pausa me permitió reflexionar en todo el tiempo y la energía gastada para ganar algunos segundos en la famosa carrera de 42, 195 km. ¿Qué sentido tenían todos esos esfuerzos? Entonces tomé consciencia de que lo que yo trataba de hacer era llenar el vacío de mi existencia. Yo tenía una familia, amigos, trabajo, pero pensaba que debía continuar corriendo, que no debía detenerme nunca, tanto en sentido literal como figurado.

En 1992 un amigo músico me habló de Jesús. Su conversación era interesante, pero su fe no era para mí. Yo había crecido en una familia judía, en la cual Jesús era un sujeto que se debía evitar. Sin embargo, mi amigo no perdía ninguna ocasión para hablarme de Jesús, y terminó regalándome un Nuevo Testamento. Nuestras pláticas y la lectura de ese libro borraron poco a poco los clichés que yo tenía sobre Jesús. Su enseñanza me fascinaba. Pero, ¿era él el Mesías prometido en el Antiguo Testamento? Por ejemplo, el profeta Isaías había anunciado unos 800 años antes que el Mesías sería ofrecido en sacrificio para llevar nuestros pecados, y que resucitaría para hacernos justos”.

(mañana continuará)

Deuteronomio 30 – Juan 19:31-42 – Salmo 119:137-144 – Proverbios 27:1-2

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“¿Qué queréis que os haga?”

Sábado 5 Noviembre

El Señor es muy misericordioso y compasivo.

Santiago 5:11

Él mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.

Mateo 8:17

“¿Qué queréis que os haga?”

Leer Mateo 20:29-34

Dos ciegos estaban sentados al borde del camino por donde Jesús pasaba. Ellos clamaron a él e insistieron a pesar de la oposición de la multitud. Él se detuvo, les preguntó qué necesitaban. “Ellos le dijeron: Señor, que nos sean abiertos nuestros ojos”. Entonces les devolvió la vista. Jesús siempre se ocupó de los enfermos, de los rechazados por la sociedad, de los decepcionados de la vida. Su compasión y su entrega son un modelo para nosotros.

Pero su objetivo era mucho más grande. Jesús “anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hechos 10:38). La sanación que nos trajo no concierne solo a nuestro cuerpo, a nuestra condición material, sino también y, sobre todo, a nuestra alma. La necesidad más urgente de todo ser humano es ser liberado del pecado. Esta es la enfermedad más grave que existe, porque conduce a la muerte eterna, es decir, al alejamiento definitivo de Dios.

Aún hoy, aunque Jesús no está físicamente en la tierra, se acerca a usted y le dice: “¿Quieres ser sano?” (ver Juan 5:1-9). Si usted quiere ser libre de sus pecados y recibir el perdón de Dios, diríjase a él. Jesús dio su vida en la cruz para salvarnos. “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 3:18).

Él no obliga a nadie, pero siempre está dispuesto a recibir al que va a él. ¿Quiere que Jesús haga algo por usted?

Deuteronomio 29 – Juan 19:1-30 – Salmo 119:129-136 – Proverbios 26:27-28

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