Conocer y ser conocidos ¿Cómo describiría usted su relación con Dios? ¿Lo siente cerca?
Si usted ha tenido algún amigo que llamaba o pasaba por su casa solo para pedirle algo y no se acercaba para ofrecerle ayuda o saber de usted, es probable que esa amistad no haya durado mucho. ¿Por qué? Porque allí no había cercanía, no había una relación verdadera.
Podríamos desaprobar tal egoísmo; sin embargo, es muy fácil tratar a Dios de la misma manera. Incluso los creyentes podemos llegar a buscarlo solo cuando nos hace falta algo o nos va mal. Pero buscar a Cristo no se trata de satisfacer nuestras necesidades. Se trata de experimentar una relación personal con el Señor, el “amigo más unido que un hermano” (Pr 18.24).
Cristo les dijo a sus discípulos que ya no eran esclavos sino amigos (Jn 15.14-16), y esa misma promesa es cierta para nosotros hoy. Podemos hablar con nuestro mejor amigo, Dios mismo, en cualquier momento y por cualquier motivo. Él anhela escuchar a sus hijos, y que lo busquemos con amor.
PIENSE EN ESTO
¿Cómo describiría usted su relación con Dios? ¿Lo siente cerca? Tómese el tiempo esta semana para comenzar a hablar con el Señor de una manera más personal para crear o fortalecer ese vínculo. Biblia en un año: 1 Crónicas 1-3
Domingo 1 Mayo Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos… y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol. Eclesiastés 2:11 Cristo… por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. 2 Corintios 5:14-15 ¡Quiero disfrutar de la vida! Hay personas privilegiadas que se preocupan mucho por aumentar sus riquezas. La sociedad de consumo en la que viven las incita a querer cada vez más. ¡Piensan que nunca tienen lo suficiente para ser felices, y que siempre les falta algo! ¿Así se disfruta de la vida? En el momento de morir, ¿qué importancia tendrán mis bienes y todos los placeres que haya experimentado en la tierra? “En toda cosa hay que considerar el fin”, escribió un poeta francés.
La verdadera felicidad solo existe en la medida en que cada uno vive en armonía con Dios, su Creador. Para el creyente no se trata de “disfrutar la vida” haciendo lo que le place, sino más bien escuchando y haciendo lo que agrada a Dios, lo que él dice en su Palabra, y así recibir sus bendiciones. Disfrutar de la vida que Dios me da implica primero tener un encuentro con Jesucristo como Salvador y Señor. Por medio de él puedo conocer a Dios como mi Padre celestial; entonces mi felicidad consiste en conducirme de una manera digna del Señor, cumpliendo las buenas obras que Dios preparó de antemano para mí (Efesios 2:10).
¿Cree usted en el Hijo de Dios, quien murió y resucitó para darnos la verdadera felicidad, la vida eterna? Si todavía no tiene esta seguridad, acepte sin tardar ese regalo de Dios. Entonces podrá disfrutar realmente de la vida de hijo de Dios, y las “abundantes riquezas de su gracia” (Efesios 2:7).
El pecado es una elección de situarnos en el lugar de Dios y esa es la peor desición que podemos tomar. El pecado nos alejará de la voluntad de Dios. No elijámos pecar, elijamos a Dios, obedezcamos a Dios no obedezcamos al pecado.
Si quieres experimentar la dicha y no ser culpable de pecado, debes número uno reconocer que has pecado y que sólo Cristo puede ayudarte, ya que el murió en la cruz y resucitó al tercer día para darnos perdón y número dos pídele que te salve, confiesa tus pecados a Dios y pide a Cristo que te salve. Gracia y Paz
«Así ha obrado el Señor conmigo en los días en que se dignó mirarme para quitar mi afrenta entre los hombres» (v. 25). Mientras esperaba para ver a su Salvador cara a cara, ella dijo: «¿Por qué me ha acontecido esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí?» (v. 43).
Esa es la imagen que vemos de Elisabet en su espera, ella hablaba de Dios y su enfoque era Dios.
Estas no son las palabras de una mujer enojada, a pesar de que su esposo había quedado mudo como resultado de su incredulidad. Estas son las palabras de una mujer anclada en la esperanza.
