La herencia

Lunes 18 Julio
El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo.
Romanos 8:16-17
La herencia
Después de la revocación del Edicto de Nantes * en el año 1685, los protestantes fueron perseguidos y sus reuniones prohibidas. Pero ellos se reunían secretamente en los bosques, por la noche, confiados en la promesa hecha por Jesús a sus discípulos: “Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20). Como hermanos y hermanas, se reunían en torno a Cristo, su Salvador muerto y resucitado.

Una joven que iba a esas reuniones fue detenida por un soldado del rey: -¿A dónde vas tan tarde? La joven temía que, al decir la verdad, provocaría numerosos arrestos. Sin embargo, no quería mentir. – Mi hermano murió, respondió ella sin vacilar. Tenemos una reunión familiar y vamos a leer su testamento.

Ella pudo continuar su camino, pero a su regreso fue detenida nuevamente por el mismo soldado.

 – Entonces, ¿tu hermano fue generoso contigo?

 – Sí, me dio todo.

El Nuevo Testamento (segunda parte de la Biblia) leído en esa reunión le recordó que el Hijo de Dios vino a la tierra y dio su vida por ella. La joven creía esta buena noticia y se había convertido en una hija de Dios, según la promesa hecha al comienzo del evangelio de Juan: “A todos los que le recibieron (a Jesús como Salvador), a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12). Y si somos hijos de Dios, también somos… herederos de Dios y coherederos con Cristo.

  • El Edicto de Nantes firmado en 1598 autorizaba la libertad de conciencia y de culto en Francia.

Números 28 – Lucas 6:20-49 – Salmo 85:1-7 – Proverbios 19:20-21

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Discernir lo invisible

Domingo 17 Julio
Lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.
Romanos 1:19-20
Discernir lo invisible
Dios es invisible, está por encima de todo, habita “en luz inaccesible”. Sin embargo:

 – Dios se manifestó. Él quiso que cada ser humano pudiera tener un conocimiento inmediato de él. El primer testimonio que nos dio es el mundo que nos rodea. Desde el comienzo de la humanidad, cada uno es interpelado por las maravillas de la naturaleza creada.

 – Las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad: su poder no se ve, está como escondido más allá de la materia y del tiempo. De la divinidad del Creador no hay nada visible, él está totalmente por encima de nosotros. No vemos sus caracteres, sin embargo, Dios nos ha dado la capacidad de percibirlos.

 – Se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas. Incluso un niño pregunta quién hizo el mundo. Es un punto ineludible en nuestro pensamiento. Lo que existe proviene de alguna cosa, nada se hace solo. Así, mediante la reflexión, puedo pensar en el poder de Dios, en su eternidad.

 – Los hombres son inexcusables. Nadie tiene excusa para no buscar, honrar y agradecer a Dios, pues él nos ha dado una conciencia. Sin embargo, los hombres cambiaron este primer pensamiento de Dios por toda clase de representaciones. Por ejemplo, el hombre moderno pretende reducir a Dios a la materia y a la energía, por así decirlo. Pero Dios continúa hablándonos por medio de la naturaleza y de muchas otras maneras.

Números 27 – Lucas 6:1-19 – Salmo 84:8-12 – Proverbios 19:18-19

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

La historia se repite

Sábado 16 Julio
Como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen… no solo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.
Romanos 1:28, 32
Decadencia del Imperio romano (2):
La historia se repite
Un científico británico del siglo 18, Edward Gibbon, estudió la historia de la decadencia y caída del Imperio romano y buscó sus causas. De su análisis extraemos las siguientes causas: el rápido aumento de los divorcios y con esto la destrucción del núcleo familiar; la sed de placeres, que llegó a ser demencial, con una práctica de deportes cada vez más sensacionales y brutales; el desarrollo gigantesco de los armamentos; la creencia, que llegó a ser un simple formalismo.

La actualidad de las conclusiones del historiador es impresionante. ¿Nuestra época no se distingue por los mismos caracteres que los del Imperio romano en su ocaso? ¿No anunciarán una rápida decadencia de nuestra civilización? Constantemente se oye hablar de crisis; por cierto, es la palabra que conviene.

Todas estas perturbaciones nos hablan del próximo retorno de Jesús. Él viene para buscar a los suyos; entonces, resucitará a los creyentes fallecidos y transformará a los vivos. Así escaparán a los terribles juicios que alcanzarán la tierra (véase 1 Tesalonicenses 1:9-10).

