¿Cómo percibe usted a Dios?

Viernes 2 Septiembre

Dios… nos ha hablado por el Hijo… el cual (Jesús), siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder…

Hebreos 1:1-3

(Jesús le dijo:) El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.

Juan 14:9

El hombre se imagina fácilmente un Dios que le conviene, que corresponde a sus propias aspiraciones, comprensivo y tolerante con todos. Ese Dios no es el de la Biblia. Dios no es el “buen Dios” como los hombres lo apodan. “Dios es amor” (1 Juan 4:8), es verdad. También es santo, y no puede soportar el pecado (Habacuc 1:13). En su Palabra Dios afirma que el pecado apartó al hombre del conocimiento íntimo de su Creador. Por eso Dios tuvo que echar a Adán del huerto del Edén (Génesis 3:922-24). A partir de este acontecimiento, el hombre no puede ver a Dios y vivir (Éxodo 33:20).

Sin embargo, Dios nunca renunció a su voluntad de darse a conocer al hombre. Se reveló a nosotros enviando a su Hijo unigénito, Jesucristo, “hecho semejante a los hombres” (Filipenses 2:7-8). Él es “la imagen del Dios invisible” (Colosenses 1:15). Jesús incluso nos mostró a Dios como Padre, un calificativo que para el creyente sobrepasa a cualquier otro nombre: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” (Juan 1:18).

Pero el pecado, obstáculo infranqueable para el hombre, debe ser castigado. Entonces, por medio de su muerte, Jesús manifestó la inmensidad de su amor divino: sufrió en nuestro lugar el castigo que nosotros merecíamos. Así abrió el camino de la salvación, el acceso a Dios para todos los hombres que lo aceptan como su Salvador.

Jeremías 34 – 1 Corintios 10 – Salmo 103:1-5 – Proverbios 22:16

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Palabras del evangelio: Arrepentíos (1)

Jueves 1 Septiembre

Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados.

Hechos 3:19

(Jesús dijo:) Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

Mateo 18:3

Palabras del evangelio: Arrepentíos (1)

“Arrepentíos”. El sentido inicial de este verbo contiene la idea de girarse, dar la vuelta, cambiar de rumbo. “Os convertisteis de los ídolos a Dios”, escribió el apóstol Pablo a los cristianos de Tesalónica (1 Tesalonicenses 1:9). Todos debemos convertirnos a Dios, aunque no hayamos adorado a los ídolos, porque “cada cual se apartó por su camino” (Isaías 53:6). Este texto de la Biblia describe bien nuestro estado. Naturalmente nuestra naturaleza humana orienta nuestros pensamientos y nuestra vida lejos de Dios. Ahora, por la conversión, nuestro camino nos conduce hacia Dios y hacia Jesús, nuestro Salvador y modelo.

Cuando el apóstol Pedro interpeló a sus contemporáneos, ellos estaban convencidos de estar en la “buena religión”. Sin embargo, Pedro los llamó a convertirse, a volverse a Dios. Su llamado también es para nosotros, aunque pensemos que practicamos la religión correcta. Lo esencial es tener una relación personal con Dios. Esto implica necesariamente renunciar a nosotros mismos para volvernos a Dios.

El arrepentimiento y la conversión son obra del amor divino en nuestros pensamientos y en nuestra vida. El uno no va sin el otro: arrepentirse significa que debe haber un cambio en nuestra forma de pensar; convertirse es la consecuencia de este cambio en nuestra manera de vivir: tenemos un nuevo objetivo.

Pablo también escribió: “Anuncié… que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento” (Hechos 26:20).

(continuará el próximo jueves)

Jeremías 33 – 1 Corintios 9 – Salmo 102:23-28 – Proverbios 22:15

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Conmoción

Miércoles 31 Agosto
Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar.
Salmo 46:1-2
Conmoción
Montes traspasados “al corazón del mar”: ¡imaginemos la angustia y el terror que produciría semejante alteración de la naturaleza! Pero podemos experimentar sentimientos parecidos cuando presenciamos los cambios tan rápidos de nuestra época. Muchas personas se sienten abrumadas, incluso oprimidas, por la evolución acelerada de nuestro entorno, tanto en las tecnologías como en los comportamientos.