A medida que la historia de Elisabet continúa desarrollándose, encontramos que en el sexto mes de su embarazo, el mismo ángel que visitó a Zacarías visita a una virgen llamada María. Parece que los anuncios dramáticos de un nacimiento son la especialidad de Gabriel, porque esta vez él da la noticia de que María será la madre de Jesús.
Cuando estudiamos la vida de Elisabet, vemos su accionar y cómo recibe a María, entre otras cosas, no me cabe la menor duda que ella se aferró a la esperanza de que Dios obraría en cada angustia. Ellos siguieron sirviendo en el rol que Dios les había dado en medio de su dolor, como ya hemos visto.
Dios es bueno, y eso lo sabemos por qué su carácter nos es revelado en Su palabra. Entonces cuando las desilusiones siguen llegando, ¿por qué debemos seguir orando? La Escritura responde a esa pregunta con las hermosas promesas de Dios. Entonces estar ancladas a la verdad bíblica nos va a ayudar a reaccionar de una manera correcta. Debemos animar a las hermanas a que busquen un consejo centrado en la palabra de Dios y su carácter.
Frases para meditar: «Dios respondió a la oración de Elisabet por un hijo con un «sí», pero lo más importante, Él respondió a su deseo de usar su vida para glorificar su nombre».
«Mientras oramos por las áreas de desilusión y anhelos, Jesús nos anima a hacerlo en el contexto de querer que Dios sea glorificado, mientras su reino y su gobierno se afirman en este mundo. Es querer que se haga la voluntad de Dios».
«Antes de orar por cualquier otra cosa, no importa lo urgente que sea, no importa en medio de qué tipo de crisis estemos, Jesús nos enseñó a orar para que el nombre de Dios sea glorificado. Su nombre representa todo lo que Él es. Queremos orar para que el reino de Dios venga y se haga su voluntad».
Profundiza más: ¿Qué tan importante es congregarnos y sacar provecho de los medios de gracia en nuestra iglesia local? Que pasa si nos aislamos? ¿De qué forma pudiéramos practicar caminar junto a hermanas que están pasando por alguna desilusión y mostrar la hospitalidad práctica que albergó a María en casa de Elisabet? (Ya seas soltera o casada). Recuerda: En retrospectiva y conectando con lo que hemos hablado podemos ver lo que Elisabet ya debía haber sabido: su historia no se trataba sobre ella. Dios utilizó todos esos años de desilusión y espera. Él usó el ejemplo de Elisabet de andar intachablemente en todos los mandamientos y preceptos del Señor» (Lucas 1: 6). Él utilizó la incredulidad de su marido. Lo usó todo para escribir una historia milagrosa sobre Su poder y gloria. Él desea hacer lo mismo en nuestras vidas. Que podamos servir a otros aún en medio de nuestras circunstancias.
MEDITACIÓN DIARIA Capaces de hacer Su voluntad El Señor promete que, si le creemos y seguimos adelante con obediencia, nos indicará lo que quiere que hagamos y nos permitirá lograrlo.
Éxodo 3.1-14
Cuando Moisés recibió el llamado a sacar a los israelitas de Egipto, argumentó que no era la persona adecuada para hacer el trabajo porque no sabía hablar bien (Ex 4.10). He conocido a personas que también sabían que el Señor las había llamado a realizar algo, pero no creían que podían hacerlo. Esto es, en realidad, un tipo de rebeldía. Equivale a decirle a Dios que no es lo bastante poderoso para prepararlas, y que para que su voluntad se cumpla, tendrán que depender de la capacidad de ellas.
Dios es más que capaz de equipar a sus seguidores, pero puede lograr sus propósitos con o sin nosotros. El Señor promete que, si le creemos y seguimos adelante con obediencia, nos indicará lo que quiere que hagamos y nos permitirá lograrlo. Filipenses 2.13 dice que Dios “es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”. No hay nada que temer. Nunca tenemos que servir con nuestras propias fuerzas, pues no nos asignará ninguna tarea sin capacitarnos.