Muy afectuosamente quisiéramos formularle esta pregunta capital: ¿Usted formará parte de los que serán arrebatados en la venida de Cristo, por haber reconocido su estado pecaminoso y haber aceptado a Jesús como su Salvador? ¿O será usted dejado lejos de Dios, perdido para siempre? “El Señor está cerca” (Filipenses 4:5).

Números 26 – Lucas 5:17-39 – Salmo 84:5-7 – Proverbios 19:17

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Declaración de los deberes de los hombres (2)

Jueves 14 Julio
Ve, fortalécete, y considera y mira lo que hagas.
1 Reyes 20:22
No temas… yo soy tu socorro, dice el Señor.
Isaías 41:14
Declaración de los deberes de los hombres (2)
“Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas” (Deuteronomio 6:5). “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19:18). – “Yo (Jesús) os digo: Amad a vuestros enemigos… orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:44). – “Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no” (Mateo 5:37). – “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros” (Efesios 4:32). – “Cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido” (Efesios 5:33). – “Todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Mateo 7:12). – “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5:48).

Tal vez usted diga: -¡No vaya más lejos! Nunca lo lograré. ¡Puedo pensar que un mundo así, el que Dios quiso, sería hermoso, pero está más allá de mis fuerzas!

 – Reconocerlo es dar el primer paso para entrar en ese mundo que usted sabe que es hermoso.

 – No, ¡es imposible hacerlo solo!

 – Tiene razón; entonces, tienda la mano a Jesús. Él nunca deja en la incertidumbre a quien confiesa su incapacidad para obedecer a Dios. Él escucha esta confesión; y si usted cree que Jesús murió por sus pecados y resucitó, él le responderá, lo perdonará y le dará la vida eterna. Mediante esta nueva vida, y debido a su amor, somos capaces y felices de obedecerle.

(continuará el próximo jueves)
Números 24 – Lucas 4:16-44 – Salmo 83:9-18 – Proverbios 19:13-14

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Los vestigios de Sodoma

Lunes 11 Julio
Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquellos, habiendo fornicado… fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno.
Judas 7
Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.
Juan 20:29
Los vestigios de Sodoma: ¿un apoyo para la fe?
Según la Biblia, la ciudad de Sodoma está situada al sur del mar Muerto, en la actual Jordania. Ciertos investigadores piensan que fue encontrada por el arqueólogo Steven Collins y su equipo, en el sur del valle del Jordán.

El versículo del día nos recuerda la destrucción total de Sodoma y de las ciudades vecinas, debido a la inmoralidad de sus habitantes. Para todos, era la prueba evidente de que Dios juzga el mal cuando este ha llegado a su colmo. Pero, el descubrimiento de una ciudad arqueológica, que confirma lo que la Biblia declara, ¿lleva a los hombres a creer? Los burladores, por ejemplo, “ignoran voluntariamente” la realidad del diluvio (2 Pedro 3:5) y buscan pruebas arqueológicas, pero no están dispuestos a aceptarlas.

Como Tomás el discípulo, hoy muchas personas se niegan a creer algo cuya prueba material no tienen ante sus ojos. Pero “la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). Creer la palabra a alguien es manifestarle nuestra confianza. Creer lo que Dios dice en la Biblia es honrarlo, y Dios alaba esta fe, librando al creyente de su culpabilidad y revelándose a él.

Cristianos, no tratemos de reforzar nuestra fe por medio de los progresos arqueológicos: la ciencia es el ámbito de los hombres, a quienes Dios dio una gran inteligencia. La fe es el dominio de Dios, quien no necesita más que su Palabra para ser creído y conocido.

Números 21 – Lucas 2:21-52 – Salmo 81:11-16 – Proverbios 19:7-8

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Silencio y oración

Domingo 10 Julio

Bueno es esperar en silencio la salvación del Señor.

Lamentaciones 3:26

Me he comportado y he acallado mi alma como un niño destetado de su madre; como un niño destetado está mi alma.

Salmo 131:2

Tuya es la alabanza… oh Dios.