Ningún campo escapa a esto. Muchos científicos temen que el calentamiento global sea bastante grave para el planeta en los futuros decenios, y que la subida de los océanos sumerja países enteros. El hambre y las guerras causan grandes migraciones, cada vez menos controladas. Las bases de la economía y las finanzas mundiales titubean. Una inesperada epidemia trastorna por completo el sistema del mundo. Y qué decir del desarrollo vertiginoso del internet y de sus aplicaciones, herramientas tan ingeniosas como vulnerables, y por lo tanto peligrosas.

Podemos confundirnos y sentirnos frágiles ante tales amenazas. Pero Dios sigue siendo el mismo, en él “no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:17). Él ama a todos los seres humanos y les propone ser su refugio eterno. A cada uno de los suyos, de los que ponen su confianza en él, promete: “Los montes se moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz se quebrantará, dijo el Señor, el que tiene misericordia” (Isaías 54:10).

“El Señor me ha sido por refugio, y mi Dios por roca de mi confianza” (Salmo 94:22).

Jeremías 32:26-44 – 1 Corintios 8 – Salmo 102:16-22 – Proverbios 22:14

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Malversación de fondos

Martes 30 Agosto
Sabed que vuestro pecado os alcanzará.
Números 32:23
Yo sé de vuestras muchas rebeliones, y de vuestros grandes pecados; sé que afligís al justo, y recibís cohecho, y… hacéis perder su causa a los pobres.
Amós 5:12
Malversación de fondos
Muy a menudo los medios de comunicación informan sobre personas de alta posición acusadas de “malversación de fondos”. ¿Qué hicieron? Estos altos funcionarios, llevados por la ambición, confundieron lo que era realmente suyo con lo que pertenece a su empresa o al Estado.

Se les consideraba como personas honestas. Y tal vez ellos mismos se lo creían. Después de todo, ¡otros también lo hacen! Pero un día la justicia interviene, y todo cambia. Al principio se defienden, proclamando su inocencia, e incluso acusan a los magistrados. Sin embargo, pronto deben bajar el tono y permitir que sus oficinas sean registradas. ¡Luego viene el juicio, la vergüenza y el fin de la hermosa fachada! Entonces todo el mundo conoce la verdad. Ayer esos personajes eran envidiados, hoy son menospreciados.

Así, ante el tribunal de Dios, todo será puesto a la luz para cada ser humano. Hoy, a menudo, nos contentamos con las apariencias y actuamos con disimulación. Pero pronto la justicia divina revelará todo. Quizá no hayamos hecho nada escandaloso a los ojos de los hombres, pero estaremos delante del Dios santo, de Aquel que sondea y juzga nuestros actos y nuestros pensamientos más secretos. ¿Qué recursos tendremos frente al juicio? ¡Ninguno!

Pero si ahora nos declaramos culpables, si nos ponemos al abrigo de la cruz de Cristo, nuestros pecados son perdonados. No iremos a condenación. Jesús pagó en nuestro lugar.

Jeremías 32:1-25 – 1 Corintios 7:25-40 – Salmo 102:9-15 – Proverbios 22:12-13

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Tempestad en el lago

Lunes 29 Agosto
Levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es este, que aun el viento y el mar le obedecen?
Marcos 4:39-41
Tempestad en el lago
Leer Marcos 4:35-41
Como los discípulos en la barca durante la tempestad, los cristianos atraviesan el mar agitado de este mundo.

Si Jesús está en nuestro barco, aunque nos parezca que duerme, el naufragio es imposible, porque nuestra suerte está unida a la suya. Notemos que Jesús estaba en la popa del barco, cerca del timón. Este detalle nos recuerda que, a pesar de las apariencias, él dirige la barca. Los discípulos, angustiados, no comprendían cómo Jesús podía dormir en semejante situación, y lo despertaron: Maestro, vamos a perecer, ¿no te importa?

Lo mismo sucede en nuestros días: cuando pasamos por momentos difíciles, solemos pensar que el Señor duerme y no se preocupa por nosotros. ¡Qué error! Él mismo dio la orden: “Pasemos al otro lado”. Los discípulos aún no habían comprendido quién era su Maestro. Si hubieran creído su palabra, hubieran estado seguros de llegar a su destino sanos y salvos, a pesar de la tempestad.