Como alguien que sigue a Cristo, usted tiene la responsabilidad personal de aceptar la invitación que le haga y dejar que logre sus propósitos por medio de usted. No le defraudará. Al recordar cómo el Señor ha actuado en el pasado, fortalecerá su fe. Y su obra continua le conformará a la imagen de su Hijo.
Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones.
Un problema en las redes eléctricas había paralizado una región durante varias horas. No había luz, ni calefacción, los ascensores estaban bloqueados… Las consecuencias podrían ser graves… Los progresos de la ciencia y la tecnología nos han dado un confort nunca imaginado por nuestros antepasados. Pero repentinamente descubrimos su extrema fragilidad, y muchos se preguntan qué sucederá mañana.
Para calmar su inquietud, algunos consultan a los astrólogos o a los videntes, ¡cuyas predicciones son tan fantasiosas!
No busquemos las respuestas a nuestras preguntas en estos ámbitos, pues son cosas peligrosas contra las cuales Dios nos advierte seriamente (Deuteronomio 18:10-12).
Todo lo que debemos saber sobre el futuro está en la Biblia. Ella es fiable; muchas de sus predicciones ya se cumplieron, por ejemplo, la sucesión de los grandes imperios de la historia antigua (Daniel 2). También anunció con precisión, varios siglos de antemano, el nacimiento de Jesús.
Dios no deja dudas sobre el futuro de nuestro planeta, el cual, contaminado por el pecado, desaparecerá un día (2 Pedro 3:10). Lo maravilloso es que preparó un lugar seguro y eterno en el cielo para los que quieren ponerse al abrigo del juicio, los que aceptan la gracia divina por medio de la fe en “Jesús, quien nos libra de la ira venidera” (1 Tesalonicenses 1:10).
El pecado es una elección de situarnos en el lugar de Dios y esa es la peor desición que podemos tomar. El pecado nos alejará de la voluntad de Dios. No elijámos pecar, elijamos a Dios, obedezcamos a Dios no obedezcamos al pecado.
Si quieres experimentar la dicha y no ser culpable de pecado, debes número uno reconocer que has pecado y que sólo Cristo puede ayudarte, ya que el murió en la cruz y resucitó al tercer día para darnos perdón y número dos pídele que te salve, confiesa tus pecados a Dios y pide a Cristo que te salve. Gracia y Paz
Anhelos insatisfechos y la soberanía de Dios – Lección 3
La semana pasada compartimos sobre nuestras desilusiones y sobre cómo Dios ha ido obrando no sólo en nuestras vidas sino también en nuestros corazones. Esta semana estaremos viendo de una manera práctica cómo reaccionar cuando nos encontramos en medio de circunstancias difíciles, sin caer en la manipulación y aprendendiendo a dejar que Dios sea Dios.
Todo lo que llega a nuestras vidas de una forma u otra, si somos hijas de Dios, es parte del plan de Dios para dar a conocer a Jesús al mundo. ¡Si tan solo pudieramos ver eso! Ojalá que cuando no podamos verlo, podamos permanecer confiando en su plan soberano. Dios tenía un plan y un propósito para la vida de Elisabet. Ella era un pedacito, una parte muy pequeña, de una imagen mucho más grande.
Para este estudio seguiremos conversando con Berenice Montes, Orfa Montes y Pamela Espinosa sobre las desilusiones y lo que significa rendir a Dios tus anhelos. ¡Acompáñanos!
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Frases para meditar: «La obediencia a Dios no es un medio para hacer que Él haga nuestra voluntad. No obedecemos a Dios para que Él nos haga la vida más fácil. Obedecemos a Dios porque Él es Dios, es soberano y es digno de nuestra obediencia».
«Las experiencias y dudas de Zacarías no importaban. ¡Dios estaba obrando! Dios era soberano sobre la esterilidad de Elisabet y Zacarías y Dios es, en última instancia, soberano en nuestras propias vidas».
«Recuerda que Zacarías y Elisabet fueron fieles en su compromiso con el Señor, aunque Zacarías tuvo un lapso temporal en su confianza a Dios y dudó de que Él pudiera cumplir su promesa. De la misma manera, nuestras cabezas pueden saber que Dios es soberano, pero nuestros corazones pueden dudar que Él tiene toda la autoridad sobre los desafíos que enfrentamos».
Profundiza más: ¿Cómo crees que la constante exposición a las redes sociales y la forma en la que comparamos nuestras vidas con otras mujeres, contribuye a generar sentimientos pecaminosos y desilusión por lo que no tenemos? ¿Cómo lidias en tu vida diaria con lo que dicen o piensan los demás en medio de tus aflicciones? ¿Qué cosas prácticas puedes empezar a hacer para dejar a Dios ser Dios?
Recuerda: El contentamiento no es lo mismo que estar en un estado «zen» o negar las desilusiones que han existido en nuestras vidas. Es llegar a la bifurcación entre la esperanza y la desesperación y escoger la esperanza; confiando en que Dios está trabajando en redimir nuestro sufrimiento para Su gloria. Esta es la elección que nos libera y nos lleva a Jesús.
MEDITACIÓN DIARIA Cómo buscar a Dios Tener hambre y sed de Dios es un gusto adquirido. Cuanto más le busquemos, mayor será nuestro anhelo.
Salmo 105.1-8
Ayer estudiamos lo que significa buscar a Dios, pero muchas personas no saben por dónde empezar.
Comience con la lectura de la Biblia y la oración. Cada día medite en la Palabra: escuche la voz de Dios, digiera lentamente lo que lee, hable con el Señor, hágale preguntas y aplique lo que aprende. No solo lea la Biblia, estúdiela, tal vez comenzando con un versículo o un pasaje corto. Puede que usted piense: “Eso nunca me ha gustado”. Mi consejo es: ¡Anímese! El conocimiento de Dios no entra en nuestras mentes por accidente; lo hace por medio del estudio diligente.
Tener hambre y sed de Dios es un gusto adquirido. Cuanto más le busquemos, mayor será nuestro anhelo. Sin embargo, si ignoramos a Dios, la poca hambre que tenemos disminuirá aún más.
¿Considera que esta última afirmación describe su experiencia? Entonces, pídale al Señor que despierte su apetito por Él, y siga adelante. Esto requiere tiempo y esfuerzo, dos cosas que nos conviene invertir sabiamente.
Descuidar nuestro tiempo con el Señor significaría negarnos a recibir las bendiciones que Él promete a quienes lo buscan con diligencia. Nadie quiere ir tras lo que es fugaz. En vez de eso, elija buscar al Eterno, la fuente de todo contentamiento, gozo y esperanza.
De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas; y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo.
Con más de 95 años, el naturalista Théodore Monod todavía recorría los desiertos buscando algún espécimen raro. Habló admirablemente de la naturaleza y de la vida bajo sus diferentes formas. En una entrevista, evocando los conflictos que se desarrollan en nuestras sociedades cristianizadas, hizo esta reflexión: “Se dice que el cristianismo no funciona, pero ¿lo hemos probado realmente?”.
Quizás haya que empezar por definir lo que entendemos por “cristianismo”. Si se trata de un conjunto de reglas basadas en los esfuerzos del hombre, ¡no nos sorprendamos si ese cristianismo no funciona! Por naturaleza, el hombre es esclavo de sus pasiones y no puede liberarse a sí mismo (Romanos 7:23). El llamado cristianismo, que invita a cada uno a amar a su prójimo por sus propios esfuerzos, y así transformar el mundo, es pura ilusión.
El verdadero cristianismo es aquel en el que cada uno admite su propia culpabilidad ante Dios, y acepta la salvación que Dios da por medio de la fe en Jesús. Es el primer paso. Ese cambio, llamado conversión, es una decisión personal, producida por la gracia divina. Dios da una nueva naturaleza a todos los que dan ese paso decisivo. Entonces pueden manifestar un poco de ese amor divino derramado en sus corazones (Romanos 5:5). Este amor no busca su propio interés, no se goza en la injusticia, sino que se goza en la verdad, sufre todo, cree todo, espera todo, soporta todo (1 Corintios 13:5-7). ¿Ha dado usted el primer paso para probar ese cristianismo?