Salmo 65:1

Silencio y oración

En el libro de los Salmos encontramos toda clase de oraciones: el clamor pidiendo ayuda, la queja, la alabanza, el agradecimiento… Algunos salmos incluso asocian la oración al silencio. El Salmo 131, por ejemplo, habla de una lucha interior para lograr la paz con Dios, como un niño que crece y no puede ser más amamantado por su madre, pero permanece confiado a su lado.

¿Cómo lograr tal alivio? A veces guardamos silencio, pero por dentro luchamos fuertemente, enfrentándonos con enemigos imaginarios o batallando contra nosotros mismos. Tener el alma en paz supone un retorno a la sencillez y a la humildad: “Ni anduve en grandezas, ni en cosas demasiado sublimes para mí” (Salmo 131:1). Silenciarme es reconocer que por mí mismo no puedo deshacerme de mis preocupaciones, es dejar a Dios lo que está fuera de mi alcance y de mis capacidades.

Nuestra inquietud puede compararse a la tempestad que sacudió la barca de los discípulos en el mar de Galilea mientras Jesús dormía. Nosotros los creyentes también podemos sentirnos perdidos, angustiados, incapaces de hallar la paz, pero Jesús quiere ayudarnos. Así como calló al viento y al mar: “Cesó el viento, y se hizo grande bonanza”, también puede calmar nuestro corazón agitado por el miedo y las preocupaciones (Marcos 4:35-41). Pongamos nuestra esperanza en Dios. Cuando las palabras cesen y nuestros pensamientos se apacigüen, Dios podrá ser alabado en un silencio de gratitud y con la admiración de la fe.

Números 20 – Lucas 2:1-20 – Salmo 81:1-10 – Proverbios 19:5-6

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿Indiferente?

Sábado 9 Julio

El Señor, tardo para la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión, aunque de ningún modo tendrá por inocente al culpable.

Números 14:18

¿Indiferente?

Un creyente nos cuenta la historia de uno de sus vecinos, a quien con frecuencia había hablado de la fe en Jesucristo.

Durante una excursión a los Alpes, la capa de hielo sobre la cual caminaba cedió bajo su peso, y casi se ahoga en un lago. En otra ocasión, su velero se volcó durante una tempestad, y fue rescatado por los socorristas en el mar. A sus cuarenta años fue sanado de una leucemia, y Dios le concedió todavía 15 años más de vida. Para terminar, una noche, en medio de una tormenta, un árbol cayó sobre su auto y él murió en el instante.

Este hombre era simpático. Conocía la Biblia, pero aparentemente nunca había sentido la necesidad de un Salvador.

Sin embargo, ¿había prestado atención a las múltiples advertencias de Dios? Su vida terminó bruscamente, ¡entró en la eternidad en un instante! Solo Dios sabe si se reconoció pecador y si recibió el perdón y la vida eterna por la fe en el Señor Jesús.

“En una o en dos maneras habla Dios; pero el hombre no entiende… Entonces revela al oído de los hombres, y les señala su consejo, para quitar al hombre de su obra, y apartar del varón la soberbia. Detendrá su alma del sepulcro, y su vida de que perezca a espada… Todas estas cosas hace Dios dos y tres veces con el hombre, para apartar su alma del sepulcro, y para iluminarlo con la luz de los vivientes” (Job 33:1416-1829-30).

“¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?” (Romanos 2:4).

Números 19 – Lucas 1:57-80 – Salmo 80:8-19 – Proverbios 19:3-4

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Admiración

Viernes 8 Julio
Se espantaron grandemente.
Marcos 5:42
En gran manera se maravillaban (hablando de Jesús), diciendo: bien lo ha hecho todo.
Marcos 7:37
Se regocijaba por todas las cosas gloriosas hechas por él.
Lucas 13:17
Admiración
Todos nos hemos maravillado alguna vez ante el cielo estrellado, el esplendor de un atardecer, ante una hermosa flor o la belleza de un rostro… Quizás admiremos incluso un personaje célebre, ídolos de la canción, del espectáculo, de la política…

Entonces, si conocemos algo sobre la vida de Jesucristo, ¿cómo permanecer indiferentes? Él es incomparable: Dios nuestro Creador se hizo hombre entre los hombres. Los autores de los evangelios, que lo vieron, lo escucharon y lo tocaron nos lo muestran. Cuando era niño obedeció a sus padres sin dejar de someterse a Dios (Lucas 2:49). Más tarde trabajó como carpintero (Marcos 6:3). Luego, enviado por el amor de Dios, recorrió el país sirviendo a sus contemporáneos. Con humildad y gran bondad les habló de perdón, de reconciliación, de amor, de paz. Su mensaje era gracia y verdad; denunciaba el mal, para conducir al perdón a los que se arrepentían, consolaba a los que sufrían…