Él nos prometió: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días” (Mateo 28:20). Con Jesús en la barca de nuestra vida no tenemos nada que temer, aunque parezca que él duerme. Las olas y el viento pueden sacudirnos, pero con Jesús siempre estaremos seguros. Confiemos en él; suceda lo que suceda, él tendrá el control de cualquier situación.

Jeremías 31:21-40 – 1 Corintios 7:1-24 – Salmo 102:1-8 – Proverbios 22:10-11

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EL HOMBRE NO ES SEÑOR DE SU CAMINO 

Lectura del libro devocional Manatiales en el Desierto; escrito por L.B. Cowman y leído por Orlando Rosario (locutor de BBN).

Este programa es producido por BBN Dios suple las necesidades financieras de BBN por medio del generoso aporte de sus oyentes. Esas ofrendas, con base bíblica en Gálatas 6:6 nos permiten proveer sin ningún cargo un espacio para nuestros programadores. Su ofrenda nos va a ayudar para que muchos conozcan a Cristo por medio de programas como este.

El problema, no la solución

Domingo 28 Agosto
Sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios.
Filipenses 4:6
Mis pensamientos no son vuestros pensamientos; ni vuestros caminos mis caminos, dijo el Señor. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.
Isaías 55:8-9
El problema, no la solución
Los turistas se fueron al lago con su velero. Gracias a una buena brisa, navegaban rápidamente. Pero cuando se encontraron en medio del inmenso lago, el viento cesó. En pleno mes de agosto, el sol ardía y la superficie del agua parecía tan llana como un espejo. El tiempo pasaba… los viajeros pidieron a Dios que el viento soplara. Pero nada cambió. La inquietud dio paso a la angustia. ¿Dios no los escuchaba?

De repente percibieron un punto negro que se acercaba. Pronto reconocieron el barco del pescador en cuya casa se habían hospedado, que venía para socorrerlos…

Después, uno de ellos se puso a reflexionar sobre este episodio. Habían pedido a Dios que el viento volviera a soplar. Pero en realidad esa no era la solución divina. Ellos necesitaban regresar a su casa sanos y salvos. El viento solo era una solución posible. Dios tenía otra. No respondió conforme a las palabras de su oración, sino que lo hizo a su manera.

Cuando exponemos a Dios un problema, no le “dictemos la solución”. Dios es más grande que nosotros. Él tiene todos los medios a su disposición, y puede respondernos de mil maneras que nosotros ni siquiera imaginamos. Nuestra “solución” quizá no sea la mejor.

Expongámosle simplemente nuestro problema, y confiemos en él. Él nos responderá, tal vez no de la manera que nosotros esperamos, pero su respuesta siempre será sabia y adaptada a la situación.

Jeremías 31:1-20 – 1 Corintios 6 – Salmo 101:5-8 – Proverbios 22:8-9

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¿Y después?

Sábado 27 Agosto

Está establecido para los hombres que mueran una sola vez.

Hebreos 9:27

Nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio.

2 Timoteo 1:10

¿Y después?

“Tengo salud, fortuna, belleza… ¿y después?

 – Tengo oro, dinero… ¿y después?

 – Cuando fuera el único en poseer el genio y el saber, ¿qué sucederá después con ello?

 – Cuando debiera disfrutar del mundo durante mil años, ¿qué pasará después? La muerte llega rápido y quita todo. ¿Qué hallaremos más allá de sus puertas?… Solo Dios merece ser servido…”.

Estas reflexiones, escritas por la reina María Cristina Ferdinande de Bourbon-Siciles (1806-1878), fueron halladas después de su muerte en su libro de piedad. Esta reina había comprendido el secreto de la verdadera felicidad: la fe en Dios, quien es amor. Ella sabía que el éxito, la riqueza o la salud no dan la verdadera felicidad, que los placeres ofrecidos por el mundo pueden ayudar a olvidar momentáneamente las preocupaciones… ¿y después?

La Biblia siempre lo ha declarado: este mundo no podrá satisfacer ni dar la verdadera felicidad al hombre (Eclesiastés 6). El apóstol Pablo experimentó que conocer a Cristo es una cosa excelente, e incluso lo único importante (Filipenses 3:8). Seremos felices si sabemos que somos amados por Dios y perdonados por la obra de Jesús, “el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:25). Jesús libera del miedo a la muerte a todos los que reconocen su culpabilidad y lo aceptan como su Salvador y Señor. Él les da la vida eterna (Juan 17:2). “En ningún otro hay salvación” (Hechos 4:12).

Jeremías 30 – 1 Corintios 5 – Salmo 101:1-4 – Proverbios 22:7

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¿Tiene usted paz? (3)

Viernes 26 Agosto

Andrés… halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías. (Natanael dijo a Jesús:) Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel.

Juan 1:4149

¿Tiene usted paz? (3)

“Algún tiempo después se presentó un hombre en mi casa: -¿Señor Gil Bernard? Vengo a traerle el Nuevo Testamento que usted pidió… Lo invité a entrar, y después de una agradable y enriquecedora conversación, me preguntó si podía leer un pasaje del libro que traía en respuesta a mi carta. Leyó lentamente la parábola del hijo pródigo (Lucas 15:11-32). No hay necesidad de comentar esta parábola, me dije a mí mismo, he comprendido… Sin rodeos pregunté a mi visitante: -¿Jesús es el Mesías de Israel? Él guardó silencio un momento, y luego respondió: -¡Sí, Jesús es el Mesías de Israel y el Salvador del mundo!

Eso fue un choque para mí. Quedé sin palabras. Apenas tuve la fuerza para decir a mi invitado que debía prepararme para ir a cantar esa misma noche. Antes de irse, me pidió que le prometiera leer el Nuevo Testamento. La petición me pareció extraña, pero acepté. Y cumplí la palabra. Volviendo a leer los evangelios, tuve la impresión de andar sobre los pasos de Jesús, y mi vida fue transformada.

Tres años más tarde dejé el salón de música, pero no la canción. Elegí cantar mi fe en Jesús. La decisión de abandonar mi trabajo fue difícil, pero nunca lo lamenté. Recibí más de lo que esperaba, una vida plena y feliz, a pesar de los momentos dolorosos. Dios es fiel y me ha sostenido en las alegrías y en las penas. Tengo la esperanza de alabarlo eternamente”.

Gil Bernard

Jeremías 29 – 1 Corintios 4 – Salmo 100 – Proverbios 22:5-6

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¿Tiene usted paz? (2)

Jueves 25 Agosto

Honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino; pues se inflama de pronto su ira. Bienaventurados todos los que en él confían.

Salmo 2:12

¿Tiene usted paz? (2)

“La lectura de los evangelios me conmovió. Desde las primeras palabras de Jesús, fui cautivado por su mensaje de amor y paz. Algunos meses más tarde, un amigo con quien a menudo discutía sobre este tema me dio una invitación a una conferencia cuyo tema era: “Jesús, los judíos y el Mesías”. No asistí, pero al final del folleto que lo anunciaba, un versículo de la Biblia me intrigó: “Honrad al Hijo, para que no se enoje… Bienaventurados todos los que en él confían”. Entonces pregunté a mi amigo qué pensaba de esta frase de la Biblia, y en particular de la palabra “Hijo”. Me respondió que él no sabía gran cosa. Y en seguida agregó que su cura siempre le había dicho que Jesús era el Hijo de Dios. Yo le respondí que para nosotros los judíos Dios era único y que él no podía tener hijos.

Pero la pregunta me intrigaba. No dejaba de pensar en este versículo desconcertante. Cuando regresé a mi casa, abrí la Biblia francesa en la traducción del rabino Zadoc Kahn (que solo contiene el Antiguo Testamento), y volví a leer el Salmo 2. Me sorprendió hallar el versículo en una traducción con pocas diferencias (“Honrad al Hijo, para que no se indigne, y perezcáis en el camino; porque muy rápido se enciende su ira: Bienaventurados todos los que se refugian en él”). Al final de la invitación a la conferencia se ofrecía un Nuevo Testamento gratis. Bastaba escribir a la dirección indicada. Fue lo que hice para tener uno propio”.

(mañana continuará)

Jeremías 28 – 1 Corintios 3 – Salmo 99:6-9 – Proverbios 22:3-4

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