Pero la grandeza de Jesús, el Hijo de Dios, nos impresiona aún más cuando, siendo odiado, rechazado, traicionado, herido, aceptó llevar en la cruz, en nuestro lugar, el castigo que nosotros merecíamos por nuestros pecados. Dio su vida por nosotros, sus enemigos, pero tenía el poder para volverla a tomar. Jesús resucitó, venció a la muerte.

Detengámonos contemplando la vida de Jesús y su carácter único, más que admirable. Recibamos este mensaje de Aquel que nos amó hasta tal punto, y digámosle, como Tomás: “¡Señor mío, y Dios mío!” (Juan 20:28).

Números 18 – Lucas 1:26-56 – Salmo 80:1-7 – Proverbios 19:1-2

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Declaración de los derechos de Dios (1)

Jueves 7 Julio
¡Tierra, tierra, tierra! oye palabra del Señor.
Jeremías 22:29

Declaración de los derechos de Dios (1)

“Yo soy el Señor tu Dios… No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo 20:2-3).

“No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano; porque no dará por inocente el Señor al que tomare su nombre en vano” (v. 7).

“Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que el Señor tu Dios te da.

No matarás.

No cometerás adulterio.

No hurtarás.

No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.

No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo” (v. 12-17).

“Al extranjero no engañarás ni angustiarás” (Éxodo 22:21).

“No hagáis conmigo dioses de plata, ni dioses de oro os haréis” (Éxodo 20:23).

“No admitirás falso rumor… No seguirás a los muchos para hacer mal” (Éxodo 23:1-2).

Podríamos seguir enumerando lo que Dios ordena que no hagamos. Cada uno de estos mandamientos nos muestra lo que debemos a nuestro creador y a nuestro prójimo. Los recibimos de un Dios que ama a su criatura.

El mundo sería muy diferente si escucháramos estas instrucciones a no hacer lo que desagrada a Dios. Y la Biblia va más lejos, porque nos da además otros mandamientos, esta vez positivos, en cuanto a lo que Dios espera de nosotros.

(continuará el próximo jueves)
Números 17 – Lucas 1:1-25 – Salmo 79:8-13 – Proverbios 18:23-24

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

La coma desplazada

Miércoles 6 Julio
(Dios) sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.
Romanos 3:26
Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.
Romanos 8:1
La coma desplazada
Se cuenta que un rey recibió un día una carta de un hombre que estaba condenado a varios años de cárcel. En ella solicitaba un indulto.

El ministro de justicia había anotado en el margen del documento: “¡Gracia imposible, que se quede en la cárcel!”.

El rey leyó atentamente la petición, estudió el caso del condenado, tomó su pluma y desplazó la coma hacia la izquierda en la anotación que había hecho el ministro: “¡Gracia, imposible que se quede en la cárcel!”. Y luego añadió: “¡Concedido!”. El condenado quedó libre.

El comportamiento de este rey nos hace pensar en el Señor Jesús. Las acusaciones que hay contra nosotros son totalmente justificadas. La ley nos condena justamente. Pero Jesús llevó sobre sí la culpabilidad de todos los que creemos en él, y sufrió en nuestro lugar el juicio de Dios. Así, como nos concedió la gracia, es imposible que sigamos condenados. ¡Y eso le costó infinitamente más que un sencillo trazo con la pluma! Los evangelios y los salmos nos presentan un cuadro sobrecogedor de los sufrimientos expiatorios y de la muerte de Jesús.

Para el que reconoce su culpabilidad ante Dios y cree en la obra redentora del Señor Jesús, la salvación de Dios tiene un alcance mucho más grande que la gracia del rey. ¡No solo fue indultado, y su condena anulada, sino que además fue hecho justo! La obra expiatoria de Jesús es perfecta. Todos los que creen en él pueden presentarse ante Dios con la total seguridad de que la cuestión de sus pecados quedó eternamente resuelta en la cruz.

Números 16:20-50 – 3 Juan – Salmo 79:1-7 – Proverbios 18:22

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch